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| Azahara Palomeque Recio |
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El abuelo
Hace algunos años que debería estar muerto.
Un día paraste de hablar y dijiste: la muerte es de este mundo.
Las palabras de tu sudario se anudan a la vieja gramática
de una tierra que muda la piel en constante cicatriz,
como si no hubiera silencio hecho de pellejos,
como si no hubiera silencio.
Tú no. Tú muro o alcazaba a quien le mengua la lengua,
se le hace hueso atragantado y contemplas
a los pies de unas olas sedimento en la mudez
de quien pronuncia con los ojos.
Te estoy viendo desnudo y te estás poniendo valiente,
pareces una amapola plegada en las sábanas regada con suero
de historia, la tierra, polvo de nuez.
Tu piel se está poniendo como la de un pájaro recién nacido.
Echas vino a la tierra para lo beban los huesos o lenguas
de tus amigos. Tú habitas
- me callas - la isla rodeada de agua menos el surco que
tú habitas. Sobre las arterias de las casas vuelven
los pasos de tu sangre al río. Te estás poniendo blanco.
Quiénes son estos vivos y para qué me quieren.
Ya no me quedan más pies ni más cemento de alturas.
Ya no entiendo vuestra lengua ni al que en ella me escribe.
Llevadme con mi madre que quiero ver si aún tiene
el moño bien hecho. |
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Hidrocefalia
Tu reino lo tienes todo en la cabeza.
Es tu reino por el que pasea una barca
que amaina los párpados.
(Los remos ladran callados ausencias).
Por fuera
se agita en tu calvicie silencio de rocío.
En días de olas lloras un poco. |
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El beso
A la abuela
Me das tu boca para que te cuente
tu vida impregnada
en saliva joven
y rellenas con muecas
tu historia en mi palabra.
Tu mirada es la hornacina
que persigue la estatua que mis ojos sostienen.
Con los huecos que me dejas
el arte que tú has sido
contemplo,
y te cuento,
a medias con las fotos,
todo aquello que sabías haber puesto
en algún sitio, no recuerdas,
en mitad
del polvo que te llega,
si fuera polvo y no tierra.
Cómo corres a compartirlo todo,
cómo sabes que se acaba
el día
y ventilas, de sol,
la casa antes del frío
(como oreando la boca
con suspiro ajeno).
Para qué te empeñas
en cortarte a trozos y entregarte
o se te han caído los miembros
y yo los recojo.
Cuando te mueras se enterrará sólo el tronco.
Y las raíces – preguntas –
y las raíces.
Entonces yo escribiré mi vida
con saliva vieja,
como un beso de ancestros
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© Azahara Palomeque Recio, 2012  |
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| Azahara Palomeque Recio (El Sur- España, 1986). Es poeta y estudiante de doctorado en Princeton. Ha ganado diversos certámenes literarios y sus creaciones han aparecido en una antología y en revistas culturales de España (Safo, Almiar, Vitela), EE.UU. (Pterodáctilo, Pegaso) y México (El Perro). Además ha escrito artículos académicos para diversas publicaciones y blogs. Tiene un libro inédito, El diente del lobo, del que estos poemas forman parte, y trabaja con dedicación en otro. |
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