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Entrevista: Javier Peña

Una fascinación por la infelicidad y el fracaso

Por Omar Guerrero

Imaginen una novela con esta trama: un escritor español de más de cuarenta años, que ha publicado dos novelas, Infelices (2019) y Agnes (2021), las cuales han circulado sólo dentro de España, les comenta a sus lectores que demorará tres años en publicar su siguiente libro. Ellos le reclaman que no pueden esperar tanto. Entonces a este escritor se le ocurre la idea de hacer un podcast para mantenerse en contacto con estos lectores impacientes y desesperados. Al mismo tiempo recibe la mala noticia que su padre ha enfermado de un mal incurable. Este escritor visita a su progenitor en el hospital a pesar de saber que se encuentra desahuciado. Y en lugar de lamentarse por lo que están viviendo; ambos, padre e hijo, empiezan a hablar de lo que más les gusta, que son los libros y los escritores, que muchas veces tienen vida de novela, y no siempre de las felices. Lo curioso es que estas conversaciones sirven para sobrellevar la infelicidad que sienten ante la enfermedad y la proximidad de la muerte. Es así como nace Grandes infelices, un podcast creado por este escritor español llamado Javier Peña (A Coruña, 1979), quien no puede ocultar su fascinación por la infelicidad y el fracaso, sobre todo dentro la literatura. Y es que a Javier le gusta mucho leer y comentar sobre escritores que han pasado por los peores momentos que nadie se puede imaginar. Lo curioso es que con este extraño gusto ha creado una inmensa legión de seguidores para el podcast, tanto dentro como fuera de España. Ahora tiene una gran audiencia en distintos continentes. Esto dio pie a su siguiente publicación, Tinta invisible (2024), que justo llegó tres años después, tal como lo había anunciado. Allí él cuenta el inmenso dolor que sintió mientras veía a su padre morir por culpa de la enfermedad. Aunque también cuenta las historias de estos escritores infelices, que son varios, y que a su vez se convirtieron en temas para cada episodio de este podcast con el que Javier Peña se ha hecho conocido en distintos países de habla hispana, entre ellos, Perú. En El Hablador aprovechamos su visita para entrevistarlo sólo para querer saber más sobre Tinta invisible y el éxito de Grandes infelices:

Créditos: Omar Guerrero

¿Cómo nace la idea del podcast? ¿Y qué tanto tuvo que ver tu primer libro Infelices, publicado en 2019, sobre todo con la historia de ese escritor obsesivo que sólo se dedicó a contar la vida de los demás y que se olvidó de vivir su propia vida?

El podcast nace por casualidad. A lo largo de mi vida, las cosas que mejor me han ido, que más han funcionado en mi vida, en la vida personal, pero también en la vida profesional, son las cosas que nacen por casualidad. Parece que cuando las busco no me funcionan y cuando no las busco aparecen solas. El podcast nace, principalmente, porque cuando publico mi segunda novela, Agnes, en 2021, no tenía ningún material para publicar próximamente, y se pronunciaron los lectores, un pequeño núcleo que ya tenía en España, a pedirme que saque otra novela. Yo les dije que hasta dentro de tres años no podría sacar nada más porque yo tengo que trabajar en algo concreto, tengo que pensar, que reflexionar, que escribir y crear. Y ellos me dijeron que no podía dejarlos abandonados tres años, que tenía que hacer algo para darles mientras tanto. Entonces se me ocurrió la idea de hacer un podcast. Se trataba de una creación que me permitiría estar en contacto con ellos con una periodicidad mayor que una novela o un libro. Y así nació la idea de hacer este podcast. Justo en ese momento mi padre enferma y queda desahuciado. Lo peor es que no había nada que hacer con su enfermedad, que era terminal. Yo fui a verlo al hospital y me di cuenta que en lugar de hablar de las cosas supuestamente más trascendentales de la vida, lo que hace es hablarme de historias de los libros que había leído a lo largo de su vida. Y también me preguntó por los que yo había leído. Es allí que me habló también de las vidas de los escritores, que es algo más excepcional, porque que te cuente de los libros que ha leído es normal, pero que te hable de la vida de los escritores es algo que a mi padre le interesaban mucho y que de alguna forma me legó. Y cuando mi padre fallece, se me ocurrió que ese podcast que quería hacer para mantenerme en contacto con los lectores podría ser también un medio para mantenerme en contacto con mi padre muerto, sobre todo para seguir contando la vida de nuestros escritores favoritos. Y así nació el podcast. Lo curioso es que nació como puente entre libros, pues al final se convirtió, no voy a decir en todo, pero sí en algo fundamental de mi vida, de mi obra. Por eso le dedico nueve o diez meses al año en hacer los guiones, que involucra leer y documentarme… Verás, es una casualidad. Era como algo más lúdico, más para mantenerme en contacto y al final se convirtió en la esencia. En cuanto a Infelices, sí están relacionados desde el nombre o desde el título. De hecho, ha cambiado un poco, pero el primer logo del podcast eran unos círculos colocados en las primeras temporadas, y esos círculos son los mismos de la portada de Infelices, que hasta antes del podcast y de Tinta invisible, era mi novela más conocida en España. Por eso con la editorial quisimos aprovechar un poco ese impacto para dar a conocer el podcast, para que la gente diga: “Ah, es el podcast del autor de Infelices”. Eso, por una parte, es una estrategia de marketing, pero también tenía mucho que ver con la temática porque siempre lo que más me ha interesado es la infelicidad. Lo que más me ha interesado es el fracaso. Yo siempre me he considerado un poco el escritor del fracaso. Es algo que me interesa mucho y que me atormenta, porque siempre es como el miedo que tengo en la vida, al fracaso, a la vergüenza. Yo, por ejemplo, cuando hago cualquier presentación, tengo miedo a que no venga nadie. Y no es tanto por lo que vendas o dejas de vender, porque al final todos sabemos que de cada libro vendido el escritor se lleva muy poco. Es muy poco el dinero que tú ganas con esto, pero es la vergüenza, sobre todo, el fracaso público, el escarnio de estar allí y de que haya constatación de que has fracasado. Es algo que me interesa mucho. Todos los mecanismos emocionales y mentales que eso genera los estudio en mis novelas con mis personajes, pero también con los Grandes infelices, con estos grandes de la literatura.  

Desde los primeros episodios se percibe tu gran cualidad de lector. ¿Recuerdas cuál fue tu primera lectura y cuál ha sido la última en estos días previos a tu llegada a Perú?

Creo que todo lo construimos. Recuerdo siempre el primer libro que leí autónomamente, porque mi padre aparte me leyó muchos libros, y ese primer libro que escogí era un libro de adultos, no un comic, tampoco un cuento. Se trataba de un libro extraño porque se titula La vida de un oso gris del autor Ernest Thompson Seton. Y ese quedó en mi historia personal que yo construí porque creo que todos construimos nuestro propio personaje. Y ese primer título de hecho lo he perdido y me encantaría recuperar ese ejemplar. No sé dónde quedó, en alguna mudanza, quizá. Lo cierto es que tiene algo de mítico para mí. En cuanto al último libro que he leído ha sido algo para el podcast porque el 95% de los libros que leo son para este proyecto o son para hacer un taller o, por ejemplo, hasta hace poco dirigí una residencia literaria. Este es uno de los grandes dramas de lo que hago actualmente. Y es que sólo cuatro o cinco libros al año los puedo escoger yo porque mi trabajo en el día a día es leer y escribir, pero sobre todo leer para el podcast. Entonces siempre leo con una funcionalidad. Pero para contestar tu pregunta diría que el último libro que estoy leyendo es La Praga de Kafka de Klaus Wagenbach. Entonces eso ya da muchas pistas sobre por qué lo estoy leyendo.  

Otra de las cualidades que se perciben en el podcast es que concentra mucha información biográfica de los escritores alternada con sus creaciones, desde las más famosas hasta las menos recordadas. ¿Qué es lo que más lee Javier Peña, ficción o no ficción, sobre todo para la creación del podcast?

En mi vida antes del podcast leía más ficción. Aunque siempre he tenido etapas. Por un momento me cansaba de la novela. Había momentos donde decía que esto de la ficción es absurdo, y que voy a leer cosas serias. Entonces durante dos o tres meses leía mucha no ficción. Y de repente decía: Pero yo necesito esa vida que surge de la ficción, esa vida especial, esa vida fuera de la realidad. Y entonces volvía a la ficción durante seis, siete, ocho meses, hasta que pensaba de nuevo lo mismo. Es así que surgen estas etapas. Desde que empecé con el podcast leo principalmente no ficción, biografías, libros sobre escritores y sobre escritura. Y para la preparación de un episodio del podcast la mayor parte del tiempo es la documentación, y la mayor parte de esta documentación es la no ficción. Las novelas de los escritores que escojo son un apoyo, pero no son la base. La base es la vida y el apoyo son las novelas. Lo construyo así. Es verdad que las novelas me pueden dar una idea para organizar la vida, pero la mayor parte de la documentación está en la no ficción.

Créditos: Omar Guerrero

Vamos con Tinta invisible. Este libro se presenta desde el inicio como una carta de despedida y agradecimiento a tu padre, que también fue un gran lector. ¿Qué títulos recuerdas de su biblioteca? 

Mi padre era un lector voraz, pero también era un lector enfocado en algunos escritores o en algunos temas. Mi padre era marino y los libros de escritores marinos eran de su preferencia. Por ejemplo, Joseph Conrad era uno de sus escritores fetiche. Otros eran Herman Melville o Robert Louis Stevenson. Había otros escritores británicos de principios del siglo XX, estilo H.G Wells que también eran de su predilección porque le gustaba la ciencia ficción, así como también Asimov. Recuerdo que le gustaban las novelas de espías tipo John Le Carré o Graham Greene. También tenía una colección de las obras completas de Dostoievski. Era variado, pero al mismo tiempo era muy selectivo en el sentido que esos autores que le gustaban los leía una y otra vez. Y también leía sus biografías. Creo que una parte de eso me lo ha legado. Vuelvo a decirlo, mi padre era un lector voraz y leía hasta las etiquetas de champú, como lo cuento en Tinta invisible, pero a la hora de leer un libro prefería volver a lo ya conocido o a lo que le había marcado a sus veinte años en lugar de aventurarse por algo nuevo. 

¿Cuál fue la primera biografía que te impactó? ¿Y este impacto estuvo relacionado por el grado de infelicidad del biografiado? Si es así, ¿qué aspecto terminó conmoviéndote?

Todas me impactaron de una forma u otra porque en todas ellas descubrí factores o elementos en los que veía reflejado mi propia infelicidad y mi propia vida. Y eso es lo que me impactaba mucho. El hecho de pensar que esos escritores tan exitosos, tan míticos, tenían circunstancias o factores que podrían recordar una vida tan humilde, tan poco interesante como la mía. De repente estas leyendo la biografía de Dostoievski, con una vida tan ajetreada, condenado a muerte, al punto que acabó en Siberia, y que era un ludópata. Y todas estas cosas que vivió, y sin embargo había algo de él donde me veía reflejado. Yo, un pequeño escritor de una pequeña ciudad de España que escribe en las cafeterías al lado de su casa sentía conexión con estas historias. Y todo eso me parecía maravilloso. Eso mismo me pasó con todas las biografías que he leído, aunque a veces menciono mucho la biografía de un escritor que todavía no he hecho para el podcast porque quedó en una primera versión o porque se cayó en el camino. Me refiero a la biografía de Philip K. Dick que hizo Emmanuel Carrère que se titula Yo estoy vivo y vosotros estáis muertos, publicado en Anagrama, y que me impactó mucho, primero porque la imagen de Philip K. Dick es muy lisérgica, alucinada y muy interesante, pero también por cómo está narrada. Es una biografía, pero al mismo tiempo es como una novela. Está basada en hechos reales, pero no se diferencian mucho de los otros libros de Carrère. Y me interesa mucho por esa idea de imaginar una novela con esta trama, y un poco la idea que hace el podcast. Por ejemplo, ayer en el conversatorio mencionaba la biografía de Sylvia Plath que tiene mil doscientas páginas y que está muy bien documentada y está cronológicamente contada con lo que pasa cada año, por lo que es muy útil para hacer un episodio, y sin embargo le falta esa parte literaria que la hace aburrida. Tienes que ser un gran experto, un conocedor, o estar muy interesado en Sylvia Plath para disfrutarlo. Y a mí me interesan mucho las biografías que son tomadas como un modo de hacer literatura y no simplemente como un acto académico de dar datos específicos de un autor.

¿Cuál crees que es el peor defecto de un escritor? ¿El ego o la envidia?

Creo que uno surge del otro. Yo siempre pienso que el peor defecto es la envidia. Como decía Bertrand Russell es algo que no beneficia a nadie y hace daño a todo el mundo. Hace daño al envidioso y al envidiado. Y no hay ningún tipo de ventaja. La envidia es algo que no sirve para nada salvo como motor creativo. Es lo único para lo que puede servir la envidia, para que a ti te motive para superar a esa persona a la que envidias, y entonces te esfuerces más y hagas algo mejor. Creo que es un defecto horrible, muy lamentable, que dice muy poco de la persona que lo sufre, del gran envidioso. Yo lo soy. Soy un gran envidioso. Entonces me castigo bastante por eso, pero, aun así, con estos castigos no consigo mantener a raya mi envidia, pero al mismo tiempo sólo valoro de esa envidia si es como un motor creativo, un motor de esfuerzo, un motor para conseguir cosas que sean buenas para el resto. Es curioso que alguien pueda escribir una gran novela porque envidie a otra persona, y que al final esa novela pueda resultar buena para el mundo, para los lectores y para la cultura universal. Le sucedió a Tolstói a partir de su envidia a Dostoievski.  

Créditos: Omar Guerrero

¿Es el fracaso otra forma de sufrimiento? ¿Lo consideras una inspiración necesaria pero tortuosa para la escritura?

El fracaso digamos que para mí es la gran forma del sufrimiento, el fracaso en todos los ámbitos. Una de las mayores causas del sufrimiento es el fracaso amoroso. Sabemos que la inmensa mayoría de historias de amor están condenadas al fracaso. Sin embargo, nos lanzamos a ellas con total pasión, con total voluntad. Incluso sabemos que van acabar mal, pero allí estamos. Me parece que refleja nuestra tendencia al sufrimiento, e incluso regodearnos en el sufrimiento. Creo que, de ese regodeo, de ese saber que vas a fracasar, nace mucha literatura. Sí me interesa muchísimo cómo el ser humano afronta el fracaso, porque la vida es como un fracaso anunciado porque ya sabemos el final que no es nada bonito ni reconfortante. Todo eso nos va marcando, la idea de finitud de todo. Si pienso en una relación amorosa asumo que está condenada a la finitud, a acabarse pronto o más tarde, y eso la hace más apasionante. Si dijéramos que voy a empezar una historia de amor y sé que va a durar eternamente como que directamente no nos interesaría. Pienso que el fracaso nos atrae y que es como un material literario apasionante. Yo al principio, cuando empecé a escribir mis novelas, pensaba que el azar tenía mucha importancia en las novelas, porque como te decía antes, en mi vida las mejores cosas que me han pasado han sido a causa del azar, y porque nunca las he buscado. Es algo que siempre he tenido en la cabeza, por lo que pensaba que yo era el escritor del azar, pero el verdadero escritor del azar era Paul Auster. De eso me di cuenta después. Entonces decidí que yo tenía que ser el escritor del fracaso. Y eso lo empecé con Infelices, mi primera novela, y lo he continuado con Grandes infelices. Con eso se podía decir que lo estoy intentando, porque estoy convencido del camino que quiero seguir y lo que quiero narrar.

En Tinta invisible mencionas la moraleja de la casa construida con los ladrillos de la propia vida que de un momento a otro se puede desmoronar. Pones como ejemplo la obra de Karl Ove Knausgård y lo que sucedió con su familia. ¿Consideras esta moraleja como una advertencia o consejo para los escritores que escriben sobre temas tan personales?

No es una moraleja ni un consejo sino una constatación. Digamos que estoy convencido que si un escritor necesita contar algo lo va a contar, aunque destruya a su familia. Es como una pulsión en la que necesitas sacar eso a pesar de que sabes por anticipado del daño que vas hacer. Es como que la literatura, las historias o lo que tienes que contar están por encima del bienestar de quienes te rodean. Creo que eso es algo que hace un verdadero escritor y que es una de las partes que lo hace tan infeliz y tan miserable, y que al mismo tiempo hace infeliz al resto porque pone por encima su necesidad de contar sin importar la posibilidad de ganar algo dinero al hacerlo. Creo que el cuentacuentos tiene que contar todas esas historias por encima de su cadáver y de los cadáveres de los demás. No lo quiero decir como una advertencia de no hacer esto porque antes debes pensar en el daño que le vas a hacer a los tuyos, sino para que sepas que al escribirlo sí vas hacerle daño a las personas de tu entorno.

Uno de los componentes de la infelicidad en los escritores es la enfermedad. Pones el ejemplo de Kafka y no puedes evitar relacionarlo con la enfermedad de tu padre. De esta manera se establece lo que llamas “tinta invisible”. ¿Qué otros casos de escritores enfermos o desahuciados se te vienen a la mente?

Muchas veces pienso en la enfermedad no tanto como un anticipo del desahucio y la muerte, sino en la enfermedad como motor de creatividad. Pienso en la enfermedad de Alberto Moravia, por ejemplo, que tuvo una tuberculosis ósea teniendo doce o trece años y eso le hizo estar encamado un montón de tiempo y fue ahí que empezó a escribir, lo que sirvió para que publicara su primera novela a los diecisiete años y eso lo convirtió en uno de los grandes jóvenes prodigio de la literatura europea, y por supuesto de la literatura italiana. No sabemos si lo mismo hubiese sucedido sin la enfermedad. Pienso también en el caso de Camilo José Cela, un escritor gallego como yo, y Premio Nobel, que también tuvo una enfermedad de muy joven y lo llevó a escribir compulsivamente. Por eso me interesa mucho la enfermedad como motor de creatividad. Me interesa mucho esa enfermedad inicial más que la enfermedad final que condena. Un ejemplo de ello es cuando hice el episodio de Karen Blixen y la importancia de su viaje a África, sobre todo cuando su marido le contagió la sífilis allá siendo muy joven. De esta manera la condenó a estar enferma el resto de su vida, siempre sufriendo. Y es inevitable que en su obra esté reflejado ese sufrimiento. Es allí que me interesa mucho esa parte de la enfermedad. Aunque, evidentemente, también está el caso de Kafka o de otros escritores que tienen esa losa encima al final de sus vidas y que me parece interesante, pero me parece mucho más interesante al principio porque creo que genera más creatividad que al final. También es por una cuestión de temporalidad porque cuando ya te ataca al final y te condena, pues es una salida, pero lo otro es como que te marca todo el camino.

De todas maneras, es inevitable no pensar en Roberto Bolaño que en su etapa final escribe lo que se considera su mejor novela. Me refiero a 2666.

Sí, en Bolaño me interesa mucho la enfermedad como ironía. Lo mismo se podría decir de Kafka. Me tortura mucho pensar en esa gente que vivió su vida de forma muy desgraciada como Bolaño, y que solamente pudo disfrutar del éxito durante unos cinco años, más o menos. Y ahora es considerado como uno de los escritores latinoamericanos más importantes, sobre todo después de la salida de esa lista del New York Times donde coloca a 2666 y a Los detectives salvajes dentro de las mejores novelas de los últimos años, lo que incrementa su prestigio. Pero lo que más me interesa es esa situación cuando en su vida la pasa fatal con trabajos muy duros y denigrantes con los que sigue pasando hambre, y eso impresiona. Al final es como un mito, lo que me parece tan irónico y tan duro, y eso también impresiona.

Créditos: Omar Guerrero

En el libro mencionas los matrimonios entre escritores como el de Elsa Morante y Alberto Moravia, o Martha Gellhorn y Ernest Hemingway. Se podrían citar otros ejemplos como Sylvia Plath y Ted Hughes o Elena Garro y Octavio Paz. ¿Cuál es tu percepción de las escritoras casadas con escritores?

Las escritoras casadas con escritores siempre han tenido que sufrir más que sus esposos. Han tenido que sufrir la incomprensión y la valoración injusta. Por suerte eso está empezando a cambiar. Pero antes sólo se les consideraba la mujer de… en lugar de verlas como verdaderas escritoras. Elsa Morante, por ejemplo, odiaba que la considerasen la mujer de Moravia. Ella decía “Yo soy Elsa Morante y mi obra vale por sí misma”. Sin embargo, en Italia siempre fue la mujer de Moravia. Entonces han tenido que sufrir la condescendencia de sus maridos que siempre pensaban que tenían más talento que ellas. Incluso cuando era evidente que no era así, pienso en el ejemplo de Shirley Jackson y su esposo Stanley Hyman, que era un escritor académico. Y esto lo cuento en el podcast y en el libro. Ella tenía mucho más talento que él. Sin embargo, en casa él siempre tenía la prioridad de utilizar la única máquina de escribir que poseían. Recién cuando él se iba a descansar, Shirley Jackson podía hacer uso de la máquina para dar rienda suelta a su escritura, que no sólo era mejor, sino que llegó a ser hasta más comercial. Me parece que es algo muy significativo, porque a pesar que las mujeres han llegado a ser más valoradas por los lectores, el marido siempre ha pensado que su obra es más importante sólo por el hecho de ser hombre. Por eso digo que ellas han sufrido mucho con esa condescendencia y esa minusvaloración, primero en casa, con sus esposos y sus propias familias, y segundo, con la misma sociedad.

Has regresado al Perú después de siete años. ¿Qué lecturas peruanas te llevaste en la maleta en ese anterior viaje y qué lecturas te llevas ahora con esta nueva visita?

Confieso que no soy un gran conocedor de la literatura peruana. Evidentemente he leído mucho a Vargas Llosa. He leído a Bryce Echenique. Cuando tenía veinte años leí mucha literatura hispanoamericana. En ese tiempo leí a Ciro Alegría. Y después no he leído más literatura peruana. Digamos que soy un escritor y lector que por influjo de su padre (de mi padre) ha leído mucha más literatura anglosajona que hispanoamericana. Entonces si hago una comparación, he leído más autores anglosajones o europeos que hispanoamericanos. Y eso es una deuda que tengo. En este viaje me llevo literatura peruana que me han regalado. Por suerte aún me quedan un par de días libres e iré a buscar los libros que venía con la idea de comprar, sobre todo son libros biográficos y autobiográficos. Quiero comprarme los diarios de Ribeyro: La tentación al fracaso. También El zorro de arriba y el zorro de debajo de Arguedas. Me han recomendado mucho la biografía de Ribeyro. Venía interesado en una biografía de Arguedas, pero ya me han dicho que no lo voy a encontrar porque no existe. Lo más cercano serían sus cartas. Igual quiero ver cómo me sorprenden las propias librerías y los libreros cuando los visite. Otro nombre que me han recomendado en estos días es Martín Adán con su Casa de cartón.   

Esta pregunta te la deben haber hecho innumerables veces desde que has llegado, pero es inevitable: ¿Tienes en mente a una escritora o a un escritor peruano que podría servir de material quizá para un siguiente episodio de Grandes infelices?

La próxima temporada de Grandes infelices va a estar centrada en un escritor y una ciudad. En la búsqueda de los episodios planteé hacer algo de Lima, pero no encontré un escritor porque pensé en Vallejo, en Arguedas y en Ribeyro, pero no me pareció que Lima tuviese esa presencia concreta en su vida. Para eso descarté a Vargas Llosa porque no tiene esa esencia que tiene Borges con Buenos Aires o Dostoievski con San Petersburgo. Entonces descarté hacer un peruano porque no encontré ese encaje. Ahora esta temporada que viene va a estar centrada en eso, pero en una siguiente temporada sí que tengo la idea de hacer más escritores latinoamericanos e hispanoamericanos porque tampoco tengo un español en el podcast, y eso es algo que me vienen reclamando. Entonces en algún momento voy a tener que remediar esa ausencia. Tengo ideas. Tal vez debería hacer una temporada sólo de hispanoamericanos. Aún no lo sé, pero estos nombres que he mencionado: Vallejo, Arguedas y Ribeyro me llaman mucho la atención. Pero primero tengo que ver si la bibliografía que puedo conseguir, como El zorro de arriba y el zorro de abajo, me resulta suficiente para hacer un podcast sobre Arguedas. Me parece que aún no tengo toda la documentación necesaria. Igual tengo que analizarlo. Y después están otras historias como la de Martín Adán, que me parece interesante, pero no sé si me daría para montar un episodio entero o más bien un fragmento para estos especiales que hago en otros proyectos como un libro, pero sí que me gustaría conocer mucho más esas historias porque cuantos más escritores infelices conozca, más me va a permitir abordar las siguientes biografías con un bagaje considerable. Y eso también me ayudaría a identificarlos y a clasificarlos. Y también hay un problema al momento de escoger autoras porque para mí es importante, sobre todo para darle pluralidad al podcast. Cuando llegué aquí me mencionaron a Blanca Varela como posibilidad porque la mayoría de escritores que me recomiendan son hombres, y me interesa mucho recuperar a escritoras latinoamericanas porque ahora hay un boom con la gran cantidad de escritoras latinoamericanas que están saliendo, y que son muy potentes a nivel mundial como Fernanda Melchor o Mariana Enríquez. Igual sigo pensando que hay una deuda con las escritoras de hace muchos años que vivieron la incomprensión y la minusvaloración del mundo editorial y de la sociedad, por lo que considero prioridad reivindicarlas, pero en ese camino faltan muchas veces la documentación o la bibliografía que se necesita para hacer un episodio. Me gustaría que alguien colabore haciendo ese trabajo para poder tomar esta información como base para la realización de un episodio del podcast, y así más gente, o más oyentes, de distintos lados, lleguen a la obra y al conocimiento de esta autora citada, o este autor citado, lo que se convertiría en algo circular donde todos nos veríamos beneficiados.

Créditos: Omar Guerrero

(Como una recomendación, mencionamos al final de esta entrevista otros nombres de la literatura peruana que podrían resultar de interés para Javier Peña como María Emilia Cornejo, Juan Gonzalo Rose y Carlos Oquendo de Amat).

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Reseña: Personas decentes (2022) de Leonardo Padura

Asesinatos, prostitución y rock n´ roll

Por Omar Guerrero

Personas decentes (Tusquets, 2022) del escritor cubano Leonardo Padura (La Habana, 1955) es una novela que forma parte de la saga policial del detective Mario Conde (la última entrega hasta el momento con la que suma un total de diez títulos). También se podría decir que es la mejor hasta la fecha. La historia se divide en dos partes. La primera se ubica en La Habana actual, con mayor precisión en 2016, caracterizada por la visita de Barack Obama, el desfile de Chanel, la filmación de Rápidos y furiosos, el turismo de Rihanna, las hermanas Kardashian y el histórico concierto de los Rolling Stones (cabe mencionar que este último hecho se presenta como algo de mayor interés para los amigos de Conde, razón para entablar diversas conversaciones entre varios vasos de ron y platos con habichuelas sin dejar de escuchar la música que tanto les gusta). Se toma en consideración que todos estos hechos producen la ausencia de policías para cubrir otros temas más comunes como los asesinatos dentro de la isla.

La segunda parte tiene como telón de fondo La Habana de inicios del siglo XX, cuando la isla era conocida como la “Niza del Caribe” y donde se permitían demasiadas cosas ilegales, más aún si de por medio estaba el nombre de Alberto Yarini y Ponce de León (1882-1910), el rey de la prostitución de la isla, conocido también por ser un dandi y un casanova. En ambos tiempos ocurren unos asesinatos que están relacionados entre sí y que no dejan de ser una incógnita hasta que Mario Conde abandona por un momento la compra y venta de libros viejos para empezar con sus investigaciones, primero a solicitud de su excompañero Manuel Palacios, también conocido como Manolo; y luego por el interés que le despiertan esos otros crímenes ocurridos en el pasado, y cuyos misterios serán revelados a partir del trabajo de otro policía llamado Arturo Saborit Amargó, quien no deja de tener presente lo ético, lo correcto y lo justo, características propias de las “personas decentes”.

El primer asesinato ocurrido en tiempo presente, en 2016, corresponde a Reynaldo Quevedo, un poeta mediocre y envidioso con algún grado militar menor en el pasado que, con su vocación de inquisidor y su maldad innata de represor, le arruinó la vida a muchos artistas e intelectuales que sufrieron persecución y censura por parte del régimen cubano en los años setenta, así como les sucedió a los escritores Lezama Lima y Virgilio Piñera, o el teatrista Alberto Marqués. Este Quevedo aparece muerto producto de un golpe contundente en la cabeza. Lo curioso es que sólo le roban un par de cuadros mientras que su cuerpo aparece con el miembro viril desmembrado, cortado con el cuchillo de la cocina, aparte de sufrir la amputación de tres dedos de la mano, cercenados con la tijera de podar el jardín. En la escena del crimen quedaron estas partes separadas como una muestra del odio que tenía el asesino hacia la víctima. Y no era para menos porque a este tal Quevedo era visto como un verdadero “hijo de puta” (p.45). Esta hipótesis se incrementa con sus perversiones que son descubiertas a partir de los informes forenses donde se le encuentran restos de semen en su parte rectal.

En cuanto a los otros asesinatos, estos ocurren en 1910, año que se caracteriza por la presencia del cometa Halley, cuya visita producía gran zozobra entre la gente pensando que se trataba del fin del mundo, aunque ante este posible peligro, muchos procedieron a actuar de manera distinta:

Ante lo inevitable, muchos se negaron a gastar en inútiles telescopios o mapas cósmicos y la mayoría prefirió decantarse por las opciones más divertidas, como la de comprar y consumir alcoholes y alucinógenos, la de apostar a cualquier cosa que se les ocurriera en los garitos que brotaban como hormigueros, la de bailar a toda hora y con cualquier música y, sobre todo, más que todo, la de fornicar como poseídos. En la ciudad se estableció el imperio del éxtasis y la lujuria (p.36). 

Muchos de estos hechos ocurrían muy cerca de la Estación policial de Paula y Compostela, centro de labores de Arturo Saborit, quien se convirtió en testigo involuntario de todo lo que ocurría en esta ciudad (La Habana) donde proliferaba el alcohol, las drogas, la prostitución y el juego, más aún con la presencia del famoso burdel que pertenecía a Alberto Yarini, bastante conocido por la belleza de sus mujeres. Es justo una de sus trabajadoras quien aparece asesinada de la manera más cruel:

Según el doctor Torres, la mujer había sido descuartizada a machetazos, el primero de los cuales lo recibió con vida y fue el que le arrancó el brazo. Quizás el segundo fue el que la decapitó. El forense estableció, además, que la mujer había practicado una felación y tragado parte del semen de su agresor y, antes o después de la muerte, había tenido sexo vaginal y rectal con el mismo hombre (p.117).

A partir de este hecho tan truculento, donde el sexo y las transgresiones han tenido gran participación, las investigaciones se dirigen hacia Alberto Yarini, no como posible culpable, pero sí como uno de los principales móviles de este crimen, más aún al conocer tan bien a la víctima, o por su cercanía con ella, porque a pesar de su fama de proxeneta, prevalece en él su imagen de gran empresario y de don juan, ambas presentadas de manera hiperbólica:

Entre todos esos jóvenes provenientes de linajes acomodados, muy pronto Alberto también se distinguió por sus éxitos amatorios. Su estampa física, sus modales, su experiencia vital en Nueva Inglaterra y su desenfado lo distinguían y tuvo más novias y mujeres que nadie, y, para retenerlo, algunas de esas amantes que se enamoraban de él comenzaron a sostenerlo con regalos y dinero. Fue entonces cuando el instinto comercial de Yarini hizo lo demás: primero a una, luego a dos, prostituyó a algunas de esas amantes y, en cinco años, ya contaba con un harén de doce mujeres laborando en el mercado habanero del sexo (p.155).

Y a pesar de que se siguen cometiendo otros delitos y excesos durante el año 1910, Alberto Yarini no deja de ser el centro de atención y de muchos comentarios como si se tratase del mismo cometa Halley. De esta manera Leonardo Padura presenta a un personaje real que tiene muchos dotes de ficción y cuya aura se ha mantenido a través de los años dentro de la idiosincrasia cubana al punto que su tumba nunca deja de tener flores. Esto mismo lo comenta en un artículo que se incluyó dentro de su libro de crónicas El viaje más largo (1994) donde brinda una serie de detalles sobre este hombre que era llamado “El gallo de San Isidro”. Por supuesto que el tema sexual, tan recurrente en la obra de Padura, sobre todo en su saga de Mario Conde, se hace mucho más explícito sólo para terminar de presentar a este personaje que se vuelve figura central en Personas decentes:

Con el movimiento vi cómo el miembro de Yarini se balanceaba como si fuese el badajo de una campana. Y no es que sepa mucho sobre las proporciones de los penes, aunque tengo el mío y haya visto el de algunos cadáveres, pero es que el miembro colgante entre las piernas de aquel hombre tenía unas dimensiones y un grosor exagerados. Una pinga de ese calibre también explicaba muchas cosas (p.222).

Es justo en la fatídica noche del 21 de noviembre del 1910, fecha de fallecimiento de Alberto Yarini, donde la figura del policía Arturo Saborit cobra una notoria importancia, más aún al mantener su definición de “personas decentes” para esclarecer no sólo el crimen de Yarini sino también de los otros asesinatos cometidos, y cuyos principales involucrados siguen siendo más proxenetas y prostitutas. Entre estas últimas destacan las extranjeras, en especial una llamada Bertha Fontaine, conocida también como La Petit Bertha, poseedora de una extremada belleza.

Mientras tanto, en 2016, a medida que se acerca el concierto de los Rolling Stones, aparece otro hombre muerto y castrado. Esto llama la atención de Mario Conde al intentar descubrir el por qué los asesinos quieren minimizar la virilidad de sus víctimas. Es entonces que surgen varias hipótesis que van desde la historia de la homosexualidad masculina en Cuba, donde se incluyen varios cuadros de desnudos varoniles, hasta la historia del pene cortado de Napoleón. Y en medio de todas estas conjeturas surge el nombre de una poeta cubana que sufrió una serie de injusticias (muerte civil) por parte del régimen cubano tan igual como sucedió con la escritora rusa Anna Ajmátova bajo el gobierno autoritario de Stalin. Es a partir de este descubrimiento con el que se llega a la resolución de estos crímenes mientras que millones de cubanos se preparan para cantar las canciones de Mick Jagger y compañía.

De esta manera se concluye que no es necesario haber leído las novelas anteriores de esta saga policial para deleitarse con una novela tan buena como Personas decentes. Sólo queda pedir larga vida al inspector Mario Conde y que nunca se acaben sus historias.

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Datos del libro reseñado:

Leonardo Padura

Personas decentes

Tusquets, 2022

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Reseña: Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura (2025) de Gianni Biffi

Humor, ironía y extrañeza

Por Omar Guerrero

Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura (Dendro, 2025) del escritor peruano Gianni Biffi (Lima, 1977) reúne quince cuentos donde el humor, la ironía y la extrañeza son los elementos preponderantes que terminan arrancando varias carcajadas al lector. Los temas que aborda son distintos. En primer lugar, se puede mencionar a la literatura. Allí el autor recrea continuaciones o spin-off de personajes clásicos de nuestra tradición con el único fin de darles otro final, o, por lo menos, establecer justicia, por no decir una necesaria y esperada venganza. También toma nombres consagrados, en especial de poetas peruanos, quienes son sometidos a situaciones hilarantes donde bien salen victoriosos o simplemente se resisten a la derrota. Los mitos, las fábulas y los hechos históricos son otros referentes que terminan siendo distorsionados (o en versiones cambiadas) con el único fin de producir más risas, en especial si a ello se añade la ironía al presentar personajes imperfectos o inconformes. Se incluyen temas como el éxito, el fracaso, la masculinidad, el machismo, la paternidad, el academicismo y la intelectualidad como si se tratase de una burla que varias veces resulta airosa. Todos estos temas son tratados con humor sin dejar de lado la alusión a la música (rock, rap o hip hop), el cine, los libros y más escritores vistos como una reiteración de lo literario. En este último aspecto hasta el mismo autor se presenta con su propio apellido para dejar en claro determinadas situaciones igual de divertidas.

El cuento que abre el libro se titula “Reconciliación nacional” cuya estructura alterna las voces de Humberto Grieve y Francisco (Paco) Yunque, personajes del famoso cuento de César Vallejo. Esta historia de abuso y desigualdad se extiende hasta la adultez de estos personajes, aunque esta vez se revierten los roles con el único fin de hacer justicia sin dejar de lado la venganza. Se considera además el elemento fantástico con la presencia de una voz fantasmal cuyo testimonio sólo produce comicidad y que resulta un gran punto a favor.  

Sobresalen dos cuentos donde los personajes principales son dos poetas peruanos. El primero es Jorge Eduardo Eielson, quien aparece en “Tensión lunar”.  Allí el poeta de Habitación en Roma envía una carta a la Nasa donde les propone instalar una de sus piezas artísticas sobre la superficie de la luna. Ante la negativa constante de sus interlocutores, al poeta peruano no se le ocurre mejor idea que enviar uno de sus caligramas como una manera original de rehuir a la derrota. Algo similar ocurre en el cuento “MC Rapkólnikov” donde aparece un César Vallejo convertido en un rapero de freestyle que enfrenta a un campeón de este género musical llamado Doctor Kamikaze. Aquí el poeta de Santiago de Chuco apela al ingenio y al uso espontáneo de las palabras.  

En cuanto a los mitos, es necesario mencionar “El duelo entre Illapa y Thor (Mito andino)”, un cuento desternillante que cuenta la visita de Thor, dios del trueno, al mundo andino. Esta visita se realiza como parte de un intercambio de divinidades acordado entre Odín y Wirakocha. Es justo este último quien elige al dios Wakon, dios de la lluvia, para que lo represente en el mundo nórdico mientras dura la estadía Thor en el Hanan Pacha. Es allí donde este extranjero se encuentra con Illapa, dios del trueno en el mundo andino, con quien comparte la misma designación. Es entonces que se establece un duelo para saber quién es el verdadero dios del trueno dando paso a lo desopilante sin dejar de lado el humor, que se incrementa casi al final al describirse la alienación de Wakon después de conocer un mundo distinto al suyo:

[…] Wakon, quien regresó de Asgard con el cabello teñido de rubio. Cuando Wirakocha le preguntó si se había pintado el pelo con agua oxigenada, Wakon respondió: «No, uhm… Lo que pasa es que fui a la playa y el agua salada y el sol hicieron que se aclarara». Y luego pidió a los dioses que se refieran a él con su nuevo nombre: DJ Wäkøn (p.38).

En el caso de las fábulas se cita “La tortuga y la liebre” donde se revierte el mensaje de Esopo en la manera de asumir el triunfo. Lo más jocoso de este cuento es el discurso de cada animal al reconstruir esta historia tan distinta a cómo se le conoce. Por otra parte, en lo que corresponde a hechos históricos, mencionamos “¿Quién va para nazi?” donde se muestra la condición de un joven judío peruano que ha crecido escuchando por parte de su abuela la historia de este pueblo, sobre todo en la Segunda Guerra Mundial y en el Holocausto. En este punto resulta ineludible mencionar películas como Bastardos sin gloria, además de ciertas lecturas, en especial los cómics, donde surgen héroes que luchan contra los nazis. Aquí se percibe una animadversión hacia Alemania que termina convirtiéndose en miedo al pensar que todo ese horror puede volver a ocurrir. De esta manera el narrador asume la responsabilidad de convertirse en un luchador de la justicia, en un paladín, a pesar de su contextura delgada y aspecto débil, con una imagen más cercana a Woody Allen que a un héroe de guerra. Eso mismo piensan sus familiares:

«Tú, ¿sobrevivir a Buchenwald?», contestó. «Pero si la semana pasada tuvimos que llevarte a la clínica por lo de tus alergias. El polen de las flores hace que termines en la sala de emergencias. No podrías sobrevivir dentro de un campo de tulipanes. ¿Cómo piensas que te iría en un campo de exterminio?» (p.98).    

Lo extraño aparece en “Kassoghta” donde explora lo fantástico. Aquí se incluye un dialecto incomprensible que termina encajando en una historia donde la sexualidad y la reproducción son los principales objetivos para los personajes, sobre todo el femenino, cuyo único fin sigue siendo igual de insólito por su sentido profético. Llama la atención la postura derrotista inicial del personaje masculino que se somete a cualquier requerimiento femenino llegando a soportar tanta extrañeza e incomodidad. 

Y a partir de esta relación con lo femenino donde los varones se asumen por debajo de cualquier mérito alcanzado, al punto de reconocer cierta forma derrota, se cita “Autorretrato” donde un aspirante a escritor que se siente fracasado se encuentra con su ex que ha regresado de Alemania donde cursa un doctorado. En la universidad donde ella estudia han egresado varios Premios Nobel, mientras que en la universidad gringa donde él estudió sólo destaca como alumno el luchador Hulk Hogan. A partir de este punto es inevitable mostrar una confrontación intelectual y de géneros con tintes machistas a través del supuesto conocimiento y bagaje cultural que debe imponer el hombre sobre la mujer como una búsqueda de admiración. Y esto se evidencia en el pequeño diálogo imaginario que tiene el narrador con Antón Chéjov, quien llama a su interlocutor con el nombre de Biffikov. Aunque esta ilusión es contraria a lo que sucede en la otra parte del cuento donde la mentira o la impostura tarde o temprano son descubiertas. Algo similar ocurre en “La muerte de los sueños literarios” donde se hace burla a las personas que se asumen como intelectuales superiores por el acceso inmediato y exclusivo que tienen hacia algunos contenidos culturales, incluido el conocimiento académico, en comparación a otros registros o discursos mediáticos más digeribles como las comedias de Adam Sandler. Y en estas comparaciones también recaen en otro tipo de lecturas como los libros de Ayn Rand, o el Upanishad y el Bhagavad Gita. Aquí el narrador varón otra vez se ve vulnerado ante la intelectualidad femenina.

Los libros y la literatura vuelven a estar presentes en otros cuentos como “Barrio y prejuicio (Una historia chalaca)” que trata sobre un delincuente chalaco que se reforma leyendo a los clásicos ingleses, sobre todo a Jane Austen. Lo mismo para “Cumpleaños infantil existencialista” donde se evidencia una burla contra el existencialismo. Aquí sobresale un apartado titulado “Carritos chocones con Camus” (en clara referencia a la muerte del autor argelino-francés, Premio Nobel de Literatura).

La masculinidad y el machismo se muestran con ironía en “Clint Eastwood”, donde otra vez se hace una breve mención a los nazis. Y en “Cartas escritas por Zeus después de asistir a un seminario de concientización sobre el acoso sexual” donde la masculinidad de nuevo es cuestionada ante ciertos hechos machistas.

Otros cuentos de menor calibre son “Papá Hemingway (Por quién doblan las sonjas)” que aborda la paternidad y la falta de madurez para asumir este rol. Y “El diablo viste de Graña”, donde otra vez se menciona a Alemania. Aunque este último, más que un cuento parece una reflexión sobre el uniforme escolar color plomo que marcó a toda una generación.

Por último, queda la mención del mismo autor con determinadas presencias esporádicas, a modo de cameos, tan propio de la ficción, como su diálogo con Chéjov en “Autorretrato”. Esta vez sucede con la viuda de Vallejo en “MC Rapkólnikov”, sólo para volver a mencionar uno de los cuentos más logrados:

-Déjeme decirle, Monsieur Biffi, que amé su petit livre d´histoires. «Votre police d´aasurance ne couvre pas cette eventualité, M. Samsa». -dijo Georgette, dando una calada al cigarro que tenía en la mano-. ¡Magnífiques nouvelles! ¡Quel triomphe pour les lettres péruviennes! César también adoré su livre. Y, à notre punto de vista, tous les rédacteurs y éditeurs littéraires que le han rechazado sont stupide. Brutes, sans talent et laids. Médiocres de mentes cerradas” (p.189).

En conclusión: la mayoría de los cuentos convencen a pesar de su extrañeza e hilaridad. Cumplen su cometido porque el humor se concreta, produce el efecto de la risa. Al mismo tiempo renueva y refresca una tradición como la peruana donde el realismo melancólico, gris y lleno de desánimo termina ganando terreno. Biffi es una excepción que se aplaude.

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Datos del libro reseñado:

Gianni Biffi

Viendo tu vida derrumbarse desde una distancia segura

Dendro, 2025

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Poesía: Entre dos fronteras (2025) de Carlos López Degregori

Entre dos fronteras de Carlos López Degregori

Colmillo Blanco, 2025. 76 pp.

¿Dónde quedarse? ¿A qué lugar pertenecer? La poesía cual peregrinaje a los recovecos de la memoria. En el nuevo poemario de Carlos López Degregori  (Lima, 1952) se despliegan elementos de distinta naturaleza como una forma de aventurar una respuesta a las dos preguntas iniciales: personajes históricos, locaciones deslumbrantes, autores de obras inmensas, mística oriental. Un asombroso mapa que sirve para hallarse y perderse a la vez. Aquí a continuación, una selección de tres poemas:

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UN DURAZNO EN LAS TERMAS

Llegas con una jarra y humedeces mi frente pecho sexo las plantas abismales de los pies. Ah, extraña, venida de la extrañeza más grande. Ah, bañadora de los baños que limpian mi asfixia. Ah, agricultora.

Riegas con el agua de tu jarra el jardín de mi piel y brotan rosas anómalas. Humedeces los pliegues, las imperfecciones. Conviertes cada lunar en ceniza venidera.

El sol de la tarde es un durazno. Extiendes tu mano y lo arrancas del cielo. Extraña fruta que se parece a mis versos. Muerdo la codicia y el jugo de su carne hasta que solo queda en mi boca la dureza pulida del carozo: es el óbolo que me entregas para alcanzar la Luz o la Oscuridad.

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PIAZZA DI SPAGNA

En la imagen aparece una sombra que puede ser la mía

Es la Piazza di Spagna en el año de 1990:

los escalones son los dientes del verano

y se recortan los ángulos de la casa de Keats y Shelley

Vine a cerrar mi peregrinaje

a que su Romanticismo compense la debilidad del mío

Han pasado 35 años y regreso:

trato de proyectar la misma sombra

ahora anciana

El tiempo es un carrete

en los dedos temblorosos de un fotógrafo

la juventud un lugar posible y allí retorno

Roma estridente

Roma de la fotografía en la que se alarga mi sombra

como una proyección que me lleva al pasado o al futuro

La Piazza di Spagna en perturbado contraluz:

mi peregrinaje a un lugar imposible

que anhelo como posible

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VELLOCINOS  | 5

Una fila de Vellocinos atraviesa la Tierra. La constelación de Aries los orienta. Vuelan llenos de servidumbres corporales, temporales: bulbos que golpean como cráneos en las planicies transparentes. Tu piel cae en rodajas moradas.La lámina de acero contra la muñeca es una sonrisa, la prolongación de una Cebolla teatral, la muerte elegida que marcha deprisa o se detiene. Nada de lo que fui llegará a ustedes: apenas la risa, la insolencia victoriosa.

Un afilador sube por la calle y crece en sus notas sucesivas el arco de su silbato.

El cuchillo ya no puede cortar más Cebollas.

Deberías afilarlo.

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Reseña: La vida nueva (2024) de César Aira

Literatura accidental

“El arte se vuelve un juego ligeramente fantástico con el tiempo: es la documentación de algo que no fue, y a la vez promesa de algo que será’

-César Aira en ‘Sobre el arte contemporáneo’

Por Sebastián Uribe

Más que preguntarnos por qué o para qué leemos a César Aira (Coronel Pringles, 1949), lo que realmente se impone al abrir una de sus novelas o cuentos es la expectativa del asombro. Qué nuevo conejo sacará esta vez de la chistera. Con qué truco intentará —una vez más— hechizarnos. Porque si hay algo que caracteriza a sus ficciones es el encanto de la fábula, una narración en la que cualquier situación puede ocurrir, por más inverosímil que nos pueda parecer a priori, y La vida nueva no es la excepción.

Un joven narrador inédito de veinte años, que responde al nombre de Aira, desea publicar su primera novela. Su manuscrito llega, por mediación de sus amigos, a Achával, un entusiasta editor independiente, en quien delega la publicación del libro. Así pasan días, semanas y años. La publicación mantiene su condición de promesa y la absurdamente larga espera se va tornando en la nueva normalidad. Cada vez que hay un nuevo contacto para consultar por el libro – para el narrador, una manifestación de la relación “telepática” entre él y su editor–ocurre un evento fortuito que entorpece y pospone la publicación del libro.

Estas interrupciones —que van desde un apagón en la imprenta hasta dificultades con la distribución, la logística, el diseño de la tapa o incluso la cola para el pegado— son precisamente el tipo de incidentes con los que Aira impregna su literatura de un carácter lúdico, donde cualquier cosa puede suceder. La literatura, según Aira, es el desvío necesario al anhelo de control y automatización de nuestra época. Esa estandarización solemne y tediosa que ha impregnado el espíritu humano tras más de dos siglos de carrera industrial y tecnológica. No es un dato menor que el protagonista de la novela sea en sus inicios un estudiante de Administración de Empresas, carrera con la que enmascara el secreto de su vocación literaria y por la que no muestra interés alguno.

Otro dato curioso es que, en la novela, no se llega a precisar de qué va el manuscrito, pero sí se menciona lo siguiente:

Y él sí, aun siendo un hombre de larga militancia izquierdista y gran compromiso político y social, supo apreciar el soplo fresco de irreverencia que representa lo mío y que no era otra cosa, según él, que la libertad, antídoto necesario a la seriedad o solemne empaque, ya francamente estalinista, que estaban tomando las ciencias sociales” (pág.10)

La vida nueva, así como sus otros más de cien libros publicados, se convierte en otro artefacto excéntrico que se cuela a la fiesta del presente sin estar adherido a alguna tendencia temática. Asimismo, este libro se convierte en un dardo envenenado dirigido al lenguaje encorsetado y homogeneizante que domina gran parte de los ensayos actuales, representado de forma paradigmática por los papers académicos —una forma que comparten también muchas narrativas contemporáneas, empeñadas en ‘decir lo mismo’ bajo el afán de (sobre)explicar.

El humor airano es uno que no busca arrancar carcajadas sino desconcertar al lector. Los chistes son imprevisibles por naturaleza y las novelas de Aira logran ese mismo efecto, alterando las expectativas que el lector se hace tras leer las primeras páginas. La aparente sencillez de la trama en un momento inicial, las situaciones jocosas y la prosa prístina, son algunos elementos con los que el escritor argentino busca propiciar ese accidente capaz de distorsionar el carácter previsible del lenguaje realista que impera en la cotidianidad. En este libro, dicho desvío se materializa en un extenso párrafo sin pausas, de más de sesenta páginas, que puede leerse —y disfrutarse— en una sola tarde.

En realidad, mi intuición había dado la hora justa, que era la hora en que debería haberse producido el evento. Si no se había producido había sido por un accidente, que producía un pliegue en la esencia cronológica del asunto, pero no la alteraba. Por puro gusto de la especulación y porque me gustaba hablar con Achával, lo contradije: esa supuesta “esencia cronológica” no existía, o si existía estaba toda ella hecha de accidentes, la esencia misma del tiempo era el accidente imprevisible” (pág. 35)

Hace no mucho leí que entre los títulos de los diez libros “imprescindibles”[1] de otro gran narrador argentino, Sergio Chejfec, figuraba La vida nueva. Esto no resulta sorprendente al descubrir cómo se representa en la novela el ecosistema material de la literatura. Aquí, Aira se ríe del mundo editorial contemporáneo, donde el último elemento en importancia resulta ser el autor, cuya función, en palabras del narrador, es “la única irreemplazable en toda la cadena” (pág. 19) y por ello mismo, la única que podía esta fuera de la misma.

Pero hay otra dimensión donde también confluye la literatura de Aira con la de Chejfec y es la de la pregunta por el tiempo en el arte, en cómo se piensa y opera en este:

La mariposa aleteó locamente en un mundo tan loco y tan colorido como ella, el mundo de mi juventud. Dejé pasar años. El tiempo no tenía urgencias para mí, y dos años no me parecía gran cosa. Un día llevaba a otro, un verano a un invierno, y había que vivir. Achával seguía presente en algún rincón de mi mente, y detrás de Achával mi novela, mi primer libro. No era que no me importara; era una presencia importante; por serlo, podría esperar. De hecho, la espera a la que lo estaba sometiendo era un homenaje a su importancia, en cierto modo un gesto de respeto” (pág. 22)

 En ese espacio temporal entre la escritura del manuscrito y su publicación, –constantemente anunciada y postergada por el editor– es donde, en verdad, se gesta la literatura. Pues es en esa demora —que se opone al sentido de urgencia del mercado— donde se deja de pensar en términos funcionales y el lector se rinde ante la inventiva del autor. Por paradójico que parezca, es en esa aparente pérdida donde la literatura se reapropia del tiempo y lo recupera para restaurar la posibilidad de comenzar una vieja vida nueva.

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Datos del libro reseñado:

César Aira

La vida nueva

Personaje Secundario, 2024. 64 pp.


[1] https://eternacadencia.com.ar/nota/los-imprescindibles-de-sergio-chejfec/8835

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Reseña: La literatura es fuego (2019) de Mariana de Althaus

El fuego y sus circunstancias

Por Erick Abanto López

La Literatura es fuego es, probablemente, una de las piezas teatrales más emocionantes y precisas sobre el deseo latinoamericano de escribir novelas y el vaivén constante e inestable que significa dedicarse a la escritura de ficción en contextos como el nuestro, donde se suele enaltecer la acción concreta y desdeñar la artesanía intelectual.

Por el título y la portada, esta pieza podría interpretarse como un homenaje al afamado escritor peruano o apenas una adaptación teatral de El pez en el agua (que es aquí la fuente principal que estructura escenas y personajes), pero la biografía de Vargas Llosa es solo la excusa perfecta, el gancho temático de la autora para introducirnos en el territorio personal, íntimo, y apenas reconocido, de las ilusiones perdidas y los sueños cumplidos, de los anhelos frustrados y los logros inesperados; pero también de la dicha familiar y el consuelo de los amigos, de la energía épica para insistir en lo que creemos, y, por consiguiente, de la tristeza de escoger el rumbo e irse despidiendo de las demás ideas y personas que alguna vez iluminaron nuestros días. En suma, de ese espacio íntimo que es también compartido, donde se engendra la exigente responsabilidad de luchar contra las circunstancias, contra las dificultades individuales y colectivas, y contra aquellas derrotas ajenas que nos fueron heredadas, aquellos prejuicios aprendidos o ruinas de un pasado que aún intenta definirnos.

Mariana de Althaus disecciona al detalle, escena tras escena, diálogo tras diálogo, la lucha de un grupo de personas virtuosas (madres y abuelos que cuidan, hijos que agradecen, amigos que ayudan, parejas que celebran, los tantos Mario que escriben, en el ayer y en el antes de ayer), por sobrevivir al estado de cosas que les ha tocado –y por intentar cambiarlo, superarlo o mejorarlo–, sin que ello implique que dejen ser fieles a sí mismos o que olviden el núcleo de su propia identidad y ternura, el lazo de familia.

Lo que comienza como una reunión familiar en Cochabamba (Bolivia) y Piura (Perú), donde un tal niño Mario es el engreído de tíos y abuelos,  siempre dispuestos a recitar versitos o contar anécdotas, transita luego hacia la tempestuosa, agria y jaranera vida limeña, criolla y mediocre, para luego avanzar hacia una polifonía formidable de personajes de ficción, con personajes de nombres reales, que, bajo un ritmo parecido al ritmo de  novelas como La casa verde o Conversación en la Catedral, intercambian opiniones desde lugares y tiempos distintos, entremezclándose, anudando cada uno con su parlamento el desenlace exuberante  de una llamada a las cinco de la mañana y el anuncio posterior, en vivo y a nivel mundial, del reconocimiento del Premio Nobel.

 Así, La literatura es fuego supone una cartografía dramática, detallada y conmovedora de un impulso humano casi automático, casi esencial: la necesidad urgente de agradecer o recordar, nombre por nombre, a una variedad de personas, inmediatamente después de lograr algo difícil o improbable. ¿De dónde surge ese impulso? ¿Cómo surge? ¿Qué relación se teje entre el logro conseguido y la persona nombrada o recordada? ¿Cómo así se enlaza ese presente de victorias con ese pasado? ¿Por qué esa alegría al borde de las lágrimas, por qué esa emoción?

La autora se aproxima a una respuesta y nos la muestra. Responde cada una de estas preguntas y nos conduce al lugar de las emociones extremas. A lo largo de su pieza, reímos con gracia, degustamos el sonido de algunas frases célebres, volvemos a ver a grandes escritores en escena (Gabriel García Márquez, Jean Paul Sartre, Camus, Luis Loayza e incluso la voz gálica de Cortázar), nos preocupamos con ansiedad de los preparativos para distintos eventos (un viaje, una publicación, un examen, un matrimonio, un complot universitario), nos paralizamos ante la violencia sádica de un marido contra su esposa y de un dictador contra su pueblo, y nos maravillamos ante el mundo desbordado de la literatura, de la celebración jubilosa de la ficción, y la participación cada vez más constante de personajes ficticios salidos de las novelas de Vargas Llosa, el modo por el cual cada uno de ellos interactúa con personas de verdad: el formidable juego de ver al escritor peruano hablar con Carlos Ney, a la Chunga respondiendo a Abelardo Oquendo, a Lituma respondiendo al tío de Mario, a Carmen Balcells hablando de Carmen Balcells, y, en fin, al poeta, al esclavo, a la niña mala, a Trujillo, a Mayta, al Hablador.

Mariana de Althaus nos transporta a todos los momentos personales que para Mario Vargas Llosa fueron significativos o decisivos, contados en un sinfín de entrevistas y perfiles, y a la vez nos muestra, como los dramaturgos clásicos, el fuego secreto que anida entre nosotros, la energía que nunca se agota –la voluntad–, y esa ternura que, a veces, o casi siempre, solemos olvidar. La obra resulta así un soplo de ánimo que, usando la biografía de Vargas Llosa como excusa, interpela nuestras violentas y latinoamericanas circunstancias, y acicatea, allí mismo, a la literatura y el fuego.

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Datos del libro reseñado:

Mariana de Althaus

La literatura es fuego

Alfaguara, 2019