El miedo en el Perú (Siglos XVI al XX)(Claudia Rosas Lauro)

Flama y respiración (Carlos López Degregori)

Los Andes: cincuenta años después (1953-2003). Homenaje a John Murra (Ana María Lorandi, Carmen Salazar-Soler y Nathan Wachtel)

Neguijón (Fernando Iwasaki)

El libro de barro y otros poemas (Blanca Varela) Blanca Varela)

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El eterno retorno a Murra

por Johnny Zevallos

 

Ana María Lorandi, Carmen Salazar-Soler y Nathan Wachtel (compiladores)
Los Andes: cincuenta años después (1953-2003). Homenaje a John Murra
Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2003.

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Hace cincuenta años, el antropólogo norteamericano John Victor Murra inició lo que fue su tesis doctoral acerca del universo andino: The Economic Organization of the Inca State (1955). Su estudio comprendía un análisis de los recursos del campesinado, dentro de esquemas de reproducción socioeconómica, así como sus distintas variaciones en tiempos del Tawantinsuyu. Es indudable que, pasados muchos años, la obra del autor de Formaciones económicas y políticas del mundo andino (1975) ha cobrado mayor interés entre quienes se reconocen deudores del legado prehispánico; no obstante la obra de Murra ha diseminado por sí sola un vínculo con los tópicos andinos, entendiendo estos últimos como las únicas fuentes de acceso para la comprensión de las actuales comunidades indígenas.

Los Andes: cincuenta años después se compone de once artículos, preparados por distintos especialistas e investigadores, peruanos y extranjeros, comprometidos con la obra del ilustre peruanista. Fue, sin duda, la compleja estructura social de las comunidades andinas lo que fascinó, desde un inicio, a Murra; esto último, sumado a la ausencia de documentos escritos en tiempos del Inkario, lo inclinó hacia la etnohistoria con el propósito de reconocer las variaciones socioculturales andinas y decodificar los agentes involucrados en las actuales comunidades campesinas. De esta manera, a lo largo de estos ensayos, se pretende comprobar la modernidad, no solo de la tesis del homenajeado, sino advertir una estructura que articule las categorías sociopolíticas y socioeconómicas del Tawantinsuyu. Las líneas, expuestas a continuación, no son sino una síntesis de cada uno de estos artículos.

Aunque sin ser exhaustiva, “Four Decades of ‘Visitas de Indios', an annotated bibliography”, es una acotación de treinta y siete estudios acerca de las distintas ‘visitas' que, aun anteriores a las campañas de extirpación de idolatrías, se realizaron en el Perú. Su autor, David Block, abre de esta manera el Homenaje a John Murra , a través de una meticulosa documentación del registro etnohistórico, publicado ora en artículos, ora en libros, con el propósito de adscribir la relevancia que la ‘visita' tenía como “a critical position in understanding the native Andean world” (15). El propio Murra reincidió en la función representativa de ésta, para constatar las estrategias supervivientes en las sociedades andinas.

Por su parte, Teresa Gisbert, en “Los otros en el mundo virreinal andino”, analiza los diferentes sujetos que se desplazan en el discurso picto-ideográfico colonial. Para la reconocida investigadora no todos los códigos existentes en el imaginario transcultural andino deberían entenderse como un híbrido entre lo andino y lo español exclusivamente, sino, desde otras referencias discursivas. De esta manera, judíos, africanos, ortodoxos griegos, islámicos y orientales, constituyen un marco sociocultural alternativo para la formulación de “una estética peculiar propia del mestizaje” (59). Si bien la participación de estos agentes estéticos se relaciona con mayor evidencia en el Renacimiento español, en el arte virreinal se presenta como “ecos que permanecieron en su subconsciente y que se traslucen en su comportamiento” (60).

El tercer artículo, “Estrategias campesinas indígenas de reproducción: de Apegado a Huasipunguero (Cayambe, 1983)”, mantiene con mayor afinidad la propuesta de la tesis doctoral de Murra. En efecto, Andrés Guerrero ahonda en las unidades familiares campesinas ecuatorianas con la finalidad de formular tres ejes elementales: 1) adscribir un sistema estructural que permita analizar el tránsito en las comunidades agrarias huasipungueras, sobre la base de códigos laborales y rituales de los iniciados (apegados); 2) precisar los modos de producción, dentro de estos grupos familiares y reconocer “las posibilidades de la combinatoria establecidas por las relaciones de parentesco” (79), desde criterios ancestrales y establecer esquemas similares para ambas comunidades; y 3) decodificar las instancias de producción a partir de ritos de iniciación (compadrazgo) entre los agentes implicados en ellas. El término “apegado” certifica una fase en las relaciones interfamilares, dentro de la comunidad huasipunguera, para, consecuentemente, adoptar la estructura socioeconómica de ésta. Las comunidades andinas ecuatorianas, como tales, suponen relaciones de reciprocidad por cuanto “la nueva pareja tiene que buscar un huasipungo donde ‘apegarse', integrarse a un grupo doméstico, obtener tierra para cultivo ‘al partir' con el titular y cumplir las obligaciones de trabajo” (109).

Heather Lechtman identifica, en los primeros asentamientos de extracción metalúrgica, una estrategia supérstite entre los actuales mineros indígenas. Esta tecnología anterior implicaba ciertas categorías propias de la organización económica andina, conservadas desde su estado primigenio. De acuerdo al artículo de Lechtman, “Ethnocategories and Andean Metallurgy”, los niveles de exploración minera han devenido en “two components of a central Andean technological style to which metalworkers were committed in prehistory” (120). De allí que la elaboración de los actuales trabajos metalúrgicos andinos posean un evidente rasgo testimonial, pues, esta etnocategoría “arise from patterns of technological practice, whether or not those patterns are labeled linguistically” (124). Este esquema tradicional asocia las relaciones laborales bajo una perspectiva simbólica, puesto que reúne connotaciones rituales propias en toda comunidad indígena.

En un proyecto conjunto, Ana María Lorandi y Lorena Rodríguez publican “Yanas y Mitimaes. Alteraciones incaicas en el mapa étnico andino”, quinto trabajo del Homenaje a John Murra . Ambas investigadoras plantean una síntesis comentada acerca de los mitmas y sus migraciones en el espacio andino, siguiendo los documentos y fuentes escritas suministradas por connotados historiadores. Es así que, de acuerdo a los documentos registrados por Waldemar Espinoza, Craig Morris, Nathan Wachtel, entre otros, muchos señoríos indígenas deben desplazarse a otras comunidades, la mayoría en condiciones precarias, para cubrir las necesidades sociopolíticas del Estado; a la vez que se procuraba consolidar la sumisión política de estos grupos étnicos. Sin embargo, la dispersión multiétnica respondía, asimismo, a una evidente adaptación ante los nuevos acontecimientos: el carácter innovador del Estado inca, en cuanto a la tenencia de tierras, radicaba en la redistribución étnica de las mismas. Pese a la escasez de archivos migratorios con que se cuenta —es probable que el número de traslados haya sido mayor—, era perentoria la necesidad de condensar y proponer los registros interétnicos que la estabilidad política del Tawantinsuyu requería.

No obstante tema investigado en diversos artículos, “El fracaso de los discursos: el desencuentro de Cajamarca” incursiona en el origen de la representación discursiva del Otro. José Luis Martínez reinterpreta los códigos que imposibilitaron el diálogo y la existencia de actitudes inconciliables entre españoles e indígenas, a partir de operaciones político-religiosas andinas; de esta manera, desde “una perspectiva europea, los españoles pudieron llegar hasta Cajamarca; desde una óptica andina, el inka los llamó a Cajamarca” (179). Si bien las categorías rituales indígenas no fueron decodificadas por los europeos, por cuanto éstos no participaban de la estructura político-religiosa inka, Martínez reconoce —siguiendo las investigaciones etnohistóricas de Murra— una evidente significación ritual en “el sistema ideológico y simbólico que recubría a las autoridades andinas” (178). Como resultado de las negociaciones diplomáticas abiertas por Ataw Wallpa, la apertura de espacios de interacción comunicativa condujo a ambos sujetos —andino y español— a una desarticulación interpretativa, por cuanto se frustraron las operaciones lingüísticas implicadas: a) la función ritual del inka, como conservador del equilibrio y del orden cósmico, cuestionaba toda acción bélica entre los indígenas; b) la oralidad, en tanto significado gestual de toda estrategia política andina, articulaba mensajes rituales, imposibles de decodificar, para la interpretación occidental; y, c) la lectura arbitraria entre ambos sujetos facilitó, indefectiblemente, el desencuentro intercultural.

El séptimo ensayo, “Identidad y localidad en los nombres personales indígenas. Sakaka en el siglo XVII” de Ximena Medinaceli, identifica los patronímicos andinos, en un antiguo repartimiento colonial boliviano, para sugerir la estructura nominativa y sus supervivencia en las actuales comunidades campesinas. La distribución de los nombres en los Andes se interpreta, desde el ayllu, de acuerdo a “un corpus bastante determinado que lo podía identificar con su lugar de origen” (219). La elección de Sakaka, como referencia etnohistórica, alude a su importancia como centro hegemónico durante el régimen colonial en el Alto Perú. Frente a ello, Medinaceli focaliza dos coordenadas esenciales para interpretar el contexto nominativo en Sakaka: 1) la supervivencia de los ayllus, agrupados en ella, en los primeros años de la administración colonial; y 2) el sistema dual andino para identificar los patronímicos indígenas en esos ayllus. Esto último le sugiere resaltar la relevancia del nombre, dentro de este primer repartimiento, para definir “los niveles de adscripción, de referencia personal en la colonia temprana” (223).

De otro lado, el colapso del estado tiwanacota permite, al historiador finlandés Martti Pärssinen, presentar algunas evidencias acerca del resurgimiento de éste en el Tawantinsuyu. De esta forma, en “Copacabana: ¿el nuevo Tiwanaku? Hacia una comprensión multidisciplinaria sobre las secuencias culturales post-tiwanacotas de Pacasa, Bolivia”, Pärssinen advierte las notables similitudes en la cerámica y la arquitectura de ambos estados. Las recientes excavaciones realizadas en Copacabana le aseguraron nuevos argumentos sobre la desaparición de Tiwanaku, a fin de constatar el aumento explosivo de asentamientos humanos tras la caída del reino altiplánico. El historiador pone énfasis, precisamente, en estos asentamientos para sustentar la eminente influencia que ejercerían, sobre los cuzqueños, la cosmogonía tiwanacota y el área del Titicaca para concebir el origen de la ideología político-religiosa inka.

Si bien los niveles conflictivos entre peninsulares e indígenas tuvo como primer escenario el plano discursivo, Carmen Salazar-Soler advierte, en la institución minera, un evidente eje de desencuentro. “‘Quilcar los indios': a propósito del vocabulario minero andino de los siglos XVI y XVII”, noveno ensayo de Los Andes , aborda no solo el origen lingüístico de ciertos fonemas quechuas, adscritos en la actividad minera, sino, legitima los códigos de subordinación indígena a partir de una decodificación etimológica quechua. Salazar-Soler se apoya en el discurso metatextual, de tres producciones bibliográficas coloniales ( Relación General de la Villa Imperial de Potosí de Luis Capoche, Diccionario de García de Llanos y El arte de los metales de Álvaro Alonso Barba) para precisar, además del proceso de aculturación como fenómeno lingüístico, un rasgo de hibridación, en los aspectos discursivo y tecnológico, operado en las minas de Potosí. La quechuización de la terminología minera se inscribiría como una sistematización etimológica, en la medida en que designa una nomenclatura mestiza para establecer códigos intralingüísticos reconocibles entre los hispanohablantes.

Como centro hegemónico de la futura sociedad inka, Tiwanaku o Thiya Wanaku —como se prefiere en el artículo— vuelve a ser abordado en la presente compilación de ensayos. El reconocido antropólogo polaco Jan Szemiñski reinterpreta algunos documentos, ulteriores a la Conquista , para sugerir el origen del Tawantinsuyu en el otrora reino altiplánico, asignando similitudes textuales en las informaciones elaboradas por los Visitadores. En “Acerca de las posibilidades de encontrar huellas de una larga tradición histórica en las fuentes del siglo XVI y XVII”, Szemiñski enfatiza los testimonios indígenas, recopilados por los cronistas, para acotar los “datos según los cuales en el siglo XVI se conservaba en el Perú una tradición de un imperio anterior al cuzqueño” (317). Si bien las versiones mitológicas, recogidas en estos documentos, reconocían como “gigantes” a quienes erigieron los grandes edificios del Altiplano; otras referencias concuerdan, además, en un centro cósmico (ziq'i), el mismo que advertía en Thiya Wanaku su ubicación más exacta. Estas acotaciones coinciden en un eje elemental: fundamentar el papel mítico del Altiplano en el marco político-religioso inka.

La intolerancia contra los conversos da pie a Nathan Wachtel para reformular las categorías religiosas y étnicas asumidas por los historiadores con respecto al Santo Oficio. “Manuel Bautista Pérez: Un exemple d'ambiguïté marrane”, último ensayo de Los Andes: cincuenta años después , cuestiona la cristianización de los judaizantes para deslegitimar los métodos de erradicación religiosa no-católica. Si bien Bautista Pérez, traficante de esclavos, radicado en Lima, “il s'agit d'un ensemble d'une rare abondance, et d'une qualité exceptionnelle” (346); ello le facilitó la posesión de una amplia bibliografía sobre Historia, donde, sin embargo, se excluía todo lo que concernía al Perú. Aunque abierto el acoso contra los “marranos” (apelativo que designaba a los judíos en la península), no sorprende “que sa fidélité à la loi de Moïse serait d'ordre plus mémoratif et historique que véritablement religieux” (368). Los archivos inquisitoriales demuestran la doble estrategia religiosa de Manuel Bautista: 1) incorporar el discurso eclesiástico, aunque desde la semiclandestinidad, durante las audiencias seculares; y 2) desplazar la hegemonía del culto judío a un marco estrictamente cultural.

Los aportes de John V. Murra a la etnohistoria andina implican, pues, la apertura a nuevas estrategias discursivas: decodificar la actual estructura sociocultural andina a partir de los documentos coloniales. De hecho, quienes aún continúan el estudio de las categorías y oposiciones simbólicas, presentes en todas las sociedades heterogéneas, hallaron en las investigaciones de Murra una fuente ineludible para la comprensión del universo andino. Los estudios del afamado antropólogo y etnohistoriador de origen rumano abrieron campos interdisciplinarios que, en tanto disímiles, ofrecen metodologías innovadoras dentro de ellas. La historia, la etnohistoria, la arqueología, la antropología, la lingüística, la literatura y aun el arte encuentran, de esta manera, en los fundamentos de John Murra, una de las propuestas teóricas más eficaces para reconstruir el pasado prehispánico.

Los artículos, anteriormente expuestos, reafirman la imperiosa necesidad de legitimar las manifestaciones socio-históricas indígenas, desde la perspectiva del sujeto que las produce. No hay duda de que tras la apertura a la alteridad, sociedades multiculturales, como la andina, confrontan su diversidad a través de modelos culturales y étnicos no-occidentales. Desde esta perspectiva, ¿puede reconocerse, en la decodificación étnica de las comunidades andinas, un horizonte intercultural? El interés de Murra por asignar las sociedades multiétnicas, a partir de un análisis riguroso, dentro de marcos teóricos universales, así lo confirma. En tal sentido, Los Andes: cincuenta años después no debe interpretarse como el homenaje a una obra concluida, sino, a partir del esquema canónico en que se sitúan los sistemas de interacción cultural  

© Johnny Zevallos Estupiñán, 2005

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Para citar este documento: http://www.elhablador.com/resena9_3.htm
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