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Entrevista a Benjamin Moser

Los que somos de Clarice no somos lectores, sino adoradores

Por Sebastian Uribe

Benjamin Moser (Houston, 1976) es escritor, editor y traductor. Ha sido columnista en Harper’s Magazine y The New York Times Book Review, y ha colaborado con The New Yorker y The New York Review of Books. Es el biógrafo de dos escritoras que marcaron el siglo XX: a Clarice Lispector le dedicó Por qué este mundo (Siruela, 2017), finalista del National Book Critics Circle Award, además de traducir su obra completa al inglés, labor por la que Brasil le concedió su primer Premio Estatal de Diplomacia Cultural. Y sobre Susan Sontag escribió Sontag. Vida y obra (Anagrama, 2020), que le valió el Premio Pulitzer de Biografía. En 2023 publicó en The New Yorker la entrevista perdida de Lispector, grabada en 1976 para el Museu da Imagem e do Som de Río de Janeiro.

Conversamos con él en la Feria Internacional del Libro de Lima 2024, durante su primer regreso al Perú después de veintiséis años, y compartimos esta entrevista ahora que Anagrama publica El mundo del revés, el libro sobre los maestros neerlandeses de la pintura. En esta charla, Moser cuenta cómo un curso de chino abandonado a las tres semanas lo llevó al portugués y de ahí a Lispector, a quien dedica sus días desde hace más de veinticinco años. También explica por qué quienes la leen conforman una iglesia, con una variedad de seguidores. Distingue entre la escritora que le rehízo el corazón y la que le rehízo la cabeza; y reflexiona sobre cómo ser biógrafo es una suerte de embajador de una persona que ya no existe más.

Foto: Philippe Quaisse

Deseo empezar esta entrevista hablando de Clarice Lispector y Susan Sontag, figuras clave en tu obra. ¿Podrías hablarnos de alguna influencia mutua que hayas descubierto entre ellas, alguna conexión que las haga dialogar entre sí como personajes o como escritoras?

Bueno, las dos son mujeres, las dos son escritoras, las dos son judías, las dos son, bueno, más o menos de la misma época, pero las diferencias son más grandes que las semejanzas, creo. Clarice era realmente una artista, una creadora. Susan era más una persona que miraba a la cultura, a la política, a la filosofía, y la biografía de Clarice se llama ¿Por qué este mundo?, pero es un título que habría podido dar a la de Sontag también. Pero ¿Por qué este mundo? es una pregunta que uno puede responder de muchas maneras, y las dos tuvieron respuestas muy distintas. Pero yo creo que lo que las une tal vez sea la relación del lenguaje, de la palabra. ¿Cómo la palabra forma y deforma el mundo y a las personas? Las respuestas son muy diferentes, pero para mí es fascinante porque las puedo comparar.

¿Cómo fue tu primer acercamiento a Clarice?  

Hablo español porque pasé mucho tiempo aquí.  Hablaba francés, que es más o menos la misma cosa que el español, pero luego me interesó Asia. En los años 90, Asia era el futuro, era todo lo que se tenía que hacer. Entonces, en la universidad decidí estudiar chino para complicarme la vida todavía más. Pasé como dos semanas, tres semanas tal vez, en el curso de chino, y me dije: por favor, no me voy a matar aprendiendo este idioma para que me termine costando diez años leer el periódico. Benjamin, no te tortures.

Entonces estudié portugués, que para quien habla español y francés, es el más fácil de los idiomas. Pero yo no sabía nada. No tenía nada que ver con Brasil, con Portugal, no  los conocía. Y es fascinante cuando uno conoce Latinoamérica del lado hispano y descubre este otro, tan vinculado, pero a la vez  tan distinto y tan interesante, tan rico. Yo caí como loco por Brasil, me encantó. Y la que más me llamó la atención fue esa escritora de la que nunca había oído ni el nombre, pero fue un amor a primera vista. Y me dediqué a escribir ese libro muy jovencito. Yo tenía como 24 años cuando empecé con este libro, porque tenía un afán de tornarla más conocida. Hasta en el Perú no es muy leída, ¿no? Hay alguna gente que la conoce.

Es una escritora casi de culto, sí.

Pues eso. Y yo tenía ese afán de ponerla en el lugar que se merece, ¿no? Entre los grandes escritores modernos. Entonces es una casualidad total. Si yo hubiera sido mejor en chino, no estaría aquí.

En particular, deseo profundizar en esta conexión que tienes con Clarice. El año pasado se publicó en The New Yorker esa entrevista perdida[1] a la que llegaste a través del periodista brasileño Júlio Lerner. ¿Puedes contarnos sobre esta experiencia?

Dicha experiencia ha sido una de las mejores cosas de mi vida. Porque yo me encontré con esa mujer muerta allá, de la que no conocía nada. Y a veces es como una pasión amorosa. Hay pasiones amorosas buenas y malas. No puedes destruirte la vida con una pasión errada, ¿no? Entonces yo llevo más de 25 años trabajando diariamente todavía. Hoy en día sigo trabajando por ella.

A veces ves cómo se desarrolla un nombre, ¿no? Una obra que la hemos traducido toda, toda la obra al inglés. Y del inglés  se pasa al coreano, se pasa al turco, se pasa al polaco. Y todo eso hemos hecho y acompañado. Ahora en Estados Unidos y en muchos otros países se ha vuelto una cosa que todavía tal vez sea de culto. Pero en el mismo Brasil era una escritora de culto también. Y con los años iba creciendo su fama y su iglesia. Porque los que somos de Clarice no somos lectores, sino adoradores. Somos una iglesia. Es una religión porque es algo que nos da tanto… Tanta riqueza, ¿no? Que no es una escritora más que nos gusta, sino que te enaltece la vida bastante.

Eso ha sido un placer enorme. Y descubrir cosas. Porque cuando uno se lanza a esas cosas, van llegando más cosas, ¿no? Y como yo soy el biógrafo, el traductor y todo eso, que he hecho todo eso por ella, esas cosas me llegan muchas veces a mí. Esa entrevista la hemos publicado en inglés con el audio en portugués que se conocía un poco por algunos especialistas, pero nunca había llegado a ese nivel de la gloria que es una revista como esa, ¿no? Y fue una de las cosas más leídas del año en la revista.

Sí. Aquí tengo a mis amigos lispectorianos y mi enamorada también es muy fan de Clarice. Cuando se publicó, fue compartida por todas las redes sociales.

Entonces la iglesia se va ampliando cada vez más. Y uno lo siente, es una alegría porque muchas veces nosotros hacemos trabajos que no tienen repercusión. Puedes escribir una cosa muy buena, para ti muy buena, pero no le afecta a nadie. Pero a veces a uno le toca la lotería, y para mí  esa era Clarice, un  amor correspondido.

 Encuentro una frase en tu libro sobre Sontag en la que afirmas que para ella “escribir se convertiría en sinónimo de escapar”. ¿Cómo percibes ello al dedicarte a investigar y escribir sobre las vidas de otras personas?

Algo que he descubierto y que no me imaginaba antes… es decir, ahora lo digo que soy biógrafo, pero yo inicialmente tenía un rechazo a la palabra porque cuando escribes puedes decir: él es poeta, él es periodista, él es no sé qué. Entonces te ponen una estampilla en la cara y si tú eres periodista y quieres escribir poesía, te dicen: no, pero tú eres periodista… Es el mercado editorial que te impone una identidad que no es la tuya, que uno no se considera no más una cosa, sino un escritor.

Pero yo creo que contando las vidas de las personas, yo tengo mucha política escondida, enterrada, pero una filosofía de cosas que si fuera puramente filosofía, sería un poco aburrido. Porque cuando uno lee esas cosas, por ejemplo, cuando uno ve la diferencia de la palabra, de la metáfora y la persona, es una cosa un poco teórica, pero cuando uno la encuentra en la vida de una persona , puedes entender cómo se ha llegado a eso ¿Por qué Susan Sontag estaba dividida entre su cuerpo y su mente? Bueno, es una cosa un poco teórica, pero cuando uno ve lo sísmico en ello ––por eso que utilizo esa metáfora–– es un sismo entre lo que se es en la cabeza y lo que se es en la piel, en los huesos.

Por eso yo creo que las biografías te dan el derecho de hacer que las personas vean la realidad que llega a algo que puede parecer abstracto. Por eso pongo muchísimas cosas filosóficas, históricas, culturales, en una vida de alma y corazón. Yo creo que la biografía te permite hacer eso de una forma bastante diferente de otras formas de escribir.

Nos has contado sobre tu conexión con Clarice y ahora quiero preguntarte por la biografía de Sontag. ¿Hubo algún momento específico en el que sentiste una conexión personal con ella?

Sí, yo estaba en el Brasil, que era una cosa de predilección para mí, como te he contado, y que con los años se convirtió en una cosa de trabajo. Yo iba a Brasil para trabajar, pero un día que tuve libre pensé: estoy listo con Clarice Lispector. He hecho todo, así que ahora voy a la playa, al museo,a aprovechar un poco la ciudad.

Y ese mismo día me llegó una invitación para escribir la biografía de Susan Sontag, que era la persona más emblemática, tal vez, de la cultura americana de su tiempo. Bueno, yo sabía que lo iba a hacer porque no hay cómo decir no a esa invitación. Pero yo no la conocía mucho. Era una escritora que yo conocía de las cosas que uno que estudia letras sabe, alguien que se lee en la universidad, los ensayos famosos, algunos libros que son colecciones de ensayos. Los había leído, pero de chico, de estudiante. Una obra de una majestad, de un tamaño intimidante. Uno se da cuenta de que no son solamente unos ensayos, sino toda una vida.

Además, ella es difícil de leer. Es una persona que si tú me dijeras: Benjamin, tienes una hora aquí en la piscina, léete un libro. Susan Sontag no es el libro que voy a escoger, ¿entiendes? Es algo que te exige bastante dedicación y concentración. Tú no puedes ser tonto mientras lees a Susan Sontag. Tú tienes que ser el chico más inteligente que tienes dentro de ti, ¿no? No puedes ser perezoso. Entonces, es un esfuerzo que uno tiene que hacer para llegar al nivel de ella y para llegar a entender lo que está diciendo ella.

Es algo como hacer gimnasia,  Es como cuando has comido mucho para Navidad, estás gordo, entonces el primero de enero vas al gimnasio para ponerte en forma. Ella es algo que mentalmente me ha puesto en forma. Y yo me sentía con las semanas, con los meses más fuerte, más inteligente, más agudo, más penetrante. Porque lo que te da ella es una manera de ver detrás de lo que tú piensas. Porque todo el mundo piensa lo mismo, básicamenteY todos los lugares comunes que tú tienes, ella los explota, pero hay que darle tiempo.

Entonces, al final de ese camino llegas a ser distinto. No eres la misma persona que entró en ese laberinto. Eso me ha fascinado. Clarice es alguien más de las entrañas, alguien que te rehace el corazón. Y Susan te rehace la cabeza de una forma que es un poco peligrosa también, porque nada de lo que tú pensabas, nada, era cierto, ¿no? Ambas tienen una fuerza desestabilizadora.

Yo creo que los mejores libros te cambian la cabeza. Los libros indiferentes que te dejan igual, finalmente los olvidas. No te dejan una huella.

Me gusta bastante esa forma en que te impacta lo que lees al momento de escribir.

Es algo distinto porque después tú tienes una cabeza ajena, una cabeza que no tenías hace seis meses. Y con esa cabeza nueva la tienes que describir para los que van entrando en el laberinto. Yo quiero que sea comprensible. El peligro de Susan Sontag es que leerla te hace más inteligente que los demás. Entonces, hay muchos seguidores sontagianos que empiezan a reír del mundo y a explicar todo a los pobres imbéciles alrededor. Eso no era lo que yo quería. Yo quería invitar a las personas a llegar conmigo por este laberinto,  no rechazarlas.  Es lo que pasa muchas veces con cosas intelectuales que son un código de un grupito exclusivo que desea mantenerlo así. Yo quiero invitar a más gente a tener las mismas experiencias que tuve yo con esta persona.

¿Y cuántos años te tomaron ambos libros?

Bueno, el de Clarice lo escribí en cinco años. Pero como ella casi no era traducida al inglés, fueron veinte años más. Entonces, mientras estaba escribiendo el libro de Sontag, estaba traduciendo a Clarice. Susan Sontag me tomó ocho años, creo. Pero se publicó como cuatro semanas antes de la pandemia del COVID, hacia finales de 2019. Es por ello que la historia póstuma de Susan Sontag ha sido más larga, tal vez. Porque no he hecho las cosas que uno suele hacer con las presentaciones, las ferias y todo eso. Todavía estoy trabajando por ella.

Y a nivel de escritura, ¿cómo ha sido desconectarte? O sea, una vez que el libro fue entregado, ¿cómo es este proceso? Cuando ya no estás investigando pero la idea sigue rondando

Sí, es el peligro que tienen las biografías. La otra noche en Lima, me dijo un señor en una fiesta: ah, yo conocí a Susan Sontag. Bueno, eso me pasa como diariamente, ¿sabes? Porque tú eres un poco el embajador o el representante de una persona que ya no existe. Entonces, la gente te confía historias.

Entonces, yo no creo que puedas desvincularte. Tampoco lo quiero, porque son personas que son como familia. Es como mi abuela muerta, por ejemplo. Y me da una alegría cuando alguien te pregunta: ah, me acuerdo de tu abuela, que cuando era niña la conocí. Vivimos en la misma calle o algo así. Es algo familiar. Pero con el tiempo imagino que se irá quedando menos. Pero tal vez no, porque Clarice son 20 años y todavía me escriben e-mails y en Instagram me escriben diariamente. Pues no sé.

Ambas comparten, además, que como son figuras míticas hay muchas versiones sobre el mismo hecho.

Claro.

Hay algo que escribes sobre lo que ellas pensaban o en lo que creían. Por ejemplo, me gustó mucho cuando Sontag habla de su relación con los judíos. Como algunos decían: no, ella siempre lo practicó. Pero otra persona decía: no, no estaba muy alejada. Me parece fascinante cómo lo muestras. ¿Cómo fue tu proceso de decisión sobre qué poner en el libro o qué versiones mantener?

Es interesante cómo estamos hablando de las dos biografías, porque la primera era la obra de un chico de veinte y pocos años. Y yo no quería ofender a la gente, pero tampoco sabía -me imagino que en el Perú es igual que en Brasil-  que, al hablar de las figuras consagradas de la cultura nacional, uno se debe andar con mucho cuidado. Yo no sabía qué cosas ofenden a la persona. Quizá piensas en sexo, pero el sexo no ofende a nadie, es interesante. Lo que toca son cosas que uno no espera.

Entonces, en la segunda biografía me dije: bueno, las opiniones son distintas. Como soy norteamericano, sabía exactamente dónde están los campos minados, porque es algo que uno conoce en su propia cultura. En Brasil no lo sabía, entonces yo por ignorancia escribía cosas que ofendían a la gente. Entonces en la segunda biografía, me daba más libertad, pero también sabía lo que sabe un estadounidense. Por ejemplo, si tú eres peruano y escribes una biografía de César Vallejo, tú sabes que te estás poniendo una soga al cuello y que hay 80 mil especialistas, que hay el primo que a nadie le gusta, que hay la hermana difícil, todo eso se sabe. Pero si tú, si tú eres de Corea y escribes sobre César Vallejo,  tienes más libertad.

Entonces yo tenía y no tenía esa libertad, porque en tu propia cultura tú sabes exactamente quién te va a escribir un email, quién te va a cancelar. Pero no puedes agradar a todo el mundo, es imposible. Cuando me di cuenta de eso, me sentí más libre, no intentaba más, porque sabía que alguien se va a ofender, así que lo escribía con tranquilidad y fue más fácil.

Has escrito sobre dos figuras tan emblemáticas. ¿Hay algún otro personaje que te gustaría biografiar en el futuro?

Bueno, algo que me encanta es investigar. El próximo libro que publicaré, que saldrá en Anagrama el año que viene[2], es biográfico, pero es sobre artistas holandeses, una biografía en grupo de la Edad de Oro holandesa, pero también sobre mi experiencia. Porque yo me fui a vivir a Holanda cuando era bastante joven y me quedé en ese país. Es una meditación sobre mi proceso de ser extranjero en otro país, la experiencia de ser inmigrante.

Y otro libro es una biografía grupal sobre los judíos que se opusieron y se oponen al sionismo[3]. Que es algo que mucha gente no sabe que existe. Judíos que se oponen al Estado de Israel, como yo. Una manera también de enseñar una cuestión no solo política, en este caso, sino también religiosa, pero por las vidas de las personas. Yo creo que llegando a la vida, por la vida de una persona, se entienden mejor las ideas que motivan nuestras vidas.

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Libros del autor

Por qué este mundo. Una biografía de Clarice Lispector

Siruela, 2017. 496 pp.

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Sontag. Vida y obra

Anagrama, 2020. 832 pp.

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El mundo del revés. Encuentros con los maestros neerlandeses

Anagrama, 2025. 496 pp.

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[1] “A Lost Interview with Clarice Lispector”, The New Yorker, 13 de febrero de 2023. Moser tradujo y publicó allí la conversación más extensa que dio Lispector, grabada en octubre de 1976 para el Museu da Imagem e do Som de Río de Janeiro por Marina Colasanti, Affonso Romano de Sant’Anna y João Salgueiro, catorce meses antes de su muerte. https://www.newyorker.com/culture/the-new-yorker-interview/a-lost-interview-with-clarice-lispector

[2] El mundo del revés. Encuentros con los maestros neerlandeses (Anagrama, 2025), con traducción de Albert Fuentes.

[3] Anti-Zionism. A Jewish History (Doubleday, 2026)

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