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Reseña: Huaco retrato (2021) de Gabriela Wiener

Contra el racismo y el coloniaje

Por Omar Guerrero

Huaco retrato (Literatura Random House, 2021) se presenta como una novela contada en primera persona cuyo recorrido se remonta al origen de una familia peruana que lleva un apellido extranjero. La autora lleva este mismo apellido, por eso mismo investiga y cuestiona. Todo empieza al visitar el Museé du quai Branly en París donde se encuentra la exposición permanente del trabajo realizado por su tatarabuelo, el explorador judío-austriaco Charles Wiener, en un viaje realizado entre 1876 y 1877, primero en territorio peruano y luego en Bolivia. Lo que ella encuentra en esta exposición es una serie de huacos y estatuillas incas que Charles Wiener extrajo del Perú con el fin de mostrarlos al primer mundo. De ahí su definición de “huaquero”. Pero lo que más le llama la atención a la autora es la mención de un niño peruano como parte de un proyecto civilizador que puede considerarse benévolo, aunque también bastante cruel. Se trata de Juan, un pequeño que el mismo Charles Wiener compró para arrebatarlo de la miseria y la barbarie de la que fue testigo en su viaje. Con esta singular compra, lo alejó de una madre alcohólica que mantenía a su hijo casi desnudo y con hambre, cubierto apenas por un poncho sucio y raído. Lo alejó también de un país que no le daría mayores oportunidades. A cambio, el pequeño recibiría educación y un modelo cultural que sería supervisado por su nuevo mentor, no sin antes exhibirlo en una especie de zoológico humano donde su distinción racial lo colocaba como un fenómeno o como una especie rara o distinta al centralismo europeo. Se trataba, pues, de una forma de racismo denominado racismo científico, pero racismo, al fin y al cabo.

La autora, a pesar de apellidarse Wiener, se define como una mujer chola de piel oscura, una mujer de color marrón similar a la madera o del mismo tono de la caca (sic). Se identifica también con la forma y los rostros de los huacos que se encuentran exhibidos como parte del trabajo de su tatarabuelo, un hombre que dejó descendencia en Perú sin saberlo o sin importarle. Por esta misma razón ella siente que el pequeño Juan, el niño que fue usado como experimento civilizador, es parte de su familia, más que el mismo Charles Wiener.

Ella también siente que los huacos y todo lo exhibido le pertenece al Perú, su patria, porque se define orgullosamente como peruana, una peruana que por distintas razones vive fuera del Perú. Y esta condición de migrante, de mujer peruana, de chola color marrón, le dan motivo para hablar de un racismo histórico e institucionalizado, no solo en el Perú, sino también en España, país donde actualmente reside junto a su familia, y donde muchas veces le han dicho con total desparpajo que sí tiene “cara de peruana”. Pero ¿qué significa tener cara de peruana? Y ella, a pesar de identificarse como periodista y escritora, la han considerado en más de una ocasión como una mujer que puede realizar distintas labores domésticas y de servicio como sucede con muchos peruanos y latinos, a quienes se les tilda despectivamente como “panchitos”, término que guarda relación al maíz que en Perú se conoce como “canchita”. Entiéndase “canchita serrana”.  

Se suma la bastardía de su familia, pues Charles Wiener nunca se preocupó ni se responsabilizó por el hijo que tuvo con una mujer de Trujillo llamada María Rodríguez, de la que no se guarda ningún retrato en la familia Wiener en la actualidad. Sin embargo, sí se guardan imágenes y se comparte mucha información del trabajo de Charles Wiener, incluido el libro que publicó producto de sus investigaciones en este lado del mundo. Lo cierto es que este patriarca nunca estuvo, pero igual produce un profundo orgullo en su familia peruana por los logros obtenidos hace más de un siglo atrás (o los casi logros como el hecho de casi llegar a descubrir Machu Picchu). Se suma la herencia del apellido Wiener, tan poco usual en un país como el Perú y que puede producir cierto tipo de privilegios. Ante este hecho, la autora vuelve a cuestionar si es válido sentir orgullo por un progenitor ausente cuya característica más resaltante es no tener el mismo color de piel que su descendencia. Al mismo tiempo revalida la imagen olvidada e inexistente de su tatarabuela, María Rodríguez, quien tuvo que criar un hijo sola en un país que sigue siendo extremadamente machista.

Otra revalidación femenina recae en su madre, quien tuvo que aceptar y sobrellevar la infidelidad de su esposo, el periodista Raúl Wiener, al punto de compartirlo con una amante que vivía a pocas cuadras de la casa familiar. No solo eso, también tuvo que aceptar a la hija nacida fuera de matrimonio. Este adulterio cometido trata de ser comprendido por la misma autora, lo que la obliga a auscultar la vida paralela que llevaba su padre fuera de su casa y de su trabajo. Es así como descubre una serie de situaciones que le parecen difíciles de creer. Y aquí hace sobresalir la figura y el carácter de su madre, sobre todo cuando llega la enfermedad y la muerte. 

Créditos: Sofia Alvarez

La autora también es otra figura femenina que sobresale en el texto, no solo por su postura contra el racismo y la necesaria revalidación de lo femenino, sino porque ella también comete una serie de infidelidades dentro de su matrimonio, el cual no se caracteriza por ser de dos personas sino de tres: esposo, esposa y ella. Razón suficiente para desarrollar el término “poliamor”. Se suma la presencia de una hija adolescente que observa y pregunta. Y en esta convivencia, con su hija adolescente, con su esposo peruano, Jaime, cholo como ella, y una esposa española, Roci, mujer blanca que trabaja en una librería, se da rienda suelta a una serie de libertades, pero también de hartazgos, silencios y muchas dudas que obliga a la autora a tomar unos talleres de sexo anticolonial y/o descolonizador donde se exhibe y explora el cuerpo femenino desnudo, con su belleza e imperfecciones, y sobre todo la piel, tan igual a otras pieles sin importar su color ni su origen. Y es que el mayor propósito de todo lo que sucede en este libro es descartar cualquier forma de dominio o poder. La vida sin ningún tipo de sumisión o prohibiciones es el único fin. Así lo demuestra en un texto final titulado “Panchilandia” a modo de crítica para finalmente dar paso al anhelo.

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Datos del libro reseñado:

Gabriela Wiener

Huaco retrato

Literatura Random House, 2021

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