{"id":843,"date":"2022-05-28T14:13:05","date_gmt":"2022-05-28T19:13:05","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=843"},"modified":"2022-05-28T14:13:05","modified_gmt":"2022-05-28T19:13:05","slug":"resena-papeles-falsos-2010-de-valeria-luiselli","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2022\/05\/28\/resena-papeles-falsos-2010-de-valeria-luiselli\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Papeles falsos (2010) de Valeria Luiselli"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Mapas, ideas y lugares<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Omar Guerrero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>Papeles falsos<\/em> (Sexto Piso, 2010) de Valeria Luiselli (Ciudad de M\u00e9xico, 1983) es un libro de ensayos que propone una serie de ideas a partir de la experiencia vivida en distintos lugares urbanos o ciudades, tan igual como si se tratasen de paseos, especialmente si se realizan en bicicleta. Por supuesto, la literatura y la historia tambi\u00e9n son protagonistas o impulsoras de estos pensamientos y aventuras detalladas a lo largo de diez cap\u00edtulos. En cada uno se encuentra una mirada que ausculta el espacio, tanto para el presente como para el pasado.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/Papeles-falsos.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-844\" width=\"408\" height=\"628\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/Papeles-falsos.jpeg 325w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/Papeles-falsos-195x300.jpeg 195w\" sizes=\"(max-width: 408px) 100vw, 408px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En el primer texto, titulado \u201cLa habitaci\u00f3n y media de Joseph Brodsky\u201d, se realiza una incursi\u00f3n al cementerio San Michele de Venecia donde se encuentra la tumba del poeta en menci\u00f3n. En este mismo cementerio, se hallan las tumbas de otras celebridades, no en el nivel de P\u00e8re Lachaise o Montparnasse. Aun as\u00ed, posee nombres que sobresalen, como es el caso de Ezra Pound, Luchino Visconti, Igor Stravinsky y Sergei Diaghilev. Es precisamente la tumba de Brodsky la que cuesta encontrar, lo que obliga a muchas divagaciones y a datos a\u00f1adidos correspondientes a los difuntos que ah\u00ed descansan. Esto es lo que se dice una vez ubicado el objetivo (p. 14):<\/p>\n\n\n\n<p><em>Imagin\u00e9 que encontrar\u00eda al menos un pu\u00f1ado de groupies afanados en dejar un amuleto o un beso sobre la tumba de Brodsky. Pero quiz\u00e1s Brodsky sea menos c\u00e9lebre que Julio Cort\u00e1zar o que Jim Morrison, y yo simplemente guardaba el mal sabor de boca que me hab\u00edan dejado tiempo atr\u00e1s los cementerios franceses.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Pero en el Recinto Evang\u00e9lico no hab\u00eda nadie. Nadie, salvo una anciana, cargada con todo tipo de bolsas de mercado llenas de b\u00e1rtulos, parada frente a la tumba de Ezra Pound. No prest\u00e9 mucha atenci\u00f3n y me encamin\u00e9 directamente hacia el ruso, como si marcara mi bando: t\u00fa con Pound, pues yo con Brodsky.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>JOSEPH BRODSKY (1940-1996)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Sobre la tumba de Brodsky, inscrita con fechas 1940-1996 y su nombre en cir\u00edlico, hab\u00eda chocolates, plumas y flores. Pero sobre todo, chocolates. No hab\u00eda como suele haber en casi todas las tumbas de los cementerios italianos, un retrato del difunto incrustado en la l\u00e1pida. Hab\u00eda esperado con ansiedad ver el \u00faltimo rostro de Joseph Brodsky. &nbsp;&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo II, titulado \u201cMancha de agua\u201d, se habla de los r\u00edos en ciudad de M\u00e9xico. &nbsp;Estos se mencionan a modo de apartados. En cada uno, se comenta la historia y funci\u00f3n de los mapas en M\u00e9xico, especialmente para sus habitantes. Por ejemplo, en R\u00edo Churubusco, se deduce que un mapa es como una abstracci\u00f3n espacial, m\u00e1s a\u00fan si se observa en una imagen que cobra vida y se mueve, tal como ocurren en los asientos de los aviones donde se muestra el recorrido de los viajes. Se menciona, adem\u00e1s, a la mapoteca de ciudad de M\u00e9xico, resaltando la secci\u00f3n del Porfiriato (1876-1910), que se presenta como la m\u00e1s ordenada y mejor clasificada como un legado de positivismo. Imposible no considerar aqu\u00ed las palabras de Borges para referirse al espacio habitado (CDMX): \u201clas ruinas de un mapa desmesurado\u201d. En R\u00edo Chico de los Remedios, se determina que escribir sobre la ciudad de M\u00e9xico es una empresa destinada al fracaso. Ella, la autora, como observadora, intenta caminar como una <em>petite<\/em> Baudelaire por lo que fue el centro ceremonial de Copilco. Luego sobresale la libresca calle Donceles, en el centro hist\u00f3rico, donde sugiere algo m\u00e1s que un recuerdo de la primera lectura de <em>Aura<\/em> de Carlos Fuentes o de alg\u00fan vagabundeo real visceralista, en referencia a Bola\u00f1o y a <em>Los detectives salvajes<\/em>. En R\u00edo de la Piedad (Viaducto) cobra mayor relevancia la presencia necesaria de los mapas, y m\u00e1s a\u00fan de los r\u00edos. Para eso se toman en cuenta las palabras de Fabio Mor\u00e1bito que, en su ensayo sobre el r\u00edo Spree de Berl\u00edn, escribe: \u201cUn r\u00edo tiende a contener la ciudad que atraviesa y a frenar sus ambiciones, record\u00e1ndole su rostro; sin r\u00edo, o sea sin rostro, una ciudad est\u00e1 abandonada a s\u00ed misma y puede convertirse, como la ciudad de M\u00e9xico, en una mancha\u201d (p. 29). Aqu\u00ed, la autora deduce que quiz\u00e1s Mor\u00e1bito tenga raz\u00f3n con lo expuesto, pues todo se reduce a un problema hidr\u00e1ulico. En R\u00edo Santo Desierto-Mixcoac (Loma nueva), es imposible no considerar el pasado l\u00edquido de esta ciudad cuyo origen es una laguna. Por \u00faltimo, en R\u00edo Tacubaya, se aborda al sentimiento y al acto de llorar justo al momento de aterrizar en ciudad de M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>En el tercer cap\u00edtulo, titulado \u201cLa velocidad \u00e0 velo\u201d, se desarrolla un paseo en bicicleta dentro de la ciudad de M\u00e9xico, no sin antes considerar la funci\u00f3n del peat\u00f3n, precisamente con los caminantes que usan este cl\u00e1sico m\u00e9todo como una forma (originaria) de paseo. As\u00ed lo considera la autora (p. 33):<\/p>\n\n\n\n<p><em>PASO PEATONAL<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los apologistas del paseo han enaltecido el acto de caminar al punto de convertirlo en una actividad con tintes literarios. Desde los peripat\u00e9ticos hasta los fl\u00e2neurs modernos, se ha concebido la caminata como po\u00e9tica del pensamiento, pre\u00e1mbulo a la escritura, espacio de consulta con las musas. Es verdad que en otros tiempos el mayor riesgo que uno corr\u00eda al salir a caminar era, acaso, como relataba Rousseau en una de sus Meditaciones, ser arrollado por un perro. Pero lo cierto es que ahora, en lo poco caminable y apenas literaria ciudad de M\u00e9xico, el peat\u00f3n no puede salir a la calle con el mismo buen \u00e1nimo que declaraba Robert Walser al inicio de su paseo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo IV, titulado \u201cDos calles y una banqueta\u201d, se explica el inter\u00e9s por aprender portugu\u00e9s. Para ello se recurre a la lectura de la poes\u00eda brasilera. All\u00ed se topa con la definici\u00f3n y uso de la palabra \u00absaudade\u00bb. Se explica que este t\u00e9rmino no tiene comparaci\u00f3n con su traducci\u00f3n a otros idiomas. Su origen puede deberse a distintas variables geogr\u00e1ficas e hist\u00f3ricas, o con la melancol\u00eda y la depresi\u00f3n, relacionada tambi\u00e9n con enfermedades como la tiricia y el estrabismo. Menci\u00f3n especial a Fernando Pessoa, a su cotidianeidad y a la posibilidad de conocer a otro heter\u00f3nimo con saudade. Otro acercamiento son las calles con nombre de nostalgia y la <em>rua<\/em> <em>Saudade<\/em> en Lisboa. Aqu\u00ed ocurre todo un viaje a partir de los libros comprados en una librer\u00eda. Por supuesto, el regreso se har\u00e1 en bicicleta.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo V, titulado \u201cCemento\u201d, uno de los m\u00e1s breves, con el subt\u00edtulo de \u201cM\u00e9rida (en la banqueta)\u201d, se cuenta el asesinato de una persona en la v\u00eda p\u00fablica. All\u00ed queda el registro de su silueta dibujada en el pavimento. Con lo dicho, no se puede eludir a la violencia en un pa\u00eds como M\u00e9xico.<\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo VI, titulado \u201cPara\u00edso en obras\u201d, se aborda la intenci\u00f3n de aprender idiomas (tal como ocurri\u00f3 con el portugu\u00e9s). Aqu\u00ed se toma en cuenta la lectura de <em>\u00c0 la recherche du temps perdu<\/em>. Esto se considera como una obstinaci\u00f3n. Menci\u00f3n aparte es la historia del poeta rumano Gherasim Luca, que salt\u00f3 al r\u00edo Sena el 9 de febrero de 1994 desde el Pont Marie, no sin antes dejar del lado el idioma rumano para situarse en el franc\u00e9s por todos los a\u00f1os que vivi\u00f3 en Par\u00eds, muy a pesar de no sentir al idioma y a la ciudad como propios. A prop\u00f3sito de esto, vale la siguiente cita que toma la autora (p. 65):<\/p>\n\n\n\n<p><em>Wittgenstein imaginaba el lenguaje como una gran ciudad en perpetua construcci\u00f3n. Como las ciudades, el lenguaje ten\u00eda barrios modernos, espacios en remodelaci\u00f3n, zonas viejas. Hab\u00eda puentes, pasajes subterr\u00e1neos, rascacielos, avenidas, calles estrechas y silenciosas. La met\u00e1fora de Wittgenstein es tentadora; pero desde aqu\u00ed las cosas parecen muy distintas; aqu\u00ed, el lenguaje y la ciudad son el eco perpetuo de un temblor.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo VII, titulado \u201cRelingos\u201d, se toman los espacios urbanos vac\u00edos. Muchos de estos espacios pueden destinarse para ciertas cosas o tambi\u00e9n para relacionarse con autores, con libros o con la escritura misma. Ante ello, surge la siguiente pregunta: \u00bfqu\u00e9 puede significar escribir? La autora intenta esclarecerlo as\u00ed (pp. 73-74):<\/p>\n\n\n\n<p><em>Restaurar: maquillar espacios que deja en cualquier superficie el taladro del tiempo. Escribir es un proceso de restauraci\u00f3n a la inversa. Un restaurador rellena huecos en una superficie donde ya existe una imagen m\u00e1s o menos acabada; el escritor, en cambio, trabaja a partir de las fisuras y los huecos. En esto se parecen el arquitecto y el escribir. Escribir: rellenar relingos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No, escribir no es rellenar huecos (construir una casa, un edificio, en un espacio vac\u00edo, tampoco lo es necesariamente). Quiz\u00e1s sea m\u00e1s acertada la imagen de los bons\u00e1is de Alejandro Zambra: \u00abEscritor es el que borra\u2026 Cortar, podar: encontrar una forma que ya estaba ah\u00ed\u00bb.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>[\u2026]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escritor es el que distribuye silencios y vac\u00edos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escribir: hacerle hueco a la lectura.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Escribir: hacer relingos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo VIII, titulado \u201cMudanzas: volver a los libros\u201d, se visitan espacios vac\u00edos que se alquilan para luego imaginar colmar estos mismos vac\u00edos. Quiz\u00e1s, aqu\u00ed se puede encontrar un gui\u00f1o con lo que desarrollar\u00eda despu\u00e9s la autora con su primera novela <em>Los ingr\u00e1vidos<\/em> (Sexto Piso, 2011). Aqu\u00ed tambi\u00e9n se toman en cuenta ciertas apreciaciones sobre el libro (p. 80):<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un libro sobre la cama es un compa\u00f1ero discreto, un amante de paso; otro, en la mesa de noche, un interlocutor; el que est\u00e1 sobre el sill\u00f3n, una almohada para la siesta; el que lleva una semana en el asiento del copiloto, un fiel compa\u00f1ero de viaje.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En el cap\u00edtulo IX, titulado \u201cOtros cuartos\u201d, se cuestiona la verdadera funci\u00f3n de las ventanas y sus consecuencias con la privacidad. Ver hacia dentro o hacia afuera, adem\u00e1s de dormir en otras habitaciones (como sucede con sus personajes en <em>Los ingr\u00e1vidos<\/em>). Se suman las funciones de un recepcionista de un edificio o portero. Aqu\u00ed una deducci\u00f3n (p. 88):<\/p>\n\n\n\n<p><em>Un elemento desestabiliza este sistema en perfecta armon\u00eda: los viejos porteros del turno de la noche. Estos seres ejercen sobre m\u00ed una curiosidad compulsiva y unas ganas de contacto humano que no logro contener. Dice W.G Sebald que el emigrado es aquel que busca a los suyos, por donde quiera que vaya. Los porteros \u2014<\/em><em>sobre todo los nocturnos, los m\u00e1s raros, los impresentables bajo la luz del sol\u2014 <\/em><em>suelen ser emigrados de alg\u00fan tipo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo, en el cap\u00edtulo X, titulado \u201cPapeles falsos\u201d, se aborda el tema de la enfermedad. Aunque aqu\u00ed se visita primero el cementerio de San Fernando en CDMX donde reposan los restos de los h\u00e9roes nacionales mexicanos donde la autora deja una nota a los muertos. Con este acto, ella acepta la identidad mexicana a pesar de los ancestros extranjeros: un abuelo italiano lombardo. Luego se vuelve a mencionar el viaje a Venecia por un inter\u00e9s en Joseph Brodksy. Se completa lo dicho en el primer cap\u00edtulo al contar que la habitaci\u00f3n de su hotel en Venecia m\u00e1s parece una c\u00e1rcel. Luego suceden sus caminatas y extrav\u00edos en la isla a la par que una posible hipocondr\u00eda. Igual ella se siente enferma. Se hace ver y le encuentran una enfermedad en la vejiga que ella misma califica de innoble: cistitis bacteriana. Surge la remota posibilidad de morir en Venecia y ser enterrada en el cementerio de San Michel, tal vez muy cerca de la tumba del poeta que tanto estuvo buscando.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"400\" height=\"400\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/valeria-luiselli.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-845\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/valeria-luiselli.jpeg 400w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/valeria-luiselli-300x300.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/05\/valeria-luiselli-150x150.jpeg 150w\" sizes=\"(max-width: 400px) 100vw, 400px\" \/><figcaption>Foto: Twitter de Valeria Luiselli<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>A partir de este recuento, cada cap\u00edtulo confirma la percepci\u00f3n de una autora que mantiene un legado cultural-hist\u00f3rico junto a una serie de lecturas literarias y filos\u00f3ficas que la avalan, lo que, a su vez, le otorgan un discurso atractivo para cualquier tipo de lector sin caer necesariamente en academicismo ni mucho menos en tecnicismos. Realmente vale la pena su lectura.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">*****<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Valeria Luiselli<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Papeles falsos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Editorial Sexto Piso, 2010<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Puntuaci\u00f3n: 4.5\/5<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Mapas, ideas y lugares Por Omar Guerrero Papeles falsos (Sexto Piso, 2010) de Valeria Luiselli (Ciudad de M\u00e9xico, 1983) es un libro de ensayos que propone una serie de ideas a partir de la experiencia vivida en distintos lugares urbanos o ciudades, tan igual como si se tratasen de paseos, especialmente si se realizan en [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,1,9],"tags":[368,234,367,366],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/843"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=843"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/843\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":846,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/843\/revisions\/846"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=843"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=843"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=843"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}