El miedo en el Perú (Siglos XVI al XX)(Claudia Rosas Lauro)

Flama y respiración (Carlos López Degregori)

Los Andes: cincuenta años después (1953-2003). Homenaje a John Murra (Ana María Lorandi, Carmen Salazar-Soler y Nathan Wachtel)

Neguijón (Fernando Iwasaki)

El libro de barro y otros poemas (Blanca Varela)

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El pájaro relámpago

por Jack Martínez

 

Carlos López Degregori
Flama y respiración
Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Serie Ficciones, 2005.

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Los poemas de Carlos López Degregori están, desde sus inicios, ligados al carácter dedicado, cuidadoso, y finalmente infausto del poeta. La creación, una vez concluida, se desentiende de su creador y se encuentra, como el título de su poesía reunida lo indica Lejos de todas partes (1994). En este sentido, Flama y respiración , su noveno libro, no constituye una excepción. López Degregori recure una vez más a este tópico, para ello se vale de ese lenguaje simbólico, característico en él, que logra la nitidez en las figuras e imágenes que nos proyecta.

La creación se constituye como el eje temático alrededor del cual giran las tres partes de este libro. Se muestra, a través de metáforas y alegorías a “la poesía” en su proceso de construcción, desde su alumbramiento y dependencia, hasta su completa autonomía e ingratitud que finalmente muestra hacia su creador.

El primer grupo de poemas aparece bajo el título de Flama. El yo poético se dirige a un alocutario figural (tú), a algo o alguien que ocupa un espacio confuso, que parece estar cerca, y lejos a la vez. Ese algo que nunca responde, que no se sabe si oye, es a quien el yo poético acude, pero siempre con la incertidumbre de no saber si obtendrá alguna respuesta. Esto parece llevarnos a concluir que el empleo de la comunicación mediante la palabra (materia prima de un poema), es inútil e innecesaria: “Nunca le he hablado a la mujer. Me basta contemplarla con / su vaso en las manos, ofreciéndome un entendimiento de alfi- / leres o de párpados que no necesita palabras.” (17) El fracaso de la comunicación se adhiere, además, a la oposición y la incompatibilidad en la relación Hombre/Naturaleza. La palabra, como representación de la racionalidad humana, hace que la naturaleza advierta (mediante el lenguaje verbal) una amenaza, el acercamiento del hombre, el peligro, el temor a ser destruida: “Pasé toda la noche hablando con los árboles. / Les decía una palabra y ellos se alejaban sacudiendo sus ramas, / aterrados en el viento nocturno.” (13)

Ante esta frustración comunicativa, el yo poético se muestra incompleto, necesita la presencia manifiesta de “el otro”: “¿y qué nombre te pondré / para reconocerte / cuando pasen muchos años / y vuelvas / como una falta / o un destino cumplido / a buscarme?” (24). Se hace presente la idea lacaniana que condiciona la existencia del sujeto siempre y cuando esté vinculado e interrelacionado con “el otro”. Ese que se vale de su primacía para acoger, rechazar o ratificar lo enunciado (en este caso, por el yo poético). Para Lacan “el sujeto no es solo profundamente dependiente del Otro, sino que es un concepto por completo relativo a él. Para percibirlo, basta considerar que su identidad depende de la mediación del otro.”

Este problema comunicativo de la palabra, es trasladado al del hacer poético, enunciado con mayor énfasis en la segunda parte del libro “historias del Pájaro Relámpago”. Desde el primer poema de esta sección notamos que “el hacedor” se empeña en la construcción perfecta de su creación: “Es muy difícil hacerte / Pájaro Relámpago / engastar tu exacto e incomprensible mecanismo” (31). Sin embargo, una vez logrado, el Pájaro Relámpago se marcha sin siquiera oír los reclamos del creador, sin ninguna consideración. Es la representación del poema terminado que ya ha adquirido independencia. Y este poema emancipado, además de alejarse de su creador, se lleva una parte de él: “Y sin añadir nada más me cortó la garganta para arrancar un / puñado de voz roja, palpitante. Entonces se lo colocó al pájaro / como un inexplicable mecanismo y empezó a sonar. (...) Después se marchó volando por el sueño y yo lo perseguía / porque necesitaba recuperar mi voz.” (37).

Pero también encontramos el desdoblamiento de este Pájaro Relámpago, no es sólo materialización de lo creado, también se vuelve hablante lírico “Le salen bultos a mi voz y mis plumas se desprenden como una / extraña nieve.” (47). Así el autor implicado hace alternar al yo poético quien de ser a veces “el hacedor del Pájaro Relámpago” pasa a personificar a “el propio Pájaro Relámpago”.

En Respiración, la tercera parte, se vuelve a mostrar la incertidumbre, la inquietud del yo poético, pero ya no porque nadie responda, o porque lo creado se le escape de las manos, ahora hay algo peor, no se sabe qué es, solo se presiente, es inmaterial: “y de pronto te detienes / porque sientes que hay algo / o alguien detrás / duro como un hueso / como una consumación / y no sabes si es una sombra / o una luz / si una joroba / si una mueca / sin un tirano túnel: / y es inútil / que te des vuelta / porque cuando lo hagas / se habrá desvanecido.” (64).

Lo más resaltante aparece al final dl libro, en “Deseo de una mañana de verano”, el poema (a través del yo poético) se dirije al autor implicado. Esto que aparentemente podría entenderse también como un desdoblamiento, no hace más que aclarar las barreras que existen entre creador y creación, entre el acto locutivo del hablante lírico y el acto ilocutivo del autor implícito: “Tú me escribiste. (...) Fuiste tú, Carlos. / Yo me rendí a tu voluntad / que es también mi voluntad, / a tu santa voz / que se oye como la mía.” (77). Son dos instancias que no se confunden, que por lo viso aquí, están definidas las posiciones entre el que “hace” y el “poema” propiamente dicho.

Por último, López Degregori es consciente de la imposibilidad de mostrar algo absolutamente nuevo en poesía. Es por eso que aborda sin ningún inconveniente la temática tan recurrente de “el hacer poético”. Sin embargo, la diferencia la marca a través de las figuras, que empleadas con maestría, logran establecer imágenes que, por un lado parecen míticas (como la poética del pájaro) y por otro, de una preocupación constante, de origen remoto y a la vez vigente (la labor del creador)

© Jack Martinez, 2005

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/resena9_2.htm
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