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Taller de lectura: “De lo íntimo a lo oscuro”

Este será un espacio de aprendizaje y discusión crítica sobre la narrativa contemporánea escrita por mujeres hispanoamericanas, con un acento en los horrores cotidianos, la violencia, lo siniestro y los universos oscuros.

Modalidad: 4 sesiones de tres horas vía zoom: 12 horas de clase.

Fechas: sábados 14, 21, 28 de agosto y 4 de setiembre. De 10 am a 1 pm. Hora Lima.

Más información e inscripciones: dianahidalgod@gmail.com

Inversión: 120 soles.

El taller incluye todo el material de lectura digitalizado (obras literarias y lecturas teóricas complementarias) y asesoría para propios proyectos escriturales.

Pago: Yape al 964507276 o depósito BCP. Para extranjero: PayPal con el correo dianahidalgod@gmail.com

Temario:

Sesión 1:

El horror en lo íntimo y lo siniestro de la maternidad: Leeremos la novela corta Precoz (2015) de la escritora argentina Ariana Harwicz.

Sesión 2:

Universos femeninos monstruosos y dobles siniestras: Leeremos la novela Mandíbula (2018) de la escritora ecuatoriana Mónica Ojeda.

Sesión 3:

Novela negra y lo turbio e inquietante: Leeremos la novela Mi nombre era Eileen (2015) de la escritora estadounidense Otessa Moshfegh.

Sesión 4:

Horror latinoamericano: género y terror. Leeremos cuentos de los libros Las cosas que perdimos en el fuego (2016) y Los peligros de fumar en la cama (2019), así como el cuento “Ese verano a oscuras” (2019), de la autora argentina Mariana Enríquez.

SOBRE LA TALLERISTA:

Diana Hidalgo Delgado (Lima, 1992). Se desempeña como periodista, lectora y escritora. Asimismo, es licenciada en Comunicación y Periodismo por la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC). Cursa la maestría en Literatura Hispanoamericana en la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP). Ha colaborado con crónicas, perfiles, entrevistas y reportajes en revistas como Etiqueta Verde, Memoria (Del IDEHPUCP- Instituto de Democracia y Derechos Humanos de la Pontificia Universidad Católica del Perú),  Revista H, El Dominical del diario El Comercio y el semanario Hildebrandt en sus Trece. Además, ha publicado textos de crítica literaria en la revista de cultura contemporánea Ojo Dorado, editada por el ICPNA; así como en la web literaria Bitácora de El Hablador. Actualmente, es editora adjunta de la revista Espinela de la Maestría de Literatura en la PUCP, dicta talleres de forma independiente sobre literatura escrita por mujeres en distintas latitudes, con un enfoque en género y teoría literaria; y es voluntaria mentora y editora en el proyecto digital de educación y ciencia para niñas “Kuriotik”.

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Reseña: “Después de la luz” de Benjamín Labatut

Un fervor pospunk

Por Erick Abanto López

Después de la luz (2016) de Benjamin Labatut es un libro magistral. Realmente, se trata de la literatura del futuro. No hay una sola página que no produzca la sensación de estar al borde del éxtasis, conmovido por la gran historia que se cuenta y por el tono religioso y trágico en que se transmite. Es inevitable no sentir en cada una de sus páginas cómo Labatut corta la maleza y abre, línea por línea, párrafo por párrafo, el surco de una nueva ruta (totalmente insólita pero de vieja estirpe) en la narrativa contemporánea, la abertura de una nueva forma de plasmar el vínculo y la armonía entre ficción y realidad, segando los enredos de la autoficción y las sombras del realismo, abriendo trocha con la suficiente pasión y energía para reestablecer, en pleno siglo XXI, un viejo tono sagrado.


Labatut crea un collage rítmico e intercalado de algo así como tres grupos de elementos: las historias míticas y religiosas del mundo (sumerias, judías, cristianas, mayas, budistas, guaraníes, hinduistas, griegas, romanas, etc.); las anécdotas breves pero desgarradoras de un sinfín de seres humanos que experimentaron la frontera de lo cognoscible y lo que hay más allá; y las escenas de la vida del protagonista-narrador en el Chile actual, antes, durante y después de que experimentara la fragilidad ontológica de su realidad, los sueños lúcidos junto al ahogo y el pánico de saberse vulnerable frente a la inmensidad de lo insondable, del abismo, o de «la luz».


El resultado es una galería prolífica y aciaga de las veces en que, como género humano, nos hemos aproximado al fin de nuestras certezas más profundas y a la aparición de algo indescifrable que no podemos ni siquiera comunicar o nombrar. Pero también de cómo esa imposibilidad nos llevó a construir y edificar, a lo largo de la historia, cientos de lenguajes, discursos y técnicas de todo tipo (religiosas, científicas, poéticas, musicales, pictóricas, matemáticas, etc), en un intento permanente de búsqueda y creación de un idioma, una técnica o una fe capaz de capturar sus destellos y, a la vez, protegernos de su luz.


El círculo se completa con una organización sugestiva y pertinente (cuatro capítulos titulados con los nombres alquímicos de las cuatro fases de la transmutación de la materia, desde la putrefacción hasta la iluminación) y con una escritura minuciosa y discreta, sin rodeos ni alargamientos, breve y directa, sobria, abrigada en un tono parco y lúgubre, que a medida que avanza la lectura va haciéndose más nítido y ubicuo. Quizá esa sea una de las principales diferencias con Un verdor terrible, la tercera y más reciente entrega de Labatut. Ambas son indesligables una de la otra y el universo y la perspectiva que ofrecen se complementan profundamente (hasta el punto de conformar dos episodios o dos volúmenes de una misma intención narrativa), pero una contiene matices que la otra aligera.


Junto a Después de la luz, Un verdor terrible aparece como una narración más estandarizada y homogénea, rendida al uso masivo de la hipérbole y del escándalo, donde el foco no está en aumentar la nitidez de la atmósfera, sino elevar su intensidad grotesca, quizá para hacer más emocional la lectura. Después de la luz es todo lo contrario. No es una misa de cantos, glorias y alabanzas. Es una larga y solitaria plegaria, un susurro piadoso y lacerante. Así, lo que en Un verdor terrible está contenido y predefinido, aquí está libre, oscilando entre la desmesura y la tristeza, entre el pánico y el éxtasis, entre los datos, la historia y lo inventado, entre la escritura conocida y sus infinitas posibilidades aún inexploradas. Después de la luz es el movimiento, la curiosidad, el desborde. Un verdor terrible es ya su versión equilibrada y pulida.


La operación original está en Después de la luz. Esta es la propuesta sin filtro de Labatut, su verdadera proeza. Aquí es donde comienza a reconstruir el esmalte religioso y mítico, ya perdido, de la literatura antigua, la funda sagrada que está en los orígenes mismos de la ficción, esa ligazón antiquísima entre magia y poesía tan ampliamente estudiada; y lo hace recurriendo a los únicos recursos disponibles que aún mantienen cierta legitimidad de sentido, las formas desencantadas y corroídas que sobrevivieron al siglo XXI: el fragmento y el collage. Esta es su maestría y la razón por la que este libro es el futuro, pues en él, como tantas veces en la historia moderna, Labatut recrea el tono mítico ya perdido de la literatura originaria, juntando los restos del naufragio para componer una versión contemporánea de esa melancolía. Reestablece el lamento romántico por la música sagrada de la vieja tragedia, la tragedia antigua y original, y lo hace con un rosario de anécdotas de quienes padecieron la tragedia más perfecta y la más literaria de todas: la imposibilidad de contar lo vivido, de comunicar lo atestiguado, de transformar la experiencia en lenguaje.

Sobre esta imposibilidad también transita este libro, y lo hace una y otra vez, insistiendo y replegándose como las olas en la arena, dejando cada vez un vestigio nuevo de algún lejano naufragio, pero sin poder todavía traer el barco y los cuerpos e inundar de una vez toda la playa.

Datos del libro:

Benjamín Labatut

Después de la luz

Editorial Hueders, 2016, 132 pp.

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Reseña: “La diáspora” de Horacio Castellanos Moya

Paranoia y desencanto

Por Sebastián Uribe

Es increíble el ímpetu y la soltura que exhibe Horacio Castellanos Moya (Tegucigalpa, 1957) en la escritura de su primera novela, La diáspora, publicada originalmente en 1989. Irrumpe en la ficción narrativa con un libro que, en una época tan álgida como fueron los ochenta, aborda y critica de manera aguda las desilusiones de una generación que creía de forma inquebrantable en el poder de la revolución al punto de arriesgar la vida por ella. Escribir una parodia de la derecha lo hace todo el mundo. Lo arriesgado es hacer una de la izquierda desde la izquierda misma, denostando la mercantilización de sus causas en un negocio que reclama un aura de ética intachable que no merece muchas veces. Y más difícil aún es hacer esta diatriba con una maestría que mostrará también en libros posteriores como Insensatez (2004) o Moronga (2018). Esto confirma que cada texto suyo es una pieza más de un proyecto narrativo coherente como pocos a nivel mundial. Así, no acota su alcance solo a nivel hispanoamericano, donde comparte espacio con titanes de la talla de Ricardo Piglia y Roberto Bolaño.

Uno de los más gratos hallazgos de este libro es corroborar que las principales preocupaciones temáticas y emocionales de Castellanos Moya ya se encontraban aquí, comenzando por el cuestionamiento de las convicciones ideológicas. Los personajes de esta novela se encuentran a la deriva, apartados y marginados en el DF, alejados del campo de acción, pero sobre todo de una causa que les brinde la sensación de pertenecer a un colectivo que le dé sentido a sus nimias vidas. Tanto Juan Carlos y el Turco reniegan del Partido, el colectivo al que consagraron su vida por muchos años y que desvió su rumbo al punto de desvirtuar su accionar debido a las ambiciones de sus dirigentes y la pugna por el control que terminaría causando al asesinato de la comandante Ana María y el aparente suicidio del comandante Marcial, máximas figuras de las guerrillas salvadoreñas. La sensación de orfandad y desamparo terminará por convencerlos de que la única salida posible es romper con sus ideales e intentar descifrar qué existe más allá de la lucha política, en un territorio ajeno. De este modo, lidian con la única herencia que les legó su participación en el conflicto, además de la pobreza: la paranoia.

Si algo hermana a la mayoría de los personajes de la novela (y de la narrativa de Castellanos Moya) es la constante sensación de paranoia y desconfianza hacia todo aquel que quiera acercarse. Estar en guardia y relacionarse lo menos posible con alguien desconocido es la marca con la que deambulan por la vida tanto los dos personajes mencionados, como Quique, el exguerrillero ansioso por regresar a combatir con un rifle en las manos. El temor de ser emboscado y traicionado es la secuela más duradera no solo de un conflicto, sino del rompimiento con una ideología. Detecta en cada rostro a un potencial enemigo, en contraste con aquellos denominados “burgueses” que no padecen ello y hasta tienen empleos y familias. Aquí la semilla de la violencia impregnada en cada uno no explota como en El arma y el hombre o La sirvienta y el luchador, pero sí se trasluce de manera más sutil al momento de concebir las relaciones posibles con sus antiguos camaradas o sus potenciales conquistas sexuales, además de que puede ser una buena manera de adaptarse a la urbe capitalista: “Si San Salvador le resultaba grande y extraña, la ciudad de México le produjo escalofríos, las calles enormes repletas de autos y buses. Pero las costumbres del peligro crean un poderoso instinto de sobrevivencia” (p. 81).

Y aunque los personajes mencionados son los protagonistas de la novela, Castellanos Moya dedica algunas páginas a otro que se lleva todas los reflectores: Jorge Kraus. Este periodista, que evoca a esa inolvidable y tenebrosa voz de Insensatez, es una suma de arribismo y aprovechamiento ramplón capaz de causar escozor en el lector, debido a que su ambigüedad y su capacidad camaleónica provocan que su toxicidad corrosiva pase desapercibida frente a los demás. Castellanos Moya muestra esta frialdad extrema para seguir trepando en líneas como las siguientes:

“Kraus barajeaba las diversas alternativas para la escritura del libro, los argumentos a los que recurriría para convencer a las FPL y a los sandinistas de que un libro de esa naturaleza ayudaría en gran medida al proceso revolucionario salvadoreño. Se regocijaba por las tremendas posibilidades editoriales que se le abrirían: escribiría un verdadero best seller, que le produciría fama y dinero. De inmediato tendría ofertas de traducciones, adelantos por la escritura de nuevas obras. Porque su idea para la estructuración del libro le parecía sencillamente genial: lo elaboraría con la técnica de la novela policíaca, pero con puros hechos reales. Algo semejante a A sangre fría de Truman Capote o a Recuerdo de la muerte de su compatriota Miguel Bonasso. Sólo que el libro de Kraus superaría a éstos por una razón esencial: los sucesos que abordaría constituían una tragedia universal, digna de un clásico griego o de una obra dostoievskana” (p. 118).

Este símbolo de la capitalización individual de una tragedia social es la principal crítica a cierto sector de la izquierda que, si bien aparece en otros pasajes, adquiere una dimensión mucho más peligrosa en figuras como la de Kraus en el capítulo seis de la tercera parte de este libro. Se da maña, incluso, para concebir una metodología capaz de moldear y replicar la escritura de una tragedia, al punto de desvirtuar los hechos con tal de acomodarse a un fin al que se busca justificar de cualquier forma antes que ver cuestionada su veracidad. La sensación de sentirse superior moralmente termina siendo el aceite de un turbio y pérfido engranaje que se vislumbra hasta el día de hoy, refugio de tantos abusos y atropellos sociales. Escrituras de libros que edulcoran y aprovechan el morbo de los conflictos armados, ¿dónde hemos visto eso antes? Castellanos Moya vislumbró hace treinta años cómo el tópico de la violencia iba a convertirse en un modelo exótico para armar y desarmar de manera descafeinada en gran parte de la literatura latinoamericana posterior, llena de clichés y personajes acartonados, y se arrojó a escribir esta novela tan potente y vigente. En una época donde las principales apuestas literarias parecen ser las reediciones de libros inhallables, La diáspora termina erigiéndose como uno de los más valiosos rescates.

Datos del libro:

Horacio Castellanos Moya

La diáspora

Literatura Random House, 2018, 160 pp.

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Presentación: “No hay más ciudad”, la novela de Francisco Izquierdo Quea

La presentación de No hay más ciudad, la novela de Francisco Izquierdo Quea se realizará el viernes 30 de julio a las 5:00 pm, a través del Facebook live de la Cámara Peruana del Libro. Este lanzamiento se enmarca en la Feria del Libro de Miraflores. Además del autor, participarán, con sus comentarios, la escritora Silvana Carrillo y el escritor Francisco Ángeles. En su nota de prensa, la editorial dice que Francisco Izquierdo Quea “nos sumerge a través de un crisol de miradas en la vorágine de las relaciones de pareja, el abandono y los sueños latentes por virar hacia un destino capaz de llenar la medianía con la tan ansiada conciencia de trascender”. Más detalles en el site del evento: https://www.facebook.com/events/205427594924370/?ref=newsfeed.

Les compartimos el comentario del escritor Francisco Ángeles sobre esta nueva novela:

Me ha alegrado muchísimo leer la primera novela de Francisco Izquierdo-Quea, quien publica por primera vez desde su ya lejano debut literario en 2007. Más que eso: leerla me ha conmovido, me ha sorprendido, me ha perturbado. Leerla me ha llevado de regreso a Lima y a los años 2000, esa década que sobrevive sigilosa entre los más llamativos 90s (modernidad, globalización) y 2010s (crisis global, tecnología, hiperconectividad), como una versión envejecida de una sin aún insinuar del todo a la otra. Y sin embargo, a pesar de tanta palidez, los 2000 existieron, y para muchos fue la época en que todavía éramos jóvenes y también la década en que dejamos de serlo; la época en que la vida comenzaba a golpear y ya no con problemas inventados; los años en que se revelaba que nuestros sueños adolescentes ya no eran más que una anacrónica prolongación de otro tiempo que se había terminado. NO HAY MÁS CIUDAD trata sobre ese tiempo y también ese espacio: ese Perú precario y desgastado, escabroso sin llegar a trágico, un Perú post-Fujimori y pre-Marca Perú; post-terrorismo y pre-Mistura/Asu Mare. En ese contexto en que parecía que todos esperábamos que algo ocurriera –y sí, ocurrió mucho, mucho más de lo que hubiésemos previsto—, Germán, Claudia, Bautista, Matsahide, todos los personajes de este libro pasan por ese tránsito simbolizado por dos destrucciones simultáneas: el final de una relación que creíamos madura, y el derrumbe del sueño de vivir del arte cuando la época de estudiante ya se había terminado. De todo eso habla NO HAY MÁS CIUDAD: de los símbolos anacrónicos de una época perdida, de la amistad masculina, de los traumas familiares. Y todo eso bajo ese telón de fondo de nuestra propia post-dictadura, la historia cíclica que nos volvía a imponer, como para despedir nuestra juventud, al mismo presidente de nuestra niñez. Para todos los que aún fuimos jóvenes en la década pasada, y para quienes dejamos de serlo; para quienes prolongamos más de lo aconsejable los sueños adolescentes, y para quienes alguna vez nos cuestionamos cuál era el sentido de nuestras vocaciones, esta novela los va a reencontrar con ese yo del pasado que, aunque pensemos lo contrario, nunca dejará de estar ahí esperando una oportunidad para volver a recordarnos lo que fuimos (y aun somos).

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Vuelve a circular “El Eternauta”

Grupo Planeta anuncia la contratación de  El Eternauta

La obra de Héctor Germán Oesterheld y Francisco Solano López será publicada en 2022.

Bajo el sello Planeta Cómic, Grupo Planeta informa que a partir del próximo año la obra El Eternauta, de Héctor G. Oesterheld y Francisco Solano López, será publicada a nivel mundial en idioma español.

Editada originalmente en 1957 en la revista Hora Cero y a lo largo de tres años, este clásico de la historieta universal, obra clave de la literatura de ciencia ficción y considerada la primera novela gráfica en español, ha sido leída con mucho entusiasmo por generaciones hasta nuestros días y está destinada a continuar para siempre entre los lectores.

Juan Salvo cuenta la historia de una invasión extraterrestre que cae sobre Buenos Aires, anunciada en forma de misteriosa nevada. La invasión genera la necesidad de defenderse para no morir. A su vez, esto produce un revuelo social para organizarse y enfrentar lo desconocido que avanza sobre la ciudad. Se trata de una metáfora de la reacción de una sociedad frente a una amenaza. Asimismo, es una reflexión sobre la literatura y la realidad en el marco de un género que se abre paso.

  • Guion de Héctor Germán Oesterheld
  • Ilustraciones de Francisco Solano López
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Reseña: “La hija única” (2020) de Guadalupe Nettel

Los ángulos de la maternidad

Por Lenin Pantoja

¿Es posible reflexionar narrativamente sobre un mismo tema desde varias perspectivas sin caer en una dispersión escénica? La hija única (Anagrama, 2020), la última novela de Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973), propone una especulación narrativa en torno a las complejidades de la maternidad desde distintos puntos de vista, cada uno de ellos con una enorme carga dramática, en función de una unión de las líneas argumentales. Se produce, de este modo, un tronco argumental que relaciona las distintas historias de los personajes en una red armónica que brinda unidad a la dispersión. 

Podemos asumir una multiplicidad de líneas argumentales que existen en La hija única, pero es posible ordenar la dispersión en función de tres historias concretas, es decir, tres cajas de resonancia que emiten contenido y absorben el dramatismo que se extiende a través de las páginas de la novela. El punto de confluencia, ya lo hemos aclarado, es una inclinación hacia la reflexión a través de la dramatización del tema, no de la reflexión teórica. Si bien la novela propone algunas reflexiones en torno a la maternidad, estas no se producen en función de un academicismo antojadizo y gratuito, sino a través de la dramatización de las escenas, en función del desarrollo de los arcos de los personajes principales. 

La primera historia es la vida de Laura, la narradora protagonista, una mujer que ama su libertad y no está dispuesta a perderla a partir del “sacrificio” de la maternidad, así como ella lo concibe. Ella estudia en Francia, pero luego vuelve a Ciudad de México, lugar donde se desenvuelve la mayor parte de la novela, para escribir su tesis. La posición de Laura en la historia permite que pueda apreciar e interactuar con las otras líneas argumentales. Esta posición estructural posibilita que los lectores acompañemos su desenvolvimiento escénico y apreciamos los titubeos en torno a la concepción inicial que tiene sobre la maternidad. Laura se vincula con su madre, su amiga Alina, su vecina Inés y unos pájaros que anidan en su departamento. En otras palabras, puede apreciar diversas concepciones de la maternidad, es decir, observa buenos momentos y situaciones frustrantes en torno a un mismo tema. 

La segunda trama se enfoca en Alina y Aurelio en relación a los problemas que enfrentan para recibir, aceptar y cuidar a su hija Inés desde su nacimiento en adelante. Alina es amiga de Laura y quien cambia su visión sobre la posibilidad de ser madre. En esta trama, observamos la maternidad desde la gestación humana y también a partir de las opiniones científicas asociadas a la medicina. Esta es la línea argumental más intensa y la que despierta mayor interés en el lector por el magnetismo de los sucesos, la expectativa en las acciones y su conexión con las otras historias. El tercer argumento se relaciona con Doris y su hijo Nicolás. Ella es una mujer agobiada por las consecuencias de una vida familiar al lado de un hombre celoso, lo que produjo un ambiente violento en su hogar, incluso luego de la muerte de este. Ambos se relacionan con Laura, quien observa e interviene en sus vidas.

Guadalupe Nettel no busca ahondar en las complejidades de la forma de la narración. El lenguaje empleado es ágil y fluido, lo que esclarece el panorama y resalta el dramatismo de las escenas propuestas. La hija única busca impactar a través de las historias que contiene, no de experimentaciones lingüísticas, un camino válido en la literatura, pero inadecuado en una novela como esta. Sin embargo, destaca la destreza de la autora para articular las historias de tal manera que no se pierdan en la dispersión, asumiendo que son varias. Asimismo, impregna a toda la novela de una atmósfera maternal, pues es imposible escapar de este ambiente, incluso en las escenas menos relevantes, como la narración de las personas que pasean con sus mascotas en los parques. El sencillo procedimiento de la alternancia de las tres historias no es la única vía estructural seguida en la novela. Debemos sumar la meticulosidad para elegir la posición de las escenas en cada capítulo de la novela, ya que las subsiguientes, ubicadas en un próximo capítulo, si bien no se relacionan en el argumento, se imbrican temática y emocionalmente.

A pesar de los temas que enfrenta La hija única, nunca sucumbe al efectismo literario. Los personajes están bien construidos en función de sus actos, no de las descripciones, lo que aporte a la mayor fluidez de la narración. Sumado a esto, a pesar de su mediana extensión, destacan muchos subtemas asociados a la maternidad como la experimentación corporal, el acondicionamiento del hogar, la aceptación y el rechazo social, la presión familiar, la frialdad e insensibilidad médicas, el duelo anticipado, la resistencia a la muerte y el aferramiento a la vida, el distanciamiento conyugal, la empatía en el dolor, los conflictos madre-hija, la maternidad más allá de los lazos sanguíneos, la soledad producto de no tener hijos y el reencuentro con uno mismo. Finalmente, esta novela golpea al lector, porque problematiza  la construcción de la maternidad más allá de la condición del género o de la decisión de ser madre.

Ficha técnica:

Guadalupe Nettel

La hija única (2020). Editorial Anagrama. 240 pp.

NOTA: Esta reseña fue publicada en el Vol. 11, Nº 22, de la revista Summa Humanitatis de la Pontificia Universidad Católica del Perú. Este es el enlace: https://revistas.pucp.edu.pe/index.php/summa_humanitatis/article/view/24044