Las estelas de sangre, el ímpetu de la juventud y una mirada lúcida acerca de la muerte y el futuro articulan la última entrega del poeta sudafricano Pieter Madibuseng Odendaal.
La primera colección de poemas de Pieter Madibuseng Odendaal que se traduce al español —Un cadáver también es un jardín (Lustra, 2025)— irrumpe en el panorama literario peruano con una potencia inusual y notable. Mediante una voz que trenza el grito de la tormenta con el vaivén caluroso de un día de playa, el libro ilumina las heridas comunes que nos hermanan con otros países del sur del mundo.
Un cadáver también es un jardín nos sitúa en la zona costera de Sudáfrica, donde el mar, más que paisaje, es recipiente de violencia: el escenario histórico de la colonización. Sus aguas fungieron de testigo y recuerdan los barcos, las personas esclavizadas y la guerra. La tensión entre la belleza natural y la atrocidad humana permanece vigente en la orilla: frontera y lugar de encuentro que simboliza el inacabado mestizaje y una tormentosa convivencia.
La sangre de la Historia se encuentra demasiado fresca, por lo que el reflejo cínico es beber e intentar olvidar. De lo contrario, solamente el fin del mundo y la extinción se alzarán como posibles remedios para ese mal que atraviesa y que aproxima la brutalidad del pasado al presente.
Sobre las líneas más gruesas de este mapa descorazonador, Un cadáver también es un jardín hace florecer conmovedoras escenas de infancia, juventud y afecto. Hay una rama de ternura que intenta encontrar su camino a pesar de ser constantemente mutilada por las exigencias de la hombría hegemónica, el racismo y la religión: un padre alcohólico y aficionado a la caza; antepasados homónimos que perpetúan el apartheid; Jesús y la Biblia.
Las coordenadas de la prisión mental y material las conocemos porque son tercas y universales. Afortunadamente, ninguna consigue apagar los cantos de protesta que se escuchan en Sudáfrica desde los años cincuenta y que en este siglo —bajo una sensibilidad juvenil nueva— decantan en aventuras eróticas, pactos de amor y una preocupación urgente por la conservación del planeta.
El último tramo del libro da cuenta de esta inquietud ecológica. Reaparecen criaturas, especies, vientos y lluvias que ahora toman un carácter animista. La tierra y las montañas se funden con elementos oceánicos y aéreos. De todo aquello nace un discurso que —si bien desespera frente a los subproductos del petróleo que se filtran en nuestras células— logra finalmente sacudirse de la parálisis para proyectar una mirada hacia el futuro que sea mucho más que lamento y pesimismo. La dimensión imaginativa de la política permite reunir los Alpes con los Andes y regresar a una Pangea que, ojalá más temprano que tarde, escupa un desenlace distinto, luminoso, justo.
Foto: Liese Kuhn
Este ejercicio de acercar latitudes y longitudes que realiza Madibuseng Odendaal es complementado por la traducción de Jorge Alejandro Coyllurpuma, cuyas decisiones vuelven más visibles los paralelismos entre Sudáfrica y el Perú: países del sur global con historia compartida, taras estructurales imperantes y un acervo cultural y natural que en ambos continentes constituye la resistencia. Los ancestros y su herencia, las abuelas y sus rituales, son los únicos capaces de ofrecer una vía de sabiduría, redención y purificación para territorios donde la norma, en tiempos modernos, ha sido el castigo y la impunidad.
Tanto desde el espanto como desde el placer, el poemario permite navegar la vida en todas sus escalas. La ambición conceptual es de gran alcance, y la ejecución, un acierto irrefutable. Madibuseng Odendaal esquiva la ruta de la reconciliación frívola y abraza la muerte —del cuerpo, de este tiempo colonial— como una promesa de renovación y vida nueva. Al otro lado de ese portal, surgirá el jardín donde podremos sentirnos, al fin, en casa.
“En el Estado, aquello que no está escrito no existe”
Por Sebastian Uribe
Ezio Neyra (Lima, 1980) es autor de los libros Habrá que hacer algo mientras tanto (2007), Todas mis muertes (2006), Tsunami (2012) y Pasajero en La Habana (2017). Ha sido profesor de Literatura y Escritura Creativa en Cuba, Estados Unidos, México, Perú y Uruguay, además de jefe institucional de la Biblioteca Nacional del Perú y director de la Dirección del Libro y la Lectura del Ministerio de Cultura peruano. Este año volvió al campo de la ficción, tras casi una década, con la novela El informe. Pequeña novela burocrática (2025), publicada por la editorial peruana Pesopluma. Aprovechamos su presencia en la Feria Ricardo Palma, en Lima, para conversar con él sobre este último libro.
Tu más reciente novela narra los avatares de Felipe Document en el laberinto burocrático del Estado peruano tras su retorno al país como un profesional de éxito. ¿Esta historia surgió durante tu etapa como funcionario público o posterior a ella? ¿Hubo algún hecho en concreto que motivó la escritura?
Surge cuando dejé de trabajar en el Estado peruano por primera vez, en julio de 2018. Cuando entonces me mudé a Chile por trabajo, estaba en medio de un proyecto de escritura en el que me sentía trabado. Entonces me surgió la idea de empezar a tomar notas sobre recuerdos de esos años vividos en el Ministerio de Cultura. No tenía aun mucha claridad al respecto, más que el deseo de dejar constancia, a través de la ficción, de esa zona de experiencia particular que fue trabajar en el sector público.
A diferencia de libros anteriores, aquí predomina la tercera persona. ¿Qué te permitió explorar esa perspectiva y qué riesgos asumiste al elegirla?
La intención era poder acceder de mejor manera, a través de la tercera persona, al mundo interno del protagonista. De alguna forma, pensé que la tercera persona permitía una mayor instrumentalización del personaje. Pero, a la vez, la intención fue quitarle el peso completo de la narración al protagonista, pues podía resultar agotador. De ahí el cambio a la tercera persona, pero también el interés de sumar otros puntos de vista: el grupo de WhatsApp, las noticias periodísticas, los reportes de vigilancia, o los sueños del protagonista.
Unos de los rasgos de la despersonalización progresiva de los empleados es la importancia que se le da la documentación oficial, desde resoluciones ministeriales hasta memorandos y correos electrónicos. ¿Lees ese énfasis como síntoma de una desconfianza creciente en el aparato estatal?
De alguna manera, sí. En el Estado, aquello que no está escrito no existe. Aquello que no aparece en un informe o en un memorando carece de existencia. Muchas veces también hay funcionarios que, aprovechándose de esta situación, evitan encontrar soluciones a los problemas que puedan surgir. A propósito de la desconfianza, una anécdota. Hace poco me tocó legalizar ante una notaría un documento que solicité a mi AFP. Mi sorpresa fue grande cuando después de legalizado el documento me informaron que debía legalizar la legalización de la notaría en el Colegio de Notarios de Lima. Me pregunto qué sigue. ¿La legalización de la legalización de la legalización y así ad nauseam?
En un punto, el informe asignado a Felipe deja de ser un medio y se vuelve un fin en sí mismo, desplazando su vida fuera del trabajo. ¿El trabajo se está posicionando como el centro de nuestras vidas? ¿Qué efectos perniciosos observas en esa deriva?
Sin ninguna duda. Es como si lo que nos definiera es el trabajo. A propósito, me gusta mucho esa idea del filósofo surcoreano Byung-Chul Han de que hoy en día ya no existe el otro como explotador que me fuerza a trabajar, un poco como era durante la revolución industrial, sino que somos nosotros mismos quienes nos explotamos voluntariamente, creyendo, errónamente, que de esa manera nos estamos realizando. Suena como si nos estuviéramos autoalienando, ¿no? Quizá, como él mismo sugiere, en lugar de trabajar tanto, nos haga falta más fiesta y más siesta.
La desfachatez de Roberto y su habilidad para surfear entre los vaivenes políticos contrastan con la formalidad y los ideales de Felipe ¿Esa flexibilidad es la única estrategia de supervivencia en un sector público donde la crisis es la normalidad? ¿Cómo afecta al compromiso con la finalidad de cada cargo?
Me da la impresión de que hay varias maneras de lidiar con la crisis. Por un lado, está la actitud de Roberto, que sería la del funcionario todoterreno, cuyo valor radica en su conocimiento profundo del estado, y lo mismo le da trabajar en Educación que en Energía o Ambiente. Por otro lado, está también un personaje como el de Esperanza, cuyas lealtades son tan cambiantes como el clima, y que se va acomodando de acuerdo a la dirección en la que van las distintas corrientes.
Los grados académicos en el extranjero de Felipe despiertan recelos y rechazos incluso cuando él no hace alarde de ello ¿obedece a una desconexión entre el aparato estatal y la academia o como un rechazo a lo foráneo en sí? ¿Cómo ves la brecha entre lo teórico y lo práctico en las políticas públicas en Perú?
Creo que en la novela hay una reacción ante lo foráneo. Un poco con la lógica de “¿Y este gringo que nos va a venir a enseñar?”. Como una reacción a un posible escueleo por parte de alguien que consideran más estadounidense que peruano. En cuanto a las brechas entre la teoría y la práctica en las políticas públicas, es un tema que veo como un desafío significativo causado por factores como la inadecuación de las teorías para contextos reales, la dificultad para traducir diagnósticos en acciones efectivas y la influencia de intereses políticos y económicos externos. Otro gran problema es la falta de información de calidad, o, simplemente, la falta de información en general.
La mancha gigante y cada vez más extendida en el techo de la oficina de Felipe causa asombro, no tanto por el peligro que representa sino por la indiferencia y la naturalización de la precariedad ¿Consideras que la insensibilización es una forma de evadir la realidad peruana?
Pienso que más bien la mancha está ahí como evidencia de la dejadez y descuido del Estado peruano. Por más que mandaron varios informes alertando de la situación, nunca nadie solucionó el asunto de la filtración en el techo, a pesar del creciente riesgo de que el techo se abriera y llenara de mierda la oficina. De alguna forma es como si en la novela el estado les confirmara una y otra vez que las personas no le importan en lo más mínimo.
¿Qué otras ficciones acompañaron tu proceso de escritura y podrías compartir con los lectores de El Hablador?
No fueron propiamente novelas burocráticas. Más bien, fueron libros de diversos géneros. Van unos cuantos: Autor inmaterial, de Matías Celedón; Ricardo Piglia a la intemperie, de Mauro Libertella; Imposible decir adiós, de Han Kang; El atuendo de los libros, de Jhumpa Lahiri; Esta herida llena de peces, de Lorena Salazar; Extranjero en todas partes, de Mercedes Halfon.
Primer libro de cuentos breves de Jorge Ramos Cabezas: El hallazgo
El escritor Jorge Ramos Cabezas ha lanzado El hallazgo, su primer libro de cuentos breves, en el que incursiona en múltiples registros narrativos valiéndose de las técnicas propias de la minificción.
El texto ha sido publicado por el sello independiente Dendro Editorial en julio de 2025 y cuenta con un prólogo del investigador Óscar Gallegos, especialista en microficción.
En palabras de Óscar Gallegos, El hallazgo es “un libro destinado a una secta o comunidad de seres extraños y marginales, aquellos que han transitado por los mundos turbulentos y heterogéneos del relato fantástico, el terror, el absurdo, la metaficción, la ciencia ficción o las distopías narrativas, entre otros géneros de la imaginación que se alejan del realismo típico de nuestro entorno. Pero también encontrarán aquí piezas sui generis de la minificción: textos que juegan con los títulos, los silencios, la hiperbrevedad, la virtualidad narrativa, el bestiario y la relectura o parodia de clásicos y mitos universales”.
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La presentación oficial de El hallazgo se dará en el marco de la 29 Feria Internacional del Libro de Lima – FIL Lima 2025, el martes 29 de julio, a las 2:00 p. m., en el auditorio Clorinda Matto de Turner, donde, además de la presencia del autor, se tendrá los comentarios del escritor Jorge Valenzuela y del estudioso de la minificción Óscar Gallegos.
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Sobre el autor:
JORGE RAMOS CABEZAS (Lima, 1982)
Estudió Derecho y Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha publicado cuentos y microrrelatos en diversas revistas, y ha sido incluido en las antologías Nido de cuervos. Cuentos peruanos de terror y suspenso, de Carlos Saldívar (2011); Circo de pulgas. Minificción peruana. Estudio y antología (1900-2011), de Rony Vásquez (2012); 201, de David Roas y José Donayre (2013), y Latinoamérica en breve, de Sergio Gaut vel Hartman (México, 2016). Además, obtuvo una mención honrosa en el Concurso de Cuentos Horas de Ágora (UNMSM, 2006) y una mención especial en el Concurso Internacional de Minicuentos El Dinosaurio (Cuba, 2008). Ha publicado también artículos de crítica literaria y fue editor de Fix100. Revista Hispanoamericana de Ficción Breve.
Coronel Lágrimas: un delirio teórico y ficcional[1]
Por Lenin Pantoja Torres
¿Qué sucede cuando miramos la vida desde la miseria de la cotidianidad? ¿Acaso el impacto de los grandes hechos históricos influye más en nuestras vidas que nuestros problemas privados? Una historia que acepte la relevancia de lo privado sobre lo público es arriesgada, pues tiende a soslayar la frivolidad. Sin embargo, si se procesa la relevancia de los grandes momentos de la humanidad a través de las miserias individuales de un sujeto, entonces el resultado es una historia que pretende particularizar lo colectivo y unificar lo diverso. En este caso, se trata de un movimiento estético y una decisión teórica a partir de concretar una pulsión creativa motivada por un “delirio ficcional”. A esto nos enfrentamos cuando leemos Coronel Lágrimas (Anagrama, 2015), la primera novela de Carlos Fonseca (San José, Costa Rica, 1987), un texto complejo por la conjugación de múltiples elementos disímiles a primera vista, pero armoniosos si logramos aprehender la idea de novela que se construye a lo largo de sus páginas. Se trata de un ensamblaje literario que hay que leer por la provocadora conjugación que establece entre una vida pasional, las múltiples historias particulares, los elevados hechos históricos y la inquietante presentación de teorías sobre la vida.
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Coronel Lágrimas es una novela digresiva por la aparición constante, alternada y caótica de historias. Además, posee un estilo barroco, ya que las acciones son confusas e inacabadas, casi como pequeñas tramas que abren senderos que nunca sabemos exactamente hacia dónde van. La novela narra la historia de la humanidad vinculada a la vida de un sujeto en base a dos movimientos. Primero, vincula los hechos históricos más relevantes del siglo XX con la vida de un coronel retirado de sus actividades, que ha optado por alejarse del contacto humano, que vive su soledad en la zona francesa de los Pirineos. En segundo lugar, el coronel inicia la escritura sobre la vida de tres mujeres, así como un proyecto que toma diversas formas. Estos dos objetivos tocan indirectamente otros momentos históricos no solo del siglo XX, sino también de más atrás.En ese sentido, la intención de la novela es hablar de los grandes momentos de la historia mundial a través de hechos cotidianos, domésticos y, sobre todo, personales. Se trata de ver la Historia a través de las vidas más oscuras, muy ocultas o casi insignificantes. El vínculo entre ellas es difuso, casi como en las novelas y ensayos de Alan Pauls, donde la arbitrariedad que establece y fundamenta el escritor convierte lo improcedente en racional, y lo absurdo en lógico.
“Y es que en esta historia, ahora que lo pensamos, abundan las líneas torcidas: nudos y alambres, espirales y cuerdas flojas, ecuaciones que se extienden a lo largo de una vida como la más riesgosa frontera” (p. 123), dice el narrador y, sin desearlo deliberadamente, sintetiza el contenido total del libro. Sin duda, hay una consciencia muy clara de Fonseca en cuanto a los recursos que brinda el género, pues la disposición del contenido desafía los límites estructurales al extremo de agotarlos. Muchos escritores contemporáneos, como Javier Cercas, y algunos teóricos ahora poco citados, como Mijail Bajtín, han llamado la atención sobre las posibilidades creativas que permite una novela y que pocos escritores desafían. No diré que el debut de Fonseca es redondo, pero su enorme atrevimiento creativo muestra a un escritor dueño de sus recursos y consciente de sus capacidades. Además, sabe manejar las influencias al extremo de filtrar solo lo que sirve a sus intereses. Por ejemplo, si uno presta atención a la cantidad de historias inconexas, puede pensar en el Roberto Bolaño de la segunda parte de Los detectives salvajeso en el que introduce hechos histórico-mundiales en Nocturno de Chile, pero no todo queda allí. Fonseca se apoya en la idea búsqueda o investigación que se puede extraer del cuento largo Nombre falso o de novelas como Respiración artificial o Blanco nocturno de Ricardo Piglia. En otras palabras, una forma de aprehender mejor los contenidos de Coronel Lágrimas es leyendo las historias inconexas como un recurso bolañiano en clave pigliana.
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Muchas veces, un mal libro puede estar agazapado o solapado bajo una estructura denominada “compleja” o “barroca”, la cual oculta un gran vacío. Existe una infinidad de ejemplos en nuestro tiempo, pero no ganamos nada citándolos. Una forma de medir la complejidad de un libro es a través de las múltiples relaciones que proponen sus contenidos intratextuales entre sí y también con otros aspectos extratextuales. Coronel Lágrimas es un libro que nos conecta con nuestra época y con los referentes históricos que influyen en ella. Por esa razón, una novela compleja solo puede ser bien leída si el lector se involucra con el contenido propuesto. Fonseca se arriesga porque “se la juega” por ganar lectores atrevidos, aquellos que ven una luz que puede crecer en medio de una oscuridad inicial, o por perder lectores poco avezados, los que se detienen frente a elementos ininteligibles o absurdos en primera instancia. Esta reivindicación borgeana del lector comprometido o, en términos cortazarianos, “lector macho” ayuda a entender la participación activa del lector en la construcción de sentidos, con el establecimiento de vínculos entre las tramas y con el entendimiento de las ideas. Resulta bastante positivo que un texto en tiempos veloces, ágiles e imparables como los actuales piense en la construcción de la idea de un lector que piense, se involucre y se comprometa pacientemente con lo leído a través de la constante interpretación de signos y símbolos textuales.
La historia del coronel está asociada a su praxis, a la actividad que lo caracteriza durante el desarrollo de la novela. Él gesta un proyecto en base a la escritura, de la cual se puede extraer muchas ideas. La primera asociación que la escritura establece es con el café como la fórmula para extender el tiempo de la plenitud de los sentidos. A pesar de los desvaríos conceptuales, hay una lucidez escritural en las ideas del coronel. Esta actitud lo lleva a concebir un proyecto donde se consolida la idea de la escritura sobre lo ajeno (p. 15), sobre la vida de tres mujeres que parecen representar una ausencia en la vida del protagonista. Sin embargo, esta inclinación hacia lo desconocido o impropio tiene como caja de resonancia la práctica en sí: la escritura. “El coronel escribe… para no estar solo…” (p.42), dice el narrador y configura la idea de la escritura como un acto solitario que genera compañía. Finalmente, todas las ideas que podamos extraer de esta praxis tienen como punto de culminación la idea de la escritura como investigación, es decir, como el proceso que permite alumbrar los sentidos de las ideas atrapadas entre la oscuridad, que selecciona lo servible y que focaliza lo primordial.
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El protagonista de la novela es el coronel, un hombre inicialmente conocido por su oficio, no por un nombre propio. Es posible establecer una asociación entre el título del libro y su actitud hacia la vida. Si bien sabemos que su construcción ficcional parte de la vida del matemático francés Alexander Grothendieck, son las coordenadas ficcionales las que marcan su perfil físico y psicológico. Por ello, resulta interesante el tipo de narrador de la novela. Se trata de una voz, a veces colectiva, a veces individual, que acompaña las acciones del coronel, que no lo deja tranquilo en ningún momento de todo el día en que transcurre la novela. No sabemos quién es el coronel por sus propias palabras. Lo conocemos por las interpretaciones in situ del narrador, quien aparece en el escenario de la historia como una sombra que observa, vigila e interpreta la vida su vida apoyándose en todos los documentos que encuentra en la casa del protagonista, así como en la información que recibe de Maximiliano, un personaje importante en su vida. Esta vida se encuentra marcada por la locura de concretar un proyecto que lo inmortalice, que le permita extender la existencia que se le está yendo –muchas veces el narrador advierte del poco tiempo que le queda al coronel (p. 29)-. No se trata de una locura basada en el delirio, sino apoyada en el orden y el método. Sí, el coronel trabaja con disciplina, con mucha astucia y con la necesaria perseverancia de quien sabe lo que quiere y lo que no tiene. El lector construye el sentido de la vida del coronel a través de las interpretaciones del narrador, pero, sobre todo, de las propias, ya que, apelando a la imprecisión en los datos y laconfusión entre las ideas, parece que el narrador nos quiere engañar, que intenta ocultar alguna particularidad o simplemente esconde alguna información que ha encontrado.
El coronel escribe sobre la vida de tres divas, construye las biografías ajenas de tres mujeres que parecen no guardar ningún vínculo con él. Sin embargo, hay una importancia en la concepción de las personalidades de estas mujeres y la extraña mujer que aparece en la vida del coronel y que resulta muy complicado precisar quién es, qué significa en la vida del coronel o qué hizo para esconderse y nunca irse de la oscura mentalidad del protagonista. Cuando hablamos de él, sentimos la pasión de un hombre que abandona todo por trabajar en una obsesión. No se trata de una motivación profesional, sino de algo personal, de un ímpetu que crece en su mente y que se expresa en los movimientos de su cuerpo. En una novela como Coronel Lágrimas, lo más importante no es encontrar respuestas, sino formular buenas preguntas. Por ello, una especie de motor inmóvil que genera ideas a través de las dudas y las confusiones es la razón por la que el coronel se vincula con Maximiliano. El narrador proporciona una solución demasiado sencilla para ser cierta. Dice, en un momento de la novela, que el coronel busca un pupilo que guarde su memoria, así como un hijo que adopte un padre (p. 131). Una solución que obvia la obsesión personal del coronel, la extraña atracción que ejerce sobre él una sola mujer y su confesión final que se convierte en farsa. Los intereses del coronel van más allá de las motivaciones intelectuales y personales de un hombre que simplemente desea conservar su legado profesional y remediar una carencia afectiva.
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Las razones que justifican la presencia de múltiples elementos metaliterarios están relacionadas con la existencia de muchas teorías sobre diversos temas. En esta novela, vemos la existencia del proyecto Los Vértigos del Siglo, el manifiesto en aforismos del coronel que Maximiliano titula Diatriba contra los Esfuerzos Útiles y cien cartas que evidencian la comunicación epistolar entre Maximiliano y el coronel. Se trata del soporte físico donde aparecen, se desarrollan y se sustentan las teorías que brindan sentido a muchos aspectos del libro. Asimismo, la presencia constante de pequeñas ideas en muchos instantes del texto no permite que el lector se distraiga, sino motiva a que se involucre más con el sentido de cada frase o, incluso, de cada palabra. Se propone reflexionar sobre lo que constantemente pasamos por alto o en lo que no nos detenemos, ya que implicaría perder el tiempo. Coronel Lágrimas es una novela de perspectiva, un texto que reactualiza la idea de la observación, un libro que motiva a pensar en la mirada como una forma de construir sentidos. Por esa razón, en opinión del narrador, el más importante proyecto del coronel, “Los Vértigos del Siglo es una especie de caleidoscopio bajo el cual mirar los eventos de un siglo” (p. 70), es decir, se resalta por sobre todas las cosas la importancia de la perspectiva, la idea de que existen muchas formas de interpretar la naturaleza de las cosas.
Existen muchas teorías bastante interesantes, pero cuál es su función primordial en la historia. Cuando el lector repara en las ellas, cuando las imagina y las relaciona con la realidad, piensa en la vida más cercana en este momento de la lectura, reflexiona sobre la existencia del coronel. Solo para ejemplificar, si pensamos en la teoría sobre el siglo del trabajo y su idea de reivindicar el valor de la siesta o el placer de las horas perdidas en el ocio, la caja de resonancia es la vida del coronel. La presencia de estas teorías no está motivada por un capricho del autor, sino por la necesidad del libro. Sin ellas, resulta complicado caracterizar la psicología del coronel, no podemos saber cómo reflexiona un hombre obtuso, obsesionado con unas historias sobre mujeres que no dicen nada de él a nivel personal. La teoría de la acción para la política, esa que dice que hay que llevar la entropía a sus límites, para luego atacar con fuerza, describe la paciente vida del coronel. Desplazado voluntariamente en un lugar desconocido, trabaja en un proyecto que no tiene sentido para muchas personas, pero que probablemente le permitirá dar un gran salto como aquel león que ha dormido por años para concentrar todo su poder. No podemos decir que la novela pudo prescindir de múltiples elementos o abusó del uso de los mismos, pues todos tienen una función discursiva en el resultado final del libro.
A modo de cierre
A pesar de todos los datos históricos, las agudas teorías y las misteriosas biografías, la vida del coronel sigue siendo enigmática. Todo lo que podemos decir de ella resulta ser conjetural o imprecisa. No hay espacio para las certezas en una novela que apertura múltiples posibilidades interpretativas, lo cual amplía el horizonte significativo del libro. Mientras más lecturas se puedan hacer de un texto, mejor aún. Sin embargo, mientras uno lee el libro, no puede dejar de pensar en la fórmula que aparece constantemente, la última que escribió el coronel antes de dejar su carrera como exitoso matemático. Se trata de una aterradora armonía que establece este conjunto de signos y símbolos ininterpretables. Parece que la vida puede transitar por múltiples coordenadas o puede viajar a lugares impensados, pero hay algo que no cambia, existe un elemento inalterable, que nunca perderá su esencia: la fórmula. El coronel puede olvidarlo TODO, pero nunca la ecuación que representa ese TODO (p. 137). Se trata de entender que todos los contenidos de esta novela, configurada como un delirio teórico y ficcional, nacen de esta fórmula, adquieren independencia, se pierden en la construcción de sus sentidos y vuelven a su origen esencial. Finalmente, la lectura de Coronel Lágrimas es imprescindible, entre muchas razones, por su propuesta arriesgada, por el manejo inteligente de los múltiples elementos metaliterarios y por reivindicar el papel del lector en la construcción de sentidos durante la lectura.
María José Caro nació en Lima en 1985. Comunicadora social por la Universidad de Lima, publicó los libros de cuentos La primaria (2012) y ¿Qué tengo de malo? (2017) y la novela Perro de ojos negros (2016). Ha colaborado para publicaciones como Buensalvaje y Vicio absurdo. En el 2017 el Hay Festival la seleccionó dentro de los 39 mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina y es una de las invitadas de la edición 2024 del Hay Festival Arequipa. Este año publicó su segunda novela ‘Vida animal’, sobre los peligros de la nostalgia, la fragilidad de la amistad adulta y los conflictos familiares. Sobre ello conversamos en la presente entrevista.
Foto: El Comercio
“A mis diez años no tenía amigas de verdad. Deambulaba en los recreos junto a dos niñas del salón con quienes solamente compartía silencio e inseguridad. No nos llamábamos por teléfono, tampoco nos visitábamos. Era un vínculo funcional y transitorio, gatos callejeros que se encuentran y acompañan”. Citamos el inicio de la novela, porque retrata la amistad a temprana edad como un vínculo que no necesariamente involucra un alto grado de conexión, sólo el anhelo de pertenecer a un grupo ¿Cómo consideras que esta superficialidad prevalece hasta la adultez?
Sí, para empezar cuando uno es chico no decide en qué colegio estudiará. Esa elección tiene que ver con las creencias de los padres, las cuales pasan por lo político, lo aspiracional, lo religioso (en menor medida en estos tiempos), lo social y etc. Los amigos se eligen a partir de lo que hay en un universo muy acotado. Son relaciones que al principio tienen que ver con lo transaccional y con sentirse parte de una manada, con encajar. Y encajar es también parecer, esconder quién en verdad somos en función del grupo. Creo que estas relaciones son paradójicas cuando se es adulto, porque son frágiles en cuanto a tener una mirada compartida sobre la vida, pero prescindir de ellas es cerrar una puerta que nos lleva al pasado, y por eso, silenciamos los grupos de Whatsapp en vez de abandonarlos.
En Vida Animal se exploran temas de recelo y envidia entre amigas debido a sus logros y estatus profesionales. ¿Cómo crees que la visibilidad que ofrecen las redes sociales y la virtualidad ha transformado o intensificado estas emociones en la sociedad actual? ¿Cómo influyeron estas ideas en la construcción de tus personajes?
Creo que las redes sociales generan una idea falsa de la vida de las personas y su intimidad. Recuerdo que una vez alguien me dijo: “Lo que la vida separó que no lo una Facebook” y muchas veces no deja de tener razón. ¿Dónde quedan frases como “qué será de la vida de ……….”? Ahora es muy difícil perder el rastro de un viejo amigo. Además, lo que sucede en internet sucede para siempre. Se quiebra también muy fácilmente la esfera de lo privado, conversaciones en teoría privadas se exponen sin tapujos.
Yo quería que en la novela se mostrara un poco y de forma muy acotada la vida de unas chicas adolescentes de burbuja en los inicios de internet. Early millenials que ya de adultas se rigen bajo las reglas de las redes sociales y etc. El grupo de amigas toma migajas del Facebook de Giuliana para especular. Las redes sociales son un gran espacio de especulación. Es gracioso además cómo una misma persona es otra distinta según la red social en la que se mueva. Se cambia de rol y repertorio con mucha facilidad. Se dan grandes discursos y nunca se ven acciones; vidas felices en público lapidadas por otros en privado. Yo cada vez publico menos en redes, antes lo hacía constantemente ahora no sé qué decir ni para qué.
“Además, pocas cosas refuerzan tanto el ego como ver a alguien quebrarse delante de nosotros” (pág.136). Los personajes parecen sentir una especie de compasión hacia sí mismos cuando observan a otros en peores situaciones. ¿Qué te llevó a explorar esta dinámica emocional y cómo crees que influye en la manera en que tus personajes enfrentan sus propios conflictos?
Yo quería que la novela hablara de personajes que son parte de una manada (llámese grupo de amigos, familia, sociedad) y de justamente las dinámicas emocionales que existen entre las personas. En las relaciones siempre hay dinámicas de poder y mostrarse vulnerable en frente de otro es quitarse la coraza y darle al otro la capacidad de herirnos, de saber qué nos duele. Mirar al otro en una situación de desgracia o felicidad siempre nos lleva también a vernos en el espejo. Los seres humanos somos muy autorreferentes, creo que los personajes ven en los demás no solo su sufrimiento si no la posibilidad de acabar en la misma situación y ese es un motor en los personajes. Podemos pensar en el caso de Giuliana o en el caso del padre.
En tu novela, los diálogos entre las amigas adultas, cuando se reúnen, parecen ser mucho más desinhibidos que cuando están en sus entornos familiares o laborales. ¿Cómo trabajaste esta diferencia en el lenguaje de los personajes? ¿Qué papel juegan las restricciones sociales en el modo en que nos expresamos a diario, y qué implicaciones tiene el hecho de que ciertas emociones o pensamientos se conviertan en tabú?
Yo quería que las amigas hablasen como he escuchado tantas veces a hablar a mis amigas o conocidas en un contexto donde solo hay mujeres. Sin reparos, a veces siendo muy infantiles, códigos compartidos también vinculados a cuando eran chicas. Quería que la forma de hablar fuese orgánica con marcas de tiempo y lugar. Para trabajar ese tipo de lenguaje, recreé las escenas intentando ser lo más fiel a la realidad posible, despreocupándome de si fuese literario o no. Vivimos en una época en la que existe mucha más libertad, pero no estoy segura de si eso signifique ser más auténtico. Quise, por ejemplo, con el personaje de María Luisa, darle ese lenguaje corporativo lleno de términos en inglés como “high potencial” que al final convierte a las personas en caricaturas.
En tu novela, logras recrear con detalle la atmósfera de los años 90, reflejando lo que se usaba y gustaba en esa época. ¿Cómo fue para ti el proceso de traer esa década al presente? ¿Te inspiraste en tu propia experiencia o recurriste a otras fuentes para documentarte y construir ese ambiente con autenticidad?
La adolescencia de los personajes es muy parecida a la que yo viví. Un colegio de monjas, un grupo de chicas cuyo perímetro de movimiento en Lima es muy acotado. Conocen muy poco de la vida, de su ciudad y de su país, están en un lugar seguro, mientras la realidad sucede como un telón de fondo y en la novela se traduce como referentes que brotan aislados. Yo creo que escribí esta novela para no olvidar. Ya a estas alturas de mi vida, cuando estoy muy cerca de cumplir cuarenta cada vez se me escapan más cosas. Así que me dije a mí misma voy a reconstruir mi adolescencia de inicios de los dosmiles, la era de MTV con música. Hubo un catalizador importante y es que vivo muy cerca del centro comercial donde sucede gran parte de la novela. Ahora lo visito con mi hijo porque hay un parque de juegos para niños. Es un lugar que ha cambiado muy poco, así que estar ahí nada más fue un disparador de muchos recuerdos. Mientras escribía la novela volví a la música que escuchaba en esa época, revisé álbumes familiares, recurrí a algunas fuentes para corroborar que los referentes estuviesen bien situados. Pero fue sobre todo un ejercicio de memoria.
En tu novela, la nostalgia juega un papel importante en las decisiones que toman las protagonistas en el presente. ¿Cómo ves el impacto de vivir anclados en la nostalgia? ¿Cuáles crees que son los riesgos emocionales o vitales de estar constantemente aferrados al pasado?
Creo que es imposible desprenderse del pasado. Se lleva a cuestas y eso también aplica para los negacionistas que intentan dejar todo atrás. Sentir nostalgia es algo natural. Es cierto también que nuestros recuerdos tienen un alto grado de ficción. Yo soy una persona nostálgica por naturaleza, pero sé que cuando la nostalgia nos impide movernos hacia adelante es un problema. Para mí la escritura es la forma perfecta para canalizarla, me permite crear, imaginar, reencontrarme conmigo misma en otros tiempos y también decirle adiós.
Durante el proceso de escritura de esta novela, ¿descubriste algún autor o autora cuya obra te haya influido de manera especial o haya resonado con los temas que estabas explorando? ¿Cómo impactó esa lectura en tu manera de abordar la historia?
Antes de empezar la novela justo acababa de leer Malaherba de Manuel Jabois y el libro me resonó sobre todo por la naturalidad con la que hablaba de la infancia/adolescencia. Lo mismo me sucedió con La memoria del alambre de Barbara Blasco. No había leído a ninguno. Creo que leer esos dos libros en el momento adecuado significó destrabarme. Pasé de la lectura a la acción y esa es una gran cosa que tienen los libros con los que uno engancha. Durante el proceso de escritura también leí Un trabajo a tiempo completo de Rachel Kushner, que son ensayos sobre la maternidad. Cuando nace un hijo el lugar que ocupan las cosas en la vida cambia por completo. Y por supuesto, también la forma desde donde se aborda la escritura.
La vegetariana (Random House, 2024) de la escritora surcoreana Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024, fue publicado en su idioma original en 2007, y en el 2009 se hizo su adaptación cinematográfica en su propio país con el mismo título. Lo que vino después fue una serie de traducciones a varios idiomas, incluido el inglés, por lo que en el 2016 ganó el Man Booker International. En el 2017 se hizo su traducción al español por parte de Sunme Yoon, quien es considerada la responsable del éxito de esta autora en nuestro idioma, y cuyo trabajo se ha utilizado para esta edición.
Esta novela es la más conocida de su autora antes de haber ganado tan importante galardón este año. Y esto resulta inusual debido a su edad, pues en la actualidad Han Kang tiene 54 años, lo que no es nada común para sus antecesores o antecesoras. Recordemos que la anterior escritora mujer en ganar el Premio Nobel de Literatura fue la francesa Annie Ernaux en 2022 cuando tenía 82 años.
La vegetariana está dividida en tres capítulos cuya extensión la mantienen y la presentan como una novela corta, pues esta edición de Random House tiene tan sólo 167 páginas. Cada uno de estos capítulos cuentan la historia de una mujer llamada Yeonghye, quien, una noche después de sufrir una pesadilla, decide no volver a comer carne. A partir de esta decisión se espera que esas imágenes llenas de horror ya no aparezcan en sueños, pero estas continúan, por lo que su decisión de no ingerir este tipo de alimentos se mantiene. Quien no logra entender la decisión de Yeonghye es su esposo, quien se asombra de que ella se haya deshecho de toda la carne guardada en su refrigerador sin importar lo que se haya gastado en ello.
Lo que viene después es una serie de cambios en el cuerpo de Yeonghye, sobre todo cuando decide alimentarse sólo con vegetales. Esto produce que baje de peso de manera considerable, que su piel pierda lozanía y que su rostro muestre una constante palidez. Aun así, su esposo la obliga a mantener intimidad con él sin importar que a Yeonghye estos encuentros le resulten cada vez más irrelevantes a pesar del olor a carne que expele su marido, incluso después de bañarse, además del reducido tamaño de su miembro viril. Y todos estos detalles se saben porque es el mismo esposo quien se presenta como el narrador de este primer capítulo titulado “La vegetariana”.
En este primer capítulo llaman la atención unos fragmentos correspondientes a las pesadillas o a los pensamientos de Yeonghye, las cuales se diferencian por presentarse en cursiva y por describir momentos truculentos y llenos de espanto, tal como ocurre con cualquier pesadilla. Aquí un ejemplo:
En los sueños, cuando le corto el cuello a alguien, cuando sosteniéndola por los pelos le doy el último golpe a la cabeza que pende oscilante, cuando pongo en mi mano los resbaladizos globos oculares e incluso cuando me despierto… Durante la vigilia, cuando me entran ganas de matar a las palomas que caminan delante de mí cuando tengo ganas de retorcerle el cuello al gato del vecino al que he estado observando desde hace tiempo, cuando me tiemblan las piernas y me baña un sudor frío, cuando me siento otra, cuando otra persona me surge desde dentro y me devora… En todas estas ocasiones…
…siento que se me hace la boca agua. Cuando paso por delante de la carnicería, tengo que tapármela. Es por la saliva que me brota de la base de la lengua, me empapa los labios, se me escurre por la boca y se derrama. (pp.35-36).
En este primer capítulo también sobresalen dos episodios referidos a una cenas ineludibles y bastante incómodas para Yeonghye. La primera es una cena con los jefes de su esposo donde tiene la obligación de “comportarse como se debe”. Ella intenta cumplir la orden de su esposo, pero lo que no puede cumplir es el hecho de comer carne, lo que llama la atención de todos los asistentes, incluida la esposa del jefe. Y enseguida empiezan una serie de comentarios acerca de los vegetarianos, en especial si son mujeres, lo que pone en evidencia ciertos prejuicios propios del machismo, motivo de mayor crítica en esta novela.
La segunda cena ocurre en la casa de su hermana mayor llamada Inhye, quien está casada y tiene un hijo, y que acaba de comprarse un amplio apartamento. Para celebrar este hecho, reúne a la familia, entre los que se encuentran los padres de Yeonghye, quienes ya están enterados de la decisión y el comportamiento de su hija debido a que su yerno los mantiene muy bien informados, pues esta es su forma de mostrar su disconformidad y queja. Quien también asiste a esta reunión es el hermano menor de ellas, quien acude con su pareja y con sus hijos. Todo transcurre como cualquier cena familiar hasta que Yeonghye muestra su negativa a comer carne. Su familia insiste en que coma, sobre todo sus padres, pero ella se resiste. Es entonces que ocurre un hecho de violencia machista por parte del padre, quien ha decidido que su hija debe de comer carne así ella no quiera. El resultado a esta agresión es una respuesta de Yeonghye que sorprende y sobresalta al lector, pues toda calma se rompe al punto de alcanzar el caos y una posible tragedia.
La segunda parte se titula “La mancha mongólica” y allí se muestra a Yeonghye con una actitud demasiado extraña. Ella intenta mantener una vida sin comer carne, por lo que sigue siendo cuestionada y supervisada por sus familiares. Entre ellos sobresale su cuñado, el esposo de su hermana Inhye, quien se preocupa por ella al punto de lograr un acercamiento que parece inofensivo, pero que poco a poco se va volviendo oscuro y prohibido. Aun así, surgen ciertas intenciones que se habían mantenido muy bien ocultas en la primera parte. Para alcanzar a describir estas decisiones e impulsos, la autora recurre a un narrador en tercera persona, sobre todo para mantener el suspenso con cada hecho y cada situación que se va dando y que otra vez logra sorprender al lector, muy en especial cuando se descubre lo que ya se ha consumado, y que puede considerarse una falta o una traición. En este capítulo los desnudos y el erotismo cobran mucho protagonismo al igual que la prosa en la narración, que no escatima en palabras, imágenes y términos para mostrar aquello que se denomina como “la mancha mongólica”.
En la tercera parte titulada “Los árboles en llamas” la narración se mantiene en tercera persona para focalizarse en Inhye, la hermana mayor de Yeonghye, quien se encarga de cuidar de su hermana que permanece recluida en un hospital psiquiátrico. Y es que a Inhye le sobran las razones para decir que su hermana está mal de la cabeza. Parte de los procedimientos dentro del hospital es mantenerla sedada y aplicarle alimentos líquidos debido a la rotunda decisión de Yeonghye de ya no probar ningún tipo de bocado, así sea vegetal. Y esta decisión afecta mucho su salud, pero a ella no le importa, pues sólo espera terminar con su vida humana para empezar una vida vegetal, propia de la naturaleza, tan igual a la que rodea este hospital alejado de la ciudad. Su hermana Inhye intenta entenderla, pero sólo escucha ciertas incoherencias por parte de Yeonghye, quien llega a afirmar que de su cuerpo de mujer saldrán ramas y raíces como cualquier planta (de allí la referencia a la portada tanto en español como en otros idiomas). Y a pesar de este comportamiento, Inhye intenta ayudar a su hermana junto a los médicos y enfermeros. Sin embargo, Yeonghye se mantiene firme en lo que podría ser su última decisión. Y en esta lucha se mantiene una tensión tan cercana a lo trágico, en especial si de por medio está el cuerpo frágil de una mujer.