{"id":617,"date":"2021-12-18T17:53:45","date_gmt":"2021-12-18T22:53:45","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=617"},"modified":"2021-12-18T17:53:45","modified_gmt":"2021-12-18T22:53:45","slug":"junto-al-sena-3","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/12\/18\/junto-al-sena-3\/","title":{"rendered":"Junto al Sena"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong><em>No hay m\u00e1s ciudad<\/em><\/strong><strong>, novela de Francisco Izquierdo Quea<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Carlos Germ\u00e1n Am\u00e9zaga<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un gato muy <em>achorado<\/em>, atento a todo lo que pasa a su alrededor; una chica guapa, elegante y sexi, que sabe lo que quiere y c\u00f3mo lo quiere; y un hombre a ratos descarriado, sin una conciencia fija en su destino, son las figuras centrales de la novela <em>No hay m\u00e1s ciudad<\/em>, en la que su autor retrata, en poco m\u00e1s de 160 p\u00e1ginas, los a\u00f1os 90 y principios del siglo XXI en el Per\u00fa, en algunos distritos de Lima, en particular: Chorrillos, Bre\u00f1a y algunos otros lugares m\u00e1s espec\u00edficos como la Universidad de San Marcos y los bares del centro de Lima.\u00a0<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"409\" height=\"613\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/No-hay-mas-ciudad.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-618\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/No-hay-mas-ciudad.jpg 409w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/No-hay-mas-ciudad-200x300.jpg 200w\" sizes=\"(max-width: 409px) 100vw, 409px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>H\u00e9ctor es un gato, un minino, pero, al mismo tiempo, parece muy humano, pues piensa y act\u00faa como tal. Con sus pares, los gatos del barrio, procede como lo har\u00eda cualquier muchacho con sus amigos; tiene, adem\u00e1s, un <em>affaire<\/em> con su amiga Telma, una bella gata del vecindario de Chorrillos, donde vive con Claudia y Germ\u00e1n. Ellos lo tratan muy bien, pero entre ellos se llevan mal y terminar\u00e1n separ\u00e1ndose.<\/p>\n\n\n\n<p>Claudia es enfermera y lleva una doble vida; estudia en la universidad y dos veces por semana atiende en un establecimiento para hombres. Se siente superior a las otras chicas del bar y aprovecha su talento para conocer algunos personajes interesantes y ganar mucho dinero, pero sin llegar necesariamente al sexo. A este lo conoce con las otras chicas, con quienes comparte org\u00edas y realiza intercambio de parejas. Sale del bar cuando se pelea con una de sus compa\u00f1eras. Su vida con Germ\u00e1n, a veces pl\u00e1cida, no resulta del todo buena y comienza a enga\u00f1arlo con un compa\u00f1ero del hospital, hasta que un d\u00eda Germ\u00e1n los descubre y se pelean entre ellos, lo cual marca el final de la relaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>Germ\u00e1n vive con su madre y su padre, quien viene a Lima de vez en cuando. Entra a la universidad, cambia de carrera y al final la deja. Siempre ha querido filmar y su sue\u00f1o es ser director de una pel\u00edcula cuya historia sea tambi\u00e9n suya. En esa \u00e9poca conoce a Claudia y se van a vivir juntos a Chorrillos, donde conviven con H\u00e9ctor y, al principio, les va muy bien juntos.<\/p>\n\n\n\n<p>Germ\u00e1n tiene dos amigos, Matsahuide y Bautista, gordos los dos, poetas, medio desadaptados (al estilo de Lima y Belano, los realistas viscerales de <em>Los detectives salvajes<\/em>), con quienes se junta en su casa para conversar, ver pel\u00edculas, beber y comer. Ambos son muy categ\u00f3ricos en sus gustos po\u00e9ticos. Esta posici\u00f3n irreductible los llevar\u00e1 en alg\u00fan momento a pasar a la acci\u00f3n y ser\u00e1n los autores de un incendio en el que desaparecen a toda una serie de poetas y cr\u00edticos.<\/p>\n\n\n\n<p>Esta es, a grandes rasgos, el argumento de la novela&nbsp; de Francisco Izquierdo, en la cual el autor nos va develando poco a poco una cierta idea de destrucci\u00f3n: se destruye la vida de pareja de Germ\u00e1n y Claudia; se destruyen los sue\u00f1os de Germ\u00e1n de querer hacer su pel\u00edcula con su propio guion; se destruye la vida de H\u00e9ctor, quien hab\u00eda logrado pasar lo mejor de su existencia con una pareja que luego se separa; y, por supuesto, esa gran hecatombe que significa el incendio final, ser\u00e1 un poco la cat\u00e1strofe que representar\u00e1 ese quiebre en las vidas de los personajes: Germ\u00e1n perder\u00e1 a sus amigos, se quedar\u00e1 solo, sin Claudia y sin H\u00e9ctor y su destino se presentar\u00e1 sombr\u00edo; Claudia habr\u00e1 encontrado quiz\u00e1s el amor en su nuevo novio y probablemente dejar\u00e1 una vez m\u00e1s su casa, pues tomar\u00e1 a H\u00e9ctor para llev\u00e1rselo; y, finalmente, H\u00e9ctor, luego de recuperarse de una atroz pelea con otros gatos, empezar\u00e1 una nueva vida con Claudia, pues se va con ella a un lugar desconocido, pero supuestamente mejor.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela, dividida en cinco cap\u00edtulos, es narrada por los distintos personajes, incluso por el gato H\u00e9ctor, lo cual hace posible que cada uno de ellos sea visto desde la propia perspectiva del actor, pero tambi\u00e9n desde el punto de vista de los dem\u00e1s, lo cual, como suele ocurrir, no siempre genera coincidencias. De all\u00ed que los sue\u00f1os de uno y las ambiciones de la otra terminen chocando entre s\u00ed y determinen una separaci\u00f3n que afectar\u00e1 a todos: hombre, mujer y gato, aunque de manera diferente.<\/p>\n\n\n\n<p>La novela de Francisco Izquierdo Quea me ha gustado, porque sus protagonistas son seres reales de carne y hueso que viven, se desarrollan y construyen relaciones entre s\u00ed, en una sociedad de clase media lime\u00f1a de finales de los 90, en medio de los problemas y sinsabores de aquella \u00e9poca. Adem\u00e1s, de manera muy original, Izquierdo le da una voz propia al gato de la pareja, lo cual ofrece un colorido especial a la narraci\u00f3n desde un plano en general inusitado.<\/p>\n\n\n\n<p>Germ\u00e1n es el que pierde m\u00e1s a lo largo de la novela, tal vez porque nunca pudo ubicarse plenamente en lo que quer\u00eda lograr; de all\u00ed que en alg\u00fan momento se dice de \u00e9l: \u00abVolvi\u00f3 tras sus pasos y tuvo la sensaci\u00f3n que el ambiente estaba m\u00e1s fr\u00edo que hac\u00eda instantes. Sinti\u00f3 ganas de beber algo caliente, un t\u00e9 o un caf\u00e9, pero desech\u00f3 r\u00e1pidamente la idea. No quer\u00eda volver a hablar con los polic\u00edas. La cabeza le dol\u00eda. Se instal\u00f3 en la silla dej\u00e1ndose caer por el respaldar. \u00bfQui\u00e9n es qui\u00e9n en todo esto, Germ\u00e1n? \u00bfQui\u00e9n eres t\u00fa?\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"580\" height=\"330\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Francisco-Izquierdo-Quea.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-619\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Francisco-Izquierdo-Quea.jpg 580w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Francisco-Izquierdo-Quea-300x171.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 580px) 100vw, 580px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Esa sensaci\u00f3n reflejada en las preguntas que se hace el protagonista, de ausencia de definici\u00f3n, de melancol\u00eda, aunque tambi\u00e9n de cierto optimismo en el futuro, es aquella que al final nos deja la lectura de <em>No hay m\u00e1s ciudad<\/em>. Seguiremos esperando con entusiasmo una nueva entrega del autor.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><u>Datos del libro comentado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Francisco Izquierdo Quea<\/p>\n\n\n\n<p><em>No hay m\u00e1s ciudad<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Animal de Invierno, 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>No hay m\u00e1s ciudad, novela de Francisco Izquierdo Quea Por Carlos Germ\u00e1n Am\u00e9zaga Un gato muy achorado, atento a todo lo que pasa a su alrededor; una chica guapa, elegante y sexi, que sabe lo que quiere y c\u00f3mo lo quiere; y un hombre a ratos descarriado, sin una conciencia fija en su destino, son [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[197,194,1,9],"tags":[215,258,214,259],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/617"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=617"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/617\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":620,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/617\/revisions\/620"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=617"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=617"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=617"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}