El matrimonio de Zavala con Ana podría verse no sólo como el rompimiento final con los de su propia clase, sino también como una manera de joderse, de expiar sus culpas.

 

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La relación entre Zavalita y Cayo Bermúdez como elemento estructurante de Conversación en La Catedral

por Lorenzo Helguero

 


La imagen de don Fermín, al inicio de la novela, es aparentemente muy distinta. El papá de Santiago es un industrial de “buena familia” que pertenece a la élite de la sociedad limeña. Sin embargo, en una conversación entre Santiago y el tío Clodomiro se aprecia los orígenes humildes de la familia de don Fermín: “Yo sé que [Zoila] es una gran mujer, toda una señora, por supuesto. Pero siempre tuvo prevención contra la familia nuestra, porque éramos pobretones y sin pergaminos. Ella lo contagió a Fermín” (295). Los dos han logrado ascender socialmente y para ello han tenido que joder y establecer lazos con el poder: don Fermín se asocia con las dictaduras para obtener contratos, en tanto que el Buitre (se nos dice) nunca obtuvo tanto dinero como en la dictadura de Benavides.
Otro aspecto que acerca a ambos personajes (Santiago y Cayo) es la relación conflictiva que tienen con su familia.

La actitud de Zavala es clara: no quiere ser el reflejo de su padre, pues considera que el dinero y la posición social que don Fermín ha conseguido han sido gracias a que éste se ha asociado con un poder que corrompe y destruye (6). De ahí que Santiago decida irse de la casa, abandonar su familia y su estrato social. Quiere construirse como la imagen opuesta de lo que es don Fermín:

—No soy brillante, no soy estudioso, no repitas a papá, tío —dijo Santiago—. La verdad es que estoy desorientado. Sé lo que no quiero ser, pero no lo que me gustaría ser. Y no quiero ser abogado, ni rico, ni importante, tío. No quiero ser a los ciencuenta años lo que es mi papá, lo que son los amigos de mi papá. ¿Ves, tío? (301).

Este rompimiento se hace definitivo a través de su matrimonio con Ana, una enfermera de condición humilde, una “huachafita” según palabras de Zoila; era un acontecimiento previsible. El siguiente paso a tomar por alguien que se opone a su familia y su clase social: si Santiago quiere ser todo lo opuesto a lo que es (o representa don Fermín), tiene que casarse con una mujer que sea la antítesis de Zoila, por ello escoge a Ana. Tras unos meses de abandonar la casa de sus padres, el ahora periodista Zavalita se encuentra con sus hermanos; en la conversación, el Chispas afirma: “Sólo debe demostrar que no es como los demás: acabará casándose con una negra, china o india (…). Ya verás, Teté” (364). La profecía sólo podía cumplirse.

El adolescente Cayo, cuya familia había ascendido socialmente y pertenecía ahora a la élite de Chincha, también se casa con una mujer de condición social inferior: Rosa, hija de una lechera. Esto es inaceptable para el Buitre, el padre de Cayo, quien ve lo como un retroceso en el ascenso socioeconómico de su familia. Después de que Cayo y Rosa se han casado y regresan donde el padre de Bermúdez, éste monta en cólera:

Su furia [del Buitre] no era contra la hija de la Túmula, a ella parece que no le pegaba, sólo a su hijo. (...) No se conformaba de que se le hubiera casado así, y siendo mocoso, y sobre todo con quién. Ni se conformó nunca, por supuesto, ni volvió a ver a don Cayo, ni a darle medio. Don Cayo tuvo que empezar a ganarse los frejoles para él y para la Rosa. Ni siquera el colegio terminó el que el Buitre decía sería el futuro cráneo (64).

El paralelo con el caso de Santiago es evidente, aunque —claro está— con ciertas diferencias. El matrimonio de Cayo es lo que desencadena que éste abandone su casa y su familia (el Buitre es el que decide que se vayan), en tanto que Santiago se casa años después de haber abandonado a su familia: la decisión, en cierta manera por lo menos, es suya. Por otro lado, la actitud del Buitre es más cercana a la de Zoila (7) que a la de don Fermín; éste, aunque no ve con buenos ojos el matrimonio de su hijo, no quiere que su relación con Santiago termine. El paralelo al que hacía referencia líneas arriba, se hace aún más evidente cuando Ambrosio (de quien muchos críticos han afirmado que “no se entera de nada”) , quien le está contando a don Fermín la historia del matrimonio de Cayo Bermúdez, afirma:

Eso le decía todo el mundo al Buitre: se le pasará el camote y la mandará [a Rosa] de nuevo donde la Túmula y usted recuperará a su hijo. Pero no lo hizo, por qué sería. Por la religión no creo, don Cayo no iba a la iglesia. ¿Por hacer rabiar al padre, don? ¿Porque lo odiaba al Buitre, dice usted? ¿Para defraudarlo, para que viera cómo se hacían humo las esperanzas que tenía puestas en él? ¿Joderse para matar de decepción al padre? ¿Usted cree eso, don? ¿Hacerlo sufrir costara lo que costara, aunque sea convirtiéndose él mismo en basura? (...) Usted no está hablando del Buitre y don Cayo sino de usted y del niño Santiago ¿no don? (65).

Aunque cronológicamente la conversación entre don Fermín y Ambrosio es anterior al matrimonio de Santiago, el paralelo es bastante claro: el matrimonio de Zavalita es lo que decide (en vida de Fermín) abandonar su familia y su clase social.

En el bar del Hotel Bolívar, don Fermín le informa a Cayo Bermúdez que Santiago quiere entrar “a la olla de grillos de San Marcos” y no a la Católica (actitud que le molesta a Fermín). Cayo afirma “Todos los muchachos son un poco rebeldes (…). Creo que hasta yo lo fui” (288).

Presumiblemente Cayo se refiera a su matrimonio, el cual lee a la distancia simplemente como una rebeldía juvenil y no como un intento de quebrar las barreras sociales. Zavalita (el Santiago ya adulto) se va pareciendo cada vez más al adolescente Cayo, e incluso también al Cayo adulto que todavía no se ha acercado al poder.

El matrimonio de Cayo Bermúdez significa para éste la pérdida de su estatus económico; como vimos, el Buitre decide “no darle medio” en vida, y para que no herede nada de su pequeña fortuna, se dedica a dilapidar lo que le queda: “Dicen que para que su hijo no heredara, el Buitre comenzó a botar lo que tenía en borracheras y limosnas, que si la muerte no lo agarra desprevenido también hubiera regalado la casita que tenía detrás de la Iglesia” (64). Este pasaje se liga temáticamente con la relación Santiago/don Fermín: a la muerte de éste, Zavalita no acepta el dinero de la herencia porque como vimos anteriormente considera que la fortuna de su padre ha sido ganada de una manera indebida, asociándose al poder de turno. De aceptar la herencia, Santiago hubiera sido inconsecuente con su proceder después que decide joderse. Así, por diferentes razones, tanto Cayo como Zavalita no heredan nada de sus padres, hecho que acerca temáticamente a ambos personajes.

El matrimonio de Cayo lo lleva a perder su nivel económico; antes de trabajar para el gobierno de Odría es vendedor de tractores de algunas firmas agrícolas, un trabajo que sólo le permite sostenerse. Además, con el paso de los años, Rosa, que era “pasable” cuando joven, se ha convertido en una mujer fea, en un “cuco” (8). Está jodido y persiste en ese estado sin buscar cambiarlo. Cuando Espina, su amigo de infancia, asciende al poder, Cayo se niega a buscarlo para solicitar un beneficio personal:

—Cuando estuve de Ministro de Bustamante toda la Promoción me buscó, menos tú —dijo Espina—. ¿Por qué? Estabas en mala situación, habíamos sido como hermanos. Yo hubiera podido ayudarte.
—¿Vinieron como perros a lamerte las manos, a pedirte recomendaciones y a proponerte negociados? —dijo Bermúdez—. Como yo no vine, dirías éste anda rico o ya se murió.
—Sabía que estabas vivo, pero medio muerto de hambre —dijo Espina—. No me interrumpas, déjame hablar. (...)
—Estás contento con tu suerte, no te importa llegar a viejo de provinciano y sin un medio —dijo Espina—. Ya no eres ambicioso, Cayo.
—Pero todavía soy orgulloso —dijo Bermúdez secamente—. No me gusta recibir favores. ¿Eso es todo lo que querías decirme? (67).

La relación entre Cayo y Espina es similar a la de Zavalita con su padre: ninguno de los dos quiere aceptar (hasta ese momento al menos) un dinero que viene de oscuros negociados, ninguno de los dos es “ambicioso” (9): ambos desean seguir, al parecer, en esa condición jodida. Pero luego —y ahí es donde a mi parecer las similitudes entre Zavalita y Bemúdez se diluyen casi completamente— Cayo acepta el puesto que le ofrece Espina y empieza su camino ascendente hacia el poder y la corrupción. El antiguo y destacado escolar de Chincha pone su inteligencia al servicio de un poder que vigila y tortura, que sabe todo sobre todos. El mismo se corrompe, roba, jode: se convierte en el “gran jodedor”.

En el sexto capítulo, Santiago, junto con Aída y Jacobo (adolescentes que se oponen a la dictadura de Odría y sueñan con la igualdad social), busca en San Marcos a militantes del Partido Comunista, y finalmente descubre que Washington, su mentor, es el ansiado contacto con Cahuide, la célula comunista:

No era una leyenda, no había desaparecido con la dictadura: existía. A pesar de Odría, aquí también hombres y mujeres, a pesar de Cayo Bermúdez, secretamente se reunían, y formaban células, de los soplones y los destierros, imprimían Cahuide, de las cárceles y torturas, y preparaban la Revolución. Washington sabía quiénes eran, cómo actuaban, dónde estaban, y él me inscribiré pensaba, piensa, me inscribiré esa noche (128-129).

No es gratuito que en el capítulo séptimo, poco después de este episodio, se nos presente a Cayo triunfante luego de haber ordenado la toma de San Marcos: los dos personajes (ya en franca oposición) se relacionan así en la estructura misma de la novela. En ese mismo capítulo, Cayo, refiriéndose al periódico clandestino Cahuide, le dice a Lozano: “Esas hojitas subversivas van a desaparecer, de inmediato —dijo Bermúdez—” (138). Aunque no haya una alusión directa a Santiago en esta escena, es claro que la relación con este personaje está presente.

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(6) Es claro que don Fermín se asocia al régimen de Odría sólo por un interés económico, para que le den los contratos para la construcción de carreteras y para la fabricación de diversos productos farmacéuticos. Tal como dice Zavalita de su padre “El pobre no tiene ideas políticas —dice Santiago—. Sólo intereses políticos, Ambrosio (179).

(7) Sobre la unión marital de Cayo, Sara Castro-Klarén afirma: “Cayo turns out to be a brilliant fellow with a superb future ahead of him. But against his father’s hopes and wishes, as if to spite all the social codes and mores in the world, Cayo not only falls in love with a beautiful black girl [sic] but insists on marrying her. This intolerable violation of the most sacred space —marriage— produces the irreconciliable estrangement between Cayo and his father” (90). Cambiando “Cayo” por “Santiago” y “father” por “mother”, lo mismo puede decirse de Zoila con respecto de su hijo. Sólo después de la muerte de don Fermín y de su viaje a Europa, la madre de Zavalita accederá a ver otra vez a su hijo.

(8) Queda abierta la posibilidad de que Ana, la mujer de Zavalita, pueda correr la misma suerte.

(9) Don Fermín es en este sentido todo lo contrario a Santiago; en una conversación entre Zavalita y el tío Clodomiro, éste dice de su hermano “El fue muy ambicioso desde chico. Siempre quiso ser alguien” (295).

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