Categories
Columna de opinión Comentario sobre textos Coyuntura Reflexión

Apuntes sobre una nueva coyuntura en la literatura peruana

Elaboración propia.

Por Mateo Díaz Choza

1. El otoño del patriarca

Hace poco, un narrador peruano me contaba que tras la muerte de Mario Vargas Llosa, en abril de 2025, se había extendido una sensación de orfandad en el ámbito de los escritores locales. En una entrevista grabada después de la partida de otro peso pesado de la narrativa peruana, Alfredo Bryce Echenique, el novelista Jeremías Gamboa complementaba el panorama al afirmar que Vargas Llosa no había dejado herederos literarios. La carencia entonces parecería doble: hijos sin padre, padre sin descendencia.

¿Hasta qué punto es representativo este diagnóstico o supone, por el contrario, una lectura parcial de lo que sucede en el campo literario peruano? Vargas Llosa fue, sin duda, su animador más importante en el último medio siglo. Si se quiere pensar en un caso equivalente en el ámbito latinoamericano, viene a la mente la figura de Octavio Paz: ambos galardonados con el Premio Nobel, con obras imponentes, un perfil de intelectual público y una influencia muy poderosa en las redes culturales de sus países. Hasta cierto punto, Vargas Llosa fue para la narrativa peruana lo que Paz para la poesía mexicana. Es tentador incluso estirar un poco más la comparación y decir que, a pesar de la indudable relevancia de sus obras, la omnipresencia de ambos habría terminado, con el tiempo, por inhibir el surgimiento de propuestas diferentes y la renovación de sus respectivos ámbitos literarios.

Pero Vargas Llosa es una figura cuya importancia excede al circuito literario. Junto con un puñado de autores —Julio Ramón Ribeyro, Alfredo Bryce, José María Arguedas, César Vallejo, Ciro Alegría y Manuel Scorza— debe ser uno de los pocos escritores peruanos del siglo XX que llegaron a ser leídos por un público masivo. En ese sentido, sus novelas han moldeado el modo en que los peruanos imaginamos el país; las ideas que, por ejemplo, El hablador o Lituma en los Andes proyectan sobre el territorio de la selva o la sierra peruana trascienden el espacio de la ficción y son perfectamente legibles aun para quien no las haya leído. De los autores que ofrecieron una visión nacional alterna a la de Vargas Llosa, solo Arguedas ha tenido un impacto similar; de ahí que la interpretación de la obra arguediana realizada por aquel en La utopía arcaica haya sido leída, de modo casi inevitable, desde un lente político o identitario. En los últimos años, algunas editoriales han impulsado el «rescate» de otros autores relevantes como Miguel Gutiérrez o Pilar Dughi, cuyos proyectos se distancian parcialmente de la mirada vargasllosiana del Perú.

Por otro lado, desde un punto de vista estético son quizás las novelas de Mario Bellatin las que más radicalmente se alejaron del modelo de Vargas Llosa e inauguraron el siglo XXI en la narrativa peruana, reclamando una tradición distinta: la narración fragmentada frente a la novela total, la imprecisión geográfica frente a la identificación territorial y nacional, lo extraño o inverosímil frente al realismo, el artista vanguardista frente al intelectual público. En ese sentido, sus textos podrían indicar un posible antídoto a la novela vargasllosiana[1], si bien por su propia marginalidad esa corriente se ha insertado en el campo peruano —sobre todo en el cuento, con autores como Carlos Yushimito o Katya Adaui— como una tradición minoritaria.

Orfandades aparte, aquello que vuelve relevante las muertes de Vargas Llosa y de Bryce —esta última experimentada como una coda de la anterior—, es la constatación de un vaciamiento de figuras canónicas y de irrefutable lectoría masiva en el ámbito literario peruano. El lugar del patriarca ha quedado vacante, sin herederos visibles y no por falta de aspirantes. Frente a lo que resta no existen consensos y cierta ansiedad de canon, la necesidad de reorganizar el campo y volver a establecer jerarquías, parece una reacción natural. Se dan las condiciones para la polémica y una mayor intervención crítica. Y eso es justamente lo que ha venido sucediendo.

Luis Hernán Castañeda e Iván Thays en Otras Tardes. 

2. ¿A dónde va la crítica?

En un ensayo escrito a propósito de la participación peruana en la Feria del Libro de Buenos Aires 2026, el cuentista Alexis Iparraguirre decretaba la falta de instituciones del campo literario nacional. Aunque el diagnóstico pueda parecer demasiado tajante, no le falta cierta razón: ferias del libro o festivales poco atractivos, premios sin mucha relevancia o intervenidos por la censura estatal, universidades más preocupadas por sobrevivir el declive global de las humanidades y un ecosistema editorial que, en el ámbito de la narrativa, ha logrado posicionar algunas alternativas —valiosas, aunque escasas— al dominio de las cadenas transnacionales.

Este contexto explica por qué la reseña periodística, que hasta hace poco era la herramienta principal de validación literaria en nuestro país, parece haber caído en desuso[2]. La crisis de la prensa nacional es terminal y la solitaria columna de José Carlos Yrigoyen parece un remanente de una época ya pretérita, la de los grandes críticos cuyas reseñas marcaban el ritmo de los debates literarios. Hoy ya no es así y esto se debe a que gran parte de los soportes impresos donde las reseñas aparecían se han vaciado de contenido cultural, han migrado a las redes o ambas cosas[3].

Paradójicamente, la fragilidad de las instituciones no siempre produce resultados negativos y hasta puede permitir la apertura de nuevos espacios. En un ensayo escrito hace una década, cuando mucho de lo mencionado ya empezaba a advertirse, me refería a un fenómeno que llamé entonces el repliegue de la crítica. Hoy en día, quizás sería más exacto decir que la crítica se ha desplazado al ámbito virtual, con una preferencia por el formato audiovisual.

Esto es evidente al revisar algunas de las discusiones más sonadas de este año, que no han dejado huella en espacios tradicionales como periódicos y revistas, sino que han surgido en la web y es allí donde se han desarrollado: transmisiones de YouTube (canales como Un escritor rural y La Collera, pódcasts como Otras Tardes y, durante sus inicios, Contratapa de El Buen Librero), medios independientes (Jugo.pe, donde hasta hace poco fue columnista Giacomo Roncagliolo y escribe ocasionalmente Jorge Alejandro Ccoyllurpuma), páginas personales (de JJ Maldonado o Alexis Iparraguirre) y, cada vez más, cuentas de redes sociales donde estos textos y videos se rebotan, comentan, elogian o critican. De igual modo, la labor de difusión más sostenida y con mayor visibilidad se ha realizado en gran medida desde plataformas virtuales: Lee por Gusto, Aire Libre, Letra Capital, Ese Maldito Vicio, Letras en el Tiempo y, recientemente, Textuales y Marginales. Si bien estas no son las únicas propuestas del espacio virtual, algunas de ellas han sido protagonistas de los últimos debates del campo literario peruano[4].

Pasemos a un ejemplo.

3. ¿Irse del Perú para convertirse en escritor?

Debo confesar mi interés inicial al escuchar a Iván Thays y Luis Hernán Castañeda en el primer episodio del pódcast Otras Tardes, titulado «¿Es necesario salir de tu país para convertirte en escritor?». Muchos de los temas mencionados, así como en otro video de Castañeda —«Mi Boulder Colorado: una ciudad para ser escritor»—, resuenan con mi experiencia personal y abordan un aspecto poco discutido al momento de pensar aquello que entendemos por literatura peruana contemporánea: la cada vez más grande diáspora de autores que, sobre todo desde los años 80 y 90, decidimos vivir en el extranjero. No deja de ser elocuente que quienes con mayor firmeza cuestionaron las posturas de Thays y Castañeda, Roncagliolo y Ccoyllurpuma, vivan también fuera del Perú.

Dicho esto, hay algo que me parece terriblemente impreciso en la pregunta que motiva el episodio. No aquello que fue lo más polémico, la parte inicial de la interrogante, sino la final: eso de «convertirse» o, más llanamente, afirmar «ser escritor». ¿Qué determina quién es un escritor y qué ritos de paso debe seguir para poder nombrarse así? Y quizás más importante, ¿quién lo decide? Es evidente que hay escritores peruanos que han salido del país y otros que no lo han hecho, así como hay escritores no capitalinos que se desplazan a Lima, como recordaba Tadeo Palacios en un post de Facebook. Que existen no es novedad y quizás sería más interesante interrogarse en qué difieren sus libros y sus trayectorias, qué lectoría tienen, qué redes establecen y hasta qué punto salir les otorga prestigio o, por el contrario, los aísla e invisibiliza.

La frase «convertirse en escritor» parece ocultar con cierto pudor lo que en verdad todos entendimos: convertirse en escritor, pero no en cualquiera, sino en uno reconocido, prestigioso, exitoso. Sin embargo, aquí nuevamente volvemos al problema inicial: ¿según quién y bajo qué criterios? Parte del efecto que la discusión suscitada por el episodio ha dejado es el cuestionamiento de esos criterios. En el segundo episodio del pódcast La Collera, «¿Cuánto “vale” un escritor peruano?», Helí Paredes y Juan Mauricio Muñoz se preguntan por qué los narradores peruanos contemporáneos tienen una presencia tan modesta en premios como el Alfaguara, Clarín, Planeta o Ribera del Duero y aventuran la hipótesis, que valdría la pena discutir en otro lugar, de que el ideal cosmopolita de cierta narrativa peruana le resta interés a los lectores extranjeros. A ello, cabe agregar que se producen muy pocas traducciones de autores nacionales, lo que explica la infrecuente aparición de compatriotas en premios como el International Booker Prize o el National Book Award para libros traducidos, incluso en comparación con otros países latinoamericanos. Que Gabriela Wiener haya quedado semifinalista en el Booker hace unos años, la única peruana que ha llegado hasta esa etapa sin contar a Vargas Llosa, es la excepción que confirma la regla.

Puede cuestionarse que estos premios sean los mejores modos de determinar algo tan esquivo como la calidad literaria, pero no hay duda de que son indicadores de prestigio. Los premios guardan estrecha relación con el tamaño de los mercados literarios, la visibilidad de lo que se publica en cada país y la fortaleza —o no, como en el caso peruano— de sus instituciones culturales, que cumplen la labor de promocionar a sus autores. Por eso, que Wiener viva en España y esté bien situada en el medio español, le da un alcance que probablemente una escritora peruana de su edad que nunca haya salido del país no tendría. Sin embargo, otra vez, su caso no parece ser generalizable, sino más bien excepcional y, salvando las distancias, sería interesante contrastarlo con el de otras autoras como Patricia de Souza o Teresa Ruiz Rosas, cuyo reconocimiento en el extranjero no necesariamente ha tenido tanta visibilidad en el establishment peruano. 

Román Heli Paredes, Juan Mauricio Muñoz y Leonardo Ledesma Watson en La Collera.

4. Coda

En un episodio de Otras tardes, Thays afirmaba que la muerte de Vargas Llosa era el «evento literario» del 2025. Lo decía, por supuesto, con un tono conmemorativo. Al contrario, creo que el verdadero evento que se produjo con su muerte, aunque en este caso el término «evento» sea impreciso, es menos la obra novelística del escritor arequipeño —desde hace mucho tiempo parte central del canon nacional— que la reconfiguración del campo literario que en los próximos años tendrá que darse.

El debate sobre la necesidad o no de salir del Perú ha sido una de muchas otras discusiones del último tiempo: sobre la institucionalidad literaria y el canon nacional, a propósito de las críticas a la conformación de la delegación peruana a la Feria de Buenos Aires; sobre la censura, a partir del caso de la editorial Achawata y el premio anulado a Juan Acevedo; sobre el futurismo andino; sobre la función de la crítica y las reseñas; y sobre la sinceridad literaria.

No parece casualidad que todo ello coincida con un período particularmente inestable del Perú republicano, marcado por una inédita sucesión de cambios presidenciales debido a las vacancias y la incertidumbre política. Si, por un lado, la elección de Pedro Castillo en 2021 hace pensar que cierto imaginario hegemónico de la nación, acaso aquel que Vargas Llosa proyectó en sus novelas, está siendo cuestionado y no es reconocido por muchos compatriotas; por el otro, el triunfo más reciente de Keiko Fujimori moviliza, entre otros componentes, una voluntad de resistencia al cambio y a la alteración de las jerarquías sociales. A estos vaivenes no parece estar ajeno el campo de la literatura. Por eso, la nueva coyuntura literaria en el Perú tiene el signo de la disputa: lejos de estar zanjados, antiguos consensos y sentidos comunes vuelven a ser debatidos.


[1] En la entrevista mencionada, Gamboa señalaba que, debido a su uso del humor, Bryce era un «antídoto» a la novela de Vargas Llosa. Sin embargo, considero que el humor no es un elemento ausente de la obra vargasllosiana y que las narraciones de Bryce no contradicen la imagen de nación que aquella construye.

[2] Es sintomático que en el reciente ensayo de JJ Maldonado sobre las reseñas aparezca precisamente en un contexto en que esa forma textual escasea en los medios peruanos —más allá de reseñistas ocasionales y otros más constantes, como José Carlos Yrigoyen o Javier Ágreda— y que varias de sus alusiones cifradas, por ejemplo al debate sobre si se debe viajar para «convertirse en escritor», respondan a contenidos que no aparecieron en reseñas sino en pódcasts o videos de YouTube. 

[3] El surgimiento del pódcast Textuales y Marginales, dirigido por el propio Yrigoyen y Jaime Cordero, es un claro síntoma de ese desplazamiento.

[4] La escena de los pódcasts literarios en el Perú está en pleno desarrollo y cuenta con proyectos valiosos como Lector Beta o Rajecito Literario, en donde se difunde a autores de regiones o alejados de los circuitos más comerciales. Además, también se han multiplicado pódcasts literarios más personales y sin grandes pretensiones, donde se comparten impresiones de libros y noticias literarias. Sobre todo esto, vale la pena revisar el episodio de Rajecito literario dedicado a los pódcasts literarios. 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *