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La próxima realización de la Feria del Libro de Guadalajara pone contra las cuerdas la situación de la endeble industria editorial peruana. Aunque todos esperamos que se cumpla una participación digna durante los días que dure la feria, es necesario poner en frío las expectativas y resultados que pueda reportar, en el corto y mediano plazo, la travesía del libro peruano en tierras mexicanas.
Si bien se ha conseguido un espacio auspicioso allende las fronteras nacionales, aún la consolidación de una cultura del libro en el Perú resulta inviable por numerosos factores. Precisamente, procedemos a analizar las distintas posiciones y funciones del libro en el ámbito peruano. Por razones históricas y culturales, el libro forma parte de una agenda pendiente que depende, como muchas otras cosas en el Perú, de una voluntad política. Por ello, se requiere de esfuerzos más especializados para situar esta problemática en su correcta dimensión, a fin de que los sectores excluidos de la sociedad peruana puedan acceder a él con mayor apertura.
Asumir las características conflictivas de nuestra diversidad cultural implica un cabal entendimiento de los acuciantes problemas del país, que requieren no de soluciones generales y aisladas, sino de miradas específicas e integrales. Ese paso consiste en invertir los esquemas establecidos y formular propuestas creativas e incluyentes.
Setiembre,
2005
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