{"id":720,"date":"2022-02-20T12:50:37","date_gmt":"2022-02-20T17:50:37","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=720"},"modified":"2022-02-20T12:51:39","modified_gmt":"2022-02-20T17:51:39","slug":"resena-sara-mesa","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2022\/02\/20\/resena-sara-mesa\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocr\u00e1tico (2019) de Sara Mesa"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Una historia de horror<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Sebasti\u00e1n Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Toda historia de pobreza es una historia de horror. Una caracterizada por la incertidumbre persistente de si se lograr\u00e1 llegar al final del d\u00eda con al menos un plato de comida, un sorbo de agua limpia o un lugar para el aseo. En la olla del pobre todo es condimento, como dijo Jo\u00e3o Guimar\u00e3es Rosa. Un infierno sin escape que se habita a diario y por la cual, quien lo padece se convierte en objeto de juicio. Conlleva la condena social, el rechazo y la fobia. Una conjunci\u00f3n de miedos (\u00bfa ser uno de ellos?) en su contra que se a\u00fanan en actitudes agresivas (insultos, pedidos de expulsi\u00f3n, violencia f\u00edsica), o pasivas y silenciosas, igual o m\u00e1s peligrosas al tomar como \u00fanico rumbo la indiferencia, disfrazada bajo caridad. Las personas pobres reciben una negaci\u00f3n de la justicia por ser consideradas responsables de su propia situaci\u00f3n. La deshumanizaci\u00f3n se convierte en la \u00fanica v\u00eda para evitar la incomodidad que supone tomar conciencia de que, en efecto, la pobreza existe.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo-614x1024.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-721\" width=\"556\" height=\"927\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo-614x1024.jpeg 614w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo-180x300.jpeg 180w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo-768x1282.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo-920x1536.jpeg 920w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo-1227x2048.jpeg 1227w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo-1200x2003.jpeg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/Silencio-administrativo.jpeg 1239w\" sizes=\"(max-width: 556px) 100vw, 556px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Sara Mesa (Madrid, 1976) escribe la historia de Carmen y su relaci\u00f3n con Beatriz, con quien, tras cruzarse varias veces, realiza un acto extraordinario para la sociedad en la que vive: se fija en ella. Ya no es solo un escollo a evitar en la calle, o la causa para acelerar el paso tras darle unas monedas. Es una persona: con historias, con emociones, con necesidades. Tiene un nombre. Es alguien que requiere ayuda y espera. Espera y espera. \u00bfQu\u00e9 espera? \u00bfEn qu\u00e9 nivel y condiciones? Beatriz empieza a actuar. Se involucra en la desesperante situaci\u00f3n de Carmen, la escucha y la acompa\u00f1a. No como una salvadora ni para aliviar su propia culpa, sino para intentar que Carmen salga del pozo al que la han empujado una serie de trabas y la desidia social. Un pozo cuya profundidad aumenta con la infinita burocracia de los programas sociales destinados a ayudarla. Un pozo del que la misma Beatriz no est\u00e1 libre.<\/p>\n\n\n\n<p>Si hay un elemento que vertebra el laberinto burocr\u00e1tico al cual se refiere la autora en el subt\u00edtulo es la desconfianza. La presunci\u00f3n inicial es de culpabilidad y la soluci\u00f3n institucionalizada para ello es la demostraci\u00f3n constante de lo contrario. Validar que alguien es confiable mediante papeleo: documentos, constancias, autorizaciones, recibos, avales. Una constante b\u00fasqueda de que la palabra de uno sea considerada cierta por los dem\u00e1s. Pero, \u00bfcu\u00e1les son los l\u00edmites de esta exigencia? \u00bfQu\u00e9 efectos puede causar?<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201c(\u2026) \u00bfc\u00f3mo es posible exigir a quien vive en la calle, sin recursos de comunicaci\u00f3n -tel\u00e9fono, internet- ni de transporte, que haga su peregrinaje a trav\u00e9s de oficinas, ventanillas y colas como si nada\u201d. <\/em>(p. 50)<\/p>\n\n\n\n<p>Como bien se se\u00f1ala, un problema neur\u00e1lgico es la indefensi\u00f3n de las personas empobrecidas ante la exigencia de precisi\u00f3n documentaria sin un acceso adecuado a la informaci\u00f3n. A estas personas \u2013sumidas en su propios laberintos\u00ad\u2013 se les exige recorrer otro m\u00e1s, para chocar con la indiferencia de funcionarios con una agotada capacidad para la empat\u00eda. Adem\u00e1s, son personas que, en la mayor\u00eda de casos, est\u00e1n formadas en un sistema dise\u00f1ado para rechazar al solicitante, proteger el estatus quo y evitar que quienes conforman el sector m\u00e1s precario de la sociedad adquieran un rostro o una voz propia. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>La autora, asimismo, le da \u00e9nfasis a c\u00f3mo el g\u00e9nero resulta ser un factor determinante para la experiencia de la pobreza. La misma estructura socioecon\u00f3mica es la que que lleva a muchas mujeres a ocuparse en exclusiva de la familia y el hogar o a trabajar en puestos escasamente remunerados y\/o sin contratos. Esto deviene en su incapacidad para generar ingresos considerables por cuenta propia y en la dependencia econ\u00f3mica plena de su c\u00f3nyuge.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Una ruptura sentimental o la muerte de los padres, por ejemplo, puede conducir a una mujer joven directamente a la pobreza m\u00e1s absoluta. Muchas se agarran a la supuesta protecci\u00f3n que le ofrecen otros hombres, se prostituyen o son extorsionadas. <\/em>(p. 46)<\/p>\n\n\n\n<p>A ello se suman las situaciones de acoso \u2013como las que sufre Carmen\u2013 que se presentan a diario en las residencias de personas indigentes. Mesa trasciende la frialdad de las cifras y recoge los testimonios que reflejan esta vulnerabilidad y su influencia en la historia de vida de cada persona. Con cada testimonio, Mesa elude el paternalismo habitual en este tipo de textos, as\u00ed como su condescendencia deshumanizante. Ella emprende, ante todo, una batalla por la dignidad, reflejada en el acto de escritura. Y es que la elecci\u00f3n del lenguaje es otro elemento clave en esta historia. Con este texto, Mesa denuncia la impenetrabilidad de la documentaci\u00f3n de asistencia social, escrita en forma cr\u00edptica e inaccesible. A ello, Mesa contrapone la estructura y el tono del libro, con el fin de demoler la concepci\u00f3n de la pobreza como una serie de n\u00fameros que suben y bajan. A trav\u00e9s de una mirada profundamente humanizante, el texto nos muestra un retrato de Carmen que dista del melodrama period\u00edstico:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cCarmen muestra una gran dignidad cuando relata su vida, no cae jam\u00e1s en el victimismo, es capaz incluso de re\u00edrse, con un oscuro y franco sentido del humor. Es agradecida, pero nunca carga las tintas. Frases como \u201cqu\u00e9 buena eres\u201d o \u201c\u00bfqu\u00e9 har\u00eda yo si ti?\u201d&nbsp; jam\u00e1s salen de su boca. Da las gracias porque es educada, pero lo hace siempre con discreci\u00f3n, en t\u00e9rminos de igualdad\u201d. <\/em>(p.&nbsp; 41)<\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfQu\u00e9 queda cuando se ha perdido, aparentemente, todo? \u00bfAcaso no es la historia propia aquello que no nos puede ser arrebatado? Sara Mesa denuncia la aporofobia de las instituciones llamadas a resolver la pobreza. En la recuperaci\u00f3n de la historia de Carmen, Mesa escribe lo ilegible para las estad\u00edsticas oficiales. Recoge lo que conforma a una persona cuando todo lo dem\u00e1s se ha socavado, que no es \u2013ni jam\u00e1s podr\u00eda remitirse a\u2013 una cifra. All\u00ed est\u00e1n los gestos, sus aficiones y vicios, tan reales como los de las personas que conforman ese elefanti\u00e1sico laberinto que Carmen y otros tantos tienen que recorrer a diario.<\/p>\n\n\n\n<p>Ese laberinto que, como Mesa advierte, no es an\u00f3nimo. Tiene nombres y apellidos al frente: autoridades y funcionarios que alimentan el infierno de la pobreza con lo que hacen o dejan de hacer cuando se olvidan de su vocaci\u00f3n de servicio. &nbsp;Que mueven los engranajes de una maquinaria orientada a se\u00f1alar el error, maximizar la falla y encontrar aquel detalle que le d\u00e9 la raz\u00f3n de desconfiar de las personas que requieren la ayuda. De lograr que la desesperanza prevalezca entre estas como sentido com\u00fan. Si bien la historia de Carmen se sit\u00faa en Andaluc\u00eda, Espa\u00f1a, es posible extrapolar y maximizar lo que el libro denuncia, pues aplica a cualquier regi\u00f3n latinoamericana, con instituciones m\u00e1s endebles y Estados con menor presencia. Con oligopolios obsesionados con precarizar m\u00e1s a sus trabajadores, una distribuci\u00f3n econ\u00f3mica cada vez m\u00e1s desigual y demandas de justicia social que no hacen m\u00e1s que crecer a\u00f1o tras a\u00f1o, por m\u00e1s que el culto a las cifras deseen minimizarlas. En este contexto de precarizaci\u00f3n normalizada, cualquier escenario alternativo se vuelve ut\u00f3pico, y cualquier intento de soluci\u00f3n cae en una postergaci\u00f3n indefinida:&nbsp; \u00bfRenta b\u00e1sica universal? \u00bfImpuestos a quienes m\u00e1s ganan? \u201cNo, para despu\u00e9s\u201d se suele decir. Que va a tomar a\u00f1os. Muchos a\u00f1os con muchos d\u00edas en los que mucha gente como Carmen se despertar\u00e1n con un mismo fin: sobrevivir.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/sara-mesa.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-722\" width=\"552\" height=\"367\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/sara-mesa.jpeg 678w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/02\/sara-mesa-300x200.jpeg 300w\" sizes=\"(max-width: 552px) 100vw, 552px\" \/><figcaption>Foto: Sonia Fraga<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>La lectura de este libro confirma el logro de su prop\u00f3sito: estamos frente a una cr\u00f3nica cuya perspectiva, no exenta de subjetividad, aborda una realidad social que casi nunca es el centro del debate pol\u00edtico. Una cr\u00f3nica que fastidia e interpela, sobre todo si uno se dedica a la gesti\u00f3n p\u00fablica \u2013como quien escribe\u2013, y se encuentra, en teor\u00eda, llamado a contrarrestar esta realidad. Una realidad insoslayable que no se resolver\u00e1 invisibiliz\u00e1ndola mediante juicios preconcebidos o la sola atenci\u00f3n a sus s\u00edntomas a distancia, en silencio c\u00f3mplice. En un perverso y diab\u00f3lico silencio administrativo que, con su libro, Mesa quiebra. Y, como lectores, nos encontramos llamados a o\u00edr.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Sara Mesa<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>Silencio administrativo. La pobreza en el laberinto burocr\u00e1tico<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Anagrama, 2019, 122 pp.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una historia de horror Por Sebasti\u00e1n Uribe Toda historia de pobreza es una historia de horror. Una caracterizada por la incertidumbre persistente de si se lograr\u00e1 llegar al final del d\u00eda con al menos un plato de comida, un sorbo de agua limpia o un lugar para el aseo. 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