{"id":631,"date":"2021-12-22T12:56:22","date_gmt":"2021-12-22T17:56:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=631"},"modified":"2021-12-22T12:56:22","modified_gmt":"2021-12-22T17:56:22","slug":"resena-manana-nunca-llega-2021-de-tadeo-palacios","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/12\/22\/resena-manana-nunca-llega-2021-de-tadeo-palacios\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Ma\u00f1ana nunca llega (2021) de Tadeo Palacios"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>La violencia reexaminada<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por C. Brice\u00f1o \u00c1ngeles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Mailer public\u00f3 <em>Los desnudos y los muertos<\/em> tres a\u00f1os despu\u00e9s de finalizada la Segunda Guerra Mundial, para la que fue reclutado, aunque nunca lleg\u00f3 a entrar en combate; Tadeo Palacios (Piura, 1994) nos entrega un relato largo que da t\u00edtulo a su primer libro, a un a\u00f1o y d\u00edas de haberse producido el suceso que lo motiva. El autor, naturalmente, se siente parte de una generaci\u00f3n que se hizo cargo de organizar las marchas en contra de los desaciertos de un Estado, hasta el d\u00eda de hoy, envilecido; este v\u00ednculo generacional, sumado a la proximidad del hecho, lo ha motivado a componer una urgencia en lo narrado, a arriesgarse en la propuesta de, por lo menos, este relato con el cual cierra su libro, una decisi\u00f3n que contrasta con la estructura convencional de los otros textos incluidos. Para ello se ha valido de una serie de recursos como la polifon\u00eda, el testimonio, la inclusi\u00f3n de correos electr\u00f3nicos, post de Instagram, la reproducci\u00f3n de panfletos informativos, de un c\u00f3digo QR, ilustraciones, una composici\u00f3n encabalgada y con pretensiones po\u00e9ticas, etc. Los personajes tambi\u00e9n se ven inmersos en la misma urgencia. Sus testimonios son registrados mientras se desplazan por las calles del Centro de Lima y son acosados por las fuerzas policiales; es entonces cuando la prosa de Palacios intenta capturar la voz resquebrajada por el agotamiento, la respiraci\u00f3n desesperada de quien se est\u00e1 asfixiando por el gas lacrim\u00f3geno, el ritmo del repliegue y la disociaci\u00f3n de las ideas ocasionada por el dolor o la desorientaci\u00f3n. Existe, en la prosa del autor, una voz destemplada, exagerada, por momentos, al borde del paroxismo. La idea de una representaci\u00f3n de los acontecimientos, si bien en varios momentos parece encontrar un equilibrio, se ve debilitada por la incesante inclusi\u00f3n de referencias generacionales para otorgarle a los protagonistas una singularidad forzada en ciertos tramos que mengua la verosimilitud o, en todo caso, la pone en cuesti\u00f3n. As\u00ed, uno de los personajes, al verse confinado en una carceleta luego de ser golpeado por los polic\u00edas y bajo la amenaza de seguir siendo agredido, se permite ensayar una broma en la que es notoria la necesidad por hacer encajar sus influencias y su conocimiento del pasado inmediato:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfEsta pancarta es terrorista? Creo que no, a menos que alguien imagine que los dibujos de Pikachu que hemos hecho toda la tarde son alg\u00fan tipo de apolog\u00eda a Sendero Luminoso, o que el terrorista Abimael Guzm\u00e1n era entrenador Pok\u00e9mon (marxismo-leninismo-mao\u00edsmo-pensamiento-profesor Oak).<\/em> (p. 199)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Manana-nunca-llega.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-633\" width=\"508\" height=\"801\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Manana-nunca-llega.png 614w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Manana-nunca-llega-190x300.png 190w\" sizes=\"(max-width: 508px) 100vw, 508px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Este relato, a pesar de su propuesta arriesgada, no deja de ser bastante conservador en cuanto a los conflictos propuestos; siempre estamos ante una fuerza opresora o encubridora que no es capaz de cuestionarse por sus actos, y si lo hace solo es para liberarse pronto de sus reparos y continuar siendo lo opuesto a lo bueno. En consecuencia, los conflictos se resuelven f\u00e1cilmente con la violencia o las imposiciones de los que ejercen el poder, como lo son, por ejemplo, una jefa de redacci\u00f3n desmereciendo y censurando el trabajo de un reportero que ha intentado informar con objetividad o el suboficial que reduce a un manifestante mientras lo amenaza de muerte. Existe un \u00e1nimo aleccionador, como si el autor pretendiera que del relato se origine no una cr\u00edtica a la sociedad y sus din\u00e1micas, sino una exhortaci\u00f3n tal vez demasiado cercana a la advertencia moral, algo quiz\u00e1 motivado por la cercan\u00eda de los hechos abordados. Recordemos, por mencionar un caso similar, que en <em>Conversaci\u00f3n en la Catedral<\/em> se nos narran los eventos producidos durante la revoluci\u00f3n de Arequipa de 1955, pero m\u00e1s de diez a\u00f1os despu\u00e9s que estos ocurrieran. Estos reparos, sin duda, no desmerecen la labor de Palacios al momento de narrar este episodio, sobre todo por la precisa documentaci\u00f3n y la cantidad de datos que nos otorga, a la manera de una nota period\u00edstica osada, desbordante y convulsa.<\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, el punto fuerte de este libro son los relatos precedentes. En ellos, Palacios se lanza de lleno a la evocaci\u00f3n de Piura y los mecanismos \u00edntimos de esta ciudad, de la familia y de la relaci\u00f3n del individuo con la violencia y la contemplaci\u00f3n. Es entonces cuando la vena realista del autor encuentra su tono y consigue no pocos logros. Para empezar, es casi una marca de estilo el uso de un narrador en segunda persona (o confidencial) que parece referir no para el lector sino para alguien en espec\u00edfico, alguien perdido en el pasado, inalcanzable a no ser por los recuerdos; esta voz personalizada, en lugar de repelernos, nos invita es escuchar y a transformarnos, gradualmente, en el destinatario:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Tuve que desconocer mi pasado, resignarme a perder el futuro que hab\u00eda planeado contigo, Mercedes. Dejar atr\u00e1s cuanto pude haber conseguido, a mi madre, a ti y al ni\u00f1o que llevabas en el vientre. Y mientras tanto, cruzaba los r\u00edos de la frontera y trataba de conseguir refugio en pueblitos fuera del mapa, all\u00e1 en el Ecuador. Juntaba plata y rezaba para que ese dinero te llegara en encomiendas que mandaba a tu casa con nombres falsos a trav\u00e9s de amigos que conoc\u00eda all\u00e1 y que iban de paso a Piura.<\/em> (p. 145)<\/p>\n\n\n\n<p>Este realismo de buena ley se encuentra, en especial, en tres relatos. El primero es \u201cLa invitaci\u00f3n\u201d. El personaje es el cl\u00e1sico perdedor de impronta ribeyriana, aunque est\u00e1 ambientado en Piura. Palacios tiene un talento evidente para prolongar la resoluci\u00f3n del relato, y mientras tanto, mientras la narraci\u00f3n dura, parece dilatar las circunstancias para que la desaz\u00f3n del final sea m\u00e1s catastr\u00f3fica y desoladora. Se trata de un trabajador de limpieza que, por un caso de homonimia, cree haber sido invitado a una comida en su honor. El equ\u00edvoco da pie para que asistamos a sus ansias de reconocimiento y la demostraci\u00f3n de su nula relevancia en la sociedad, el ascenso y la ca\u00edda de su autoestima, algo que nos recuerda a \u201cEl profesor suplente\u201d de J. R. Ribeyro:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Aquella tarde de s\u00e1bado, con el hambre subi\u00e9ndole por la garganta y una amarga c\u00f3lera desliz\u00e1ndose por su espinazo, Te\u00f3filo comprob\u00f3 dos cosas mientras recog\u00eda sus pasos hacia el paradero de motos del \u00f3valo Bolognesi: la primera fue que, despu\u00e9s de todo, Armando Dioses era un pobre rosquete. Y la segunda, y quiz\u00e1 la m\u00e1s importante, era que su mujer estaba en lo correcto: la mona, aunque se vista de seda, mona siempre se queda.<\/em> (p. 35)<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cCuando salta la liebre\u201d, por el contrario, es un relato sin concesiones al humor o la iron\u00eda, a diferencia del anterior. El narrador, un abogado en ciernes, se topa con la madre de un detenido y asiste a la desolaci\u00f3n de la mujer ocasionada por las circunstancias que le han tocado vivir. Aqu\u00ed la prosa de Palacios es funcional, recrudece e incide en las descripciones de ambientes\/fisonom\u00edas para ampliar un ambiente de claroscuros, sucio, de una indeterminaci\u00f3n burocr\u00e1tica que es, tambi\u00e9n, decadente y pernicioso. Ya en varios de sus relatos Palacios incurre en la exacerbaci\u00f3n del mismo lenguaje a trav\u00e9s de jergas, modismos o insultos, pero aqu\u00ed decide, adem\u00e1s, construir una voz que est\u00e1 a punto de hacerse ininteligible, acentuando as\u00ed la precariedad de la comunicaci\u00f3n y la distancia entre los individuos: \u201cA miju luan met\u00edo en el calabozo ese. Ni bien me dijieron, me vine a la carrerita a ver si era verd\u00e1. Dejeguro, si luan encerrau, ha di ser por error\u201d (p. 101). Es un buen relato, aunque exista, en el cierre, esa advertencia moral a la que alud\u00ed l\u00edneas arriba:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Me enferma Crisanto, me enferma V., pero me enferman mucho m\u00e1s los que solo seguimos empujando en silencio hasta que, de pronto, todo se desborde. Lo lamento: me sobrepasa, me excede y derrota este juego de sombrar y gestos. Hay d\u00edas como este en los que no puedo hacer m\u00e1s que avanzar y sentirme profundamente miserable.<\/em> (p. 107)<\/p>\n\n\n\n<p>El abuso y la venganza son los temas de \u201cTodo lo s\u00f3lido se desvanece en el aire\u201d. Una mujer asesina a su conviviente, Montoya, un teniente de la polic\u00eda que la maltrata sistem\u00e1ticamente. El relato es un viaje a los or\u00edgenes de la relaci\u00f3n entre ambos y la degradaci\u00f3n de la misma. Palacios emplea con correcci\u00f3n la superposici\u00f3n de planos temporales para que su historia gane en intensidad, hasta desencadenar en un final extra\u00f1o, de un onirismo que deja una sensaci\u00f3n agridulce, como si el final de la venganza no fuera su consumaci\u00f3n, sino que se prolongara hasta l\u00edmites pesadillescos. Como en varios de los relatos de <em>Ma\u00f1ana nunca llega<\/em>, Palacios demuestra una solvencia en la construcci\u00f3n de los di\u00e1logos, quiz\u00e1 uno de los elementos m\u00e1s dif\u00edciles de lograr en las ficciones por lo complejo que resulta hacer encajar una voz a una personalidad en espec\u00edfico; el autor, sin embargo, consigue su objetivo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014Despu\u00e9s de la borrachera que usted y su gente le alcahuetearon, Montoyita quiso que lo atendieran. Vel\u00e9 su sue\u00f1o. Y me sent\u00ed sucia, y m\u00e1s sucia todav\u00eda cuando me dijo que lo sent\u00eda, que ser\u00eda bueno, que iba a cambiar. Moqueaba y no dejaba de retorcerse. \u00a1Incluso se atrevi\u00f3 a mencionar a nuestro hijo! \u00a1El hijo que mat\u00f3 a patadas en mis entra\u00f1as! \u00bfLo ve? El muy infeliz debi\u00f3 presentir que de esta no pasaba. Hac\u00eda mucho que estaba convencida de cobr\u00e1rmelas todas. El trago le estrujaba las tripas y los sesos. \u00a1Imag\u00ednese, mayor! El hombre que me desfigur\u00f3 estaba tumbado, panza arriba, lleno de mierda y v\u00f3mito. Ay, Montoya. Eras malo, \u00a1malo como el Veneno! Me suplic\u00f3 llorando que le alcanzara las pastillas para el dolor. Casi sent\u00ed pena\u2026<\/em> (p. 121)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Tadeo-Palacios.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-632\" width=\"410\" height=\"558\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Tadeo-Palacios.jpg 376w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Tadeo-Palacios-220x300.jpg 220w\" sizes=\"(max-width: 410px) 100vw, 410px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>A pesar de su juventud, Palacios es un narrador decidido, sin temor a experimentar con las posibilidades de su po\u00e9tica, aunque es cierto que, a veces, extralimita sus posibilidades. El realismo que propone bebe de autores de nuestra tradici\u00f3n como Guti\u00e9rrez, Dughi, Ninapayta y, por supuesto, el Ribeyro cuentista (al igual que este \u00faltimo, entrega sus mejores p\u00e1ginas cuando se alinea con una narraci\u00f3n convencional, a diferencia de, p. ej., el primer Vargas Llosa, quien sale airoso cuando se adentra en estructuras complejas como <em>Los cachorros<\/em>), aunque ello, desde luego, es el inicio de sus exploraciones en la ficci\u00f3n y tiene tiempo de sobra para pulir esos detalles. De esta forma, <em>Ma\u00f1ana nunca llega<\/em> es un buen libro para acceder a los nuevos registros de nuestra narrativa, a sus cuestionamientos y a la revisi\u00f3n de temas y atm\u00f3sferas que es necesario no olvidar y cuya ejecuci\u00f3n y est\u00e9tica podr\u00edan ser un anticipo de lo por venir.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tadeo Palacios<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ma\u00f1ana nunca llega<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Editorial Pesopluma, 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La violencia reexaminada Por C. 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