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Reflexión: un documental sobre la vida de Arthur Rimbaud

Arthur Rimbaud: A propósito de un documental realizado en torno al poeta más maldito

Por Manuel Alonso Navazar

Arthur Rimbaud, una biografía es el título de un documental realizado por el suizo Richard Dindo1 en 1991. De poco más de dos horas de duración, gira en torno a la breve y novelesca vida de aquel joven poeta francés del siglo XIX, un personaje que en el mundo de las letras sigue significando un misterio tanto por su precocidad literaria como por su repentino distanciamiento de un arte que supo cultivar con una genialidad tan marcada que aún hoy hace que muchos entendidos en su obra se sigan preguntando de qué modo habría llegado a evolucionar su poesía de no haber decidido abandonar su práctica para irse al África y convertirse en comerciante.

Nacido en la localidad francesa de Charleville en 1854, desde muy niño dio muestras de ser dueño de una inteligencia superior a la de sus coetáneos (una anécdota cuenta cómo, en un día de escuela, resolvió en menos de una hora un examen programado para ser resuelto en tres, sin cometer error alguno), condición que sus profesores del colegio municipal no tardaron en notar. Al respecto, el director de aquella escuela llegó a decir: “Nada ordinario germina de esa cabeza, será un genio del mal o un genio del bien”.

Fue su maestro Georges Izambard quien, cautivado por sus habilidades y por su gran dominio de la lengua, se convertiría en su guía y mentor tras introducirlo en la lectura de los clásicos, así como de escritores connotados de esa época como Víctor Hugo, Jean Rousseau y Charles Baudelaire, a quien llegó a erigir como su máximo ídolo (dijo de él que era “un dios, el rey de los poetas”).

Su actitud rebelde y poco inclinada al acatamiento de reglas lo llevó a fugarse de casa en reiteradas ocasiones, en su afán por llegar a París y hacerse de un nombre en los círculos literarios que allí se organizaban. Era el contexto de la guerra franco–prusiana y de la consecuente Comuna de París, de la cual se hizo partidario y a la que dedicó algunos poemas (una versión no oficial afirma que, en su primera visita a la capital francesa, cuando contaba con dieciséis años de edad, fue abusado sexualmente por soldados de la Guardia Nacional, experiencia que habría llegado a alterarlo psicológicamente). Será su amigo Georges Izambard el que se encargaría de hacerlo volver sobre sus pasos y devolverlo al seno del hogar, el mismo que significaba una realidad de la que el joven Rimbaud se sentía hastiado en extremo.

Un conocido suyo le recomienda, entonces, dirigir una carta al poeta Paul Verlaine, acompañada de algunos de sus poemas (“El barco ebrio” entre ellos). Fascinado, Verlaine le hizo llegar sus elogios junto a una petición de dirigirse prontamente a París, ofreciendo incluso pagarle el boleto del tren y brindarle cobijo en su casa. Sería este el inicio de una de las relaciones más tormentosas que se hayan dado en el ambiente literario, en vista de que no solo hizo que Verlaine abandone a su familia —tenía una esposa y un hijo recién nacido— para irse a vivir a Bélgica con su protegido, sino que también llevó a aquel a disparar contra Rimbaud en un arrebato de celos, como consecuencia de la amenaza del joven poeta de abandonarlo2.

Sería este el punto de inflexión que llevaría a Rimbaud a seguir un nuevo derrotero de vida. Hastiado de la poesía y decidido a renunciar a una actividad que solo le había generado contratiempos, optó por centrar toda su atención y encauzar su energía en el comercio. De este modo enrumbó a África, abandonando para siempre la vida literaria. Es así que Rimbaud terminará sus días envuelto en una seguidilla de fracasos comerciales y sufriendo un progresivo deterioro de su salud, que le traerá como resultado la amputación de una pierna a raíz de un cáncer de huesos que terminará por llevarlo a la muerte en 1891, a sus cortos 37 años.

El documental realizado por Dindo ahonda, con relativo éxito, en la psicología del que es, para muchos, el poeta más grande de la historia literaria francesa. Hace ello recurriendo a una técnica narrativa muy peculiar, consistente en tomar como puntos de vista diversos comentarios y juicios —entre reales y ficticios— emitidos por personas allegadas a Rimbaud. De este modo, puede uno escuchar opiniones de su maestro George Izambard, del también escritor Ernest Delahaye (amigo íntimo de Rimbaud), de Paul Verlaine, e, incluso, de su madre y su hermana, quienes lo atendieron y estuvieron a su lado en sus últimos días de vida. Todos estos personajes son interpretados por actores en cuyas voces va tomando cuerpo la biografía de aquel poeta enigmático, irreverente y poseedor de un talento que solo después de su muerte llegaría a ser reconocido como un hontanar de genialidad poco habitual.

Su decisión de abandonar para siempre el cultivo de un arte que en un principio llegó a significar para él una razón de existencia (a los diecisiete años, en una carta dirigida al poeta Théodore de Banville, confesó que su única meta era convertirse en poeta, sin aceptar alguna otra opción) sigue siendo un misterio. Algunos de sus biografistas sostienen que su deseo de convertirse en comerciante habría obedecido únicamente a su afán de recaudar una cuantiosa fortuna que le permitiera dedicarse a la escritura con más comodidad, libre ya de los apuros económicos que lo habían atosigado en su etapa adolescente. No obstante, todo parece indicar que dicho abandono se habría debido realmente a un auténtico sentimiento de rechazo respecto a un estilo de vida que estuvo decidido a dejar atrás, pues, en palabras del comerciante Alfred Bardey —el hombre para quien trabajó en el tiempo que permaneció en suelo africano—, Rimbaud, quien se mostraba siempre como un tipo amargado y taciturno, tomaba una actitud mucho menos amistosa cada vez que alguien pretendía sonsacarle algún dato de su pasado (cuando Bardey le dijo que se había enterado de que el poeta Paul Verlaine era un gran amigo suyo, Rimbaud solo atinó a responder, con notorio fastidio: “absurdo, ridículo, repugnante”). Es sabido también que entre las cosas que le pedía a su madre enviarle desde Francia figuraban libros vinculados a temáticas propias del comercio. Ninguno estaba relacionado a un contenido literario. Es esta otra muestra clara de su irrevocable decisión por desentenderse en absoluto de la poesía y de todo aquello que le hiciera recordarla.

Su obra poética, producida en su totalidad en un periodo de cuatro años (abandonó la literatura a los diecinueve), tiene como base su famosa “teoría del vidente”, planteada y desarrollada en dos cartas escritas en 1871, dirigida una a su maestro George Izambard (en la que adjuntó el poema “El corazón robado” en el que, según se cree, alude a la violación de la cual fuera víctima) y la otra a su amigo, el también poeta Paul Demeny. Aquella se constituye como una teoría que, a decir de Rimbaud, exige del poeta un desarreglo total de los sentidos y el sometimiento a toda clase de experiencias, ello con el objetivo de aguzar la sensibilidad, requisito necesario para alcanzar la profundidad a través de la palabra. Una temporada en el infierno es, tal vez, el poemario que mejor ejemplifica esa teoría debido a que fue escrito bajo los efectos del hachís y del opio, los dos estupefacientes más requeridos de su época. En aquel libro nos encontramos con líneas como estas:

Antaño, si mal no recuerdo, mi vida era un festín donde se abrían todos los corazones, donde todos los vinos fluían. Una noche, senté a la Belleza en mis rodillas —y la encontré amarga— y la injurié. Me armé contra la justicia. Y hui. ¡Oh brujas, oh miseria, oh aversión; solo a vosotras os fue confiado mi tesoro! Logré desvanecer de mi espíritu toda humana esperanza. Sobre toda alegría, para estrangularla, realicé el sordo ataque de la bestia salvaje. Llamé a los verdugos para morir mordiendo la culata de sus fusiles. Invoqué a las plagas para asfixiarme con la arena, con la sangre. La desdicha fue mi dios. Me lancé contra el fango. El aire del crimen me secó. Le jugué malas pasadas a la locura. Y la primavera me dio la espantosa risa del idiota.

Ha quedado para la posteridad la fotografía que le tomó Étienne Carjat en octubre de 1871, cuando Rimbaud tenía diecisiete años. Es una de las pocas fotografías que Carjat conservó de él luego de destruir la mayoría de aquellas que llegó a tomarle, debido a la enemistad que se produjo entre ambos luego de que el joven poeta hirió a Carjat con una vara de metal a raíz de una discusión. En aquel retrato, Rimbaud aparece con el cabello revuelto y la mirada perdida, dando la imagen de un “enfant terrible” (una especie de James Dean decimonónico). Para algunos, no obstante, esta fotografía puede ser interpretada como la imagen de un ángel que se siente perdido en el infierno que ha hallado en la tierra.

El documental realizado por Dindo resulta enriquecedor debido a que nos permite apreciar de un modo completo la vida de Rimbaud, profundizando en cada detalle. Se suma a ello que lo haga tomando en consideración el contexto en el cual vivió aquel genio literario, constituido por una Francia mojigata, ortodoxa y, por ende, incapaz de entender la cosmovisión y actitudes de un personaje excéntrico y poco convencional como lo fue Rimbaud, quien quizá haya sido, por todo lo que le tocó vivir y padecer, el más maldito de todos los poetas.

Notas:

1. Nacido en Zürich, en 1944, Dindo es conocido también por haber realizado documentales en torno a personalidades como Franz Kafka y el “Che” Guevara.

2. La cineasta Agnieska Holland, inspirándose en esta tormentosa relación, filmó en 1995 la película Total eclipse, protagonizada por un joven Leonardo DiCaprio en el papel de Rimbaud.

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