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Entrevista: Mirelia Cano

Mirelia Cano: “Hemos optado siempre por el lado coercitivo de la religión”

Por Redacción El Hablador

Nacida en Andahuaylas, Apurímac, en 1981, Mirelia Cano se licenció en comunicaciones y realizó un máster en Escritura Creativa en la Universidad de Salamanca, pese a la crítica de la mayoría de sus colegas, según declara. Con varios años laborando el periodismo televisivo y la comunicación organizacional, su ópera prima, Mala Fe, es su primera incursión en la narrativa. Sobre ello respondió las siguientes preguntas.

Redacción El Hablador: Durante la infancia de Aurelia vive rodeada de las elucubraciones de los adultos sobre lo que siente o pasa con ella.  ¿Esto se relaciona con su reticencia a las normas y códigos sociales al crecer?

Sí, es su forma de rebelarse ante cualquier norma, código o forma de vivir, creer o sentir que le sea impuesta por la sociedad o un grupo determinado. Aurelia en lugar de dejarse absorber por lo que el resto quiere depararle, ella decide formar su propia esencia.

REH: Mucho del terror y el miedo se inocula en la protagonista en nombre de la religión. ¿Crees que sigue siendo hoy el principal canal de formación de rectitud o se ha modificado por otra dimensión?

Sigue siendo, lamentablemente, en muchos grupos sociales. Por ejemplo cuando a un niño se le dice, “tienes que comer porque, sino, diosito se va a molestar o te va a castigar”. Más allá de creer o no, hemos optado siempre por el lado coercitivo de la religión. Ese es un error, pues la gente evita hacer cosas malas porque será castigado por una divinidad, no se le enseña a que hay un plano moral y de construcción como persona y ciudadano que se debe formar y fortalecer.

REH: Una de las pocas personas que se vuelve amable con Aurelia es Rubén, quien es su familiar, pero no por línea de sangre, ¿hay un guiño a cuán dañino resultan las relaciones familiares para Aurelia?

Siempre se dice que a diferencia de los amigos a la familia no se le escoge. Pero, más allá de resultar dañino, creo que en Aurelia las relaciones familiares la forman como una persona con temple, con actitud. Aprende a darle vuelta a las situaciones adversas y ve en cada situación complicada una salida creativa. En lugar de dañina, por ejemplo, Pedrito y Doménica pasan a reforzar, justamente, el carácter del que hablo, lo que no pasa con el papá biológico y sí con Rubén quien termina, en parte, siendo para ella esa figura paterna.

REH: “Pactar con lo sobrenatural era mi normalidad, mi día a día” (pag.76) ¿cómo fue alternar una narración llena de creencias sobrenaturales con la labor profesional que no hace más que ignorarlas o despreciarlas?

Fue simple porque es el resumen perfecto de lo que significa ser humano. Lo sobrenatural en Aurelia era algo con lo que debía convivir desde el vientre de su madre, justamente por aquella cosmovisión andina que la rodeaba y que tenía que darle a todo suceso una explicación más allá de la razón. Justamente, quería mostrar esa antítesis que siempre convive en nosotros: lo racional versus lo enigmático. La religión es una buena explicación a ello. En lo profesional pasa lo mismo, los humanos siguen siendo esos seres imperfectos y necesitados de historias sobrenaturales para poder hacer de su mundo uno menos aburrido.

REH: La academia diplomática representa en cierto momento una posibilidad para Aurelia de disimular su ser, su individualidad. ¿Se relaciona ello a su estigma de Supaypa Wawan (hija del diablo)?

La academia para Aurelia fue la forma de amoldarse socialmente, de intentar, de alguna manera, ser uno más. Sin embargo, ese estigma (el de Supaypa Wawan) es más fuerte, tan poderoso que sobrepasa su propia existencia y hace que otros personajes, con similar sensibilidad, puedan notarlo. Al final es lo que queda, pues es su propia esencia.

REH: ¿Qué autoras o referencias consideras que influyeron durante la escritura de la novela?

Ninguna. Escribir en base a la experiencia misma te da la libertad de no atarte a nada, a nadie. Quizá mucho de lo que las abuelas o abuelos cuentan en sus historias llenaron y llenan mi mente. La maravillosa tradición oral que arrastro gracias a ellos sumado a la experiencia misma hicieron posible el nacimiento de Aurelia y Mala Fe.

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