Categories
Comentario sobre textos Reflexión Reseñas de libros

Reseña: La caza espiritual (2021, reedición) de Miluska Benavides

El arte de la fragmentación y lo cotidiano

Por Omar Guerrero

La caza espiritual (Hipatia Ediciones, 2021) es la reedición del primer libro de cuentos de Miluska Benavides (Lima, 1986), autora peruana seleccionada en el 2021 por la revista británica Granta entre los 25 escritores en español menores de 35 años con mayor proyección literaria. Cabe resaltar que Miluska Benavides entró a esta prestigiosa lista con esta única publicación, cuya reedición incluye un cuento inédito titulado “Llamadas” para diferenciarla de su primera edición no venal (Celacanto, 2015).

Lo primero que llama la atención en La caza espiritual es la estructura presentada en algunos cuentos bajo una fragmentación que divide espacios, tiempos, situaciones y personajes, y cuya relación entre sí se intensifica a través de los sentidos o estados de cada protagonista, provistos siempre de una posible expectativa o resignación que causan una mayor intriga. Esto se evidencia en los cuentos “Los cuerpos celestes”, “Corpus Christi Diego” y “Llamadas”. Otro punto que sobresale es el ambiente rural donde se desarrollan algunas de sus historias, pues se menciona un pueblo llamado Santa Lucía donde los hechos cotidianos pueden resultar hasta inusuales, tal como sucede en los cuentos “Los animales domésticos” y “Corpus Christi Diego”. Se suma también la opción narrativa de dejar en suspenso ciertos propósitos u objetivos. Para ello se recurre a la elipsis diegética, pues las acciones no llegan a un determinado fin, o no se cuentan, lo que resulta válido. Esto permite darle un mayor potencial al transcurso de la narración, muy a pesar de que lo inconcluso o lo suspendido quede como un vacío imprevisto que obliga a varios supuestos. Esto pasa en los cuentos “El panteón de los próceres”, “El condenado” y “Las cuatro estaciones”. Finalmente, las vicisitudes y la fatalidad se imponen para estremecer y cambiar el rumbo en la vida de sus personajes, sometiéndolos a lo cotidiano, tal como ocurre en “Las soledades”, “Las ceremonias” y “Llamadas”.   

El primer cuento “Los cuerpos celestes” gira en torno a la presencia del cometa Halley, visto por última vez a mediados de la década de los ochenta. El primer fragmento del cuento corresponde a un periodista soltero que desea darle un mayor sentido a su vida, aunque antes debe realizar un trabajo concerniente al cometa. Él recopila información dada en esos años. Encuentra el nombre de un astrónomo norteamericano que llegó a esta parte del mundo para hacer un riguroso estudio meses antes de la presencia del cometa. En estas pesquisas, el periodista también encuentra información de una mujer llamada Mary Ann Weller, hija de este astrónomo. Se le ocurre hacer una nota biográfica del científico tomando el testimonio de la hija, quien vive en su misma ciudad y que se presenta ya como una anciana que lo recibe en medio de la precariedad en la que vive. Después de realizar este trabajo, la vida tan común de este periodista pasa por un repentino sobresalto que guarda relación precisamente con los cuerpos celestes y el gran cometa. (En este punto el factor tiempo resulta ser un curioso indicio). El siguiente fragmento corresponde a los apuntes de un científico que es invitado por la Liga Astronómica a viajar al Perú en 1985 para investigar sobre la próxima presencia del cometa. Lo que más resalta de estos apuntes es la geografía de los andes y el comportamiento de sus habitantes. Le sigue otro fragmento que se titula “Dos sabios conversan” y que se presenta como un paratexto que aborda lo histórico y lo científico con relación a lo colonial, a la naturaleza y a la religión, e incluso con lo funesto. El último fragmento del cuento se titula “La mujer que allí estuvo”. Aquí se desarrolla el testimonio de Mary Ann Weller donde trae consigo el recuerdo de su padre travestido mientras vivían en Perú. Su relato se extiende luego a los viajes de ella, incluido un episodio traumático en Nueva York, cuando en medio de una manifestación se produce un hecho de horror y de absoluta consternación.   

En “Los animales domésticos” un hombre de avanzada edad decide darle toda su atención a un árbol de molle que ha crecido en su huerto. Es algo inaudito, pues la tierra de su pueblo Santa Lucía no es propicia para este tipo de árboles. Sin embargo, el árbol crece al punto de producir una serie de problemas, no solo en el huerto, sino también dentro de la casa. Esto trae consigo la molestia de su familia. Todo empeora cuando se encuentran rastros de un posible animal que se aprovecha de las raíces profundas del árbol para ingresar, invadir y dañar las flores del huerto. Junto a esta presencia surge un mal olor que se vuelve latente como si fuese parte de una amenaza. Aun así, el anciano decide hacerle frente. Quiere cazar al invasor para acabar con todos sus problemas. Y en este trajín, ocurre lo inesperado, lo que motiva a una inevitable resignación.   

En “El panteón de los próceres” el personaje es un niño que sufre las burlas y ataques de sus compañeros. Él es un alumno aplicado. También es sobreprotegido por sus padres. Su disciplina se ve perturbada en un paseo escolar al conocer el final trágico de algunos héroes de la patria. Su forma de pensar lo obliga a ir más allá de lo correcto sin importar las consecuencias.

“El condenado” es otro de los cuentos donde se impone un final suspendido. Sin embargo, su mayor atención radica en las peripecias del personaje. Se trata de un paciente con una extraña enfermedad que no ha podido ser curado. Los doctores y las medicinas no han conseguido aliviar su mal. La única opción para alcanzar la cura surge a través de la fe y la religión. Llegar a ella, o al espacio donde se desarrolla y se manifiesta, captura la atención del lector.   

“Las cuatro estaciones” es un cuento donde se vuelve hacer uso de la fragmentación en la estructura para contar una relación sentimental en dos versiones: de ella y de él. Aquí el romance no perdura, se acaba. Esto da paso a otras vivencias y relaciones. De pronto, uno de ellos decide revivir el pasado invadiendo una propiedad que ya no le pertenece. Allí se ausculta la nueva vida de su expareja sin importar que se descubra la intromisión. Y en ese preciso momento, la elipsis deja todo en suspenso, yendo mucho más allá de la sorpresa.  

En “Las soledades” se presentan las vicisitudes y los enfrentamientos entre un hombre jubilado y sus hijos. Apenas si existe la idea de una familia, pues aún hay muchas heridas ocultas del pasado. Aun así, se intenta establecer una nueva relación con una mujer contemporánea a él, pues este jubilado no desea sentirse tan solo. En este intento, ella se convertirá en testigo de estos enfrentamientos con cierto asombro. Él, a pesar de todos sus problemas, espera tener “una próxima vez” o un “próximo encuentro” con ella.    

“Las ceremonias” gira en torno a lo femenino y a la tragedia. Esta última no se exhibe, aunque sí se menciona y hasta se mantiene, pues se arrastra como una carga o un trauma. Se ubica en lo cotidiano, al punto que se puede pensar que el pasado podría llegar a repetirse.

En el cuento “Corpus Christi Diego” suceden una serie de vicisitudes para distintos personajes como un niño especial que se pierde al salir de su casa, ubicado luego en un espacio nada propicio para su edad. O el caso de una mujer que más parece un espectro y que los niños del pueblo le gritan “loca”. Es un cuento fragmentado. Allí se cuenta el origen del pueblo ficticio de Santa Lucía. También se menciona otro pueblo llamado Maras donde el mar está muy cerca, pues hay un puerto y un muelle. Allí, la fatalidad siempre se asoma.

“Llamadas” son dos cuentos en uno. Una muchacha dice comunicarse con su abuela fallecida. Al mismo tiempo conoce a un tipo que tiene un extraño antecedente y con quien forma una familia que finalmente queda separada. Aquí otra vez la fatalidad se hace presente. Lo mismo pasa con el segundo cuento, cuyas partes se presentan intercaladas. Se trata de un sitio recóndito y gélido donde las supersticiones y hasta lo mítico son el común en la vida de las personas que lo habitan. 

Foto: Taiko Haessler

Ante lo expuesto, se confirma que la invención total prevalece en los cuentos de La caza espiritual. Los recursos narrativos como la fragmentación y la elipsis se suman a lo cotidiano, a lo femenino, a lo trágico, a lo histórico y hasta lo científico. La confrontación de lo común junto a lo imprevisto causa un completo extrañamiento que puede llegar a estremecer y a la vez maravillar.

*****

Datos del libro reseñado:

Miluska Benavides

La caza espiritual

Hipatia Ediciones, 2021 (reedición)

Agregue un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *