Moscas, mujeres y muerte
Por Omar Guerrero
El tiempo de las moscas (Alfaguara, 2022) es la nueva novela de la escritora argentina Claudia Piñeiro (Buenos Aires, 1960), autora reconocida por sus libros de novela negradonde siempre (o casi siempre) ocurre un asesinato (o varios), dando paso a una verdad que queda por descubrir. Buena parte de su obra ha sido merecedora de innumerables premios, además de ser adaptadas al cine o a la televisión. Esta nueva entrega es la continuación de la novela Tuya (Alfaguara, 2005). Su personaje principal es Inés Pereyra, quien ahora ha decidido cambiar su apellido de casada a Experey. Con esta decisión desea enterrar todo lo que significó su matrimonio, aunque no lo que fue su familia, sobre todo, su condición de madre, o lo que queda de ello.

Inés estuvo quince años en prisión por haber cometido un asesinato después de descubrir la infidelidad de su marido. Una vez en libertad, ella ha logrado reformular muchas cosas en su vida. Hasta ha logrado asumir con ironía ciertos hechos que le sucedieron, como adquirir para ella misma el término “tuya”. También ha logrado entablar una sincera amistad con otra expresidiaria que se hace llamar la Manca. Al mismo tiempo, ha creado una empresa de fumigación llamada MMM Control inofensivo de plagas. Tres emes. La primera, relacionada a las moscas (su insecto preferido). La segunda, vinculada a las mujeres (porque ella es su propia jefa y espera tener solo clientas). Y la tercera, en relación con la muerte (esta última con respecto al acto de fumigar). De esta manera, Inés se convierte en una especialista en venenos: mata todo tipo de insectos o plagas, menos moscas, porque, como ya se ha dicho, es su insecto favorito. Tanto le atraen las moscas que desde que estuvo en la cárcel ha leído muchos libros relacionados a este tema (de ahí el título de esta novela). Por su parte, la Manca también desarrollará trabajos de investigación privada, como si fuese una detective. La mayoría de los casos que investiga tienen que ver con temas de infidelidad en varones, sean esposos o novios, lo cual detesta, pero tiene que aceptarlos por ser rentables. Con estas nuevas ocupaciones, ambas se convertirán en una especie de Thelma y Louise que intentarán remediar más de un problema personal, siempre con un sentido de justicia, sobre todo si atañe a lo femenino.
Otro personaje que proviene de Tuya es Laly, la hija de Inés, quien ahora se hace llamar con su verdadero nombre: Laura. Ella es madre de Guillermina, una adolescente como cualquiera, solo que le gusta mucho montar skate. Laura también es mamá de un pequeño bebé llamado Dante, producto de su nuevo compromiso. Junto con Javier, la nueva pareja de Laura, padre biológico de Dante y, a la vez, padre adoptivo de Guillermina, forman una familia ideal, tan igual como lo deseaba Inés en Tuya. La única diferencia es que en esta vida de familia tan perfecta no existen infidelidades. Tampoco existe Inés. Ella ni siquiera es mencionada.
Ambos personajes han decidido enterrar su pasado, aunque la trama de El tiempo de las moscas hará que vuelva a surgir esta relación entre madre e hija que ambas creían finiquitada. Cabe aclarar que esta relación en Tuya era totalmente desastrosa. Inés, en su afán de salvar su matrimonio, pensando siempre en el qué dirán, se dedicaba a saber todo sobre la infidelidad de su marido. Es entonces que se olvida de prestar atención a su hija Laly (ahora Laura), a quien consideraba una adolescente conflictiva con la que no podía ni siquiera conversar, mucho menos entenderla, al punto de llegar a confundir su temprano embarazo con una gordura. Es más, ni siquiera se llegó a enterar de que su hija de diecisiete años estaba por dar a luz, no sin antes pasar por la tentativa de un aborto. Producto de este embarazo nace Guillermina, quien ha crecido sin la presencia de su abuela, tampoco de su abuelo. Este lugar fue reemplazado por Blanca, la madre de Inés, cuya memoria sí persiste en Laura y en Guillermina. (Blanca murió antes de ver a su hija Inés de nuevo en libertad).
El reencuentro entre madre e hija se dará a partir de la presencia de otro personaje femenino. Su nombre es Susana Bonar, también llamada Petra (mencionada de esta manera por sus colegas de televisión por la dureza y frialdad que la caracteriza). Se trata de una mujer siniestra de mucho poder y dinero que contratará los servicios de Inés no solo para que fumigue su casa, sino para que le venda, a cualquier precio, un poderoso y efectivo veneno para acabar con la vida de alguien cuya identidad se desconoce. Inés se niega en un primer momento. No desea saber ni siquiera quién será la víctima. Piensa que puede ser una venganza ante una infidelidad, tan igual como lo hizo ella en el pasado y que la obligó a ir a prisión. Tanta es la insistencia de Susana Bonar y la oferta de pagar lo que sea, que Inés duda en aceptar su propuesta a pesar de recibir un adelanto. No quiere verse comprometida en otro asesinato. No desea volver a la cárcel. Se lo comenta a la Manca, que no puede ocultar su asombro ante la oferta que ha recibido su amiga Inés. Lo que sí llega a ocultar la Manca (de manera momentánea) es un diagnóstico que compromete seriamente su salud. Este secreto queda descubierto por Inés, quien obliga a su amiga a llevar un tratamiento para salvar su vida. ¿Pero cómo? Si el sistema nacional de salud argentino pospone cualquier atención por los siguientes meses, largos meses, la única manera viable de tratar el problema de salud de la Manca es a través de un médico particular, pero cuesta muy caro. Inés no quiere perder a la única amiga que ha tenido en su vida. Por eso, acepta la propuesta de Susana Bonar de venderle el veneno que necesita para acabar con la vida de alguien. Por su parte, la Manca no puede rechazar la ayuda de su amiga Inés, a pesar del riesgo que esto significa, no sin antes poner la condición de investigar a fondo para saber a quién será derivado el veneno que desea comprar esta mujer llamada Susana Bonar. Es a partir de este punto que sucede lo mejor de la novela, sobre todo por desarrollarse el descubrimiento de una verdad aún oculta.
El tiempo de las moscas empieza con tres epígrafes. Uno de Marguerite Duras de su texto Escribir. Otro de una canción de Chico Buarque titulada “Uma cançao desnaturada”, y el tercero del libro Movimiento perpetuo de Augusto Monterroso. Los tres epígrafes son bastante explícitos con lo que se desarrolla en la novela de Claudia Piñeiro, sobre todo los textos de Duras y Monterroso. Cito el primero: “La muerte de una mosca: es la muerte (…). Vemos morir a un perro, vemos morir a un caballo, y decimos algo, por ejemplo, pobre animal… Pero por el hecho de que muera una mosca, no decimos nada, no damos constancia, nada”. Cito el tercero: “Hay tres temas: el amor, la muerte y las moscas. Desde que el hombre existe, ese sentimiento, ese temor, esas presencias lo han acompañado siempre. Traten otros los dos primeros. Yo me ocupo de las moscas, que son mejores que los hombres, pero no que las mujeres”.
Ya se ha mencionado la amistad entre Inés y la Manca. Es precisamente la segunda quien cobra relevancia en esta historia no solo por las acciones que realiza sino también por sus deducciones, incluso hasta por lo que piensa, sobre todo si es para cuestionar cualquier sistema impuesto, más aún si este afecta a lo femenino. Aquí un ejemplo: “-Inés, vos mataste, pero con motivo. Tuyo, propio, equivocado o no, pero con un motivo. Se ve la diferencia, ¿no? Y el daño que te hicieron y la emoción violenta y etcétera, etcétera. Además, pagaste lo que hiciste. Éste mata porque chupó de más, porque se quiso hacer el loquito, porque corría una picada, porque se sentía poronga, o andá a saber. Pero sin motivo que lo justifique, y seguro no paga ni la mitad de lo que hizo. (…) Inés intenta convencerse a sí misma de la diferencia entre ella y el hombre que, según el noticiero de la TV, está prófugo después de matar a tres personas en un accidente de tránsito. En el informe no lo llaman asesino. Sospecha que si a ese hombre lo compararan con ella se sentiría ofendido. En la mesa, por debajo de la caja de la pizza y las latas de cerveza, se asoma el sobre con los mil dólares que le dio la señora Bonar, unas horas atrás. Inés deja la vista perdida allí, sin ver. La Manca sigue la dirección de su mirada y decide reconducirla a ese asunto tan descabellado y a la vez tan concreto -una cliente quiere que le venda veneno para matar a alguien-”.
En la novela también se inserta un coro femenino (o de feministas) como si fuese un coro griego. Ellas también cuestionan, preguntan, responden, deducen, deciden y votan. El lector, en esta ocasión, tendrá que descubrir si estas decisiones o votos interfieren en los hechos de la novela. Aquí un ejemplo: “Me parece que Medea no tenía red de amigas. Nadie que la parara, pobre mujer. ¿Pobre mujer? Andá a saber cómo era la amistad entre mujeres por aquel entonces. “Desterrada y sin honra”, le cantó el coro, porque el marido no se acostaba más en su cama. Mi marido y yo dormimos en camas separadas. Nosotros dormimos bajo distinto techo. Nosotros juntos, pero no cogemos. ¿Cojemos o cogemos? Depende. Yo tuve un bulto en una teta y cada vez que me hago una mamografía espero lo peor. A mí no me da miedo, pero me duelen en ese aparato que te toma las imágenes. El dolor de Medea, ése sí que es dolor. ¿Te referís al dolor después de matar a sus hijos, o antes, cuando Jasón la deja por Creúsa? No la deja por Creúsa, la deja por un reino. Típico. Ningún dolor justifica lo que hizo. Nadie intenta justificar, pero nos merecemos, a esta altura, comprender. Yo con dolor de tetas te mato a alguien. ¿Tanto puede doler ser dejada por un hombre? Ser dejada, punto, que si te deja una mujer tampoco debe ser agradable. Debería ser lo mismo. Ni idea, yo no me atrevo, como Inés. El verdadero problema es el desgarro porque no te quieran más. Si mi marido me deja o se muere hoy, yo sigo sola con el resto del camino. Coincido, con mano o sin mano, yo me arreglaría muy bien. A mí me dejó y me arreglo más o menos. Yo lo dejé a él. Busco y no encuentro ningún hombre que me atraiga. Yo tampoco. Vos tenés marido. Mi marido es mi marido, pero busco. Miro a mi alrededor y nada. Miro al ras del piso. Yo me río mucho más con mis amigas que en una cita con un hombre. Pero es que no salís con un hombre para reírte. ¿Y para qué? ¡Para coger! Cojer. Coger. Votemos”.
Cabe aclarar que en estos capítulos correspondientes al coro femenino se introducen textos en cursivas correspondientes a discursos feministas de autoras y activistas como Rebeca Solnit, Toni Morrison, Sara Ahmed, Marta Lamas, Rita Segato, Esther Perel, Francesca Izzo, Florencia Angiletta, Lina Meruane, Marguerite Duras, Vivian Gornick, Natalia Ginzburg, Chimamanda Ngozi Adichie, Angela Davis, María Mies, Judith Butler y Rosa Montero. Sus nombres aparecen al final de cada uno de estos capítulos a partir de notas donde también se colocan sus libros o discursos citados.

Otros temas que se desarrollan en El tiempo de las moscas son la maternidad, la salud, la relación entre madre e hija, los hijos, la familia, la identidad sexual, lo transexual, el machismo, el feminismo, la muerte, la amistad y el duelo. Incluso hasta se podría considerar la venganza. Aunque esta última se puede concretar o no. Todo depende de la decisión final de Inés, y también de las investigaciones de la Manca, su fiel amiga. Como ya se ha dicho, ambas son como Thelma y Louise, solo que tendrán que decidir y actuar a tiempo para que el final, esta vez, sea diferente, sea mejor, menos trágico, más alegre, sobre todo en sus vidas.
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Datos del libro reseñado:
Claudia Piñeiro
El tiempo de las moscas
Alfaguara, 2022
Puntaje: 4/5