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Si
bien uno de los elementos que organiza la estructura
de Conversación en La Catedral es el
diálogo entre Santiago y Ambrosio (1)
—de ahí el título de la novela—;
a mi parecer, la relación entre Cayo Bermúdez
y Santiago Zavala y las tensiones que ésta genera
es uno de los elementos más importantes en la
construcción del discurso narrativo. Sin duda,
ambos personajes (además de Ambrosio y Don Fermín)
son claves a lo largo de Convesación en La
Catedral; analizando la vida pública y privada
de Cayo y Zavalita podremos establecer las relaciones
y tensiones entre estos personajes y apreciar su función
estructurante en el texto.
La
importancia de los dos personajes se hace evidente desde
el inicio: “The two main characters portrayed
in Part I are Santiago Zavala and Cayo Bermúdez.
(...) Part I encompasses Santiago’s years as a
student at the University of San Marcos and Don Cayo’s
rise from anonymity to a position of supreme power in
the Peruvian government” (Williams: 69). Estos
dos personajes son al parecer absolutamente opuestos,
como las dos caras de una misma moneda: mientras Cayo
va ascendiendo socialmente gracias al poder y al dinero
del robo y la corrupción, Santiago desciende
socialmente porque no quiere aceptar el dinero de su
padre, quien está asociado económicamente
al régimen dictatorial de Odría. “[E]n
este país el que no se jode, jode a los demás”
(Vargas Llosa: 166) (2),
dice Zavalita; claramente, Santiago prefiere joderse
que joder al resto: su decisión es ética,
en tanto que Bermúdez jode a todos, es “el
gran jodedor”: “Indiferente, impenetrable,
Cayo es un verdadero amo porque convierte a todos en
sirvientes del régimen: el que no lo adula, tiembla;
quien cae dentro de su sistema de venalidad y oportunismo,
se degrada y destruye” (Oviedo: 227).
Sin
embargo, el segundo capítulo de la novela nos
presenta a un Santiago adolescente que (sin joderse
todavía) abusa del poder. Es la escena donde
junto con Popeye pretenden violar a Amalia, una mujer
que por su condición social y económica
no tiene acceso al poder. Mientras planean poner la
yobimbina en la Coca-Cola de Amalia, Arévalo
pregunta “¿Tú le darías yobimbina
a una chica decente?”, a lo que Santiago responde
“A mi enamorada no (...) Pero por qué no
a una huachafita, por ejemplo” (41). Esta cita
es interesante porque nos presenta a un Santiago antes
de su transformación y toma de conciencia, un
Santiago que jode. Hacia el final de la novela, cuando
Zavalita va con Ana, su esposa (de una clase socioeconómica
inferior), a la casa de sus padres, Zoila, la mamá
de Santiago, indignada, afirma:
—¿No
ves con quién se ha casado? —sollozó
la señora Zoila—. ¿No te das cuenta,
no ves? ¿Cómo voy a aceptar, cómo
voy a ver a mi hijo casado con una que puede ser
su sirvienta? (...)
—¿No me ha hecho nada, nada? —rugió
la señora Zoila, tratando de zafarse del Chispas
y de don Fermín—. Te engatusó,
te volteó la cabeza ¿y esa huachafita
no me ha hecho nada? (605).
La
relación entre ambos pasajes es bastante clara:
las características de Amalia, la sirvienta,
la huachafita, han sido desplazadas ahora hacia Ana,
la esposa de Santiago. En el episodio de la yobimbina,
después de que los padres descubren el intento
de violación y expulsan a Amalia de la casa,
Santiago empieza a tomar conciencia de su acto, de que
ha jodido: se arrepiente y busca compensarla
económicamente para mitigar su culpa. (3)
En este sentido, el matrimonio de Zavala con Ana podría
verse no sólo como el rompimiento final con los
de su propia clase, sino también como una manera
de joderse, de expiar sus culpas.
El
episodio de la yobimbina también es importante
porque nos conecta con otra relación de dominación:
don Fermín y Ambrosio. El que le consigue la
yobimbina a Santiago es Chispas, su hermano, pero quien
se la da a éste es el chofer:
—Cuentos
del Chispas —susurró Popeye—. ¿Te
dijo que las vuelve locas?
—Las vuelve, pero si se le pasa la mano las
puede volver cadáveres, niño Chispas
—dijo Ambrosio—. No me vaya a meter en
un lío. Fíjese que si lo chapa su papá,
me funde (38).
La
referencia que hace Ambrosio al papá de Chispas
sólo se puede entender cuando nos enteramos de
que don Fermín le da la yobimbina a Ambrosio
para excitarlo y tener relaciones sexuales con él.
El paralelo Santiago-Amalia y don Fermín-Ambrosio
es evidente: ambos abusan sexualmente (aunque el intento
de Santiago es fallido) de aquel que no tiene poder.
La diferencia está en que Santiago se arrepiente
de su acto (lo califica de “chanchada”),
en tanto que don Fermín continúa ejerciendo
su poder, continúa jodiendo.
La
actitud de Cayo con respecto al sexo es de alguna manera
similar a la de don Fermín: utiliza su poder
para gozar sexualmente de sus mujeres. No se sacia:
el goce es tan ilimitado como el poder. La Musa, su
querida, no es una mujer, sino un objeto que puede compartir
con sus socios en la corrupción; la casa de San
Miguel, más que un hogar, es un prostíbulo.
Como afirma Kristal, “the space of Conversation
in the Cathedral is defined by two poles: the bourgeois
home of Don Fermín and the house set up by Cayo
Bermúdez for his orgies and corrupt business
deals” (61). Aunque después nos enteremos
de la doble vida de don Fermín, es claro que
estos dos espacios permanecen en constante oposición
(la casa de Ancón la reserva Fermín para
sus relaciones homosexuales), lo que de alguna manera
opone también a personajes como Cayo y Santiago.
Sin
embargo, antes de que Cayo Bermúdez ascienda
al poder, cuando todavía es un adolescente en
Chincha, comparte características similares con
Santiago: ambos son destacados alumnos, Zavala es el
“supersabio” (4)
y Bermúdez “el futuro cráneo”
(5). En la primera
parte de la novela, se nos dice que Cayo “estaba
en el último año del Colegio, el Buitre
lo iba a mandar a Lima a estudiar para leguleyo y don
Cayo era pintado para eso, decían” (55-56),
lo que otra vez acerca temáticamente a los personajes
(sabemos que Santiago entra a San Marcos para estudiar
Derecho). Finalmente, Cayo no concluirá el colegio
y Zavalita no culminará la universidad.
La
relación entre los padres de ambos personajes
es evidente. Al inicio de la novela nos enteramos de
que el papá de Cayo, de origen humilde, logra
un relativo ascenso económico y social:
El
Buitre había sido capataz de la hacienda y cuando
se vino a Chincha la gente decía los de la Flor
lo han botado por ladrón. En Chincha se dedicó
a prestamista. (...) El Buitre por eso, don: vivía
de los cadáveres. Se llenó de platita
en pocos años y la cerró con broche de
oro cuando el gobierno del general Benavides comenzó
a encarcelar y deportar apristas; el sub-prefecto Nuñez
daba la orden, el capitán Rascachucha metía
en chirona al aprista y corría a la familia,
el Buitre le remataba sus cosas y después entre
los tres se repartían la torta. Y con la plata
el Buitre se volvió importante, hasta fue Alcalde
de Chincha (55).
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(1)
“The narrative backbone is the long conversation
between Santiago and Ambrosio in The Cathedral bar”
(Kristal: 61).
(2)
El subrayado es mío. En adelante, para la novela
en estudio, sólo acotaré el compaginado.
(3)
Los dos amigos van a buscar a Amalia para darle cinco
libras (los ahorros de Santiago) y se enteran de que
don Fermín le ha conseguido un puesto en el laboratorio.
A Popeye le parece que entregar el dinero en esas circunstancias
ya no tiene sentido, mientras que para Santiago sí
es importante la compensación: quiere mitigar
de algún modo su culpa:
—Cinco libras por las puras, un papelón
bestial —dijo Popeye—. Resulta que le hicimos
un favor a la chola, ahora tu viejo le dio un trabajo
mejor.
—Aunque sea, le hicimos una chanchada —dijo
Santiago—. No me arrepiento de esas cinco libras
(51).
Evidentemente, de lo que sí se arrepiente Santiago
es de haber abusado de su poder, de haber jodido.
(4)
“No, el flaco es el polo opuesto del Chispas —dijo
don Fermín [a Cayo]—. Primero de su clase,
todos los premios a fin de año. Hay que estarlo
frenando para que no estudie tanto” (152).
(5)
“El mejor alumno, el más inteligente, el
más chancón —dijo Espina [a Cayo]—.
Bermúdez será presidente y Espina su ministro
decía el Tordo. ¿Te acuerdas?” (65).
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