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Coyuntura Entrevista Miscelánea

Entrevista a Jorge Iriondo

“Lo único real es el pensamiento que se piensa a sí mismo”

Por Redacción El Hablador

Publicada por Mesa Redonda, El profeta de las cuevas, la nueva novela de Jorge Uriondo (Arequipa, 1981) propone un recorrido narrativo entre diferentes épocas y escenarios, desde las playas de Camaná hasta las ciudades de Arequipa y Buenos Aires. En ese tránsito aparecen personajes marginados que conversan sobre literatura, música, política y filosofía.

Antropólogo y magíster en Filosofía Política por la Universidad Nacional de San Agustín (UNAS), Uriondo es autor de diversos ensayos y de la novela, Peace & love y los chamanes del rock (Mesa Redonda, 2025). En esta entrevista nos da más alcances sobre la amistad, la música y cierta crítica social presentes en su más reciente novela.

La novela comienza con la lectura de algunos poemas por parte de los personajes y una discusión musical en la que se nombra una serie de artistas que van desde Miguel Abuelo hasta Bad Bunny. ¿Cómo influyen estos dos ámbitos en tu narrativa de ficción?

Podríamos decir que la música es un personaje dentro de la novela. Homero era un rapsoda. La Ilíada y La Odisea no son novelas; son compilaciones de cantos. La literatura nació cantada. En los tiempos modernos, Bob Dylan ganó el Nobel de Literatura. 

En El profeta de las cuevas, la música cumple varias funciones: El debate sobre Charly García y su unplugged es también un debate sobre el error intencional. Miguel Abuelo en su autoexilio en París crea el disco Nada[1], y este concepto de la “nada” va mutando y evolucionando durante toda la novela. La “nada” es el océano primigenio, donde Nun, el dios egipcio, está antes de pensarse a sí mismo.  

El profeta de las cuevas se caracteriza por los saltos temporales en la narración. ¿Fue un recurso que pensaste desde un inicio o se fue danto durante la escritura del libro?

Esta estructura fragmentaria, donde no hay un «presente» fijo y cada época explica a las otras es de raíz vargasllosiana. En Conversación en la Catedral, Vargas Llosa no cuenta la historia de manera lineal. Salta entre el presente de Zavalita en el barsucho y los recuerdos del pasado en Miraflores con el Popeye y su hermana. De la misma manera en El profeta de las cuevas, se da este caleidoscopio temporal, donde todos los tiempos suceden al mismo tiempo dentro de la mente de Orión, y en la mente de Orión un recuerdo de 1997 explica al recuerdo del 2010 y la experiencia inmediata del 2026 explica los recuerdos del 2001.

“Lo real es lo que pienso adentro mío, apenas me veo al espejo comienza la ficción” (pág. 53), se dice Orión en cierto momento ¿Qué tanto estás de acuerdo con dicha afirmación?

Imagina a una mujer, una noche de fiesta, tres horas antes de salir. Ella y su espejo. Ahí nace su autoficción. Se prueba diez vestidos, y con cada vestido es una persona diferente. Comienza a actuar para sí misma. Es el ensayo general antes de la gran actuación de la noche, que se dará en el desfile de antifaces.

Lo único real es el pensamiento que se piensa a sí mismo. La existencia del pensamiento y la incertidumbre de lo que significa la existencia. Todo lo demás son nuestras propias máscaras. 

En un país tan polarizado a nivel político, resulta casi un milagro que personajes con ideas tan disimiles a veces como Fausto y Orión sostengan una amistad. ¿Cómo fue el proceso de retratar esta relación entre los personajes, a través de distintas épocas incluso?

La amistad entre Fausto y Orión es el corazón de la novela. Pero su amistad no nace de que son iguales. Al contrario: su amistad es profundamente dialéctica, y nace de sus diferencias. Fausto es el poeta maldito, el anticlerical, el antijesuita, el antisistema, el que se exilió y se convirtió en chamán en Buenos Aires. Fausto es progresista. Orión es el heredero de una dinastía arequipeña, el que iba con su abuela, la matriarca Yabal Al Carmil, todos los domingos a la iglesia de Cayma y dentro de toda su locura, no puede evitar ser conservador en sus meditaciones más profundas. Por eso su amistad se basa en el diálogo y en el descubrimiento mutuo, donde el otro es el único espejo en el que puedes confiar.

Máximo Perfecto se queja de la desconexión de la gente con la naturaleza por su falta de necesidad y que por ello recurre a las drogas o el alcohol. ¿Son estos vicios y adicciones una consecuencia de la desconexión mencionada o una respuesta a ello?

Máximo Perfecto dice algo muy lúcido en ese pasaje: el ser humano ya no necesita estar conectado con la naturaleza para sobrevivir. Sin ir muy atrás, ni muy lejos, los Sacerdotes Chavín, por ejemplo, eran astrónomos, meteorólogos, agrónomos. Conocían el mapa celeste. Predecían las estaciones. Creaban el calendario agrícola. Su conexión con la naturaleza no era poética, como hoy la creen las chamanas New Age; era 100% vital.

 Hoy nosotros no tenemos que leer los vientos, ni las estrellas, ni los ciclos de la luna. Vas al mercado y compras carne. Vas a la farmacia y compras pastillas. Vas a la tienda y compras cervezas. Esta desconexión es parte del mundo moderno que vivimos, y cada vez estamos más y más desconectados de nuestra verdadera esencia. Y la adicción a las drogas y el alcohol son una consecuencia de esta desconexión del ser consigo mismo.

¿Nos podrías recomendar alguna película o serie que hayas disfrutado recientemente?

Recientemente vi la Odisea de Nolan, pero siento que desaprovechó la escena del cíclope Polifemo, donde Odiseo le dice “Soy Nadie, hijo de Nadie y Nadie me llaman”. Odiseo se convierte en Nadie para poder ser Alguien. Se niega a sí mismo para poder sobrevivir. Y en esa negación, hay una paradoja: el héroe más astuto de la mitología griega se salva volviéndose nadie. Y volvemos a la Nada.

En realidad, me gustan las películas viejas, soy   medio maniático, mis películas favoritas las he visto docenas de veces y mis escenas favoritas, tal vez cientos de veces. Mis grandes favoritas: Zorba el Griego, Atrapado sin salida, Más allá de los sueños, Los siete samuráis, Santa Sangre, La naranja mecánica, en fin, la lista es larguísima. Y entre todas las Odiseas me quedo sin lugar a dudas con la de Kirk Douglas.

En cuanto a series, las que me han marcado, son más animes, Los caballeros del Zodiaco prácticamente me han criado, también me gustó mucho Death Note y Cowboy Bebop. Aunque hace poco termine de ver Cien años de soledad y, a diferencia de lo que muchos críticos dicen, a mí sí me gustó. Siento que transmite el sentimiento y la locura “Gabriel García Marqueciana”. Y Marleyda Soto, tremenda actriz, para mí la mejor actuación de la serie.

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El profeta de las cuevas

Lima: Mesa Redonda, 2026.

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[1] Miguel Abuelo & Nada (1975)