{"id":622,"date":"2021-12-20T15:29:08","date_gmt":"2021-12-20T20:29:08","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=622"},"modified":"2021-12-20T15:33:30","modified_gmt":"2021-12-20T20:33:30","slug":"resena-no-he-de-volver-a-escribir-2021-de-lizardo-cruzado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/12\/20\/resena-no-he-de-volver-a-escribir-2021-de-lizardo-cruzado\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: No he de volver a escribir (2019) de Lizardo Cruzado"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Los d\u00edas, las horas, los a\u00f1os<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Cristhian Brice\u00f1o<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tildar a alguien de genio cuando solo ha publicado un libro es lanzar una moneda al aire. No porque el libro en cuesti\u00f3n no haya tocado en nosotros esas cuerdas de dif\u00edcil acceso que, una vez pulsadas, hacen imposible el trabajo de contener la melod\u00eda de nuestro propio entusiasmo, sino porque esa melod\u00eda nos distrae de todo lo dem\u00e1s y perdemos temporalmente cualquier capacidad de reacci\u00f3n, sin olvidarnos, claro est\u00e1, de que nuestros sentidos no ser\u00e1n los mismos de las personas que vivir\u00e1n cien, doscientos a\u00f1os despu\u00e9s de nosotros. La lectura es una conversaci\u00f3n con nuestra edad (f\u00edsica o emocional), con nuestra ignorancia e inocencia, con nuestras expectativas: leer, en definitiva, es un estado de \u00e1nimo. As\u00ed, los poemas no son especies embalsamadas en estantes a temperaturas conservativas donde su belleza ser\u00e1 preservada, con seguridad, hasta despu\u00e9s del Apocalipsis, sino m\u00e1s bien son organismos vivos que tienden a encontrarse un d\u00eda en ambientes hostiles, a deteriorarse, a desaparecer de la memoria. Decir que no he disfrutado con los poemas de Lizardo Cruzado (Trujillo, 1975) ser\u00eda mentir. Al leerlos sent\u00ed, como muchos, el milagro de la poes\u00eda obr\u00e1ndose ante m\u00ed en esa breve eternidad que permanece con nosotros durante una cantidad finita de versos y luego se vuelve reflexi\u00f3n o mero recuerdo. Cuando hablo de los poemas de Cruzado me refiero a aquellos que le\u00ed en un libro de poes\u00eda peruana del siglo XX que consegu\u00ed en el Centro de Lima, y donde aparec\u00edan sus <em>hits<\/em>: <em>Para M.M.<\/em>, <em>Poema<\/em>, <em>Pap\u00e1<\/em> y <em>Ars<\/em>. Algo distinto me sucedi\u00f3 cuando tuve acceso a su primer libro, <em>Este es mi cuerpo<\/em>. La cantidad de poemas en la colecci\u00f3n me pareci\u00f3 excesiva, un marem\u00e1gnum dentro del cual se perd\u00eda lo realmente valioso, es decir, ese pu\u00f1ado de poemas excelentes y repetidos hasta el hartazgo en antolog\u00edas, revistas y publicaciones especializadas. Me pregunt\u00e9, entonces, por qu\u00e9 esa promesa del gran libro no hab\u00eda tenido efecto en m\u00ed, sabiendo que <em>Este es mi cuerpo<\/em> es ya un poemario de culto, famoso por la precocidad de su autor y que deber\u00eda absorber, con su solo prestigio, cualquier atisbo de vacilaci\u00f3n. Sus temas nos resultan cercanos, es decir, los mecanismos de la convivencia familiar, el amor\/desamor adolescente (y, por tanto, aut\u00e9ntico), el erotismo del autodescubrimiento corporal, la reflexi\u00f3n sobre el acto de escribir el poema, etc. Quiz\u00e1 todo se trate de una cuesti\u00f3n de sensibilidad, como si para leer ciertos libros uno debiera calzarse unas gafas, y los cristales de estas gafas tendr\u00edan que estar calibrados para adecuarnos al esp\u00edritu con el que fueron escritos los poemas. Alguien podr\u00eda decir que si el poema no logra eso sin ayuda de esas gafas imaginarias, entonces no ha conseguido su prop\u00f3sito; yo quiero creer que fue culpa de mi expectativa, de lo contaminado que estuve o estoy de otras lecturas.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/no-he-de-volver-a-escribir-800x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-623\" width=\"543\" height=\"694\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/no-he-de-volver-a-escribir-800x1024.png 800w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/no-he-de-volver-a-escribir-234x300.png 234w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/no-he-de-volver-a-escribir-768x983.png 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/no-he-de-volver-a-escribir.png 1000w\" sizes=\"(max-width: 543px) 100vw, 543px\" \/><figcaption>Foto: Editorial Pesopluma<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>M\u00e1s de veinte a\u00f1os despu\u00e9s, Cruzado ha dado a la imprenta una nueva colecci\u00f3n titulada <em>No he de volver a escribir<\/em> (Pesopluma, 2019). Se trata de un libro dividido en tres secciones, las cuales muy bien podr\u00edan haber sido publicadas por separado, ya que se nota la distancia que existe entre una y otra, la evoluci\u00f3n de su escritura, el desplazamiento de tem\u00e1ticas, aunque sobrevive en ellas ese tono amateur, desinteresado de la afectaci\u00f3n po\u00e9tica -lo dice el autor por boca del personaje de sus poemas: \u00abNo soy poeta\/ No he estudiado para esto\/ No he ido a talleres para esto\/ No es mi profesi\u00f3n ni mi oficio\u00bb (<em>Ars<\/em>, pp.107)- ese humor y vocabulario adolescentes, referencial en su escritura. La primera secci\u00f3n, <em>Libro de los d\u00edas<\/em>, es la m\u00e1s pr\u00f3xima a <em>Este es mi cuerpo<\/em>. Muchos de los poemas son evocativos de la infancia, reflexiones sobre el quehacer de los padres y c\u00f3mo cada gesto, cada acci\u00f3n, va encontrando, en el futuro, una forma de manifestarse y revelar un nuevo sentido. As\u00ed, un d\u00eda feriado, por ejemplo, es un motivo para reflexionar no solo en las batallas de los grandes h\u00e9roes de la patria, aquellas cuyas pormenores (o an\u00e9cdotas) son conocidos por todos y pueden hallarse al abrir hasta el m\u00e1s elemental libro de historia, sino tambi\u00e9n es pretexto para mirar el entorno m\u00e1s cercano y advertir las luchas cotidianas de los padres, sus derrotas silenciosas y el efecto de todo esto en la sensibilidad del hijo. Si en <em>Este es mi cuerpo<\/em> parec\u00eda que la balanza se inclinaba a favor de la madre, es decir, a su estudio, a su indagaci\u00f3n, en <em>No he de volver a escribir<\/em> parece inclinarse a favor de la figura paterna:<\/p>\n\n\n\n<p>Pap\u00e1 andaba<\/p>\n\n\n\n<p>Enfrascado en interminables y<\/p>\n\n\n\n<p>Solitarias batallas<\/p>\n\n\n\n<p>Tambale\u00e1ndose por las noches<\/p>\n\n\n\n<p>Desde mi lecho lo o\u00eda tropezar y<\/p>\n\n\n\n<p>Arrojar exhausto sus armas<\/p>\n\n\n\n<p>Pero nunca me atrev\u00ed a saltar<\/p>\n\n\n\n<p>A su encuentro para<\/p>\n\n\n\n<p>Preguntarle si<\/p>\n\n\n\n<p>Hab\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Triunfado (<strong>Los H\u00e9roes, p. 35<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Por lo menos una decena de poemas incluidos en esta secci\u00f3n tienen el encanto y ese inexplicable virtuosismo con el que Cruzado sabe conmover al lector, a la manera de los poemas m\u00e1s celebrados de su primer libro. En efecto, no es poco lo alcanzado, y el lector que est\u00e9 esperando retomar la emoci\u00f3n adolescente de <em>Este es mi cuerpo<\/em>, ese buen pulso para dibujar una escena c\u00f3mica por ingenua, encontrara ac\u00e1 un buen lugar donde cebarse con aquel estilo ligero pero de una profundidad desoladora. En eso podr\u00eda radicar el impacto de Cruzado en las nuevas generaciones de lectores, en su capacidad para crear un personaje que emplea un lenguaje prosaico para construir la belleza de sus revelaciones, una actitud que tambi\u00e9n podemos reconocer en la prosa de juventud de Mart\u00edn Ad\u00e1n o de Reynoso, en la poes\u00eda de Luis Hern\u00e1ndez, con la diferencia de que Cruzado hizo suyo un lenguaje, una entonaci\u00f3n deudora de la d\u00e9cada de los noventa y puede decirse que incluso ahora sobrevive parcialmente, no como una reliquia sino m\u00e1s bien como testimonio:<\/p>\n\n\n\n<p>De mi adolescencia<\/p>\n\n\n\n<p>Recordar\u00e9 tan s\u00f3lo<\/p>\n\n\n\n<p>Un objeto que cambiaba de tama\u00f1o<\/p>\n\n\n\n<p>En mi mano:<\/p>\n\n\n\n<p>Un l\u00e1piz o mi falo<\/p>\n\n\n\n<p>Y una puerta que jam\u00e1s cruc\u00e9<\/p>\n\n\n\n<p>En el piso unos poemas arrugados<\/p>\n\n\n\n<p>Y en el pecho<\/p>\n\n\n\n<p>Un coraz\u00f3n<\/p>\n\n\n\n<p>Que se extend\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Y volv\u00eda a arrugar<\/p>\n\n\n\n<p>Despu\u00e9s de escribir (<strong>El adolescente, p. 59<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>En otros poemas encontraremos una estrategia similar a la empleada por Watanabe en cuanto a la estructura; se inserta una an\u00e9cdota de juventud, plagada de detalles que hacen destacar una historia, es decir, hay una intenci\u00f3n narrativa, de representaci\u00f3n de la realidad, luego de la cual se da paso a una met\u00e1fora que funciona como remate, como ense\u00f1anza que alcanza su forma final en el presente y se revela a trav\u00e9s del poema; muestras de esto son <em>Los colores<\/em> o <em>Las muertes<\/em>:<\/p>\n\n\n\n<p>Yo ahora me estoy agarrando<\/p>\n\n\n\n<p>Fuerte hermanita bien fuerte<\/p>\n\n\n\n<p>Sin caerme<\/p>\n\n\n\n<p>Como t\u00fa desde peque\u00f1a dec\u00edas<\/p>\n\n\n\n<p>Que hay que hacer (<strong>Las muertes, p. 81<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Por \u00faltimo tenemos los poemas que remiten al acto de la escritura, un tema que, al parecer, est\u00e1 asociado a la fase primigenia de Cruzado:<\/p>\n\n\n\n<p>Una rosa que sangra<\/p>\n\n\n\n<p>Puede diluir la poes\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>En el mar<\/p>\n\n\n\n<p>De una gota<\/p>\n\n\n\n<p>Puede apagar el<\/p>\n\n\n\n<p>Incendio del mundo antes<\/p>\n\n\n\n<p>Que llegue a encenderse<\/p>\n\n\n\n<p>Y hasta<\/p>\n\n\n\n<p>Con infinita ternura puede<\/p>\n\n\n\n<p>Ahogar a la Muerte<\/p>\n\n\n\n<p>Pero no puede<\/p>\n\n\n\n<p>Dejar de sangrar (<strong>Rosa para un suicida, p. 102<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>La segunda secci\u00f3n, <em>Libro de las horas<\/em>, presenta los primeros cambios significativos. Los poemas ganan en extensi\u00f3n de versos (algunos, incluso, se convierten en una suerte de prosa) y se introduce el tema de la paternidad, algo que en la secci\u00f3n anterior ya pod\u00eda vislumbrarse, por ejemplo, en <em>Lira<\/em> (dedicado a la hija del poeta y que emplea una configuraci\u00f3n semejante a \u00ab*\u00bb o a \u00abPoema escrito en una m\u00e1quina de escribir\u00bb, ambos incluidos en <em>Este es mi cuerpo<\/em>):<\/p>\n\n\n\n<p>Mi hijo me lleva de la mano a la salida de<\/p>\n\n\n\n<p>Su escuela y me conduce hasta la casa<\/p>\n\n\n\n<p>Para que el sol no nos derrita compramos cual<\/p>\n\n\n\n<p>Talism\u00e1n unos helados que se van haciendo agua<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras \u00e9l me informa de sus guerras mundiales<\/p>\n\n\n\n<p>En el patio de recreo hoy por la ma\u00f1ana (<strong>Dos de la tarde, p. 135<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Es posible que al lector le quede claro el simbolismo de presentarse esta secci\u00f3n como un recuento de cada hora del d\u00eda. Aqu\u00ed, el insomnio y la vigilia son dos estados de hiperconsciencia en los cuales se echa a andar una m\u00e1quina introspectiva que hace un recuento del presente, con algunas escalas en el pasado y algunas suposiciones del futuro. Ya no estamos ante la mirada juvenil de la secci\u00f3n anterior, sino se nos muestra lo tortuoso del mundo adulto y sus complicaciones, sus responsabilidades, padecimientos y deudas. Son numerosas las alusiones al paso del tiempo y la imposibilidad de asirlo sin resultar vencido; por eso, el discurso intenta advertir (pr\u00e1cticamente en cada uno de los poemas) sobre lo valioso del ahora, sobre su inmediata caducidad:<\/p>\n\n\n\n<p>Disfruta un instante<\/p>\n\n\n\n<p>Este instante inaudito (<strong>Seis de la ma\u00f1ana, p. 126<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Como si un reloj loco<\/p>\n\n\n\n<p>Gobernase el tiempo (<strong>Nueve de la ma\u00f1ana, p. 130<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Como todas las tarde yo<\/p>\n\n\n\n<p>Recoger\u00e9 las sombras y<\/p>\n\n\n\n<p>Me alcanzar\u00e1 para seguir<\/p>\n\n\n\n<p>Viviendo<\/p>\n\n\n\n<p>Cada noche (<strong>Tres de la tarde, p. 137<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Y resta solamente una hora<\/p>\n\n\n\n<p>Para este cotidiano<\/p>\n\n\n\n<p>Fin (<strong>Once de la noche, p. 149<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo, adem\u00e1s de ser una abstracci\u00f3n relativizada por la percepci\u00f3n y materializada por el mecanismo de un reloj, es tambi\u00e9n desperfecto corporal, aviso de una degeneraci\u00f3n parcial y s\u00edntoma de la adultez. En los poemas de esta secci\u00f3n el cuerpo es el aviso del transcurrir; las funciones fisiol\u00f3gicas, alteradas, marcan un horario alterado, muy diferente a la sincronizaci\u00f3n de la juventud. En \u00abDos de la ma\u00f1ana\u00bb es la hipertrofia de la pr\u00f3stata lo que ocasiona el desorden y da cuenta de una perdida vitalidad sexual, imagen reveladora que marca distancia, otra vez, con la imagen adolescente y despreocupada. El \u00faltimo poema de esta secci\u00f3n reafirma la progresiva derrota del cuerpo, aunque la tristeza se intercambia por humor para que el poema no naufrague en el patetismo:<\/p>\n\n\n\n<p>Ya no es m\u00e9rito controlar<\/p>\n\n\n\n<p>El esf\u00ednter<\/p>\n\n\n\n<p>A\u00fan a medianoche<\/p>\n\n\n\n<p>En la oscuridad m\u00e1s<\/p>\n\n\n\n<p>Absoluta<\/p>\n\n\n\n<p>Acabo de defecar y<\/p>\n\n\n\n<p>Estoy<\/p>\n\n\n\n<p>Solo (<strong>Medianoche, p. 150<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>El tiempo y su consumici\u00f3n es tambi\u00e9n el tema central de <em>Libro de los a\u00f1os<\/em>. Un par de peculiaridades la distancian de la secci\u00f3n anterior. La primera ser\u00eda formal, pues aqu\u00ed se aprecia una fluidez en cuanto a la sucesi\u00f3n de versos, organizados en largas estrofas que parecen contener una ret\u00f3rica interrogaci\u00f3n sobre la palabra y como \u00e9sta es una forma de defensa contra lo ef\u00edmero. La segunda ser\u00eda una visi\u00f3n menos oscura del paso del tiempo, al cual se antepone el poema como producto del transcurrir, as\u00ed como se inserta la imagen del agua corriente y su tradicional v\u00ednculo con el cambio, con la velocidad, con la renovaci\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p>El agua es como el tiempo<\/p>\n\n\n\n<p>Lo que discurre sin sosiego y tambi\u00e9n se encharca<\/p>\n\n\n\n<p>El hervor que enciende y la frialdad m\u00e1s l\u00f3brega<\/p>\n\n\n\n<p>El oc\u00e9ano o la tempestad o la gota<\/p>\n\n\n\n<p>Fluido que no cesa hasta que se evapora (<strong>II, p. 156<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<p>Es posible que en estos poemas se nos revele un Cruzado con un dominio m\u00e1s n\u00edtido de esa extra\u00f1a capacidad que tiene para descubrirnos las mismas cosas con diferentes recuerdos y ejemplos, con evocaciones de su siempre latente estado de juventud, el cual parece una fuente inagotable de met\u00e1foras, invenciones quiz\u00e1 de su talento como poeta. Es notable, nuevamente, ese estilo desprolijo en apariencia, el flujo de un lirismo desbocado, en este caso, al punto de hacerse m\u00e1s notoria la ausencia de puntuaci\u00f3n, por ejemplo, la inapelable continuidad de ideas que parecen ser, por s\u00ed, una imagen desprendida del concepto del agua y su decurso. Es entonces, seg\u00fan veo, cuando el poema alcanza una pureza ya distinta a sus poemas cl\u00e1sicos, algo equivalente a un nuevo orden en su po\u00e9tica, como si la intuici\u00f3n del adolescente que fue encontrara un pulso desconocido, menos sensiblero, que prescinde de lo vac\u00edo de los juegos de palabras o la jerga accesoria, para centrarse en trasmutar una emoci\u00f3n en versos de justa cadencia y fraseo:<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed estoy<\/p>\n\n\n\n<p>Como un sonso<\/p>\n\n\n\n<p>Me prepar\u00e9 para todo<\/p>\n\n\n\n<p>No para el tiempo<\/p>\n\n\n\n<p>Ni para el agua<\/p>\n\n\n\n<p>Que trajo y se llev\u00f3 cosas<\/p>\n\n\n\n<p>Sumergi\u00f3 algunas y sac\u00f3 otras al sol<\/p>\n\n\n\n<p>De charco en charco<\/p>\n\n\n\n<p>Un charco ha emergido a la superficie de otro<\/p>\n\n\n\n<p>Y como ave de corral<\/p>\n\n\n\n<p>Bebe hipnotizado del borde del poema (<strong>VI, 164<\/strong>)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/lizardo-cruzado-01.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-624\" width=\"487\" height=\"487\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/lizardo-cruzado-01.jpg 370w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/lizardo-cruzado-01-300x300.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/lizardo-cruzado-01-150x150.jpg 150w\" sizes=\"(max-width: 487px) 100vw, 487px\" \/><figcaption>Foto: Editorial Pesopluma<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El brillo, la resoluci\u00f3n de esta secci\u00f3n es un aviso tambi\u00e9n del paso del tiempo y propone un ejercicio de contraste. A pesar de la autorreferencialidad en todos los poemas de Cruzado, creo que la del tramo final de <em>No he de volver a escribir<\/em> contiene a las anteriores y tambi\u00e9n a <em>Este es mi cuerpo<\/em>, de una forma que solo la vida vivida y experimentada consigue hacer incontestable. Es posible que otros valoren m\u00e1s el llamativo brillo de sus primeros poemas, evidencia de su precocidad e instinto po\u00e9tico; ello que tiene que ver mucho con el mito del poeta joven como promesa, como especulaci\u00f3n afrodis\u00edaca. Tal cual dije al principio, la sensibilidad orienta las lecturas y divide las opiniones, nos imanta de manera selectiva, predisponiendo nuestro gusto hacia ciertas propuestas. Yo me decanto por este \u00faltimo libro, por su \u00faltima secci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lizardo Cruzado<\/p>\n\n\n\n<p><em>No he de volver a escribir<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Editorial Pesopluma, 2019<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Los d\u00edas, las horas, los a\u00f1os Por Cristhian Brice\u00f1o Tildar a alguien de genio cuando solo ha publicado un libro es lanzar una moneda al aire. 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