{"id":877,"date":"2022-07-03T00:15:46","date_gmt":"2022-07-03T05:15:46","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=877"},"modified":"2022-07-03T00:15:46","modified_gmt":"2022-07-03T05:15:46","slug":"resena-melvill-2022-de-rodrigo-fresan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2022\/07\/03\/resena-melvill-2022-de-rodrigo-fresan\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Melvill (2022) de Rodrigo Fres\u00e1n"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Paternidad, hijitud, glaciares y vocaci\u00f3n literaria<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Omar Guerrero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Melvill<\/em> (Literatura Random House, 2022) es la nueva novela de Rodrigo Fres\u00e1n (Buenos Aires, 1963), cuyo personaje central es Allan Melvill, padre de Herman Melville (este \u00faltimo con una letra \u201ce\u201d fantasmal que marca diferencia), autor del siempre c\u00e9lebre <em>Moby Dick<\/em>. Cabe aclarar que la variante en la letra \u201ce\u201d surge a partir de unas deudas pendientes que dej\u00f3 el progenitor despu\u00e9s de su muerte y que el hijo utiliz\u00f3 (o a\u00f1adi\u00f3) solo para escapar de los acreedores que lo persegu\u00edan. Aunque el hecho m\u00e1s trascendental que se utiliza y se menciona en la novela (reiteradas veces y bajo cierto prop\u00f3sito) es el acto del padre al caminar sobre el congelado r\u00edo Hudson. Este hecho sucedi\u00f3 la noche del s\u00e1bado 10 diciembre de 1831 (confirmado por los bi\u00f3grafos de Melville y usado como <em>leit motiv<\/em> de la novela). A partir de esta osad\u00eda, o periplo del padre, se deriva su enfermedad, delirio y posterior agon\u00eda. Esto marc\u00f3 la vida de su peque\u00f1o hijo, quien no dej\u00f3 de observar desde los pies de la cama el final tr\u00e1gico de su padre. Y a pesar de que este dato solo ocupa unas breves l\u00edneas en las voluminosas biograf\u00edas del autor de <em>Bartleby, el escribiente<\/em>, Rodrigo Fres\u00e1n se las ingenia para desarrollar una novela de considerable extensi\u00f3n (292 p\u00e1ginas, casi 300, que resultan pocas si se le compara con cada entrega de su tr\u00edptico narrativo anterior que re\u00fane un poco m\u00e1s de dos mil p\u00e1ginas: <em>La parte inventada<\/em>, <em>La parte so\u00f1ada<\/em> y <em>La parte recordada<\/em>).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Melvill-porrada.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-878\" width=\"382\" height=\"652\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Melvill-porrada.jpg 293w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Melvill-porrada-176x300.jpg 176w\" sizes=\"(max-width: 382px) 100vw, 382px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Lo primero que llama la atenci\u00f3n es la cantidad desbordante de notas a pie de p\u00e1gina, sobre todo en la primera parte titulada \u201cEl padre del hijo\u201d (la novela est\u00e1 dividida en tres cap\u00edtulos; el primero ya ha sido mencionado, los otras dos llevan los siguientes t\u00edtulos: \u201cGlaciolog\u00eda; o, La Transparencia del Hielo\u201d y \u201cEl hijo del padre\u201d). Las notas, definitivamente, hacen recordar la propuesta de David Foster Wallace en <em>La broma infinita<\/em> y tambi\u00e9n en el ya mencionado tr\u00edptico de Fres\u00e1n. Para el caso de las notas de <em>Melvill<\/em>, estas son adjudicadas al hijo, al escritor, al propio Herman, quien se presenta como un narrador omnisciente que explica y que tiene la capacidad de alterar las cronolog\u00edas y variantes en la historia con cada una de estas llamadas: * \u2020 \u2021 \u2026<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed una de las primeras notas que resultan bastante sinceras, sobre todo para el lector:<\/p>\n\n\n\n<p><em>*Letras como estas y que, s\u00ed, lo siento (no lo siento) plantear\u00e1n una cierta dificultad al lector interrumpiendo acciones o rompiendo climas con informaci\u00f3n que, si bien complementaria, estimo imprescindible [\u2026] Todos ellos analizando la herencia de lo que denominar\u00e1n mi \u00abprosa eyaculatoria\u00bb y reconociendo sus genes en los rasgos de mis descendientes y seguidores [\u2026] Y entre todas esas citas y referencias de otros (en la p\u00e1gina en blanco antes de la del t\u00edtulo y del autor, arriba y a la derecha) descubr\u00ed en l\u00e1piz, casi invisible, un A. Melvill. S\u00ed: all\u00ed, la s\u00fabita materializaci\u00f3n de la firma de mi padre, quien debi\u00f3 de haberlo vendido cuando dejamos New York, hace tantos a\u00f1os [\u2026]. <\/em>(pp.19-20)<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que viene a continuaci\u00f3n es una revisi\u00f3n de la vida de Allan Melvill a modo de biograf\u00eda, basado en hechos concretos y tambi\u00e9n en supuestos (de ah\u00ed la menci\u00f3n de \u201cbiograf\u00eda imaginada\u201d), pues en estos se basa la ficci\u00f3n con la que se construye su imagen de hombre, de esposo y de padre, ensombrecido siempre por un aura ligada al fracaso:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Para 1827 todos se han cansado de escucharlo y de pagarle las copas y Allan Melvill est\u00e1 al borde del colapso nervioso y toda la promesa de conexi\u00f3n confidencial se ha convertido en desuni\u00f3n p\u00fablica.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Allan Melvill es peor que un apestado.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Allan Melvill apesta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>A Allan Melvill se lo huele en avenidas y en salones cuyas puertas han sido desatornilladas y apiladas en una rec\u00e1mara para as\u00ed garantizar la mejor circulaci\u00f3n de los rumores por la fiesta: conocidos que se cruzan de calle al verlo venir o fingen desconocerlo, grupos de invitados que se reconfiguran y cierran sobre s\u00ed mismos para desalentar todo intento suyo de unirse a ellos y prefiriendo el hablar de \u00e9l al hablar con \u00e9l. <\/em>(pp. 54-55)<\/p>\n\n\n\n<p>Aunque el verdadero trasfondo o intenci\u00f3n es establecer una relaci\u00f3n indesligable entre padre e hijo. De ah\u00ed que se determine un rol de paternidad y, a la vez, un rol de hijitud, entendido como un cari\u00f1o y respeto hacia el progenitor (y hacia el hijo). Ambos se comprometen en sus anhelos, aventuras y en su visi\u00f3n de mundo (incluida la naturaleza) que en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n los somete al peligro y a la posibilidad constante de hundirse, o, incluso, naufragar:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ese terror (su padre como s\u00edmbolo de todo lo simbolizable; m\u00e1s intuyendo que sabiendo y el hijo afirmando, otra vez, que los verdaderos lugares no figuran en mapa alguno, que las cosas m\u00e1s maravillosas son aquellas a las que m\u00e1s cuesta nombrar, y que los recuerdos m\u00e1s profundos no suelen producir los m\u00e1s inspirados epitafios) que s\u00f3lo parece amainar, a trav\u00e9s de los a\u00f1os, al evocar aquellas noches.* (nota que dice: *\u00bfDebo precisar aqu\u00ed, como si confesara, que no me atrev\u00ed a abrazar su cuerpo pero s\u00ed el ata\u00fad que lo conten\u00eda para as\u00ed flotar y no hundirme en mi profundo dolor). Noches que aqu\u00ed vuelven a caer y a levantarse, obedeciendo a ese amo y padre y cautivador personaje al que el cautivado hijo escritor tanto ama, y a quien ahora, cautivo, hace hablar y vuelve a o\u00edr como el autor de sus d\u00edas.\u2020 (nota que dice -fragmento-: \u2020Contar (porque en verdad son siempre los hijos quienes acaban escribiendo a sus embrujados padres mientras estos les leen cuentos de hadas) como cuenta la voz de un inmenso padre delirante: sin principio, ni centro, ni final, ni suspenso, ni moraleja, ni causa, ni efectos [\u2026]. <\/em>(p. 72)<\/p>\n\n\n\n<p>Para el segundo cap\u00edtulo, sobre todo en menci\u00f3n a la \u201cGlaciolog\u00eda\u201d, la incursi\u00f3n del hielo se vuelve una constante, tanto como paisaje, objeto e imagen. Incluso su blancura se establece como un nexo de lo que vendr\u00e1 despu\u00e9s en la vida aventurera y literaria de Herman Melville, tal como podr\u00eda suceder con la blancura de una ballena. Se suma la presencia de un personaje peculiar que lleva el nombre de Nico C (que bien podr\u00eda tener la referencia real de un <em>rockstar <\/em>relacionado -ineludiblemente- a muertos, fantasmas y vampiros) y cuya presencia es m\u00e1s que un sustento para este narrador:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El hielo que todo lo unifica, y que hace que todos los lugares sean uno, y que aquel hielo de bosque cerca de los Pirineos bajo el que yace Nico C. sea el mismo del Hudson sobre el que camin\u00e9 y camino y caminar\u00e9.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El hielo hablando el Idioma Internacional del Hielo, que es un dialecto del Lenguaje Internacional de los Muertos por siempre vivos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El hielo que es fantasma y vampiro del agua.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El hielo en los campos de hielo (al igual que los desiertos de arena, sus opuestos complementarios) sonando como un esperanto imposible de no entender o no atender.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El hielo que llevo dentro y que es de la transferencia interrumpida de la esencia fr\u00eda de Nico C. a mi persona y que espero, por alg\u00fan misterio cient\u00edfico de las leyes de la herencia o por castigo de las leyes del esp\u00edritu (tus ojos a veces me recuerdan a sus ojos), no haberte pasado a ti, Herman.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El hielo que aprisiona y del que no hay escape.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El hielo a cruzar como un cruzado. <\/em>(p. 145)<\/p>\n\n\n\n<p>El \u00faltimo cap\u00edtulo se resume en la escritura o en el acto de escribir, que en determinado momento de la vida de Herman Melville queda relegado por toda una serie de circunstancias que se van mencionando. Y este hecho es otra constante en la obra de Fres\u00e1n (tan igual como lo hizo en su momento Vila-Matas), sobre todo en su obsesi\u00f3n por buscar una explicaci\u00f3n o raz\u00f3n de por qu\u00e9 se decide dejar de escribir. Melville no fue la excepci\u00f3n, a pesar de ya contar con poderosas amistades persuasivas hacia la literatura como fue el caso de Nathaniel Hawthorne, que en esta novela se le menciona con las abreviaturas de Nat H. Aqu\u00ed un fragmento bastante conciso en cuanto a lo que Fres\u00e1n denomina la \u201cexcritura\u201d:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Y es verdad que la vida dom\u00e9stica puso freno a mis impulsos errantes (y que tal vez yo haya contra\u00eddo matrimonio para as\u00ed poder apaciguar y reprimir y hasta castrar ciertas inclinaciones imposibles de no sentir o experimentar cuando tienes s\u00f3lo al mar de dionis\u00edaco amante y a la literatura como la m\u00e1s apol\u00ednea de las amantes). Y tambi\u00e9n es cierto que la vida de hogar (que pronto fue m\u00e1s bien vida de escritorio tras una puerta siempre cerrada por dentro) me oblig\u00f3 y me ayud\u00f3 a concentrarme casi obsesivamente en la escritura: un oficio noble pero de alg\u00fan modo tan melanc\u00f3lico como s\u00f3lo las cosas m\u00e1s nobles lo son; convirti\u00e9ndome as\u00ed en un ser sedentario tan s\u00f3lo en apariencia, porque mi mente es probablemente una de las m\u00e1s n\u00f3madas de cuya existencia se haya tenido noticia, lo juro. <\/em>(p. 194)<\/p>\n\n\n\n<p>No se puede dejar de mencionar, como ya es costumbre en Fres\u00e1n, la cantidad de agradecimientos en las \u00faltimas p\u00e1ginas de sus libros (<em>Vuestros Nombres Aqu\u00ed; o, Los Agradecimientos<\/em>), que al igual que sus ep\u00edgrafes, pone en evidencia -a pesar de su paratextualidad- las verdaderas intenciones de sus discursos ficticios (y no tan ficticios) pues en ellos se encuentran siempre sus otras referencias ineludibles, que provienen incluso fuera de lo literario, como The Beatles, Pink Floyd, Nick Cave, Jim Jarmush o Stanley Kubrick, entre otros. Menci\u00f3n especial al desaparecido (y bien querido) editor Claudio L\u00f3pez Lamadrid (a cuya memoria le sigue debiendo <em>ese<\/em> otro libro, seg\u00fan comenta Fres\u00e1n en una \u00faltima nota a pie de p\u00e1gina del libro).<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Rodrigo-Fresan-Babelio.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-879\" width=\"488\" height=\"481\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Rodrigo-Fresan-Babelio.jpg 487w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/07\/Rodrigo-Fresan-Babelio-300x296.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 488px) 100vw, 488px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Con lo expuesto, se determina que estamos ante una novela inusual o <em>sui generis<\/em>, tal como sucede con todos los libros de Fres\u00e1n, donde lo cotidiano y lo extra\u00f1o se juntan con lo literario para crear una vor\u00e1gine discursiva llena de referencias. Es por esta misma raz\u00f3n que recibi\u00f3 el premio franc\u00e9s Prix Roger Caillois en 2017 por la totalidad de su obra al ser considerado \u201cun escritor at\u00edpico, transgresor e ineludible\u201d. Y es por esta misma raz\u00f3n que se recomienda su lectura, sobre todo para quienes gusten de lo netamente literario (o lo metaliterario) junto al deleite de una prosa que nunca deja de tener relevancia, y que obedece a la m\u00e1xima de John Banville (otra referencia m\u00e1s de Fres\u00e1n) quien no se cansa de decir que \u201cel estilo avanza dando triunfales zancadas mientras la trama camina detr\u00e1s arrastrando los pies\u201d. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Rodrigo Fres\u00e1n<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Melvill<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Literatura Random House, 2022<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Puntaje: 4.5\/5<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Paternidad, hijitud, glaciares y vocaci\u00f3n literaria Por Omar Guerrero Melvill (Literatura Random House, 2022) es la nueva novela de Rodrigo Fres\u00e1n (Buenos Aires, 1963), cuyo personaje central es Allan Melvill, padre de Herman Melville (este \u00faltimo con una letra \u201ce\u201d fantasmal que marca diferencia), autor del siempre c\u00e9lebre Moby Dick. 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