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Entrevista

Imágenes de la pandemia

Mesa redonda con Patricia Orbegoso y Raschid Rabí*

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Por Mario Granda

Patricia Orbegoso es artista plástica cuyo trabajo se basa en el dibujo, la pintura, el grabado, la técnica de la instalación, la recuperación de técnicas tradicionales y hace algunos años investiga y crea sus propios materiales con recursos de la naturaleza. Por su parte, Raschid Rabí es profesor de filosofía en la Universidad Antonio Ruiz de Montoya y reconocido divulgador de la historieta en nuestro medio. Con ellos tuvimos la siguiente conversación sobre la situación de la pandemia, las artes visuales, los artistas y la sociedad.

El Hablador: Patricia, ¿qué impresión ha causado en ti la pandemia?

Orbegoso: A mí me ha tocado pasar la cuarentena en casa de mi madre. No estoy en mi casa, en mi hábitat. No estoy en mi taller, el lugar donde puedo trabajar, y recién hace poco he logrado que me traigan mi computadora. No obstante, me he dado cuenta de que en medio de esta situación ha surgido la importancia que tiene el trabajo en colectivo. Las imágenes y propuestas que se crean de manera conjunta tienen un mensaje solidario, de contención, de soporte emocional y psicológico. Para mí, el arte está pasando por una etapa necesaria desde hace mucho, pues está recuperando ese valor que es tan importante para los seres humanos por igual. De manera abierta, pero también de una manera muy humilde, está transformando los individualismos. El haber formado parte de colectivos desde hace algunos años, me ha tocado ver este cambio tan necesario. Al estar en la casa donde pasé mi adolescencia, he vuelto a un ambiente protegido y a temas más íntimos. Tengo amigos que me han comentado que para ellos es una manera de estar conectados con lo más simple, con lo más natural, con esas emociones que ahora están a flor de piel, ¿no? Esto nos está llevando a reflexionar sobre el modo en que nos llevamos como comunidad, como ciudadanos y como hijos, como parejas y como padres. Todo esto nos está llevando a estas reflexiones.

El Hablador: ¿Cómo son esos trabajos colaborativos?

Orbegoso: La emergencia ha hecho que se cree la Red de Creadores y Gestores Culturales Independientes, algo que nunca se había hecho. Si bien es cierto que hace un tiempo ciertos organismos culturales trataron de reunir a los creadores de distintas disciplinas, nunca había surgido una iniciativa desde nosotros mismos. Ahora, en cambio, estamos dispuestos a ver cómo unimos esta fuerza con el objetivo de superar la crisis. La Red está coordinando y solicitando al gobierno la formación de mesas de diálogo y de trabajo multisectorial para reactivar económicamente las Industrias Culturales y las Artes, así como para presentar diversas propuestas viables para enfrentar la emergencia en corto, mediano y largo plazo.

Foto: César Ramos

El Hablador:  Raschid, ¿cómo ves tú la pandemia?

Rabí: A pesar de lo que está ocurriendo, estos esfuerzos colectivos de los que habla Patricia reflejan que es posible una articulación que puede llevar a la creación. La primera vez que salí después de decretada la cuarentena me pareció todo muy triste. La imagen me hizo recordar lo que ocurre en la historieta argentina El eternauta (1957), que cuenta el cliché de una invasión extraterrestre a Buenos Aires. Lo interesante, sin embargo, es que el guionista no creía en héroes individuales –como ocurría en las películas de serie B norteamericanas de esa época– sino en el héroe colectivo. La historia comienza con el viaje que el protagonista hace desde el futuro hasta nuestro presente y le cuenta al guionista (el narrador de la historia) lo que va a pasar dentro de algunos años. La invasión empieza con una nevada que obliga a los personajes (un grupo de amigos que juega a las cartas) a quedarse en el lugar en el que fueron sorprendidos por la invasión, pues pronto descubren que la nieve causa la muerte. En medio de la obra, por ejemplo, se cuenta la historia de Polski, un hombre que no soporta el encierro y sale a buscar a su familia, pero la nevada pronto lo mata. En la segunda versión de la historieta, mucho más experimental, se cuenta el mismo pasaje pero desde la perspectiva de los que lo quieren ayudar pero no pueden salir de casa. Creo que esta imagen se parece mucho a lo que dice Patricia, pues, como ella dice, hoy nos encontramos distanciados pero a la vez existen estos esfuerzos por debajo para sobrellevar. El esfuerzo colectivo nos lleva a romper con esta lógica de sálvese quien pueda y a darnos cuenta de que si no se encuentra una solución en conjunto, esto nos va desbordar.

Adiós Solano: El Eternauta 2; Historieta de Protesta – Los Eternautas

El Hablador: Patricia, tú has realizado trabajos colectivos con la comunidad shipibo desde hace muchos años. ¿De qué manera ha impactado la pandemia en estas colaboraciones?

Orbegoso: La maestra shipibo Wilma Maynas y yo hemos impartido algunos webinars gracias a la alianza que tenemos con la asociación Migrarte Perú. Estos talleres sirven para difundir y promover la cultura shipibo, así como para conocer las técnicas y los materiales que utilizan en su arte. Uno de ellos estuvo dedicado a la recuperación de técnicas tradicionales y a la memoria de los pueblos originarios. La primera parte comenzó con una charla en la que Wilma nos contó sobre parte de su cultura a través de sus obras textiles. Los diseños shipibo están vinculados a los rituales sanadores, a las plantas maestras, la geometría sagrada, entre otros; aspectos conducidos a la autosanación. Es por eso que creo que es el momento de rescatar todo este conocimiento ancestral y compartir, pues nos puede ayudar muchísimo como planeta, como seres humanos. Las prácticas de las técnicas tradicionales son muy distintas a las que conocemos. No es una práctica fría que solo vincula al artista con el material, sino que es toda una conexión con ese mundo de energías que está circulando. Es algo tan vivencial que cuando se tiene la posibilidad de practicarlo, descubres que se trata de un ritual que culmina en el rescate del ser humano. Para ello, no se necesita comprender al cien por ciento la cultura de procedencia, pues es universal, la naturaleza es universal. El canto (icaro) y los tintes naturales que utilizan las mujeres para hacer su arte son medicinales. El taller, además, demostró que la maestra podía transmitir sus ideas y emociones, así como ella podía recibir del otro lado. Fue una experiencia muy enriquecedora para ambas.

El Hablador: ¿Cómo se organizaron Wilma y tú con la filmación y el uso de los materiales? Pues debe ser difícil dictar un taller a distancia en el que hay que utilizar materiales de la naturaleza.

Orbegoso: Tuvimos algunas dificultades, es verdad, pero recibimos la ayuda de otra maestra, Olinda Silvano, y su hijo. Sin embargo, Wilma ya tenía experiencia como maestra, y ella logró formar este puente entre su obra y las personas que asistieron al taller. La idea era rescatar las técnicas y la naturaleza. En mi caso ocurrió igual, pues he tenido que crear en casa de mi madre los materiales con los que puedo trabajar. En realidad, todos nosotros podemos crear nuestros propios materiales, nuestros propios recursos y adaptarlos a nuestras necesidades. En realidad, podemos tomar los recursos de lo que nos rodea y sacarle provecho. Esto nos acerca a lo natural. En mi taller, hablé sobre la relación entre el proceso creativo y la naturaleza. He utilizado cosas que he encontrado aquí en casa y no he tenido que salir a comprar nada. Todo ha sido tomado de la casa, del jardín y de la cocina. Felizmente, en casa hay un espacio con plantas y esto me ha permitido realizar esta conexión de la que hablo.

Maya kene. Tapiz bordado por Wilma Maynas Inuma

Rabí: Me parece interesante lo que ha dicho Patricia sobre el uso de los materiales tomados de la casa. A diario, tanto los medios locales como internacionales nos ofrecen la imagen de una cuarentena hecha para una clase media citadina, urbana, cuando hay otras maneras de vivirlas que no terminan por visibilizarse. Esta es la pandemia para los que tienen ahorros, un techo y pueden manejar la situación durante algunos meses sin mayores riesgos. Sin embargo, en el Perú hay muchas comunidades o grupos sociales que desde hace mucho tiempo han debido buscar recursos y estrategias propias para poder sobreponerse a episodios como estos. Tal vez no han sido víctimas de pandemias globales como estas, pero sí de otras amenazas. Es lo que ha ocurrido, por ejemplo, con la tuberculosis. Hubo tiempos en que la tuberculosis tenía una connotación social muy fuerte. Mi mamá una vez me contó que mis abuelos (que vivían en Chosica, donde hay siempre un clima favorable para recuperarse) acogieron a un joven que tenía la enfermedad y le ofrecieron todo tipo de cuidados y alimentos. Ellos eran migrantes japoneses, pero aun así hicieron el esfuerzo por ayudar a quienes sentían que lo necesitaban. A mí me incomoda mucho cuando en los medios de comunicación se preguntan cómo van a sobrevivir los que viven en habitaciones con cinco, seis o siete personas más. ¿Acaso en países como en Taiwán, China o Japón o los contextos rurales de Filipinas o Indonesia, no sucede lo mismo? A lo que voy es que, más que el hacinamiento, tiene que ver con otras maneras de afrontar la pandemia y a pensar en estrategias para afrontarla desde esas condiciones. Pero lo más común es achacar a la población la responsabilidad de lo que le va a ocurrir. El otro punto que me interesa es el vínculo de la naturaleza, pues rompe con esta lógica del sujeto-objeto a la que estamos acostumbrados, ¿no? Ahora vemos la naturaleza como vemos la tecnología, como un objeto del cual me apropio. La relación que las comunidades shipibas y andinas mantienen con la naturaleza es como si se tratara de otro sujeto vivo con el cual tú interactúas, te acoge y te conforta. A inicios de la pandemia, se decía mucho que la enfermedad había venido de un animal que había contagiado a todos, achacándole a la naturaleza la responsabilidad de lo que le estaba pasando. No obstante, esta imagen pasaba por alto el hecho de que no habíamos tenido una relación adecuada con ella, pues solo la hemos reducido a una relación de extracción y apropiación, de dominio y control. Me parece muy interesante el giro que ha dado la naturaleza a partir de todo esto.

El Hablador: Raschid, el cómic es una expresión especialmente urbana. ¿La naturaleza tiene algún lugar en él?

Rabí: El cómic aparece como un medio para las masas iletradas, producto de la revolución industrial y los medios de comunicación masivos. La tira cómica que aparecía en la prensa era leída por obreros semianalfabetos que buscaban un poco de entretenimiento. Era un entretenimiento masivo y también despreciado, parecido al valor que hoy le damos a la prensa amarilla. Tal vez la naturaleza no está tan presente en el cómic estadounidense, sino en el europeo o en el japonés, donde el acercamiento a la imagen es un poco distinto, pues no se centra tanto en la épica y ni en el protagonismo del héroe. Si queremos hablar de algo más cercano a nosotros, la naturaleza aparece en el cómic más experimental en los paisajes de Lorenzo Mattoti o el mar de Pratt, o en animes como La princesa Mononoke o El viaje de Chihiro, de Hayao Miyazaki, que tiene un discurso más bien antimoderno, pues no solamente se centra en el vínculo con la naturaleza sino en toda la dimensión de trascendencia, de la naturaleza proveedora de sentido y del animismo. Allí aparecen los kamis, que son como los dioses que se encuentran presentes en todas las criaturas vivas, una idea que también está presente en muchos de nuestros pueblos. También tenemos mucha presencia de la naturaleza en las ilustraciones de la fallecida Nobuko Tadokoro.

El viaje de Chihiro (2001) - Filmaffinity
El viaje de Chihiro. Hayao Miyazaki (2001).

El Hablador: Patricia, ¿nos puedes hablar un poco sobre las obras en las que has trabajado últimamente?

Orbegoso: Sí, desde el 2012 mi trabajo dio un giro muy importante y hoy estoy muy interesada en vincularlo con lo social e intercultural. Desde lo más “simple y humilde” como la técnica tradicional, donde solo utilizo tintes naturales elaborados por mí misma, soportes como el papel de algodón artesanal. Estoy tratando de quitarme de la cabeza todo lo que aprendí en la Escuela de Bellas Artes y poder asimilar estos conocimientos que tenemos en nuestro país, que provienen de nuestros pueblos originarios. Desde el 2016 empecé con mis investigaciones sobre terapias alternativas, vinculadas a las ciencias como las matemáticas, la psicoterapia, la biología, la geometría sagrada entre otras. Uno de mis recientes trabajos está basado en una historia llamada Uma/Cabeza voladora. En mi interpretación, este mito tacneño es la conexión de los mundos en el momento que dejamos nuestra existencia material para poder cruzar al otro lado. En ese viaje uno recorre sus pasos, los recoge con mucho cariño, sorpresa, miedo hasta que todo se transforma y se vuelve signo. En ese momento, espacio- tiempo, podemos hacer real y nuestro lo esencial. Es una leyenda a la que le he dado mi perspectiva un poco más esperanzadora dado a una situación familiar por la que atravieso. Se trata de ver el arte como una herramienta para sanar, como un ejercicio en el que elementos estéticos se enriquecen de las terapias holísticas o la psicoterapia para darle a la obra un sentido sensibilizador y también un sentido terapéutico. Creo que las personas que se encuentran enfermas podrían tomar esta obra no solo como un objeto decorativo (una idea con la que estoy un poco peleada) sino como algo que se introduce dentro de ti y se vuelve uno. También he trabajado unas Bitácoras sobre el color de la naturaleza, en ellas trato de descifrar lo que me va expresando el color, estos ejercicios me han ayudado a que cada obra no solo tenga una cualidad estética sino también un significado propio. Dado que el color proviene de una planta, lo que intento es que la planta misma se conecte con la energía del espectador. Estas obras están hechas para ser tocadas con todos los sentidos. En algunos casos, los materiales utilizados se pueden ingerir pues son parte de la medicina tradicional.

El Hablador: ¿Las plantas que se utilizan son de Lima?

Orbegoso: Algunas de estas plantas son de Lima y otras son de la selva. Soy amiga de algunas familias de Pucallpa y ellas me traen o envían plantas de allá y puedo hacer algunos intercambios. Con ellas he organizado algunos cursos y hemos hecho obras en conjunto. El año pasado expusimos en la Embajada del Perú en Berlín, hice algunos talleres en organizaciones de migrantes y también exposiciones. El público al que llegaron estos talleres fue aquel que necesitaba un soporte emocional. En particular, me interesa mucho vincularme con las mujeres y niñ@s.

Rabí: Un aspecto que me ha hecho recordar Patricia es esta dimensión terapéutica del arte, algo que proviene de la tradición griega. Me refiero a la idea del cuidado de sí mismo, que también veo en sus obras, pues contribuyen al bienestar de nuestro cuerpo. Creo que cobra mucha importancia si entendemos que formamos parte de un continuo, de una integralidad. Esto lleva a que la muerte ya no sea vista como algo doloroso. En Nueva Zelanda se habla del Dreamtime, y también hay ideas parecidas en algunas comunidades peruanas en la que se establece una comunicación con los muertos o ancestros a través de los sueños. Estas imágenes me parecen sumamente ricas, pues nos ofrecen una imagen más amplia de la salud y del otro, aún mucho más allá de lo humano. Tal como lo señalaba David Abram en su libro La magia de los sentidos, donde habla de esta relación que los distintos pueblos de América, de África y de Oceanía tienen con la naturaleza. Para él, la naturaleza nos provee de nuevos lenguajes que se pueden utilizar, algo que ha pasado desapercibido en la modernidad por este énfasis que pone en la razón. También quería mencionar el libro Un árbol en los confines del mundo (2010), de Jesús Cossío, donde, en algunas de sus historietas, la naturaleza recupera los espacios que había perdido frente a la urbe.

*Hace casi un mes atrás, Mario Granda, colaborador de la Bitácora de El Hablador y uno de los directores de la Revista virtual de literatura El Hablador, organizó y llevó a cabo una mesa redonda con Patricia Orbegoso y Raschid Rabí. En ella se abordaron las diversas formas en que la pandemia ha modificado no solo la vida sino también el quehacer intelectual de cada uno. La publicación de esta conversación debió realizarse hace dos atrás; sin embargo, diferentes motivos impidieron que esto sea así. Esperamos que eso no impida disfrutar a nuestros lectores de las ideas planteadas aquí. (Nota del editor)

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Análisis audiovisual

El ángel exterminador

Por Zoraida Rengifo

Hace casi 60 años Luis Buñuel dirigió la película El ángel exterminador. En ella retrataba la historia de un grupo de amigos, todos ellos pertenecientes a la clase burguesa, que por algún motivo que nadie comprendía no pueden salir del lugar donde se encuentran reunidos. Algún paralelo podemos proyectar en estos días de pandemia, pero con la enorme diferencia de que se trata de un virus que se ha extendido por todo el mundo con resultados mortales. Sin embargo, el motivo del confinamiento para Buñuel nunca fue relevante. El ángel exterminador es un tubo de ensayo para mirar por la pantalla el comportamiento humano cuando va perdiendo sus aparentes modales.

El director español renegó por distintas razones de la decisión que tomó al escoger México para escenificar su film, aunque la lujosa mansión de la calle de la Providencia se ajustaba bastante a sus intereses. Esto se debe a que cada detalle, como el de las servilletas, tenía que demostrar el refinamiento con el que se presentan sus personajes desde un principio. Buñuel ha sido insistente en ridiculizar una y otra vez el comportamiento burgués. Aunque esa rigurosidad también ha recaído sobre sus personajes contrarios, los de menores recursos económicos.

Salvo el mayordomo, los demás empleados de la casa huyen sin motivo aparente de la mansión ante la presencia de los invitados. Aquí los trabajadores y empleados no están teñidos del cinismo que se aprecia en el film Viridiana. Esta vez se ubican en la otra orilla, distantes, espectadores del drama en el que se sumergen aquellos que se enriquecen de su fuerza de trabajo y, al cabo de unos días, se reunirán para observar el desenlace.

Una década después se estrenaría El discreto encanto de la burguesía que se grabó en Francia. Hay una retórica en Buñuel que se repite una y otra vez, como las escenas que deliberadamente copia sin ninguna modificación. Un juego dialéctico que busca  convencer al espectador sobre conceptos que, aunque en movimiento constante, inician y terminan siempre de la misma manera.

Si bien la obsesión del realizador se trabaja en esta como en sus demás entregas, con respecto a la religión, las convenciones burguesas adquieren mayor importancia en este film. La religión termina siendo un marco para concluir o componer ciertos elementos de los personajes, pero no la guía que dará origen a esta situación absurda de encierro. Aquí el punto es observar desde una posición privilegiada, en este caso de quienes no son parte del encierro, como el espectador, la manera en que la conducta se va degradando día a día y perdiendo el decoro, como lo califican, y los buenos modales. En cierto sentido, a través de esta película, Buñuel es, de nuevo, el joven que reclama de manera anárquica por la crianza conservadora que recibió.

Ateo por la gracia de Dios, Luis Buñuel se definió como surrealista, anarquista y sobre todo nihilista luego de haber admirado (y luego renegado de) la política de Stalin. Aunque considera que sus films no son políticos y por más que pretendió ser crítico ante todas las ideologías y creencias, El ángel exterminador constituye un retrato social y clasista sobre cómo la burguesía queda desprotegida ante la paralización de la clase trabajadora. Aunque su estadía en México significó dejar de lado el cine al que estaba acostumbrado y empezar una etapa más comercial, subyace de todas maneras un mensaje político que trasciende cualquier idea nihilista y que nos interpela todavía hoy.

¿De quién es la crisis que enfrentamos? ¿Qué sucede cuando quienes han estado oprimidos por años cruzan la orilla y observan sin temor la caída de quienes han acumulado la riqueza durante siglos sin preocuparse siquiera por asegurar las condiciones de vida de los trabajadores? Quizá sea temprano para asegurarlo, pero parece que han empezado a cambiar ciertas cosas y, por eso, este clásico de la filmografía de Buñuel se mantiene vigente, sin un ápice de deterioro. Una crisis como aquella o como esta, se convierte en la mejor manera de mirar la realidad sin maquillajes ni distracciones, para ver la complejidad humana en toda su dimensión y para saber finalmente en qué orilla nos encontramos.