{"id":487,"date":"2021-10-29T06:45:09","date_gmt":"2021-10-29T06:45:09","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=487"},"modified":"2021-10-29T15:53:49","modified_gmt":"2021-10-29T15:53:49","slug":"resena-cancion-y-vuelo-de-santosa-de-gloria-alvitres-aliaga","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/10\/29\/resena-cancion-y-vuelo-de-santosa-de-gloria-alvitres-aliaga\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Canci\u00f3n y vuelo de Santosa de Gloria Alvitres Aliaga"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Una historia familiar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por C. Brice\u00f1o \u00c1ngeles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El poema como \u00e1lbum familiar, como inspecci\u00f3n de lo dom\u00e9stico, vertedero de recuerdos vueltos a contar, es uno de los motivos m\u00e1s concurrentes en nuestra tradici\u00f3n po\u00e9tica: lo han ensayado, entre otros, Valdelomar, Vallejo, Belli, Watanabe, y recientemente Cruzado o Tenorio. Existe, sin embargo, una variante de esta tem\u00e1tica, y consiste en dotar al recuerdo, a su evocaci\u00f3n, de un aura m\u00edtica, como si no bastase el hecho para contener a las palabras y fuera necesario ir m\u00e1s all\u00e1, hasta donde los protagonistas del poema empiezan a representar una puesta en escena que exige nuestra silenciosa contemplaci\u00f3n. Algo de esto puede advertirse en <em>Canci\u00f3n y vuelo de Santosa<\/em>, de Gloria Alvitres (Lima 1992), aunque tambi\u00e9n se manifiestan en el libro otras maneras de abordar el poema; por lo menos tenemos claro que es al principio y al final donde se hace evidente la intenci\u00f3n de otorgarle a los personajes del libro una cualidad para transformar el entorno, para reordenarlo y conmover con cada indicio de su presencia o de su testimonio. Desde luego, el libro de Alvitres propone distintos itinerarios, derivados, claro est\u00e1, de la presencia femenina dispersa en gran parte de los textos que lo conforman; por ejemplo, entendemos que un poema como \u201c\u00datero demencial\u201d asume un cuestionamiento sobre lo femenino, prescindiendo de cualquier explicaci\u00f3n que trascienda lo estrictamente corporal; es decir, no busca nombrar el cuerpo para convertirlo en s\u00edmbolo, sino que lo se\u00f1ala como evidencia de lo f\u00edsico, tal cual, sin apelar a su transformaci\u00f3n en imagen po\u00e9tica o, por lo menos, equilibrando el artificio para develar una imagen donde la met\u00e1fora, si existe, es irrelevante:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abLe hablo a mi \u00fatero<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que se ha lastimado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>con las garras del aluvi\u00f3n.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Hoy dej\u00f3 de ser,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>para irse contra mi voluntad.\u00bb \u00a0<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00ab\u00datero demencial\u00bb, p.59)<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Cancio\u0301n-y-vuelo-de-Santosa.gif\" alt=\"\" class=\"wp-image-488\" width=\"424\" height=\"642\"\/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>En otras partes del libro, el discurso se acerca a la imagen convencional, aquella provista de un sentido sobrenatural para explicar el origen de las cosas, la convivencia entre realidad y mito que llegan a hermanarse con espontaneidad y verosimilitud en los l\u00edmites del poema:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abMi madre naci\u00f3 del vientre de un cerro,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>con una oraci\u00f3n liviana.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un canto rojo despeg\u00f3 sus pesta\u00f1as,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>el agua de sal la nombr\u00f3 Agustina<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y la muchacha jugaba con las santas<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que se desintegraban como carb\u00f3n.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abMadre de cerro sal\u00bb, p.39)<\/p>\n\n\n\n<p>Siendo el poemario un tr\u00e1nsito, ida y vuelta, de lo m\u00edtico a lo material, tenemos que el v\u00ednculo entre los dos espacios es el elemento andino o, pretendiendo mayor amplitud, lo originario, algo hallado en las referencias empleadas, como la m\u00fasica, la flora, la cosmovisi\u00f3n, la lengua materna filtr\u00e1ndose en la sintaxis, en la construcci\u00f3n de escenarios buc\u00f3licos, en la inclusi\u00f3n de ciertas palabras ajenas al lenguaje con el que est\u00e1 escrito el poema. Como no soy, ni por asomo, un conocedor del tema, voy a valerme de dos poemarios afines (a mi parecer) al libro de Alvitres para comentar brevemente ciertos temas con mayor relevancia y no pecar de fanfarr\u00f3n. Uno de ellos es <em>Valle sagrado<\/em>, de Odi Gonz\u00e1lez, y el otro, <em>Igual a la extensi\u00f3n de tu cuerpo<\/em>, de Leoncio Luque Ccota. El libro de Gonz\u00e1lez transpira de ese sincretismo andino\/cat\u00f3lico que va creando conflictos en la moral, en las expectativas de los habitantes del Ande; tiene, por cierto, un parecido bastante marcado con poemarios testimoniales, ficciones discursivas a la manera de la <em>Antolog\u00eda de Spoon River<\/em> o <em>Cementerio General<\/em>, siempre dando a la muerte una trascendencia m\u00e1xima, la de ente fabulador de destinos que fueron o que llegar\u00e1n a ser relevantes por el hecho de servir como advertencia. El libro de Luque, por su parte, es m\u00e1s terrenal, una apuesta por el recuento familiar, como si el poema en s\u00ed fuera nombrar uno a uno a los integrantes de una familia, y hacer de ese inventario una herencia para las generaciones venideras. Ambos temas, la muerte y la herencia, est\u00e1n presentes en el libro de Alvitres:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abUn lugar claro frente al camposanto,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sonaba un huayno,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>bailaban las cenizas,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>la cerveza dulce.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abLa se fue la ma\u00f1ana del 19\u00bb, p.13)<\/p>\n\n\n\n<p>Gonz\u00e1lez, a su vez, escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abLo que es nosotros<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>A nuestros muertos aqu\u00ed<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los velamos cada vez<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>En las curvas, seg\u00fan<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y despu\u00e9s<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Los sepultamos con banda\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ambas versiones de la muerte coinciden en hacer relevante el elemento festivo, algo bastante elocuente en tanto los muertos parecen no haberse ido; no son solo recuerdo forzado por el doliente, sino presencia casi material, tangible en cuanto sus voces no son reiteraciones de lo ya dicho, sino consejo, informaci\u00f3n utilitaria para el funcionamiento en el mundo de los vivos. As\u00ed, la voz de los muertos en el poemario de Gonz\u00e1lez regresa para advertir, entre muchas otras cosas, de los motivos que los llevaron a desaparecer de la tierra (\u201c<em>Cuando orinaba al canto del r\u00edo\/ Fui jalada aguas adentro\/ Por el veloz remolino<\/em>\u201d, nos dice Juanacha; \u201c<em>Por comer sin medida\/ Me dio tremendo torz\u00f3n de tripas\/ Como era de esperar\/ Sufr\u00ed c\u00f3lico agudo\/ Y al rato me mor\u00ed<\/em>\u201d, declara don Melchor). La voz de Santosa en el libro de Alvitres es en\u00e9rgica, critica incluso el valor del mismo libro en el cual ella es protagonista, advierte el desprop\u00f3sito de prescindir de la tradici\u00f3n y encumbrar una cultura vac\u00eda, ociosa y que busca simplemente una contemplaci\u00f3n insana de s\u00ed misma:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abTodos son unos cojudos, pienso, ni\u00f1acha. Todos quieren el mejor plato, el mejor nombre, quieren leer libros grandes, huecos. Pero no saben, no cocinan, no matan un cuy, no cr\u00edan pollos, no arrullan las wawas.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abMon\u00f3logo de Santosa\u00bb, p.77)<\/p>\n\n\n\n<p>Precisamente, la muerte no es rev\u00e9s de la vida, no es el negativo de la existencia, sino m\u00e1s bien algo parecido a una continuaci\u00f3n, muy semejante, tanto que se confunde con ella; se le espera, eso s\u00ed, pero sin pesimismo; el efecto luctuoso es, quiz\u00e1, parte de la parafernalia impl\u00edcita, el componente necesario, aunque lo verdaderamente relevante es la naturalidad con la que, muy pronto, se acepta ese nuevo estado, se le convoca. Eso encontramos en Alvitres:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abMamita laguna t\u00fa y yo somos hermanas de azar.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Me has reconocido como nieta.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Una ni\u00f1a que quiere morir en tus aguas.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abRezo para la laguna\u00bb, p.17)<\/p>\n\n\n\n<p>Es af\u00edn el discurso de Gonz\u00e1lez:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEn sus moradas de holl\u00edn<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y lumbre<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Mi anciano padre viudo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Guarda desde ya<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Su ata\u00fad listo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Para el d\u00eda final\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El entorno, como si fuera un integrante m\u00e1s de la familia, abraza a los personajes; al tocarlos, los incorpora a \u00e9l, produci\u00e9ndose una asimilaci\u00f3n significativa que puede entenderse como otro retorno, no al lugar sino a la naturaleza, a su circularidad. En el libro de Alvitres pueden encontrarse algunas de estas metempsicosis, dando a entender que aquellos seres amados perduran tambi\u00e9n en lo cotidiano, donde, a trav\u00e9s de la observaci\u00f3n, podemos hallarlos, de la misma forma que uno va encontrando formas en las nubes, en el orden de las estrellas formando constelaciones:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abAhora brotan amarantos,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>llega el final del d\u00eda<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y la abuela Santosa ser\u00e1 agua<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>para llevarse nuestras penas.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abCanci\u00f3n\u00bb, p.11)<\/p>\n\n\n\n<p>Gonz\u00e1lez es a\u00fan m\u00e1s visual, aunque el sentido es el mismo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abUn \u00e1rbol<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Un \u00e1rbol es tambi\u00e9n cadera<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y vientre:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Madre e hija:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Dos eucaliptos creciendo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Piernas arriba.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La construcci\u00f3n de escenarios donde se habita, donde se habit\u00f3, es otro de los temas. Si bien la geograf\u00eda suele ser una escenograf\u00eda para darle car\u00e1cter al poema, en el libro de Alvitres es tambi\u00e9n el lugar de los retornos, ese primer lugar al que se ans\u00eda volver, reconquistar con la sola presencia no solo f\u00edsica sino del recuerdo, un espacio donde la evocaci\u00f3n de los que a\u00fan viven llena nuevamente: aquel que es recordado vuelve a andar por esos parajes ahora m\u00e1s sabio, menos esc\u00e9ptico, se\u00f1alando los lugares amados, resta\u00f1ando el deterioro con la sola menci\u00f3n de un pasado id\u00edlico. Dice Alvitres:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abEse escombro fue una iglesia,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>donde la gar\u00faa se convert\u00eda en agua bendita<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>aunque sea mayo<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>y solo exista mala hierba<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>o una que otra florecilla salada\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abVersi\u00f3n m\u00edtica del padre\u00bb, p. 27)<\/p>\n\n\n\n<p>Complementa Gonz\u00e1lez:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abY el campanario de la parroquia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Llamando a diario<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>A quienes, durante a\u00f1os,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Fuimos despertados<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Por ladridos y cantos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>De simples jilgueros.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En <em>Igual a la extensi\u00f3n de tu cuerpo<\/em>, Luque introduce tambi\u00e9n esa necesidad por adjudicarle una importancia al lugar, pero no solo como escenario de los hechos, sino tambi\u00e9n como herencia, como aquello entregado al que viene y trav\u00e9s del cual permanecer\u00e1n las tradiciones fijadas no tanto en el recuerdo, sino en el presente perpetuo. El lugar, la tierra, en todo caso, tiene un valor por su permanencia, por ser lo que constante, y en esta constancia la familia encuentra una manera de asentarse y perdurar:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <\/strong><em>\u00ab\u00bbDejo\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0 <em>I. Un terreno llamado<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0<em>II. Vizcacha Carca Cucho Utja\u00f1a<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>III. De aroma fresco y hierba dulce que ondea los campos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0<em>IV. Un rancho con casas hecha de tierra roja y arcillosa<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0<em>V. Que contiene el nacimiento del umbral de mi familia\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tanto el libro de Luque como en <em>Canci\u00f3n y vuelo de Santosa<\/em> existe una necesidad por perdurar en el tiempo. \u00bfQui\u00e9n, sino, hace el recuento, qui\u00e9n sino escribe el libro con los hechos? Es evidente que el libro de Alvitres es un intenci\u00f3n por establecer una genealog\u00eda, una historia donde es clara la jerarqu\u00eda de cada qui\u00e9n, donde los antepasados comparten sus experiencias, intentan fijar, uno a uno, los eventos cruciales de su vida como certeza de una existencia, los encuentros y desencuentros, las migraciones, el amor y la muerte, por supuesto. Abuelos, hijos y nietos son eslabones de una sola cadena por donde las historias transitan en todas direcciones: el poema hace posible ese comercio. Por ello sobrecoge quedarse solo, sin una ligaz\u00f3n con el pasado, ser una criatura sin conexiones ciertas y cuya presencia resulta an\u00f3mala:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abSantosa vive inquieta en mis sue\u00f1os,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>sigo pensando en una genealog\u00eda que no existe<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>una mancha familiar en la punta de la lengua,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>en canciones de la abuela piel de oca<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>que hacen crecer la kiwicha<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>de tanto mojarse con mis l\u00e1grimas.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abConfesi\u00f3n tard\u00eda\u00bb, p. 75)<\/p>\n\n\n\n<p>Otro tanto considera Luque, quien, m\u00e1s terrenal, se acoge a la fortaleza de una estirpe, a su numerosa materialidad:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00abXLIX. Soy propietario de mis sue\u00f1os<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0 <em>L. Los que dejo a mis hijos<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0 <em>LI. Como herencia<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0<em> (\u2026)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>LXIV. A favor de mis hijos que ser\u00e1n ecos del mundo:<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0<em>LXV. Jos\u00e9, Ignacia,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>LXVI. Guillermo y Concepci\u00f3n,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0\u00a0 <em>LXVII. Los que est\u00e1n a mi lado.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Finalmente, encuentro una fuerte, aunque breve presencia del padre en el libro de Alvitres. No es una presencia feliz, aunque s\u00ed valiosa para reforzar la hegemon\u00eda femenina en el universo del libro; es uno de esos eslabones a los que hac\u00eda referencia l\u00edneas arriba, siempre necesarias para afianzar la continuidad, aunque dentro de la mitolog\u00eda familiar impliquen un lado oscuro o dif\u00edcil de asimilar. El padre es, desde luego, engendrador, aunque distan tanto en el libro de Alvitres como en el de Luque: en el primero deja paso a la figura materna, ordenadora; en el segundo es fundacional, la piedra donde descansa el linaje, garant\u00eda de fortaleza y guardi\u00e1n de porvenir:<\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0<em>\u00abII. Me cas\u00e9 con Feliciana<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>III. Con quien viv\u00ed feliz estremecido de amor vegetal<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>\u00a0IV. Hasta que el viento convertido en guerrero indomable<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0<em>V. Flanqueado con los ichus y lagartijas se lo llev\u00f3 la apachita<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u00a0<em>VI. Guardi\u00e1n de nuestros sue\u00f1os en un linajudo d\u00eda.\u00bb<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Alvitres, entre tanto, deja establecida la influencia de la figura paterna en su yo po\u00e9tico, lo hace part\u00edcipe en la conformaci\u00f3n de sus afectos con una intensidad que incluso llega a superar la que se impone en el libro de Luque, por lo cual llegamos a la conclusi\u00f3n que, si bien su presencia es epis\u00f3dica, no es menos relevante:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Mato a mi padre todas las noches, mientras me revuelvo con un muchacho temperamental que se calla para no decir te quiero. Tiene el mismo silencio de mi padre en Navidad, cuando miraba el reloj o se pon\u00eda bravo porque no daban las doce y una voz nos salpicaba de melancol\u00eda en la radio. <\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abEl padre en prosa\u00bb, p. 29)<\/p>\n\n\n\n<p><em>Qui\u00e9n podr\u00eda condenarte, si eras solo una proyecci\u00f3n, una suspensi\u00f3n de esperanzas.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abJos\u00e9 lejos del pesebre\u00bb, p. 31)<\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>Cuando tom\u00f3 las maletas,<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>No supo qu\u00e9 decir<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Solo le reclam\u00f3<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>Por romper las hojas de los geranios.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p><em>Toda ausencia nos deshoja un poco.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>(\u00abUn acuerdo roto\u00bb, p. 37) <\/p>\n\n\n\n<p>Quedan en el aire algunos temas igual de relevantes. Uno de ellos: la inclusi\u00f3n de vocablos\/expresiones en lengua inglesa como una suerte de sincretismo de lenguajes (dato: otro libro de Odi Gonz\u00e1lez, <em>Ciudad (C)oral<\/em>, introduce y lleva a los l\u00edmites dicha indagaci\u00f3n). Otro: los referentes a la cultura universal, que pone \u00e9nfasis en las letras (Trilce, Mallarm\u00e9, Simone de Beauvoir, etc.) y sus implicancias en el poemario. Como todo buen libro, <em>Canci\u00f3n y vuelo de Santosa<\/em> conversa con&nbsp; la tradici\u00f3n y origina sus exploraciones particulares; como todo buen libro, por supuesto, propone gran cantidad de temas e interrogantes. Sea.&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">&nbsp;<strong>Gloria Alvitres Aliaga<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\">&nbsp;<em><strong>Canci\u00f3n y vuelo de Santosa<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Alastor Editores, 2021<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una historia familiar Por C. Brice\u00f1o \u00c1ngeles El poema como \u00e1lbum familiar, como inspecci\u00f3n de lo dom\u00e9stico, vertedero de recuerdos vueltos a contar, es uno de los motivos m\u00e1s concurrentes en nuestra tradici\u00f3n po\u00e9tica: lo han ensayado, entre otros, Valdelomar, Vallejo, Belli, Watanabe, y recientemente Cruzado o Tenorio. 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