{"id":981,"date":"2022-09-17T00:30:06","date_gmt":"2022-09-17T05:30:06","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=981"},"modified":"2022-09-17T00:38:30","modified_gmt":"2022-09-17T05:38:30","slug":"resena-el-tiempo-es-un-rio-sin-orillas-2022-de-laura-rosales","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2022\/09\/17\/resena-el-tiempo-es-un-rio-sin-orillas-2022-de-laura-rosales\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: El tiempo es un r\u00edo sin orillas (2022) de Laura Rosales"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Pintura y poes\u00eda en la mirada de las palabras<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Cesar Augusto L\u00f3pez<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es necesario partir del pretexto o impulso po\u00e9tico del \u00faltimo libro de Laura Rosales, pues depende de un cuadro que nombra el conjunto de poemas, <em>El tiempo es un r\u00edo sin orillas<\/em>, de Marc Chagall. Un vistazo r\u00e1pido a la composici\u00f3n nos aproxima a un pez alado sobre un r\u00edo, elevando un reloj de p\u00e9ndulo y con una mano musical que porta un viol\u00edn. A lo lejos, desde el suelo y cerca al r\u00edo, unos amantes se entrelazan amorosos, er\u00f3ticos. No nos cabe duda que esta imagen motiva las emociones de la propuesta po\u00e9tica, porque se puede percibir en Rosales una b\u00fasqueda que a veces transita entre los juegos de la luz y los colores, propio de la pintura, la mirada y la ceguera, y, finalmente, el cuerpo afectado por el mundo, la carne sintiente, a pesar de que el poemario se debate entre el pensamiento y el papel como terrenos sobre los que las letras descansan. Sin duda nos encontramos ante un asombro y este siempre expondr\u00e1 circunstancias de indefinici\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/el-tiempo-es-un-ri\u0301o-sin-orillas.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-982\" width=\"497\" height=\"755\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/el-tiempo-es-un-ri\u0301o-sin-orillas.jpeg 531w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/el-tiempo-es-un-ri\u0301o-sin-orillas-197x300.jpeg 197w\" sizes=\"(max-width: 497px) 100vw, 497px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Siguiendo con la idea chagalliana que se manifiesta en el poemario, podemos insistir en que lo animal, lo maqu\u00ednico y lo temporal, como un hecho metaf\u00edsico, se dejan entrever en los versos de la poeta. Quiz\u00e1 esto nos pueda cuestionar, ya que la poes\u00eda moderna siempre ha procurado darles una columna a los conjuntos, a las sumatorias, un hecho que no se puede encontrar r\u00e1pidamente en los veinti\u00fan poemas que componen <em>El tiempo es un r\u00edo sin orillas<\/em>. Tenemos una colecci\u00f3n de impresiones, de afectos que entremezclan algunas pistas que se repiten y de las cuales nos valdremos para presentar el libro.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde el primer poema, la perspectiva es fundamental para entender el exterior y se puede mezclar con otros sentidos como la escucha. Podr\u00edamos decir que la mirada puede escuchar en varios poemas. El primer texto es paradigm\u00e1tico, en ese sentido, porque la voz po\u00e9tica nos dice: \u201cNac\u00ed con ojos grandes para escribir de lo invisible\u201d (p. 9). No una mirada cualquiera, sino m\u00e1s bien el acontecimiento de la visi\u00f3n que echa mano de todo el cuerpo como en el tercer poema cuando una \u201cni\u00f1a ciega\u201d (p. 13) se sirve de sus \u201cbrazos abiertos\u201d (p. 13) para poder captar la emoci\u00f3n del encuentro paternal.<\/p>\n\n\n\n<p>En el poemario la mirada siempre trasciende, quiz\u00e1 porque es m\u00e1s que eso, es el ojo instalado en el sentir y por eso se puede ver \u201c\u2026 un nuevo d\u00eda desde el interior\u201d (p. 15), es posible ver desde la \u201cmirada vespertina de los peces\u201d y, por ende, la voz po\u00e9tica \u201ccontempla lo que no pod\u00eda ver\u201d (p. 15). Todo esto es fruto de convertir lo corporal en un gran eje de la visi\u00f3n que trasciende el tiempo, ya que se puede afirmar un atraer el pasado cuando la poeta dice que \u201cAtisba [su] infancia temblorosa\u201d (p. 15). Casi como la pincelada que juega con la vibraci\u00f3n, as\u00ed se captan los momentos o, mejor, los acontecimientos, una selecci\u00f3n que se deja emerger en todos los poemas. No en vano nos situamos en el cuerpo porque se \u201cmira todo a ciegas\/ pues con la carne sentir\u00e1s\u201d (p. 17).&nbsp; M\u00e1s que juegos, es la exploraci\u00f3n de las percepciones. Este mismo intento podr\u00eda ser una trampa, porque les quitar\u00eda cohesi\u00f3n a las propuestas unitarias o al planteamiento general del libro, pero son riesgos que se asumen, porque el inter\u00e9s se encuentra detr\u00e1s de las palabras mismas, a pesar de que se reconoce su territorio. Podr\u00edamos decir que tenemos en la lectura un poemario de los afectos.<\/p>\n\n\n\n<p>La constante de la mirada que se desterritorializa se preserva a lo largo del libro con un toque vegetal que se cierra de la siguiente manera: \u201cLa poes\u00eda cae como una costra\/ y sin abrir los ojos\/ ascendemos en libertad\u201d (p. 48). Esto nos puede quedar m\u00e1s claro con los ecos b\u00edblicos que surgen, sobre todo, en la cuesti\u00f3n de la palabra como semilla, un cl\u00e1sico que se puede encontrar en la par\u00e1bola del sembrador (Mt13, 2-9; Mc 4, 1-9 y Lc 8, 4-8). M\u00e1s a\u00fan este t\u00f3pico se relaciona con la sentencia de Jes\u00fas: \u201cLes aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto\u201d (Jn 12,24). En el caso espec\u00edfico de Rosales, se seculariza la imagen y ya no es la palabra de Dios la que debe dar fruto, sino la palabra que se conquista en la poes\u00eda y que adquiere autonom\u00eda, que crea su propio mito, puesto que \u201cEl poema exist\u00eda antes de ser escrito\u201d (p. 19). Esta afirmaci\u00f3n es plena, pero debe ser escrita y en este punto se generan las tensiones, porque se debe asumir la existencia del libro como testamento de la experiencia pura y est\u00e9tica sin correlato cuando \u201cSus frutos, comestibles y venenosos,\/ se cosechan diariamente\/ en valles desnudos de papel\u201d (p. 20) o cuando se asume que \u201cEl papel guarda el viento y la alegr\u00eda\u201d (p. 30).<\/p>\n\n\n\n<p>La palabra, en tanto verbo anterior a todo, como mito no puede desligarse del nacer vegetal. Si nos remitimos a su antecesor religioso es inevitable recurrir a Jn 1,1: \u201cAl principio exist\u00eda la palabra\u2026\u201d para luego presentar su forma lenta, pero segura de la planta en versos como \u201cAquel mundo profundo\/ es mi leve reino\u201d (p. 37) o \u201cSoy la semilla del silencio creciendo\u201d (p. 45). El territorio de nacimiento po\u00e9tico es el libro, a pesar de que el cuerpo se avecina o ser\u00eda la fuente id\u00f3nea que permite a la voz po\u00e9tica ser todo mirar. No sabemos si esta situaci\u00f3n r\u00edspida es superada, pero las m\u00faltiples sentencias de los poemas quiz\u00e1 nos invitan a recolocarnos en un universo fragmentado, a pesar del libro como espacio o medio id\u00f3neo de trasmisi\u00f3n del universo que propone Rosales. M\u00e1s referencias b\u00edblicas se pueden anotar como la experiencia del paso por el Mar Rojo y el cuerpo o el mismo Salmo 23, pero esos detalles los dejaremos a la curiosidad de los lectores, despu\u00e9s de las pistas que hemos podido percibir en nuestra lectura.<\/p>\n\n\n\n<p>Una raz\u00f3n m\u00e1s de esta reacomodaci\u00f3n secular de la tradici\u00f3n religiosa se puede percibir si citamos unos versos de Carlos Drummond de Andrade que resuenan en <em>El tiempo es un r\u00edo sin orillas<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-17-a-las-00.21.06-1024x991.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-986\" width=\"561\" height=\"543\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-17-a-las-00.21.06-1024x991.png 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-17-a-las-00.21.06-300x290.png 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-17-a-las-00.21.06-768x743.png 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-17-a-las-00.21.06-1200x1161.png 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/Captura-de-Pantalla-2022-09-17-a-las-00.21.06.png 1232w\" sizes=\"(max-width: 561px) 100vw, 561px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Rosales procede como esta secci\u00f3n del poema \u201cLa flor y la n\u00e1usea\u201d. Incluso, la n\u00e1usea se presenta de manera literal (p. 50). Creemos que la raz\u00f3n de esta presencia tenga que ver con el v\u00e9rtigo de la multiplicidad que se intenta asir en los poemas por la necesidad de calibrar la mirada que se reconoce m\u00e1s all\u00e1 de la deuda con los ojos y que no tienen un concierto m\u00e1s all\u00e1 de la libertad de conexi\u00f3n emocional con los impactos que genera lo real. En el caso de Drummond, la flor se erige con mayor seguridad en medio de la ciudad, debido a que es protegida, visionada, por el poeta, mientras que en Rosales a\u00fan se la est\u00e1 reconociendo; la misma voz po\u00e9tica y su materia carnal es la semilla y la flor que se enfrenta a la ciudad, a la existencia, siendo de ella tambi\u00e9n. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En nuestra capital el poema tambi\u00e9n es posible, porque \u201c\u2026 en la memoria de la ciudad de las semillas,\/ en Lima la dura, sin br\u00fajula ni mapas\u201d (p. 31). M\u00e1s a\u00fan, la fuerza de la poes\u00eda tiene claro, ya que se habla as\u00ed misma y se dice \u201cAvanzas con el mar del alba en la garganta\/ en la transparencia de esta f\u00e1bula\u201d (p. 31). Lo m\u00edtico penetra en la ciudad que parece imposible abordar desde la simple palabra que ir\u00e1 creciendo con cierto silencio y \u00bfpor qu\u00e9 no?, siguiendo a Drummond, con cierta \u201cfealdad\u201d producto del temblor de sus ra\u00edces y ramas que se asoman ante el bullicio que distrae de sensibilidad de las impresiones de la vida. Nos parece que Rosales se encuentra en esa orilla de lo difuso, pero potente del acto po\u00e9tico. De alguna manera, este poemario podr\u00eda anteceder a una afirmaci\u00f3n m\u00e1s plena de la expresi\u00f3n. Nos queda claro este asunto por la promesa que se empe\u00f1a en estos versos: \u201cNo ignores lo que renace:\/ la hierba en el concreto,\/ el amor que te alcanza. [\u2026] Aquel mundo profundo\/ es mi leve reino\u201d (p. 37). A\u00f1os despu\u00e9s de silencio, se nota el retomar las palabras en Rosales que van alz\u00e1ndose y alcanzar\u00edan un reino m\u00e1s que leve, posiblemente s\u00f3lido, de tronco. Eso queda al tiempo sin orillas, a la falta de prisa con la que se debe proceder con el verbo.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"480\" height=\"480\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/laura-rosales-revista-lucerna.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-983\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/laura-rosales-revista-lucerna.jpeg 480w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/laura-rosales-revista-lucerna-300x300.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/09\/laura-rosales-revista-lucerna-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 480px) 100vw, 480px\" \/><figcaption><strong>Laura Rosales &#8211; Foto: Revista Lucerna<\/strong><\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Esta rese\u00f1a ha querido, de alguna manera, sistematizar algunos puntos que consideramos neur\u00e1lgicos en <em>El tiempo es un r\u00edo sin orillas<\/em>. Por esa raz\u00f3n es que no hemos citado el t\u00edtulo de ning\u00fan poema, sino que hemos procedido con soltar los versos y seguir el mismo plan de las percepciones parad\u00f3jicas de sonido, luz, tiempos y tacto. En ese sentido, el lector podr\u00e1 buscar, como nosotros, m\u00e1s sentidos de los propuestos y realizar un balance de la aventura que se propone la poeta y si la consigue en sus im\u00e1genes, estrofas y ciertos encabalgamientos que podr\u00edan ser de emoci\u00f3n po\u00e9tica como de meditaci\u00f3n. Desde nuestro punto de vista, hay que celebrar el libro de Laura Rosales y confiar en que sus siguientes proyectos nos traigan el crecimiento de la semilla que eclosiona en sus p\u00e1ginas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*****<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Laura Rosales<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>El tiempo es un r\u00edo sin <\/em>orillas<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Alastor Editores, 2022, 50 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Pintura y poes\u00eda en la mirada de las palabras Por Cesar Augusto L\u00f3pez Es necesario partir del pretexto o impulso po\u00e9tico del \u00faltimo libro de Laura Rosales, pues depende de un cuadro que nombra el conjunto de poemas, El tiempo es un r\u00edo sin orillas, de Marc Chagall. 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