Comparación y sentido. Varias focalizaciones y convergencias literarias (Rafael Ojeda)

Franqueando fronteras. Garcilaso de la Vega y La Florida del Inca (Johnny Zevallos)

Alberto Hidalgo. El genio del desprecio. Materiales para su estudio (Julio Teodori de La Puente)

Todas mis muertes (Alberto Villar Campos)

Puta linda
(Mario Granda Rangel)

 

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La Florida, novela con novelistas

por Johnny Zevallos

 

Raquel Chang-Rodríguez (editora)
Franqueando fronteras. Garcilaso de la Vega y La Florida del Inca
Lima: Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, 2006.

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“Porque la verdad de la historia nos obliga a que digamos las hazañas, así hechas por los indios como las que hicieron los españoles”, afirma el Inca Garcilaso en el capítulo XIV, del Libro Cuarto, de La Florida del Inca (Lisboa, 1605), al subrayar la necesidad de registrar las voces tanto del conquistador peninsular como la del otro indígena. De esta manera, el ilustre cuzqueño construye un discurso ficcional que recrea la empresa del capitán Hernando de Soto, conquistador de los territorios de La Florida , en su empeño por cantar las hazañas heroicas del encuentro de dos mundos desconocidos entre sí. La fundación de las letras americanas se inaugura, pues, con la representación épica de un autor mestizo que hiciera uso de sus propias estrategias narrativas para “universalizar” a la cultura indígena, a partir de un modelo occidental antes que islámico (1).

En un trabajo anterior (2), donde Chang-Rodríguez había analizado esta primera obra en prosa del Inca, las figuras de De Soto y Cofachaqui son comparadas con Antonio y Cleopatra, en la medida de que esta idealización del Nuevo Mundo debía responder a la dicotomía del yo/otro en tanto operación discursiva de la superioridad/inferioridad (3), presentes en la narrativa hispanoamericana desde su fundación. El encuentro de dos culturas en territorio norteamericano significó, pues, la inserción de una élite letrada propiamente americana en el sistema intelectual peninsular, desde simbologías escriturales hispanas. Recientemente, el suplemento cultural identidades del Diario Oficial El Peruano publicó un notable dossier que rememoraba el cuarto centenario de este invalorable texto y su repercusión para con las letras peruanas e hispanoamericanas.

Franqueando fronteras es el resultado de un simposio interdisciplinario llevado a cabo con ocasión de la celebración del cuarto centenario de la publicación de La Florida del Inca en 1605, que se desarrolló en el City Collage y el Graduate Center de la City University of New York. Vista así, la importancia del primer texto narrativo de un autor mestizo radica en la reproducción ficcional del espacio americano y la gesta discursiva de indígenas y peninsulares a fin de conseguir los experimentos líricos que delinearán el pensamiento histórico-literario del autor. La presenta publicación consta de diez artículos, en los que se pone de manifiesto la trascendencia de esta crónica garcilasiana para la posterior producción narrativa en Indias. Raquel Chang-Rodríguez es la responsable de la edición, introducción y notas del presente estudio que pretende centrar la importancia de la monumental obra del Inca a la par de las grandes crónicas del siglo XVI, en las cuales la historia y la ficción eran artes fronterizas.

Las presentes líneas no pretenden ser una síntesis de todos los trabajos compilados, sino un breve acercamiento a una selección de los mismos, tomando en cuenta la relevancia tanto de los marcos teóricos propuestos como una posible modificación en la línea analítico-interpretativa de los autores de los textos recopilados. A partir de tres secciones, bajo las que se proyecta un detenido análisis de la obra bajo parámetros históricos y literarios, se profundizan los siguientes temas: a) “La frontera floridana”, con un carácter netamente histórico; b) “Textualidad e ideología”, bajo categorías discursivas y ficcionales; y c) con "La Florida del Inca: publicación y ediciones” se pretende un mejor estudio de las reediciones de la primera crónica del luminar cuzqueño.

En el primer artículo, “Un nuevo mundo: indígenas y europeos en La Florida del siglo XVI”, de Jerald T. Milanich, es posible conocer a las sociedades precolombinas que habitaron el sudeste de los Estados Unidos de América, antes de la llegada de los primeros exploradores hispánicos. A partir de una precisa información etnohistórica, Milanich detalla la organización sociopolítica de las primeras comunidades humanas que se establecieron en el actual estado de Florida. Si bien los naturales del extenso territorio norteamericano desconocieron los adelantos tecnológicos de los indígenas mesoamericanos y, sobre todo, andinos; las excavaciones arqueológicas han descubierto importantes restos timucuanos, saturibas y potanos. Sin embargo, el autor registra, además, los cambios producidos en estas colectividades tras el arribo de los primeros europeos hasta los años en que se publicó la sorprendente crónica del luminar cuzqueño, con el propósito de analizar las referencias anteriores y contemporáneas al proyecto escritural del Inca. Aunque los viajes de exploración permitieron a los primeros expedicionarios contactarse con los nativos, “la Corona española había obtenido pocos resultados de los esfuerzos de sus conquistadores” (70); a tal punto que los proyectos de Ponce de León, Vázquez de Ayllón, Narváez, De Soto, así como Luna y Arellano se desmoronaron en su intento por reclamar las tierras en nombre del soberano peninsular. El trabajo de Milanich constituye, pues, una sugestiva aproximación histórica hacia los sectores europeos y americanos que requerían la posesión del Nuevo Mundo.

La travesía de Hernando de Soto opacó sin duda las expediciones posteriores, por cuanto inspiró las más bella crónica indiana: La Florida del Inca. No obstante, Amy Turner Bushnell, a través de su artículo “Réquiem por los conquistadores de menor fama: honor y olvido en una periferia marítima”, explora algunas relaciones y cartas que dan cuenta de viajes y periplos no anotados en el canon colonial establecido por los historiadores, incluso durante la época de Garcilaso. De esta manera, la “Relación del martirio de los padres y hermanos de la Compañía en el Jacán”, de Jaime Martínez, consigna la ardua empresa que emprendieron los soldados conquistadores en nombre de España y de su alteza el rey. Los clamores y solicitudes por entregar sus vidas a la causa real no tuvieron oídos en las autoridades peninsulares debido a los ajusticiamientos realizados contra los indios, motivo por el cual se determinó que misioneros y religiosos ocupasen las funciones de los primeros expedicionarios; de tal forma que la cruz reemplazaría a la espada, a pesar de que esta analogía jamás llegara a concretarse. Los ministerios que ejercieron los clérigos y los predicadores de la fe, si bien fueron mucho menos ofensivos, terminaron por aniquilar a la religión indígena, al igual que la memoria de los exploradores originarios.

En el tercer ensayo, “Proyectando distancias poéticas en personas y lugares reales” de Patricia Galloway, se intenta reconstruir los acontecimientos históricos, tomando como punto de partida los discursos ficcionales, especialmente el relato del cuzqueño. Galloway se apoya en la cartografía con el objeto de precisar ciertos rasgos geográficos presentes en La Florida del Inca; a pesar de la dificultad metodológica que abundaba en tiempos del cronista mestizo, pues “Los cartógrafos que representaban a la distancia territorios de ultramar también estuvieron limitados por la incapacidad de hacer mediciones precisas de longitud, y esta situación se prolongó hasta el siglo XIX” (101). La autora considera que la interpretación de la ruta de De Soto por parte de los historiadores y geógrafos franceses, asentados en la Luisiana y las colonias galas del Misisipi, trajo consigo erratas que permanecieron por más de cien años en el imaginario intelectual norteamericano de los siglos XVI y XVII. La falta de coordinación entre el los textos floridanos y los mapas y cartas de la época hizo que los expedicionarios creyeran que efectivamente era el territorio explorado por De Soto, a pesar de que muchos de ellos murieran en su intento por colonizar la península. Sólo hasta 1718 en que los Delisle trazaron un diagrama cartográfico más preciso, a través de “la adopción del concepto de cuadrícula de meridianos y la comprensión de los principios de encadenamiento triangular” (103) y prácticas geográficas modernas posibilitaron la construcción de mapas idóneos para los viajes de expedición posteriores.

Vastísimo conocedor de los Comentarios Reales y de La Florida del Inca, José Antonio Mazzotti ensaya acerca de la celebrada traducción del cronista cuzqueño. En efecto, en “Otros motivos para la Traduzion: el Inca Garcilaso, los Diálogos de amor y la tradición cabalística”, el autor de Coros mestizos del Inca Garcilaso encuentra en la cábala una herramienta hermenéutica para interpretar los códigos socioculturales y sociopolíticos que condujeron al Inca a privilegiar su perspectiva humanista. El renacimiento italiano —a partir de la propuesta de León Hebreo— representa la búsqueda de los ideales clásicos y su subversión hacia los cánones eclesiásticos, fenómeno del cual el autor cuzqueño era consciente y lo reprodujo tal cual, pese a que —años después de su muerte— el Santo Oficio prohibiría la Traduzion en el Índex. Indudablemente, la apariencia andrógina de Dios supondría una igualdad en la noción cuerpo/alma (4), antes que una relación de dominio, en la medida de que vincula una conexión dialógica y no monológica. Sin embargo, la presencia de códigos judaicos es innegable en la obra de Hebreo, hecho que el Inca conservó aun en su intención cabalística: en las distintas re-creaciones del mundo y el orden/desorden del Caos universal. Mazzotti encuentra, además, rastros del mundo andino en la Traduzion , pues “los ciclos míticos andinos (como los de Wiraqucha y Ayar) sobrepasan el universo estrictamente incaico, ya que este, por definición, recoge y adecúa antiguas creencias y las va acomodando a su panteón general” (144). De acuerdo al investigador peruano, la capacidad dialógica de la cosmovisión indígena posibilita la apropiación y reestructuración del pensamiento renacentista para, en la decodificación y traducción de un autor mestizo, se enriquezca y renueve con los aportes de todas las culturas de la humanidad, incluyendo la americana.

En lo que podría calificarse como una reformulación de sus aportes teóricos, Rolena Adorno, a través de su artículo “De Guancane a Macondo: La Florida del Inca y los albores de la literatura latinoamericana”, cataloga a la presente crónica del Garcilaso de la Vega como la primera producción discursiva americana en que aparece un poblado con características ficcionales: Guancane. Partiendo de los Naufragios de Álvar Núñez Cabeza de Vaca, el Inca replanteó aquella tesis —no obstante introdujo algunos testimonios de viajeros que acompañaron a De Soto—, y anexó categorías escriturales propias de las futuras novelas latinoamericanas. Si bien no es factible hablar de una influencia de La Florida en Cien años de soledad o en Pedro Páramo , la tendencia de la producción ficcional en Latinoamérica ha sido reinventar el espacio americano, haciendo uso de dos fuentes primordiales entre nuestros más grandes autores: la epopeya y el mito (5). Adorno se apoya en la tesis de Roberto González Echevarría y su trascendental libro Mito y archivo. Una teoría de la narrativa latinoamericana (1990) para sugerir la validez ficcional de La Florida antes que el rigor testimonial que tuvieran otras crónicas contemporáneas a la obra del Inca, recalcando con ello el factor discursivo propio de una novela antes que una comentario histórico.

“Cruzando culturas y traspasando territorios en La Florida del Inca” de la editora de nuestro libro en estudio, Raquel Chang-Rodríguez, se centra exclusivamente en las referencias a Cuba como punto intermedio de la expedición de De Soto hacia la Florida y se enfatizan códigos intertextuales presentes en las obras del autor mestizo. De acuerdo a la investigadora, la referencia a los equinos, indígenas, dotes caballerescos y autoridades mujeriles en Cuba incorpora —en el plano simbólico— un sistema cíclico de signos omnipresentes en relación a la conquista: el abuso de los peninsulares hacia los indios así como el contrabando y deslealtad entre ellos. Garcilaso enlaza pasajes de La Florida con escenas que observa y relatará en los Comentarios Reales, con el propósito de denunciar las relaciones de jerarquía en la figura del conquistador por sobre el conquistado; a pesar de que para el cuzqueño la nobleza de la raza se hallaba en el mestizaje, en tanto desdoblamiento de categorías opuestas para lograr la supremacía del individuo americano representado en el mestizo. Para tal fin, Garcilaso introduce su propia imagen en el relato a fin de legitimar —desde el plano del discurso— la dualidad racial y cultural, pues, por ejemplo, “Si bien el sincretismo religioso es la forma más escandalosa de la supervivencia de las idolatrías, las demás formas no son menos reprochables, y en su misma multiplicidad reside el peligro” (6).

Para la tercera sección, sólo haremos hincapié en el trabajo de Pedro Guibovich Pérez, “La publicación de La Florida del Inca y su contexto histórico: problemas y perspectivas de investigación”, incansable investigador, perfeccionista y riguroso rastreador de los datos históricos, había trabajado la recepción que gozara los Comentarios Reales de los Incas en Lima y Cuzco (7), donde el número de reediciones durante los siglos XVII y XVIII demostró el interés de intelectuales y reformadores limeños. El caso de La Florida no deja ser singular, por cuanto, como muchos hombres de su tiempo, el autor mestizo era consciente de la importancia que la imprenta y la divulgación de libros tenía para la corte peninsular y europea. Si a ello le añadimos el interés del cuzqueño por sobresalir entre sus parientes hispánicos con el propósito de recuperar los títulos de su padre, arribaremos a la conclusión de que, pese a la escasa actividad editorial en la península y el incentivo plagio entre los autores —recuérdese el caso de la autoría de El Quijote— incentivo que obligó al Inca a publicar con premura y fuera de España. La presencia del flamenco Pedro Crasbeeck —próspero industrial tipográfico que llegó a imprimir más de 40 títulos en sólo ocho años— le ofreció “mejores posibilidades para la publicación y la distribución de su obra, ambas tareas difíciles de realizar en el contexto español de fines del siglo XVI y principios del XVII” (209).

La escasez del espacio no nos ha permitido ahondar en otros aportes igualmente relevantes como el de Carmen de Mora, autora de una valiosísima reedición de La Florida del Inca, o de la acreditada estudiosa Mercedes López-Baralt. Sin embargo, esperamos que esta breve referencia a algunos trabajos presentados al simposio en torno a la obra del luminar cuzqueño concite el interés que merece la gesta del capitán Hernando de Soto. La obra del Inca tendrá siempre una acogida ineludible en las contribuciones académicas, toda vez que representa el nacimiento del Perú como ‘nación' (8) y su posterior re-creación entre los independistas y forjadores de la República. Tanto en La Florida del Inca como en los Comentarios Reales de los Incas, Garcilaso persiguió la idea de imaginar un país resaltara dos culturas igualmente importantes y sin el conflicto permanente entre conquistadores y conquistados.

© Johnny Zevallos, 2006

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(1) Fermín del Pino Díaz. “El mestizaje en los andes y la obra del Inca Garcilaso”. Hiroyasu Tomoeda y Luis Millones (editores). 500 años de mestizaje en los Andes . Osaka: Museo Etnológico Nacional del Japón, 1992: 249-250.

(2) Raquel Chang-Rodríguez. “Armonía y disyunción en La Florida del Inca ”. Revista de la Universidad Católica 11-12 (1982): 21-31.

(3) Tzvetan Todorov. La conquista de América. El problema del otro . Traducción de Flora Botton Burlá. 14ta. edición. México: Siglo XXI, 2005: 164-165.

(4) Ibídem , 164.

(5) Carlos Fuentes. Valiente mundo nuevo. Épica, utopía y mito en la novela hispanoamericana . México: Fondo de Cultura Económica, Tierra Firme, 1990: 149.

(6) Tzvetan Todorov. Ob. cit. , 215.

(7) Pedro Guibovich Pérez. “Lectura y difusión de la obra del Inca Garcilaso en el virreinato peruano (siglos XVII-XVIII). El caso de los Comentarios Reales ”. Revista Histórica XXXVII (1990-1992): 103-120.

(8) Seguimos aquí los postulados de Benedict Anderson. Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo . Traducción de Eduardo L. Suárez. México: Fondo de Cultura Económica, 2006.

 

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