{"id":505,"date":"2021-11-09T06:24:04","date_gmt":"2021-11-09T06:24:04","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=505"},"modified":"2022-02-03T13:17:25","modified_gmt":"2022-02-03T18:17:25","slug":"analisis-la-poesia-de-mateo-diaz-choza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/11\/09\/analisis-la-poesia-de-mateo-diaz-choza\/","title":{"rendered":"Desde los extramuros"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Retorno al barro primordial<\/strong>:<strong> an\u00e1lisis de la poes\u00eda de Mateo D\u00edaz Choza<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Basilio Ventura<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>I<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En su infancia po\u00e9tica, Mateo D\u00edaz ya anunciaba su gusto por la variedad en el registro de la prosodia. No se limit\u00f3 a perfilar el verso, ni redujo su quehacer a una manera \u00fanica del poema; en su primer poemario su labor se orient\u00f3 a sondear las formas. Desfilaron por <em>Av. Palomo <\/em>el soneto cl\u00e1sico y el moderno, el poema breve y el de largo aliento, el verso libre de vanguardia. El libro no oculta, sin embargo, las dificultades de su autor por intentar valerse de ese abanico de posibilidades.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/palomo-y-mateo.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-508\" width=\"569\" height=\"355\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/palomo-y-mateo.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/palomo-y-mateo-300x188.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/palomo-y-mateo-768x480.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 569px) 100vw, 569px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>Si la versificaci\u00f3n muestra un repertorio diverso, el orbe po\u00e9tico, en cambio, casi siempre est\u00e1 poblado de las mismas im\u00e1genes: el cuerpo en descomposici\u00f3n, la tierra que lo envuelve y el ruido &nbsp;de aves necr\u00f3fagas. No faltaron el c\u00e9lebre \u00abcad\u00e1ver exquisito\u00bb y met\u00e1foras alusivas a la autofagia. No obstante, alguna vez el poeta logra dar con el efecto buscado. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Porque abajo el espanto abriose lento<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>como una flor de s\u00f3rdida hermosura<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El acierto est\u00e1 en el modo de hacer emerger la emoci\u00f3n: al abrirse <em>lento<\/em> <em>como una flor<\/em>, el espanto tornase algo minucioso y delicado, y, por ende, m\u00e1s terrible. La frase final deja la impresi\u00f3n de un obscuro brillo. Fue la vanguardia la que hizo de lo ins\u00f3lito una est\u00e9tica, pero antes que ellos, los simbolistas: la estilizaci\u00f3n de lo s\u00f3rdido fue el paso previo. Aquel par de versos apelan a aquella tradici\u00f3n; su m\u00e9rito radica en haber dado con el s\u00edmil que hace otra vez sensible una vieja f\u00f3rmula po\u00e9tica. &nbsp;No obstante, a veces el autor escapa de esas coordenadas; cede entonces paso a su sensibilidad. Y si no es tan prolijo en la forma, la naturaleza de lo dicho lo compensa.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Abajo descubr\u00ed el silencio que acercaba la materia,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>pero tambi\u00e9n la basta sustancia de mis manos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Los versos confiesan el hallazgo de una forma de sabidur\u00eda de la cual no se puede dar cuenta: silencio y materia, dimensiones que escapan al lenguaje. Ya no estamos ante la ret\u00f3rica remozada del primer caso; en el creador ha empezado a aflorar algo distinto.&nbsp; La modulaci\u00f3n del registro po\u00e9tico -sugestiva y sensorial en los primeros versos; reflexiva y contemplativa en los segundos- hace perceptible este cambio. Dir\u00edase l\u00edneas de composiciones distintas, pero pertenecen al mismo poema. Cierta s\u00edntesis de ambos registros parece lograrse en \u00abEpitafio\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lejana crece la hierba<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sobre las lentas aguas del olvido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>m\u00e1s all\u00e1, los signos de un mundo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>alguna vez habitado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ajenos alumbran,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>como tus ojos esplendidos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>abrasados por la tierra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La intr\u00ednseca vecindad entre lejan\u00eda y olvido hace naturalmente sugestivo al poema. &nbsp;La &nbsp;yerba vista como a trav\u00e9s del agua intensifica la imagen de un mundo que ha empezado a diluirse y a convertirse en apenas <em>signos<\/em>. La imaginaci\u00f3n po\u00e9tica recrea el orbe de la vida mirada a trav\u00e9s de los ojos de un hombre muerto y sepulto. Este es en buena parte el anhelo del libro y el poema lo resume notablemente en pocas l\u00edneas. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>\u00abEpitafio\u00bb preludia el tono po\u00e9tico de <em>Libro de la enfermedad<\/em>, conjunto que, por temperamento, deja en sus mejores momentos la impresi\u00f3n de una poes\u00eda calma y delicada. En este segundo libro Mateo D\u00edaz ha depurado de sus versos las estridencias que afectaron a su primera obra. Las im\u00e1genes son m\u00e1s convincentes y elaboradas. En \u00abCantos goliardos\u00bb, por ejemplo, dice a Magdalena:<\/p>\n\n\n\n<p><em>No temas las piedras<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; que lancen los herejes,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en el fuego de tu cuerpo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>agonizan las hogueras,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; ni a la muerte si admira<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; el negro espejo de tus cabellos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sin caer en lo pl\u00e1stico, el \u00faltimo verso traza una bella met\u00e1fora visual que conserva su aura de sugerencia<a href=\"#_ftn1\">[1]<\/a>. Estas descripciones de fondo connotativo parecen las de mayor destreza en el libro. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>A la sombra del le\u00f1o, brota un arroyo transparente: de cuando en cuando, emergen de sus aguas los crisantemos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Alguna vez alcanza el don del enigma, el trasfondo oscuro y la imagen clara, sencilla al mismo tiempo que herm\u00e9tica. As\u00ed parecen los dos versos finales del segundo poema de la secci\u00f3n \u00abElogio de los caminantes\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Sean estas palabras la pradera extensa,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los inmensos abetos, el postrero paisaje<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Que sus versos supieron cantar,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Las aguas donde el hombre se despoja del yelmo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y se lava en el reposo de la noche.&nbsp;&nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estos fragmentos bastan para advertir la voluntad de incrementar la variedad del registro en la prosodia. El poemario est\u00e1 organizado de acuerdo con ese prop\u00f3sito; cada parte sigue un tipo especial de escritura. La prosa en la primera parte, el verso de influencia cl\u00e1sica en la segunda, el verso libre y el vers\u00edculo en la tercera, y el verso de arte menor en la cuarta. El libroposee tambi\u00e9n un repertorio diferenciado en el registro po\u00e9tico. El autor visita el estilo sensorial y connotativo del simbolismo, la sintaxis de la poes\u00eda del Siglo de oro, la l\u00f3gica figurativa moderna y la sencillez expresiva del verso simple. El eclecticismo es, pues, la caracter\u00edstica formal m\u00e1s relevante de <em>Libro de la enfermedad<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>MON\u00d3LOGO DE SA\u00daL&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>             \u00bfQui\u00e9n pulsa y ta\u00f1e el r\u00edo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que nace de una cuerda yerta, el dulce<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>alm\u00edbar derramado sobre el cuenco<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de mis o\u00eddos, y la pena oculta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>             de mi frente? \u00bfQui\u00e9n pasma<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em>&nbsp;la l\u00e1grima en su umbral, y da reposo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em> al negro d\u00eda y a la blanca noche?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em> \u00bfQui\u00e9n hace tanta bulla, tan sublime,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em> que el b\u00e1lsamo regala del olvido<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em> y a la madera sabe enamorar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-left\"><em> para que diga lo que fue vedado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; desde siempre a los hombres?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em> \u00bfQui\u00e9n es el que me enga\u00f1a y no suelta<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em> las amarras que todav\u00eda atan<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la barca a la ribera,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em> el agua a su orilla? \u00bfCu\u00e1les manos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; aprehenden el silencio,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em> mientras trinan sobre el rumor extra\u00f1o<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;las voces ignorantes del sosiego?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; \u00bfQui\u00e9n eres que si callas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;en piedra y polvo truecas la floresta,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp; hiel el vino, cadalso la alborada,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;ahora que mi dios me ha abandonado?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En \u00abMonologo de Sa\u00fal\u00bb se hermanan la m\u00e9trica castellana y la sensorialidad aprendida de la poes\u00eda decimon\u00f3nica francesa. La propensi\u00f3n mel\u00f3dica del poema nace de la silva moderna y su fluencia brota de hacer partir las frases, cuyas aguas se derraman en los versos consecutivos. Me parece que el poeta ha jugado a hacer discurrir en el devenir del poema una melod\u00eda que insin\u00fae aquella que Sa\u00fal dice escuchar.&nbsp; Podemos afirmar incluso que pocas veces en nuestra lengua las consonantes se suceden con tanta fortuna como en esta l\u00ednea: \u201chiel el vino, \/ cadalso la alborada\u201d. &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Hay, no obstante, otra m\u00fasica en <em>Libro de la enfermedad<\/em>, una que nace, no de la eufon\u00eda de las palabras, sino de experiencias m\u00e1s hondas y humanas. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>El sonido de dos campanas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>se expande por la tarde<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>agonizante. As\u00ed<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>imaginaron<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>algunos sabios<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el final de nuestra vida<\/em><a href=\"#_ftn2\">[2]<\/a><em><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Estos versos apelan a una m\u00fasica venida de lejos, una m\u00fasica com\u00fan a todos, arraigada por el devenir de muchas generaciones. Esa m\u00fasica no est\u00e1 en el poema, sino en cada uno de nosotros. La evocamos interiormente. El repique de las campanas record\u00e1ndonos nuestra mortalidad. He aqu\u00ed donde la palabra toca la esencia de la humana realidad.&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Al repasar estos poemas, apreciamos otra vez las actitudes est\u00e9ticas antes se\u00f1aladas: sensorial y sugestiva en \u00abMon\u00f3logo de Sa\u00fal\u00bb; reflexiva y contemplativa en \u00abEl sonido de dos campanas\u2026\u00bb. No se trata de un eclecticismo estil\u00edstico solamente, sino tambi\u00e9n de un movimiento pendular entre dos maneras de encarar la poes\u00eda, de enfrentarse a ella y de moldearla.<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>Mateo D\u00edaz prosigue y amplia en <em>Libro de la enfermedad<\/em> su exploraci\u00f3n en la fragilidad humana. Si en <em>Av. Palomo<\/em> aspir\u00f3 a recrear la &nbsp;progresiva degradaci\u00f3n del cuerpo y su disoluci\u00f3n en el olvido, en su segundo libro la mirada se ha complejizado, pues &nbsp;el cuerpo ha sido casi velado; aparece, no obstante, a trav\u00e9s de sus s\u00edntomas, la enfermedad y el invierno, o de sus figuraciones, el barro o el r\u00edo. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Como el guijarro se hace piedra y la piedra<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Se adosa al muro, as\u00ed el germen hunde sus ra\u00edces<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En el barro y arrastra el arado sobre mi pecho.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Entonces comienza la carrera de las horas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y la copa vuelca la leche tibia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Sobre las rendijas del suelo (\u00bfrecuerdas la<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Primera gota roja sobre el lavabo, antes que la vida<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Se precipite igual que una tormenta destemplada?)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Tierra, heme aqu\u00ed entre tus \u00e1rboles decr\u00e9pitos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y tus ubres devastadas, siguiendo las huellas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Que dejan los peregrinos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En la segunda secci\u00f3n de <em>Libro de la enfermedad<\/em>, los personajes b\u00edblicos encarnan la crisis del individuo que posee aguda conciencia de su condici\u00f3n feble.&nbsp; Pero esta consciencia no es plena y se pierde en una urdimbre de argumentos que, a pesar de su audacia, no consiguen asir un sentido. Son personajes que se saben barro precario y que se lamentan por ello ante la divinidad, pero viven ignorando el soplo que los habita y que los anima; su racionalismo y escepticismo les impide trascender su naturaleza precaria.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfPues si, Se\u00f1or, el hombre, tu reverso,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>no puede por m\u00e1s tiempo contemplar<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>tu llama que el gusano o la serpiente,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>c\u00f3mo poder siquiera imaginarte<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>si entre el fango vivimos, c\u00f3mo arg\u00fcir<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>m\u00e1s alta torre que aquella que t\u00fa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>edificaste, c\u00f3mo del milagro<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>seguir los pasos en sentido inverso<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y desde nuestro barro hacer brotar tu luz?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Es justamente la raz\u00f3n incapaz de comprender. La raz\u00f3n se convierte en una mara\u00f1a que pierde al hombre en esa b\u00fasqueda esencial. Tampoco es capaz de asir la naturaleza del tiempo, pues para entenderla se distancia de ella. Por eso, a diferencia de Jorge Manrique, poeta cristiano, que en sus coplas habla desde el r\u00edo de la vida, el <em>alter ego<\/em><a href=\"#_ftn3\">[3]<\/a> -el otro yo, en lat\u00edn- de Mateo D\u00edaz se lamenta desde la orilla.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Can\u00edcula, hemos venido por este camino<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Persiguiendo el agua dorada que nos huye,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>La vida que se precipita y que no alcanzaremos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Cuando el alter ego del autor renuncia a la raz\u00f3n y a sus tretas, cuando se deja deslumbrar por el milagro, solo entonces logra asir el sentido buscado. As\u00ed se muestra Tom\u00e1s, quien al ver las llagas del profeta comprende al fin la naturaleza de la muerte; as\u00ed la mirada que contempla el prodigio secreto de la pintura de Caravaggio; as\u00ed el hombre an\u00f3nimo que, al escuchar las campanas, acepta el ta\u00f1ido que nos despide de este mundo. Solo el hombre alcanza la trascendencia cuando ha reintegrado la muerte a su cuerpo.&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Y esto era la muerte<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y este, el barro con que nos formaron,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>terrible m\u00e1s que lo temido,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>amable m\u00e1s que lo imaginado,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>la misma forma donde introduje<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mis dedos en tus<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>heridas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Parece que el t\u00edtulo del poemarioha dado pie a que sea interpretado como un tratado sobre la enfermedad, pero su primer vocablo puede leerse en otro sentido: \u00ablibro\u00bb refiere tambi\u00e9n al acto de liberarse. Esta liberaci\u00f3n consiste en la comprensi\u00f3n de que el tiempo y la muerte forman parte de nuestro barro primordial. El sendero de esta b\u00fasqueda ha sido trazado desde <em>Av. Palomo<\/em> -incipiente a\u00fan, pero coherente en su prop\u00f3sito- y ha llegado hasta este segundo libro, que no solo cierra el trayecto, sino que consolida el aprendizaje po\u00e9tico de Mateo D\u00edaz.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/el-libro-de-la-enfermedad.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-507\" width=\"576\" height=\"823\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/el-libro-de-la-enfermedad.jpeg 640w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/el-libro-de-la-enfermedad-210x300.jpeg 210w\" sizes=\"(max-width: 576px) 100vw, 576px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>II<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Un rasgo que caracteriza a Mateo D\u00edaz como poeta es el eruditismo. El eruditismo no es, como muchos podr\u00edan creer, una aglomeraci\u00f3n de datos. Es principalmente una actitud ante el conocimiento o ante los s\u00edmbolos de la cultura. Esta actitud consiste en el tratamiento intelectual y razonado del propio universo cultural. Es s\u00edntoma, entonces, de distancia.<\/p>\n\n\n\n<p>Buena parte de los personajes b\u00edblicos de <em>Libro de la enfermedad<\/em> son tratados desde la distancia erudita. &nbsp;Ellos hablan de la condici\u00f3n feble del hombre y erigen toda una ret\u00f3rica sagaz acerca de ello; funcionan as\u00ed como instrumentos de acercamiento conceptual a esta dimensi\u00f3n sensible de nuestro ser<a href=\"#_ftn4\">[4]<\/a>. En cambio, en su tercer libro, <em>Mon\u00f3logos desde babel<\/em>, los s\u00edmbolos b\u00edblicos aparecen en algunos casos desde esa distancia, pero, en otros, son integrados al periplo existencial y al pasado familiar que el poemario evoca. Por ejemplo, en \u00abDel buen samaritano\u00bb, la alusi\u00f3n a la par\u00e1bola b\u00edblica deviene en iron\u00eda cuando el paralelo entre el recuerdo del pariente muerto y la historia pol\u00edtica del pa\u00eds&nbsp; (la Reforma agraria y el inicio del conflicto armado interno) van trazando un cuadro que ilustra la continua inadecuaci\u00f3n de la vida a los ideales cristianos y el fiasco de los relatos providenciales<a href=\"#_ftn5\">[5]<\/a>:&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>&nbsp;<em>En esos a\u00f1os,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; alguna de tus hijas te pregunt\u00f3 por el marxismo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>palabra que siempre preced\u00eda al silencio<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&amp; tu<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>generosidad&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;                  [que, sin embargo, ten\u00eda asombrosas concesiones, p. ej. \u201cel negro puro es <\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>honrado, pero el zambo\u2026\u201d etc]<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>empez\u00f3 a hacerse<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;proverbial<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>No siempre la simbolog\u00eda cristiana se entreteje de esta manera con las vivencias evocadas; a veces es solo una relaci\u00f3n de cercan\u00eda, una tonalidad sem\u00e1ntica, para dotar del timbre exacto a la secuencia de los eventos narrados, los cuales &nbsp;tienen el cariz de un \u00edntimo acontecimiento. Pienso, por ejemplo, en \u00abPoema sobre la natividad\u00bb.<\/p>\n\n\n\n<p><em>Algunas personas nacen dos veces. Mi segundo nacimiento fue ante un lavabo blanco donde brotaron gotas de sangre como flores rojas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Nada sucedi\u00f3 despu\u00e9s<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>porque la muerte se ocultaba en la vida como el cuerpo del iceberg debajo de la l\u00ednea mar\u00edtima. &nbsp;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mas in\u00e9dito ante el universo, supe que en adelante recoger\u00eda los artefactos que fabriquen los iluminados de nuestra tribu<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>hueso de animal o madera de cuerdas percutidas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y celebrar\u00eda el regocijo de sus ruidos en los o\u00eddos de mis semejantes.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Y habiendo sido esto, sal\u00ed a la noche lluviosa y sin que me guiara ninguna estrella<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>me dirig\u00ed hacia el pesebre.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>[Existen algunos peque\u00f1os cambios involuntarios en la estructura de los versos por las limitaciones del dise\u00f1o web. Por ello, remitimos contrastar con los originales.]<\/p>\n\n\n\n<p>A pesar de la presencia de los familiares, en las p\u00e1ginas de <em>Mon\u00f3logos desde Babel <\/em>&nbsp;no aparece el tema del hogar, tan caro a nuestra tradici\u00f3n po\u00e9tica. Los parientes m\u00e1s bien se perfilan solitarios en sus v\u00eda crucis. Este examen de los mayores es tambi\u00e9n un retorno al pasado para hurgar por una identidad y un origen. El recuerdo o las noticias de ellos traen consigo la imagen de una tierra ligada al mar. Es sintom\u00e1tico, al respecto, un t\u00edtulo como \u00abLas arenas del Nilo\u00bb, cuando pudo haber sido \u00abLas arenas de Pimentel\u00bb o \u00abLas arenas de Chan Chan\u00bb \u00bfPor qu\u00e9 un referente ex\u00f3tico para nombrar la tierra propia? El paisaje de la costa trasluce en los versos de Mateo D\u00edaz, pero no viste todav\u00eda debidamente sus top\u00f3nimos. El <em>alter ego<\/em> del autor no ha sabido a\u00fan conciliar las palabras con la tierra que lo rodea. Es un \u00abextranjero\u00bb en la medida que no ha logrado resolver su conflicto entre lengua y mundo. &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los nombres se despegan de las cosas. \u00bfQu\u00e9 son las palabras?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Estuches vac\u00edos, piezas fuera del tablero.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La poes\u00eda de Mateo D\u00edaz se interroga muchas veces por su materia elemental. En ocasiones, esta indagaci\u00f3n se expresa como una crisis y se articula en una sensibilidad; en otras, aparece como una certeza intelectual, casi como una premisa. \u00abLa Pasi\u00f3n seg\u00fan Caravaggio\u00bb corre por esta segunda v\u00eda:&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00bfQu\u00e9 es la Tierra &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sino un inmenso<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; palimpsesto donde se&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;  &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;  &nbsp;&nbsp; escribe tacha corrige<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; la aventura de la especie,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>qu\u00e9 el primate humano<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; sino un molusco &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; arrojado de su concha<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; cuyo rastro &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; es la baba de la escritura<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; impresa sobre un mundo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><em>que nunca estuvo vac\u00edo?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El lenguaje, signo abstracto; la palabra, ente que adquiere autonom\u00eda: ideas que se desprenden de la praxis de la escritura. Junto a esta noci\u00f3n, habita otra, heredera de la oralidad, para la cual la palabra trasmite el regocijo del cuerpo. En \u00abMon\u00f3logo del Iscariote\u00bb, se tematiza la naturaleza ambigua de la palabra y la desconfianza del hombre en ella, mas ese no es el asunto del poema; lo es s\u00ed la jocosidad con que esta verdad es asumida, donde el goce emerge de saber que la palabra posee fisuras y que el hombre se arriesga en recrearse y delatarse en ella. \u00abMon\u00f3logo del Iscariote\u00bb despliega un juego verbal cuya principal consecuencia es la gran resonancia oral de la palabra escrita; as\u00ed, las hormigas que enga\u00f1aron a Atahualpa en Cajamarca ingresan al o\u00eddo del lector y cosquillean el cuerpo, haci\u00e9ndolo sonre\u00edr ante tanta rima punzante y retozona, ante el tono par\u00f3dico que brilla en <em>\u00bfqui\u00e9n hace tanta ruido?<\/em>, alusi\u00f3n sagaz al famoso verso de Vallejo. La escritura as\u00ed ha sido invertida y renovada, y la palabra integrada otra vez al cuerpo.&nbsp; &nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>Es tal vez la integraci\u00f3n a una dimensi\u00f3n esencial de la palabra lo buscado en el babel. En el mito, la multiplicidad de lenguas dispersa a los hombres, los incomunica y separa. En \u00abPrefiguraci\u00f3n del babel\u00bb, la voz que refiere el coloquio extranjero y el graznido de las aves, habita a\u00fan ese estadio anterior cuando el hombre se gu\u00eda solo de la intuici\u00f3n para comunicarse; aqu\u00ed la multiplicidad no es a\u00fan obst\u00e1culo. La comunicaci\u00f3n toda no discurre solo por la v\u00eda racional, sino que es, principalmente, un acto de fe. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>***<\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Mon\u00f3logos desde Babel<\/em> Mateo D\u00edaz ha expandido por tercera vez los recursos estil\u00edsticos. Fiel a su eclecticismo deja sentir las lecturas de la poes\u00eda modernista inglesa, el neobarroco y la disposici\u00f3n espacial del verso de vanguardia. Incursiona asimismo en la prosa. La suya no es el poema en prosa, ni la prosa po\u00e9tica; es una reelaboraci\u00f3n del serm\u00f3n b\u00edblico (solo \u00abBajo continuo\u00bb y \u00abMon\u00f3logo de Mateo\u00bb escapan a esta ret\u00f3rica). Estos \u201csermones\u201d pretenden ser una lecci\u00f3n desencantada acerca del arte, de la palabra po\u00e9tica y del quehacer creativo. Este predicador desmitifica as\u00ed al poeta, al arte como medio de salvaci\u00f3n y la credibilidad de los rectores de conocimientos elevados. No obstante, en estas prosas no se respira desencanto; se escucha s\u00ed un tono seguro y docente, propio de quien parece hablar desde premisas seguras. &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large\"><img loading=\"lazy\" width=\"1024\" height=\"579\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/monologos-desde-babel-imagen-destacada-1024x579.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-509\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/monologos-desde-babel-imagen-destacada-1024x579.jpeg 1024w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/monologos-desde-babel-imagen-destacada-300x170.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/monologos-desde-babel-imagen-destacada-768x435.jpeg 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/11\/monologos-desde-babel-imagen-destacada.jpeg 1200w\" sizes=\"(max-width: 1024px) 100vw, 1024px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En <em>Mon\u00f3logos desde babel<\/em>,Mateo D\u00edaz ha fundido en algunos casos el lenguaje en materia transparente como suele suceder con la m\u00e1s perdurable poes\u00eda. Pienso en \u00abMon\u00f3logo del extranjero\u00bb, \u00abMon\u00f3logo del Iscariote\u00bb, \u00abPrefiguraci\u00f3n del babel\u00bb, \u00abBajo continuo\u00bb y, principalmente, \u00abAnunciaci\u00f3n de Catalina\u00bb. Valoro de estos poemas la sensibilidad sabiamente articulada por la t\u00e9cnica. De todos ellos, \u00abAnunciaci\u00f3n de Catalina\u00bb goza de una riqueza at\u00edpica, una riqueza poco vista en la poes\u00eda peruana de hoy. Impresiona c\u00f3mo la mano del poeta ha instalado a su personaje, el perfil de la muchacha en la popa del barco, la capacidad evocativa del cuadro marino trazado sin menoscabo de su poder de sugerencia (en el poema, mar y monta\u00f1a no son solamente paisaje, aluden de alguna manera a Catalina: abismo y altura, traves\u00eda y soledad, anhelo de <em>transparencia<\/em>). Esa oscuridad del porvenir de la muchacha es tambi\u00e9n, de otra manera, la luz del paisaje, filamentos de sentido que rodean a la protagonista, la se\u00f1alan y la prefiguran.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; &nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Anunciaci\u00f3n de Catalina<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><em>as\u00ed la trayectoria que dibuja la quilla a lo largo de las aguas oce\u00e1nicas &amp; as\u00ed p\u00faa del arado aguja del comp\u00e1s la trayectoria en los ojos de<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>una muchacha sentada en la popa los pies descalzos la fiebre en el cuerpo acariciado por el viento de la corriente de humboldt<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>mirando las costuras del oc\u00e9ano desde antes que los marinos inicien sus labores un espejo dir\u00edas el mar que nadie ve salvo el abismo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de tus pupilas un tren atravesando los rieles congelados de la cordillera en tu retina un pasadizo sombr\u00edo en el que escuchas las voces familiares de los italianos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>desde el cuenco del o\u00eddo mientras oyes valpara\u00edso coquimbo nombres nuevos que nada te dicen y te preguntas cu\u00e1ndo acabar\u00e1 este mecerse sobre las olas alg\u00fan d\u00eda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>habr\u00e1s de comprender lo que esconde esa l\u00ednea en el oc\u00e9ano pero ahora el sol matinal entibia tu cuerpo la fauna marina se incorpora y nada hay que anuncie tu oscura progenie<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>ning\u00fan vaticinio en las aguas ni en el cielo despejado donde cunden las gaviotas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>[Existen algunos peque\u00f1os cambios involuntarios en la estructura de los versos por las limitaciones del dise\u00f1o web. Por ello, remitimos contrastar con los originales.]<\/p>\n\n\n\n<p>Gana al o\u00eddo el uso del encabalgamiento, la voz que al sumirse en los pensamientos de Catalina dice \u201cun espejo dir\u00edas el mar que nadie ve salvo el abismo\u201d, y \u2013por un instante- aflora en la mente el agua oce\u00e1nica, mirada desde las profundidades, oscuridad ascendiendo a la luz de la superficie, para reparar luego que tal abismo proviene, Catalina, \u00abde tus pupilas \/ un tren atravesando los rieles congelados de la cordillera\u2026\u00bb, y ya la nueva tierra que acoge a la muchacha es descrita en sus dos trazos esenciales: el mar y la monta\u00f1a sucedi\u00e9ndose en la retina (destreza sint\u00e9tica en el manejo de las im\u00e1genes; acierto pleno en el uso del silencio).&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p>En \u00abAnunciaci\u00f3n de Catalina\u00bb, se produce un fen\u00f3meno arto interesante: el ritmo entrecortado del primer vers\u00edculo delata el impulso del bis\u00edlabo, la cadencia regulada del dodecas\u00edlabo, el marcado comp\u00e1s del hexas\u00edlabo y del decas\u00edlabo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2026o\u00f3-ooo\u00f3ooo\u00f3oo\u00f3o-oo\u00f3ooo\u00f3oo\u00f3oo \/ o\u00f3-\u00f3ooo\u00f3o-o\u00f3ooo\u00f3-<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>                           <em>ooo\u00f3ooo\u00f3o\u00f3 \/\/<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Mateo D\u00edaz ha logrado un feliz encuentro entre el verso libre y la m\u00e9trica cl\u00e1sica. Lo m\u00e1s probable es que la labor no haya sido consciente pero s\u00ed intuida. El constante comercio con la m\u00e9trica ha generado esta interesante composici\u00f3n del ritmo.<\/p>\n\n\n\n<p>En otros poemas, la t\u00e9cnica reluce soberbiamente y parece ser m\u00e1s una v\u00eda de apropiaci\u00f3n de un estilo que a\u00fan no ha sido interiorizado. \u00abLa pasi\u00f3n seg\u00fan Caravaggio\u00bb, \u00abUna temporada en el desierto\u00bb o \u00abCinta de Moebius\u00bb, creo, ilustran mejor esta v\u00eda. El juego polif\u00f3nico, la composici\u00f3n po\u00e9tica alternando idiomas, la escritura continua y que prescinde de la puntuaci\u00f3n, el equilibrio entre la disposici\u00f3n espacial y la disposici\u00f3n auditiva de los versos son formalmente asombrosos -tal vez mejor apreciados en su audacia por otro poeta en la medida que puede extraer lecciones para el quehacer de la escritura-. Estos elementos enunciados solo reparan en el arriesgo del escritor al emprender su tercer libro, el explorar l\u00edneas que lo alejan del registro de su anterior producci\u00f3n. <em>Mon\u00f3logos desde babel<\/em> es entonces para su autor un camino de llegada, pero tambi\u00e9n uno de partida.&nbsp; &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Lima, 09 de noviembre de 2021<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8230;&#8230;&#8230;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>[Existen algunos peque\u00f1os cambios involuntarios en la estructura de los versos por las limitaciones del dise\u00f1o web. Por ello, remitimos contrastar con los originales.]<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Prefiguraci\u00f3n de Babel<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Desde aqu\u00ed&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">alcanzo a ver una franja del oc\u00e9ano calcinada por el sol.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">A cuatro pasos del barranco, me he recostado sobre el c\u00e9sped caliente antes de retomar la jornada.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Desde este lugar, escucho conversar a una joven pareja cuya lengua no comprendo,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">en nada distinta al coloquio que las gaviotas reanudan cada ma\u00f1ana.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Ignoro el significado de tanta m\u00fasica<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">aunque intuyo que han nombrado el cielo, este mar, otras ciudades<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">el mundo todo invocado en un ruido infinito.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Cu\u00e1l la fuente \u2014digo, cuando ya han callado\u2014 el surtidor de nuestras voces,<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">de d\u00f3nde nuestros distintos grados de medir el silencio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">Nada responde: mediod\u00eda: graznidos de p\u00e1jaros.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8230;&#8230;&#8230;.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mon\u00f3logo del Iscariote<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>la ruta negra de las hormigas desde mis ojos la ruta ruido de las  hormigas desde mi o\u00eddo la ruta que acosa mi fosa losa rosa la palabra toro que sobre el papel admiro y el gesto del tiro que encajo en mi lengua mengua entre algo<\/p>\n\n\n\n<p>dones las palabras &amp; las hormigas me gu\u00edan galgo las gram\u00e1ticas las diacr\u00edticas arrastran su cauda negra por el suelo empapelado y abandonan el retiro de mi boca me halan me jalan hacia el ruido por fuera del casco uterino me siento moro me siento toro bramando en un campo de tinta columna de cosa<\/p>\n\n\n\n<p>coz remontando la nieve de la p\u00e1gina en blanco santo se\u00f1a umbral batiente sin entro ni salgo puerta coma puerta punto puerta mundo que separa al toro de la yegua al macho de su cacho al negro de la bombilla que amarilla mientras cagas \u00bfqui\u00e9n hace tanto ruido? hermano padre hijo ac\u00e1 empieza el tiro<\/p>\n\n\n\n<p>teo de mi arp\u00f3n de mi tirabuz\u00f3n tiro a quemarropa lluvia de mi sustancia sosa y viscosa ah que no sepas de las voces que me rozan del ruido que en mi nido p\u00edo r\u00edo ah que te diga este algo hay una fiesta en la azotea donde la luz oscurece el negro a los goces a los roces a las coces a la zanja del toro<\/p>\n\n\n\n<p>all\u00ed donde hundo mi espol\u00f3n mojo mi espig\u00f3n &amp; toro la sostengo del cacho y desde el retiro la tiro c\u00f3mo fraterno no compartir el animal negro c\u00f3mo la misma concha nuestra aguja no ose y cosa flecos crenchas ecos de trenzas lo que queda siempre es algo nunca todo hormigas diligentes voces ruido<\/p>\n\n\n\n<p>zas! alguna herida palabras que enuncian cierto ruido balbuceo &nbsp;que anuncia este atoro coro que corona el sinsentido algo del valgo risco del bizco tara del tiro aqu\u00ed fonemo el verbo aqu\u00ed sintaxo la cosa al pie de este pelda\u00f1o escalero hacia lo negro<\/p>\n\n\n\n<p>cima del ruido abismo de la cosa<\/p>\n\n\n\n<p>do pradera en cabalgo negro toro<\/p>\n\n\n\n<p>tras tiro en bis &amp; triz del hijo de algo<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-center\"><strong>&#8230;&#8230;&#8230;.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mon\u00f3logo del extranjero<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>1<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo que est\u00e1 m\u00e1s cerca de m\u00ed es lo que menos conozco de m\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Este r\u00edo, este \u00e1rbol, esta luz, son agua de otro cielo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>2<\/p>\n\n\n\n<p><em>He llegado a la ciudad sin nombre y he levantado una casa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>All\u00ed donde corre el pececillo y nada permanece.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>3<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo que est\u00e1 m\u00e1s lejos de m\u00ed tampoco forma parte de m\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Ya no la arena en la resaca, ya no la sal en el oleaje.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>4<\/p>\n\n\n\n<p><em>Los nombres se despegan de las cosas. \u00bfQu\u00e9 son las palabras?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Estuches vac\u00edos, piezas fuera del tablero.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>5<\/p>\n\n\n\n<p><em>Para desatar la madeja, para encontrar el sendero,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u2014te digo\u2014, \u00a1tramas a las agujas!, \u00a1olvido a las pisadas!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>6<\/p>\n\n\n\n<p><em>Esta ma\u00f1ana he afilado el hemistiquio, embridado el punto y coma.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Esta ma\u00f1ana he soltado los lebreles para la caza espiritual.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>7<\/p>\n\n\n\n<p><em>Si el cazador es uno con la presa y presea consiente el anzuelo,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a1Dulc\u00edsimas espinas!, \u00a1tarda anacrusa!, \u00a1agitado silencio!<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>8<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo que quer\u00eda conocer es en lo que he venido;<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Sapiente, mensurable intelecto en luz, arbusto, r\u00edo convertido.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>9<\/p>\n\n\n\n<p><em>Lo que est\u00e1 m\u00e1s cerca de m\u00ed es lo que no puedo ver de m\u00ed.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Entre las hojas de eucalipto, el agua refleja una silueta oscura:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>10<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mar rodeado de islas. Gorjeo sin paladar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Lengua que se trenza. Punto sobre circunferencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator\"\/>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref1\">[1]<\/a> No siempre el poeta alcanza este equilibrio. Por ejemplo, en el poema \u00abEl sonido de dos campanas\u2026\u00bb&nbsp; cuando dice \u00abun sol bermejo \/ sumergi\u00e9ndose \/ en el mar oscuro \/ como una moneda de bronce\u00bb, el s\u00edmil hace del ocaso una imagen demasiado pl\u00e1stica. El elemento escogido para la comparaci\u00f3n pone en relieve cualidades pict\u00f3ricas y t\u00e1ctiles que interrumpen el efecto sugerente con que inicia el poema.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref2\">[2]<\/a> El tono grave en los versos&nbsp; nace de la precisa ordenaci\u00f3n de las pausas; son los silencios los que dan un peso a las palabras.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref3\">[3]<\/a> Entiendo y utilizo el concepto de <em>alter ego<\/em> como un verdadero &nbsp;\u00abotro yo\u00bb del autor. Ese \u00abotro\u00bb es un yo subconsciente, emanado de la intuici\u00f3n, un poco del azar, de lo imprevisto y que conduce al autor en la oscuridad del acto creativo, ayudado de los recursos t\u00e9cnicos y de las formas art\u00edsticas aprendidos. Ese \u00abotro yo\u00bb es autor y creatura al mismo tiempo, la obra es evidencia de su existencia. Ese \u00abYo\u00bb se plasma en la obra como una imagen alterna del poeta. Lejos estoy del concepto de <em>alter ego<\/em> como una proyecci\u00f3n de la personalidad del autor, un doble id\u00e9ntico, como suele usarse com\u00fanmente. &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref4\">[4]<\/a> \u00abMON\u00d3LOGO DE SA\u00daL\u00bb y \u00abCANTOS GOLIARDOS\u00bb est\u00e1n exentos de esta afirmaci\u00f3n; su est\u00e9tica transcurre por otras v\u00edas, m\u00e1s cercanas a la sensorialidad y al erotismo, respectivamente.<\/p>\n\n\n\n<p><a href=\"#_ftnref5\">[5]<\/a> No comparto, sin embargo, la visi\u00f3n demasiado un\u00e1nime que se desprende acerca del gobierno revolucionario de las Fuerzas Armadas.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Retorno al barro primordial: an\u00e1lisis de la poes\u00eda de Mateo D\u00edaz Choza Por Basilio Ventura I En su infancia po\u00e9tica, Mateo D\u00edaz ya anunciaba su gusto por la variedad en el registro de la prosodia. 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