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Coyuntura

Reina un gran desorden bajo el cielo

Por Jack Martínez Arias*

26 de marzo de 2020

Estados Unidos tiene ahora el mayor número de casos en el mundo. Las redes ironizan repitiendo la frase que el presidente solía usar con frecuencia, antes, bajo otras circunstancias: America First (América primero). 

En el estado de Nueva York, desde donde escribo, se van registrando 40 mil casos. New York City es llamado ahora el nuevo epicentro de la pandemia. El gobernador clama por ayuda al gobierno central. Pero el presidente sigue restándole importancia al asunto. La cura no puede ser peor que la enfermedad, escribe en Twitter, refiriéndose al gran daño que puede producir una parálisis general de la economía. Desde otro extremo del país, el gobernador de Tejas es entrevistado por un canal de noticias y da a entender que los abuelos estarían felices de sacrificarse por el bienestar económico de las nuevas generaciones. Que la máquina se siga operando, parece ser el mensaje. El dinero por encima de la vida.

Fuente: VoaNoticias

En casa encendemos el televisor a la una de la tarde. Como cada uno de estos últimos días, buscamos la aplicación de TVPeru. Allá son las doce, aquí la una. Almorzamos mientras esperamos que Vizcarra aparezca en escena. En tiempos de crisis se hace transparente la capacidad o incapacidad de un gobernante. Y en tiempos de crisis global, frente a un enemigo común, se manifiesta un fenómeno interesante: podemos contrastar claramente las reacciones de los mandatarios alrededor del mundo. Nos damos cuenta, entonces, que algunos países desarrollados no parecen ser tales frente a la epidemia. Pasa aquí, pasa en el Reino Unido. Pasa, también, en la segunda línea económica, en España e Italia. Pasa, por supuesto, en nuestra región latinoamericana, con el presidente de México en las nubes y el de Brasil emulando ciegamente a su par del norte. Ninguna medida es perfecta frente a lo desconocido, pero el Perú, en contraste con los mencionados, quiere seguir (en lo posible) el modelo asiático, que parece representar, por ahora, el escenario menos trágico.    

27 de marzo de 2020

Estados Unidos ha sobrepasado los cien mil casos. 

La vida sigue detenida. La vida tal como la conocíamos antes del virus. La vida moderna, acelerada y rutinaria que tanto angustió a los poetas del pasado. “Sólo quiero un descanso de piedras o de lana,/ sólo quiero no ver establecimientos ni jardines,/ ni mercaderías, ni anteojos, ni ascensores.” Ese descanso ha llegado casi un siglo después de los versos hastiados de Pablo Neruda. Pero esta pausa forzada no está acompañada de la calma o el sosiego. Sino todo lo contrario. A veces tengo la sensación de que una capa sombría está cubriendo el mundo por completo, silenciosa, sin que podamos hacer nada para detenerla.

Paradójicamente, las crisis globales también pueden dejar espacio para despertar la esperanza de un nuevo comienzo después de la tragedia. En uno de sus libros más recientes, El coraje de la desesperanza (2018), Zizek pensaba en tres escenarios posibles de crisis global que podrían golpear mortalmente al capitalismo tal como lo conocemos: el desarrollo desmedido de la inteligencia artificial, las consecuencias venideras del calentamiento global y la creciente e insostenible migración de multitudes que claman por refugio alrededor del mundo. En ninguno de esos escenarios posibles aparecía un virus. Pero el virus apareció en nuestras vidas y Zizek, por supuesto, no dudó en pensar en ésta como la oportunidad perfecta para empujar un cambio radical. Citando a Mao, “Reina un gran desorden bajo el cielo; la situación es excelente.”

Encendemos el televisor al mediodía, hora peruana. No aparece Vizcarra. Aparece el Papa. También lee la situación como una oportunidad de cambio. Por supuesto, lo hace sin basar su discurso en el comunismo. Si Mao hablaba de un gran desorden bajo el cielo, el Papa habla del virus como si se tratara de una tormenta, apoyándose en el evangelio de San Marcos, para luego decir: “La tempestad desenmascara nuestra vulnerabilidad.” “No hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo.” “No podemos seguir cada uno por nuestra cuenta. Sino todos juntos.”

Fuente: Diario Gestión

Vizcarra tarda en aparecer. Una hora después de lo acostumbrado, da cuenta de los enfermos del día. El crecimiento es sostenido pero parece alentador en comparación con lo que sucede en otros lugares, como aquí, por ejemplo. 

Sin embargo, es muy temprano para predecir la curva que tomará el virus. Un día más sin certezas. Siempre es muy temprano todavía. 

1 de abril de 2020

Estados Unidos acaba de doblar el número de casos de China. Solo el estado de Nueva York alcanzó los ochenta mil infectados. 

En estos días he seguido leyendo a pensadores que escriben sobre el virus. Badiou, Agamben, Butler, Byung-Chul Han. Descubro en ellos cierta ansiedad por predecir lo que vendrá inmediatamente después. Y cierto apuro también. 

Hay ideas en las que algunos coinciden: desde ahora los gobiernos podrán justificar mejor sus mecanismos de control social, hasta los políticos más conservadores ejecutarán medidas económicas favorables a los trabajadores con el objetivo de seguir echando a andar la máquina, este virus será solo el primero de futuras pandemias aceleradas por el ritmo del consumo y de la producción neoliberal, etc. Salvo la última amenaza, ya se pueden ir viendo señales claras de aquellos impactos políticos y sociales de la enfermedad.

En mi universidad hemos pasado también al modo online. Mis estudiantes han vuelto a casa. Para algunos, eso significó dejar el campus para juntarse, tan solo a unas millas después, con sus familias en New York City; para otros, significó ir de regreso a lugares tan distantes como China o Korea. Todos ellos me cuentan cómo van viviendo estos días. Es extraño. Es raro. Esos son los adjetivos que más usamos entre nosotros. Por supuesto, tienen miedo, como yo, pero eso no lo decimos tanto. 

Me enteré que hay una agrupación en la red que le pide a los estudiantes conservadores de todo el país que graben las clases online y las hagan públicas si es que en ellas se promueven ideas “radicales”. Las comillas van bien ya que aquí llaman “radicales” a alas de izquierda tan mesuradas como la de Sanders.

El presidente ha firmado un proyecto para repartir dos trillones de dólares entre los americanos que requieren ayuda ahora que el desempleo se ha disparado. Se acercan las elecciones, las medidas para mantener el favor de los electores serán cada vez más desesperadas. El virus también podría cambiar el rumbo de las candidaturas. Ya veremos. 

Por ahora, lo único constante es lo cambiante. 

Oficialmente se proyecta que el virus matará entre cien y doscientas mil personas en este país. La enfermedad será la que decida el deadline (fecha límite) del aislamiento social, ha dicho también el consejero del actual presidente (y de los cinco anteriores) y jefe del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de los Estados Unidos.

*Jack Martínez Arias (@jackmartinezar). Autor de las novelas Bajo la sombra (Animal de invierno, 2014) y Sustitución (Emecé Planeta, 2017).

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Nadie lo esperaba

Por Andrés Sampayo Navarro*

Hace ya más de un mes que el presidente Iván Duque, como comandante supremo de las fuerzas militares de Colombia –así se ha hecho llamar en ocasiones–, lideró un proceso en el que un avión de la Fuerza Aérea Colombiana se preparaba como si fuera a realizar un viaje espacial, pero, en realidad, se disponían a buscar a unos colombianos en el otrora epicentro del virus, una ciudad llamada Wuhan. El show tuvo el apoyo completo de los centrales y, por añadidura, tradicionales medios de comunicación. Estos efectuaban una llamada al capitán del avión a la hora precisa en que la gran mayoría de colombianos estaban escuchándolos y, a continuación, el capitán del avión se explayaba contando la anécdota del día, como cuál era el origen de su apodo. 

En dicho viaje, un colombiano de Cali decidió quedarse. Muchos, que conocemos el sistema de salud jerarquizado que tiene el país, sabíamos que fue una gran decisión; otros lo catalogaron de antipatriota. La historia le dio la razón al oriundo del Pacífico colombiano: hoy, finalizado el tercer mes de 2020, esa ciudad de China se encuentra a días de retornar a la normalidad. Mientras tanto, el epicentro del virus se lo pelean actualmente Estados Unidos y Europa, pero en este lado del mundo sabemos que los latinoamericanos, en estos casos, tarde o temprano ocuparemos el primer lugar.

Fuente: Radio Francia Internacional

Igual, para innovar en temas negativos, Colombia suele estar a la vanguardia. Con un virus en expansión, la colectividad colombiana empieza a mostrar su talante. En el departamento sureño del Huila, algunos habitantes de la capital se enteraron dónde vivían unas personas contagiadas y, ni cortos ni perezosos, atacaron a piedra la casa de los enfermos. En Cali, por su parte, los propietarios de algunos edificios residenciales están expulsando a los residentes médicos. En otras ciudades, como Cartagena, bastante turística, muchos de los conductores de buses –el medio de transporte fundamental de las ciudades colombianas– no quieren transportar a las enfermeras y enfermeros. Y así pululan casos de intolerancia por todo el territorio nacional que, en última instancia, se explican por la desinformación y la falta de esfuerzos por aclararlos y evitarlos. 

Es así como, a medida que el virus gana fuerza, la actual indulgencia del establecimiento político evidencia la mentira histórica acerca del estado real del sistema de salud colombiano. En estos momentos solo puede servir para no tener claro cómo será la respuesta real a la situación actual por parte del gobierno nacional. Menos mal tenemos alcaldes como los de Bogotá, Bucaramanga, Villavicencio, Palmira, entre otros, que han estado a la altura de la pandemia y de la historia.

*Andrés Sampayo Navarro (@asampayo). Latinoamericano de Colombia. Candidato a doctor en Estudios Políticos e Internacionales por la Universidad del Rosario.