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Junto al Sena

Haruki Murakami: Primera persona del singular

Por Carlos Germán Amézaga

La primera vez que leí a Haruki Murakami, hace ya algunos años, me dio la impresión de que ya lo había leído antes; pero no, nunca lo había hecho. Lo que pasaba era que sus historias, en las que hombres comunes y corrientes se ven envueltos en situaciones -precisamente- poco comunes, me hacían dudar si es que realmente no serían otros autores que ya habían tratado temas similares, pues hay algo de realismo mágico en sus cuentos y novelas que nos llevan a tener esa impresión.

Foto:  K. Kurigami

Creo que fue leyendo Tokio Blues (Norwegian Wood) cuando tuve esa primera sensación, arrebatado por las aventuras de Toru Watanabe, estudiante de primer año de la Universidad de Tokyo. Pero había algo especial, esa novela y las que siguieron después, todas, suelen estar marcadas por una cadencia especial, aquella que les ofrece la música en todos sus estándares, pero especialmente la música clásica y el jazz, omnipresente en todas sus obras.

Después, me parece que leí Kafka en la orilla, donde el protagonista, un joven de 15 años, encuentra a un viejo que es capaz de hablar con los gatos. Siguió Al sur de la frontera, al este del sol, cuyo personaje principal es justamente el dueño de un club de jazz y por esa razón el autor empezó a gustarme cada vez más. Llegué luego a la Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y allí sí me quedé totalmente pasmado por la maestría y la audacia de Murakami para mezclar la realidad con los sueños y la ficción, en medio de la vida de un hombre, Tooru Okada, que resuelve sus problemas buscando al gato perdido de su esposa.

Las novelas continuaron, como lector obseso que soy con algunos autores, con El elefante desaparece, La caza del carnero salvaje, y alguna más, hasta llegar a 1Q84. Aquí me detuve. La empecé a leer pero no pude terminarla, mil páginas se hacen difíciles de asumir, la dejé como en la página 100. Se me fue pasando el tiempo, aparecieron otros autores para recorrer y no volví a recomenzarla. Y así, poco a poco, Murakami fue pasando un poco al olvido circunstancial. Hasta ahora.

Hace unas semanas visitando una librería, encontré el libro Primera persona del singular y decidí darle una nueva oportunidad a Haruki Murakami. Huelga decir que no me he arrepentido. Es que las historias -esta vez es un libro de cuentos- narradas por el autor nos vuelven a encerrar en su propio mundo de realidad y fantasía, mezcladas de tal forma en que lo imposible aparece como posible, en las que el pasado -de alguna manera- se convierte en presente, en las que la música acompaña a la acción pero es también la misma acción.

Por ejemplo, en la historia que da título al libro, un hombre muy bien vestido se sienta en la barra de un bar para tomar un Vodka gimlet, está solo y tiene en la mano un libro para leer. De pronto, una mujer se sienta a su lado y empiezan a intercambiar algunas frases. Al final ella le hace saber que es la amiga de una amiga de él, a quien aparentemente él le habría hecho algo horrible hacía tres años, cerca de algún río o del mar. El hombre no lo soporta y se va del bar, pero le quedará dando vueltas aquello que le ha dicho la mujer, algo de su pasado que prefiere no recordar pero que ha vuelto a él en una forma que no esperaba y que lo seguirá atormentando.

En “Confesión del mono de Shinagawa”, un hombre se aloja en un pequeño hotel de una estación termal y mientras está tomando un baño, se le acerca un mono y comienza a hablar con él. Si bien el hombre se sorprende, sigue conversando con el mono e incluso lo invita a tomar unas cervezas en su cuarto, donde el mono le cuenta parte de su vida. Una vez más, aquello que parece imposible aparece como perfectamente factible en la historia que nos cuenta Murakami.

Por supuesto la música, siempre la música, es un leit motiv en varios de sus cuentos. En “Carnaval”, los protagonistas, un hombre y una mujer “poco atractiva”, amantes de la música clásica, descubren que ambos son fanáticos de la sonata “Carnaval” de Schumann y, a partir de allí, iniciarán una larga amistad que los llevará a asistir a todos los conciertos en los que se ejecute dicha pieza magistral. En “With The Beatles”, un hombre (de quien podemos pensar es el mismo Murakami) hace un recuerdo de su adolescencia, de cuando se fijó en una muchacha que llevaba cargado junto a su pecho ese conocido disco de los Beatles; el autor aprovecha para contar el fenómeno de la beatlemanía en Japón y cuenta también su historia con otras mujeres que conoció, en especial a una que murió poco después que él la dejara; aunque nunca pudo volver a encontrar a la muchacha que llevaba el disco.

Y, bueno, el Jazz. En “Charlie Parker plays bossa-nova”, Murakami nos cuenta que siendo muy joven escribió un artículo describiendo la aparición de un nuevo disco de Charlie Parker, en el cual, acompañado de otros famosos músicos de jazz, tocaba canciones de Antonio Carlos Jobim, en ritmo de bossa-nova. El artículo fue mal recibido por la crítica pues era algo que resultaba imposible por la época (1955) en la que murió Parker. No obstante, años después, el personaje descubre, o cree descubrir, que ese disco estaba en venta en una discotienda de New York; si bien no lo compra por su alto precio, al volver decidido a la tienda al día siguiente, otro vendedor le dice que el disco no está en venta porque nunca ha existido. La historia termina con un sueño en el que Charlie Parker se le aparece y le da las gracias por haberlo hecho grabar un nuevo disco y le toca Corcovado solo para él.

Hay varios otros cuentos más, pero podemos decir que en ellos encontraremos todas aquellos lugares y situaciones a las que Murakami nos tiene bien acostumbrados y que, por lo menos a mí, me han hecho conocerlo y quererlo como a pocos otros escritores. Es por esa razón que recomiendo vivamente Primera persona del singular, no solo a los hinchas, sino también a los que quieran empezar a disfrutarlo como se merece.

París, abril de 2022