{"id":610,"date":"2021-12-16T23:47:22","date_gmt":"2021-12-17T04:47:22","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=610"},"modified":"2021-12-16T23:51:40","modified_gmt":"2021-12-17T04:51:40","slug":"resena-el-califato-de-lima-2021-de-diego-otero","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/12\/16\/resena-el-califato-de-lima-2021-de-diego-otero\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: El Califato de Lima (2021) de Diego Otero"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Instrucciones para construir una ciudad<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Cristhian Brice\u00f1o<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El v\u00ednculo entre ciudad y conflicto tiene larga data. \u201cGran ramera\u201d llama San Juan a Babilonia en el Apocalipsis (aunque bien podr\u00eda estarse refiriendo a Jerusal\u00e9n o Roma, supuestas capitales del pecado y del cuestionamiento al dios de los hebreos), con todos las alcances epit\u00e9ticos que ello supone; Thomas Chatterton, indispuesto por el desprecio de sus cong\u00e9neres, se refiere a Bristol, su lugar de nacimiento, como una \u201cinmunda ciudad de ladrillos\u201d poco antes de cometer suicidio; supongo que Antonio Cisneros alud\u00eda a Lima con su famosa met\u00e1fora de la ballena, si consideramos, por supuesto, la humedad sempiterna, la gris oscuridad, el fr\u00edo envolvente, el hedor a sargazo y a manada de peces. Diego Otero (Lima, 1973), por su parte, hace uso de un sistema pol\u00edtico extranjero para enunciar su especulaci\u00f3n po\u00e9tica: el califato. Si bien este r\u00e9gimen se emparenta naturalmente con el elemento religioso, Otero ha decidido sintetizar esta simbolog\u00eda hasta quedarse con el componente restrictivo. Al insertar a su yo po\u00e9tico en un \u00e1mbito ajeno desata el conflicto, el cual propicia los cuestionamientos sobre su relaci\u00f3n con el entorno y los mecanismos que debe emplearse para establecer una conexi\u00f3n saludable con \u00e9l. Son elocuentes y peri\u00f3dicas las im\u00e1genes de estrechez dentro de la geograf\u00eda urbana; los edificios, por ejemplo, se vuelven espacios reducidos \u00fanicamente a la circulaci\u00f3n dentro de ellos, a las galer\u00edas por donde el individuo suele transitar, pero parece no haber espacio para el establecimiento o el descanso:<\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp; Una cerviz flexible, que<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>nos permite asentir<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y desplazar el cuerpo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>por las zonas en que el edificio se vuelve<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>angosto como la madriguera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de un topo o el ojo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de una cerradura<\/em>. (p. 47)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/El-califato-de-Lima-690x1024.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-611\" width=\"501\" height=\"743\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/El-califato-de-Lima-690x1024.jpg 690w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/El-califato-de-Lima-202x300.jpg 202w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/El-califato-de-Lima-768x1139.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/El-califato-de-Lima.jpg 879w\" sizes=\"(max-width: 501px) 100vw, 501px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>De una forma reiterativa, se nos habla de ductos o de espacios estrechos e impracticables, por referirse a la cuota alienante con la cual el individuo se enfrenta en su cotidianeidad; la estrechez de esos espacios abruma a quien se ve obligado a ocuparlos con su presencia, a refugiarse en ellos mientras va perfeccionando su capacidad de adaptarse al entorno an\u00f3malo o que se percibe como tal. Para mayores luces, en el fragmento anterior, encontramos la imagen de la cerviz flexible, que nos indica un estado de apocamiento, pero tambi\u00e9n de capitulaci\u00f3n, por lo menos circunstancial: se puede rastrear la referencia en la ya famosa (y cancelada) estrofa de nuestro himno nacional que nos habla de la sumisi\u00f3n y de una humillada cerviz que se levanta, venciendo el poder que hasta entonces la mantuvo encorvada. A partir de esto, se podr\u00eda conjeturar que el yo po\u00e9tico se ve retornar a una fase ya superada de su historia, que puede ser la personal, la \u00edntima, o englobar, por qu\u00e9 no, lo nacional, lo comunitario. El califato, desde una interpretaci\u00f3n sencilla y quiz\u00e1 antojadiza, es un retorno a lo ya superado; se retorna no precisamente a un r\u00e9gimen pol\u00edtico caduco, desp\u00f3tico y que va de la mano con la religi\u00f3n, sino, m\u00e1s bien, al miedo previo al fortalecimiento del car\u00e1cter, a la duda, al cuestionamiento implacable de la vida y de sus actores, como cuando uno vuelve la cabeza, con sana curiosidad, para ver lo que ha quedado atr\u00e1s, pero, al igual que la esposa de Lot, acusa un cambio a menudo desagradable:<\/p>\n\n\n\n<p><em>A decir verdad nuestros ojos son los ojos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de las cerraduras,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>               y cada vez que alguien<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>introduce la llave<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>resultamos heridos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; <em>O tuertos<\/em>. (p. 53)<\/p>\n\n\n\n<p>La cerradura retoma el tropo de la estrechez, pero aplicado en el fragmento es tambi\u00e9n un indicio de la inaccesibilidad del yo po\u00e9tico, del costo que supone establecer v\u00ednculos cuando el medio ha revelado la alteraci\u00f3n de su orden. Se enuncia a Lima como una ciudad en conflicto con el individuo, y por momentos esta se encuentra tan alejada de la percepci\u00f3n del yo po\u00e9tico que se tiende a la invenci\u00f3n de un car\u00e1cter ex\u00f3tico para as\u00ed explicar su discapacidad en cuanto a hallarse a s\u00ed mismo o a ubicarse dentro de. Estar en la ciudad implica una exploraci\u00f3n excesiva del fen\u00f3meno, al punto de percibirse \u00fanicamente la estrechez, el elemento opresivo ejemplificado con los ductos o las cerraduras; para sobrellevar esta deficiencia, el yo po\u00e9tico procura elevarse, esto es, tomar distancia de todo, afianzar su individualidad, alejarse hasta donde la ciudad se vuelve inteligible debido, posiblemente, a una ilusi\u00f3n de totalidad y de tolerable imprecisi\u00f3n:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El silencio es imprescindible para una adecuada contemplaci\u00f3n:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>desde tan arriba todo es hermoso, incluso Lima<\/em>. (p. 50)<\/p>\n\n\n\n<p>Y tambi\u00e9n en:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lima casi no es y es<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hermosa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>desde tan alto<\/em>. (p. 55)<\/p>\n\n\n\n<p>Mientras la ciudad sea una imagen detenida, hay una oportunidad para hacerla suya y arrebatarle significado; es la paradoja de la lejan\u00eda: cuando hemos tomado distancia podemos apreciar a cabalidad el hecho, comprender su funcionamiento y nuestro lugar dentro de \u00e9l. No obstante, el lugar del yo po\u00e9tico parece encontrarse en las zonas inferiores, de donde ocasionalmente asciende, aunque esta es la excepci\u00f3n. Por ello, nada queda claro o, en todo caso, su necesidad por acertar y hallar una respuesta produce una proliferaci\u00f3n de interpretaciones que lo llevan a la angustia debido a una abundancia de interrogantes:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Qu\u00e9 es El Califato de Lima. \u00bfUn chiste? \u00bfUna caricatura de la opresi\u00f3n y el fundamentalismo que asoman sus cabezas de papel mach\u00e9 por encima de una nomenclatura&nbsp; de dudosa incorrecci\u00f3n geopol\u00edtica? \u00bfSe debe presumir que en alg\u00fan lugar, encaramado sobre alg\u00fan p\u00falpito o alguna b\u00f3veda, hay algo as\u00ed como un califa? \u00bfO el califa es ese energ\u00fameno que ya hemos conocido?<\/em> (p. 49)<\/p>\n\n\n\n<p>Hasta ahora me he referido a la secci\u00f3n hom\u00f3nima y final del libro. Si revisamos los apartados precedentes encontraremos elementos similares. Por mencionar uno, tenemos nuevas menciones a los lugares cerrados, reclusivos o asfixiantes: \u201cTodos queremos salir de un lugar al que solo se puede entrar\u201d (p. 13); \u201cLima parece una ciudad, pero en verdad es un taxi\u201d (p. 19); \u201cEl mal es una ciudad parecida a Los \u00c1ngeles o a Lima \ue072\u2026\ue073 El mal tiene tent\u00e1culos invisibles que agarran del cuello a todas las personas honorables\u201d (p. 35). Es en estos poemas previos donde vamos descubriendo que si bien hay una angustia concentrada en la parte final, el yo po\u00e9tico ha encontrado un ant\u00eddoto en el humor. Y este humor est\u00e1 construido en torno a im\u00e1genes muy alejadas de cualquier solemnidad; al contrario, se precisa del apunte ir\u00f3nico, incluso es necesario extirpar el car\u00e1cter sagrado de los s\u00edmbolos para que se alcance a construir un ambiente libre de las coacciones y\/o l\u00edmites, en parte distinto al que se establece en la secci\u00f3n final, como si en esta antesala se hallaran las respuestas, unas respuestas que no se emplean porque es necesario establecer el escenario especulativo donde el yo po\u00e9tico pueda ser indagado:<\/p>\n\n\n\n<p><em>                        Un pa\u00eds<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>arrasado<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p><em>                        Un pa\u00eds o una pepa de palta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que deber\u00eda seguir girando<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en el aire del departamento, cada vez<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>m\u00e1s lentamente hasta el punto de convertirse<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en la \u00fanica excepci\u00f3n del mundo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a la ley de la gravedad.<\/em> (p. 10)<\/p>\n\n\n\n<p>Y tambi\u00e9n en:<\/p>\n\n\n\n<p><em>          \u00bfsaben ustedes<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>para qu\u00e9 puede servir un \u00e1ngel<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>si no es para lanzarse<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>a las turbinas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>           <em>de los aviones de guerra? <\/em>(pp. 28-29)<\/p>\n\n\n\n<p>Lo especulativo, incluso, alcanza los dominios de la poes\u00eda en dos poemas que son representativos de este libro: \u201cNuevos deberes de la poes\u00eda peruana\u201d y \u201cC\u00e9sar Vallejo en el siglo XXV\u201d. En ambos se explora la funci\u00f3n de la poes\u00eda fuera de su espacio temporal, donde el ambiente ya no es el mismo donde alguna vez floreci\u00f3 su influencia. En el primer poema, adem\u00e1s, se alude al r\u00e9gimen que se explora en la secci\u00f3n final (\u201cSi tenemos que decir que vivimos en Lima, debemos decir que vivimos en el Califato de Lima\u201d), estableci\u00e9ndose una alteraci\u00f3n en los par\u00e1metros con que se mide el acto po\u00e9tico. Nuevamente estamos ante un poema que se resuelve con una imagen poderosa, aquella en la que los hologramas de Antonio Cisneros y Washington Delgado, poetas de promociones dis\u00edmiles, se fusionan en un abrazo, procreando un ser que deja de ser inmaterial y que implica el sincretismo de sus propuestas est\u00e9ticas, de sus emociones, de sus personalidades como met\u00e1fora de la persistencia de una tradici\u00f3n que encuentra tierra f\u00e9rtil en las generaciones ulteriores que toman la posta a pesar de present\u00e1rseles un escenario tan enrevesado que no se sabe si se est\u00e1 asistiendo a \u201cuna fiesta o la guerra\u201d. En el segundo poema se refresca la imagen adusta de Vallejo y se lo traslada imaginativamente en un tiempo que no es el suyo, para profundizar en su verdadera trascendencia, intentando responder con esto aquella manida suposici\u00f3n de entender a la poes\u00eda como un acto atemporal. El ejercicio no es vano, ya que entendemos que el trasfondo, el objetivo encubierto, es situar al yo po\u00e9tico en el lugar del poeta y ser part\u00edcipe de esa exploraci\u00f3n, de la misma forma que, m\u00e1s adelante, se situar\u00e1 en el supuesto califato lime\u00f1o:<\/p>\n\n\n\n<p><em>(\u2026) Vallejo estaba apoyado en un muro, con una bolsa transparente de canchita en la mano. A su lado hab\u00eda un tipo de jean y saco, que parec\u00eda admirarlo con fervor. (\u2026) El punto es que lo interrogaba con entusiasmo y vehemencia sobre versos espec\u00edficos de Trilce IX, Trilce XXVII. Y Vallejo sonre\u00eda con cierta sorpresa y dec\u00eda que ya no se acordaba de esos poemas. Que hab\u00eda pasado demasiado tiempo.<\/em> (p. 39)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Diego-Otero-1024x768.jpg\" alt=\"\" class=\"wp-image-612\" width=\"541\" height=\"405\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Diego-Otero-1024x768.jpg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Diego-Otero-300x225.jpg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Diego-Otero-768x576.jpg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/12\/Diego-Otero.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 541px) 100vw, 541px\" \/><figcaption>Foto: Alessandro Currarino \/ El Comercio<\/figcaption><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>El car\u00e1cter indagatorio de este par de poemas marca una pauta significativa para la colecci\u00f3n. Nos lleva a pensar en un yo po\u00e9tico no solamente en constante cuestionamiento de su entorno, sino tambi\u00e9n en una continua averiguaci\u00f3n de sus posibilidades, como si ingresara voluntariamente a sus especulaciones esperando hallarse en el contraste, hacer resaltar su humanidad en medio de la realidad alterada que \u00e9l mismo se ha inventado: la gran met\u00e1fora del califato se convierte, entonces, en una desacostumbrada, estramb\u00f3tica tonalidad donde, con suma nitidez, consigue hacer descollar su normalidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>*****<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong><u>Datos del libro rese\u00f1ado<\/u><\/strong><strong>:<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Diego Otero<\/p>\n\n\n\n<p><em>El Califato de Lima<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00c1lbum del Universo Bakterial (AUB), 2021<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Instrucciones para construir una ciudad Por Cristhian Brice\u00f1o El v\u00ednculo entre ciudad y conflicto tiene larga data. \u201cGran ramera\u201d llama San Juan a Babilonia en el Apocalipsis (aunque bien podr\u00eda estarse refiriendo a Jerusal\u00e9n o Roma, supuestas capitales del pecado y del cuestionamiento al dios de los hebreos), con todos las alcances epit\u00e9ticos que ello [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,1,9],"tags":[202,256,257],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/610"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=610"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/610\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":616,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/610\/revisions\/616"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=610"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=610"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=610"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}