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Entrevista: Liliana Colanzi

Un encuentro con Liliana Colanzi

Por Omar Guerrero

Liliana Colanzi (Santa Cruz, Bolivia, 1981) es una de las escritoras latinoamericanas más renombradas en la actualidad, sobre todo después de haber ganado el Premio Aura Estrada de México en 2015 y en España el prestigioso Premio Ribera del Duero de Narrativa Breve por su libro de cuentos Ustedes brillan en lo oscuro (Páginas de Espuma, 2022). Se considera también haber integrado en el 2017 la lista de Bogotá 39 que convoca a los más destacados escritores de Latinoamérica menores de 39 años, además de dedicarse a la vida académica en la Universidad de Cornell y dirigir el sello independiente Dum Dum. Por todas estas razones su nombre no deja mencionarse en este nuevo auge de escritoras mujeres de nuestro continente.

Liliana Colanzi fue una de las invitadas al Hay Festival Arequipa 2024, que en esta edición cumplió diez años ininterrumpidos a pesar de las restricciones que hubo en su momento por la pandemia. Aun así, se recurrió a la virtualidad para mantener esta continuidad. Lo bueno es que en la actualidad el festival se mantiene más consolidado que nunca, en especial este año con la presencia tan importantes de visitas como el Premio Nobel de Literatura 2021, el escritor tanzano radicado en Reino Unido, Abdulrazak Gurnah; y la famosa escritora y filóloga española, Irene Vallejo. Por supuesto que Liliana Colanzi fue otro de los nombres que brillaron en esta edición; por eso, aprovechamos su visita para solicitar una entrevista, pero, por los tiempos ajustados del festival, sólo se pudo programar una rueda de prensa. Esto fue lo que sucedió el viernes 08 de noviembre en el segundo día del festival.

Foto 1: Liliana Colanzi lista para rueda de prensa en Hay Festival Arequipa. Créditos: Omar Guerrero

La cita fue en la terraza del hotel colindante de donde siempre se hospedan todos los invitados del festival. La hora indicada era a las 11:30 am. Liliana apareció puntual acompañada por una de las colaboradoras del festival. Allí ya la esperábamos cuatro personas de prensa listos para hacerle una serie de preguntas acerca de su breve pero contundente obra. En nuestro caso habíamos preparado diez preguntas como si de todas maneras fuera a realizarse una entrevista, aunque el tiempo y la dinámica con los otros tres colegas sólo permitió tres preguntas para cada uno. Estas fueron las preguntas que le hicimos:

En Ustedes brillan en lo oscuro hay un cuento titulado “Atomito” donde uno de los temas es el peligro de la radiación. Se sabe que, en El Alto, Bolivia, existe un centro de investigación y desarrollo en tecnología nuclear con el apoyo de Rusia. Antes de su inauguración el gobierno boliviano creó un personaje infantil llamado Atomito para publicitar este centro nuclear con la intención de informar a la población de que no existía ningún riesgo con su presencia y actividad. Sin embargo, tiempo después, se registraron casos de radiación en la población de El Alto. ¿Qué similitudes tiene el personaje de Atomito del cuento con este que creó el gobierno boliviano? ¿Hay conocimiento de la situación actual de los pobladores de El Alto con respecto a este proyecto nuclear Bolivia-Rusia?

Liliana Colanzi respondió que, en efecto, el gobierno boliviano creó este personaje que se puede ver aún en videos por Youtube, pero con características más relacionadas a lo científico, pues más tenía el aspecto de un personaje infantil de ciencia ficción. Fue ahí que se le ocurrió transformar este personaje y ponerle más rasgos andinos propios de la cultura boliviana sin dejar de relacionarlo con el tema nuclear y la radiación, pues su interés como creadora es siempre mezclar elementos de la modernidad con la tradición de su país. Otra información con respecto a este centro nuclear es que se iba a ubicar primero en La Paz, pero, ante los reclamos de la población por el temor de una tragedia como las ya vividas en otras ciudades de otros continentes, decidieron trasladarlo a El Alto, una localidad más alejada y que tiene una menor población, pero que, a pesar de todos los controles y las promesas del gobierno boliviano, llegaron a registrarse problemas de salud en sus ciudadanos. Es por eso que este cuento utiliza la ficción para demostrar las posibles consecuencias si es que fallaba (o el riesgo de que aún puede fallar) este proyecto nuclear que ya presentaba deficiencias debido al incremento de casos de cáncer en la población. Con esta información se puede deducir que este es un cuento futurista, pero que presenta referencias de un presente que se sigue llevando a cabo, pues esta central aún se mantiene vigente.   

La violencia de género o la amenaza constante hacia mujeres están presentes en tus cuentos. Sucede en uno de los textos de “La cueva” de Ustedes brillan en lo oscuro y en los cuentos “La ola” y “Caníbal” de Nuestro mundo muerto. ¿Continúas trabajando estos temas en tus nuevos proyectos?

Liliana Colanzi respondió que sí, que está trabajando en la actualidad en un proyecto donde la presencia de la maldad es una constante, sobre todo cuando coloca a las mujeres como víctimas. Para ello sólo adelantó que esta nueva historia trata sobre un par de adolescentes que se encuentran desprotegidas en un espacio público. Y esta toma como referencia una experiencia personal cuando ella era más joven y viajaba de pueblo en pueblo “tirando dedo” o haciendo “autoestop” en las carreteras para subirse a los autos o camiones de los extraños confiando en la benevolencia de las personas sin medir siquiera las consecuencias o el peligro que corría. Por suerte, nunca le paso nada malo. No se espera lo mismo para los nuevos personajes de su siguiente proyecto.

Foto 2: Liliana Colanzi firmando libros en Hay Festival Arequipa. Créditos: Omar Guerrero

En el cuento “Atomito” hay un personaje juvenil que se hace llamar DJ Orki (Never Orkopata). ¿De dónde surge el nombre de Orkopata? Pues si bien aquí no existe una relación directa con el grupo vanguardista literario puneño de las primeras décadas del siglo XX, años 20 y 30, con Gamaliel Churata a la cabeza junto a los miembros y colaboradores del legendario Boletín Titikaka, no es de extrañar que este nombre “Orkopata” se mencione en este cuento. Y con respecto al Grupo Orkopata y Gamaliel Churata, quien llegó a recibir premios en Bolivia, lo que evidencia la relación estrecha que hubo entre las literaturas de Perú y Bolivia, formulo la siguiente pregunta de manera adicional: ¿Crees que pueda volver a restablecerse este intercambio literario entre ambos países? ¿El proyecto Dum Dum es acaso un nuevo acercamiento en vista de que ya se ha hecho una edición de la novela Huaco retrato de la escritora peruana Gabriela Wiener para que circule dentro de Bolivia, o que el escritor boliviano Gabriel Mamani Magne, con su título El rehén haya visitado una de nuestras ferias de libro en Lima para promocionar este título? (Era la última pregunta de la rueda de prensa, por lo que se debía de aprovechar hacer varias preguntas en una).

Liliana Colanzi se sorprendió con la formulación de estas preguntas múltiples y más aún con la información que contenían. Entonces confirmó que sí, que el nombre de este personaje era una especie de homenaje al Grupo Orkopata de Puno, Perú, de quien ya tenía conocimiento desde su época de estudiante en Bolivia; pues si bien ellos no son bolivianos, se les considera como parte de una tradición compartida, tan igual como estos países comparten la ubicación de uno de los lagos más maravillosos del mundo, además de un antiguo idioma indígena. La idea es seguir manteniendo un diálogo entre las literaturas de Latinoamérica, en especial a las que corresponden al mundo andino. Por eso ella desea seguir haciendo un homenaje a este territorio que ambos países tienen en común. Es más, este cuento “Atomito”, aparte de tomar prestado el nombre de un grupo literario peruano, también es un intento de tener presentes otros conceptos o categorías andinas como el Taki Onqoy, que es el espíritu de las huacas. En cuanto a la presencia de la obra de Gabriela Wiener en Bolivia y de Gabriel Mamani Magne en Perú, sí, es otro intento de preservar ese intercambio literario que ya ha cumplido más de cien años y que muy poca gente ha tomado en consideración, pues ni siquiera ha habido una celebración formal al respecto, no por lo menos del lado peruano. Por eso mismo ella va a continuar con el proyecto editorial de Dum Dum. Su intención es encontrar nuevas voces que puedan ser atractivas para ambos mercados.

Una vez cumplido el tiempo y las preguntas destinadas para cada uno de los presentes, Liliana Colanzi agradeció a todos los medios, incluido el nuestro, la revista virtual literaria El Hablador, por el tiempo tomado en la lectura de su obra y en el planteamiento de estas preguntas. Y a pesar de ya haber concluido, nos acercamos a ella para seguir conversando sin la formalidad de una rueda de prensa sólo para intentar rescatar otras respuestas a las preguntas que ya no le pudimos hacer. Una de ellas es sobre la presencia de la selva o la Amazonía en sus cuentos, pues Bolivia, aparte de ser un país andino, también es un país amazónico. Este escenario se percibe en su cuento “La deuda” de Nuestro tiempo muerto. Ella sólo confirmó que tiene mucho interés en seguir desarrollando más proyectos con respecto a este espacio que tiene muchos elementos y materiales para ofrecer, sea a favor o en contra. Y no pudo evitar mencionar los incendios forestales que hasta hace poco afectaron no sólo la selva de Bolivia, sino también de Perú y Brasil.

Foto 3: Liliana Colanzi firmando más libros en Hay Festival Arequipa. Créditos: Omar Guerrero

Otros de sus próximos proyectos es abordar el desarrollo urbano de la ciudad de Santa Cruz, así como volver a trabajar los géneros de ciencia ficción y el terror, además de las transgresiones y los cuerpos abyectos. Otra información adicional son sus respuestas hechas a los otros colegas que también participaron de esta rueda de prensa como confirmar que parte de su proceso creativo es investigar sobre determinados temas a medida que avanza en la historia que está escribiendo. Y esta respuesta se sustenta en la información científica que se encuentra en uno de los textos de “La cueva” de Ustedes brillan en lo oscuro. En cuanto al género fantástico, también presente en sus cuentos, confiesa su predilección por Borges y Cortázar como sus principales influencias. También confirma que ella no decide si va a escribir una historia fantástica, pues esta va surgiendo al momento de la escritura. Por supuesto que en este proceso también se hace presente el horror como otra característica en su obra. Otras referencias o gustos literarios recaen desde la poeta peruana Blanca Varela hasta el escritor húngaro László Krasznahorkai.

Una de las últimas preguntas que le hicimos antes de salir a la calle Ugarte del centro de Arequipa donde se encuentra el hotel principal donde se alojan los invitados del festival es si ella considera que existe en la actualidad la formación de un nuevo boom latinoamericano de escritoras mujeres. Ella respondió casi lo mismo que ya han respondido otros nombres que están considerados dentro de este fenómeno actual como la argentina Mariana Enríquez, la mexicana Fernanda Melchor o la ecuatoriana Mónica Ojeda. Liliana Colanzi dijo que no, que lo suyo es una coincidencia generacional, pero que no es un boom, o que no lo ve así, y porque este nombre siempre va a estar relacionado a un grupo de escritores varones geniales que marcaron una época y que siguen siendo de gran influencia no sólo para la nueva literatura latinoamericana, sino también para otras latitudes, muy a pesar de que en esos años ya existía la presencia de algunas escritoras latinoamericanas que recién están teniendo la debido atención por la importancia de su obra como la mexicana Elena Garro, a quien recomienda leer. Lo cierto es que algo está pasando con la literatura escrita por mujeres en idioma español, tal como lo confirma Leila Guerriero en su larga crónica en tres partes que justo lleva el título “Algo está pasando”. Liliana Colanzi es, sin duda, parte de eso que está sucediendo o pasando.

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Crónica: Irene Vallejo en Perú

Irene Vallejo en Perú

Por Omar Guerrero

Los expresivos ojos claros de la escritora española Irene Vallejo (Zaragoza, 1979), junto a su infatigable sonrisa, dan a entender de que ella siempre está dispuesta a escuchar con mucha atención y afecto a cualquier persona que se le acerque sólo para saludarla y comentarle, entre tanta admiración de por medio, sobre la experiencia y emoción de haber leído su libro más famoso, que hasta la fecha ya ha tenido varias ediciones y ha sido traducida a más de treinta idiomas. Me refiero al ensayo El infinito en junco (Siruela, 2019; Debolsillo, 2022; Debate, 2024).

Una vez llegado este momento, Irene Vallejo se olvida del cansancio producido por las innumerables giras y presentaciones a las que ahora está sometida, pues cada vez sigue teniendo muchos más lectores y seguidores en distintos países. Perú no es la excepción. Tampoco se toman en cuenta los tiempos o contratiempos que puedan surgir entre tantos viajes y conferencias. Para ella, como escritora, ya ni siquiera importan los minutos ni las horas que les dedicará a su público. En realidad, lo único que parece interesarle es conectar con la gente que quiere verla y oírla. Y en medio de todos estos requerimientos, Irene Vallejo nunca deja de brillar.

(Foto 1: Irene Vallejo con escolares peruanos) (Créditos: Enrique Mora) (Redes sociales de Irene Vallejo)

Aunque el mayor detonante es cuando empieza hablar con un tono de voz que es tan propio de la zona de España de donde ella proviene. Este suena entre dulce y pausado, por lo que se le percibe como una persona bastante delicada y afectuosa. Y es que su voz, junto a su pensamiento, o sus ideas, además del conocimiento que posee y maneja tan bien, terminan por mostrarla como alguien muy inteligente y sensible. Pero es su propio discurso lo que termina por hipnotizar a su público, sobre todo cuando se explaya en los temas que más le apasionan, que son los libros y la lectura, por algo estudió filología clásica. Es entonces cuando su audiencia, que puede ser lectora o no, cae rendida ante una figura que ha alcanzado el éxito total sólo por el hecho de leer, investigar y escribir.

Irene Vallejo llegó a Perú como invitada al Hay Festival Arequipa, que en esta nueva edición cumplió diez años. Aunque antes de arribar a la Ciudad Blanca, ella paseó primero por Lima. Gracias a sus redes sociales, donde es muy activa, se sabe que quedó maravillada con la Huaca Pucllana, tanto por sus locaciones como por la comida (no está demás decir que se trataba de comida peruana). Luego decidió contemplar nuestro mar con su horizonte brumoso desde una parte del malecón de Miraflores. El siguiente destino fue el centro de Lima, donde se tomó muchas fotos delante de antiguas iglesias sin dejar de observar los cerros que rodean la capital con sus diminutas casas coloridas que contrastan con el cielo gris. El punto central de este recorrido fue la Casa de la Literatura Peruana, sobre todo por el interés y la satisfacción que, a lo largo de su vida, le han producido las lecturas de nuestros grandes escritores. Entre ellos, dos nombres ilustres de nuestras letras serán mencionados reiteradas veces en cada una de sus presentaciones y entrevistas. El primero es el poeta César Vallejo, con quien no guarda ninguna parentela, pero sí un nexo bibliográfico-sentimental. El segundo es Mario Vargas Llosa, no sólo por la trascendencia de su obra, sino también por una gratitud muy personal que ella tiene hacia él.

(Foto 2: Irene Vallejo en Casa de la Literatura Peruana) (Créditos: Enrique Mora) (Redes sociales de Irene Vallejo)

Su primera presentación formal como parte del Hay Festival fue el miércoles 06 de noviembre en el Teatro NOS del Centro Cultural de la Universidad Católica. Parecía increíble, pero esa noche el teatro estaba lleno como si se tratara del estreno de una obra con grandes actores donde el público ya se mostraba dispuesto a disfrutar y a aplaudir de una función bastante especial. Lo cierto es que no se trataba de ningún espectáculo o proyección. Se trataba de la escritora española Irene Vallejo, quien hizo su ingreso al escenario seguido de muchos aplausos. La acompañaban las catedráticas peruanas Rosario Yori, Cecilia Esparza y Elizabeth Aylas. Cada una de ellas le formularon preguntas para que su invitada termine de cautivar y emocionar a los asistentes. Esta emoción se hizo presente desde el inicio cuando se contó el origen de El infinito en un junco, cuyas primeras páginas nacieron en medio de su dolor de madre mientras cuidaba en el hospital a su pequeño hijo Pedro, quien nació con serios problemas de salud. Para ese entonces, Irene Vallejo ya había publicado algunas novelas y ensayos que habían pasado desapercibidos, por lo que pensaba que había fracasado como escritora. Aun así, las ganas de seguir escribiendo se mantenían, pero con el problema de salud de su hijo sabía que iba a ser mucho más difícil. Fue en ese momento que decidió escribir lo que sería su último libro. Así lo había decidido, pues la idea ya le venía dando vueltas en la cabeza desde mucho tiempo atrás. Escribiría sobre la historia del libro como objeto y parte esencial de la humanidad. Lo haría como si se tratara de un libro de aventuras. Esa sería su gran despedida del mundo de la escritura. Lo que Irene Vallejo no sabía es que ese sería el inicio de todo esto.

Una de las preguntas que llamó la atención fue sobre la importancia de la inteligencia artificial que cada vez cobra más protagonismo en la vida de las personas. ¿Acaso este nuevo fenómeno de la tecnología podría afectar al libro? Y enseguida Irene Vallejo mencionó todas las batallas ganadas por este objeto que muchas veces había sido considerado como algo insignificante, pero que a través del tiempo cobró su debida importancia, sobre todo por mantener vivo el conocimiento. El libro ya había sobrevivido a los peores momentos de la historia, sean guerras o pandemias. También había sobrevivido a las censuras y a la presencia de tecnologías cada vez más avanzadas. La inteligencia artificial no sería la excepción. Más bien, hizo hincapié, que esta debería utilizarse como una herramienta a su favor y no como un arma peligrosa para el hombre. Y al culminar esta respuesta, al igual que las otras que le plantearon, cada una con sus respectivas explicaciones, el público aplaudió convencido de que estaban ante una mujer singular. Estaban ante una persona iluminada, razón suficiente para que de inmediato se forme una fila interminable apenas terminó el conversatorio. Todos los asistentes querían la firma y dedicatoria de Irene Vallejo.  

(Foto 3: Irene Vallejo en CCPUCP) (Créditos: Omar Guerrero)

Ella jamás imaginó que firmaría tantos libros después de su presentación en el Teatro NOS de la Universidad Católica. Se quedó hasta muy tarde, casi hasta la medianoche. Terminó agotada, pero contenta. Esa noche, antes de dormir, lo más probable es que tuviera presente a todas las personas que le demostraron su cariño y admiración. De seguro que hasta soñó con ellos, pero este sueño no duraría mucho porque al día siguiente debía estar temprano en el aeropuerto para tomar el vuelo hacia Arequipa.

Su idea era pasar desapercibida entre tantos viajeros con sus maletas y mochilas. Le costó encontrar la puerta de embarque a pesar de que la cambiaron en dos ocasiones. Iba acompañada de su esposo Enrique Mora, cineasta español, quien se caracteriza por tener el cabello lleno de canas a pesar de su juventud. Él es delgado y usa ropa ceñida. Otra característica en él es que siempre lleva a la mano una cámara fotográfica para registrar todos los momentos de este viaje. Lo hace con total dedicación porque se trata de su esposa, de su pareja, de la madre de su hijo Pedro, quien ya goza de buena salud al punto de dejarlo al cuidado de otros familiares.

Enrique siempre está pendiente de Irene. Se nota que es un hombre enamorado. También se nota que está muy orgulloso de lo que ha logrado su esposa, quien ahora goza del reconocimiento literario. Por eso no se cansa de tomarle fotos en cualquier circunstancia, sobre todo si ella está delante de sus lectores, tal como ocurrió la noche anterior. Esto mismo sucedió dentro del aeropuerto, pero a menor escala. El vuelo se había retrasado y poco a poco la gente empezó a reconocer a Irene Vallejo. Los que esperaban el mismo vuelo, sobre todo los que ya tenían sus entradas para el festival, llevaban a la mano El infinito en un junco, pues este título estaba destinado como lectura mientras duraba el viaje. Estos lectores afortunados jamás imaginaron que estaban a punto de viajar en el mismo avión con la autora del libro que tenían en manos. Entonces se fueron acercando a ella, primero de manera muy tímida para después hacerlo con total familiaridad, al punto de llevarla de un lado a otro dentro de la zona de embarque para presentarla a los amigos y familiares como la gran escritora que es. Y todo gracias a que Irene Vallejo nunca deja de mostrar su sonrisa tan amable y llena de gratitud a pesar de su evidente cansancio.

(Foto 4: Irene Vallejo en aeropuerto) (Créditos: Omar Guerrero)

La primera presentación de Irene Vallejo en Arequipa fue en el Teatro Municipal de la calle Mercaderes. Fue el viernes 08 de noviembre a las 6pm. Una hora antes ya había empezado a formarse la cola de los asistentes. Cuando faltaban quince minutos para la charla, y antes de que el público ingrese al teatro, la cola llegaba hasta la siguiente cuadra. Aunque este tipo de aglomeraciones ya no les llama tanto la atención a los arequipeños, pues saben que son días de festival. No por algo han pasado diez años desde que llegó el Hay Festival a su ciudad.

A las 6 en punto Irene Vallejo apareció en el escenario para ser recibida por un teatro lleno de gente y con muchos aplausos. Esta vez la acompañaba la periodista peruana Patria del Río, quien confesó que ya había leído El infinito en un junco por tercera vez. Esta última lectura la hizo con mayor detenimiento desde que le informaron que ella compartiría mesa con la invitada especial de esta edición del festival. Los separadores y apuntes en las diversas páginas de su libro así lo confirmaban.

Este conversatorio llevaba por título “La invención de los libros” donde se empezó haciendo mención de cómo se ha registrado la memoria desde la antigüedad. En el caso peruano, los quipus también se pueden considerar una especie de escritura pues guardan en sus nudos cierta información. Luego se pasó a hablar de la censura de los libros al considerarlos herramientas poderosas para transmitir ideas y, más aún, para contar nuestra propia versión de la realidad. Se suma la cualidad de los libros para otorgar bienestar y salud, pues está confirmado de manera científica que leer en papel antes de dormir produce un sueño prolongado y placentero. No sucede lo mismo con las pantallas cuya luz puede producir insomnio o sueños interrumpidos. Por último, Patricia del Río le pidió que le resumiera la importancia de ciertos personajes como Alejandro Magno, Homero, Calímaco y un enigmático Él, creador del primer alfabeto. En esta pequeña lista también se incluyó a una mujer llamada Enheduanna, un nombre desconocido por muchos, por lo que era necesario explicar de quién se trataba. No voy a reproducir esta vez lo que Irene Vallejo dijo de Enheduanna sino que citaré lo que se dice de ella en su libro:

Mil quinientos años antes de Homero, Enheduanna, poeta y sacerdotisa, escribió un conjunto de himnos cuyos ecos resuenan todavía en los Salmos de la Biblia. Los rubricó con orgullo. Era hija del rey Sargón I de Acad, que unificó la Mesopotamia central y meridional en un gran imperio, y tía del futuro rey Naram-Sim. Cuando los estudiosos descifraron los fragmentos de sus versos, perdidos durante milenios y recuperados solo en el siglo XX, la apoderaron «la Shakespeare de la literatura sumeria», impresionados por su escritura brillante y compleja. «Lo que yo he hecho nadie lo hizo antes», escribe Enheduanna. También le pertenecen las más antiguas notaciones astronómicas. Poderosa y audaz, se atrevió a participar en la agitada lucha política de su época, y sufrió por ello el castigo del exilio y la nostalgia. Sin embargo, nunca dejó de escribir cantos para Innana, su divinidad protectora, señora del amor y de la guerra. En su himno más íntimo y recordado, revela el secreto de su proceso creativo: la diosa lunar visita su hogar a medianoche y la ayuda a «concebir» nuevos poemas «dando nacimiento» a versos que respiran. Es un suceso mágico, erótico, nocturno. Enheduanna fue -que sepamos- la primera persona en describir el misterioso parto de las palabras poéticas. (Vallejo, 2021, p.165).

Con esta cita se podría decir que Irene Vallejo también es una especie de nueva Enheduanna porque lo que ella ha hecho nadie lo hizo antes. No, por lo menos, al estilo como se cuenta en El infinito en un junco.

Lo que siguieron fueron más aplausos y una cola interminable para la firma de libros. Pero lo que sorprendía no era la cantidad de gente que había sino la dedicación y tiempo que tuvo Irene Vallejo para cada persona que esperó paciente su turno sólo para recibir su firma junto a su respectiva foto. Como era de esperar, esta firma duró más de tres horas.

(Foto 5: Irene Vallejo con Patricia del Río) (Créditos: Omar Guerrero)

La segunda presentación de Irene Vallejo en Arequipa fue una de las más aplaudidas debido al torrente de emociones que produjo para todos los asistentes. Se realizó el sábado 09 de noviembre a las 10 am otra vez en el Teatro Municipal de Arequipa. En esta ocasión la acompañaron el fotógrafo argentino Daniel Mordzinski, también conocido como el fotógrafo de los escritores, y el escritor peruano Jeremías Gamboa. Este último estaría a cargo de guiar la conversación, para ello tenía una serie de preguntas que iba intercalando entre Irene Vallejo y Daniel Mordzinski. La idea era crear una alternancia entre la palabra y la imagen. Aunque antes de empezar la sesión Daniel Mordzinski leyó una lista de escritores valencianos como una forma de tenerlos presentes debido a la tragedia climática que acababa de sufrir esta zona de España. Y enseguida Irene Vallejo se puso de pie, tomó un arreglo floral que estaba encima de la mesa central y lo colocó en el borde del escenario como si se tratara de una ofrenda. Los primeros aplausos no se hicieron esperar. Lo que siguió a continuación fueron una serie de preguntas con sus respuestas sin dejar de proyectarse las fotos de Daniel Mordzinski hechas a distintos escritores, desde los más célebres como Jorge Luis Borges y García Márquez hasta las escritoras más recientes de la literatura latinoamericana como las mexicanas Valeria Luiselli y Brenda Navarro o las peruanas Claudia Ulloa y María José Caro. Pero una de las mayores emociones fue cuando aparecieron las fotografías hechas a Mario Vargas Llosa, muchas de ellas dentro del ámbito familiar. Se suma el audio que se había preparado para esta proyección con la voz de nuestro Premio Nobel, lo que hizo llorar a todos los presentes. Para ese momento Irene Vallejo mencionó la infinita gratitud que aún le tiene a Mario Vargas Llosa, no sólo por las obras que escribió, y que la acompañaron a lo largo de su vida, sino por las palabras que él le dedicó después de haber leído El infinito en junco, lo que sirvió para que el libro llame la atención de un mayor público y sus ventas se multipliquen al igual que sus traducciones. Este es un fragmento de las palabras del Premio Nobel sobre el libro de Irene Vallejo: “Muy bien escrito, con páginas realmente admirables […] Tengo la seguridad absoluta de que se seguirá leyendo cuando sus lectores de ahora estén ya en la otra vida”.

Otro de los momentos más emocionantes fue cuando Jeremías Gamboa le entregó a Irene Vallejo, bajo la complicidad de Enrique Mora, el ejemplar de Trilce de César Vallejo, cuya vieja edición de Losada fue comprada por su padre de manera clandestina a inicios de los años 70 en España cuando aún no se pensaba que la dictadura de Franco entraba a su recta final. El padre de Irene Vallejo, quien lleva dos veces el apellido Vallejo, tanto por padre y madre, se sintió tan deslumbrado por la poesía de nuestro compatriota que le hubiese gustado encontrar una pequeña relación familiar, pero al no hallarla, lo adoptó como su poeta de cabecera y también como medio para enamorar a la madre de Irene Vallejo, quien también quedó deslumbrada con estas palabras convertidas en poesía, al punto que aún tenía guardada esa vieja edición de Losada en su casa como si fuese el mejor recuerdo de ese noviazgo que luego se convirtió en un matrimonio y en una familia. Con ello se podría decir que Irene Vallejo es producto de esa unión, por eso siempre confirma que gracias a Trilce de César Vallejo ella existe. En otras palabras, Irene Vallejo le debe la vida a César Vallejo.

Otra anécdota sobre la obra de César Vallejo fue cuando confesó que en uno de sus versos encontró la palabra adecuada para incluirla como parte del título de este ensayo que la ha llevado a disfrutar de grandes e inolvidables momentos. Se trata del poema “Idilio muerto” que se encuentra en el libro Los heraldos negros. Y como parte de esta confesión, ella mencionó que para completar la composición de este título también recurrió a Borges, en especial cuando el poeta ciego desarrolla en su obra el término “infinito”. Es a partir de la obra de estos dos grandes poetas que surge el título El infinito en junco. Y para confirmarlo, Irene Vallejo recitó de memoria el poema en mención que sus primeros versos dicen lo siguiente: Qué estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita de junco y capulí; / ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita / la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

Una vez más, los aplausos no se hicieron esperar.

Como colofón a esta presentación volvieron las fotografías de Daniel Mordzinski a más escritores. Entre ellas sobresalía una que le hizo a Irene Vallejo en el Hay Festival de Cartagena de Indias en Colombia. Daniel Mordzinski había convencido a Irene Vallejo de caminar por el borde de una de las murallas que cercan la ciudad antigua de Cartagena. Corría un viento fuerte a pesar de ser verano. Y es que la muralla se impone a lo largo del mar caribe entre largos pasadizos y anchos baluartes. Allí Irene Vallejo lleva una mantilla negra que extiende con los brazos. Parece que quisiera volar. Tiene el cabello alborotado y los bordes de su vestido rojo se agitan con el viento. Detrás de ella posan tres gaviotas en el cielo cuyo momento preciso queda capturado por la cámara de Daniel Mordzinski. El resultado es una foto maravillosa donde Irene Vallejo parece que está a punto de volar. Se encienden las luces del teatro y la gente aplaude de pie. Irene Vallejo se acerca para agradecer y parece que otra vez fuera a volar tan igual como sucedió con Remedios, la bella, pero no para perderse en el cielo arequipeño, sino para extraviarse esta vez entre la multitud que de nuevo aclamaba una maratónica sesión de firmas que ella estaba dispuesta a cumplir.

(Foto 6: Irene Vallejo volando en Cartagena de Indias) (Créditos: Omar Guerrero)

La tercera y última presentación de Irene Vallejo fue en la Casa Tristán del Pozo ubicada de la calle San Francisco. Esta vez el local era más chico, pero igual se llenó sin dejar ningún asiento vacío. Para ese momento Irene Vallejo ya tenía una legión de fanáticos que la seguían a donde fuera. En esta ocasión la acompañaba la historiadora y catedrática peruana Natalia Sobrevilla para hablar de la importancia de los archivos históricos. Se sumaba a esta conversación Magally Alegre Henderson, profesora de la PUCP y jefa del Archivo Histórico del Instituto Riva Agüero. Y en vista de que Irene Vallejo estaba acompañada por dos historiadoras peruanas que aún mantienen una lucha por preservar el Archivo General de la Nación, fue inevitable no hablar de todas las falencias y problemas que tenemos los peruanos, en especial el Estado, para valorar este legado histórico que es incalculable, pero cuyo destino final sigue siendo incierto. Entonces Irene Vallejo hizo magia una vez más con sus palabras. Habló tan bien del trabajo que implica preservar este tipo de memoria que Magally Alegre Henderson rompió en llanto. Irene Vallejo se puso de pie y la abrazó. Quería consolarla, pues entendía muy bien el motivo de sus lágrimas. Muchos de los presentes también nos sentíamos igual. Sólo las palabras de Irene Vallejo lograron darnos consuelo.

(Foto 7: Irene Vallejo con Natalia Sobrevilla y Magally Alegre Henderson) (Créditos: Omar Guerrero)

Sin duda que se podría seguir contando más anécdotas sobre la visita de Irene Vallejo en Perú, tanto en Lima como en Arequipa. Decir por ejemplo que se quedó sorprendida con la comida o con la piedra blanca de sillar con la que fue construida la Ciudad Blanca. Decir también que en este tercer viaje se ha sentido mucho más querida por los peruanos. Sucedió casi lo mismo las dos primeras veces que vino como turista, pero en esta ocasión la acogida y el cariño han sido en una mayor magnitud, y todo gracias a El infinito en un junco. Aunque, cabe aclarar e informar, que ya circulan sus libros anteriores como para que sus fanáticos se conviertan en unos verdaderos hinchas. Entonces no queda más que seguir leyéndola, tanto su producción previa como la que está por venir, porque el año que viene otra vez se encerrará en sus cuarteles para darle vida a un nuevo libro, y con ello surge la posibilidad de que nos pueda visitar por una cuarta vez.

No deseo acabar esta crónica sin hacer mención de la foto central que le hizo Daniel Mordzinski a Irene Vallejo, y que es una verdadera obra de arte. Irene Vallejo lo describe de la mejor manera en sus redes sociales: “Mi pedazo de cielo, según la mágica cámara de Daniel Mordzinski. Tomamos esta imagen en los baños del monasterio de Santa Catalina en Arequipa. El óculo abierto en la bóveda servía para calentar el agua de la alberca donde se aseaban las monjas. La fotografía es tan potente que casi parecería un montaje, pero doy fe de que no lo es”.

Y ante estas palabras, no queda más que ceder a la imagen como punto final.

(Foto 8: Irene Vallejo por Daniel Mordzinski) (Créditos: Daniel Mordzinski) (Redes sociales de Irene Vallejo)

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Entrevista: María José Caro

“Es imposible desprenderse del pasado”.

Por Sebastián Uribe y Eliana Del Campo

María José Caro nació en Lima en 1985. Comunicadora social por la Universidad de Lima, publicó los libros de cuentos La primaria (2012) y ¿Qué tengo de malo? (2017)  y la novela Perro de ojos negros (2016). Ha colaborado para publicaciones como Buensalvaje y Vicio absurdo. En el 2017 el Hay Festival la seleccionó dentro de los 39 mejores escritores de ficción menores de 40 años de América Latina y es una de las invitadas de la edición 2024 del Hay Festival Arequipa. Este año publicó su segunda novela ‘Vida animal’, sobre los peligros de la nostalgia, la fragilidad de la amistad adulta y los conflictos familiares. Sobre ello conversamos en la presente entrevista.

Foto: El Comercio

“A mis diez años no tenía amigas de verdad. Deambulaba en los recreos junto a dos niñas del salón con quienes solamente compartía silencio e inseguridad. No nos llamábamos por teléfono, tampoco nos visitábamos. Era un vínculo funcional y transitorio, gatos callejeros que se encuentran y acompañan”. Citamos el inicio de la novela, porque retrata la amistad a temprana edad como un vínculo que no necesariamente involucra un alto grado de conexión, sólo el anhelo de pertenecer a un grupo ¿Cómo consideras que esta superficialidad prevalece hasta la adultez?

Sí, para empezar cuando uno es chico no decide en qué colegio estudiará. Esa elección tiene que ver con las creencias de los padres, las cuales pasan por lo político, lo aspiracional, lo religioso (en menor medida en estos tiempos), lo social y etc. Los amigos se eligen a partir de lo que hay en un universo muy acotado. Son relaciones que al principio tienen que ver con lo transaccional y con sentirse parte de una manada, con encajar. Y encajar es también parecer, esconder quién en verdad somos en función del grupo. Creo que estas relaciones son paradójicas cuando se es adulto, porque son frágiles en cuanto a tener una mirada compartida sobre la vida, pero prescindir de ellas es cerrar una puerta que nos lleva al pasado, y por eso, silenciamos los grupos de Whatsapp en vez de abandonarlos. 

En Vida Animal se exploran temas de recelo y envidia entre amigas debido a sus logros y estatus profesionales. ¿Cómo crees que la visibilidad que ofrecen las redes sociales y la virtualidad ha transformado o intensificado estas emociones en la sociedad actual? ¿Cómo influyeron estas ideas en la construcción de tus personajes?

 Creo que las redes sociales generan una idea falsa de la vida de las personas y su   intimidad. Recuerdo que una vez alguien me dijo: “Lo que la vida separó que no lo una Facebook” y muchas veces no deja de tener razón. ¿Dónde quedan frases como “qué será de la vida de ……….”? Ahora es muy difícil perder el rastro de un viejo amigo. Además, lo que sucede en internet sucede para siempre. Se quiebra también muy fácilmente la esfera de lo privado, conversaciones en teoría privadas se exponen sin tapujos.

Yo quería que en la novela se mostrara un poco y de forma muy acotada la vida de unas chicas adolescentes de burbuja en los inicios de internet. Early millenials que ya de adultas se rigen bajo las reglas de las redes sociales y etc. El grupo de amigas toma migajas del Facebook de Giuliana para especular. Las redes sociales son un gran espacio de especulación. Es gracioso además cómo una misma persona es otra distinta según la red social en la que se mueva. Se cambia de rol y repertorio con mucha facilidad. Se dan grandes discursos y nunca se ven acciones; vidas felices en público lapidadas por otros en privado. Yo cada vez publico menos en redes, antes lo hacía constantemente ahora no sé qué decir ni para qué.   

 “Además, pocas cosas refuerzan tanto el ego como ver a alguien quebrarse delante de nosotros” (pág.136). Los personajes parecen sentir una especie de compasión hacia sí mismos cuando observan a otros en peores situaciones. ¿Qué te llevó a explorar esta dinámica emocional y cómo crees que influye en la manera en que tus personajes enfrentan sus propios conflictos?

Yo quería que la novela hablara de personajes que son parte de una manada (llámese grupo de amigos, familia, sociedad) y de justamente las dinámicas emocionales que existen entre las personas. En las relaciones siempre hay dinámicas de poder y mostrarse vulnerable en frente de otro es quitarse la coraza y darle al otro la capacidad de herirnos, de saber qué nos duele. Mirar al otro en una situación de desgracia o felicidad siempre nos lleva también a vernos en el espejo.  Los seres humanos somos muy autorreferentes, creo que los personajes ven en los demás no solo su sufrimiento si no la posibilidad de acabar en la misma situación y ese es un motor en los personajes. Podemos pensar en el caso de Giuliana o en el caso del padre.

En tu novela, los diálogos entre las amigas adultas, cuando se reúnen, parecen ser mucho más desinhibidos que cuando están en sus entornos familiares o laborales. ¿Cómo trabajaste esta diferencia en el lenguaje de los personajes? ¿Qué papel juegan las restricciones sociales en el modo en que nos expresamos a diario, y qué implicaciones tiene el hecho de que ciertas emociones o pensamientos se conviertan en tabú?

Yo quería que las amigas hablasen como he escuchado tantas veces a hablar a mis amigas o conocidas en un contexto donde solo hay mujeres. Sin reparos, a veces siendo muy infantiles, códigos compartidos también vinculados a cuando eran chicas. Quería que la forma de hablar fuese orgánica con marcas de tiempo y lugar. Para trabajar ese tipo de lenguaje, recreé las escenas intentando ser lo más fiel a la realidad posible, despreocupándome de si fuese literario o no.  Vivimos en una época en la que existe mucha más libertad, pero no estoy segura de si eso signifique ser más auténtico. Quise, por ejemplo, con el personaje de María Luisa, darle ese lenguaje corporativo lleno de términos en inglés como “high potencial” que al final convierte a las personas en caricaturas. 

En tu novela, logras recrear con detalle la atmósfera de los años 90, reflejando lo que se usaba y gustaba en esa época. ¿Cómo fue para ti el proceso de traer esa década al presente? ¿Te inspiraste en tu propia experiencia o recurriste a otras fuentes para documentarte y construir ese ambiente con autenticidad?

La adolescencia de los personajes es muy parecida a la que yo viví. Un colegio de monjas, un grupo de chicas cuyo perímetro de movimiento en Lima es muy acotado. Conocen muy poco de la vida, de su ciudad y de su país, están en un lugar seguro, mientras la realidad sucede como un telón de fondo y en la novela se traduce como referentes que brotan aislados.  Yo creo que escribí esta novela para no olvidar. Ya a estas alturas de mi vida, cuando estoy muy cerca de cumplir cuarenta cada vez se me escapan más cosas. Así que me dije a mí misma voy a reconstruir mi adolescencia de inicios de los dosmiles, la era de MTV con música. Hubo un catalizador importante y es que vivo muy cerca del centro comercial donde sucede gran parte de la novela. Ahora lo visito con mi hijo porque hay un parque de juegos para niños. Es un lugar que ha cambiado muy poco, así que estar ahí nada más fue un disparador de muchos recuerdos.  Mientras escribía la novela volví a la música que escuchaba en esa época, revisé álbumes familiares, recurrí a algunas fuentes para corroborar que los referentes estuviesen bien situados. Pero fue sobre todo un ejercicio de memoria.

En tu novela, la nostalgia juega un papel importante en las decisiones que toman las protagonistas en el presente. ¿Cómo ves el impacto de vivir anclados en la nostalgia? ¿Cuáles crees que son los riesgos emocionales o vitales de estar constantemente aferrados al pasado?

Creo que es imposible desprenderse del pasado. Se lleva a cuestas y eso también aplica para los negacionistas que intentan dejar todo atrás.  Sentir nostalgia es algo natural.  Es cierto también que nuestros recuerdos tienen un alto grado de ficción. Yo soy una persona nostálgica por naturaleza, pero sé que cuando la nostalgia nos impide movernos hacia adelante es un problema. Para mí la escritura es la forma perfecta para canalizarla, me permite crear, imaginar, reencontrarme conmigo misma en otros tiempos y también decirle adiós. 

Durante el proceso de escritura de esta novela, ¿descubriste algún autor o autora cuya obra te haya influido de manera especial o haya resonado con los temas que estabas explorando? ¿Cómo impactó esa lectura en tu manera de abordar la historia?

Antes de empezar la novela justo acababa de leer Malaherba de Manuel Jabois y el libro me resonó sobre todo por la naturalidad con la que hablaba de la infancia/adolescencia. Lo mismo me sucedió con La memoria del alambre de Barbara Blasco. No había leído a ninguno. Creo que leer esos dos libros en el momento adecuado significó destrabarme. Pasé de la lectura a la acción y esa es una gran cosa que tienen los libros con los que uno engancha. Durante el proceso de escritura también leí Un trabajo a tiempo completo de Rachel Kushner, que son ensayos sobre la maternidad. Cuando nace un hijo el lugar que ocupan las cosas en la vida cambia por completo. Y por supuesto, también la forma desde donde se aborda la escritura. 

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Datos de su reciente publicación:

María José Caro

Vida animal

Alfaguara, 2024. 152 pp.

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Reseña: La vegetariana (2024) de Han Kang

El cuerpo frágil de una mujer

Por Omar Guerrero

La vegetariana (Random House, 2024) de la escritora surcoreana Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024, fue publicado en su idioma original en 2007, y en el 2009 se hizo su adaptación cinematográfica en su propio país con el mismo título. Lo que vino después fue una serie de traducciones a varios idiomas, incluido el inglés, por lo que en el 2016 ganó el Man Booker International. En el 2017 se hizo su traducción al español por parte de Sunme Yoon, quien es considerada la responsable del éxito de esta autora en nuestro idioma, y cuyo trabajo se ha utilizado para esta edición.  

Esta novela es la más conocida de su autora antes de haber ganado tan importante galardón este año. Y esto resulta inusual debido a su edad, pues en la actualidad Han Kang tiene 54 años, lo que no es nada común para sus antecesores o antecesoras. Recordemos que la anterior escritora mujer en ganar el Premio Nobel de Literatura fue la francesa Annie Ernaux en 2022 cuando tenía 82 años.

La vegetariana está dividida en tres capítulos cuya extensión la mantienen y la presentan como una novela corta, pues esta edición de Random House tiene tan sólo 167 páginas. Cada uno de estos capítulos cuentan la historia de una mujer llamada Yeonghye, quien, una noche después de sufrir una pesadilla, decide no volver a comer carne. A partir de esta decisión se espera que esas imágenes llenas de horror ya no aparezcan en sueños, pero estas continúan, por lo que su decisión de no ingerir este tipo de alimentos se mantiene. Quien no logra entender la decisión de Yeonghye es su esposo, quien se asombra de que ella se haya deshecho de toda la carne guardada en su refrigerador sin importar lo que se haya gastado en ello.

Lo que viene después es una serie de cambios en el cuerpo de Yeonghye, sobre todo cuando decide alimentarse sólo con vegetales. Esto produce que baje de peso de manera considerable, que su piel pierda lozanía y que su rostro muestre una constante palidez. Aun así, su esposo la obliga a mantener intimidad con él sin importar que a Yeonghye estos encuentros le resulten cada vez más irrelevantes a pesar del olor a carne que expele su marido, incluso después de bañarse, además del reducido tamaño de su miembro viril. Y todos estos detalles se saben porque es el mismo esposo quien se presenta como el narrador de este primer capítulo titulado “La vegetariana”.

En este primer capítulo llaman la atención unos fragmentos correspondientes a las pesadillas o a los pensamientos de Yeonghye, las cuales se diferencian por presentarse en cursiva y por describir momentos truculentos y llenos de espanto, tal como ocurre con cualquier pesadilla. Aquí un ejemplo:

En los sueños, cuando le corto el cuello a alguien, cuando sosteniéndola por los pelos le doy el último golpe a la cabeza que pende oscilante, cuando pongo en mi mano los resbaladizos globos oculares e incluso cuando me despierto… Durante la vigilia, cuando me entran ganas de matar a las palomas que caminan delante de mí cuando tengo ganas de retorcerle el cuello al gato del vecino al que he estado observando desde hace tiempo, cuando me tiemblan las piernas y me baña un sudor frío, cuando me siento otra, cuando otra persona me surge desde dentro y me devora… En todas estas ocasiones…

…siento que se me hace la boca agua. Cuando paso por delante de la carnicería, tengo que tapármela. Es por la saliva que me brota de la base de la lengua, me empapa los labios, se me escurre por la boca y se derrama. (pp.35-36).

En este primer capítulo también sobresalen dos episodios referidos a una cenas ineludibles y bastante incómodas para Yeonghye. La primera es una cena con los jefes de su esposo donde tiene la obligación de “comportarse como se debe”. Ella intenta cumplir la orden de su esposo, pero lo que no puede cumplir es el hecho de comer carne, lo que llama la atención de todos los asistentes, incluida la esposa del jefe. Y enseguida empiezan una serie de comentarios acerca de los vegetarianos, en especial si son mujeres, lo que pone en evidencia ciertos prejuicios propios del machismo, motivo de mayor crítica en esta novela.

La segunda cena ocurre en la casa de su hermana mayor llamada Inhye, quien está casada y tiene un hijo, y que acaba de comprarse un amplio apartamento. Para celebrar este hecho, reúne a la familia, entre los que se encuentran los padres de Yeonghye, quienes ya están enterados de la decisión y el comportamiento de su hija debido a que su yerno los mantiene muy bien informados, pues esta es su forma de mostrar su disconformidad y queja. Quien también asiste a esta reunión es el hermano menor de ellas, quien acude con su pareja y con sus hijos. Todo transcurre como cualquier cena familiar hasta que Yeonghye muestra su negativa a comer carne. Su familia insiste en que coma, sobre todo sus padres, pero ella se resiste. Es entonces que ocurre un hecho de violencia machista por parte del padre, quien ha decidido que su hija debe de comer carne así ella no quiera. El resultado a esta agresión es una respuesta de Yeonghye que sorprende y sobresalta al lector, pues toda calma se rompe al punto de alcanzar el caos y una posible tragedia.

La segunda parte se titula “La mancha mongólica” y allí se muestra a Yeonghye con una actitud demasiado extraña. Ella intenta mantener una vida sin comer carne, por lo que sigue siendo cuestionada y supervisada por sus familiares. Entre ellos sobresale su cuñado, el esposo de su hermana Inhye, quien se preocupa por ella al punto de lograr un acercamiento que parece inofensivo, pero que poco a poco se va volviendo oscuro y prohibido. Aun así, surgen ciertas intenciones que se habían mantenido muy bien ocultas en la primera parte. Para alcanzar a describir estas decisiones e impulsos, la autora recurre a un narrador en tercera persona, sobre todo para mantener el suspenso con cada hecho y cada situación que se va dando y que otra vez logra sorprender al lector, muy en especial cuando se descubre lo que ya se ha consumado, y que puede considerarse una falta o una traición. En este capítulo los desnudos y el erotismo cobran mucho protagonismo al igual que la prosa en la narración, que no escatima en palabras, imágenes y términos para mostrar aquello que se denomina como “la mancha mongólica”.

En la tercera parte titulada “Los árboles en llamas” la narración se mantiene en tercera persona para focalizarse en Inhye, la hermana mayor de Yeonghye, quien se encarga de cuidar de su hermana que permanece recluida en un hospital psiquiátrico. Y es que a Inhye le sobran las razones para decir que su hermana está mal de la cabeza. Parte de los procedimientos dentro del hospital es mantenerla sedada y aplicarle alimentos líquidos debido a la rotunda decisión de Yeonghye de ya no probar ningún tipo de bocado, así sea vegetal. Y esta decisión afecta mucho su salud, pero a ella no le importa, pues sólo espera terminar con su vida humana para empezar una vida vegetal, propia de la naturaleza, tan igual a la que rodea este hospital alejado de la ciudad. Su hermana Inhye intenta entenderla, pero sólo escucha ciertas incoherencias por parte de Yeonghye, quien llega a afirmar que de su cuerpo de mujer saldrán ramas y raíces como cualquier planta (de allí la referencia a la portada tanto en español como en otros idiomas). Y a pesar de este comportamiento, Inhye intenta ayudar a su hermana junto a los médicos y enfermeros. Sin embargo, Yeonghye se mantiene firme en lo que podría ser su última decisión. Y en esta lucha se mantiene una tensión tan cercana a lo trágico, en especial si de por medio está el cuerpo frágil de una mujer.   

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Datos del libro reseñado:

Han Kang

Ganadora del Premio Nobel de Literatura 2024

La vegetariana

Random House, 2024

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Entrevista: Lucero de Vivanco

“La natación es evasión, fantasía y búsqueda de identidad” – Entrevista a Lucero de Vivanco

Por Eliana Del Campo

Lucero de Vivanco, escritora y académica peruana, ha centrado su labor en los estudios literarios, la memoria histórica y la representación de la violencia política en Latinoamérica. Su obra académica incluye investigaciones sobre la literatura testimonial y la crítica cultural, mientras que en el ámbito de la ficción ha explorado diversas formas narrativas. Entre sus publicaciones literarias, destacan el libro de relatos Escrito por una elefanta (Cocorocoq, 2022), y su más reciente trabajo, Agua (Cocodrilo Ediciones, 2023), donde explora su experiencia como nadadora competitiva, entrelazándola con problemáticas como el abuso familiar y la presión deportiva.

En esta entrevista, Lucero de Vivanco profundiza en las múltiples capas simbólicas de su última obra, desde la representación del agua como refugio y amenaza hasta los silencios como una forma de contención narrativa. Reflexiona sobre los mecanismos de disciplina del cuerpo y cómo el deporte competitivo replica las dinámicas de poder en la vida familiar. A través de una escritura minimalista y cargada de tensión, Agua se posiciona no solo como una historia de confrontación, sino como una búsqueda por recobrar las narrativas del pasado familiar.

En Agua, el cuerpo no solo es un objeto de disciplina deportiva, sino también un campo de resistencia frente a la presión familiar, tanto como espacio físico de confrontación como un símbolo de agencia. ¿Cómo ha sido la exploración de la idea del cuerpo y sus representaciones, dentro y fuera del deporte, al momento de escribir?

Qué bueno que me hagas esta pregunta, porque el cuerpo fue un concepto clave para mí en el proceso de concebir y escribir la novela. Pensé en el cuerpo como una “categoría”, es decir, como algo a lo que socialmente se le atribuye distintos significados y valores, y se le exige determinados comportamientos, rendimientos, normativas, etc., en función de patrones culturales e ideológicos específicos. En la novela se trata del cuerpo de una niña, especialmente vulnerable tan solo por el hecho de ser niña. Ella es una nadadora que se esfuerza más allá de sus límites para ser campeona y con ello ganarse el amor del padre. En términos simbólicos, se trata de un cuerpo entregado al sacrificio para que el padre construya su orgullo y su gloria en el marco de una sociedad patriarcal. En este sentido, es un cuerpo exitoso, un cuerpo que vehiculiza triunfos y reconocimientos públicos, aunque soslaya el costo que eso tiene para la niña nadadora.

Por otro lado, esta niña es víctima de abuso sexual dentro de su ambiente familiar. Es otra forma de que ese cuerpo se “use”, se cosifique, otra manera de someterlo a necesidades y exigencias de terceras personas, pero en este caso, en el ámbito privado, oculto bajo una codificación secreta. Quería representar el uso abusivo de este cuerpo y el mensaje afectivamente contradictorio con el que se carga a la pequeña protagonista: su cuerpo es digno de aplauso y lucimiento, por un lado, y de sujeción y encubrimiento, por el otro. Años más tarde, de adulta, la protagonista relee la historia de su propio cuerpo y recién ahí puede confrontar, evaluar de manera distinta las orientaciones y exigencias recibidas en la infancia y generar una narrativa, ya no solo de resistencia sino de rechazo al abuso.

La relación entre la protagonista, la figura paterna y las expectativas familiares sugiere una tensión entre el éxito impuesto y la autodeterminación. ¿La presión del éxito deportivo durante la infancia replica las tensiones de poder y control de la vida adulta?

En la novela, pienso en la infancia como un momento de gran vulnerabilidad. Como niña, hay muy poco espacio para que la protagonista no se entregue con confianza a las personas que la rodean y que forman parte de su ambiente cotidiano. La autodeterminación demanda seguridades y claridades que la protagonista va adquiriendo en el camino a convertirse en un sujeto adulto. Creo que la novela muestra ese camino hacia la adultez o, más bien, el salto hacia la adultez, que supone quebrar las narrativas que hasta cierto momento explican y justifican los primeros años de vida, para poder construir otras que se ajusten más a la experiencia personal real, mirada sin miedo y sin prejuicios. En este contexto, claro que la presión del éxito deportivo es un mecanismo de control y poder. Pero la novela también habla de la natación como un espacio que la protagonista tiene para sobrevivir a estas mismas presiones y a las exigencias sobre el cuerpo a las que me refería en la pregunta anterior. La natación es evasión, es fantasía, es búsqueda de identidad y es, al mismo tiempo, la oportunidad para recibir cariño y atención del padre. La novela pretende meterse en estas zonas grises, en estas ambivalencias. No se trata de un ejercicio de poder desnudo: hay espacios de crecimiento y empoderamiento también para la pequeña nadadora.

El arco narrativo se orienta hacia la descomposición de las dinámicas familiares, especialmente con el final de la primera parte que retrata el momento de la renuncia a la competencia primando la deconstrucción del ideal más que la victoria. ¿Es una manera de reescribir el mito del héroe deportivo?

Me gusta cómo formulas esta idea de renuncia a la natación, como una instancia en la que prima “la deconstrucción del ideal más que la victoria”. Así, en efecto, lo quise representar: se renuncia ante el fracaso. La propia renuncia constituye la aceptación de una derrota y la caída de la fantasía épica. Pero, ¿no comporta eso también una sabiduría? ¿No es saludable reconocer los límites del deseo y del cuerpo? ¿No es valioso analizar con sinceridad la cuantía real de nuestra voluntad? En este sentido, hay una duplicidad en ese acto de renuncia: es pérdida y ganancia al mismo tiempo.

Por otro lado, creo que el mito del héroe deportivo está caracterizado por el perfecto equilibrio entre el esfuerzo y el logro. Si el logro no retribuye el esfuerzo invertido: fracaso. Si el esfuerzo es poco para el logro alcanzado: suerte, azar (otro tipo de fracaso). ¿Cuánto pesa el esfuerzo?, podría haberse preguntado un atleta griego tras la competencia, al hacer la remoción ritual del sudor y el polvo pegado a su piel, una piel untada previamente con aceite como mecanismo para objetivar su esfuerzo. Pero en la novela no hay heroísmos, pues las exigencias al cuerpo son siempre mayores que las retribuciones. Más bien prima un gesto transversalmente abusivo, aunque enmascarado, normalizado, familiarizado. Los registros de esas zonas intermedias, porosas, son las que me han interesado explorar.

El agua en tu libro más que un entorno deportivo, es un símbolo de cómo se pueden sumergir los verdaderos sentimientos en detrimento de otros. Una vía de escape que aísla los sentidos y favorece la introspección. ¿Cómo fue abordar la materialidad del agua, entre lo vital y lo destructivo?

El agua es un símbolo potentísimo en todas las épocas y culturas. Polivalente al máximo y, como tal, contradictorio. Al igual que el “cuerpo”, quise llevar a la novela varios de sus significados y valores. En un sentido positivo, siempre en el plano simbólico, el agua era, para la pequeña nadadora, la posibilidad de ser acunada en un gran útero, protegida de situaciones que experimentaba como amenazantes en el exterior, en una cotidianeidad rodeada de adultos. El agua era la posibilidad de purificar el malestar, de limpiarse lo sucio; de sentirse fuerte y poderosa gracias a sus habilidades natatorias; de profundizar en su inconsciente e imaginar otras vidas posibles. El agua es el lugar de la orientación y la supervivencia. Pero, en su sentido negativo, el agua también se experimenta en la novela como agua turbia o estancada, por donde desaguan las violencias normalizadas dentro del hogar; es un remolino que avasalla la inocencia; una turbulencia que arrastra contra la voluntad; una fuerza destructiva que invade como una marea alta o una inundación. El agua es todo eso al mismo tiempo: pulsión de vida, crecimiento, fluidez hacia la autonomía adulta; y pulsión de muerte, sometimiento, falta de oxígeno vital, hundimiento en el dolor.

Los silencios juegan un papel crucial, especialmente en los momentos de tensión emocional relacionados con la infancia y las relaciones familiares, en los que se deja espacio para la ambigüedad interpretativa. ¿Cómo fue el proceso de narrar desde el silencio y usar eufemismos para recrear tensión entre los personajes?

Qué hermosa pregunta. Disfruto mucho cuando logro identificar en las novelas la integración de los silencios, las elusiones, los hiatos, puestos ahí para que el lector o la lectora se activen creativamente con el texto. Cuando comencé a escribir Agua, tenía algunas certezas. Una de ellas, era que quería escribir una historia de manera minimalista, en el que no faltara ni sobrara nada. Fundamentalmente, por dos razones. Por un lado, quería simplemente mostrar sin dar opinión, sin juzgar. Eso significó ser siempre consciente de la narradora y asegurarme de que sea una narradora adulta intentando ella misma recuperar su mirada infantil. No tratar de que sea la niña la que narre, sino la mujer grande que reconstruye su mirada inocente. Creo que eso influye en los silencios, pues la propia narradora, en tanto protagonista, debía guardar muchos silencios en un hogar habitado por adultos. El silencio era su forma de testimoniar, un medio para registrar, actividad que ella hace desde lugares de enunciación protegidos, como su cueva-barco o su covacha bajo la mesa de costura. La novela pretende reproducir esos silencios.

Por otro lado, el silencio, alegóricamente hablando, forma parte de la tematización de la novela, pues hay cosas de la dinámica familiar que tienen que mantenerse en silencio, en secreto más bien. Aparece así en uno de los fragmentos que en la novela se llaman “Línea negra” y que corresponden a momentos de ensoñación que la niña tiene mientras entrena en la piscina: “Un secreto es como un silencio. Y el silencio es prohibición, parálisis, hueco, censura, vacío, despojo, anonimato”. Los silencios tienen que ver con un sistema de encubrimiento de abusos o de prácticas abusivas que se ejercen dentro de un marco de “normalidad”. Por eso los personajes llevan disfraces y sus nombres corresponden a los disfraces que visten. Es una gran mascarada de cómo se establecen relaciones familiares, que lamentablemente siguen vigentes hoy en día.

En tu libro, la narración oscila entre el presente y la evocación de recuerdos fragmentados. ¿Cómo surgió el uso de esta estructura temporal en Agua? ¿Qué relación hallas entre el deporte de alta competencia y la fragmentación de la memoria familiar?

Hay varios elementos que se conjugan en la estructura temporal de la novela. Lo más evidente es el uso del tiempo pasado como forma verbal del recuerdo. Pero eso contrasta con una segunda modalidad, que es la narración en tiempo presente, utilizada en gran parte de la ficción. Elegí el presente narrativo porque, en general, es el tiempo en el que se relatan las experiencias traumáticas o las vivencias que impactan con gran intensidad. Estas se registran con ciertas particularidades en el cerebro, desarticuladas respecto de un contexto (tiempo y lugar) específico. Cuando se activan las emociones asociadas a esas memorias, suelen percibirse como si se estuviera padeciendo nuevamente el episodio en cuestión. Eso fue lo que me llevó a optar por el presente: imaginar que la protagonista, en su narración sobre su infancia, revive los abusos y exigencias a las que fue sometido su cuerpo.

Ese tiempo verbal, quisiera pensar, es la manera que tiene el personaje de compartir sus vivencias con las lectoras y lectores; de dejarles entrar en su historia íntima y comunicarles las emociones que todavía la marcan en la adultez. Esto tiene que ver también con la estructura fragmentada de la novela. No hay una línea argumental que haga avanzar ordenadamente la trama. Preferí construirla a partir de escenas y que la historia se vaya revelando por acumulación de situaciones. El deporte de alta competencia obedece más a una narración lineal, una épica de avance progresivo. La estructura de fragmentos, me parece, contrasta con ese supuesto. Pero no hay héroes en esta novela, como comenté anteriormente. Hay tan solo un aprendizaje respecto de cómo gestionar en la vida las heridas que perduran para siempre.

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Reseña: Ídolo en llamas (2023) de Rin Usami

La devoción está en otra parte

Por Sebastián Uribe

No son muchos los premios literarios en los que confío, pero, entre los que sí, están el Premio São Paulo de Literatura (Brasil) y el Akutagawa (Japón), por mencionar un par. Ello, además de los blurbs de esta novela, que llegan a compararla con las primeras de Dostoyevski, generaron mi interés por leerla.

 La novela de Rin Usami (Shizuoka, 1999) comienza con Akari, una adolescente con problemas de aprendizaje en el colegio, quien se encuentra preocupada por su ídolo, el cantante Masaki Ueno, su oshi –que es como se denomina en japonés al ser idolatrado– al verse este último envuelto en un escándalo mediático por el maltrato a una aficionada. La narración llega al lector a través de la voz de la joven, con el candor propio de la edad, que al inicio nos invita a pensar este libro como una novela ligera y entretenida sobre las cuestiones que enfrenta alguien que se vuelve seguidor de un cantante o una banda y busca asistir a todos los conciertos, adquirir los álbumes el mismo día de su lanzamiento, ser parte de un club, conocer todos los datos biográficos del ídolo, despejar los rumores que se tejen alrededor de su accionar, entre otras actividades relacionadas. En fin, alguien podría pensar que se encuentra frente a un libro sobre todo lo que implica ser fan, lo cual no es nada sencillo. Sin embargo, esta afición se irá cargando de bruma para Akari cuando aumente la exigencia de atención y sacrificio, tornándose en un peligroso comportamiento sectario:

“Cada vez que me imaginaba un mundo sin mi oshi, también pensaba en despedirme de la gente de aquí. Fue nuestro oshi quien nos unió, y sin él, nuestra relación se desharía sin más. Algunas personas cambian a diferentes géneros, como lo había hecho Narumi, pero yo sabía que nunca podría encontrar otro oshi. Masaki sería mi único oshi para siempre. Él era el único que me conmovía, me hablaba, me aceptaba”.  (p. 42)

¿Qué lleva a alguien a entregarse por completo a una devoción por una estrella? ¿Cuál es la frontera entre la admiración y la obsesión? Usami explora dichas preguntas en la voz de Akari, quien progresivamente va descartando todo anhelo en su vida salvo uno: entregarse por completo a su ídolo.  En el transcurso de la lectura, somos espectadores de las acciones que la protagonista realiza para poder estar a la altura de su oshi. Desde estar atenta a todo el ruido orquestado alrededor de Masaki hasta cumplir con una serie de rituales caseros, como ver todos sus lives de Instagram o escribir en un blog. El día a día de la joven, el cual transcurre entre tener un trabajo precarizado y asistir a los cursos de la escuela, hace que ser la mejor fanática sea su único y verdadero propósito. En tiempos donde imperan las exigencias en los ámbitos laboral y académico, ser fan implica desplazar estas demandas convencionales fuera de uno mismo, utilizando la devoción o la pertenencia a un fandom como una forma de evasión en la que se cumple una misión donde no hay límite:

“Comencé a notar que anhelaba empujar mi cuerpo a su límite, reducirlo, buscar dificultades. Desprenderme de todo lo que tenía —tiempo, dinero, energía— a cambio de algo que se hallaba fuera de mí misma. Casi como si, al hacer eso, pudiera limpiarme. Que al volcarme en ello y sufrir el dolor a cambio, podría encontrar algún tipo de valor en mi existencia”. (p. 76)

Aunque los monólogos de la protagonista a veces resultan repetitivos al justificar su fanatismo, Usami usa esa repetición para reflejar la irracionalidad juvenil. Así muestra cómo la identidad de la protagonista se forma en un contexto de exceso de información, donde lo virtual juega un papel importante en los vínculos que se crean.

El texto también muestra cómo las redes sociales pueden ser agresivas y cómo la falta de verificación de hechos permite que la gente cree sus propias versiones de la realidad. Esto es parte de un comportamiento generacional, donde se prefieren las ficciones a los hechos, lo que lleva a idealizar a un ídolo adolescente sin filtros en las pantallas. Esta idealización afecta a la protagonista, haciendo que sus relaciones familiares y de amistad se vuelvan cada vez más frágiles.

Hacia el final, descubrimos el incendio al que alude el título, acaso una actualización de la simbología del fuego en los mitos clásicos, que volvía a los mortales en dioses y viceversa. ¿Qué ocurre cuando se derriba una fe y no hay un sustituto? ¿Qué se hace con ese vacío espiritual cuando se han dinamitado los demás refugios emocionales? Eso parece cuestionarnos el progresivo desmoronamiento de Akari. La modernidad de esta novela no se basa tanto en los dispositivos o redes sociales que menciona, sino en el conflicto entre dejarse llevar por las emociones y al mismo tiempo despojarse de ellas. En cómo el deseo de sentirlo todo es peligrosamente similar a desear la nada.

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Datos del libro reseñado:

Rin Usami

Ídolo en llamas

Océano, 2023. 136 pp.

Traducción de José Manuel Moreno.