{"id":666,"date":"2022-01-12T23:50:56","date_gmt":"2022-01-13T04:50:56","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=666"},"modified":"2022-01-14T10:15:06","modified_gmt":"2022-01-14T15:15:06","slug":"resena-la-ciudad-en-que-no-estas-cuentos-reunidos-2021-de-margarita-saona","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2022\/01\/12\/resena-la-ciudad-en-que-no-estas-cuentos-reunidos-2021-de-margarita-saona\/","title":{"rendered":"Dif\u00edcil trabajo"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Margarita Saona y las zonas intempestivas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Christian Elguera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Las narraciones de Margarita Saona en <em>La ciudad en que no est\u00e1s<\/em> nos adentran en un mundo de acontecimientos intempestivos. El primer punto a destacar es esa mirada minuciosa que traza una atm\u00f3sfera absurda, pero de forma sutil. Con absurdo me refiero aqu\u00ed a las apariciones de escenas y momentos imposibles que, sin ser fant\u00e1sticos propiamente, terminan enrareciendo el espacio y la vida de sus personajes. Esto sucede, por ejemplo, en ese cuento donde una ni\u00f1a come relojes (\u201cComehoras\u201d) o en aquel otro texto donde una pareja aprende a convivir con ranas y un cocodrilo (\u201cPruebas\u201d). Mencionemos tambi\u00e9n esa historia donde comienzan a caer del cielo miles de aves, desmembradas, en el invierno (\u201cLos p\u00e1jaros\u201d). En dichas p\u00e1ginas, se aprecia un control narrativo para jugar con el suspenso, retener informaci\u00f3n y dejar al lector con una sensaci\u00f3n de misterio.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/La-ciudad-en-que-no-estas.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-668\" width=\"528\" height=\"767\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/La-ciudad-en-que-no-estas.png 634w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/La-ciudad-en-que-no-estas-207x300.png 207w\" sizes=\"(max-width: 528px) 100vw, 528px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Se percibe tambi\u00e9n una minuciosidad en la forma de mirar: los personajes y las voces narrativas se centran en lo imperceptible. Esta atenci\u00f3n se vuelve en muchos casos ominosa o perturba una presunta tranquilidad. All\u00ed est\u00e1n los peces inquietando a la protagonista de \u201cAcuario\u201d. All\u00ed est\u00e1n los conejos que se multiplican en una casa y, en claro gui\u00f1o a Julio Cort\u00e1zar, se vuelven un s\u00edmbolo de lo perecedero. Vale detenerse en la intertextualidad con el famoso cuento cortazariano \u201cCarta a una se\u00f1orita en Par\u00eds\u201d. Mientras el escritor argentino nos sumerge en un aire l\u00fadico, donde la amenaza nunca se materializa debido a dosis de humor o exageraci\u00f3n, vemos que en \u201cCartas con conejos\u201d estos animales se convierten en s\u00edmbolo de la muerte: no son alegor\u00edas sino cuerpos que revientan en el granizo del invierno recordando la proximidad de la hora final.<\/p>\n\n\n\n<p>Saona traza su propio bestiario. En cada cuento, el animal no es un adorno, sino que se torna signo de una realidad aciaga. No se llega a una descripci\u00f3n de lo animal en s\u00ed, pero las referencias a cocodrilos, p\u00e1jaros y conejos son avatares de lo desconocido. Su presencia en los cuentos tiene m\u00e1s de extra\u00f1amiento po\u00e9tico antes que una l\u00f3gica narrativa. Los animales se vuelven una especie de borde entre el trasiego cotidiano y el recuerdo de una amenaza siempre presente. Pero, en <em>La ciudad en que no est\u00e1s<\/em>, lo amenazante se presiente tambi\u00e9n dentro de la propia carne. No son pocas las escenas en hospitales, las referencias a cuerpos enfermos, presas de ansiedades y temores en cada resquicio. Y en esa angustia hay un modo de vida que organiza una propia rutina, sin la cual el propio ser podr\u00eda desaparecer. En \u201cMiedos, III\u201d, la protagonista muere en el momento preciso en que logra liberarse de sus temores.<\/p>\n\n\n\n<p>Y tambi\u00e9n las mismas palabras pueden volverse en contra de quien escribe. Tenemos ese castillo de palabras que producen laberintos y solo conducen a los abismos. En el relato \u201cEn morir del cuento\u201d, las palabras se tornan heridas y desgarros insoportables. Posiblemente, debido a esta concepci\u00f3n de lo escrito, la autora ha buscado experimentar con diversas piezas cortas. La brevedad narrativa significa siempre un riesgo. Aqu\u00ed solo hay dos alternativas: el cuento breve, aforismo o microrrelato, deja un impacto en la lector\u00eda o queda como una an\u00e9cdota que luego se olvida. Saona reconoce este riesgo y salpica el libro con narraciones brev\u00edsimas que no siempre logran impactar. Sin embargo, en ese traj\u00edn, tambi\u00e9n aparecen textos notables como \u201cLa llave\u201d, \u201cTelepat\u00eda\u201d, \u201cInsomnio I\u201d y \u201cOtro tren\u201d. Estas piezas breves nos ayudan a percibir el sentido del t\u00edtulo de esta colecci\u00f3n. Como demuestra G\u00e9rard Genette, hay toda una po\u00e9tica en el arte de escoger un t\u00edtulo. Elegir un paratexto es una decisi\u00f3n que abre o cierra mundos.<em> La ciudad en que no est\u00e1s <\/em>nos permite atisbar el ritmo de los desencuentros. Por un lado, puede percibirse que la autora ha buscado entender el desencuentro a partir de amores distantes o imposibles. Por otro lado, como lector, he percibido el desencuentro en esa retah\u00edla de chascos, frustraciones e impotencias que van surgiendo. Nunca estamos \u201cdonde\u201d y \u201ccuando\u201d debemos estar. El cuerpo se pierde a s\u00ed mismo, nunca llega a ning\u00fan encuentro, se desfragmenta y contradice como sucede en \u201cRecuerda\u201d. Las piezas breves que he indicado nos permiten una posible lectura de este desencontrarse. En \u201cLa llave\u201d leemos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Encontr\u00e9 la llave!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>El problema es que ahora no puedo encontrar la puerta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Por su parte, \u201cInsomnio I\u201d nos presenta estas l\u00edneas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2013 Haga lo que haga no consigo dormir.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2013 No es cierto \u2013contest\u00f3 la lechuza. Si lo fuera, no estar\u00edas hablando conmigo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La ambig\u00fcedad de no encontrar salidas a pesar de superar un obst\u00e1culo; la incerteza de estar durmiendo o despierto. Estas contradicciones se hacen a\u00fan m\u00e1s tangibles en \u201cDistop\u00eda I\u201d. Ante una plaga de palomas, los habitantes de una ciudad consideran que la mejor soluci\u00f3n es usar halcones para eliminar dicha peste. En adelante, se logra eliminar el problema, pero cada d\u00eda se vuelve una visi\u00f3n grotesca de palomas desparramadas en las aceras, tanto es as\u00ed que leemos: \u201cHay que andar con cuidado para no embarrarse los zapatos o resbalarse, y acostumbrarse a sentir los restos de palomas bajo nuestros pies\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>No siempre el tono rom\u00e1ntico es el mejor logrado del libro. No obstante, en \u201cDesequilibrios\u201d, encontramos un ejemplo claro de los desencuentros. En este texto, se entrecruzan ese estilo absurdo que coment\u00e9 al inicio y un halo de ternura que acrecienta el chasco final. La protagonista se enamora de un equilibrista que vive trajinando entre los edificios, sin nunca tocar el suelo. Cuando ella decide imitar la vida del equilibrista, con tal de seguirlo, este simplemente desaparece. Asimismo, \u201cno estar\u201d es una desaz\u00f3n que tambi\u00e9n tiene matices violentos, tal como percibimos en \u201cAprendiz de bruja\u201d. Una mujer ha invocado a un viento que, en un comienzo, es fascinante en su belleza y energ\u00eda, pero que luego se convierte en una vor\u00e1gine. En contraste con el texto \u201cDijo basta\u201d, apreciamos que \u201cAprendiz de bruja\u201d describe las agon\u00edas de la violencia de g\u00e9nero mediante alegor\u00edas de la naturaleza. As\u00ed, en la parte final, leemos: \u201c He invocado al viento y ahora vive en mi casa. Pero una tormenta espera agazapada en las esquinas\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, no estar en alg\u00fan lugar es tambi\u00e9n extraviarse. Al respecto, valga mencionar el cuento \u201cObjetos perdidos\u201d. La protagonista nos confiesa que tiene una colecci\u00f3n de utensilios perdidos de toda raigambre: medias, aretes, fotograf\u00edas. Su labor cotidiana es ordenar ese c\u00famulo de cosas que a nadie interesa. En el momento final, ella se reconoce a s\u00ed misma como alguien que ha perdido su ser o una parte de su cuerpo. Perderse o perder algo es otra forma de no estar en una ciudad. Atendamos as\u00ed esta declaraci\u00f3n: \u201cSolo, de vez en cuando, me pregunto si esa que fui anda tan tranquila con ese vac\u00edo en el pecho o si, por lo menos, de vez en cuando, echa de menos su coraz\u00f3n\u201d.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-667\" width=\"523\" height=\"392\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-300x225.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-768x576.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-1536x1152.jpg 1536w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-2048x1536.jpg 2048w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-1200x900.jpg 1200w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2022\/01\/Margarita-Saona-1980x1485.jpg 1980w\" sizes=\"(max-width: 523px) 100vw, 523px\" \/><figcaption>Foto: archivo de la autora<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Los desencuentros, los extrav\u00edos, las p\u00e9rdidas no acontecen de manera abrupta. No se trata de un desorden que remece o destruye, pero s\u00ed delinea zonas intempestivas que dejan huellas, cicatrices encarnadas en muchos de los personajes. Una mirada, un detalle min\u00fasculo, presencias aparentemente imperceptibles se convierten en fuerzas que aturden, despersonalizan, descolocan a los protagonistas que atraviesan estas p\u00e1ginas. M\u00e1s all\u00e1 del espacio familiar, del amor hacia otros amantes, lo intempestivo siempre surge en la propia carne y as\u00ed dejamos de ser el mismo ser, el mismo cuerpo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong><u>Datos del libro analizado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Margarita Saona<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><em>La ciudad en que no est\u00e1s. Cuentos reunidos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\">Cocodrilo Ediciones, 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Margarita Saona y las zonas intempestivas Por Christian Elguera Las narraciones de Margarita Saona en La ciudad en que no est\u00e1s nos adentran en un mundo de acontecimientos intempestivos. El primer punto a destacar es esa mirada minuciosa que traza una atm\u00f3sfera absurda, pero de forma sutil. 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