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Entrevista: Joaquín Peón

Joaquín Peón:” La sorpresa a menudo deriva de un encuentro con lo inusual”

Por Redacción El Hablador

Uno de los invitados internacionales a la más reciente Feria del Libro de San Borja fue el escritor mexicano Joaquín Peón Iñiguez (Ciudad de México, 1987). Apareció en la Antología de la Novísima Narrativa Breve Hispanoamericana (Grijalbo) y ha colaborado con diversos diarios, revistas, y un catálogo de fontanería. Trabajó tres años como coeditor de la revista Replicante. En Perú se publicó una nueva edición de Ciudad Pantano, vía Colmena Editores. Sobre ello conversamos en la siguiente entrevista.

Las ficciones paródicas tienen una tradición antiquísima que abarca incluso al mismísimo Quijote de la Mancha ¿Por qué crees que, a pesar de ello, cuando aparece un libro con dichos rasgos se genera una especie de sorpresa en la crítica?

Me parece que en la literatura, como en la vida, la sorpresa a menudo deriva de un encuentro con lo inusual. La parodia, como género en sí mismo, se practica poco, a pesar de que la mirada paródica tiene asomos en muchas escrituras.

Supongo, además, que existen ideas extendidas sobre qué es la literatura y cómo ello permea en el trabajo de escritores y críticos. Está bien que se siga alimentando la tradición de las formas canónicas. Y está bien que exista esa otra literatura en constante búsqueda de expandir los horizontes de lo literario. Ambas merecen la atención de la crítica que, por otro lado, opera de a menudo en función de criterios personales, políticos y sociales que trascienden el propio ideal de criticidad.

En Reencarnación del Cristo de Elqui’ realizas una especie de actualización del famoso personaje de Nicanor Parra usando versos también. ¿Qué tan cercano te sientes al mundo de la poesía? ¿Cómo hilar un personaje que es tanto bufón como crítico certero de su tiempo?

En estos momentos, en lo personal, me interesa más la poesía o lo híbridos o los cuadernos, que las narrativas tradicionales de ficción.

Sobre lo otro, me hace sentido que un bufón sea un crítico certero de su tiempo. Detrás de los géneros y los recursos humorísticos, con frecuencia hay un sentido de autocrítica o crítica social. Y la carcajada nos libera de todo lo que le cause gracia

En tiempos de redes sociales e IA, donde los límites entre lo que es cierto de lo que es falso se vuelven difusos, ¿dónde crees que se ubica la parodia como ejercicio de resistencia?

Creo que la IA, por ahora, tiende a estandarizar representaciones verbales de la realidad. La parodia, por otro lado, tiene la tarea de distorsionar las representaciones de la realidad y, más allá de eso, de sugerir una visión crítica sobre las políticas detrás de las representaciones consensuadas de lo real.

En ¿Qué hay dentro de la ventana? recreas la atmósfera de una de las más famosas novelas de Bolaño, quien es otro referente de este ejercicio de desacralizar a muchas figuras canónica, ¿cómo te sitúas como lector ante su obra?

Bolaño fue importante para mí en mis veintipocos. Leí con entusiasmo varios libros suyos. Algunos de sus personajes eran para mí como súper héroes que leían en la ducha, discutían libros en cantinas y se adentraban en el desierto en busca de una poeta perdida. Sin embargo, hace tiempo no lo leo. Mi camino lector me ha llevado por otras veredas, pero le guardo ese eterno cariño de juventud.

¿Hay algún autor u obra que te hubiera gustado agregar a ‘Ciudad Pantano’?

¡Muchos! Por un momento pensé que dedicaría mi vida a escribir parodias. Sin embargo, luego me pareció que el humor, por naturaleza y necesidad, a menudo sólo alcanza para hacer una representación un tanto reduccionista de nuestra compleja realidad. Desde entonces sigo en el proceso de descubrir cómo ser una persona crítica. Cuando escribí ese libro, pensé que la crítica que me interesaba practicar estaba en la irreverencia, en el humor, pero con el paso de los años la busqué también en la exploración de mi ternura, y ahora mismo lo hago mientras intento recrear mi mente con todas las voces que en ella habitan y lejos, afuera de sí, de esta idea ilusoria que uno se hace de ser un yo.

Creo que un amplio sector de la crítica literaria, al menos la mexicana, se encuentra en una transición de la solemnidad a la banalidad, es decir, vamos de mal en peor. 

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Reseña: ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? (2021) de Michel Nieva

Costumbres ciberargentinas

Por Sebastián Uribe

«Porque me da risa».

Aunque pueda sonar como una razón menor, es lo primero que respondería si alguien me pregunta por qué recomiendo la novela ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos? (Colmena Editores, 2021) de Michel Nieva (Buenos Aires, 1988). Y es que más allá de sus escenas de sodomización robótica o la espeluznante descripción anatómica de un expresidente conservado en formol, un aspecto que resalta del libro es cómo posee un ingenio ficcional y un tono paródico que aúna un humor no exento de hondura al explorar los sentimientos de sus personajes, condenados a lidiar con su existencia artificiosa.

Nieva crea un universo en el que contextualiza arquetipos ya clásicos de la ciencia ficción —como lo son los androides y los zombis— dentro de una atmósfera argentina (o de la idea que se tiene de “lo argentino”). Mejor dicho: de los gauchos a las crisis económicas (el corralito del 2001 como epítome[1]), pasando por la hiperlocuacidad de los libreros porteños y la vehemencia con la que estos son capaces de defender una posición ideológica, en la poética de Nieva, existe un sincretismo exhuberante de elementos disímiles. ¿Cómo, entonces, Nieva logra que una mezcla así no se sienta impostada?

En ¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?, el lector conecta con una propuesta de lo que podría ocurrir si efectivamente existiera un mercado de androides basado en idiosincrasias, y estos decidieran asumir una posición bartlebyana («¡Y habría preferido no hacerlo!», exclama constantemente) contraria a las funciones para las que fueron programados. Con el ascenso y la meteórica debacle de un joven inventor que, de la noche a la mañana, saborea el rotundo éxito y la consecuente traición, en una estupenda ridiculización de las cansinas historias de vida que buscan validar al emprendedurismo como dogma: «La verdad, a veces me sorprende que los acontecimientos más importantes de la vida obedezcan a razones tan estúpidas, a azares sumamente vulgares» (p. 29), expresa uno de los personajes en este cuento.

¿Qué ocurriría si el monstruo de Frankenstein deambulara por Buenos Aires? Mi relato favorito de este conjunto es «Sarmiento zombi», donde Nieva recrea la desolación de un chico ninguneado amorosamente: «y ¿cuándo uno está enamorado no es, en el fondo, todo el tiempo, toda experiencia vivida sin esa persona que nos obsesiona, un pretexto, una necesidad de traducirla en anécdota con el único objetivo de poder compartírsela?» (p. 65). Luego, nos sumerge en el delirante deseo de una secta (cuando Emiliano, el protagonista, se une a esta) que busca revivir a Domingo F. Sarmiento, obviando los nefastos efectos que un evento así puede provocar.

Nieva reactualiza el mito de la bestia desprovista de control que arrasa con la naturaleza que le rodea, rechaza la condición que le ha sido impuesta, y que además se ve obligada a combatir los tormentos sobre qué significa albergar sentimientos, como bien lo expresa Bodoque, uno de los artífices del nuevo monstruo:

Y ansí la tosca criatura

Injustamente agraviada

Entendió que el mundo finito

Extenso como el chorizo

No estaba aún preparau pa

Los zombis o muertos vivos

(…)

Todavía corre el pobre monigote

Buscando el resto que aún falta

A su cuerpo pa ser hombre

¿Será ausencia tal vez de alma?

¿O bien este el mismo es

Sentimiento de insipidez

Que a todo hombre corroe? (pp. 84-85)

Empatía que se logra generar también con el llanto desconsolado y adolorido del gauchoide del primer relato, en lo que es una muy buena revitalización del conocido soliloquio de la criatura creada por Mary Shelley:

¡Qué daría yo por tener

un caballo en que montar

y una pampa en que correr!

¡Diga, patrón, si tal vez,

De otro gauchoide gimiente

Deba yo hacerme padre y juez

pa no ser tan contingente!

¡Soledá, patrón, soledá! (p. 13)

Foto: Simbiosis Cultural

Una ruptura de la cuarta pared por parte de los personajes, unas referencias a la propia obra de Nieva, un uso lúdico de distintas tipografías y, sobre todo, un humor ácido que hace que dichos elementos converjan de buena manera son los aspectos que destaco de un volumen muy recomendable. Una lectura como para reírse de las ficciones con posturas nacionalistas, sosas y solemnes, que cunden en buena parte de la narrativa realista actual.

*****

Datos del libro reseñado:

Michel Nieva

¿Sueñan los gauchoides con ñandúes eléctricos?

Colmena Editores, 2021, 100 pp.


[1] Para mayor referencia, sugiero escuchar este episodio de «El hilo»: «Argentina, 20 años del corralito y la crisis interminable».