El relato consuma la trayectoria estética del escritor; cierra una fase creativa tras la búsqueda de un estilo propio: la predilección por el género fantástico. La crítica, sin embargo, ha juzgado la temática de este cuento en particular desde un enfoque colectivo antes que individual, puesto que se asume códigos análogos a los demás textos que se reúnen en El Caballero Carmelo.

 

____________________________________________________________

Valdelomar vs. Valdelomar. “Hebaristo, el sauce que murió de amor” o el retrato del artista (edición crítica)

por Johnny Zevallos

 

HEBARISTO, EL SAUCE QUE MURIÓ DE AMOR (1)

(Edición crítica de Johnny Zevallos)

Abraham Valdelomar

I

Inclinado al borde de la parcela colindante con el estéril yermo, rodeado de yerbas santas y llantenes (2), viendo correr entre sus raíces que vibraban en la corriente, el agua fría y turbia de la acequia, aquel árbol corpulento y lozano aún, debía llamarse Hebaristo y tener treinta años. Debía llamarse Hebaristo y tener treinta años, porque había el mismo aspecto cansino y pesimista, la misma catadura enfadosa y acre del joven farmacéutico de “El amigo del pueblo” (3), establecimiento de drogas que se hallaba en la esquina de la plaza de armas, junto al Concejo Provincial, en los bajos de la casa donde, en tiempos de la independencia, pernoctara el coronel Marmanillo, lugarteniente del Gran Mariscal de Ayacucho, cuando, presionado por los realistas, se dirigiera a dar aquella singular batalla de la Mamacona. Marmanillo era el héroe de la aldea de P, porque en ella había nacido, y, aunque a sus puertas se realizara una poco afortunada escaramuza, en la cual caballo y caballero salieron disparados al empuje de un puñado de chapetones (4), eso, a juicio de las gentes patriotas de P., no quitaba nada a su valor y merecimientos, pues era sabido que la tal escaramuza se perdió porque el capitán Crisóstomo Ramírez, dueño hasta el año 23 de un lagar (5) y hecho capitán de patriotas por Marmanillo, no acudió con oportunidad al lugar del suceso. Los de P. guardaban por el coronel de milicias recuerdo venerando. La peluquería llamábase “Salón Marmanillo”; la encomendería de la calle Derecha, que después de llamó calle “28 de Julio” tenía en letras rojas y gordas, sobre el extenso y monótono muro azul, el rótulo “Al descanso de Marmanillo”; y, por fin, en la sociedad “Confederada de Socorros Mutuos,” había un retrato al óleo, sobre el estrado de la “directiva,” en la cual aparecía el héroe con su color de olla de barro, sus galones dorados y una mano en la cintura, fieles traductores (6) de la gallardía miliciana (7).

Digo que el sauce era joven de unos treinta años y se llamaba Hebaristo, porque como el farmacéutico tenía el aire taciturno y enlutado, y como él, aunque durante el día parecía alegrarse con la luz del sol, en llegando la tarde y sonando la “oración,” caía sobre ambos una tan manifiesta melancolía y un tan hondo dolor silencioso, que era “de partir el alma.” Al toque de ánimas Hebaristo y su homónimo el farmacéutico, corrían el mismo albur. Suspendía este su charla en la botica, caía pesadamente sobre su cabeza semicalva el sombrero negro de paño, y sobre el sauce de la parcela posaban el de todos los días gallinazo negro y roncador. Luego la noche envolvía a ambos en el mismo misterio; y, tan impenetrable era entonces la vida del boticario cuando ignorada era la suerte de Hebaristo, el sauce (8).

 

II

 

Evaristo (9) Mazuelos, el farmacéutico de P. y Hebaristo, el sauce fúnebre de la parcela, eran dos vidas paralelas; dos cuerdas de una misma arpa; dos ojos de una misma misteriosa y teórica cabeza; dos brazos de una misma desolada cruz; dos estrellas insignificantes de una misma constelación. Mazuelos era huérfano y guardaba, al igual que el sauce (10), un vago recuerdo de sus padres. Como (11) el sauce era árbol que solo servía para cobijar a los campesinos a la hora cálida (12) del medio día, Mazuelos solo servía en la aldea para escuchar la charla de quienes solían cobijarse en la botica; y así como el sauce daba una sombra indiferente a los gañanes mientras sus raíces rojas jugueteaban en el agua de la acequia, así él oía con desganada abnegación la charla de los otros, mientras jugaba, el espíritu fijo en una idea lejana, con la cadena de su reloj, o hacía con su dedo índice gancho a la oreja de su botín de elástico, cruzadas, una sobre otra las enjutas magras piernas.

Habíase enamorado Mazuelos de la hija del juez de primera instancia, una chiquilla de alegre catadura, esmirriada y raquítica, de ojos vivaces y labios anémicos, nariz respingada y cabello de achiote, vestida a pintitas blancas sobre uno muselina azul de Prusia (13), que pasó de un mes y días en P. y que allí los hubiera pasado todos si su padre, el doctor Carrizales no hubiera caído mal al secretario de la subprefectura, un tal De la Haza, que era, a un tiempo, redactor de La Voz Regionalista (14) singular decano de la prensa de P. El doctor Carrizales, maguer (15) su amistad con el jefe de la región, hubo de salir de P. y dejar la judicatura a raíz de un artículo editorial de La Voz Regionalista titulado “¿Hasta cuándo?”, muy vibrante y tendencioso, en el cual recordaban entre otras cosas desagradables, ciertos asuntos sentimentales relacionados con el nombre, apellido y costumbres de su esposa, por esos días ya finada, desgraciadamente. La hija del juez había sido el único amor del farmacéutico cuyos treinta años se deslizaron esperando y presintiendo a la bienamada. Blanca Luz fue para Mazuelos la realización de un largo sueño de veinte años y la ilustración tangible y en carne de unos versos en los cuales había concretado Evaristo toda su estética.

____________________

(1) La edición de 1917 presenta una serie de errores que han ido corrigiéndose en publicaciones posteriores. En la que preparara el propio autor (1918), si bien se modernizó la ortografía y la puntuación, se soslayaron ciertas erratas; así por ejemplo: en Mundo limeño , no se tilda la mayoría de las palabras: fria, heroe, anemico, farmaceutico, arbol, nubil, constelacion, indice, espiritu, region, etc.; se agregan puntos y comas dentro de los paréntesis: “yantenes,” (1917); “llantenes,” (1918). En publicaciones recientes (1979 y 1988) se intenta, aunque sin ser exhaustiva, una aproximación libre de errores. No obstante, un texto más fiel a la voluntad del escritor iqueño es el ofrecido, con mucho cuidado, por Ricardo Silva-Santisteban (2000, reproducido en 2003). Nos hemos permitido, sin embargo, hacer ciertos ajustes a todas ellas.

(2) “yerbas santas” y “yantenes” (1917); “yerbas santas” y “llantenes” (1918, 1979, 1988); yerbas santas y llantenes (2000, 2003).

(3) “El amigo del pueblo” (1917, 1918, 1979, 1988); El amigo del pueblo (2000, 2003)

(4) chapetón: Sobrenombre que los mismos españoles debieron darse desde los primeros días de la conquista, porque ya en Garcilaso lo hallamos usado con la mayor naturalidad para distinguir al español recién llegado que se mareaba ( asorochaba ) al pasar la cordillera, del plático y baquiano en la tierra. No debe pues considerarse ofensivo al apodo. También a nosotros se nos llamaba (o llama) peruleros . (Paz Soldán 1938: 115). chapetón: En el Perú, Bolivia y parte de la América Central chapetón es sinónimo de español , con cierto matiz despectivo. (Hildebrandt 1994: 117) Ambas son notas del editor (ne).

(5) … una alberca (1917); … un lagar (1918, 1979, 1988, 2000, 2003).

(6) traductoras (1917); traductores (1918, 1979, 1988, 2000, 2003)

(7) … del coronel (1917); … miliciana (1918, 1979, 1988, 2000, 2003)

(8) En 1917 y 1918, al finalizar la frase, aparecen seis puntos seguidos (……); mientras que en 1979, 1988, 2000 y 2003, tres (…). Hemos optado por eliminarlos, por considerarlos innecesarios.

(9) Solo en 1917, el farmacéutico lleva el mismo nombre del sauce: Hebaristo; en las ediciones posteriores aparece como Evaristo.

(10) al igual que el sauce (1917, 1918); al igual que el sauce, (1979, 1988, 2000, 2003)

(11) sus padres; como (1917); sus padres. Como (1918, 1979, 1988, 2000, 2003)

(12) ora calida (1917); hora cálida (1918, 1979, 1988, 2000, 2003)

(13) En todas las ediciones: azul de prusia. azul de Prusia: sustancia de color azul subido.

(14) “ La Voz regionalista” (1917, 1918); “ La Voz Regionalista ” (1979); La Voz Regionalista (1988, 2000, 2003)

(15) magüer (1917, 1918, 2000, 2003); maguer (1979, 1988). maguer: aunque.

 

1 - 2 - 3 -4 - BIBLIOGRAFIA

 

home / página 3 de 5
______________________________________________________________________________________________________________________________________________________
contacto | quiénes somos | colaboraciones | legal | libro de visitas | enlaces | © el hablador, 2003-2005 | ISSN: 1729-1763
:: Hosting provisto por Hosting Peru ::
Hosting