{"id":828,"date":"2022-04-17T11:42:16","date_gmt":"2022-04-17T16:42:16","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=828"},"modified":"2022-04-17T11:42:16","modified_gmt":"2022-04-17T16:42:16","slug":"resena-el-nervio-optico-2014-y-2017-de-maria-gainza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2022\/04\/17\/resena-el-nervio-optico-2014-y-2017-de-maria-gainza\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: El nervio \u00f3ptico (2014 y 2017) de Mar\u00eda Gainza"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>El arte y la vida \u00edntima<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right has-large-font-size\"><strong>Por Omar Guerrero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>El nervio \u00f3ptico<\/em> (Mansalva, 2014 [Argentina]; Anagrama, 2017 [Espa\u00f1a]) de la escritora argentina Mar\u00eda Gainza (Buenos Aires, 1975) es un libro singular que no se puede clasificar precisamente como novela, pero tampoco como un libro de cuentos, a pesar de estar compuesto por once textos o cap\u00edtulos que abordan la vida de distintos artistas y sus obras, en especial con determinados cuadros o pinturas que, en su mayor\u00eda, guardan relaci\u00f3n con las vivencias de la narradora y su c\u00edrculo \u00edntimo. Aqu\u00ed se intercalan los textos de manera independiente para exigir al lector una atenci\u00f3n doble. El resultado: un conglomerado de mini biograf\u00edas de artistas, an\u00e9cdotas y recuerdos familiares, diario personal, gu\u00eda de obras de arte y museos, adem\u00e1s del ensayo y cr\u00edtica de arte.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-652x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-829\" width=\"525\" height=\"825\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-652x1024.jpeg 652w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-191x300.jpeg 191w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-768x1207.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-977x1536.jpeg 977w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-1303x2048.jpeg 1303w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-1200x1886.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/el-nervio-optico-1-scaled.jpeg 1629w\" sizes=\"(max-width: 525px) 100vw, 525px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En el primer texto titulado \u201cEl ciervo de Dreux\u201d, se describe el cuadro \u201cEl ciervo\u201d del pintor franc\u00e9s Alfred de Dreux. En esta imagen, aparece un ciervo que es atacado por unos perros de caza. A la par, la narradora cuenta c\u00f3mo es que llega empapada a una galer\u00eda de arte por culpa de la lluvia que ha inundado las calles de Belgrano en Buenos Aires. Se trata de una exposici\u00f3n que ella debe dirigir. Su imagen es ca\u00f3tica y puede repercutir en su vida profesional. Este mismo cuadro lo ve cinco a\u00f1os despu\u00e9s, lo que da paso a contar la historia del pintor, quien muere de un mal hep\u00e1tico. Esta historia se enlaza con la muerte tr\u00e1gica e inusual de una amiga que viaja a Francia invitada por su hermana. El espacio de su muerte es en medio de la naturaleza, tal como le sucede al ciervo del cuadro.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cGracias, Charly\u201d, la narradora se encuentra casada y embarazada. Viaja con su marido al interior donde siempre prevalece el paisaje rural. Se hace menci\u00f3n del cuadro \u201cBatalla de Yatayt\u00ed Cor\u00e1\u201d que se caracteriza por ser una imagen oscura que retrata el campo paraguayo arrasado por un fuego nocturno. Este cuadro pertenece al pintor argentino C\u00e1ndido L\u00f3pez, conocido tambi\u00e9n como el manco de Curupayt\u00ed, pues particip\u00f3 en la guerra contra Paraguay como parte de las tropas de la triple alianza: Argentina, Uruguay y Brasil. Cabe resaltar que los cuadros de este pintor terminaron en el dep\u00f3sito del Museo Hist\u00f3rico Nacional de Argentina. Aqu\u00ed tambi\u00e9n se conoce la historia de un viaje hecho por su esposo, su primera mujer, Cecilia, y su cu\u00f1ado Charly, quienes de muy j\u00f3venes se fueron a vivir a Paso Curuz\u00fa, en un campo llamado La Serena. All\u00ed tocaban guitarra y fumaban marihuana. Su vida era como la de unos hippies. Tambi\u00e9n est\u00e1 Franio, un paraguayo que habla guaran\u00ed y que es due\u00f1o de la casa de Paso Curuz\u00fa, padre de Cecilia y de Charly, exsuegro de su esposo. Charly se queda a vivir en La Serena. En este viaje, la pareja lo visita. Con \u00e9l conversan, beben y escuchan m\u00fasica de Ser\u00fa Gir\u00e1n. Tiempo despu\u00e9s, Charly es internado por una serie de problemas personales, pero vuelve a La Serena. \u00c9l siempre llama a su amigo de juventud (al esposo de la narradora). Quien atiende ahora sus llamadas es la narradora. Charly le da consejos sobre la vida a partir de las dudas que tiene ella con la maternidad.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cEl encanto de las ruinas\u201d, se toma en cuenta una patolog\u00eda que corresponde a la tristeza de una ni\u00f1a rica. Esto corresponde a una historia personal contada en segunda persona sin dejar de tomar en cuenta la vida del mismo personaje femenino. Se incluye a la madre, quien se muestra y a la vez da a entender mucho m\u00e1s de lo que ocurre en su familia al aparecer en medio de la calle con ropa interior justo despu\u00e9s de un incendio en su casa. Al mismo tiempo, se menciona un cuadro de Hubert Robert en el Museo Decorativo, al igual que su maestro Ren\u00e9 Slodtz, quien le contagi\u00f3 el gusto por las <em>folies<\/em>: el uso de las columnas, pagodas y obeliscos para la decoraci\u00f3n de jardines. Se hace hincapi\u00e9 de que Hubert Robert tuvo una vida llena de sufrimientos.\u00a0 \u00a0<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cEl buen retiro\u201d, la atenci\u00f3n gira en torno al autorretrato del pintor Tsuguharu Fujita y a su vida, quien originalmente era Foujita, pero que al llegar a Par\u00eds quita la \u201co\u201d de su apellido y todo cambi\u00f3. A su vez, la narradora cuenta sus experiencias con su amiga Alexia, quien le hizo ver por primera vez <em>La Naranja mec\u00e1nica<\/em>, leer los <em>9 cuentos<\/em> de Salinger y escuchar en casete la m\u00fasica de Sumo. Este aprendizaje va a la par con la obra del artista japon\u00e9s. Menci\u00f3n especial al cuadro \u201c\u00daltima batalla en Attu\u201d de 1943 y a una afecci\u00f3n ocular que sufre la narradora llamada cl\u00ednicamente como diplop\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cRefucilos sobre el agua\u201d, se da un viaje a Mar del Plata. En el camino se escucha The Doors y se fuman porros finos como agujas, adem\u00e1s de leer mucho, por lo que surgen citas de escritoras sobre el mar. Se suma el cuadro \u201cMar borrascoso\u201d que se encuentra en el Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires. Menci\u00f3n al \u201cMer Orange\u201d de Courbet, un cuadro poseedor de luminosidad y fosforescencia, propio de lo que se denomina fiebre pict\u00f3rica en cuanto a realismo. Despu\u00e9s surge la historia de una prima que huy\u00f3 de Buenos Aires para refugiarse en este balneario. Ella ha formado un collage en su cuarto donde predomina la imagen del mar. La protagonista visita a esta prima y la casa de la familia. Aqu\u00ed ocurre una doble p\u00e9rdida. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEn las gateras\u201d es, sin duda, uno de los mejores textos. Aqu\u00ed el artista en referencia es Tolouse Lautrec, arist\u00f3crata peque\u00f1o y deforme que prefiere establecer su vida en Par\u00eds, precisamente en Montmarte, donde desarrolla su arte sin dejar de visitar los burdeles. Aqu\u00ed una muestra (p. 77):<\/p>\n\n\n\n<p><em>El joven Henri se siente morir en su asfixiante ambiente aristocr\u00e1tico. El \u00fanico con quien se entiende es Ren\u00e9 Princetau, un pintor sordomudo que le ense\u00f1a los rudimentos t\u00e9cnicos y lo insta a irse a Par\u00eds. Como a todo escapado de su clase, Montmartre lo recibe como a un hijo. Para el pr\u00edncipe del bosque de Albi, las mujeres sustituyen a los caballos, en gracia, en br\u00edo. Es tan peque\u00f1o que las prostitutas se marean al mirarlo, pero, cuando las toca, el hombrecito encuentra lugares secretos en sus cuerpos, lugares tan suaves como los labios. Tolouse se mira al espejo, ve su nariz protuberante sobre la que cabalga un bin\u00f3culo de hierro, sus labios hinchados, sus piernas zambas. Su desarrollo sexual es alarmante: en el burdel lo llaman \u00abtres patas\u00bb o \u00abcafetera\u00bb. Usa un bast\u00f3n para caminar que tambi\u00e9n le sirve para merodear entre las piernas de las chicas, le gusta que las polleras se alboroten.&nbsp; &nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A su vez, surgen recuerdos diversos: una amiga llamada Amalia, a quien husmea su biblioteca, una bola de bronce, una traductora japonesa de nombre Miuki que camina de manera renga, los a\u00f1os 80s, un viaje a NY de ni\u00f1a, las visitas con su madre al Metropolitan Museum y las pinturas de Monet. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cUna vida entre pinturas\u201d es otro de los textos que tambi\u00e9n sobresalen. Aqu\u00ed es el turno de Rothko. Para la narradora el acto de pararse frente a una tela de Rothko \u201ces como estar frente a un amanecer\u201d (p. 85). Ella sufre de un latido constante en el ojo. Tambi\u00e9n tiene a su esposo enfermo internado en el hospital. En su habitaci\u00f3n coloca un afiche de Rothko. Surge la imagen de una prostituta con vestido rojo. Inevitable no relacionar este color sobre el color negro, tal como ocurre en uno de los cuadros del pintor.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cLas artes de la respiraci\u00f3n\u201d, cuenta sobre un t\u00edo de nombre Mari\u00f3n y una herencia. Menci\u00f3n aparte a una tumba en el cementerio de La Recoleta y a los cuadros del pintor catal\u00e1n Josep Mar\u00eda Sert que en Par\u00eds lo llamaban Ti\u00e9polo de Ritz por sus murales.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cEl cerro desde mi ventana\u201d, se tiene programado un viaje a Ginebra como parte de una curador\u00eda de una beca de arte, a pesar del miedo a volar en avi\u00f3n. Se establece un paralelo con la obra de Henri Rousseau.<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cSer rapper\u201d, el personaje femenino conversa con su amigo Fabiolo. Se menciona el cuadro \u201cLa ni\u00f1a sentada\u201d de Augusto Schiavoni. Se piensa que el personaje del cuadro es igual a la narradora en la ni\u00f1ez. Entonces surge la posibilidad de cierta gen\u00e9tica o de una transmigraci\u00f3n de almas. A la par, se cuenta la historia de Nan\u00e1: la m\u00e9dium m\u00e1s famosa de Florencia. Ella ten\u00eda una cicatriz en el pecho producto de un hachazo recibido. Usaba un deshabill\u00e9 de plumas con el que mostraba una cicatriz queloide de quince cent\u00edmetros de largo. Los pintores argentinos Schiavoni y Musto conocieron a Nan\u00e1 en Florencia en una sesi\u00f3n espiritista donde se toma el recuerdo del hermano de Musto muerto de pulmon\u00eda a los doce a\u00f1os. Su vida es otra historia triste dentro de la pintura argentina. El cuadro en menci\u00f3n se encuentra en Bellas Artes. Ella no puede evitar reconocer que \u201cera una adolescente c\u00ednica a la que le gustaba decir que la vida no era m\u00e1s que una buena excusa para escribir cuentos\u201d (p.127). La idea de los rappers, seg\u00fan los ingleses, es que son esp\u00edritus que asustan a los inquilinos en los departamentos viejos. A la protagonista le gustar\u00eda ser un rapper y hostigar a su amigo Fabiolo. Por otro lado, dejar de pensar tanto, para ella, ser\u00eda la gloria. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En \u201cLos pitucones\u201d, se aborda la vida de El Greco. Aqu\u00ed sobresale, a parte de su obra, la an\u00e9cdota de su nombre original: Domenikos Theotok\u00f3poulos, y que, adem\u00e1s, se asum\u00eda como rival de Miguel Angel. En paralelo, se cuenta un viaje a San Francisco hecho por la narradora. En esta ciudad vive su hermano mayor cuya diferencia de edad es de trece a\u00f1os. Surge la denominaci\u00f3n del t\u00e9rmino \u201cpituc\u00f3n\u201d: joven elegante, delicado, o promisorio. Su otra denominaci\u00f3n es el parche de gamuza que se cose a la altura del codo. Al hermano de la protagonista no le gusta El Greco porque siempre aparece la religi\u00f3n en sus pinturas. Despu\u00e9s de esta visita, sucede otra vez la distancia y luego la muerte del hermano. Mientras se asume este luto, se recuerda una serie de hechos a modo de intertextualidad entre los textos previos, como la p\u00e9rdida de unos certificados de sucesi\u00f3n de una casa de Mar del Plata, en relaci\u00f3n \u201cRefucilos sobre el agua\u201d, una enfermedad de c\u00e1ncer, \u201cUna vida entre pinturas\u201d y una cicatriz en el t\u00f3rax, \u201cSer rapper\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1-1024x765.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-830\" width=\"581\" height=\"433\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1-1024x765.jpg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1-300x224.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1-768x574.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1-1536x1148.jpg 1536w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1-1200x897.jpg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1-1980x1480.jpg 1980w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/04\/maria_gainza-1.jpg 2000w\" sizes=\"(max-width: 581px) 100vw, 581px\" \/><figcaption>Foto: Rosana Schoijett<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>A partir de lo expuesto, no hay duda de que <em>El nervio \u00f3ptico<\/em> establece un perfecto equilibrio entre lo no ficticio, relacionado siempre al arte, junto con la subjetividad femenina m\u00e1s la experiencia personal. Motivo para que este libro, a\u00fan inclasificable, pero tan elogiado, ya tenga varias traducciones y muchos lectores en su haber, sobre todo, por mezclar los hechos m\u00e1s sobresalientes en la historia del arte, especialmente con determinados artistas, y las vivencias cotidianas de una mujer que nunca deja de lado su fascinaci\u00f3n por la vida y por el arte mismo.&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Mar\u00eda Gainza<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>El nervio \u00f3ptico<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Mansalva, 2014 (Argentina); Anagrama, 2017 (Espa\u00f1a)<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Puntaje: 5\/5<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El arte y la vida \u00edntima Por Omar Guerrero El nervio \u00f3ptico (Mansalva, 2014 [Argentina]; Anagrama, 2017 [Espa\u00f1a]) de la escritora argentina Mar\u00eda Gainza (Buenos Aires, 1975) es un libro singular que no se puede clasificar precisamente como novela, pero tampoco como un libro de cuentos, a pesar de estar compuesto por once textos o [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,8,1,9],"tags":[159,359,360,358,234],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/828"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=828"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/828\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":831,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/828\/revisions\/831"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=828"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=828"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=828"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}