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XIV
Para José A.
En la mano empuñada
florece un agapanto.
En la mirada cegadora
recuperan sus pasos todos los caídos.
En el infinito laberinto de una boca injuriosa
ven la luz transparentes poemas.
En la fría mañana
se calienta la paradojal pluma.
La danza cotidiana
asegura el eterno movimiento.
Y la coraza del rencor se rompe,
...se rompe ¡eternamente!. _______________________________________________
XXVI
Estoy detenido en una isla
que le teme al océano.
Me acompañan los fantasmas terrestres
que nunca han salido de viaje.
Todos los caminos me abren las puertas,
pero tengo miedo de mí mismo.
Busco la profundidad de las formas
en cada movimiento,
y nada consigo.
Tampoco,
logro asir el tiempo
con los números,
que no sé dónde existen.
Continúo partiendo
sin saber hacia dónde.
Aferrado a la inconsciencia
que no me deja morir,
¡aunque esté muerto!.
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VII
Para Óscar A.
El tiempo persiste en su avasallador paso,
la memoria resiste e invoca el recuerdo.
De vuelta a la inocencia,
al asombro,
al jolgorio,
a la tristeza.
Reviven los instantes en el eterno círculo:
los campos florecidos,
la sabana inundada,
las sucesivas diásporas,
las calles solitarias,
el tren presuroso,
el confesionario cómplice,
Todo... Todo se consumió mientras caía la hoja en el vibrante abismo.
Pero la primavera regresa,
los pies inician el ascenso,
y las puertas se abren
para más nunca cerrarse.
Las preguntas,
las respuestas,
las eternas alas,
y el instante,
que burla la muerte.
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XIX
Camino con retorno
el que conduce
la vida. Impulso fugaz
el que consume
la imagen de la nada. Desequilibrio vital
el que acepta
órdenes y ordenadores. Poderío real de la palabra
el que existe
antes de ser articulada.
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El visitante
“La mayor soledad está en la puerta”
Roberto Juarroz
I
Pasaré tu portal
y encontraré todas tus puertas:
las cerradas, las abiertas,
las que no quieren ser puerta,
y las que quieren ser llave.
Tu recinto será un brazo
actuando como ala.
II
Traspasar tu portal.
Adentrarse en la palabra
para recorrer la memoria,
y encontrar el más puro de tus rostros.
Ver el silencio
que habita la mirada del búho,
y convertirlo en nota, en cantata,
en aria; en una expresión de victoria.
III
Pasé tu portal
y ya nada fue puerta.
Un lugar conocido,
una máscara hablando con mi máscara,
una vida asumida en los leves instantes.
El recinto fue un hombro,
no para cargar el mundo.
Para cargar la soledad,
y darle pausa
©
Omar Ardila Murcia, 2005
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