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La reconfiguración del espacio urbano de la Lima oligárquica es una reacción que en lo literario Cornejo Polar califica como el desvío hispanista(18), pues todo lo admitido como correcto y bueno –término maniqueo de la herencia católica– es lo importado(19) por los peninsulares, quienes atribuyen un valor ambivalente a cualquier manifestación cultural autóctona si no es adaptada a los requerimientos de la cultura hegemónica. La ambivalencia es la forma en que se asume lo diferente del otro; si resulta favorable se acepta y se convierte en parte del discurso que lo absorbe. De no ser aceptado se señalará como erróneo, malo; siempre y cuando así lo determine el contexto enunciado por el sujeto hegemónico.
En esa defensa hispanista se sitúa José de la Riva-Agüero, uno de sus más férreos defensores, quien en 1905 publica su tesis de bachillerato Carácter de la literatura del Perú independiente, donde afirma que la literatura peruana es:
1) “castellana” por el idioma (“verdad inconsusa [sic] desde que la lengua que hablamos y de que se sirven nuestros literatos es la castellana”; 2) “provincial” por su situación histórico-geográfica (“ni más ni menos que la de las islas Canarias (…) puesto que nada tiene que ver la literatura con la dependencia o independencia política de la región donde se cultiva”); y 3) “española” (“porque el ‘espíritu’ que la anima a y los sentimientos que descubre, son y han sido, sino siempre, casi siempre lo de la raza y la civilización de España”)(20). Si bien el crítico acepta una posible influencia de lo indígena, este ocupa un lugar secundario, pues lo hispánico es lo válido.
Sobre similares ejes transita la mentalidad de la oligarquía peruana, en una época donde los trabajadores de las haciendas, población nativa en su mayoría, son explotados por los terratenientes y gamonales bajo un sistema cuasi feudal. Se infiere que el sujeto sin voz y sin representación, el indio –asumido por los indigenistas–, se encuentra signado por el sistema exclusivamente para el trabajo duro y rentable, por lo que busca una salida. Terminar con la marginación y exclusión que el sistema hegemónico ejercía hacia los otros es uno de los ejes del discurso indigenista. En la reconfiguración del espacio urbano limeño, se puede establecer un símil, pues las viejas casas que habitaban los oligarcas son subdivididas: la entrada de los nuevos habitantes a estos lugares es como la construcción de un nuevo imaginario y nuevo enunciador, que se posiciona en un nuevo lugar para enunciarse. Desde ahí, una revista cultural como La Sierraelabora su discurso para proponerse válida en el campo intelectual peruano; sin embargo, para lograrlo, primero debía insertarse y desestructurar el campo intelectual limeño, al que luego escindirá.
La Sierra opera en un espacio de dos niveles: el primero, establece un vínculo de contigüidad (praxis), pues al ser editada y publicada desde Lima, la capital se configura como el lugar geográfico por el que se accede al debate público y su primer grupo lector es el limeño (sin discriminar el estrato social del que provenga su lector), quienes sentirán la onda expansiva ideológica de la publicación, permeando directamente al grupo de poder(21). El segundo, su ideología indigenista –con sus contradicciones ya señaladas en las palabras de López Lenci– actuará como respuesta a un imaginario limeño enunciado por migrantes que intentarán afirmar su propuesta de identidad mediante una traslación del poder del sujeto enunciador, del hegemónico al marginado, creando así su propio canon e invirtiendo los roles. Implosionar antes que hacer explotar el espacio cultural que desean cambiar será el derrotero que intentarán recorrer.
1.2.- Estructura de La Sierra: muestra de una pluralidad migrante
La revista nace con una estructura bastante sólida. En sus tres años de publicación (desde 1927 hasta 1930) en sus 34 números el espacio textual discursivo, la materialización de éste como publicación, no varía en la disposición ni el tipo de textos, como tampoco la línea editorial. Los mayores cambios que presenta son dos; el primero, la revista aparece sin un director. En el inicio son un comité de redacción, que puede ser interpretado como la conformación de un ayllu(22), integrado por J. Guillermo Guevara (secretario), Amadeo de La Torre, A. Max León y Luis A. Rodríguez, pero a partir del décimo número es José Guillermo Guevara(23) quien aparece como director hasta el vigesimoséptimo, donde se suma a la dirección Amadeo de La Torre, aunque su rol era sobre todo asumir la dirección artística. El otro gran cambio se refiere a lo gráfico, y es que a partir del número 30 la revista presenta un nuevo diseño gráfico, que propone mayor respiro para los textos, pues la densidad es una de las características del diseño.
La publicación aparece en el primer número con el rótulo en portada de “Revista Mensual de Letras, Ciencias, Arte, Historia, Ciencias Sociales y Polémica”, y en el segundo el rótulo cambia por “Órgano de la juventud renovadora andina”. Estos aparecerán indistintamente en la portada. Si se analiza cada una de las frases, se puede inferir de la primera que existe un interés por la investigación de diversas disciplinas, pero que éstas lleven como propuesta replantear la lectura canónica, por ello acompaña la palabra “Polémica” como sinónimo de “posibilidad”. Del segundo, la propuesta de que el proceso de reivindicación nacional sea encabezado por una juventud de origen andino es clara. La palabra “andina” subvierte el orden jerárquico establecido; acompañada de la palabra juventud parece insinuar cierta vejez espiritual de los limeños, así como anunciar su incapacidad. El segundo rótulo plantea un problema, a modo de una posible barrera, pues la capacidad renovadora se encuentra condicionada a la procedencia andina. En consecuencia, ello impediría la aceptación de algún otro, no andino, que actúa a modo de respuesta al discurso hegemónico propuesto desde la capital –una marginación–, poniendo en debate la articulación entre tradición y modernidad, nacionalismo y universalismo. Además, tal discurso promueve que la modernidad tenga una raíz andina, pues el sujeto renovador propone una sensibilidad –telúrica y mítica– que le sería ajena (o impropia) hacia quienes intentan situar al margen.
La revista estuvo enfocada siempre a la difusión del nuevo discurso –lo que el sujeto productor consideraba así–, por ello la mayoría de textos publicados son ensayos donde plantearán, principalmente, el problema del indio. En su organización interna La Sierra no tuvo secciones fijas; las apariciones de éstas no eran número tras número, pero mantenían cierta constancia. A pesar de ello, por el carácter de difusión (entiéndase un valor comercial añadido) las secciones pueden dar muestra del discurso que seintentaba construir. Estas son las que mayor constancia tuvieron en los cuatro años de publicación:
- “Biblioteca de La Sierra”, donde se anuncian los títulos publicados, y los próximos, por este grupo. Destacan entre los autores Romain Rolland, escritor francés, Nobel de Literatura en 1915, con Vida de Tolstoy (1911) y Vida de Mahatma Ghandi (1923); Manuel González Prada con Horas de Lucha (1908); José Carlos Mariátegui con La escena contemporánea (1925); Enrique López Albújar con Cuentos andinos (1920); Luis E. Valcárcel con Del Ayllu al imperio (1925); Víctor J. Guevara con Hacia Indolatina (1927); [John] Dewey, filósofo, psicólogo y pedagogo estadounidense, con Ensayos de educación (1926), etc. La lista es amplia; de ella se puede inferir que hay una intención por establecer un imaginario de raíz nacional, incuestionablemente indígena insertado en un imaginario continentalista y, al mismo tiempo, se intenta establecer relación con las tendencias renovadoras del pensamiento internacional, que iba contra las posturas conservadoras para adaptarlas en favor de su ideología. Esta sección será reemplazada luego por anuncios publicitarios independientes sobre los libros que La Sierra edita. Recién a partir del número 29 (Lima, 1929, III, p. s/n)(24) el sujeto productor de La Sierra explicita su acción editorialista:
Con el propósito de contribuir al desarrollo de la cultura integral, de suscitar renovación ideológica y artística en el Perú y América, fundamos la Revista “LA SIERRA”.
Más de dos años de labor cultural, generosa y triunfal, nos obliga a ampliar el radio de nuestra acción. Para responder con mayor eficiencia a la obra cultural que realiza “LA SIERRA”, estamos finalizando la instalación de la EDITORIAL REVISTA LA SIERRA.
Por fin el Perú contará con una formal Casa Editora, que no sólo se encargará de la edición de libros, folletos, revistas, etc., etc., sino de su propaganda, de su difusión, de su venta, garantizando de esta manera el éxito económico a los autores.
La adquisición de las más modernas máquinas de imprenta, con dotación especialísima, original, única, de tipos, exclusivamente fabricados para la EDITORIAL REVISTA LA SIERRA, nos capacitará [sic] ejecutar trabajos realmente artísticos.
PRESUPUESTOS, INFORMES, etc., solicítese a:
J. Guillermo Guevara. – Lima – Perú – Apartado, 10.
La posibilidad de funcionar como una editorial a gran escala –por ello la relevancia que en el texto se le da a las máquinas adquiridas– ofrece la oportunidad de ampliar y delimitar el radio de acción. Lo amplía,ya que puede producir a escala –lo que adecúa su intención comercial de inserción al capitalismo que se expandía en el Perú de esos años, porque la revista era vendida– y posibilita la creación de un público lector, de tal manera que haya una transmisión de las propuestas. Delimita el radio de acción, pues responde con un rechazo hacia los textos que no guarden relación con su propuesta reivindicadora y antihegemónica. Además, la revista se sitúa en una competencia comercial con los periódicos de la época (sobre todo con los oficialistas El Comercio y El Peruano), con lo que el lector debe elegir sobre su inversión y qué país es el que desea conocer (y a qué discurso se adscribe).
- Se puede considerar como sección, a pesar de que no tiene un nombre adjudicado, pero que se encuentra delimitada como conjunto ya que aparecen anuncios del mismo tipo sobre revistas y periódicos de todas partes del Perú con los que comparten ideología y que se encuentran al margen del discurso oficialista. El anuncio correspondiente a cada periódico va acompañado por algún rótulo que demuestre su carácter independiente, antihegemónico y de tener un vínculo con la realidad que vive la mayoría de peruanos. Por ejemplo: “El Sol” Diario Regional Independiente de grán [sic] circulación y el de mayor prestigio en el Sur del Perú(25); “La vida agrícola” REVISTA que visita mensualmente a todos LOS AGRICULTORES del País(26); “ADCDARIO” Hojas de Ciencias Sociales, Letras y Crítica(27). Al igual que la sección “Biblioteca La Sierra” –mencionada anteriormente– en el transcurso de la publicación estos anuncios no aparecerán más agrupados, sino que se distribuirán sin orden alguna, irán dispersos.
- “Valoraciones”, acompaña el rótulo de “HOMBRES – IDEAS – LIBROS – REVISTAS”; es una sección que difunde la valoración que otros escritores hacen de la revista, la difusión de obras literarias o revistas acordes con la propuesta, textos (a veces obituarios(28)) valorando a los nuevos intelectuales, reseñas de exposiciones pictóricas, etc. Estos textos eran redactados por diferentes personalidades ligadas a la revista de una u otra manera. Por ejemplo, la poeta uruguaya Juana de Ibarbourou dirige una carta fechada en setiembre de 1927 a J. Guillermo Guevara donde califica a La Sierra como “una revista moderna, interesante, superior. En el suplemento de ‘El País’ […] que está a mi cuidado, y que tiene también una orientación y un programa americanos en absoluto, transcribiré su magnífica respuesta a Romain Rolland, e iré tomando de ‘La Sierra’ muchas buenas colaboraciones”(29); aparece una reseña a la novela Los de abajo del escritor mexicano Mariano Azuela: “LOS DE ABAJO, como aporte ideológico, obedece a un designio político y busca una trascendencia social. Es una cuasi epopeya de la fecunda guerra civil mejicana. No por esto se queda en la frialdad de una pieza de sistemática propaganda en la que la forma de la novelesca hubiera servido como recurso subsidiario”(30); o sobre un muestrario del pintor alemán Carl Dreyer: “El muestrario pictural de Dreyer acredita documentariamente que el indigenismo ha ganado a su causa la adhesión de un artista cualitativo. Este hecho es singularmente interesante, porque nos ha dado oportunidad para apreciar la visión del diorama indígena al través de la idiosincrasia […] del germano”(31).
Se puede entender de esta sección que La Sierra busca una validación en el exterior que le permita operar en el Perú y acceder con crédito de autoridad al medio cultural limeño. Si una publicación de este tipo tenía el reconocimiento tanto interno como externo, además de estar al tanto de las últimas publicaciones y de irradiar su propuesta al exterior, quienes producían el discurso hegemónico no podrían omitirla ni negarla. El sujeto productor de esta renovadora publicación sí puede omitir al hegemónico, pues para su desarrollo no tiene valor alguno funcional; son representaciones del poder sin capacidad de pensar, solo de ejercerlo sin conocimiento de causa.
- “Admoniciones” es una pequeña sección donde se publican frases de intelectuales, creadores, poetas, narradores, todas ellas críticas del pensamiento conservador de la época y al sistema político peruano: “En los villorios serranos la instrucción es una mentira; la religión [sic] un carnaval; la justicia una explotación”, por Francisco Mostajo(32); “Son las oligarquías de negociantes, de explotadores de la nación; son los accionistas de la patriotera oficial y lucrativa, los que ponen el prestigio de la patria, en que no rectifique sus errores, reconociéndolos”, por Miguel de Unamuno(33); “Como nuestras bisabuelas tuvieron inclinación a la coronilla y al cordobán, los peruanos, señaladamente los limeños, venimos de capellanes y caleseros”, por Manuel González Prada(34). La publicación de esta sección es irregular, aparece únicamente en (1927) I, 1, p. 16; (1927) I, 2, p. 44; (1927) I, 3, p. 39; (1927) I, 4, p. 43; (1927), I, 8, p. 44 y en (1928), II, 24, p. 19-22(35). Se puede inferir que la utilización de estas frases le otorga solidez y aval histórico (a modo de una genealogía), como un porqué sintético que acompaña a los textos.
- “Guía Profesional” aparece desde el primer número hasta el número dieciocho (1928, II) donde se anuncia a distintos profesionales no ligados a los círculos de poder, que responden a un origen migrante en su mayoría. Ello revela que grupos de la élite profesional, los pocos que tuvieron acceso a una educación superior(36), apoyan las nuevas propuestas, lo que contrarresta el poder y crea un mercado alternativo para la clase media emergente.
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18 “En el transcurso de la segunda mitad del siglo XIX –y por mucho tiempo– se consolida la imagen de la historia de la literatura peruana como proceso cuyo origen reside en el pasado colonial […]” aunque “Es claro […] que el estrato criollo no es en modo alguno homogéneo y que su apropiación del legado colonial discurre por varias vías”. Cf. Antonio Cornejo Polar: La formación de la tradición literaria en el Perú, Lima, Centro de Estudios y Publicaciones, 1989, pp. 67-68.
19 Se elige el término “importado”, puesto que no admite condición de resemantización del elemento y sí una benévola aceptación. Y es que para lo que será el proceso vanguardista en el Perú –y en América– a pocos años de la publicación de la tesis de Riva-Agüero, se comienzan a asumir los legados culturales: el hispánico y el autóctono; sobre ello plantea Ángel Rama que “Dentro de la estructura general de la sociedad latinoamericana, el regionalismo acentuaba las particularidades culturales que se habían forjado en áreas internas, contribuyendo a definir su perfil diferente y a la vez reinsertarlo en el seno de la cultura nacional que cada vez más respondía a normas urbanas. Por eso se inclinaba a conservar aquellos elementos del pasado que habían contribuido al proceso de singularización cultural de la nación y procuraba transmitir al futuro la conformación adquirida, para resistir las innovaciones foráneas”. Cf. Ángel Rama: Transculturación narrativa en América Latina, México D. F., Siglo XXI editores, 1987, p. 26.
20 José de la Riva Agüero: “Carácter de la literatura del Perú independiente” en Obras Completas, (Tomo I) Lima, Universidad Católica del Perú, 1962. [Citado por Antonio Cornejo Polar: La formación de la tradición… op. cit. p. 71].
21 En el número 5 de La Sierra (1927), I, pp. 2-3, aparece el texto “Réplica a ‘El Comercio’ de Lima”, escrito por J. Guillermo Guevara, pues este periódico, representante del Civilismo y de la oligarquía peruana, acusa a la revista de que “una odiosa agresividad caracteriza a los artículos publicados en La Sierra”, en que se “enfrente la sierra a la costa y se hace labor de antagonismo”; asimismo afirma que “sería mucho más oportuno el Perú si no tuviera sierra”. Guevara responde con punzantes argumentos: “Acaso le ha obligado nuestra voz de alerta y terminante notificación de que los pueblos de la Sierra ya no fáciles cacicazgos del limeñismo? [sic] ‘Oportunismo indigenista’ estaba enderezando al limeñismo que hace plataforma del problema racial peruano, sin conocerlo ni sentirlo. Nos alegramos que el decano milite en estas filas. Lo ignorámos [sic]. […] A la opinión de ‘El Comercio’ respondemos con la adhesión fervorosa de las provincias que significan el Perú auténtico, indígena”. [El resaltado es nuestro].
22 Ayllu, término quechua o aymara, que en la época del Imperio inca era la base económica, pues era una comunidad familiar donde todos trabajaban un territorio del que obtenían sus alimentos. Para el caso de La Sierrase entiende que son un grupo en la forja de un campo intelectual que los alimente comunitariamente.
23 La casilla postal a la que se debía comunicar cualquier interesado estaba a nombre de J. Guillermo Guevara. Cuando Amadeo de La Torre se suma, la dirección ya no aparece con el nombre del director, sino que se entiende como la de la publicación.
24 En los siguientes números por medio de un anuncio publicitario sobre las máquinas para imprimir Rapida di Lusso se continua la difusión de su labor editorialista. Cf. La Sierra (1929) III, 30, p. 78; (1929) III, 31, p.78; (1930) IV, 32-33, p. 94, y (1930) IV, 34, p. 54.
25 Cf. La Sierra (1927), I, 2, p. s/n.
26 Cf. La Sierra, (1928), II, 15, p. 24.
27 Cf. La Sierra, (1930), IV, 34, p. 15.
28 José Vallaranos, poeta vanguardista, escribe el obituario sobre el destacado médico cirujano Hermilio Valdizán. Cf. La Sierra, (1930), IV, 32-33, p. 78-79.
29 Juana de Ibarbourou: “Juana de Ibarbourou y La Sierra” en La Sierra, (1927), I, 10, p. 50.
30 Pedro Barrantes Castro: “Mariano Azuela. Los de abajo. Cuadros y escenas de la Revolución mexicana” en La Sierra (1928), II, 22-23, p.79.
31 Víctor M. Huaco: “El muestrario pictural de Carl Dreyer y su indiofilia” en La Sierra (1929), III, 31, pp. 64-65.
32 VV. AA.: “Admoniciones” en La Sierra (1927), I, 1, p. 16.
33 VV. AA.: “Admoniciones” en La Sierra (1927), I, 3, p. 39.
34 VV. AA.: “Admoniciones” en La Sierra (1927), I, 8, p. 44.
35 Esta última “Admoniciones” tiene un autor único, Elías Alvarado Z., si bien sigue la línea discursiva propuesta en las anteriores publicaciones de esta sección el texto desarrolla varias ideas como la de acusar al periodismo por mercenario, el carácter negativo del criollismo y del mestizaje, el feudalismo económico, y hace hincapié en el tema de “la humanización del indio” ironizando la argumentación del discurso hegemónico, proponiendo su real valor para la sociedad.
36Cf. José Deustua y José Luis Rénique: Intelectuales, indigenismo y descentralismo en el Perú. 1897-1931, Cusco, Centro de estudios rurales andinos “Bartolomé de las Casas”, 1984. El libro analiza el fenómeno de la intelectualidad no capitalina, los medios alternativos que crean para acceder y generar cultura, analiza datos estadísticos sobre publicaciones, así como las cifras de los alumnos matriculados en las universidades. Señalan que en 1927 la población universitaria era de 2 229 y para 1930, en un país de 5 millones de habitantes, es de 2 984, señalando que quienes ingresaban pertenecía mayormente a una élite (p. 7). Por lo que la adhesión de un grupo profesional que haya accedido a la educación superior resulta relevante para legitimizar el discurso renovador.
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