Nº22
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Artículos
 

En busca de Kymper

 

No es ahora ocasión de extenderme en consideraciones sobre la novela.
Me limitaré a decir que con ella también he querido rendir homenaje a
aquellos militantes de la revolución –no fanáticos, ni jefes, ni burócratas—
que por el giro que ha tomado el mundo han sido
expulsados de la novela y la vida.
Miguel Gutiérrez sobre Babel, el paraíso

 

La representación de la violencia política en la narrativa peruana tiene una larga historia que se remonta a la novela carcelaria(1), pasa por algunas novelas de dictaduras(2) y llega hasta la representación de la guerra interna iniciada por el Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso (SL) en 1980. Este último periodo ha sido abordado reiteradamente(3) en los últimos años con variada suerte por narradores de distintas generaciones desde diversos ángulos y estilos.

En un sugerente artículo, Juan Carlos Ubilluz señalaba, desde el psicoanálisis lacaniano, la existencia de un “fantasma de la nación cercada” en las ficciones acerca de la violencia senderista al abordar el mundo andino, escenario y agente principal de la violencia de SL. Este “fantasma”, afirma, toma como fuente discursiva el Informe de Uchuraccay de la Comisión Vargas Llosa, lo que condiciona a estas ficciones a asimilar al habitante andino como un ser premoderno, bárbaro, en oposición a la civilización de las ciudades; y sirve “de soporte a la idea [de] que el atraso sociocultural del Ande… es la única y verdadera causa de la violencia en esta región” (Ubilluz: 36). Para Ubilluz, esta es la única forma en que la guerra y sus actores cobran sentido en las ficciones que aborda en su artículo. No obstante, afirma que el “fantasma de la nación cercada”, aquel que ordena la nación criolla, es superado discursivamente por el Informe Final de la CVR al señalar este último los complejos rasgos de la modernidad en los Andes. A pesar de tratarse de un texto bastante sólido, el texto de Ubilluz presenta un punto ciego: no alcanza a ver que el Informe Final, con su énfasis en los discursos de la memoria, también es presa de una suerte de, parafraseando a Ubilluz, “fantasma del discurso cercado” que no le permite abordar el senderismo (y, por extensión, el período 1980 – 2000) más allá de una narrativa, de un recuento (muy importante e indispensable, por cierto) de hechos y bajas que monumentalizan un periodo traumático, mas no lo procesan o, como dice Alain Badiou, no lo piensan, con todos los riesgos que trae esta negación: “[L]o que no se piensa, insiste. Al contrario de lo que suele decirse, la prohibición de una repetición proviene del pensamiento y no de la memoria” (Badiou: 13).

Si Ubilluz señalaba que novelas tan disímiles como Lituma en los Andes, Rosa Cuchillo o Candela quemaluceros se nutrían de la visión del mundo del Informe de Uchuraccay, ahora, tras la publicación y difusión del Informe Final de la CVR, en universidades y circuitos culturales, en muchos casos, las ficciones que abordan este periodo de violencia –dejando de lado sus desiguales méritos estéticos— presentan algo en común: la asimilación de un cierto discurso compartido que ha encontrado una sistematización en el Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación (CVR)(4) y los discursos de memoria, aquel “fantasma del discurso cercado”. Al respecto, Miguel Gutiérrez, con Kymper, su décima novela, intenta encausar el debate hacia rutas divergentes.  
 
Gutiérrez anunció su proyecto de narrar la guerra de Sendero Luminoso hace ya varios años(5) y Kymper se inscribe en él desde muy temprano. En un artículo publicado originalmente en el 2001, Gutiérrez, como acostumbra, adelanta el argumento de Kymper, una novela que le tomó más de diez años concluir. El epígrafe que abre este texto fue tomado de ese artículo –titulado “Épica y terror: un argumento de novela”— y hace referencia a otra novela de Gutiérrez, Babel, el paraíso, en la cual utiliza como materiales sus años como profesor de español en la República Popular China. Gutiérrez resalta su interés en superar la imagen del militante fanatizado, ultra ideologizado que responde automáticamente a las órdenes del Partido para guiar la atención hacia el militante que evoluciona política e ideológicamente con el Partido y la revolución. Es decir, en Babel, el paraíso intentó acercarse a la militancia comunista –en la cual se inscribe SL— como una expresión del ser y pensamiento humanos, y no –como se suele pensar desde la senderología y los discursos oficiales, incluida la CVR— como la sencilla e inmediata respuesta de unos “robots de carne” (Portocarrero), individuos atemporales carentes de agencia y evolución política. Así, continúa su texto centrando la reflexión en la guerra senderista y en la labor que él, como novelista, ha cumplido al intentar narrarla:

Sin embargo, en relación a mi propia obra, siento que apenas me he desplazado por los bordes de esa realidad y que me sentiré creativamente incompleto mientras no logre traspasar los campos minados de mis prejuicios, pasiones, oscuros miedos y las ataduras de mis propias convicciones ideológicas, y alcance así la perspectiva justa y estricta que me permita componer una ficción que no sea apología ni condena ni gratuito entretenimiento, sino una exploración honrada sobre un proceso tan complejo e intimidante, que dista de haberse cerrado.  (Gutiérrez 2003: 185)

En estas líneas, Gutiérrez deja en claro cuál es la intención de su proyecto narrativo en relación a la violencia política de las décadas de 1980 y 1990: superar prejuicios y convicciones ideológicas para, así, poder narrar la violencia sin llegar a la apología ni a la condena ni a la superficialidad (es decir, los pantanos en los que casi la totalidad de ficciones sobre este periodo se han sumergido).  En Kymper, el narrador piurano se acerca notablemente a su objetivo.

La novela se ubica en los días previos a la matanza de las prisioneras senderistas al ser trasladadas del penal Castro Castro, en Canto Grande, hacia el penal de Santa Mónica, en Chorrillos, en 1992, poco después del autogolpe de Alberto Fujimori(6); y se ocupa de las peripecias de Tito Kymper(7) por evitar que lo asesinen Sendero Luminoso (quienes lo acusan de ser el soplón culpable del bombardeo de uno de sus campamentos en la selva), un rezago del comando paramilitar aprista Rodrigo Franco y su ex mujer abandonada en Buenos Aires con dos hijos pequeños durante la dictadura de Velasco.

Tito Kymper (alias Leo Bárcena, alias ingeniero Cantuarias) es un hombre acostumbrado a vivir en las sombras. En 1963, poco antes de la división del Partido Comunista en moscovitas y pekineses, Kymper renuncia al PCP tras asesinar, en defensa de un compañero de partido, al búfalo aprista Dodero en un enfrentamiento en medio de las elecciones estudiantiles de San Marcos. Este hecho condicionará la vida de Kymper para siempre: luego de disparar contra su adversario político (abrumado por la culpa y sus propias críticas al partido), abandona toda militancia, es condenado a muerte por el APRA y deja el Perú para refugiarse en una beca europea, concluida la cual regresa reinventado en antropólogo. Con el paso de los años, las tres líneas que se desprenden de los hechos de 1963 regresarán a la vida de Kymper para recordarle que, aunque él esté seguro de lo contrario, es imposible escapar de la Historia.

El narrador-protagonista es descrito como alguien marcado por la política y la ideología casi desde la cuna: es hijo del comandante Arsenio Kymper, ferviente nacionalista quien se alía con los apristas para llevar adelante un levantamiento contra el Estado en 1948, el cual es saboteado por órdenes del mismo Haya de la Torre. Este episodio marcará también a Tito Kymper. De otro lado, la novela se ocupa de resaltar los episodios formativos o de transiciones fuertes en la vida de Kymper con ideología o escenas de discusiones políticas. Así, por ejemplo, el joven Kymper siente que se convierte en hombre al sostener una conversación con su primer amigo comunista acerca de José Carlos Mariátegui. Se lo cuenta a su padre de este modo:

Otro día, tomando café (para mí era el primer café que tomaba fuera de la casa) en un bar de Tambo de Belén, que al principio me pareció un lugar oscuro, lúgubre, con olor a fritangas y orines, pero que mientras avanzaba la tarde se fue transformando en un lugar maravilloso, limpio y lleno de luz, en este lugar, te decía, Torero, y esto nunca lo olvidaré, me habló de Mariátegui y me explicó por qué le decían El Amauta. Ahora que recuerdo, tú nunca me hablaste de Mariátegui, ¿verdad? (288)

Este fragmento funciona en la novela como el nacimiento ideológico de Kymper. La escena se enmarca en un ritual de iniciación y masculinidad (“era el primer café que tomaba fuera de la casa”) y el joven Kymper se siente fascinado, iluminado por las explicaciones que su nuevo amigo, un dirigente escolar del PCP, le brinda. Lo que es más importante, en este momento, la imagen del padre como autoridad ideológica cae y, en su lugar, comienza a asentarse el comunismo. Sin embargo, esta fascinación juvenil absoluta de Kymper será cuestionada a lo largo de la novela y terminará con el abandono de la militancia, mas no de las convicciones comunistas heterodoxas del protagonista. De este modo, Kymper es capaz de evaluar su militancia y adhesión al comunismo, así como logra colocarse en un escenario en el cual no llegó a abandonar el PCP y tuvo que elegir entre la línea de Moscú o la línea de Pekín:

¿Qué habría ocurrido, se preguntó, si yo no hubiera renunciado a mi militancia política? ¿Con quién me hubiera alineado? No tuvo dudas al responderse: Con el maoísmo, o como se les llamó entonces, con “los pekineses”, a pesar de que esta corriente era liderada por un sujeto mediocre como Saturnino Paredes, a quien, sin embargo, los rojos apoyaban, aunque temporalmente, porque encabezaba la oposición contra la camarilla de Jorge del Prado. ¿Y si hubiese continuado su militancia con el maoísmo habría apoyado la iniciación de la lucha armada? Kymper perteneció a esa juventud comunista que sostuvo que la lucha armada era el camino para llegar al poder. Sin embargo, tenía reparos teóricos e ideológico-políticos sobre el denominado Pensamiento Gonzalo y lo descomponía y aterraba el grado de violencia que había desencadenado. (438)

Kymper no es el militante comunista fanatizado y encarcelado en un manual de mimeógrafo. Es un escritor heterodoxo que continuamente cuestiona el lenguaje y prácticas partidarias. De haberse quedado en el PCP, como acepta, habría optado por el maoísmo, es decir por Bandera Roja y, probablemente, luego por Patria Roja para, finalmente, decidirse por la radicalidad de la acción de Abimael Guzmán y Sendero Luminoso, siguiendo la trayectoria de tantos militantes de la izquierda legal de esos años. Sin embargo, él no habría sido el militante que describe la senderología con un lenguaje cargado de misticismo(8), ese militante fanatizado, incapaz de criticar al Partido, capaz solo de obedecer, obnubilado por la figura del líder. En muy poco tiempo, habría sido expulsado por revisionista. Con este personaje y esta novela, Gutiérrez hace suya la idea de Badiou –quien piensa desde el Holocausto y el nazismo— acerca de los límites del hegemónico discurso de la memoria que mencioné anteriormente: “el hecho de no pensar lo que pensaban los nazis impide también pensar lo que hacían y, en consecuencia, veda toda política real de prohibición del retorno de ese accionar. Mientras no se lo piense, el pensamiento nazi permanecerá entre nosotros impensado y, por consiguiente, indestructible” (Badiou: 15). Badiou complementa esta idea:

[L]a ecuación moral que identifica lo “impensable” nazi (o stalinista) con el Mal es una teología débil. Pues somos herederos de una larga historia, la de la identificación teológica del Mal con el no ser. En efecto, si el Mal es, si hay una positividad ontológica del Mal, debe deducirse que Dios es su creador y por lo tanto su responsable. Para absolver a Dios hay que negar todo ser al Mal. Quienes afirman que el nazismo no es un pensamiento o no es una política (contrariamente a su “democracia” que ellos exaltan), no quieren más que declarar la inocencia del pensamiento o de la política. Es decir, camuflar el parentesco secreto y profundo entre lo real político del nazismo y lo que en la pretensión de esta gente es la inocencia democrática. (Badiou: 16)

Kymper se aparta(9) del grueso de ficciones sobre la guerra de SL en tanto es portadora de un discurso diferente, uno que se aleja del “fantasma del discurso cercado”. La novela responde a un proyecto explícito de Gutiérrez: ampliar el espectro de discusión acerca de la guerra interna iniciada por SL. Del mismo modo que Badiou, Kymper piensa que es un error que obedece a cálculos políticos combatir a SL –o al terror— negándole cualquier tipo de razón e identificándolo con el Mal absoluto:

Para mí hubiera sido un nuevo comienzo político intentar comprender la figura de Abimael Guzmán desde una perspectiva marxista, aunque mi visión del marxismo sea heterodoxa. El odio, el rencor, el miedo, incluso la envidia de la izquierda legal, hizo que se escribieran muchas idioteces. Por ejemplo la de caracterizar a Guzmán como la encarnación del mal absoluto. (589)

Kymper no está abogando por una absolución de culpas ni por una futura amnistía ni declarando su profética afiliación al MOVADEF. Lo que está reclamando es pensar a SL en los términos que señala Badiou –a quien, por cierto, se menciona un par de veces en la novela—; abordar al grupo terrorista como parte de la evolución ideológica y política del Perú. Lo que propone Gutiérrez con Kymper es superar ese “fantasma del discurso cercado” que tiende velos e impide pensar con claridad los años de violencia, de tal modo que se generen discusiones más productivas. Sabe que está remando a contracorriente. Lo dice en el epígrafe pensando en el orden del mundo en 1993: escribió esa novela y, presumiblemente, también Kymper para “rendir homenaje a aquellos militantes de la revolución… que por el giro que ha tomado el mundo han sido expulsados de la novela y la vida.” Ahora como antes es casi imposible proponer abordar el discurso senderista para discutirlo en público sin ser salpicado por el adjetivo. Lo mismo sucede al hablar de los derechos humanos de los terroristas. A ese giro se refiere Gutiérrez y a contrapelo del mismo es que escribe sus novelas. Sabe que para combatir a SL hay que entenderlo y discutirlo; hay que exponerlo y verlo, en su razón y en su contradicción, pero entendiéndolo a cabalidad; no descalificándolo y tan solo mostrando las huellas de sus execrables acciones como un monumento a la barbarie humana.

En este sentido, Kymper es una novela con una idea clara; si se quiere, con una tesis clara: la decisión de militar en SL no fue algo unidimensional; no fue tan solo la respuesta de un grupo de desquiciados fanatizados, adoctrinados por un líder con vuelos místicos. Kymper plantea que, en muchos casos, la militancia en SL, como cualquier decisión del ser humano, fue algo complejo, con idas y venidas; y que corresponde a un proceso político e ideológico muy largo que se inscribe en la historia de las luchas políticas e ideológicas legales e ilegales del país. Gutiérrez estaría de acuerdo con Badiou en que se pierde demasiado al asumir a SL como una expresión del Mal absoluto, tendencia mayoritaria e identificable en el discurso oficial de la senderología y el Informe Final de la CVR.

En la novela, Gutiérrez resume este proceso político del siguiente modo:
El pensamiento de Kymper dio un giro cuando empezó la guerra de Sendero y el MRTA, y la muerte y el derramamiento de sangre se convirtieron en parte de la vida cotidiana. Frente a los atentados y ejecuciones, casi siempre llevados a cabo por hombres y mujeres jóvenes, le pareció que aquel acto suyo perdía peso, y fue como si nunca hubiera ocurrido… Se sintió por fin libre de remordimiento y culpa. Pero entonces recibió aquel anónimo en que, con los términos más groseros, lo condenaban a muerte como pago de una vieja deuda [que]… databa del 7 de julio de 1963, cuando con la Colt 38 del comandante Kymper dio muerte a Dodero, un militante del APRA (según se decía, de la guardia dorada de Haya y uno de los miembros más fanáticos de la fuerza de choque del Búfalo Pacheco), durante la elección del Centro de Estudiantes de la Facultad de Farmacia. (106)

La muerte de Dodero es el acto que marcó con culpas la militancia y la vida de Kymper. Las atrocidades cometidas por los jóvenes militantes de SL –jóvenes que apostaron por una versión del comunismo, como Kymper cuando tiró del gatillo de la Colt— parecieron limpiar la conciencia del ahora antropólogo. Pero es precisamente en ese momento cuando regresa el pasado para cobrarle las cuentas por su antigua militancia comunista y recordarle que, si no hubiese disparado, bien podría ser él –aunque quizá desde una posición de jefatura— uno de aquellos militantes que ahora causa terror y estupor en el país. De este modo, la novela traza los vínculos históricos y políticos entre los partidos legales (APRA, PC del P – Patria Roja, PUM) y los clandestinos que llevan a la constitución de lo que conocemos como Sendero Luminoso. La novela de Gutiérrez se interesa, en todo momento, por recordarnos que SL no es una explosión espontánea y pura del Mal, como señala también Badiou en relación al terror nazi, sino una construcción elaborada y muy pensada: “Cuando se dice con ligereza que lo que hicieron los nazis (el exterminio) es del orden de lo impensable o lo inabordable, se olvida un punto capital: que lo pensaron y lo abordaron con el mayor de los cuidados y la más grande de las determinaciones.” (Badiou: 15). Lo mismo se aplica a las luchas de la izquierda que terminaron formando a SL; a la cuidada organización interna del Partido; a la intricada retórica de los discursos de Guzmán; a la perversidad de los documentos internos; a los miles de atentados y masacres senderistas.

De este modo, la décima novela de Gutiérrez, casi sin hacer ruido(10), se convierte en uno de los textos recientes más interesantes para discutir la guerra interna; un enorme añadido para una novela estupenda con una historia sin baches y un puñado de buenos personajes, como el gran Ney Bracamonte, Cancho Moreyra o el mismo Kymper. Sin embargo, el problema principal de Gutiérrez aún se mantiene en esta novela: sus personajes femeninos –salvo la Zarca en La destrucción del reino— pocas veces llegan a cuajar.

 

Textos citados


Badiou, Alain.  El siglo. Buenos Aires: Manantial, 2005.

CVR. Informe Final de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. Lima: CVR, 2003.

Gutiérrez, Miguel. “Épica y terror: un argumento de novela”. Umbral. 3.4 (2003): 183 – 189.

__________. Kymper
. Lima: Alfaguara, 2014.

Portocarrero, Gonzalo. Razones de sangre. Lima: PUCP, 1998.

Toledo, Fernando. “’La Historia está llena de violencia’. Entrevista a Miguel Gutiérrez”. Casa de citas. Revista de Literatura. 1.3 (2005): 22 – 28.

Ubilluz, Juan Carlos. “El fantasma de la nación cercada”. Contra el sueño de los justos: la literatura peruana ante la violencia política. Ed. Juan Carlos Ubilluz, Alexandra Hibbett y Víctor Vich.  Lima: IEP, 2009: 19 – 85.
 
____________
1 El Sexto, de José María Arguedas; El dilema de Krause, de Ciro Alegría; Hombres y rejas, de Juan Seoane; o Los hijos del orden, de Luis Urteaga Cabrera son algunos de los ejemplos más notables.
2 Principalmente en la década de 1960 y 1970. Entre ellas, se puede destacar Cambio de guardia, de Julio Ramón Ribeyro; Una piel de serpiente, de Luis Loayza; La ronda de los generales, de José B. Adolph; o Conversación en la Catedral, de Mario Vargas Llosa.
3 Un ejemplo curioso: en tres de las cuatro ediciones del premio Copé de novela, las ganadoras fueron obras dedicadas a la guerra de SL contra el Estado peruano: La noche y sus aullidos (2009), de Sócrates Zuzunaga; Ese camino existe (2011), de Luis Fernando Cueto; y Criba (2013), de Julián Pérez.
4 De otro lado, existe un corpus atendible –en número y calidad— de narrativa senderista o filosenderista que no ha tenido una adecuada circulación fuera de círculos militantes, o muy curiosos o especializados. Entre estos, destacan la antología Camino de Ayrabamba, del grupo literario Nueva Crónica; y las novelas Trece días, de Agustín Machuca Urbina; La otra versión, de Gabriel Uribe; y Cadena perpetua, de Harol Gastelú Palomino.
5 Proyecto que incluye, además de las ya publicadas Confesiones de Tamara Fiol y Kymper, las anunciadas Diario de Elena y Cartas de Deyanira Urribarri. (Toledo: 27 – 28)
6 La primera esposa de Gutiérrez, Vilma Aguilar, militante senderista, murió en este operativo.
7 Personaje con genealogía en la obra de Gutiérrez que remite directamente a Martín Villar de La violencia del tiempo y a Saúl Lobato del cuento “Una vida completamente ordinaria”.
8 Al respecto, basta revisar algunos de los títulos más reconocibles de la senderología: Qué difícil es ser Dios, de Carlos Iván Degregori; Profetas del odio, de Gonzalo Portocarrero. También, son reconocibles, en títulos dedicados a estudiar a SL, alusiones a la cosmogonía andina y el uso constante de la palabra ”memoria”.
9 Quizás, solo se encuentre, con muchos reparos, al lado de los recientes testimonios Los rendidos, de José Carlos Agüero y Memorias de un soldado desconocido, de Lurgio Gavilán, ambos textos publicados por el IEP y, por tanto, reproductores, en distintos niveles, del “fantasma del discurso cercado” de la CVR y del discurso de la memoria.
10 Tan poco, que ni el corrector de estilo de Alfaguara, empresa editora a cargo de la novela,  parece haberse enterado de su publicación.
 
 
©Fernando Toledo, 2015
 

Fernando Toledo (Lima - Perú, 1977). Estudió Literatura Hispánica en la PUCP de Lima; obtuvo un M.A. en la misma especialidad por la Universidad de Pittsburgh. Actualmente, se dedica a la docencia en la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas – UPC y es consultor en evaluación docente del Ministerio de Educación del Perú.

 
 
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El Hablador 2003-2015 © Todos los derechos reservados | ISSN: 1729-1763
           
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