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Las pandemias históricas y las oportunidades para la civilización: De la peste negra al Renacimiento

Por Carlos Carcelén Reluz

La actual pandemia no tiene comparación con las más grandes olas epidémicas sucedidas a lo largo de la Historia, como las de peste en los siglos XIV y XVII o la de gripe española de 1920. La rapidez de los sistemas de transporte a nivel internacional, la interdependencia comercial, la alta concentración demográfica en zonas urbanas, la costumbre de participar en eventos masivos, entre otras, son las características de la globalización contemporánea que propician la rápida expansión de una enfermedad originada en una lejana provincia china, cuya etiología era –y es– desconocida y para la cual no hay tratamiento prescrito y menos vacuna.

La primera pandemia que fue objeto de estudio por su importancia en la reconfiguración de la economía, sociedad y cultura europea fue la “peste negra” que, a mediados del siglo XIV, significó el punto de quiebre de una Edad Media caracterizada por el dogmatismo, la ignorancia y la teología a una Edad Moderna que empezó con una renovación intelectual sin precedente, y una expansión económica y social que dieron sustento al capitalismo hasta nuestros días.

Según Ole Benedictow (2011), la peste negra se expandió desde Asia central por las rutas de comercio que llegaban a la cuenca del Mediterráneo y se extendían por toda África y Europa desde el año 1346 hasta el 1353. La epidemia mató a un tercio de la población del Viejo Mundo (Asia, África y Europa), con un aproximado de 200 millones de víctimas. Solo en Europa se calcula la muerte de unos 50 millones de un total de 80, razón por la que constituye la peor tragedia demográfica de la historia.

Las causantes de la mortandad fueron la peste bubónica y sus variantes como la septicémica y la neumónica que lograron expandirse gracias al panorama general del inicio de una crisis estructural de origen climático denominada Pequeña Edad Glaciar. Esta se manifestó a través de una caída del promedio de las temperaturas a nivel global. De acuerdo con Brian Fagan (2009), en Europa, provocó sucesivas sequías y escasez de alimentos, como la “gran hambruna” (1315-1321). Asimismo, generó una serie de conflictos sociales de origen tributario, como las revueltas campesinas en Francia, Inglaterra, Cataluña, Galicia, entre las más importantes, pero que de manera irreversible debilitaron la legitimidad de los señores feudales europeos. 

Fuente: El Confidencial

A ello se sumaron varios conflictos políticos y territoriales debido a reclamos de viejos derechos hereditarios entre los monarcas europeos, de los que se destaca la Guerra de los Cien Años (1337-1453) entre Inglaterra y Francia. También tuvieron lugar diversos conflictos al interior de la Iglesia católica que desencadenaron el Cisma de Occidente con la existencia en paralelo de dos pontífices, uno en Roma y otro en Aviñón, lo que produjo la peor época de desgobierno y corrupción al interior de esa institución. 

Pero como todo en el devenir histórico no es bueno ni malo, las terribles escenas de muerte y destrucción que nos dejó la crisis del siglo XIV dieron paso a una nueva era en la que aparece el “hombre nuevo”: el humanista que decepcionado de la teología y los dogmas se dirige a la revalorización del espíritu humano a partir de la unión de la cultura de esa época con la clásica (greco-romana), que permite inaugurar un periodo de rica producción filosófica y literaria. El humanista fue el escritor, el pensador, el intelectual, que no se limitó al estudio de la teología y las sagradas escrituras, como en los siglos pasados, sino que le dio mayor importancia al estudio de las ciencias humanas y a las lenguas clásicas como el latín y el griego clásico.

Como corriente filosófica, el Humanismo se opuso al teocentrismo de la escolástica medieval y propuso el antropocentrismo y las humanidades para generar una formación integral del hombre basada en las fuentes clásicas. Con estos fundamentos, los humanistas comenzaron a sacar a la luz numerosas obras escritas en la antigüedad que estaban escondidas en las bibliotecas monacales, para leerlas con los nuevos puntos de vista producidos por el capitalismo inicial y el mundo urbano burgués. Estos afanes lingüísticos y filológicos les permitieron fundamentar su confianza en la inteligencia humana y su amor por la naturaleza. 

El Humanismo debía restaurar todas las disciplinas, ciencias y artes que ayudaran a un mejor conocimiento y comprensión de los autores clásicos, considerados modelo de una humanidad no contaminada por la teología. Las humanidades que resurgen fueron la gramática, la retórica, la literatura, la filosofía moral y la historia, que son difundidas desde múltiples perspectivas y debates. De este modo, el diálogo y la epístola se convirtieron en los principales géneros literarios humanistas. A esto se unieron las biografías de héroes y personajes célebres en oposición a las hagiografías, y la recopilación de mitología y relatos populares en contra de los esquemáticos y moralistas cantares de gesta. Según Said (2006), de este modo los intelectuales humanistas asumen la responsabilidad política de criticar lo existente.

La expansión de estos fundamentos permitió el surgimiento del Renacimiento como una etapa de renovación cultural caracterizada por la exaltación estética del mundo y del hombre. En la pintura aparecerán paisajes con profundidad, próximos a la realidad, que contrastan con los fondos dorados y simbólicos de los cuadros medievales. Se descubre la belleza del ser humano y se promueve el desnudo –en búsqueda de representar correctamente el cuerpo humano–, lo que fue casi inexistente en la Edad Media. A nivel de las técnicas, el arte renacentista encontró el sentido de la proporción y el equilibrio, así como la perfección de la perspectiva. Como señaló Peter Burke (2015), la producción artística también se convirtió en un factor de importancia para las ciudades burguesas, sobre todo en el norte de Italia. Cuantas más bellas obras de arte poseyeran, cuantos más artistas trabajasen en ellas, mayor era su prestigio y la cantidad de los visitantes dispuestos a comprar los productos que se vendían en sus mercados.

Fuente: Armas y letras

Este desarrollo cultural a lo largo del siglo XV acompañó la recuperación demográfica después de los desastres del siglo anterior y fueron las bases de la expansión económica y territorial que buscaba materias primas para la manufactura europea, al igual que nuevos mercados para los productos de dicha actividad. Eric Wolf, en su libro Europa y la gente sin historia (2005), resaltó que la expansión territorial se benefició del nuevo espíritu individualista liberado de las ataduras dogmáticas medievales y por los adelantos científicos renacentistas aplicados a la tecnología marítima, que sentaron las bases de los nuevos imperios coloniales.

Este proceso de desarrollo cultural, científico y tecnológico, unido a la expansión económica y territorial, se convirtió en el fundamento de la Edad Moderna. Esto nos demuestra que, a pesar de las duras circunstancias por las que atravesaron los países europeos en el siglo XIV, la lenta recuperación dio lugar a una época caracterizada por el redescubrimiento del valor del hombre por encima de sus miedos y dogmas, y una apertura a la libertad de pensamiento y la secularización de la sociedad.

Por estas consideraciones históricas y a pesar de los terribles resultados que nos traerá la pandemia de COVID19, que se manifestaría en el alto número de muertos, el aislacionismo político, el colapso del comercio y el turismo internacional, el fin de los espectáculos públicos masivos, entre otras, que nos perfilaban como una cultura globalizada, la humanidad tiene las bases para poder salir adelante mirando lo mejor de nosotros mismos y revalorar lo que fuimos y podemos ser como especie.

Referencias

Benedictow, O. J. (2011). La Peste Negra (1346-1353), la historia completa. Madrid: Editorial Akal. 

Burke, P. (2015). El Renacimiento italiano. Cultura y sociedad en Italia. Madrid: Alianza editorial.

Fagan, B. (2009). La pequeña edad de hielo. Cómo el clima afectó a la historia de Europa (1330-1850). Barcelona: Gedisa.

Said, E. (2006). Humanismo y crítica democrática. Barcelona: Debate. 

Wolf, E. (2005). Europa y la gente sin historia. México: Fondo de Cultura Económica.

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Sopa de letras: la academia en tiempos del coronavirus

Por Mateo Díaz

1

En las redes sociales viene circulando una selección de textos en torno al Covid-19 titulada Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. Uno de los autores incluidos, Slavoj Žižek, incluso ya tiene un libro acerca del tema que se puede adquirir por internet. De la selección he revisado los títulos, algunas páginas al azar, pero aún no la he leído. Probablemente no lo haga, no en este momento. Constato que para algunos lectores estas publicaciones generan entusiasmo; como si vinieran de consultar a algún oráculo, anuncian con timidez o euforia que la pandemia acelerará el fin del capitalismo

Todo esto, de hecho, me hace acordar lo que unos amigos chilenos me contaban hace un tiempo. Un sociólogo, Alberto Mayol, acababa de sacar un libro, Big Bang, para analizar el estallido social en Chile. Entre risas me decían, el estallido empezó en octubre y a los dos meses el hombre ya había publicado un libro. Y eso es lo que el texto francamente les generaba: risas. En ambos casos, propongo tomar la precipitación como un síntoma.

(Vale la pena recordarlo: en Edipo Rey los griegos consultan el oráculo de Delfos justamente porque una peste asolaba la ciudad de Tebas.)

2

Se trata de un chiste, un meme. Me lo envió una amiga cuando se cancelaron las clases presenciales y se empezó a insistir en el distanciamiento social. Dice: “cuando descubres que tu estilo de vida es llamado cuarentena”; la imagen es la de un monito que mira de reojo a la pantalla, como descubierto in fraganti. Iba acompañado de un mensaje de mi amiga que decía “mira, me acordé de ti”. Me reí. Por supuesto, los chistes que dan más risa son los que dicen la verdad. 

No es ninguna novedad que la vida cotidiana de un académico o un estudiante doctoral se asemeja a una cuarentena. El chiste es que nada cambia, que nosotros (cito otro meme) ya practicábamos el distanciamiento social antes de que se pusiera de moda. En todo caso, el “todo sigue igual” ha sido la reacción de las universidades de los Estados Unidos y de buena parte del mundo. Las clases, los proyectos de investigación, las reuniones y hasta algunas conferencias deben continuar a larga distancia utilizando aplicativos como el Zoom, diseñados para hacer videollamadas con varios participantes. Las bibliotecas, nos dicen, ofrecerán servicios de digitalización. Todo será igual que antes, pero diferente.

(Los correos electrónicos, las comunicaciones burocráticas, reflejan esas diferencias. Abundan frases como “cuando todo vuelva a la normalidad”, “cuando todo pase”; la pandemia se concibe aquí como un paréntesis, una interrupción del orden. Cuesta mucho conciliar esa actitud nostálgica con las profecías de la caída del sistema.)

3

¿De qué es síntoma la precipitación? Hay un dicho que todos los estudiantes doctorales conocemos: publish or perish (publica o perece). Desde que vivo en los EEUU la palabra que más escucho en la academia, pronunciada con reverencia o miedo, es “mercado”. Casi podría decirse que hay una exigencia compulsiva, a veces (solo a veces) tácita, de ser productivos. Para los que nos dedicamos a las Humanidades se trata de eso: escribir, publicar, repetir. Aunque la gran mayoría de artículos que se escriben en estos departamentos desmontan y deconstruyen los mecanismos del capitalismo tardío, sus condiciones de producción y circulación reproducen las dinámicas del sistema tan criticado. Los valores, afuera y adentro, son los mismos.

Las preguntas que siguen son obvias: ¿cómo imaginar una realidad distinta desde una praxis que refuerza el presente que se desea cambiar? ¿Hasta qué punto puede sostenerse la separación artificial entre el sujeto que analiza y su objeto de estudio, la realidad? Y claro, ¿qué sentido tiene mantener esta productividad frenética, más aún en una situación en que el mundo cambia a cada momento y opiniones que hace unas semanas sonaban –eran– lógicas (“el virus no es tan letal”, “es una exageración”, “es una creación de los medios”) rápidamente devienen obsoletas?

(La segunda palabra que más escucho en los salones de clase, en los talleres, en las charlas, es “crisis”. La tercera, “circulación”. En el contexto global de la pandemia, los vuelos cancelados, las calles vacías, el chiste se cuenta solo.)

4

Los efectos del Covid-19 aún no son dramáticamente visibles en Providence. Se trata de la capital del estado más pequeño de los Estados Unidos, Rhode Island, ubicada a tres horas y media de la ciudad de Nueva York, hoy el epicentro mundial de la pandemia. College Hill, la zona cercana a la Universidad de Brown, luce más vacía sin los estudiantes de pregrado, pero el contraste con el día a día no es muy marcado. Quienes venimos de ciudades grandes y caóticas nos hemos conformado con pensar que Providence es un lugar apacible.

La presencia del coronavirus se vuelve real, sin embargo, a partir de la relación con las personas que nos rodean. En estos días ayudo a algunos amigos que deciden mudarse y regresar a sus países de origen; luego, incluso eso parece insensato cuando el contacto interpersonal se vuelve más riesgoso. El sindicato de estudiantes de posgrado y otras entidades estudiantiles presionan a las autoridades universitarias para resguardar nuestras condiciones de trabajo y protegernos del virus en el contexto del terrorífico sistema de salud estadounidense, que a la enfermedad añade la amenaza de la bancarrota. A veces alguien me escribe y me pregunta si necesito algo, a veces lo hago yo. Hace una semana un amigo me cuenta que su madre ha contraído el virus y acaba de ser hospitalizada: me doy cuenta de que es la primera persona contagiada que conozco.

Por otro lado, el aislamiento distorsiona las distancias y los horarios. Paso más tiempo del habitual hablando con personas que están en otro hemisferio. Sigo las noticias: advierto que mi reclusión voluntaria coincide con el inicio de la cuarentena en el Perú, que empiezo a utilizar mascarilla fuera de casa cuando el presidente Vizcarra la declara obligatoria. Hablo con mis padres, con mis amigos. Hay una generalizada aprobación de las medidas que el gobierno está llevando a cabo, pero también hay miedo: una amiga, diabética, me cuenta sus dificultades para conseguir alimentos y medicinas en este periodo de libertad restringida; un amigo médico, que hace su SERUMS cerca de Rioja, me manda largos audios explicándome lo complicado, y a veces riesgoso, que es llegar a su lugar de trabajo. 

El pdf de Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempo de pandemias sigue abierto en mi laptop, detenido invariablemente en el índice.

(En Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempo de pandemias hay 15 colaboradores. 17 artículos. Para el día de hoy, domingo 12 de abril, hay 6848 casos confirmados de coronavirus en Perú. 1727 en Rhode Island. 549 131 en Estados Unidos, que ya sextuplica los de China. En la provincia de Hubei, cuya capital es Wuhan, hay 67 803.)   

5

En los Estados Unidos no se ha aplicado una cuarentena a nivel nacional. Es muy poco probable que suceda. Como si fuera necesario argumentar, por ahí alguien me dice: tú sabes, el país de la libertad. 

La amiga del meme me pregunta si estoy saliendo a caminar. Que sería una buena idea, tomando las precauciones del caso y manteniendo los dos metros de distancia con las demás personas claro. Respondo que no, pero prometo hacerlo pronto. Mejor espérate, me dice, en estos días está lloviendo mucho. Siempre llueve en Providence. Esta es, por algo, la ciudad de Lovecraft.