Cuando se habla de historiografía femenina no sólo se habla de historia, también se incursiona en la antropología; por ende, es algo interdisciplinario. Una cosa son los estudios sobre las historias de las mujeres, sobre mentalidades, sobre literatura; y otra, muy distinta, son los estudios de género.

 

 

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Sara Beatriz Guardia y la teoría de género

por Giancarlo Stagnaro y Johnny Zevallos

Sara Beatriz Guardia , además de especialista en temas gastronómicos, es una decidida estudiosa de los procesos de emancipación de la mujer en la sociedad contemporánea. Ella es docente y directora del Centro de Estudios La Mujer en la Historia de América Latina (Cemhal), que se ocupa de reivindicar el papel de la mujer en el proceso histórico latinoamericano. Por ello, a mediados de año se realizará el Tercer Simposio Internacional Escritura Femenina e Historia en América Latina. Atenta lectora de la historia, Sara Beatriz Guardia acaba de publicar José Carlos Mariátegui y las teorías de género.

 

En su opinión, ¿qué campo abarca los estudios de género en el Perú?

El género es el estudio del individuo. En este sentido, es estructural por cuanto va a requerir un medio interdisciplinario. Pienso que se trata de la percepción desde la feminización de los estudios, pero también cómo y bajo qué parámetros dicho individuo actúa en niveles sociales, económicos, políticos, culturales, entre otros. En mi opinión, lo importante es cómo los estudios feministas y la teoría del género van en paralelo. Algunos dicen que la literatura indigenista empieza con Clorinda Matto de Turner, pues, en Aves sin nido, el trato a los indígenas se da a partir de dos parejas que interactúan en la Sierra y en la Costa. No obstante, ya había una serie de estudios sobre personajes, a través del Álbum, revista de la década de 1870, y de Juana Manuela Gorriti. Es decir, hubo intentos después de fundada la República o, incluso, antes.

En el Perú, el primer germen de cuestionamiento sobre la situación de la mujer nace en los conventos, pues, es allí donde ellas empiezan a escribir, por medio de oraciones, meditaciones o cartas. Todo este corpus barroco se configura desde el amor al esposo en la representación de un dios. Muchas de ellas hacen referencia continua a ejemplos de otras mujeres y a partir de la alabanza construyen aspectos de su vida. Es decir, no hay ningún cuestionamiento, pero puede hablarse de una voz y de un sujeto. En otras latitudes, en cambio, la mujer cuestiona e interpela; pero en el Perú, por la sujeción a un régimen colonial, esto no se produce. Los peruanos somos, en realidad, producto de un choque cultural. Las mujeres tienen el problema del vasallaje sexual, pero los hombres cumplieron trabajos forzados en las minas y en los obrajes. En consecuencia, las mujeres se convirtieron en sus amantes y, en ellas, el sujeto dominante masculino tuvo sus hijos ilegítimos, pero la creación de este sujeto femenino es de las monjas.

¿Cuándo se iniciarían los estudios de género en el Perú?

Se iniciaría a través un discurso feminista en los años setenta o fines de los sesenta, con algunas propuestas interesantes de mujeres estadounidenses y francesas. En realidad, las propuestas del feminismo y los estudios de género tardan en llegar. Ahora, dichos estudios implican un marco teórico y un proceso que va desde la captación de fuentes. Éste es el primer escollo metodológico importante tiene. Entonces, si a finales de los setenta, en las universidades norteamericanas se inician los estudios de género, mientras en Europa, en el ochenta, con Michel Perrot; quiere decir que no son necesariamente las feministas quienes inician estos estudios, sino las mujeres que están en las universidades. O, en todo caso, hay movimientos paralelos. Recién, a mediados de los años ochenta empieza a verse en el Perú un interés por el tema; aunque puede hablarse de teorías de género en los noventa. Sin embargo, un método interdisciplinario, como en el Colegio de México, aún no existe en el país.

¿Habría una influencia de los estudios poscoloniales en las teorías de género?

Efectivamente, es un proceso que se inicia desde los estudios poscoloniales. Esto es, cuando se habla de historiografía femenina no sólo se habla de historia, también se incursiona en la antropología; por ende, es algo interdisciplinario. Una cosa son los estudios sobre las historias de las mujeres, sobre mentalidades, sobre literatura; y otra, muy distinta, son los estudios de género, o sea, cuestiones específicas de la teoría literaria o si la literatura femenina ha cambiado el canon.

Periodización para un feminismo peruano

En las crónicas indianas, los españoles otorgaban categorías femeninas a los indígenas. ¿Cómo interpretar esos códigos desde los estudios de género?

Los españoles feminizaban lo que no tenía valor. Ellos comparaban lo cobarde con la mujer cuando no podían penetrar en el imaginario indígena. Hay otras manifestaciones que sí han asimilado y, lamentablemente, han distorsionado esa complementariedad del Otro dentro de las sociedades andinas. La relación de los alimentos con la mujer es un vínculo sagrado; es decir, el pago se hace a la tierra (elemento femenino). Además, si el Sol estaba relacionado con lo masculino, la Luna lo estaba con lo femenino. Me explico. En el Koricancha había dos templos: uno para el Sol y otro para la Luna, a la vez que existían sacerdotes y sacerdotisas. Era esto lo que los peninsulares no entendían.

¿Es factible hablar de una mujer prehispánica a partir de los trabajos de María Rostworowski e Irene Silverblatt?

Para mí, Silverblatt ha dado mayores aportes que Rostworowski, pues la primera ha definido lo femenino en el mundo prehispánic. Silverblatt ha tenido acceso a todas las fuentes documentales del Centro Bartolomé de Las Casas, en Cusco, y del Archivo Arzobispal de Lima. Henrique Urbano, quien fue director del Bartolomé de las Casas, me refirió que ella estuvo dos años concentrada sólo en los documentos. Ahora, sin desmerecer las investigaciones de Rostworowski, quien ha contribuido con un esfuerzo importante, pero en la rigurosidad de los datos y en el planteamiento del análisis, efectivamente, Silverblatt ha obtenido mejores resultados. Luna, sol y brujas y La mujer en el Tawantinsuyu —aunque publicado en inglés— son libros valiosísimos para entender el problema del género en el mundo inca y colonial.

Ya en el siglo XVIII, el levantamiento de Túpac Amaru y, sobre todo, la presencia de Micaela Bastidas condicionaron la lucha por la Independencia. En consecuencia, la mujer estuvo presente en la gesta emancipadora...

Micaela Bastidas sintetiza una epoca intesa. Ella debe permanecer en Tungasuca, pues, Túpac Amaru, su esposo, no podía continuar en el Cusco, y viaja al Alto Perú para tomar contacto con Túpac Catari con el propósito de conformar un gran movimiento que permita sitiar el Cusco. Sin embargo, no solo se trató de Micaela Bastidas, sino de todas las mujeres que se involucraron como espías, recolectoras de armas y protectoras  de los campesinos durante la insurrección. En 1792, los españoles formaron una columna de las mujeres sobrevivientes y las llevaron a la fuerza, a pie, desde el Cusco hacia el Callao. De las noventa que partieron, aproximadamente ocho lograron resistir la travesía. No obstante, cuando las deportaron a México, en el buque Pedro Alcántara, sólo viajaron dos. Ahora bien, ¿por qué se decidieron por las mujeres? Pues, porque eran ellas quienes transmitían la lengua, la cocina y la cultura. Además, en esa época —como la elite española se basaba en los principios de la metrópoli—, si la mujer era más sumisa, silenciosa, obediente y pudorosa, entonces se conservaba el honor del padre, del hijo o del esposo. El honor de la mujer no existía. Mientras en España, por medio de La perfecta casada, El jardín de las doncellas o los libros de Fray Luis de Córdoba y Luis Vives, se refería cómo la mujer debía disponer su tiempo libre; en el Perú, las mujeres resistían fuertemente en el movimiento de Túpac Amaru y otros anteriores. Posteriormente, cuando los criollos toman la conducción del país, puesto que el movimiento indígena había quedado totalmente destruido, éstos comportan elementos de marginación étnico-social y no reivindican el movimiento tupamarista. Sin embargo, son las mujeres criollas, durante la Emancipación y la República, quienes participan más activamente.

Si miramos el caso de Teresa González de Fanning o Mercedes Cabello, ¿se podría decir que el siglo XIX, desde el plano literario, es el siglo de la mujer en el Perú?

Había una interrelación de lo que pasaba en Europa, como la Revolución francesa que, aunque no ahondó en los derechos de la mujer, promovió los derechos del varón. Las mujeres hicieron una revuelta, salieron a las calles. En ese momento, en 1792, Mary Wollstonecraft escribe la primera reivindicación de las mujeres: el derecho a la votación. En el Perú, estas iniciativas llegan tardíamente. No hay que olvidar que en nuestro país la universidad era para los varones y para la elite, pero ya en 1908 ingresa la primera mujer a la Universidad de San Marcos. José Carlos Mariátegui afirma, sin embargo, que años después de fundada la República, una mujer ingresó a la Universidad del Cusco, después de varios trámites que realizó. Podríamos decir que a finales del siglo XIX, tras la Guerra del Pacífico —la hora cero del Perú, como diría Basadre—, llegan las primeras reivindicaciones de la mujer en nuestro país. Por lo tanto, desde 1870 hasta 1930 nace el período formativo para el movimiento feminista en el país. Las veladas literarias, lideradas por Juana Manuela Gorriti, contaban con una agenda en torno a diferentes temas.

 

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