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El
poeta como narrador
La
poeta y narradora Ana María Gazzolo comenzó
como tallerista el año de 1992 en Corriente Alterna
y hoy dirige uno de los talleres del Centro de Estudios
Literarios Antonio Cornejo Polar. Esto ha hecho que
con el paso del tiempo gane más experiencia en
la labor, aunque también haya tenido que cambiar
varias veces de método y dinámica. Una
de las cosas que nos llama la atención del taller
de Gazzolo, precisamente, es que no solo está
dirigido a la creación narrativa sino también
a la creación poética: “La narrativa
y la poesía están muy relacionadas, pero
es frecuente encontrar el prejuicio de la separación,
sobre todo con los que gustan de la narrativa. Yo creo,
en cambio, que no se puede escribir bien si no se conoce
de poesía. Casi toda la narrativa del siglo XX
se debe a la renovación poética de las
vanguardias de los años ’20 y ’30”.
Así
como en el taller de Jorge Valenzuela, Gazzolo considera
que los ejercicios de redacción son importantes
para los alumnos: “Si leemos los cuentos breves
de Juan Rulfo, por ejemplo, el ejercicio será
escribir cuentos breves. Si les doy un texto con un
monólogo interior, les haré practicar
el monólogo interior”. Pero también
hace otro tipo de trabajos, tales como ejercitar varios
estilos o dar el esquema de una escena para que los
alumnos la relaten desde distintos puntos de vista.
“Les hago escribir textos a partir de asociaciones
fónicas, en los que el sentido de una palabra
cambia por completo por la asociación que hace
el alumno, como un juego”. Como contraposición
a estos ejercicios, sin embargo, Gazzolo está
convencida de que los alumnos deben hacer un continuo
ejercicio de la crítica, ya que es necesario
escuchar los comentarios que se tienen sobre un texto.
Pero, ¿qué ocurre cuando los alumnos creen
que no tienen los suficientes criterios para hacer un
comentario? La respuesta está en el gusto. “Creo
que cada persona tiene gustos, ¿no? Y es sobre
esta base del gusto que yo hago mis críticas,
tal como les exijo a ellos que las hagan”
(Foto:
Leslye Valenzuela)
—¿Y
manifestar el gusto a veces no puede resultar muy duro?
—Yo
no puedo evitar decir qué es lo que siento. Es
más, tengo que decirlo porque tengo gustos. Pero
también insisto en decirles que no me tomen como
una profesora, como alguien separada de ellos.
Gazzolo
también ha prestado atención a la recepción
que tiene el taller en las mujeres. Según su
parecer, las mujeres se quedan mucho más tiempo
en el curso que los hombres, dado que es un espacio
en el que ellas se sienten escuchadas. La escritura
es un espacio para que puedan expresar su sensibilidad,
y tal vez por esto se sientan más inclinadas
a la poesía. Mientras que para el hombre es más
fácil disfrazarse, tomar la voz de personajes
muy distintos, a la mujer le resulta más complejo
y por lo tanto es más directa. “En los
poemas es fácil reconocer que el yo poético
no es la recreación de una voz sino lo que esa
mujer dice o siente realmente”.
—¿Y
qué otras diferencias encuentra entre los alumnos?
—El
trabajo en el taller revela los estados de ánimo
de las personas, de esto me doy cuenta a través
de los textos. Hay unos que gritan, otros que no, otros
que no se comprometen, otros que susurran. Diría
que lo que hacen es un trabajo casi psicológico.
—¿Y
qué ocurre con los alumnos que terminan el taller?
—Lo
que hago es dictar cuatro talleres en los que se practican
los distintos géneros y estilos literarios. Pero
lo que pienso hacer ahora es crear más cursos
para ellos, pero esta vez solo de literatura. Luego
de los talleres termino agotada.
Un
taller siempre está en movimiento: textos que
se escriben y se reescriben a cada clase, una metodología
que cambia con el tiempo, el paulatino crecimiento y
madurez del alumno. ¿Pero, cuándo termina
el taller? ¿Hay algún momento en el que
alumno se convierte en escritor? Para Thays, uno de
los logros más satisfactorios para el tallerista
es cuando el alumno se da cuenta si el texto que tiene
delante es verosímil o no. Para Gazzolo, cuando
el alumno siente placer cuando escribe. Pero estas opiniones
siempre dependen del interés del estudiante,
quien, ante el tallerista y sus compañeros, es
el único que sabe cuál será su
relación con la creación literaria.
Para
terminar, quisiéramos plantear la investigación
de la historia de los talleres en el Perú. Tal
vez lo que más ha trascendido en el país,
en vez de los talleres, son las poéticas, tales
como la de Vargas Llosa, Julio Ramón Ribeyro
o Miguel Gutiérrez (perteneciente al grupo Narración,
que, precisamente, presentó un modelo narrativo).
Sin embargo, ¿no podría mencionarse la
Academia Antártica, las noches literarias de
Juana Manuela Gorriti, las reuniones de los futuristas
y los círculos de poetas vanguardistas? Estas
experiencias, estas escrituras, fueron tal vez el comienzo
de una importante tradición que dura hasta ahora
y que se refleja en la formación de grupos literarios
o escritores que poco a poco se hacen de un nombre.
Por lo pronto, solo podemos decir que los talleres son
un espacio de intercambio de textos, un continuo diálogo
entre personas (en las que también se encuentra
el tallerista) en busca de una escritura.
Mario
Granda
Con la colaboración de Francisco Izquierdo y
Jack Martínez
A
continuación se encuentran las entrevistas completas:
Iván
Thays
Jorge Valenzuela
Ana María Gazzollo
©
Mario Granda, 2005
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