El alumno debería convertirse en un escritor profesional. Escritor “profesional” no en el sentido de publicar libros de literatura y vivir de ellos, como muchos creen, sino escritor profesional en el sentido de conocer diversas posibilidades de escritura.

 

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Talleres de narración en Lima

por Mario Granda

 

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Un escritor profesional

“El interés por los talleres de narrativa en San Marcos surge a comienzos de los años ochenta, cuando la Escuela de Literatura, en ese tiempo básicamente filológica, no solo quiere producir críticos literarios sino también escritores”, dice Jorge Valenzuela, quien desde el 1996 dirige el taller de esta universidad junto a Antonio Gálvez Ronceros, uno de sus iniciadores. “Yo asistí a ese taller, abierto por José Antonio Bravo y Gálvez Ronceros, y en el que a veces también participaba Luis Fernando Vidal.” El taller de narrativa de San Marcos, junto con el de poesía (dirigido por Marco Martos e Hildebrando Pérez, como sucede hasta ahora), es uno de los más antiguos de Lima. Pero en esa época también aparecieron otros, ya fuera de la universidad, como los de Cromwell Jara y los de la ANEA (Asociación Nacional de Escritores y Artistas). Según Valenzuela, también director de la revista de narrativa Diégesis, los talleres surgen en Lima a partir de la demanda que hay por los concursos literarios: “Las personas que quieren escribir y publicar tratan de mejorar y buscar otras opiniones sobre su trabajo en los talleres”.

Ante este interés, el profesor sanmarquino, junto con otros profesores de la universidad, planea crear un diplomado de escritura literaria para que le dé a conocer al alumno varios estilos literarios. La escritura de ensayos, la escritura científica, la escritura histórica, la dramaturgia o la crónica, son algunas de las alternativas que se le ofrecerían al alumno para que se convierta en un escritor “profesional” o, en otras palabras, en un escritor con “diversas posibilidades literarias”. Pero esta idea de centrarse en la producción de textos (tanto en el estilo como en la redacción) también se origina a partir de un serio problema de redacción entre los alumnos. “A veces, en la universidad, se encuentran alumnos que al presentar sus trabajos finales o monografías cometen muchas fallas. Es necesario, en estos casos, saber cómo ordenar la información extraída de los libros, cómo dividir el texto en capítulos o utilizar los pie de página”.

(Foto: Leslye Valenzuela)

—Usted también dirige un taller en el Museo de Arte del Centro Cultural de San Marcos. ¿Qué dinámica utiliza ahí?

—En el primer curso los alumnos hacen ejercicios de escritura, en los cuales ponen en práctica la descripción, la narración, los diálogos. Luego, en el segundo curso, pasamos a los textos creativos. Creo, sin embargo, que para instancias del taller el alumno no solo debe dedicarse a escribir sino también a leer literatura, sobre todo la literatura peruana. Para poder escribir se debe leer y conocer la tradición literaria a la que uno pertenece. El alumno no debe escribir inocentemente. Debe ser consciente de que proyecta una nueva visión sobre la realidad.

—¿Y cuáles son los temas más recurrentes en los textos?

—En los años ochenta, cuando yo era estudiante, los cuentos eran amorales, pero ahora diría que los temas van en torno a los problemas de comunicación. Supongo que esto debe tener relación con la tecnología y la virtualidad. Otro de los temas es el del cambio de identidad, el deseo de ser otro. También se ven muchos diálogos, algo que debe estar relacionado con el chat por computadora.

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