Nº22
revista de literatura
 
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reseña    

Fernando Carrasco

 

Bolero matancero

Lima: Ediciones Altazor, 2014.

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Bolerazos para la muerte

Cuando se llega a la última página de Bolero Matancero surge esta pregunta inevitable: ¿Quién no ha sido seducido por la muerte? Más cuando esta forma parte del día a día, cuando es una resolución justa, un hogar que se anhelaba o el descanso de los que sufren, la obra que matiza la muerte en cada cuento, la reconoce también como una volcadura a conocer los páramos de nuestra existencia. Al parecer Fernando Carrasco (Lima, 1976) también ha sido seducida por esta muerte, y como fruto de tal seducción se escribieron estos cuentos de Bolero Matancero.

Carrasco, autor rutilante, con diversidad de recursos técnicos, alterna entre las narraciones omniscientes y los monólogos. Dinámico en el uso de diálogos, los textos adquieren más temas de fondos y reflexiones, que sugieren una  visión panorámica acompasada de sensibilidad que dona a los protagonistas densidad psico-social. Nos adentramos así en narraciones orquestadas por la música de antaño, la Sonora Matancera, “Papa Chacalón”, una gala de boleristas y guaracheros, brindándonos una musicalidad que, acompañada de sentimentalismo y zozobra, dotan a esta colección de una esencia, como si se tratara de una memoria. La música evoca ese palpar colectivo, que nos conecta con los hechos del pasado, a los bares y las personas, y debido a eso Carrasco no solo nos invita a conocer, sino a rememorar.

El libro, al igual que un disco de vinilo, está segmentado en ‘Lado A’ y ‘Lado B’. En la primera parte los cuentos se ambientan en un ambiente popular, los personajes buscan vengar la muerte o de algún modo ajusticiar a quienes atormentaron en vida a sus muertos, esperando el momento oportuno para condonar a sus seres amados, como es el caso de “La chicha, el amor y la muerte” y “La encomienda” (esta última con un tono más intimista y hasta cierto misticismo propicio de un cuento andino). El cuento “José Gregorio Congo, Cimarrón” está indiscutiblemente entre los destacados del libro por su capacidad técnica: un lenguaje barroco muy a la par de los escritores de la época y una pericia de recrear  el proceso histórico que se vivía en aquel momento, junto con sus coloquios, costumbres y su ímpetu de libertad, acompañado de venganza y rebeldía.

La traición, el pecado más condenado por los hombres, en el cuento “Corona de Espinas” nos enseña cómo una serena noche de tragos en una cantina de la avenida México acaba con 5 balazos que “tasajearon el tiznado rostro de la madrugada”. Por otra parte, en “La Gaviota del Norte” un escritor peruano en tierras ecuatorianas aprende que todas las guerras dejan secuelas y cicatrices palpitantes, en medio de una noche de boleros, pasión desenfrenada, muerte y lugareños eufóricos.

En el ‘Lado B’, nos topamos con el texto que da el nombre al libro Bolero Matancero. En este cuento reluce la búsqueda de la intimidad más secreta, la búsqueda de un sentido, hasta dejarnos al final del cuento una sensación de esperanza. El protagonista don Emilio Garrido Amézaga, un melómano que durante años ha coleccionando discos y se ha hecho conocido como el más grande fanático de la Sonora Matancera, es víctima de una depresión al darse cuenta que la vida, efímera y pasajera, se le fue de las manos. Sin esposa y lejos de sus hijos, la soledad que lo abruma lo lleva a decidir su muerte, pero antes decide hacer aquello que hizo por tantos años: celebrar el aniversario de su orquesta por excelencia. El autor invita aquí, a parajes íntimos donde la nostalgia y la música crean un ambiente propicio al dolor, como una noche de boleros. También nos muestra los sinsabores que dejan ciertos sueños, la búsqueda del sentido a la vida, al cual la muerte añade golpes críticos.

“El Refugio”, cuento intitulado así por el cuadro pintado por uno de los protagonistas, nos describe a la muerte como una dulce siesta, como el placentero descanso que necesitan las almas penitentes. Es también el cuento con mayor contenido psicológico a través de la agonía del personaje que cae en abismos hasta llegar al de la muerte, todo esto en sincronía de sucesos políticos como es la matanza a los estudiantes de la Cantuta. Esta última temática se reitera en “El Observador”, donde un ex militante político y rebelde al sistema trabaja como reciclador en zona de relleno sanitario. Sus madrugabas pasaban acompañadas de su radio, hasta que una noche, escondido entre las rocas, divisa un accionar extraño de hombres y descubre los cuerpos calcinados de los ya mencionados estudiantes.

En estos cuentos percibimos el afán subversivo del autor, donde reconoce que la sociedad es  un factor psicológico responsable de las crisis y el terror.

En “Con la misma moneda” el rencor en calidad de ponzoña alienta por años a una joven enfermera, quien decide acabar con la vida de su padre (hombre alcohólico a la cual su madre guardaba una vasta devoción). Aquí Marina, al igual  que “La Charo” y “Gaviota”, son movidas por sentimientos añejos, por lo cual podría decirse que el autor enfatiza en los personajes femeninos el arraigo de la angustia, presentándolas como seres determinantes. También se advierte la presencia de un moscardón o una mosca azul, que en la cultura andina representaría la muerte.

El último cuento nos presenta la curiosa alegoría de un mono que era el engreído de María Del Rosario desde pequeña. Los años pasan y María del Rosario se casa un con militar del ejército. Él acepta la presencia del mono en casa a cambio de las arduas noches donde ella lo entregaría todo. El esposo empieza a rechazar al mono, al punto que piensa que es un ser pensante que tenía la habilidad de leer sus pensamientos y con su mirada sofocante causar estragos en su mente. Los días pasan y el mono se siente desplazado, al punto de sentirse deprimido y no ser visto en casa, María sale embarazada y pasado el tiempo todo empeora con el nacimiento de una niña hermosa. En casa nadie recordaba al mono, quien totalmente deprimido y abandonado, solo pensaba en la forma de vengarse, en hacerles recordar que algún día lo quisieron y que lo relegaron a ser un parásito. Es así que se suicida en el cuarto de la niña, en acto de protesta.

Carrasco en el proyecto musical que nos sumerge, anecdotiza y presta al libro ambientes familiares, donde la cebada es bien recibida por todos,  momentos que se guardan en la memoria como los boleros que enronqueciendo la voz solemos cantar. Si bien no es un autor que cae en catalogaciones, puede llegar a ser predecible en determinada instancia, restándole cierta frescura al desenlace. Lo que resalta es su capacidad de intimar y adentrarse en terrenos tan confusos como es la mente de un suicida o el de un asesino, haciéndonos ver que cualquiera podría llegar a ser uno, que cada día estamos más cerca de la muerte que de la vida, y que muchas veces tenemos que conocerla para vivir, que la redención es extirpar aquello que no nos permite lograr una plenitud. Sin dudarlo, un libro para ser cantado, gracias a la familiaridad con la que Carrasco describe los diferente escenarios y nos traslada a esos momentos de los vinilos de Lavoe y La Fania All Stars: “Tenemos que recordaaar, que no existe eternidad”.

 

 
 
 
©Piero Ampuero Pisani, 2015
 
 

Piero Ampuero Pisani  (Lima - Perú, 1997). Estudia literatura en Buenos Aires.

 
 
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