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Reseña: El tiempo de las moscas (2022) de Claudia Piñeiro

Moscas, mujeres y muerte

Por Omar Guerrero

El tiempo de las moscas (Alfaguara, 2022) es la nueva novela de la escritora argentina Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960), autora reconocida por sus libros de novela negradonde siempre (o casi siempre) ocurre un asesinato (o varios), dando paso a una verdad que queda por descubrir. Buena parte de su obra ha sido merecedora de innumerables premios, además de ser adaptadas al cine o a la televisión. Esta nueva entrega es la continuación de la novela Tuya (Alfaguara, 2005). Su personaje principal es Inés Pereyra, quien ahora ha decidido cambiar su apellido de casada a Experey. Con esta decisión desea enterrar todo lo que significó su matrimonio, aunque no lo que fue su familia, sobre todo, su condición de madre, o lo que queda de ello.

Inés estuvo quince años en prisión por haber cometido un asesinato después de descubrir la infidelidad de su marido. Una vez en libertad, ella ha logrado reformular muchas cosas en su vida. Hasta ha logrado asumir con ironía ciertos hechos que le sucedieron, como adquirir para ella misma el término “tuya”. También ha logrado entablar una sincera amistad con otra expresidiaria que se hace llamar la Manca. Al mismo tiempo, ha creado una empresa de fumigación llamada MMM Control inofensivo de plagas. Tres emes. La primera, relacionada a las moscas (su insecto preferido). La segunda, vinculada a las mujeres (porque ella es su propia jefa y espera tener solo clientas). Y la tercera, en relación con la muerte (esta última con respecto al acto de fumigar). De esta manera, Inés se convierte en una especialista en venenos: mata todo tipo de insectos o plagas, menos moscas, porque, como ya se ha dicho, es su insecto favorito. Tanto le atraen las moscas que desde que estuvo en la cárcel ha leído muchos libros relacionados a este tema (de ahí el título de esta novela). Por su parte, la Manca también desarrollará trabajos de investigación privada, como si fuese una detective. La mayoría de los casos que investiga tienen que ver con temas de infidelidad en varones, sean esposos o novios, lo cual detesta, pero tiene que aceptarlos por ser rentables. Con estas nuevas ocupaciones, ambas se convertirán en una especie de Thelma y Louise que intentarán remediar más de un problema personal, siempre con un sentido de justicia, sobre todo si atañe a lo femenino.   

Otro personaje que proviene de Tuya es Laly, la hija de Inés, quien ahora se hace llamar con su verdadero nombre: Laura. Ella es madre de Guillermina, una adolescente como cualquiera, solo que le gusta mucho montar skate. Laura también es mamá de un pequeño bebé llamado Dante, producto de su nuevo compromiso. Junto con Javier, la nueva pareja de Laura, padre biológico de Dante y, a la vez, padre adoptivo de Guillermina, forman una familia ideal, tan igual como lo deseaba Inés en Tuya. La única diferencia es que en esta vida de familia tan perfecta no existen infidelidades. Tampoco existe Inés. Ella ni siquiera es mencionada. 

Ambos personajes han decidido enterrar su pasado, aunque la trama de El tiempo de las moscas hará que vuelva a surgir esta relación entre madre e hija que ambas creían finiquitada. Cabe aclarar que esta relación en Tuya era totalmente desastrosa. Inés, en su afán de salvar su matrimonio, pensando siempre en el qué dirán, se dedicaba a saber todo sobre la infidelidad de su marido. Es entonces que se olvida de prestar atención a su hija Laly (ahora Laura), a quien consideraba una adolescente conflictiva con la que no podía ni siquiera conversar, mucho menos entenderla, al punto de llegar a confundir su temprano embarazo con una gordura. Es más, ni siquiera se llegó a enterar de que su hija de diecisiete años estaba por dar a luz, no sin antes pasar por la tentativa de un aborto. Producto de este embarazo nace Guillermina, quien ha crecido sin la presencia de su abuela, tampoco de su abuelo. Este lugar fue reemplazado por Blanca, la madre de Inés, cuya memoria sí persiste en Laura y en Guillermina. (Blanca murió antes de ver a su hija Inés de nuevo en libertad).   

El reencuentro entre madre e hija se dará a partir de la presencia de otro personaje femenino. Su nombre es Susana Bonar, también llamada Petra (mencionada de esta manera por sus colegas de televisión por la dureza y frialdad que la caracteriza). Se trata de una mujer siniestra de mucho poder y dinero que contratará los servicios de Inés no solo para que fumigue su casa, sino para que le venda, a cualquier precio, un poderoso y efectivo veneno para acabar con la vida de alguien cuya identidad se desconoce. Inés se niega en un primer momento. No desea saber ni siquiera quién será la víctima. Piensa que puede ser una venganza ante una infidelidad, tan igual como lo hizo ella en el pasado y que la obligó a ir a prisión. Tanta es la insistencia de Susana Bonar y la oferta de pagar lo que sea, que Inés duda en aceptar su propuesta a pesar de recibir un adelanto. No quiere verse comprometida en otro asesinato. No desea volver a la cárcel. Se lo comenta a la Manca, que no puede ocultar su asombro ante la oferta que ha recibido su amiga Inés. Lo que sí llega a ocultar la Manca (de manera momentánea) es un diagnóstico que compromete seriamente su salud. Este secreto queda descubierto por Inés, quien obliga a su amiga a llevar un tratamiento para salvar su vida. ¿Pero cómo? Si el sistema nacional de salud argentino pospone cualquier atención por los siguientes meses, largos meses, la única manera viable de tratar el problema de salud de la Manca es a través de un médico particular, pero cuesta muy caro. Inés no quiere perder a la única amiga que ha tenido en su vida. Por eso, acepta la propuesta de Susana Bonar de venderle el veneno que necesita para acabar con la vida de alguien. Por su parte, la Manca no puede rechazar la ayuda de su amiga Inés, a pesar del riesgo que esto significa, no sin antes poner la condición de investigar a fondo para saber a quién será derivado el veneno que desea comprar esta mujer llamada Susana Bonar. Es a partir de este punto que sucede lo mejor de la novela, sobre todo por desarrollarse el descubrimiento de una verdad aún oculta.

El tiempo de las moscas empieza con tres epígrafes. Uno de Marguerite Duras de su texto Escribir. Otro de una canción de Chico Buarque titulada “Uma cançao desnaturada”, y el tercero del libro Movimiento perpetuo de Augusto Monterroso. Los tres epígrafes son bastante explícitos con lo que se desarrolla en la novela de Claudia Piñeiro, sobre todo los textos de Duras y Monterroso. Cito el primero: “La muerte de una mosca: es la muerte (…). Vemos morir a un perro, vemos morir a un caballo, y decimos algo, por ejemplo, pobre animal… Pero por el hecho de que muera una mosca, no decimos nada, no damos constancia, nada”. Cito el tercero: “Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres”.

Ya se ha mencionado la amistad entre Inés y la Manca. Es precisamente la segunda quien cobra relevancia en esta historia no solo por las acciones que realiza sino también por sus deducciones, incluso hasta por lo que piensa, sobre todo si es para cuestionar cualquier sistema impuesto, más aún si este afecta a lo femenino. Aquí un ejemplo: “-Inés, vos mataste, pero con motivo. Tuyo, propio, equivocado o no, pero con un motivo. Se ve la diferencia, ¿no? Y el daño que te hicieron y la emoción violenta y etcétera, etcétera. Además, pagaste lo que hiciste. Éste mata porque chupó de más, porque se quiso hacer el loquito, porque corría una picada, porque se sentía poronga, o andá a saber. Pero sin motivo que lo justifique, y seguro no paga ni la mitad de lo que hizo. (…) Inés intenta convencerse a sí misma de la diferencia entre ella y el hombre que, según el noticiero de la TV, está prófugo después de matar a tres personas en un accidente de tránsito. En el informe no lo llaman asesino. Sospecha que si a ese hombre lo compararan con ella se sentiría ofendido. En la mesa, por debajo de la caja de la pizza y las latas de cerveza, se asoma el sobre con los mil dólares que le dio la señora Bonar, unas horas atrás. Inés deja la vista perdida allí, sin ver. La Manca sigue la dirección de su mirada y decide reconducirla a ese asunto tan descabellado y a la vez tan concreto -una cliente quiere que le venda veneno para matar a alguien-”.   

En la novela también se inserta un coro femenino (o de feministas) como si fuese un coro griego. Ellas también cuestionan, preguntan, responden, deducen, deciden y votan. El lector, en esta ocasión, tendrá que descubrir si estas decisiones o votos interfieren en los hechos de la novela. Aquí un ejemplo: “Me parece que Medea no tenía red de amigas. Nadie que la parara, pobre mujer. ¿Pobre mujer? Andá a saber cómo era la amistad entre mujeres por aquel entonces. “Desterrada y sin honra”, le cantó el coro, porque el marido no se acostaba más en su cama. Mi marido y yo dormimos en camas separadas. Nosotros dormimos bajo distinto techo. Nosotros juntos, pero no cogemos. ¿Cojemos o cogemos? Depende. Yo tuve un bulto en una teta y cada vez que me hago una mamografía espero lo peor. A mí no me da miedo, pero me duelen en ese aparato que te toma las imágenes. El dolor de Medea, ése sí que es dolor. ¿Te referís al dolor después de matar a sus hijos, o antes, cuando Jasón la deja por Creúsa? No la deja por Creúsa, la deja por un reino. Típico. Ningún dolor justifica lo que hizo. Nadie intenta justificar, pero nos merecemos, a esta altura, comprender. Yo con dolor de tetas te mato a alguien. ¿Tanto puede doler ser dejada por un hombre? Ser dejada, punto, que si te deja una mujer tampoco debe ser agradable. Debería ser lo mismo. Ni idea, yo no me atrevo, como Inés. El verdadero problema es el desgarro porque no te quieran más. Si mi marido me deja o se muere hoy, yo sigo sola con el resto del camino. Coincido, con mano o sin mano, yo me arreglaría muy bien. A mí me dejó y me arreglo más o menos. Yo lo dejé a él. Busco y no encuentro ningún hombre que me atraiga. Yo tampoco. Vos tenés marido. Mi marido es mi marido, pero busco. Miro a mi alrededor y nada. Miro al ras del piso. Yo me río mucho más con mis amigas que en una cita con un hombre. Pero es que no salís con un hombre para reírte. ¿Y para qué? ¡Para coger! Cojer. Coger. Votemos”.   

Cabe aclarar que en estos capítulos correspondientes al coro femenino se introducen textos en cursivas correspondientes a discursos feministas de autoras y activistas como Rebeca Solnit, Toni Morrison, Sara Ahmed, Marta Lamas, Rita Segato, Esther Perel, Francesca Izzo, Florencia Angiletta, Lina Meruane, Marguerite Duras, Vivian Gornick, Natalia Ginzburg, Chimamanda Ngozi Adichie, Angela Davis, María Mies, Judith Butler y Rosa Montero. Sus nombres aparecen al final de cada uno de estos capítulos a partir de notas donde también se colocan sus libros o discursos citados.

Otros temas que se desarrollan en El tiempo de las moscas son la maternidad, la salud, la relación entre madre e hija, los hijos, la familia, la identidad sexual, lo transexual, el machismo, el feminismo, la muerte, la amistad y el duelo. Incluso hasta se podría considerar la venganza. Aunque esta última se puede concretar o no. Todo depende de la decisión final de Inés, y también de las investigaciones de la Manca, su fiel amiga. Como ya se ha dicho, ambas son como Thelma y Louise, solo que tendrán que decidir y actuar a tiempo para que el final, esta vez, sea diferente, sea mejor, menos trágico, más alegre, sobre todo en sus vidas.

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Datos del libro reseñado:

Claudia Piñeiro

El tiempo de las moscas

Alfaguara, 2022

Puntaje: 4/5

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Entrevista a Claudia Piñeiro

Claudia Piñeiro en el Hay Festival Arequipa 2022

Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960) es escritora, dramaturga y guionista de televisión. Ha obtenido diversos premios dentro y fuera de Argentina por su obra literaria, teatral y periodística. Es autora de las novelas Las viudas de los jueves, Premio Clarín de Novela 2005 y llevada al cine y dirigida por Marcelo Piñeyro; Tuya (Alfaguara, 2005); Elena sabe, Premio LiBeraturpreis 2010 y finalista del Booker Prize 2022 (Alfaguara, 2007); Las grietas de Jara, Premio Sor Juana Inés de la Cruz 2020 (Alfaguara, 2009); Betibú (Alfaguara, 2011), Un comunista en calzoncillos (Alfaguara, 2013), Una suerte pequeña (Alfaguara, 2015), Las maldiciones (Alfaguara, 2017), Catedrales, Premio Dashiell Hammett en la Semana Negra de Gijón 2021 (Alfaguara, 2020). En el 2019 ganó el XIV Premio Pepe Carvalho de novela negra por conjunto de su obra. También es guionista de la serie El reino, coescrita y dirigida con Marcelo Piñeyro, cuya primera temporada se puede ver en la plataforma Netflix, la misma donde se verá próximamente la segunda temporada de esta serie, además de la adaptación de su novela Elena sabe (información brindada por la misma autora). Aprovechamos la visita de Claudia Piñeiro al Hay Festival Arequipa 2022 para hacerle esta entrevista.  

Por Omar Guerrero

El tiempo en las moscas es la continuación de Tuya. Sucede diecisiete años después. Su personaje principal pasó a llamarse Inés Pereyra a Inés Experey. ¿Fue fácil configurar este personaje después del tiempo transcurrido?

Fue una de las novelas que más me costó escribir. Y me costó justamente por eso: encontrarle la voz a un personaje que, en la novela original, la del 2005, era una mujer absolutamente machista que estaba todo el tiempo preocupada por las apariencias para mostrar hacia afuera una familia que no era la que tenía pero que es la que ella quería mostrar. Y sale a un mundo donde se pateó el tablero de alguna manera, en todo lo que tiene que ver con el lugar de las mujeres en el mundo. Quedan muchas cosas por hacer, pero hay muchas cosas que se modificaron y, sobre todo, muchos sellos que nos habían puesto y que ahora nos incomodan. Entonces esta mujer, que se había agarrado todos los sellos, que todo le parecía que para ser mujer había que ser como dictaba las normas del patriarcado, sale a un mundo donde se pateó el tablero, y además ella también sale modificada por el tiempo de haber estado presa. Entonces había que encontrarle una nueva voz. Así como en Tuya, Inés Pereyra causaba gracia cuando decía alguna de las barbaridades que decía: del lugar de la mujer en el mundo. Diecisiete años después, ya no causa gracia. Es como decir, que bestia lo que está diciendo esta persona. Entonces había que encontrarle el tono para que conservara el humor y a su vez pudiera decir algunas de sus cosas, pero que no se pasaron de la raya en este nuevo mundo donde aprendimos todas que hay cosas que, desde el lenguaje, desde cómo se dicen también, generan algo en la realidad.

Inés también se hace llamar “tuya” en esta nueva entrega, tan igual como lo hacía Charo, su personaje antagónico en la primera novela. ¿El uso de este seudónimo indica un arrepentimiento y una forma de entender a otra mujer sin importar que ésta haya sido la causante de la desgracia en la vida de Inés? ¿Es una forma de proponer un feminismo?

Yo creo que tiene que ver con entender que todas las mujeres somos distintas y que todas podemos ser mujeres de distinta manera. Charo le quitó a ella algo que era esa fantasía de lo que era su familia. Inés sentía que le quitaba algo, pero se empieza a dar cuenta que también le dio algo que es este nuevo conocimiento de cómo ser mujer y que el mundo que ella quería era una ficción. Entonces se apropia de su nombre. Inés dice: “yo me apropio de su nombre porque ella se apropió de otras cosas mías”, pero a su vez, tenés razón en tu pregunta, en cuanto a que, de alguna manera, ella le quitó cosas, pero también le dio otras cosas nuevas.

¿La presencia de La Manca en la nueva vida de Inés fue concebida desde el inicio de la novela o apareció en el proceso de escritura?

Fue concebida casi desde el principio de la novela. Yo necesitaba que ella conversara con alguien. Inés en la primera novela no conversa con nadie. Cuando quisieron hacer la película, el primero que la quiso hacer fue Alejandro Doria, un gran director argentino que murió y no la pudo filmar. Él me decía: pero insisto que hable con alguien. No tiene empleada doméstica. No habla con nadie. No tiene amigas. Y era una mujer que escondía todo y demostraba apariencia. Entonces no podía tener un diálogo sincero con otras mujeres al entrar en la cárcel. Ella empieza a tener una sociabilización con otras mujeres que no había tenido antes y encuentra una amiga. Por primera vez encuentra una amiga de verdad y se resiste un poco. Esto de decir: es mi amiga realmente. Y a partir de ahí, encuentra vínculos que no tenía hasta el momento.

La Manca es quien realiza la mayor parte de las investigaciones. Es un catalizador a la nueva vida de Inés. ¿Este personaje femenino tiene algún antecedente o referente de alguna novela negra?

No lo sé. Quizás de todas, porque uno busca quién puede ser el investigador. Aquí el investigador no es una, son las dos, de alguna manera. Ellas mismas investigan sobre el crimen que tal vez van a cometer y que deciden si lo hacen o no lo hacen. Pero La Manca es la que se dedica a investigar mientras Inés se dedica a fumigar. Y me parecía interesante porque muchas de estas empresas de investigación privada que dirigen mujeres, casi todas las propuestas que tienen son sobre la infidelidad del marido o investigarle las cuentas, o cosas así, pero siempre relacionado con los hombres. Es decir, pateamos el tablero de nuevo. Tenemos que investigar a los hombres y entonces ella un poco reniega de eso, pero bueno, es lo que le da los ingresos. Pero ella dice: “yo quiero investigar otras cosas”. Y en alguna manera hay un paralelo con las escritoras que siempre nos indican como literatura femenina. Pero no, pará. Yo tengo otras cosas qué decir tan igual como lo hacen los hombres. No quiero que me etiquetes como literatura femenina. Solo quiero que sea literatura. Y ella, La Manca, también dice algo similar, pero tiene que volver a tomar algunas clientas de ese tipo porque es lo que le da para comer.

Esta novela, al igual que Tuya, aborda los problemas entre madre e hija. Sucede lo mismo en Elena sabe, novela finalista del Booker Prize. ¿La maternidad o el amor materno es una forma de zanjar esas diferencias o problemas?

Las dos novelas y varias novelas mías cuestionan la maternidad como sello: “que porque sos mujer vas a ser madre”. Eso está cuestionado y creo que está cuestionado por muchas otras escritoras, pero, además, siendo madre se pretende que vos tengas una posibilidad de vínculo con tu hijo que sea perfecta, sin fisuras. Y desde hace un tiempo muchas mujeres nos atrevemos a decir que es difícil ser maternal, que a veces no te salen las cosas bien, que a veces te salen las cosas mal. A veces, antes si vos reconocías que te salían las cosas mal, eras una mala mujer, una mala madre. Y ahora es como que hablamos mucho más de las dificultades de ser maternal. Me parece que, justamente si vamos a los personajes, Inés no podía hacer ningún vínculo con la hija en Tuya porque no era para ella posible denunciar que tenía una gran dificultad con la maternidad. Cuando después, diecisiete años después, puede denunciar sus dificultades y decir yo no me siento madre, yo me siento una mujer que parí, y empieza a decir esas cosas que parecen muy duras es lo que le permite luego, de alguna manera, recomponer lo que se pueda de ese vínculo. Mientras lo negaba, tenía que decir que era una madre perfecta mientras tanto su hija estaba embarazada, estaba por tener un bebé y ella ni se había enterado. No podía modificar nada. Cuando empieza a aceptar que tiene unos grandes problemas en ese vínculo en la maternidad y que no está sola porque hay muchas otras mujeres que también tienen ese mismo problema es cuando empieza a poder revertirlo.  

Aquí hago un paréntesis para mencionar una parte que me gustó mucho en la novela cuando Guillermina, la nieta, ya sabe de la existencia de Inés, su abuela, y quiere saber más acerca de ella. Y es su propia madre, Laura, quien le dice: “anda a hablar con ella”. Es como que de pronto, esas diferencias quedaron zanjadas.

Y es que fue mucho más fácil para Laura que para la misma Inés.

La maternidad es otro tema recurrente en tus novelas. Hay madres buenas como Laura y madres conflictivas como Susana Bonar. ¿Qué tipo de madre es Inés y qué rol cumple la maternidad en el feminismo?

Inés es una mujer que fue madre, pero que no quiso ser madre. Fue madre porque el rol de la mujer para ella implicaba ser madre, pero nunca se sintió madre. Y nunca pudo hacer un vínculo adecuado con su hija. Me parece que es ese tipo de mujer que no se siente madre y que se descubre madre sin haberlo deseado. En cuanto al rol que cumple la maternidad en el feminismo, esta se encuentra dentro de este movimiento porque muchas de las mujeres feministas somos madres. Yo soy feminista y tengo tres hijos. Y es una de las tantas cuestiones que están implicadas dentro del feminismo con todas las cosas que te pueden dar a favor y también en contra porque siempre la maternidad ha sido un obstáculo puesto por los hombres en el desarrollo profesional de las mujeres. Entonces durante muchísimo tiempo tomar a una mujer o a un hombre se evaluaba. Bueno, mejor el hombre que después no va a pedir licencia por maternidad, que no va a faltar cuando los hijos están enfermos. Siempre fue como algo puesto en la responsabilidad de la mujer, de que si va a ser madre va a ser una trabajadora con ciertas deficiencias. Me parece que, de un tiempo a esta parte, el feminismo está muy preocupado para que se establezcan leyes de cuidado donde ese trabajo gratuito que hemos dado durante muchísimos años y que nos decían eso es amor. Bueno, puedes querer a tus hijos o puedes querer a tus padres, a los que tienes que cuidar, pero también es un trabajo gratuito que sostiene el capitalismo. Este tiene un montón de horas de trabajo gratuito de las mujeres, pues si las mujeres quisiéramos cobrar, no nos podrían pagar. Entonces hay que asumir eso y hay que pagarlo de alguna manera y hay que buscar formas de que la mujer no le implique un menoscabo en su carrera profesional o en lo que quiera hacer de su vida. El hecho de que está obligada por el sistema a cuidar de otros, como si fuera algo intrínseco en la mujer, eso es algo que estableció este sistema y tenemos que desarmarlo de alguna manera.

El aborto también es otro tema presente en tu obra. Se concreta o no. Es una decisión de cada personaje sin importar su edad. Sucede tanto en Catedrales como en Tuya. ¿El aborto es un tema ineludible para el feminismo?

En los países en que no existe, no tengo dudas de que sí porque es uno de los derechos que encadena otros derechos. Si una mujer no puede decidir si quiere o no quiere ser madre, detrás vienen muchos otros problemas, pero, además, supongamos que una mujer decidió que no quiere ser madre y queda embarazada sin haberlo buscado, ella debe tener derecho a revertir esta situación. Nosotras en la Argentina ya pasamos por esto y hasta es como que raro tener que volver a explicar en otros países que está el derecho de la mujer a su propia vida, que está el derecho de la mujer a no morir en un aborto clandestino, que está el derecho de la mujer a tener acceso a la salud, todo eso que en otros países tienen hace mucho tiempo, que en Argentina tenemos hace poco, todavía hay muchos otros países que no lo tienen y yo no tengo dudas que va a seguir apareciendo en la literatura porque son problemas de las mujeres que viven en esos países.

Sabemos de tu participación en el movimiento de los pañuelos verdes en Argentina por la legalización del aborto. ¿Ser parte de este movimiento te ha permitido tener material o historias para tus novelas?

No necesariamente. Me parece que las historias que yo tomé en la literatura son más fruto de la imaginación, pero la imaginación se compone de lo que leemos, de las películas y series que vimos, de los cuadros que miramos, de las historias que nos cuentan. Y en esas reuniones de mujeres y paseando por distintos lugares de la Argentina con estas cuestiones, por supuesto que me han contado un montón de cosas, que, a lo mejor, en algún personaje aparecieron casi inconscientemente. No sé si conscientemente. No dudo que deben haber influido, pero no te puedo decir si en tal novela esto lo hice de manera consciente o influenciada por lo que oí. Digamos, por ejemplo, el aborto ya estaba presente en mis novelas desde antes de estar dentro del movimiento de mujeres de manera activa. Muchas de nosotras fuimos feministas siempre, pero no nos decíamos feministas porque antes para ser feminista tenías que estar concretamente luchando dentro del movimiento feminista. Creo que hoy, la mayoría de las mujeres sabemos que somos feministas, así estemos más activamente en el movimiento, como estoy yo, o, aunque no estemos en ningún movimiento igual sabemos que estamos por los derechos de las mujeres y por tanto somos feministas. Y ojalá los hombres también decidan ser feministas, porque el feminismo y el machismo no son antónimos. Ser machistas es una cosa y ser feminista no es lo contrario de eso. Es estar a favor de los derechos de las mujeres. Nada más.

Aquí coincido contigo y hago otro paréntesis a partir de la lectura que hice del libro de Chimamanda Ngozi Adichie titulado Todos deberíamos ser feministas. Y con lo que se cuenta ahí no hay dudas de que hay que salir a marchar apoyando a las mujeres.

Así es.

Volviendo a la novela El tiempo de las moscas. Ahí se incluye un coro de feministas que opina sobre los hechos y personajes. ¿Como surgió esta idea?

Esa idea surgió con la necesidad de buscar narradores en esta novela. En Tuya la novela transcurría mucho en la cabeza de Inés y acá yo necesitaba otras voces. Está la voz de Inés. Está una tercera persona, pero también está este coro de mujeres que opinan distinto sobre los temas. Sucede así porque dentro de este tipo de reuniones también tenemos muchas discusiones. Opera como la tragedia griega. Un coro en la tragedia griega es una parte de la comunidad o una parte del pueblo que mira lo que está sucediendo en escena y opina y dice esto me parece, esto no me parece. Opina sobre lo que ve y opina sobre lo que se deriva de lo que ve. Acá estas mujeres hacen lo mismo. Ven lo que lo que está sucediendo en la novela con Inés y La Manca y opinan. Y opinan dentro de las distintas controversias y discusiones que hay dentro del feminismo y de la manera cómo se hace en el feminismo donde todas tienen voz, todas se anotan y esperan su turno, todas son escuchadas y después se debate y se vota. Es una asamblea realmente de mujeres. Entonces este coro griego también es una asamblea de mujeres y opera de esa manera como opera el coro griego y como opera la asamblea de mujeres donde la voz de todas es igual. Cuando introduzco citas de autores como Butler o Rita Segato están dentro del mismo discurso, después tienes que ir a la cita a ver quién era, pero dentro del discurso de mujeres está de la misma manera metido que las otras voces, sólo que con una cita de autor porque obviamente si no parece que lo escribí yo.

Me llamó la atención cuando este coro iba a votar. Me preguntaba si su decisión iba a incidir en los hechos de la novela, pero eso ya lo dejamos para que lo descubran los lectores. Más bien, pasemos a la última pregunta. Para escribir esta novela tuviste que llevar un curso de entomología forense para hablar sobre las moscas. También has llevado cursos de criminalística y psicología criminal. ¿Qué otros cursos recomiendas llevar para escribir una novela negra y que autores del género lees y recomiendas?

Yo hago esos cursos porque me interesan. En realidad, no es que estudié entomología para escribir la novela, sino que me interesaba. Estábamos en la pandemia y vi que una universidad ofrecía gratuitamente un curso de entomología forense. Yo ya había hecho cursos de criminalística y dije esto de los bichos aplicados a develar cómo fue un crimen nunca hice y me parecía fascinante unir dos mundos tan de la vida, de los insectos que viven y que crecen y que se reproducen, con la muerte. Y después que hice este curso empecé a escribir la novela. No es que fue al revés. Me parece que cuando uno se mete con temas muy específicos, quizás te encontrarás con lectores que saben más que vos. En el caso del género policial, es importante no cometer errores porque puedes defraudar rápidamente el lector. Si vos decís una cosa que no es con respecto a un tema muy específico, que puede ser cómo se usa un arma o cómo fue el rigor mortis de un cuerpo, o si un cuerpo que se tira a un lago va para abajo o flota y cuántos días pasan. Si vos te equivocás en eso, puede aparecer un lector muy avispado que va a empezar a desconfiar de todo lo que sigue. Entonces me parece que uno tiene que saberlo y solo usar en la novela lo que te parece que es pertinente para esa novela. Yo creo que para escribir novela negra lo que hay que hacer básicamente es leer, leer literatura. No solamente novela negra, leer literatura, porque para escribir hay que leer literatura. Entonces uno va a encontrando los mecanismos. A lo mejor en un mecanismo que no es precisamente el de la novela negra puede ser que me sirva esto para mi novela negra. También leer autores del género y encontrar quiénes son aquellos a los que vos admiras y decir cómo me gustaría escribir como este y a lo mejor hay pequeñas cositas que vas tomando de cada uno. Esos son tus mejores maestros.

No estaba programada esta pregunta. Te la iba a hacer ayer al final del conversatorio, pero decidí que mejor preguntaran los otros asistentes que estaban en el teatro del festival. Pero aquí va: En la novela El tiempo de las moscas se incluye todo un catálogo de libros o novelas que tienen el título o en el contenido aparece la palabra “moscas”, ya sea El señor de las moscas de William Golding, Coronada de moscas de Margo Glantz, La tiranía de las moscas de Elaine Vilar Madruga y hasta esta novela que es también como un policial que ya se volvió un clásico dentro de la literatura argentina que se titula De lejos parecen moscas de Kike Ferrari. ¿Cómo nació esta idea? ¿Leíste todas estas novelas?

Hay muchas que sí leí. La de Kike Ferrari la leí. Leí la de Marguerite Duras, que por supuesto está citado. La de Margo Glantz y la de Monterroso lo leí. Hay muchos textos que los había leído antes. Hay otros que fui descubriendo y que los cité. Hay muchos autores también de literatura infantil que yo no los tenía a mano pero que leí la síntesis de esos libros. El señor de las moscas por supuesto lo leí, pero hay algunos otros que no, pero que me interesaron por el título. Para Inés sucede de la misma manera. Ella dice: cómo escribo algo original sobre esto no si hay tantos que han escrito sobre moscas. Después que escribí la novela, hubo otros lectores y amigos que me han acercado un poema sobre una mosca y otros libros donde incluyen la misma temática como el último libro de Clara Obligado donde tiene una imagen de una mosca. Y entonces me van trayendo más textos sobre moscas. Debe haber una infinidad que no incluí y que deben ser muy valiosas.

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Reseña: Delirio americano (2022) de Carlos Granés

Los delirios de un continente

Por Omar Guerrero

Delirio americano (Taurus, 2022) del ensayista y antropólogo colombiano Carlos Granés (Bogotá, 1975) es, en resumen, y sin ninguna duda, un libro extraordinario, de lo mejor que se ha publicado este año. Se trata de un ensayo extenso, lúcido y bastante exhaustivo que revisa la evolución de la cultura en América Latina y su relación con la política a lo largo del siglo XX. Sobresale, sobre todo, la literatura, aunque no están exentas otras manifestaciones artísticas como la pintura, la música o los happenings, por dar solo algunos ejemplos. Empieza en 1898 con la muerte del poeta cubano José Martí y termina, otra vez en Cuba, casi 120 años después, en 2016, con la muerte de Fidel Castro; aunque este hecho es solo un intento de ponerle fin a un recuento que no termina y que sigue teniendo más protagonistas. Son cerca de 600 páginas que nos muestra, a modo de radiografía y diagnóstico, cómo somos los latinoamericanos y cómo nos hemos desarrollado como continente.

Mario Vargas Llosa, en su columna Piedra de toque del 21 de marzo del 2022, que se publica tanto en España como en el resto de Latinoamérica, incluido el Perú, titula su artículo «Los delirios de la soberbia», tomado del tercer capítulo de este libro al que considera como el más importante que se ha escrito porque resume la historia y la cultura latinoamericana, donde se incluye, además, a Brasil como parte de este continente tan lleno de delirios. En este artículo, Vargas Llosa valora también dos hechos que él mismo desconocía, pero que aquí queda revelado gracias al trabajo minucioso de Carlos Granés: la influencia de las vanguardias latinoamericanas en otras manifestaciones artísticas y la relación del nazismo en otros países como Nicaragua con la llegada al gobierno del primer Somoza.

Pero vayamos por partes. El libro empieza, o da la bienvenida al lector, con un tríptico que se despliega a modo de mapa o cartografía que inicia con el modernismo. Aquí se señala como principales exponentes a Rubén Darío y José Martí. Pasa luego al arielismo de Rodó para después desmembrarse en distintas líneas o brazos laberínticos, sobresaliendo el indigenismo, el surrealismo, las vanguardias o el boom latinoamericano, entre otros, y su relación con hechos históricos y políticos como los caudillismos, la revolución cubana y las dictaduras militares. Y así hasta llegar al arte de la víctima como parte de distintas manifestaciones contemporáneas como es el caso de «Un violador en tu camino» del grupo feminista Las Tesis de Chile, y reproducido en distintas ciudades del continente e interrumpido de pronto por la pandemia (este hecho catastrófico y global no detuvo las iniciativas de las industrias culturales como el Hay Festival y la Feria Internacional del libro de Guadalajara, así sea vía streaming). Paralelo a ello se presentan una serie de populismos en la política actual. En el caso peruano, menciona los ejemplos de Keiko Fujimori y Pedro Castillo (pp. 490-491).

El libro está dividido en unas breves instrucciones (8 puntos para ser exactos), un prólogo, tres capítulos (trabajados cronológicamente) y un epílogo, a parte de una extensa bibliografía, un cuadernillo de ilustraciones a color ubicado en la mitad del libro, cuyos créditos se encuentran también al final junto con un índice alfabético más los respectivos agradecimientos. El prólogo lleva por título «Antes del comienzo» donde cuenta de forma breve pero concisa la muerte de José Martí. La primera parte va de 1898 a 1930, titulado «Un continente en busca de sí mismo», donde sobresalen los delirios de la vanguardia. La segunda parte va de 1930 a 1960, titulado «Los delirios de la identidad» donde cobran protagonismo las nuevas revoluciones y el nacionalismo. El tercer capítulo va de 1960 al 2022, titulado «Los delirios de la soberbia» donde la mayor atención recae sobre las dictaduras militares y el populismo de hoy en día. Y el epílogo, titulado «Antes del final», corresponde, como ya se ha mencionado, a la muerte de Fidel Castro.   

En la primera parte resulta imposible no mencionar las inquietudes de Gonzalez Prada junto con las de José Martí y Rubén Darío. A ello se suman la de Manuel Gutiérrez Nájera y José Enrique Rodó para tener una idea del nuevo americanismo que estaba tratando de implantarse. Por otro lado, José de la Riva-Agüero y Francisco García Calderón también presentarían sus propuestas. Con el nuevo siglo surgen una serie de poetas modernistas como Amado Nervo. Otros de la misma corriente no ocultarían más adelante sus predilecciones políticas como sucedió con José Santos Chocano en relación con el régimen de Augusto B. Leguía. Algo similar se determinaría con Leopoldo Lugones, influenciado por el fascismo de Marinetti. Todo indicaba que el arte, la pluma y el pensamiento iban de la mano con la acción, el levantamiento y el afán revolucionario. Este impulso se concreta con el pintor paisajista Gerardo Murillo, también conocido como el Dr. Atl, cuyo significado es agua en náhuatl (Lugones le añadiría el calificativo de doctor). Él fue un seguidor de la Revolución mexicana desde París, iniciador del muralismo y partícipe del salto del modernismo a la vanguardia. A su regreso a México se convirtió en un activista acérrimo y singular. Es decir, había decidido cambiar el arte por la acción política para imponer sus ideologías. Otros ejemplos de pensamiento y propuestas políticas son los de José Vasconcelos y su idea de raza, Víctor Raúl Haya de la Torre con la creación del APRA y Mariátegui con el socialismo. En el plano literario, aparecen Vicente Huidobro y el creacionismo, el primer Borges y el ultraísmo, un segundo Borges junto con Girondo y Güiraldes y el criollismo. Mientras tanto, los muralistas mexicanos surgían al igual que el futurismo y la vanguardia artística en Brasil. Punto aparte para el desarrollo del indigenismo en la plástica peruana con José Sabogal en la pintura y Martín Chambi en la fotografía. Lo mismo con la poesía vanguardista andina expuesta por Gamaliel Churata y por Carlos Oquendo de Amat. Este último seducido por las nuevas ideas políticas que lo llevó a abandonar las letras. Esta misma vanguardia poética se mostraría también, y de manera exponencial, con César Vallejo. Lo mismo con Huidobro en Chile en contraparte a Neruda. Otro tema son los poetas mexicanos homosexuales transgresores como Carlos Pellicer, Xavier Villaurrutia y Salvador Novo, por lo que se ganaron muchas diferencias con el ya mencionado Dr. Atl, sobre todo al contradecir la imagen del macho revolucionario. En el caso del caribe surgía el minorismo cubano de Carpentier y el afroamericanismo de Luis Palés Matos y Nicolás Guillén. La consigna con todos estos movimientos, tal como lo indica el autor, era la siguiente: «América Latina iba a ser modernista, vanguardista, gaucha, india, colonial, católica, teósofa, negra, universal, gaucha, lo que fuera. Cualquier cosa menos yanqui» (p. 145). Y esta postura antiimperialista hizo abrigar a muchos la idea de una fantasía materializada que impulsaba a los artistas a dirigir el mundo, pues en Europa ya había sucedido algo similar con Mussolini que provenía de la escritura y Hitler de la pintura. Un ejemplo de este delirio fue el movimiento de vanguardia en Nicaragua y el fascismo de Somoza.          

En la segunda parte el mayor protagonismo lo toman los caudillos. En Perú gobernaba Sánchez Cerro después de darle el Golpe de Estado y encarcelar a Leguía. Lo haría sin saber que él sufriría después una serie de atentados. Con su muerte llegaría el gobierno de Óscar R. Benavides, otro militar-caudillo que perseguiría a los apristas, pero que no sería el último porque pocos años después ocuparía el poder Manuel A. Odría, también a través de otro Golpe de Estado. En Argentina surge Perón que crea una telenovela política a partir de su vida sentimental. La presencia de Eva Perón como mujer-símbolo-política es simplemente único. En Colombia se dan actos de violencia con graves consecuencias políticas (contado en la extraordinaria novela La forma de las ruinas de Juan Gabriel Vásquez). Mientras tanto, el cine mexicano llega a su era dorada. En Perú, surge el indigenismo con Arguedas y Alegría. Mención especial para un lugar icónico y trascendental como la Peña Pancho Fierro creado por las hermanas Celia y Alicia Bustamante, sobre todo por sus asistentes asiduos como Salazar Bondy, Eielson y Fernando de Szyszlo. Al mismo tiempo, se da el desarrollo del surrealismo en la poesía con Westphalen y Moro, ambos influenciados por los franceses Breton y Éluard. En otros países de la región aparecen otros grandes genios en las artes plásticas como Guayasamín en Ecuador y Wilfredo Lam en Cuba. Más genios, pero de las letras: Asturias y Uslar Pietri. A ellos se suma Juan Rulfo que, con su obra, breve pero inmensa, retrató el paisaje de México con fantasmas y hechos imposibles de creer. En el sureste, precisamente en Uruguay, aparecían más genios como Onetti, Rodríguez Monegal, Ángel Rama. En el caso de Argentina, la obra de Roberto Arlt ya era un buen antecedente. Lo mismo con Borges que ya se vuelve metafísico al momento de escribir sus cuentos. En Chile, Nicanor Parra hace uso del humor y de la ironía en sus Antipoemas. En Bolivia, aparece Jaime Saenz que se autoproclama como un poeta nazi. Por otro lado, Brasil sorprende al mundo con la creación de Brasilia, una ciudad-modelo cuya idea nació en la mente de su presidente Juscelino Kubitscheck y ejecutada gracias a los arquitectos brillantes que tenía. Y en el caso del caribe, Ernesto Cardenal de Nicaragua sorprende con su primer libro Hora 0 y Lezama Lima en Cuba ya es considerado un escritor descomunal en todo el sentido de la palabra. Al mismo tiempo, en República Dominicana, se implantaba la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo, siempre maquillado, a quien ya le dedicaban varios merengues sin importar tener a sus espaldas la muerte de miles de dominicanos y haitianos. Estos últimos en la masacre del perejil.

La tercera parte corresponde a los delirios de la soberbia que se sintetiza en las revoluciones, dictaduras y la latinoamericanización de Occidente. Imposible no mencionar lo sucedido en La Habana en 1959. Fidel Castro llega al poder con el Che Guevara, Camilo Cienfuegos y otros revolucionarios con los que instaura una nueva idea y esperanza latinoamericana, no solo en la isla sino en todo el continente. Muchos escritores e intelectuales comulgan con las propuestas revolucionarias, pero el idilio no duraría mucho. Guillermo Cabrera Infante y Heberto Padilla serían dos de los principales afectados por la dictadura implantada en Cuba. Mientras tanto el boom surgía y el Che Guevara intentaba repetir sus logros en otros países del continente sin saber que correría la misma suerte de José Martí al tener «una muerte tonta y cruel» (sic) (p. 362). Como ya es conocido, con el caso Padilla se rompe la unión y amistad de los miembros del boom, pues unos se ubican en contra y otros a favor del régimen. Gabriel García Márquez pertenecería al segundo grupo. El capítulo de las diferencias entre Gabo y Vargas Llosa es simplemente genial. Viva la terquedad del primero y el repudio a toda forma de autoritarismo por parte del segundo (“América Latina, 1975-1981: Los escritores ante la democracia”, pp. 444-453). Las posturas de Octavio Paz y Borges también son necesarias de considerar. Por otro lado, en Argentina, Perón regresaba al poder sin saber que sus adeptos se matarían luego entre ellos. En Brasil se creaba el movimiento musical Tropicália con Caetano Veloso a la cabeza, quien sufriría los embates, censura y exilio por parte de la dictadura ya implantada. En Perú surge una guerrilla en la selva de Madre de Dios donde muere el poeta Javier Heraud (el estigma de José Martí se repite una vez más: el caso del cura Camilo Torres en Colombia alude a lo mismo). En México ocurre la matanza de Tlatelolco y en Perú, una vez más, surge otro Golpe de Estado bajo la forma de una revolución de izquierda impulsada por los militares. Juan Velasco Alvarado se convertiría aquí en protagonista. En Chile también ocurre otro Golpe de Estado, pero mucho más violento con la caída y muerte de Salvador Allende. Sube al poder Augusto Pinochet (en este periodo oscuro llama la atención el actuar de la escritora y asesina Mariana Callejas, convertida en María Canales en la novela Nocturno de Chile de Roberto Bolaño). En Nicaragua explota la revolución y en Argentina sube la dictadura militar de Videla. El plan cóndor se realiza en buena parte de Sudamérica como parte del desarrollo de las dictaduras. Sin embargo, en los años ochenta regresan las democracias, pero en Perú surge el Partido Comunista Sendero Luminoso para empezar algo más que una revolución. Este partido, al mando de Abimael Guzmán, inician un periodo de terrorismo, sangre, destrucción y muerte. Se suman las políticas de Belaunde y de un joven Alan García que, sin saberlo, y mucho menos imaginarlo, regresaría al poder por segunda vez muchos años después. Llegan los noventa, Vargas Llosa pierde las elecciones ante un desconocido Alberto Fujimori quien se quedaría en el poder once años (tan igual como Leguía) corrompiendo a todas las instituciones. En esa década también surge otros movimientos revolucionarios en el continente. En México, el subcomandante Marcos se convertiría después en un símbolo opuesto a lo que él deseaba. En Colombia las FARC y el narcotráfico tiñen a un país de violencia y sangre. El final de esta década llega con la presencia de Roberto Bolaño, quien rescata una tradición latinoamericana distinta desde su exilio y/o como migrante. Hay que reconocer que este capítulo también resulta fabuloso. Aquí una conjetura de Granés a partir de sus lecturas del escritor chileno:

Aunque no tenía la intención de convertirse en un gran intérprete del continente, Bolaño sí tenía una obsesión, evidente a partir de sus novelas de 1996, La literatura nazi en América y Estrella distante. Ambas novelas mostraban que las artes no frenaban los más bajos instintos, ni las pulsiones irracionales y antisociales; al contrario, podían estimularlos. El problema no parecía ser la clásica disyuntiva decimonónica entre civilización y barbarie, sino la permanente complicidad entre una y otra. (p. 482)

Carlos Granés – Foto: Casa América

Como es esperar, el final del libro llama a la reflexión, al autoexamen y a la autodeterminación de saber hacia dónde vamos. El pasado debería guiarnos en este camino. Las artes, por lo menos, lo reflejan, son guías, mientras la política sigue siendo sorda y muda a sus propios actos. Cierro esta reseña y esta lectura con tantos hechos y nombres ya citados y otros que faltarían por mencionar, pero es inabarcable, pues siempre habrá más protagonistas:

Rebelión y cambio: ese ha sido el destino del continente, desde 1898 y seguramente desde antes, propulsado por lo único que destila el victimismo latinoamericano: el delirio de la soberbia. No la emancipación y la autonomía; no la mayoría de edad ni la asimilación de las propias culpas, los propios errores, los propios vicios y las propias intransigencias, no: los actos adánicos y dramáticos que cambiándolo todo no cambian nada. (p. 513)

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Datos del libro reseñado:

Carlos Granés

Delirio americano

Taurus, 2022

Puntaje: 6/5 (excepcional)

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Reseña: Hijos de la guerra (2020) de Enmanuel Grau

Afectos y violencia

Por Omar Guerrero

Hijos de la guerra (Hipocampo Editores, 2020), Premio Luces 2020 en la categoría cuento, del escritor peruano Enmanuel Grau (Lima, 1987) contiene ocho relatos donde sobresalen dos tópicos específicos: los afectos (sean de pareja, familiares, amicales o literarios) y la violencia. Esta última se desarrolla tanto en el espacio urbano que hace referencia al barrio y a la collera (y cuyo antecedente se puede encontrar en la obra de Oswaldo Reynoso, Julio Ramón Ribeyro y en el primer Vargas Llosa). Esta violencia colinda, a la vez, con lo marginal. Se manifiesta también con lo vivido en la época del terrorismo en el Perú, sobre todo en espacios distantes o periféricos.

El primer cuento, que precisamente remite a los afectos, se titula «Guerra perpetua», cuyo personaje principal es Georgette Phillipart, la viuda de César Vallejo. Ella es la narradora que cuenta en primera persona una serie de hechos relacionados a su vida de pareja y también en sus anhelos como mujer, precisamente con la maternidad. El tiempo y espacio de esta historia se ubica, en un primer momento, en el penúltimo día de vida de Georgette, pues al inicio del cuento se señala como paratexto el lugar y la fecha del despliegue de esta voz narradora: Maison de Santé / Lima, 3 de diciembre de 1984 (ella fallece un día después). Y menciono este tiempo y espacio como primer momento porque remiten a un segundo espacio y tiempo que corresponde al último día de vida del poeta en París (1938), cuando él se encuentra en la clínica agonizando (las frases: «me dijo, con un hilo de voz» y «Y tus ojos arden, tus ojos arden» guardan relación al momento previo a su muerte). Este efecto de tiempo sobre tiempo, además del tema literario, no solo colocan a este cuento como el mejor del libro. Se suma el uso de un lenguaje intimista y lleno de sentimientos que muestran, o recrean, a través de la ficción, los momentos que vivía la pareja, más aún con el contexto de la Guerra Civil Española y con el último libro con el que se cierra la obra total del poeta:

[…] Él intentó abrazarme. Me solté, fui hasta la mesa, tomé las cuartillas y las arrojé sobre la estufa. Nos quedamos mirando en silencio cómo ardían. ¿Qué si me siento culpable, qué si tengo remordimientos? Me parece que no. A estas alturas ya todo está saldado. Recuerdo que entonces estalló lo de España y el incidente, junto al libro, quedó olvidado. O eso creí. Cuando César enfermó, juré ocuparme de todo, con tesón, como lo he hecho siempre, hasta ahora. Incluso, había decidido entregar el libro, nuestro hijo de la guerra a los editores. Pero todo cambió la última vez que lo vi en la clínica. Entré en el cuarto y con solo mirarlo supe que él lo sabía todo. (p. 15)

El segundo cuento se titula «La Pampa». Sus personajes son unos jóvenes que transitan en determinada zona de Lima. La mención del Cerro San Cristóbal, el jirón Madera, el Mercado Modelo y un arenal (La Pampa) donde ocurre el desenlace de esta historia define el comportamiento y el nivel socioeconómico de los personajes, lo que brinda un aporte a la literatura peruana en temáticas urbano-marginales, muy al estilo de Enrique Congrains o el mismo Oswaldo Reynoso. Se suma el lenguaje procaz y su comportamiento violento correspondientes al segundo tópico que prima a lo largo de libro. Aunque en este cuento también se encuentran los afectos amicales y fraternos. Lo mismo podría decirse del cuento «Al otro lado del río» donde la violencia se manifiesta en otros ámbitos que van más allá de las personas:

No sé por qué recordé lo que habíamos hecho la otra vez. Estábamos por Puente Trujillo. Cerca de un basural unos perros rugían con furia sobre un gato. Lo habían malogrado a punta de mordiscos. Los espantamos con piedras: ¡lárguense, fuera! El gato estaba allí, todo magullado y nos miraba con ojos que parecían humanos. (p. 80)       

En este mismo cuento, la presencia del río y el lodazal de los alrededores, junto con el olor y la oscuridad del espacio, además de la mención de otras grandes arterias de la ciudad, como la avenida Francisco Pizarro (p. 89), sirven para que la mayoría de los lectores, sobre todo para los lectores peruanos y limeños, reconozcan y ubiquen al distrito del Rímac como escenario principal. Para los lectores foráneos es necesario mencionar que se trata de un distrito bastante antiguo que se fundó en el siglo XVI en el inicio del virreinato del Perú. Además, se caracterizaba por albergar a buena parte de la población afrodescendiente e indígena y es donde se funda el legendario barrio de Malambo, de mucha tradición artística y culinaria. En este distrito, también se construye la famosa Alameda de los Descalzos, escenario de muchas historias virreinales. Es allí donde la Perricholi realizaba sus famosos paseos vestida de tapada. Este lugar aún existe en la actualidad, pero, desafortunadamente, no es considerado dentro del circuito turístico por su nivel de inseguridad. La representación de este emblemático distrito no es recurrente en la literatura peruana última. Su antecedente más cercano (si es que no caigo en el error ante la falta o desconocimiento de otras lecturas) es la novela Malambo de Lucía Charún-Illescas, además de algunas Tradiciones peruanas que toman este distrito como escenario («Un cerro con historia», «Don Dimas de la tijereta», «El castigo de un traidor» o «Pancho Sales el verdugo»).[1] Por tal razón, se pueden considerar estos cuentos de Enmanuel Grau sobre el Rímac como un considerable aporte.   

Otro de los cuentos que también se desarrollan en este distrito (sobre todo por su mención -otra vez- a La Pampa, además de La Huerta y a centros educativos como Lucy Rynning, el Patrocinio y Esther Cáceres como lugares de atracción para sus personajes varoniles) corresponde al cuento que le da nombre al libro: «Hijos de la guerra», cuya historia gira en torno a un acto violento desencadenado también por personajes jóvenes, específicamente por escolares de secundaria. Por otro lado, la mención de un personaje de nacionalidad chilena remite, irremediablemente, al episodio de la Guerra del Pacífico, e incluso, a las diferencias raciales que aún existen, sobre todo en una ciudad como Lima. Otro punto en común son las peleas callejeras entre bandos juveniles a partir de un afecto quebrado.

Siguiendo con el tema de la violencia, esta se aborda en referencia al periodo de la guerra interna y/o terrorismo, sobre todo en sus consecuencias. Sucede en cuentos como «Desborde en la penumbra» y «Recuerdos de Chepén». El primero transcurre en un espacio que ya no es precisamente rural. Este corresponde al crecimiento de la ciudad, a sus extensiones, muy a pesar de que no forma parte de un gran urbanismo debido a su distancia. En esta ocasión, se trata de un distrito alejado y en formación cuyo nombre es Santa María, que también cuenta con un río y con otra amenaza latente proveniente de la misma naturaleza. Aunque la amenaza mayor corresponde a las explosiones, a la falta de luz y a las incursiones de un grupo armado que detiene y tortura a sus pobladores si es que se resisten a sus órdenes. Las acciones tendrán sus adeptos, pero también sus opositores. Esta diferencia trae consigo un cuestionamiento a los afectos familiares, sobre todo entre padres e hijos. Se suman los desastres naturales como los deslizamientos y huaicos tan comunes en estas zonas periféricas:

Las noticias sobre las explosiones llegaban a Santa María con los periódicos, pero no habían ocurrido antes, ni siquiera en la parte más alta del valle. Por eso, cuando el fluido eléctrico dejó de funcionar, después de que las torres de alta tensión colapsaran, supimos que enfrentábamos algo mayor, una calamidad que no era inocente y ciega como la fuerza de la naturaleza. (p. 35)

La violencia del terrorismo y sus consecuencias también llegan a otras zonas fuera de la capital, especialmente en ciudades o pueblos de la costa norte. Ocurre en el cuento «Recuerdos de Chepén». Aquí el personaje femenino se encuentra en un conocido balneario tratando de tener unas vacaciones que la ayuden a olvidar el dolor sufrido por los acontecimientos de violencia, pero este sosiego resulta imposible. Su relación con otros amigos y extraños la hace sentir vulnerable:

Tú despiertas. Lees otra vez, como cada mañana: «En acción heroica el mayor Ramírez fue abatido anoche por una cuadrilla de Sendero, después de combatir en desventaja unas cuatro horas». Cuando bajas a la recepción, Claudia ya tiene media hora esperando. La acompaña Richard y tú apenas reconoces en ese hombre serio y amable al muchacho de entonces. (p. 98)

Lo peor de todo es que el sufrimiento persiste. Solo el recuerdo queda como un consuelo. Esto mismo imposibilita un final resolutivo. La resignación es la única salida. Algo similar ocurre con el cuento «Instrucción final», que remite a otro tipo de violencia, relacionada en parte con el terrorismo, o con los rezagos que quedan de ello en determinadas zonas del país. Los personajes aquí son militares: soldados provenientes de provincias. Uno de los escenarios es la sierra sur del Perú. Este espacio presenta un clima totalmente opuesto al cuento precedente (asumida como una visión representativa de la diversidad de nuestro país). Se suma el uso y efecto de tiempos intercalados. El inicio, por supuesto, menciona una evidente violencia (y tragedia) tan propensa en la vida militar donde los errores se pagan caro:

Hace algún tiempo Santos murió dinamitado en Juliaca, en las alturas del Perú, mientras el pueblo entero preparaba la fiesta de la Candelaria. Ocurrió durante unas maniobras militares de instrucción que debían graduarlo en su cargo de alférez y que por descuido (esto consignan los informes que encontré en el archivo militar) no pudo celebrar en vida, sino en una capilla ardiente, acompañado de cachacos contritos, rodeado por las heladas de la puna. (p. 104)

Finalmente, hago mención del cuento «Juanrra». Otro de los mejores de este libro, sobre todo por desarrollar el afecto literario, más aún con la poesía. Este cuento aborda la admiración hacia un poeta trascendental en la literatura peruana última, más aún por tratarse de un miembro fundador del reconocido grupo Hora Zero. Me refiero al poeta chiclayano Juan Ramírez Ruiz. Es inevitable no encontrar una influencia de Roberto Bolaño a lo largo de esta historia, pues sus otros personajes son precisamente unos jóvenes poetas universitarios apasionados por la literatura que admiran la obra de este poeta mayor. Vale la pena considerar también la relación del mismo Bolaño con los poetas de este movimiento para entender esta actitud y pasión hacia las letras. Pero vayamos a los personajes. Primero en referencia a los poetas jóvenes universitarios que buscan un ejemplo y paradigma como Juan Ramírez Ruiz. Así es como se presenta a uno de ellos:

La tertulia se hundía en el sopor, cuando en la mesa de lectura hizo su aparición un muchacho más o menos de nuestra edad. Rechazó el micrófono que le ofrecieron y no tomó asiento en la silla que le estaba asignada, sino que procedió a acuclillarse en el suelo. Entonces Julio y yo escuchamos el poema más increíble que habíamos oído a un chico como nosotros. Este hablaba, en un tono sublime, de algunos espacios de la ciudad jamás pensados como poéticos, como, por ejemplo, los suburbios del Rímac, rutas de travestis golpeados en la noche cerrada que eran rechazados de los hospitales por no tener documentos de identidad, o sobre los cachacos de palacio de gobierno, muertos de hambre mirando estúpidamente la Plaza Mayor de Lima, deseando incendiarla. Se llamaba Pepe y desde esa madrugada en que nos emborrachamos hablando de poesía, formamos un tridente inseparable. A diferencia nuestra, Pepe era un poeta de la noche; es decir, conocía de sobra los lugares donde se leía y comentaba poesía. (p. 55)

Enmanuel Grau – Fuente: Diario Trome

Estos jóvenes amantes de la poesía, estudiantes de letras en una universidad nacional, cuyo local se encuentra en el mismo centro de Lima, desean desarrollar sus proyectos poéticos guiados por la obra de Juan Ramírez Ruiz. Es así como el poeta mayor se hace presente en esta historia:

Una voz grácil dio inicio al evento. Juanrra permaneció inerme en el escenario, escuchando distraídamente a sus compañeros de generación que leían sus poemas o contaban anécdotas o chistes hasta que le tocó hablar de él. Alguien puso sobre sus manos el micrófono y en la sala del Gremio de Escritores hubo un silencio prolongado y denso o elocuente. Juanrra golpeó con los dedos el aparato, carraspeó una, dos veces y dijo que la poesía era algo que él no podía explicarse sin los amigos aquí presentes y también otros que no habían podido llegar por falta de recursos o ganas o incluso debido a la desgracia. Entonces, como obedeciendo a un impulso o un mandato, Juanrra leyó el más hermoso de sus poemas. Este hablaba sobre un poeta y su ciudad. Un poeta que ha perdido su ciudad y sus libros (mencionaba la cantidad de libros) producto de un terremoto. (p. 61)

Es precisamente la desgracia, mencionada en este fragmento, la que impide el regreso o el retorno de los amigos. Esta se presenta aquí como un anticipo para otorgar un fin trágico y triste a esta historia, pero, a la vez, esperanzadora solo a través de la poesía.

A partir de lo expuesto, se puede determinar que Hijos de la guerra es un gran inicio en la carrera literaria de un escritor como Enmanuel Grau, no solo por su bagaje de lecturas y experiencias, sino también por su misma propuesta. Eso sí, y esto corresponde a la edición del libro, habría que tener mayor cuidado al momento de la diagramación. Aunque este tema ya corresponde al editor y no precisamente al autor.

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Datos del libro reseñado:

Enmanuel Grau

Hijos de la guerra

Hipocampo Editores, 2020

Puntaje: 4.5/5


[1] También se podrían citar algunas obras de José Diez Canseco o de Alfredo Bryce Echenique, donde se menciona este distrito, aunque sus personajes y/o protagonistas no son precisamente citadinos o moradores de este espacio.  

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Reseña: Melvill (2022) de Rodrigo Fresán

Paternidad, hijitud, glaciares y vocación literaria

Por Omar Guerrero

Melvill (Literatura Random House, 2022) es la nueva novela de Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963), cuyo personaje central es Allan Melvill, padre de Herman Melville (este último con una letra “e” fantasmal que marca diferencia), autor del siempre célebre Moby Dick. Cabe aclarar que la variante en la letra “e” surge a partir de unas deudas pendientes que dejó el progenitor después de su muerte y que el hijo utilizó (o añadió) solo para escapar de los acreedores que lo perseguían. Aunque el hecho más trascendental que se utiliza y se menciona en la novela (reiteradas veces y bajo cierto propósito) es el acto del padre al caminar sobre el congelado río Hudson. Este hecho sucedió la noche del sábado 10 diciembre de 1831 (confirmado por los biógrafos de Melville y usado como leit motiv de la novela). A partir de esta osadía, o periplo del padre, se deriva su enfermedad, delirio y posterior agonía. Esto marcó la vida de su pequeño hijo, quien no dejó de observar desde los pies de la cama el final trágico de su padre. Y a pesar de que este dato solo ocupa unas breves líneas en las voluminosas biografías del autor de Bartleby, el escribiente, Rodrigo Fresán se las ingenia para desarrollar una novela de considerable extensión (292 páginas, casi 300, que resultan pocas si se le compara con cada entrega de su tríptico narrativo anterior que reúne un poco más de dos mil páginas: La parte inventada, La parte soñada y La parte recordada).

Lo primero que llama la atención es la cantidad desbordante de notas a pie de página, sobre todo en la primera parte titulada “El padre del hijo” (la novela está dividida en tres capítulos; el primero ya ha sido mencionado, los otras dos llevan los siguientes títulos: “Glaciología; o, La Transparencia del Hielo” y “El hijo del padre”). Las notas, definitivamente, hacen recordar la propuesta de David Foster Wallace en La broma infinita y también en el ya mencionado tríptico de Fresán. Para el caso de las notas de Melvill, estas son adjudicadas al hijo, al escritor, al propio Herman, quien se presenta como un narrador omnisciente que explica y que tiene la capacidad de alterar las cronologías y variantes en la historia con cada una de estas llamadas: * † ‡ …

Aquí una de las primeras notas que resultan bastante sinceras, sobre todo para el lector:

*Letras como estas y que, sí, lo siento (no lo siento) plantearán una cierta dificultad al lector interrumpiendo acciones o rompiendo climas con información que, si bien complementaria, estimo imprescindible […] Todos ellos analizando la herencia de lo que denominarán mi «prosa eyaculatoria» y reconociendo sus genes en los rasgos de mis descendientes y seguidores […] Y entre todas esas citas y referencias de otros (en la página en blanco antes de la del título y del autor, arriba y a la derecha) descubrí en lápiz, casi invisible, un A. Melvill. Sí: allí, la súbita materialización de la firma de mi padre, quien debió de haberlo vendido cuando dejamos New York, hace tantos años […]. (pp.19-20)

Lo que viene a continuación es una revisión de la vida de Allan Melvill a modo de biografía, basado en hechos concretos y también en supuestos (de ahí la mención de “biografía imaginada”), pues en estos se basa la ficción con la que se construye su imagen de hombre, de esposo y de padre, ensombrecido siempre por un aura ligada al fracaso:

Para 1827 todos se han cansado de escucharlo y de pagarle las copas y Allan Melvill está al borde del colapso nervioso y toda la promesa de conexión confidencial se ha convertido en desunión pública.

Allan Melvill es peor que un apestado.

Allan Melvill apesta.

A Allan Melvill se lo huele en avenidas y en salones cuyas puertas han sido desatornilladas y apiladas en una recámara para así garantizar la mejor circulación de los rumores por la fiesta: conocidos que se cruzan de calle al verlo venir o fingen desconocerlo, grupos de invitados que se reconfiguran y cierran sobre sí mismos para desalentar todo intento suyo de unirse a ellos y prefiriendo el hablar de él al hablar con él. (pp. 54-55)

Aunque el verdadero trasfondo o intención es establecer una relación indesligable entre padre e hijo. De ahí que se determine un rol de paternidad y, a la vez, un rol de hijitud, entendido como un cariño y respeto hacia el progenitor (y hacia el hijo). Ambos se comprometen en sus anhelos, aventuras y en su visión de mundo (incluida la naturaleza) que en más de una ocasión los somete al peligro y a la posibilidad constante de hundirse, o, incluso, naufragar:

Ese terror (su padre como símbolo de todo lo simbolizable; más intuyendo que sabiendo y el hijo afirmando, otra vez, que los verdaderos lugares no figuran en mapa alguno, que las cosas más maravillosas son aquellas a las que más cuesta nombrar, y que los recuerdos más profundos no suelen producir los más inspirados epitafios) que sólo parece amainar, a través de los años, al evocar aquellas noches.* (nota que dice: *¿Debo precisar aquí, como si confesara, que no me atreví a abrazar su cuerpo pero sí el ataúd que lo contenía para así flotar y no hundirme en mi profundo dolor). Noches que aquí vuelven a caer y a levantarse, obedeciendo a ese amo y padre y cautivador personaje al que el cautivado hijo escritor tanto ama, y a quien ahora, cautivo, hace hablar y vuelve a oír como el autor de sus días.† (nota que dice -fragmento-: †Contar (porque en verdad son siempre los hijos quienes acaban escribiendo a sus embrujados padres mientras estos les leen cuentos de hadas) como cuenta la voz de un inmenso padre delirante: sin principio, ni centro, ni final, ni suspenso, ni moraleja, ni causa, ni efectos […]. (p. 72)

Para el segundo capítulo, sobre todo en mención a la “Glaciología”, la incursión del hielo se vuelve una constante, tanto como paisaje, objeto e imagen. Incluso su blancura se establece como un nexo de lo que vendrá después en la vida aventurera y literaria de Herman Melville, tal como podría suceder con la blancura de una ballena. Se suma la presencia de un personaje peculiar que lleva el nombre de Nico C (que bien podría tener la referencia real de un rockstar relacionado -ineludiblemente- a muertos, fantasmas y vampiros) y cuya presencia es más que un sustento para este narrador:

El hielo que todo lo unifica, y que hace que todos los lugares sean uno, y que aquel hielo de bosque cerca de los Pirineos bajo el que yace Nico C. sea el mismo del Hudson sobre el que caminé y camino y caminaré.

El hielo hablando el Idioma Internacional del Hielo, que es un dialecto del Lenguaje Internacional de los Muertos por siempre vivos.

El hielo que es fantasma y vampiro del agua.

El hielo en los campos de hielo (al igual que los desiertos de arena, sus opuestos complementarios) sonando como un esperanto imposible de no entender o no atender.

El hielo que llevo dentro y que es de la transferencia interrumpida de la esencia fría de Nico C. a mi persona y que espero, por algún misterio científico de las leyes de la herencia o por castigo de las leyes del espíritu (tus ojos a veces me recuerdan a sus ojos), no haberte pasado a ti, Herman.

El hielo que aprisiona y del que no hay escape.

El hielo a cruzar como un cruzado. (p. 145)

El último capítulo se resume en la escritura o en el acto de escribir, que en determinado momento de la vida de Herman Melville queda relegado por toda una serie de circunstancias que se van mencionando. Y este hecho es otra constante en la obra de Fresán (tan igual como lo hizo en su momento Vila-Matas), sobre todo en su obsesión por buscar una explicación o razón de por qué se decide dejar de escribir. Melville no fue la excepción, a pesar de ya contar con poderosas amistades persuasivas hacia la literatura como fue el caso de Nathaniel Hawthorne, que en esta novela se le menciona con las abreviaturas de Nat H. Aquí un fragmento bastante conciso en cuanto a lo que Fresán denomina la “excritura”:

Y es verdad que la vida doméstica puso freno a mis impulsos errantes (y que tal vez yo haya contraído matrimonio para así poder apaciguar y reprimir y hasta castrar ciertas inclinaciones imposibles de no sentir o experimentar cuando tienes sólo al mar de dionisíaco amante y a la literatura como la más apolínea de las amantes). Y también es cierto que la vida de hogar (que pronto fue más bien vida de escritorio tras una puerta siempre cerrada por dentro) me obligó y me ayudó a concentrarme casi obsesivamente en la escritura: un oficio noble pero de algún modo tan melancólico como sólo las cosas más nobles lo son; convirtiéndome así en un ser sedentario tan sólo en apariencia, porque mi mente es probablemente una de las más nómadas de cuya existencia se haya tenido noticia, lo juro. (p. 194)

No se puede dejar de mencionar, como ya es costumbre en Fresán, la cantidad de agradecimientos en las últimas páginas de sus libros (Vuestros Nombres Aquí; o, Los Agradecimientos), que al igual que sus epígrafes, pone en evidencia -a pesar de su paratextualidad- las verdaderas intenciones de sus discursos ficticios (y no tan ficticios) pues en ellos se encuentran siempre sus otras referencias ineludibles, que provienen incluso fuera de lo literario, como The Beatles, Pink Floyd, Nick Cave, Jim Jarmush o Stanley Kubrick, entre otros. Mención especial al desaparecido (y bien querido) editor Claudio López Lamadrid (a cuya memoria le sigue debiendo ese otro libro, según comenta Fresán en una última nota a pie de página del libro).

Con lo expuesto, se determina que estamos ante una novela inusual o sui generis, tal como sucede con todos los libros de Fresán, donde lo cotidiano y lo extraño se juntan con lo literario para crear una vorágine discursiva llena de referencias. Es por esta misma razón que recibió el premio francés Prix Roger Caillois en 2017 por la totalidad de su obra al ser considerado “un escritor atípico, transgresor e ineludible”. Y es por esta misma razón que se recomienda su lectura, sobre todo para quienes gusten de lo netamente literario (o lo metaliterario) junto al deleite de una prosa que nunca deja de tener relevancia, y que obedece a la máxima de John Banville (otra referencia más de Fresán) quien no se cansa de decir que “el estilo avanza dando triunfales zancadas mientras la trama camina detrás arrastrando los pies”.  

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Datos del libro reseñado:

Rodrigo Fresán

Melvill

Literatura Random House, 2022

Puntaje: 4.5/5

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Reseña: Ustedes brillan en lo oscuro (2022) de Liliana Colanzi

Naturaleza, violencia y contaminación  

Por Omar Guerrero

Ustedes brillan en lo oscuro (Páginas de Espuma, 2022) de la escritora boliviana Liliana Colanzi (Santa Cruz de la Sierra, 1981) es el libro ganador del VII Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero. El jurado, presidido por la escritora española Rosa Montero, resaltó que los seis cuentos que componen el libro construyen mundos extraños que unen las claves de la ciencia ficción y el realismo. Ante lo dicho, se toma como antecedente el anterior libro de cuentos de Colanzi, Nuestro mundo muerto (Eterna Cadencia, 2016 [Argentina]; Santuario, 2017 [Perú]), donde se da cabida a lo sobrenatural y a lo andino. Aquí se reiteran estos tópicos, además de la presencia del mundo amazónico, del que se percibe la fuerza de su paisaje y sus recursos. A ello, se incluyen otros temas como la violencia, lo femenino, la maternidad, la familia, el miedo y la enfermedad.

En “La cueva”, uno de los cuentos más peculiares, y que precisamente abre el libro, está compuesto por nueve textos que tienen como punto en común este espacio geológico que se mantiene a lo largo del tiempo. Este transcurrir temporal permite concebir cada personaje o diversos hechos. Es así cómo se conoce la historia de una muchacha embarazada que caza conejos. Ella se tropieza con una piedra, cae y empieza a sentir dolor en el vientre. Esto acelera el nacimiento de sus dos niños a los que amamanta enseguida solo por instinto. La decisión que ella toma después no solo sorprende, sino que perturba hasta la consternación. Algo similar produce el siguiente texto que cuenta la historia de una joven llamada Xóchitl Salazar, quien se ve atrapada en una tormenta. Ella no puede llegar a su casa, por lo que se refugia en una cueva. Allí descubre dibujos prehistóricos donde sobresalen escenas de caza y sexo grupal. Encuentra, además, la marca de una mano que calza con la suya. A la mañana siguiente, regresa a casa con la idea de contar lo que ha descubierto sin saber (o esperar) la reacción de su novio. Otro de los textos que componen este cuento, y que guarda relación con lo femenino, es el quinto texto, donde se cuenta la historia de una pareja de jóvenes amantes de dos pueblos enemigos que se refugia en una caverna para estar juntos. Ellos se juran amor eterno. Sin embargo, a la semana siguiente, la muchacha se casa con un hombre de su pueblo. Muchos años después, ella regresa a la misma caverna acompañada de su hija. A pesar del tiempo transcurrido, la memoria le resulta esquiva al querer recordar a este amante de su juventud. Lo que ocurre a continuación es una variante con los otros textos que componen este cuento y que se caracterizan por tener un trasfondo científico, biológico y hasta de ciencia ficción. Uno de ellos cuenta la historia de una peste traída por un monje dominico que ocasionará graves consecuencias en la vida de unos murciélagos mutantes que habitan una cueva. Otro texto menciona a los troglobios, unos seres que se mantenían ajenos a la luz del sol y que llegan a desaparecer sin tener contacto con otros seres. Mención aparte a la formación de las estalactitas y estalagmitas en su superficie. Se considera que las más impresionantes se encuentran en una cueva llamada Naica, en la mina de la selenita de Chihuahua. Allí mismo se encontraron bacterias congeladas que no han tenido ningún parecido a lo ya conocido. Seguirán otros nombres como el de Onyx Muller y su cercanía con animales prehistóricos, o de un ser hermafrodita que sucumbe a la oscuridad de la caverna y a los ya mencionados troglobios; o los hongos y esporas como habitantes de una caverna, amenazados por las aves, el clima y la lluvia.  

El siguiente cuento también presenta ciertos rasgos de ciencia ficción relacionados con lo mitológico y lo andino. Este lleva por título “Atomito” en mención a una mascota-niño que es tejido con determinadas características como portar capa y botas. Todo se configura a partir de la presencia de una central nuclear en los andes. Se suman los personajes juveniles que son presentados en cada fragmento o bloque que componen el cuento. Es así como se conoce a Kurmi, una muchacha que odia a su nombre y que pierde a su madre, no sin antes recibir como regalo un Atomito tejido por su progenitora. Kurmi se relaciona con otros muchachos como un DJ llamado Orki (Never Orkopata) o un repartidor de pollos de una marca bastante peculiar. Y a pesar de desarrollar cada uno sus actividades, se mantiene latente el riesgo ante una radiación. Solo la presencia viva y real de Atomito, como si se tratase de un héroe, podría considerarse como una posible solución o salvedad. Mención especial para este cuento que toma como escenarios el altiplano, la huaca, la montaña y otros hechos sobrenaturales como despertar en otro tiempo. Se incluyen imágenes que potencian su propuesta:

El tercer cuento lleva por título “La deuda”. Su escenario es la selva boliviana. La historia gira en torno a una tía que va a cobrar una deuda. La acompaña su sobrina embarazada. Ellas hacen distintas paradas. En una de estas paradas ellas se convierten en testigos de un muerto en el río. En otro momento, la muchacha embarazada cree ver la imagen de su madre, cuya historia (o verdad) termina conociendo. A la vez, surgen recuerdos en medio del paisaje amazónico, justo antes de empezar a darse lo que tanto esperaba.

Los cuentos “Los ojos más verdes” y “El camino angosto” tienen como punto en común el fin de la inocencia de dos personajes femeninos dentro de un espacio rural que bien corresponde al lado oriental de un país como Bolivia. Los dos personajes son bastante jóvenes. Una es Ofelia, una niña de diez años que, en el día de su cumpleaños, desea tener los ojos verdes. Para cumplir su deseo es capaz de todo con tal de conseguirlo, incluso hasta convertirse en una persona que no teme tomar la iniciativa como si se tratase de un adulto. El otro personaje es Olga, cuyo destino será impuesto por ella misma sin importar las restricciones de su padre, de su familia y de su pueblo; mucho menos de las cosas malas que suceden y que son señaladas por la Iglesia como maléficas o demoniacas. Testigo de este cambio será su propia hermana, Susana, la narradora de esta historia que se caracterizará porque cada acto de supuesta inocencia ya no tendrá más cabida. Estos mismos actos darán paso a salir de lo que se conoce como “el camino angosto” donde solo se hace lo que está permitido (p. 66):

De noche Olga no se quería dormir: A Rosie la empreñó su sueño, decía tumbada junto a mí, y cuando yo me acercaba a chupar su teta me empujaba. ¿Ya no querés jugar a la vaca y al ternero? Y Olga me daba la espalda, preocupada, se pellizcaba los brazos para no cerrar los ojos, por miedo de soñar… ¿con qué? Un niño sin padre es una hoja en el viento: no sabe quién es, de dónde viene, qué la lleva. Había que anclarlo.

Por último, el cuento “Ustedes brillan en lo oscuro” aborda de nuevo el tema de la contaminación nuclear, aunque esta vez de una manera mucho más evidente, con consecuencias trágicas en los personajes afectados que serán separados como si se tratase de un gueto o de unos condenados. Imposible no relacionarlo con lo sucedido en la ciudad de Chernóbil, retratado por la Premio Nobel de Literatura, Svetlana Alexiévich. Esta vez se trata de un accidente nuclear que ocurrió en la vida real en la localidad de Goiâna en Brasil en 1987. Todo empieza a partir de la labor de unos chatarreros que empiezan a manipular material radiactivo sin saberlo. Es entonces que empieza el contagio y la contaminación. No importa que solo uno haya enfermado, como le sucede a la familia de la protagonista y narradora de esta historia, quienes pierden todo lo que tenían, incluyendo su casa. Tampoco importa que el tiempo haya pasado. Siempre quedará la herida, el vestigio y el recuerdo. Por eso se incluye una imagen que retrata lo sucedido, como es el caso de un mural o un grafiti:

La posibilidad de la enfermedad después de lo ocurrido involucra a lo genético y a la descendencia. De ahí que el personaje esté siempre pendiente de la integridad de su hija. Por su parte, ella se dedicará al deporte para mantener una salud que podría verse amenazada cada vez que surjan más afectados con este accidente, como es el caso de los miembros de una banda de música llamada Carne Radiactiva, quienes ya no le temen al cáncer. O, también, de otras familias que siempre rezan a favor de que ocurran más milagros. Aquí el cuerpo humano también es protagonista.

Con este libro queda confirmado que Liliana Colanzi es una de las nuevas voces renovadoras del género cuentístico, además de ser parte de una generación de escritoras latinoamericanas que cada vez más cobran un mayor protagonismo, tanto en español como en otros idiomas a los que son traducidas. No hay duda de que algo muy bueno está sucediendo con la obra escrita por mujeres pertenecientes a este continente.    

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Datos del libro reseñado:

Liliana Colanzi

Ustedes brillan en lo oscuro

Páginas de Espuma, 2022

Ganador del VII Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero

Puntuación: 4/5