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Reseña: Orbital (2025) de Samantha Harvey

La vida en el espacio

Por Omar Guerrero

Orbital (Anagrama, 2025) de la escritora británica Samantha Harvey (Kent, 1975), ganadora del Booker Prize 2024, no es una novela de ciencia ficción con exactitud por más que su título y su portada presenten todas las características propias de este género, muy aparte que su trama transcurre por completo dentro de una estación espacial ubicada a cuatrocientos kilómetros del planeta Tierra. Mejor dicho, se podría decir que esta es una novela sobre la presencia del hombre en el espacio, lo que corresponde más a la ciencia en sí, aunque sin dejar de lado lo humano. Se trata de seis astronautas de distintas nacionalidades dentro de la Estación Espacial Internacional en la órbita terrestre baja. Ellos son: Pietro, italiano, encargado de monitorizar los microbios con los que conviven. Chie, japonesa, quien está dedicada a cultivar cristales de proteína. Shaun, americano, encargado de observar el comportamiento de las plantas que se encuentran dentro de la nave ante la falta de luz y gravedad. Nell, británica, cuya función es estudiar a una serie de ratones de laboratorio y sus reacciones en el espacio. Completan la tripulación los rusos Roman y Anton, definidos también como cosmonautas, quienes están a cargo de supervisar el generador de oxígeno. Todos ellos deben permanecer seis meses dentro de esta estación que da dieciséis vueltas diarias a la Tierra, por lo que se convierten en testigos insólitos de dieciséis amaneceres y dieciséis anocheceres por día, lo que puede significar muchas cosas para una persona, así se trate de un astronauta muy bien entrenado.

A parte de desarrollar estas funciones, junto a una serie de cambios a los que se tienen que acostumbrar, como el tiempo, la distancia, la gravedad o el reciclaje orgánico (convertir orina en agua bebible), estos astronautas muestran su lado más humano, su sensibilidad junto a sus recuerdos, además de sus reflexiones y cuestionamientos, los que surgen a partir de distintas circunstancias como observar y analizar una postal de “Las Meninas” de Diego Velázquez, obsequiada por una esposa desde hace muchos años; o la triste noticia de la muerte de la madre de uno de los tripulantes sin la posibilidad inmediata de regresar a casa para estar con los suyos. A ello se suma una serie de hechos cotidianos como dormir, pero no como lo hace cualquier persona en una cama. La manera en que proceden es muy distinta. Y es que la vida en una cápsula trasladándose por el espacio no es lo mismo que habitar la Tierra.  

Las ciudades de estos seis astronautas son Seattle, Osaka, Londres, Boloña, San Petersburgo y Moscú. Ellos pueden verlas y reconocerlas desde allá arriba, desde su estación, en la infinitud del espacio. Aunque también pueden ver otras ciudades, países y latitudes. Reconocen la línea ecuatorial, los hemisferios y los polos, además del inmenso mar que rodea cada continente, lo que ofrece un color y una belleza singular que resalta al ser contemplada a lo lejos. Se trata de su planeta, de su hogar, del único lugar que tienen en común por más que cada uno sea tan distinto respecto al otro en términos físicos y lingüísticos, pues en lo subjetivo, en su interior, en su propio ser, todos son demasiado similares.   

El miedo es otro de los rasgos que los define. Este se manifiesta, en especial, al detectar un tifón que crece y que se va aproximando como una amenaza a determinado punto de la Tierra: a Filipinas. Ellos intentan hacer algo, quieren prevenir ante lo inevitable. Su intento de ayuda o solidaridad se mezcla con la resignación porque entienden que existen ciertos hechos naturales que no van a poder manejar ni mucho menos controlar. Lo mismo sucede con las tragedias provenientes del error humano, que son imprevisibles, lo que puede producir un mayor miedo, pero también un mayor coraje, además de una completa determinación. Ellos lo saben muy bien. Le sucedió a la británica Nell al recordar cuando era niña lo sucedido en el lanzamiento del Challenger. Otro tipo de miedo, en cuanto al avance de la ciencia junto a la perversión humana, recae en Chie, la japonesa, en relación a sus antepasados como víctimas de las bombas atómicas.

La soledad también es inevitable por más que entre los seis astronautas se brinde cierta comunicación y compañía. Aquí no existe amistad, pero sí compañerismo. Por otro lado, lo profesional hace desaparecer cualquier otro tipo de acercamiento y trato. Quizá por eso uno de ellos, siendo varón, termina soñando con una de sus compañeras de tripulación, convirtiéndose en un caso aislado donde la sexualidad, que es irrefutable, no se puede dejar de lado. Aun así, se debe mantener oculta, pues saben que pueden estar siendo observados. Y esta limitación bien podría emparentarse con el encierro y la claustrofobia, que, a pesar de intentar ser manejada, puede producir varias consecuencias como dolores en el cuerpo y otros malestares, además de la posibilidad de una enfermedad bastante seria, lo que pone en evidencia la fragilidad de lo humano.

A pesar de todos estos puntos en contra, que no son más que problemas que se deben superar, como todo en la vida, ya sea en el espacio o en la Tierra, queda la fascinación por el trabajo que desempeñan, el cual está envuelto por un aura proveniente de la innovación, el desarrollo y la tecnología, recursos que utiliza la ciencia ficción, muy aparte de determinadas marcas que también hacen uso de estos elementos para recrear mundos fascinantes tan parecidos a lo que estos astronautas experimentan: “Pero cuando llegaron a la plataforma de lanzamiento eran Hollywood y ciencia ficción, Space Odissey y Disney, ingeniería de imagen y de marca, dispuestos a todo. El cohete coronado por una pátina de novedad reluciente, una blancura y una novedad absolutas, y en el cielo reinaba un azul glorioso y conquistable” (p.118, en versión e-book, lo mismo para las siguientes citas).

Otro punto a resaltar en los discursos y apreciaciones de los astronautas corresponde al cambio climático y la depredación de lo humano sobre la Tierra. Se trata del acto de destruir, con intención o no, consciente o inconsciente, a este único espacio que tenemos para vivir, que sigue siendo bello a pesar de todo lo malo que produce el hombre. Es la preocupación ecológica. Y mientras se impone este cuestionamiento, también se especula la posibilidad de colonizar otros lugares como Marte o la Luna. Y esta propuesta sólo queda como una idea que puede desarrollarse en el futuro a medida que evoluciona el hombre y la ciencia, lo que trae a colación otro hecho de gran relevancia, que no es más que la vida misma, sin dejar de lado a su opuesto, a la muerte: “Tenemos peso y no lo tenemos en absoluto. Alcanzan una cima del progreso humano para descubrir después que nuestros logros no tienen la menor importancia y que ese es el más importante logro en la vida de cualquiera, que a su vez tampoco es nada, y también mucho más que todo. Un metal nos separa del vacío; la muerte está tan cerca. La vida está en todas partes, en todas partes” (p.157).

Samantha Harvey – ©Santa Maddalena Foundation

Por último, es necesario mencionar que en esta novela no existe una trama general que involucre por igual a los seis astronautas, quizá por eso tiene capítulos específicos para cada uno de ellos (algunos bastante breves), por lo que su interacción es mínima, de ahí la constancia de la soledad y el vacío. Tampoco tiene grandes conflictos y resoluciones como parte de su historia, a excepción de lo que ya se ha mencionado. Su mayor fortaleza está en el uso del lenguaje y en las reflexiones de los personajes que convierten a esta novela en un reflejo de lo humano cuyo espejo se encuentra a lo lejos, en la vastedad de un planeta llamado Tierra.

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Datos del libro reseñado:

Samantha Harvey

Orbital

Anagrama, 2025

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Reseña: Un nombre para tu isla (2025) de Katya Adaui

Viajar, sentir, recordar

Por Omar Guerrero

Un nombre para tu isla (Páginas de espuma, 2025) de la escritora peruana Katya Adaui (Lima, 1977) reúne un conjunto de siete cuentos. La mayoría de ellos tienen como punto en común el desplazamiento o el viaje. Sus personajes están en constante movimiento, ya sea en un avión, a pesar de sentirse encerrados o encapsulados, supeditados al poco espacio; o en bicicleta, donde se sienten más libres a pesar de los riesgos que puedan correr. Resaltan que estos viajes se dan por placer u ocio, o también pueden corresponder a una mudanza o una huida. Aunque lo que más sostiene a estas historias y personajes en tránsito son las sensaciones y recuerdos. 

Otros temas que se encuentran en el libro son la paternidad y la búsqueda de protección, ya trabajados en su anterior libro de cuentos Geografía de la oscuridad (Página de espuma, 2021) (Premio Nacional de Literatura 2023, en Perú, categoría cuento). En cuanto a la paternidad citamos “Tal como está” donde se empieza contando la amistad entre dos amigos abogados que son muy parecidos. Sin embargo, uno de ellos, al convertirse en padre, le pone a su hijo su mismo nombre, lo que marca una diferencia entre ambos amigos. Lo que sigue son una serie de situaciones donde se manifiesta la violencia y la indiferencia. También es uno de los pocos cuentos que tienen como referencia geográfica un lugar específico con las siguientes características, tan propias de la corrupción, lo que se puede asumir como una denuncia: “Tarde nos enteramos: en el Perú no hubo, no hay, ni habrá jurados. Tu suerte la decide el dinero” (p.72) (edición e-book, lo mismo para las siguientes citas).

El tema de la protección o de intención paternalista se desarrolla en el cuento titulado “Un niño”, que es uno de los más logrados. Allí un niño se encuentra solo en la playa. Juega con la arena sin ninguna preocupación. Un hombre desconocido, que no representa ninguna amenaza, sino todo lo contrario, le extraña que este niño pequeño esté solo. Le pregunta si lo acompaña alguien y el niño responde que su abuelo lo observa en la orilla, pero alrededor no hay nadie. Después de tanto insistir el niño toma una resolución que sorprende no sólo a su interlocutor. Aquí lo fantástico o lo imposible queda como un quiebre en la historia que sí funciona.

No sucede lo mismo, por ejemplo, con el primer cuento “Tripulación, puertas en manual, cross check y reportar” donde una pasajera se encuentra con una antigua amiga llamada Claudia que trabaja como azafata en el mismo avión. Durante el vuelo ambas conversan con ciertas interrupciones. La protagonista recuerda las salidas entre chicas y el beso que se dio con Claudia cuando eran muy jóvenes. También se menciona un trabajo anterior como redactora en una revista, además de las visitas a discotecas junto al desenfreno juvenil. Todo esto contado como un recuerdo lejano que supera a la intrascendencia de los hechos acumulados desde que llega al mostrador del aeropuerto, pasar los debidos controles, esperar hasta abordar, ubicar el asiento indicado y aprovechar los servicios que brinda las aerolíneas como mantas, almohadillas, pantuflas y bebidas. Así hasta que esta mujer se despide de la tripulación dejando una línea o frase que debería corresponder al suspenso de un final abierto. Sin embargo, la elipsis no sorprende, no funciona. Sólo los cambios de tiempos se podrían asumir como una excepción.

Los cuentos sobre viajes continúan con “Isla grande”, el más extenso de todos. Allí una pareja llega a una isla para disfrutar de la tranquilidad del lugar y, sobre todo, para conocerse más. Aquí otra vez se brindan descripciones del vuelo, aunque esta vez se incluye el hotel, las instalaciones y el clima. La pareja pasea y visita la isla. Sólo ocurre la tentativa de un accidente que no llega a mayores. Más bien, sí llaman la atención los diálogos entrecortados al igual que sus descripciones con un estilo propio del minimalismo, ya trabajado en los anteriores libros de la autora con distintos resultados: “Lanzarme de cabeza al agua tibia, un buen clavado, pero tenía piso. Me hundí, distorsión, los gránulos de arena y los peces, mis manos abriéndose paso, desproporcionadas, enormes. Miré hacia la costa, entre cientos de cuerpos, entre ciento de sombrillas similares, lo reconocí. Agitó los brazos. Saludé de vuelta. Me dejé llevar, soy de un mar tan poco calmo, de olas fantasma, resacosas, perder las precauciones, las gotas en la cara, un sol todavía tranquilo, la felicidad tarareable. Las orejas bajo el agua y me alcanzaba la voz de la orilla: vendedores, madres, niños, futbolistas, perros” (p.23).

En el cuento “Camalotes” tres amigas se van de viaje. Sus nombres son Silvia, Patricia y una yo-narradora. Las tres van a una casa en un río y hablan de cosas comunes y cotidianas: “Acomodé los pocillos en fila en la mesada, cerca de la única hornilla. Preparé lo más parecido a un arroz salteado sin saltear, no había sartén. Lo serví en los platos que encontré, con motivos de fiesta infantil. / Ojalá la vida pudiera presentarse así en platitos. Que una pudiera ver cada cosa lista para ocurrir y decidir si usarla o no” (p.56). Sin embargo, algunas frases parecen tener otras connotaciones: “Mejor que se caigan las encías a las tetas” (p.59). Aunque lo más sobresaliente es lo que confiesa una de estas amigas, que por el desarrollo de la historia queda como una terrible anécdota que conmueve. Una situación distinta ocurre cuando aparece un hombre mayor a solicitarle al personaje narrador una serie de requerimientos que la llevan a actuar (o responder) de determinada manera. Entonces lo que debería ser una sorpresa más queda como una duda o extrañeza que no convence.  

En “Una buena por cada diez malas” también ocurre un viaje que más tiene la forma de una huida. Esta vez se trata de un destino alejado (Peshawar, Pakistán), no sin antes desarrollar una trama donde se involucran a dos medios hermanos, hombre y mujer, una madre y una testigo cercana de esta relación. Y es que las relaciones familiares es otra constante de Adaui ya presente en sus anteriores libros. Se suman los cambios de tiempos, o su transcurrir, pues se pasa de la infancia a la adultez y de los juegos didácticos al trabajo adulto. En el caso de la hermana, ella llega a laborar en un canal de noticias donde brinda siempre información que resulta desalentadora para los televidentes. La única excepción es su familia a pesar de las rupturas y diferencias difíciles de sanar.

Katya Adaui – © Isabel Wagemann

Por último, en “El arte de perder” otra vez se impone la situación de un viaje, no sin antes contar los entretelones previos a la partida, además de las razones de esta decisión. Una de ellas es la delincuencia en la ciudad, donde una vez más se hace mención de un lugar específico, por lo que también puede asumirse como otra denuncia o disconformidad: “Mi amigo Paul dice que el cielo de Lima está velando siempre a un muerto” (p.101). Esto da paso al miedo y a la memoria. Su personaje principal es una mujer que escribe y anda en bicicleta, por lo que le cuesta deshacerse de dos cosas que representan mucho en su vida y que no puede vender. Estas son la mesa donde escribe y la bicicleta con la que anda. Sin duda que se trata de un cuento sobre las sensaciones que surgen al intentar desprenderse de ciertos objetos por obligación al concretarse un viaje donde se residirá en otra ciudad y en otro país. En este caso se trata de Buenos Aires, Argentina, lugar de residencia actual de la autora, lo que se podría asumir como una historia muy cercana o personal. Aun así, se presenta como otro de los cuentos que sobresalen a pesar del uso forzado del lenguaje, sobre todo en las discordancias con los verbos: “Un policía rondaba en su patrullero y me pidió deténgase” (p.108).      

En síntesis, Un nombre para tu isla es un libro donde unos cuentos destacan más que otros, en especial por mostrar situaciones donde las sensaciones y recuerdos cobran relevancia al igual que las percepciones. Por otro lado, se cuestionan las acciones que caen en lo nimio o en lo trivial sin importar que estas sean otra forma de mostrar insatisfacción y anhelos.  

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Datos del libro reseñado:

Katya Adaui

Un nombre para tu isla

Páginas de espuma, 2025

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Crónica: Salman Rushdie en Cartagena

Salman Rushdie en Hay Festival Cartagena 2025

Por Omar Guerrero

Salman Rushdie (Bombay, 1947) fue uno de los escritores estelares del Hay Festival Cartagena de Indias 2025, que en esta edición celebró sus 20 años. Y a pesar de la alta demanda e interés que suscitaba él y su obra, sólo tenía programada una presentación. Esta se realizó el viernes 31 de enero a las 7:30 pm en el Auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones de Cartagena, la sede más grande del festival. Como era de esperar, el auditorio esa noche estaba repleto, a tal punto que los periodistas tuvieron que escucharlo entre los pasadizos y las escaleras. Una hora antes la cola ya se había formado en las afueras llegando a más de una cuadra de distancia, justo en el lado del malecón. Lo curioso es que en esta cola se encontraban otros escritores e invitados del festival. Y es que todos querían ver y oír a Salman Rushdie. Algunos transeúntes ajenos al evento, sean locales o extranjeros, observaban asombrados y se preguntaban si se trataba de la presentación de una estrella de cine o de la música. No, no era nada de eso. Se trataba de un escritor cuya única presentación ocasionó que muchos revendedores ofrecieran el costo triplicado de la entrada, porque en realidad sí que había bastante gente interesada en escuchar el testimonio de Salman Rushdie después de haber sufrido un ataque donde recibió más de diez puñaladas y donde casi pierde la vida. Este hecho ocurrió el 12 de agosto de 2022 en Nueva York en un anfiteatro donde se realizaba un conversatorio literario.

Todo lo ocurrido durante y después del ataque se cuenta en su último libro titulado Cuchillo (2024). Aun así, y a pesar de que muchos los presentes ya lo habían leído, no se podía dejar de lado la expectativa y curiosidad por lo que él iba a decir. Todos, además, querían aplaudirlo y demostrarle su admiración. Y es que no cualquier persona, sobre todo un escritor, recibe un ataque, quedando al borde de la muerte, se recupera y vuelve al ruedo como si nada, llegando a presentarse en público. O, mejor dicho, ante una multitud donde podía correr el mismo riesgo. Por tal razón se colocaron las debidas medidas de seguridad a pesar de que eran imperceptibles a primera vista. Sucede que en la primera visita de Salman Rushdie a Cartagena en 2009, él pidió que no se le pusiera ningún resguardo porque quería pasear tranquilo por la ciudad amurallada como lo haría cualquier turista. En aquella ocasión, apenas pisó el aeropuerto, y al ver una enorme presencia policial, enseguida quiso tomar un avión de regreso. Por suerte los organizadores lograron convencerlo de que ya no tendría a nadie más siguiéndolo. Entonces la policía colombiana derivó la responsabilidad al festival ante cualquier hecho que pudiera suceder. Por suerte no sucedió nada malo en esa primera visita ni tampoco en su segunda participación en el festival ocurrida en 2018. Para esta tercera visita se esperaba lo mismo. Igual había que tener cuidado. Aunque ya de por sí, al ingresar al Centro de Convenciones, el público debía pasar por un detector de metales. Y a pesar de este control, se implementó otra medida para el final del evento: Salman Rushdie firmaría libros en el mismo escenario del auditorio bajo la supervisión de los organizadores y sus voluntarios.  

Salman Rushdie en conversación con Juan Gabriel Vásquez (Créditos: Ana Velásquez).

El conversatorio empezó a la hora exacta. Salman Rushdie ingresó al escenario acompañado por el escritor colombiano Juan Gabriel Vásquez, con quien ya había conversado en una de sus anteriores presentaciones en Cartagena. Se sentó y observó a la multitud que abarrotaba el auditorio. Se le notaba tranquilo y despreocupado. También se le notaba contento de que el público haya llenado todas las butacas. En el borde del escenario había muchos fotógrafos, entre ellos, Daniel Mordzinski. También había cámaras de televisión. Había mucha prensa colombiana y extranjera. Todos querían tener registro de esta presentación.

En la primera intervención de Juan Gabriel Vásquez se mencionó justo eso. El interés de la gente en querer ver y oír a Salman Rushdie al punto de ocasionar una reventa que elevaba el precio de la entrada, incluso en dólares. Salman Rushdie agradeció este gesto del público de Cartagena que siempre se ha mostrado interesado en su obra. Por esta razón aceptó participar de esta 20° edición del Hay Festival a pesar del atentado que había sufrido. Y al hacer mención de este ataque, cuya noticia dio la vuelta al mundo, Juan Gabriel Vásquez empezó a preguntarle sobre los detalles del mismo y las consecuencias que provocó. La más visible es la pérdida de su ojo derecho, lo que le obliga a usar gafas de distinto color. El lente que corresponde a la vista perdida es de color negro. 

Salman Rushdie en conversación con Juan Gabriel Vásquez (Créditos: Ana Velásquez)

Salman Rushdie confesó que nunca vio el cuchillo con el que le atacaron, por lo que hasta el momento no sabía precisar el tamaño ni la forma que tenía. Sólo recuerda lo que ocurrió después, y que está muy bien detallado en el libro. Eso sí, mencionó que fue un milagro que él sobreviviera. Fue un mayor milagro que el cuchillo que le hizo perder el ojo derecho por poco y no llegó a la cavidad del cerebro, sino hubiese perdido cualquier movilidad y hasta su estado de conciencia. Es decir, se hubiese convertido en un vegetal, por lo que esto significa otro milagro a pesar de que él no se asume como creyente. También confesó que la idea de escribir este libro provino de su agente Andrew Wyllie, y que él acató más como una terapia, muy aparte de las que llevaba en la clínica, y que le producían mucho dolor. Allí también comentó que durante la escritura surgió la intención de su parte de querer entrevistar a su atacante, que es presentado como un personaje del libro llamado con la letra A, que puede corresponder a la inicial de palabras como “asesino” o “atacante”, o de cualquier otro adjetivo que el lector quiera brindarle. Por supuesto que recibió una negativa contundente por parte de su esposa, la también escritora Rachel Eliza Griffiths, que estaba presente a un lado del escenario. (Ella también tenía una siguiente presentación en el festival por el lanzamiento de su novela Promesa).

Salman Rushdie en conversación con Juan Gabriel Vásquez (Créditos: Ana Velásquez)

Es justo ella quien toma relevancia en la segunda parte del libro como soporte emocional, y también de mucha fuerza, para que Salman Rushdie pudiera recuperarse. Por eso él considera que más que un libro de no ficción sobre la violencia y la venganza, Cuchillo es un libro que aborda el amor. Se trata del amor que revierte lo imposible, porque después de lo que le sucedió hubiese sido muy difícil que él volviera a escribir, mucho menos que regresara a los escenarios. Sin embargo, allí estaba él, en un inmenso auditorio lleno hablando de un nuevo libro suyo; y todo gracias a su esposa, a quien calificó como la persona que tomaba las decisiones más importantes de su vida.       

Otro tema que se tocó en la conversación fue la política de Donald Trump, con quien Salman Rushdie no congenia en nada. Es más, confesó que él considera una mayor amenaza a sus seguidores, quienes son capaces de las peores atrocidades. Por otro lado, también habló de la necesidad de escribir siempre con humor, pues varias veces ha dejado de leer a grandes escritores que carecen de eso: de humor. Tampoco dejó de lado la importancia del libro, que desde su aparición siempre ha sido sentenciado a desaparecer, más aún con la creación de nuevos objetos tecnológicos que con el tiempo van quedando en la más completa obsolescencia. Sin embargo, el libro, como objeto creado, mantiene su vigencia a pesar del tiempo transcurrido, y eso siempre habría que considerarlo, y también celebrarlo. 

Después de casi una hora de conversación, Juan Gabriel Vásquez pidió los respectivos aplausos para Salman Rushdie, quien otra vez observó a la multitud que lo aplaudía de pie y que ya estaba dispuesta a hacer una interminable cola para la firma de sus libros. Para ello se instaló una mesa y una silla en el medio del escenario para que él pudiera firmar con total comodidad a todas las personas que estaban dispuestas a quedarse hasta muy tarde con tal de recibir la firma y dedicatoria de este escritor al que se le puede considerar un sobreviviente de la violencia y la locura humana.

Salman Rushdie en firma de libros (Créditos: Ana Velásquez)

Al día siguiente, sábado 01 de febrero, se había programado una conferencia de prensa con Salman Rushdie. Allí estuvo presente la Revista Virtual El Hablador de Perú compartiendo espacio con otros medios importantes como El Espectador y RCN de Colombia, y El Heraldo y El Universal de México.

Antes de que él llegara se nos pidió formular una pregunta. La nuestra consistió en la siguiente: En Cuchillo haces mención de amigos colegas escritores como Martin Amis, Hanif Kureishi y Paul Auster que tenían problemas de salud mientras te recuperabas del ataque sufrido. Sucedió luego la muerte de Milan Kundera, otro amigo tuyo. ¿Cómo asumes esta nueva etapa de tu vida con amigos que ya no están?

Salman Rushdie en conferencia de prensa (Créditos: Ana Velásquez)

Salman Rushdie escuchó con atención esta pregunta. Se quedó pensativo, suspiró y luego procedió a responder: Dijo que él ya tenía 77 años. Y que esta era una edad cuando uno ya empieza a perder a amigos y a personas cercanas a su generación. Era inevitable. Era la ley de la vida, por lo que terminaba siendo algo triste, muy triste.

Y un gesto lleno de melancolía terminaba por confirmar el sentido de sus palabras.

Sus respuestas a las otras preguntas de los colegas presentes en esta conferencia consistieron en su negativa a la política de Trump, en la merecida sentencia que recibió su atacante (al que ya no tiene nada que decirle), sobre cómo sigue disfrutando del fútbol, de la vida y del amor (que ahora más que nunca resulta ser un tema interminable para él); y más aún de la literatura, sobre todo cuando confronta a la muerte y la supera. Para dar un ejemplo de ello mencionó a Federico García Lorca. Después de muchos años de su muerte, su obra sigue viva. Se le lee y se le admira. En cambio, a sus asesinos les sucede todo lo contrario. Ellos quedaron en el completo olvido.

Salman Rushdie en conferencia de prensa (Créditos: Ana Velásquez)
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Entrevista a Leila Guerriero

Entrevista a Leila Guerriero en Hay Festival Cartagena 2025

Por Omar Guerrero

La cita estuvo pactada para el segundo día del festival a las 11 am en las instalaciones del hotel Santa Clara, el más lujoso de la ciudad de Cartagena, que durante siglos funcionó como convento de las hermanas Clarisas, construido en 1607, justo 72 años después de haberse fundado la ciudad; y que aún alberga una cripta en uno de sus espacios convertido ahora en el bar del hotel. Lo curioso es que esta cripta se ha convertido en una leyenda, pues contenía un extraño vestigio que sirvió de inspiración a Gabriel García Márquez para escribir su novela Del amor y otros demonios, publicada en 1994.  

Entramos a sus instalaciones de enormes columnas y techos altos. En sus paredes de color coral se habían colocado las fotografías de Daniel Mordzinski donde se encuentran retratados los principales escritores que han participado de las ediciones anteriores del festival, entre ellos Gabriel García Márquez y Mario Vargas Llosa. Alrededor de su jardín de grandes palmeras y muchas plantas que cercan y ocultan la piscina del hotel se habían colocado mesas con la exhibición y venta de libros de los autores participantes de esta nueva edición con la que se celebraban los 20 años de haber llegado el Hay Festival a Cartagena de Indias. Como era de esperar, allí se encontraban los libros de la periodista y escritora argentina Leila Guerriero como Opus Gelber, Plano americano, La llamada. Un retrato y La dificultad del fantasma.   

Hotel Santa Clara. Créditos: Omar Guerrero

Mientras esperábamos nuestro turno observábamos con detenimiento los objetos que forman parte de la sofisticada decoración del hotel sin dejar de percatarnos que pasaban por nuestro lado otros escritores invitados a esta edición del festival, y que también se encontraban hospedados en este lugar tan lleno de historia y de arte. Junto a estos escritores estaban otros periodistas de distintos países. Todos se mostraban alegres y entusiasmados gracias al Hay Festival. 

Cuando llegó la hora indicada nos guiaron hasta la terraza del tercer piso desde donde se puede observar la inmensidad y belleza del mar caribe colombiano. Allí estaba Leila Guerriero sentada en uno de los sillones brindando entrevistas. Ella llevaba un vestido negro y usaba lentes oscuros. Su ropa era de tela delgada, propicia para soportar los casi 40 grados de temperatura que se imponían a pesar del viento que provenía desde el horizonte marítimo con sus constantes olas, lo que obligaba a Leila Guerriero a tratar de mantener en orden sus cabellos.

Entrevista a Leila Guerriero 1. Créditos: Ana Velásquez

Nos presentamos como la Revista virtual El Hablador de Perú, formada en su mayoría por egresados de la escuela de Literatura de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Leila Guerriero asintió, pues ya ha visitado muchas veces Perú. Fue entonces que empezamos la siguiente entrevista que debía de ser breve porque el tiempo en el festival suele ser muy ajustado:

Llegas a la historia de Silvia Labayru a través de una nota de prensa que te comentó el fotógrafo Dani Yako. ¿Él intercedió para el primer contacto con ella?

Bueno, sí. Yo le manifesté mi interés. Me pareció una historia impresionante. Dani me dijo: “¿Querés que le pregunte si quiere hablar con vos?”. La llamó y Silvia le debe haber dicho que sí porque Dani de inmediato me indicó que me comunique y me pasó su teléfono. 

¿Silvia Labayru estaba dispuesta desde el comienzo a contar su historia o te costó convencerla?

No, no me costó convencerla, pero creo que en parte tenía que ver con el hecho de que le tiene mucho cariño, mucho respeto y mucha confianza a Dani Yako, que es su amigo de hace más de cuarenta años. Y no sé qué le habrá dicho Dani, pero no creo que haya tenido necesidad de convencerla porque ella es una mujer fuerte que nadie la convence de hacer algo que no quiera, pero de seguro que le debe haber dado un poco de confianza pensar que yo era una periodista que venía de parte de un amigo tan bueno, porque estaba segura que Dani no la iba a arrojar a los leones.

¿Cuántas veces visitaste la ESMA mientras escribías el libro?

Fueron tres veces. Están en el libro. La primera vez fuimos juntas con Silvia. Luego fuimos con un grupo de mujeres periodistas. Y también fuimos a una presentación. Pero antes ya había ido por mi cuenta.

La ESMA se convirtió en una especie de maternidad durante la dictadura. ¿Hay una cifra exacta de cuántos bebés nacieron allí?

Sí hay una cifra exacta, pero no la recuerdo ahora.

¿Cuál fue la percepción de Vera, la hija de Silvia, con esta historia?

Ella siempre lo supo. Decía que había nacido en la cárcel. Conocía muy bien la historia de su madre.

Hay personajes siniestros en esta historia. Uno de ellos es Amalia Bouilly, esposa de Alberto González, alias El Gato. ¿Ella sigue viva? ¿Intentaste conversar con ella o sus familiares?

No pensé en su momento en contactarla. Y si lo hubiese intentado, no creo que Amalia Bouilly hubiera hablado. Sucedió lo mismo con gente que no quiso hablar.

Entrevista a Leila Guerriero 2. Créditos: Ana Velásquez

Vamos con La dificultad del fantasma. Allí cuentas que llegas a una residencia escritores en España en la misma zona donde se refugió Truman Capote para escribir A sangre fría. ¿Cuántas semanas estuviste allí? ¿Y qué anécdota podrías contar de tus compañeros de residencia Sabina Urraca y Marcos Giralt Torrente, muy a parte de la presunción de un fantasma?

Estuve todo el mes abril y la mitad del mes de mayo. Fue bastante tiempo. Y no puedo contar nada que no esté en el libro, sólo te puedo decir que fue divertidísimo y entrañable. Hay muchas postales de cosas que hacía Sabina como ir a nadar o Marcos que se ponía a leer. Después no me queda más que marcar la diferencia entre lo público y lo privado.

Entiendo. Pero me hiciste reír mucho al mencionar los problemas prostáticos de Marco que siempre iba al baño de noche. Y partir de este hecho surge la presunción de una fantasma.

Totalmente. (Entre risas).

En esta crónica sobre Capote y A sangre fría mencionas también a Rodolfo Walsh y su libro Operación masacre, escrito años antes de A sangre fría. ¿Existe una crónica que aborde el crimen de Rodolfo Walsh contado a partir de la no ficción?

Por supuesto. Se ha escrito mucho sobre Rodolfo Walsh y son libros buenísimos. Dos ejemplos: María Moreno ha escrito sobre él (Oración) y Eduardo Jozami también (Rodolfo Walsh. La palabra y la acción). Lo bueno es que recién ahora se está conociendo la obra de Walsh, pero hasta hace unos años no era así. Estos títulos han ayudado mucho, sobre todo para colocar a Operación masacre como un libro emblemático de la no ficción.

En La dificultad del fantasma confirmas que A sangre fría no ganó el Pulitzer ni el National Book Award, lo que produjo la ira de Truman Capote. Si tuvieras la oportunidad de darle un premio, pero también tienes a lado a Operación masacre. ¿A quién le darías el premio?

A los dos. Sin ninguna duda.

En La dificultad del fantasma mencionas que tienes la costumbre o el hábito de correr en las mañanas antes de escribir (lo mismo hacía Mario Vargas Llosa). ¿Qué otras costumbres o hábitos tiene Leila Guerriero para poder escribir?

Muchas cosas como ver películas, tanto en el cine como en las plataformas. Aunque también están las lecturas, que es un gran combustible para escribir.

Entrevista a Leila Guerriero 3. Créditos: Ana Velásquez

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Reseña: La dificultad del fantasma (2024) de Leila Guerriero

Tras los pasos de Truman Capote y A sangre fría

Por Omar Guerrero

La dificultad del fantasma. Truman Capote en la Costa Brava (Anagrama, 2024) de la periodista argentina Leila Guerriero (Junín, 1967) es una breve crónica sobre la estadía en España del autor de la famosa novela A sangre fría, considerada el punto máximo de su carrera literaria por todo el tiempo que le dedicó, convirtiéndola de inmediato en la más sobresaliente en el campo de la no ficción para la literatura norteamericana. Y, por qué no, también a nivel mundial. Al mismo tiempo, como si se tratase de una ironía, este libro significó el inicio de su debacle literaria y personal.

En estas páginas, Leila Guerriero sigue las huellas de Truman Capote, quien llegó a este lado de España en 1962 con la idea de encerrarse a escribir la que sería su mejor novela. Y así lo hizo. Aunque en esta larga estadía él no se privó de transitar por sus calles, además de visitar y concurrir ciertos locales, llegando a cruzar una que otra palabra con algún residente, sea hombre o mujer, quienes años después darían fe de la presencia de tan connotada personalidad. Porque valgan verdades, Capote sí que era una personalidad. Así se le describe en las primeras páginas:

Es bajo, muy rubio, delgado, pérfido, inteligente, egocéntrico, escritor convencido de ser el mejor entre los suyos, alguien que ha logrado en relativamente poco tiempo hacerse un nombre y abrir las puertas del cielo. (p.12).

Leila Guerriero llegó a esta zona de España en abril del 2023 después de escribir su galardonado libro La llamada. Un retrato (Anagrama, 2024). Se hospedó en una residencia de escritores cuyo único fin es desarrollar proyectos de escritura el tiempo que dure su estadía en este lugar. Allí Leila Guerriero compartió la casa con los escritores españoles Sabina Urraca y Marcos Giralt Torrente, quienes también desarrollaban sus debidos proyectos. En esta ocasión, el proyecto de Leila Guerriero era Truman Capote. Ella llegó a esta casa como relevo del escritor catalán Pol Guasch, con quien conversó después de haber salido a correr la primera mañana como parte de sus infaltables hábitos antes de volcarse a la escritura. Lo curioso es que mientras corría se hizo una herida en el brazo sin darse cuenta. Tenía sangre. Era otro indicio de que allí debía escribir sobre A sangre fría.

El primer rastreo o búsqueda fue la lectura de las biografías sobre Capote. Gracias a estas publicaciones se sabe que su verdadero nombre era Truman Streckfus Persons y que nació en Nueva Orleans el 30 de septiembre de 1924. Su madre se llamaba Lillie Mae, quien años después se casó con un exitoso hombre de negocios llamado Joseph García Capote. Es entonces que Lillie se cambió el nombre a Nina Capote. Truman después hizo lo mismo. Ambos adoptaron este apellido. Aunque el mayor recuerdo que él guardaba de su madre durante su infancia fue cuando lo dejaba encerrado en las habitaciones de los hoteles donde se hospedaban, dejando la orden expresa en recepción de que nadie le abriera la puerta al niño, así llorara y gritara. Más que un recuerdo, era un trauma.   

La historia de A sangre fría empezó para Capote una mañana cuando leyó una noticia en el New York Times sobre un asesinato múltiple a todos los miembros de una familia ocurrido el 16 de noviembre de 1959 en Kansas. A partir de ese momento sintió un impulso creativo. Necesitaba escribir sobre estas muertes. También necesitaba escribir sobre los asesinos. Es entonces que primero se propuso hacer un reportaje. Viajó a Kansas acompañado de su amiga Harper Lee, quien le facilitó una serie de entrevistas para recabar información de ambas partes, sobre todo de las víctimas: la familia Clutter. Para ello entrevistó a varios vecinos. En el caso de los asesinos, Truman Capote logró tener cercanía con Perry Smith y Dick Hickock, lo que significó un giro completo para él. Su reportaje se convertiría en algo mayor:  

No siempre sucede, pero hay instantes en los que las historias empiezan a transformarse en otra cosa, en los que un periodista debe deponer las ideas que tenía acerca de aquello que iba a contar, admitir que ha perdido el control y cambiar de rumbo. Ese instante llegó para Capote cuando vio a los dos hombres esposados descender del auto de la policía. La historia dejó de ser la historia de Holcomb y empezó a ser la de los asesinos. Ese viraje lo cambió todo. En el libro y en su vida. (p.14).

A partir de este contacto se dieron una serie de entrevistas donde Capote sacó a relucir su capacidad como periodista, pues no sólo les brindó su confianza, sino que hasta llegó a manipularlos para saber toda la verdad. Es en este punto que Leila Guerriero menciona la ética del periodista y hasta qué punto se cruza determinado límite con tal de obtener información para contar una historia que ya se ha convertido en una obsesión. Otro punto a resaltar en esta etapa es que Capote no grababa sus entrevistas porque recordaba muy bien toda la información que recibía, lo que se considera un prodigio. Después contaba todo lo memorizado a través de la escritura sin tomar en cuenta si dejaba bien o mal parados a sus entrevistados.

Junto a las lecturas de estas biografías, Leila Guerriero salió a buscar más datos por su cuenta. Primero llegó a hospedarse en el hotel donde se quedó Capote por unas cuantas noches. Conoció la habitación 213 donde él durmió antes de conseguir un lugar más amplio y apropiado; pues, para ese momento, tenía el aval de sus editores para cumplirle cualquiera de sus extravagancias. Además, él ya había logrado juntar un enorme capital económico que le permitía desarrollar su escritura sin ningún problema. No importaba si lo hacía en compañía de su pareja Jack Dunphy, o sus mascotas, quienes también viajaron a España.

Otro lugar que Leila Guerriero encontró fue la casa que Capote alquiló en la playa Catifa a pesar de las distintas versiones que recibió. Lo único cierto es que existió una placa en el pueblo de Palamós desde 2020 que hacía mención a la visita de Capote. Sin embargo, esta placa fue robada, tal vez por un admirador.

Parte de sus investigaciones consistió en buscar a gente mayor, muchos de ellos ancianos, que por lo menos recordaran la estancia de Capote en Palamós. De esta manera llegó a tener los siguientes testimonios donde más se hacía hincapié sobre su homosexualidad:

Aquí le tenían simpatía. Le decían «el maricón», pero era simpático y además la gente que trataba con él se ganaba la vida. La señora que iba a limpiar, el señor Samsó. Todo el que se acercaba a él recibía dinero. Pero si tú vas a concurso de televisión y preguntas: «¿Dónde escribió Truman Capote A sangre fría?», raramente el participante te dirá que fue en Palamós. ¿Tú leíste la novela de Màrius Carol? (p.74).

-Bueno, todo el mundo sabía que era un homosexual muy exagerado. Pero no se tenía por qué hablar mal, si no había hecho nada, el pobre hombre. Había gente que quizás no toleraba la homosexualidad pero tampoco se relacionaba con él. Él se relacionaba con gente que iba a comprar y tenían que tratarlo bien. Tenía una voz muy aguda. Era muy amanerado con los gestos. Y muy bajito. No es que fuese feo ni mucho menos, pero hacía estas expresiones tan amaneradas. Para una mujer no era atractivo. El que era atractivo era el Ruark. Sabía tratar a las mujeres. Todas se colaban. (p.79).

Pero quizá el mayor rastro de Capote manifestado durante esta estadía se debía a la posible presencia de un fantasma: anécdota de donde nace el título de esta crónica. Según el escritor Marcos Giralt Torrente sentía algo extraño en las madrugadas cuando iba al baño. Algo similar le sucedía a Sabina Urraca, quien, para desprenderse de estas suposiciones, o creencias, se le ocurrió escribir el siguiente mensaje suponiendo que este fantasma de Capote se presentara mejor ante Leila Guerriero, quien sí estaba muy interesada en él: “Pichorrica: Leila´s room is across the way. Thank you”.

A esto se suman otras anécdotas como la que le contó Rodrigo Fresán cuando se encontró a Truman Capote en Madrid antes de que falleciera. Fue en un bar irlandés. Allí Rodrigo Fresán logró reconocerlo por el tono de su voz. Capote estaba mareado. Era el final de su carrera.  

Otra muestra de esta debacle fue que A sangre fría no ganó el Pulitzer ni el National Book Award. Lo que sí sucedió con Los ejércitos de la noche de Norman Mailer.  Esto provocó la ira y frustración de Capote. Esta ira la desembocó en su siguiente novela, Plegarias atendidas, que fue un fracaso.

Otras animadversiones literarias recaían sobre Joyce Carol Oates y John Updike, a quienes Capote odiaba. En cuanto al ámbito musical, a Mick Jagger lo consideraba un pelmazo, y Bob Dylan lo aburría.

Por último, Leila Guerriero, como cualquier lector de Capote, reafirma que A sangre fría es la novela de no ficción más importante de la literatura a pesar de no haber recibido ningún premio. Sin embargo, no es la primera novela con estas características. Leila Guerriero expone lo siguiente:

En 1957, casi diez años antes de que Capote dijera estas cosas, en la Argentina un hombre llamado Rodolfo Walsh, hasta entonces traductor del inglés y autor de cuentos portentosos, había publicado Operación Masacre, una historia de no ficción sobre una serie de fusilamientos clandestinos cometidos por el Estado en la que utilizó elementos formales de la ficción. Así como Harper Lee fue la llave maestra de Capote para hablar con los vecinos de Kansas, Walsh tuvo la compañía de una jovencita, Enriqueta Muñiz, que fue con él a todas partes y cuyos modos, menos hoscos, permitieron que los sobrevivientes y los deudos los recibieran. (pp.101-102).

Operación Masacre afectó profundamente a la vida de Rodolfo Walsh, hasta entonces un hombre de ideas conservadores que cambiaron radicalmente después de ese libro, al punto que en 1973 se transformó en militante montonero, una guerrilla armada de izquierda, y el 25 de marzo de 1977, cuando hacía un año que la dictadura había tomado el poder en la Argentina, fue acribillado en la calle por un grupo de tareas de los militares y aún sigue desaparecido. (p.103).

No hay duda de que los ejemplos de Capote y Walsh dan para producir más escrituras de no ficción. Leila Guerriero es la elegida para esta tarea. La dificultad del fantasma es una muestra de ello.

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Leila Guerriero

La dificultad del fantasma. Truman Capote en la Costa Brava

Anagrama, 2024

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Reseña: Al pie de las hambres (2024) de Orlando Quevedo

Precariedad y miseria

Por Omar Guerrero

Al pie de las hambres (Colmillo Blanco, 2024) del escritor peruano Orlando Quevedo (Lima, 1992) fue una de las novelas más destacadas del año pasado por toda una serie de razones que la hicieron sobresalir dentro de las publicaciones literarias hechas en Perú. La primera de estas razones, y la más contundente, se debe al hecho de mostrar la precariedad y miseria que proliferan dentro de los espacios urbano-marginales de Lima. Y es que su historia se ambienta en un asentamiento humano llamado El Porvenir, en San Juan de Lurigancho, donde la pobreza no es el único problema que enfrentan sus pobladores, pues el infortunio y la violencia son otros de sus ingredientes, además de la frustración y la desesperanza. Cada uno de estos hechos y circunstancias traen consigo una serie de decisiones radicales.

Otra de las razones de su relevancia como novela, y asombro, es la brevedad de sus capítulos (57 en total), que se presentan, en su mayoría, como recuerdos (muy malos recuerdos). Entre ellos llama la atención algunos capítulos donde la numeración se presenta a modo de listado (check list), también de manera muy breve. Aquí un ejemplo:

               Lista de cosas que aterran a las personas:

                              –Los perros callejeros

                              –La falta de dinero

                              –Los gallinazos en la oscuridad

                              –La incertidumbre

                              –Dormir en la calle

                              –Las cicatrices

                              –El frío (p.14)

El protagonista principal de esta historia es Remigio, quien tiene una serie de imposibilidades como andar en silla de ruedas o no poder hablar bien. Y a pesar de esta discapacidad, él sobrevive vendiendo golosinas en la calle o en el cementerio. Allí se convierte en testigo de muchas cosas que pasan en su barrio. Se suma lo que ocurre dentro de su casa, con su propia familia. Una muestra de ello es la actitud de su madre, llamada Espíritu, quien toma la decisión de suicidarse por todo lo malo que ocurre en su vida, incluidas las vicisitudes que en un momento llegó a afrontar con coraje cuando era una activista. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, su actitud ha cambiado mucho, por eso ha tomado la determinación de quitarse la vida, no sin antes planificar su muerte dejando en claro una serie de instrucciones para su velorio y sepelio.

Otro hecho que marca a la familia es la ausencia del padre, quien ha fallecido producto de una terrible enfermedad. Esto afecta a todos sus miembros, en especial a los hijos, quienes no pueden evitar compararse con sus progenitores a partir del esfuerzo y dedicación que llegaron a tener en el pasado:

Mi papá luchó a capa y espada por defender a los obreros en su trabajo y mi mamá hizo todo lo posible por sacar adelante a El Porvenir con mi tía y las mujeres de Magda Portal. Pelearon por algo noble y fuerte. Los dos. Pero ni Víctor ni yo fuimos como ellos. Aunque hubiéramos nacido en palacios, nuestra vida hubiera sido la misma. (p.31).

En cuanto a los hermanos de Remigio, estos guardan ciertas características que resultan contradictorias en la configuración de la novela. Primero está el caso de Víctor, quien, con su lenguaje soez, muestra en mayor magnitud su condición de marginal relacionada de manera ineludible con la violencia. Esta última se desemboca, incluso, en su propia familia. Aquí es donde surge uno de los pocos problemas que tiene la novela, sobre todo al cederle la palabra a este personaje para que pueda despotricar, amenazar e insultar a sus anchas, pues su forma de hablar se opone, sin duda, al lenguaje que usa el narrador-personaje, que sí un acierto. Aquí un ejemplo convincente al describir al personaje de la hermana:

Hasta entonces, Asunción había sido un ave. Hecha guijarro, ya no supo alzar el vuelo. Levitaba aún sobre nuestras cabezas, lejana, pero cargaba un peso irreconocible: tal vez dolor y heridas acumuladas, o tal vez más guijarros similares a ella en una mochila que se había pegado para siempre a su espalda. (p.35).

Es justo este personaje femenino lo que resulta otro acierto en la novela al presentarla con una característica singular, muy al estilo de los personajes desarrollados por escritoras como Mariana Enríquez o Dolores Reyes. En el caso de Quevedo, el personaje de Asunción tiene la facultad de soñar y comunicarse con los muertos para brindarles un poco de paz, en especial con los que han fallecido producto de la violencia, algo que ya parece común en este lado de la ciudad donde transitan todos estos personajes.

Aquí también se toman en consideración otros problemas comunes como la falta de agua en estas zonas que, a pesar de todos los esfuerzos y sacrificios de sus pobladores, se mantienen en la pobreza como si se tratase de un mal designio. Mucho peor si ocurren otros hechos que no se pueden solucionar de inmediato como un aniego, tan igual como ha ocurrido en la realidad, lo que trae consigo no sólo la incomodidad de los pobladores al convivir con aguas pestilentes, sino también por las enfermedades y otras afecciones que pueden producir. Por supuesto que no se deja de mencionar la inoperatividad de las autoridades e instituciones responsables para dar una pronta solución:

Sedapal informó que cerraría al instante el suministro de agua y solo nos quedó ensimismarnos en la esperanza de que todo pasaría pronto. A las diez de la mañana, dijeron que antes de las cinco tendrían el problema controlado, pero al anochecer el aniego había cubierto casas enteras, la zona había sido declarada en estado de emergencia, ENEL había cortado la luz y el cerro entero se había quedado en una oscuridad tan vasta que me hizo creer que todos los habitantes de El Porvenir habían cerrado sus ojos para no saber más del mañana. (pp.50-51).

Otro hecho que produce desazón y hasta pesimismo es la presencia de la criminalidad, y con ello, las extorsiones, también de manera muy similar a como sucede en la realidad, más aún en la actualidad. Y no importa si esto se hace a través de una descripción llena crudeza que impacta a pesar de que no es tan distinto a cómo se anuncian estos hechos todos los días en los noticieros:

Me contó de casos que habían salido en periódicos. De cuerpos que desaparecían de la noche a la mañana, y de familias desesperadas por conseguir el dinero para rescatar a sus fallecidos. Había algunos de renombre, tanto de cuerpos recuperados, como de aquellos que eran lanzados a los desechos cuando los afectados recurrían a la Policía para denunciar a los extorsionadores. María Quintana, mujer de sesenta y tres años, murió de un infarto. Tres días después de su funeral, unos tipos llamaron a su hijo mayor pidiéndole diez mil soles por su cuerpo. Entre sus hermanos juntaron el dinero. Hicieron un depósito y al día siguiente encontraron los restos de su madre a pocos metros de su casa. Francisco Ponce, de veintiún años, falleció luego de una trifulca en El Porvenir. A la semana de enterrado, su cuerpo desapareció. Unos hombres llamaron a la familia pidiendo dinero, y ellos sospecharon de los pandilleros que días atrás lo habían golpeado. Dieron aviso a la Policía, y el cuerpo de Francisco apareció en un basural, mutilado de manos y pies. Cada año, había uno o dos casos similares, y la gente no dejaba de hablar del tema hasta pasados los meses. (pp.85-85).

Resulta evidente que todos estos elementos negativos afectan a los protagonistas en la toma de decisiones, porque no sólo se trata de la madre sino también de los otros personajes que sorprenden al lector por lo que al final han elegido. Y ese es otro de los aciertos de la novela. De esta manera se determina que Al pie de las hambres tiene muchos puntos a favor, lo que coloca a Orlando Quevedo como un autor al que hay que tener en consideración. Por supuesto que también hay que prestarle atención en sus siguientes entregas.

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Datos del libro reseñado:

Orlando Quevedo

Al pie de las hambres

Colmillo Blanco, 2024