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Reseña: Al pie de las hambres (2024) de Orlando Quevedo

Precariedad y miseria

Por Omar Guerrero

Al pie de las hambres (Colmillo Blanco, 2024) del escritor peruano Orlando Quevedo (Lima, 1992) fue una de las novelas más destacadas del año pasado por toda una serie de razones que la hicieron sobresalir dentro de las publicaciones literarias hechas en Perú. La primera de estas razones, y la más contundente, se debe al hecho de mostrar la precariedad y miseria que proliferan dentro de los espacios urbano-marginales de Lima. Y es que su historia se ambienta en un asentamiento humano llamado El Porvenir, en San Juan de Lurigancho, donde la pobreza no es el único problema que enfrentan sus pobladores, pues el infortunio y la violencia son otros de sus ingredientes, además de la frustración y la desesperanza. Cada uno de estos hechos y circunstancias traen consigo una serie de decisiones radicales.

Otra de las razones de su relevancia como novela, y asombro, es la brevedad de sus capítulos (57 en total), que se presentan, en su mayoría, como recuerdos (muy malos recuerdos). Entre ellos llama la atención algunos capítulos donde la numeración se presenta a modo de listado (check list), también de manera muy breve. Aquí un ejemplo:

               Lista de cosas que aterran a las personas:

                              –Los perros callejeros

                              –La falta de dinero

                              –Los gallinazos en la oscuridad

                              –La incertidumbre

                              –Dormir en la calle

                              –Las cicatrices

                              –El frío (p.14)

El protagonista principal de esta historia es Remigio, quien tiene una serie de imposibilidades como andar en silla de ruedas o no poder hablar bien. Y a pesar de esta discapacidad, él sobrevive vendiendo golosinas en la calle o en el cementerio. Allí se convierte en testigo de muchas cosas que pasan en su barrio. Se suma lo que ocurre dentro de su casa, con su propia familia. Una muestra de ello es la actitud de su madre, llamada Espíritu, quien toma la decisión de suicidarse por todo lo malo que ocurre en su vida, incluidas las vicisitudes que en un momento llegó a afrontar con coraje cuando era una activista. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo, su actitud ha cambiado mucho, por eso ha tomado la determinación de quitarse la vida, no sin antes planificar su muerte dejando en claro una serie de instrucciones para su velorio y sepelio.

Otro hecho que marca a la familia es la ausencia del padre, quien ha fallecido producto de una terrible enfermedad. Esto afecta a todos sus miembros, en especial a los hijos, quienes no pueden evitar compararse con sus progenitores a partir del esfuerzo y dedicación que llegaron a tener en el pasado:

Mi papá luchó a capa y espada por defender a los obreros en su trabajo y mi mamá hizo todo lo posible por sacar adelante a El Porvenir con mi tía y las mujeres de Magda Portal. Pelearon por algo noble y fuerte. Los dos. Pero ni Víctor ni yo fuimos como ellos. Aunque hubiéramos nacido en palacios, nuestra vida hubiera sido la misma. (p.31).

En cuanto a los hermanos de Remigio, estos guardan ciertas características que resultan contradictorias en la configuración de la novela. Primero está el caso de Víctor, quien, con su lenguaje soez, muestra en mayor magnitud su condición de marginal relacionada de manera ineludible con la violencia. Esta última se desemboca, incluso, en su propia familia. Aquí es donde surge uno de los pocos problemas que tiene la novela, sobre todo al cederle la palabra a este personaje para que pueda despotricar, amenazar e insultar a sus anchas, pues su forma de hablar se opone, sin duda, al lenguaje que usa el narrador-personaje, que sí un acierto. Aquí un ejemplo convincente al describir al personaje de la hermana:

Hasta entonces, Asunción había sido un ave. Hecha guijarro, ya no supo alzar el vuelo. Levitaba aún sobre nuestras cabezas, lejana, pero cargaba un peso irreconocible: tal vez dolor y heridas acumuladas, o tal vez más guijarros similares a ella en una mochila que se había pegado para siempre a su espalda. (p.35).

Es justo este personaje femenino lo que resulta otro acierto en la novela al presentarla con una característica singular, muy al estilo de los personajes desarrollados por escritoras como Mariana Enríquez o Dolores Reyes. En el caso de Quevedo, el personaje de Asunción tiene la facultad de soñar y comunicarse con los muertos para brindarles un poco de paz, en especial con los que han fallecido producto de la violencia, algo que ya parece común en este lado de la ciudad donde transitan todos estos personajes.

Aquí también se toman en consideración otros problemas comunes como la falta de agua en estas zonas que, a pesar de todos los esfuerzos y sacrificios de sus pobladores, se mantienen en la pobreza como si se tratase de un mal designio. Mucho peor si ocurren otros hechos que no se pueden solucionar de inmediato como un aniego, tan igual como ha ocurrido en la realidad, lo que trae consigo no sólo la incomodidad de los pobladores al convivir con aguas pestilentes, sino también por las enfermedades y otras afecciones que pueden producir. Por supuesto que no se deja de mencionar la inoperatividad de las autoridades e instituciones responsables para dar una pronta solución:

Sedapal informó que cerraría al instante el suministro de agua y solo nos quedó ensimismarnos en la esperanza de que todo pasaría pronto. A las diez de la mañana, dijeron que antes de las cinco tendrían el problema controlado, pero al anochecer el aniego había cubierto casas enteras, la zona había sido declarada en estado de emergencia, ENEL había cortado la luz y el cerro entero se había quedado en una oscuridad tan vasta que me hizo creer que todos los habitantes de El Porvenir habían cerrado sus ojos para no saber más del mañana. (pp.50-51).

Otro hecho que produce desazón y hasta pesimismo es la presencia de la criminalidad, y con ello, las extorsiones, también de manera muy similar a como sucede en la realidad, más aún en la actualidad. Y no importa si esto se hace a través de una descripción llena crudeza que impacta a pesar de que no es tan distinto a cómo se anuncian estos hechos todos los días en los noticieros:

Me contó de casos que habían salido en periódicos. De cuerpos que desaparecían de la noche a la mañana, y de familias desesperadas por conseguir el dinero para rescatar a sus fallecidos. Había algunos de renombre, tanto de cuerpos recuperados, como de aquellos que eran lanzados a los desechos cuando los afectados recurrían a la Policía para denunciar a los extorsionadores. María Quintana, mujer de sesenta y tres años, murió de un infarto. Tres días después de su funeral, unos tipos llamaron a su hijo mayor pidiéndole diez mil soles por su cuerpo. Entre sus hermanos juntaron el dinero. Hicieron un depósito y al día siguiente encontraron los restos de su madre a pocos metros de su casa. Francisco Ponce, de veintiún años, falleció luego de una trifulca en El Porvenir. A la semana de enterrado, su cuerpo desapareció. Unos hombres llamaron a la familia pidiendo dinero, y ellos sospecharon de los pandilleros que días atrás lo habían golpeado. Dieron aviso a la Policía, y el cuerpo de Francisco apareció en un basural, mutilado de manos y pies. Cada año, había uno o dos casos similares, y la gente no dejaba de hablar del tema hasta pasados los meses. (pp.85-85).

Resulta evidente que todos estos elementos negativos afectan a los protagonistas en la toma de decisiones, porque no sólo se trata de la madre sino también de los otros personajes que sorprenden al lector por lo que al final han elegido. Y ese es otro de los aciertos de la novela. De esta manera se determina que Al pie de las hambres tiene muchos puntos a favor, lo que coloca a Orlando Quevedo como un autor al que hay que tener en consideración. Por supuesto que también hay que prestarle atención en sus siguientes entregas.

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Datos del libro reseñado:

Orlando Quevedo

Al pie de las hambres

Colmillo Blanco, 2024

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