Carlos Eduardo Zavaleta (Caraz, 1928)

Escritor, ensayista, traductor y periodista cultural. Miembro notable de la Generación del 50, es profesor de la Facultad de Literatura de la Universidad de San Marcos. Ha tenido además una prolífica carrera diplomática, y es autor de numerosos libros. Entre los más conocidos están: Los Ingar; El Cristo Villenas; Un joven, una sombra; Pálido, pero sereno, entre otros, por los cuales ha ganado significativos premios.

A la pregunta de "dígame usted un autor actual de ciencia-ficción francés, uno alemán y otro italiano" el desconcierto e ignorancia del aficionado serán notables. A no ser que por unas u otras circunstancias tenga conocimientos de alguno de esos idiomas, o una notable memoria, será incapaz de citar uno por nacionalidad

 

 

 

 

 

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Cinco cuentos brevísimos (inéditos)

por Carlos Eduardo Zavaleta
 
 

Los cuentos que presentamos a continuación son cuentos inéditos del escritor peruano Carlos Eduardo Zavaleta (Caraz, 1928). Fueron seleccionados del total de 25 que conforman el libro, próximo a editarse, Relatos brevísimos.

La envidia
El abrazo del oso
Amor paralelo
Mesas sucesivas
El montañista


MESAS SUCESIVAS
(Tiempo estimado de lectura: 3')

En la mesa-imán de los Alberti, familia con una casa en Monterrico, otra en San Bartolo, y con tres hijos ya establecidos con sus respectivas familias y propiedades, el grupo se reunía formando una ruidosa y risueña tribu. El tema del diálogo era la vida de los Ferreyros, quien en conjunto poseían cuatro casonas, dos edificios, diez automóviles y un yate.

En la afortunada mesa de los Ferreyros, que se habían abierto paso como agentes de aduana del Callao, el diálogo trataba mayormente de la vida de los Alberti y la riqueza de estos.

En la mesa de Felipe Mendizábal, con una casa todavía por pagar y un solo automóvil, casado con la segunda hija de Ferreyros, sólo se hablaba de la familia de su mujer y se trazaban planes y estrategias a fin de alcanzar una fortuna semejante.

En la mesa de Darío Jiménez, joven que cortejaba a la hija de Mendizábal, sólo se hablaba de la familia de la novia, que estaba muy por encima de la posición de Darío.

Cuando esa novia esquiva se sentó a la mesa de Jiménez, se sintió tan defraudada que quiso huir. En vano Darío quiso disuadirla en nombre del amor. Tuvo, pues, que atarla firmemente a la mesa.

Con el tiempo, la mujer de Darío tuvo un hijo, Alipio Jiménez, y éste, siguiendo la costumbre de sus padres, al sentarse a la mesa, únicamente hablaba de la fortuna de los Mendizábal, de los Ferreyros y de los Alberti, en ese orden gradual de asombro y envidia. Y cuando por fin Alipio se rebeló, no pudo ya libertar a otros como él, pues en cuanto desencadenara a alguno, éste iba a encadenarse de nuevo, pero en la mesa inmediata superior.

© Carlos Eduardo Zavaleta, 2003 descargar pdf

 

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