{"id":474,"date":"2021-10-21T16:31:19","date_gmt":"2021-10-21T16:31:19","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=474"},"modified":"2021-10-21T16:32:58","modified_gmt":"2021-10-21T16:32:58","slug":"resena-fabula-de-los-cuerpos-calientes-de-gimena-vartu","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/10\/21\/resena-fabula-de-los-cuerpos-calientes-de-gimena-vartu\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: F\u00e1bula de los cuerpos calientes de Gimena Vartu"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>En el umbral del cuerpo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por C. Brice\u00f1o \u00c1ngeles<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si bien es antigua la hermandad entre poes\u00eda y erotismo, a\u00fan m\u00e1s remota e \u00edntima debe ser la hermandad entre erotismo y violencia. Ejemplo de lo primero vendr\u00edan a ser los poemas de Kalidasa (como \u201cEl c\u00e1ntaro roto\u201d o \u201cEl curso de las estaciones\u201d, siglo VI d.C.) o el m\u00e1s accesible <em>Cantar de los cantares<\/em> de la tradici\u00f3n hebrea, donde el erotismo es disfrute, contemplaci\u00f3n, apacible unidad y desenfrenada (aunque gr\u00e1cil) consumaci\u00f3n. En lo segundo encajar\u00eda un poema de Te\u00f3crito del siglo II a.C. titulado \u201cLa hechicera\u201d, donde se nos narra la historia de Simetha, una joven que ha sido abandonada por Delfis tras el encuentro amoroso. Inflamada de resentimiento y amor, Simetha ejecuta un rito negro para que su amante pague por el dolor ocasionado; arroja al fuego el manto que Delfis ha olvidado en su casa mientras pronuncia sortilegios y ruega para que la carne de \u00e9l se incendie de la misma forma. De esta alianza entre erotismo y violencia nacen gran parte de los relatos que Gimena Vartu (Lima, 1986) ha incluido en su m\u00e1s reciente publicaci\u00f3n, <em>F\u00e1bula de los cuerpos calientes<\/em>. En ellos, el cuerpo suele representarse como un ente cuya aparente inocencia luego se ver\u00e1 contrastada cuando asuma, por completo, una sexualidad enfurecida, desvelada sin ning\u00fan tipo de progresi\u00f3n que nos pueda advertir de su proximidad y, por ende, crea un efecto de confusi\u00f3n, de desorden dentro de los l\u00edmites del relato. Los personajes, si bien poseen, en la mayor\u00eda de casos, un nombre establecido, podr\u00edan muy bien prescindir de ellos, ya que se trata de emociones m\u00e1s que de personas, de personalidades cuyos cuerpos buscan hacerse un espacio en otros cuerpos, probar sus l\u00edmites, intentar contradecir el dolor a partir del sinsentido o de su misma multiplicaci\u00f3n; no en vano tres de los relatos nos presentan a mujeres embarazadas, pero el estado en que se encuentran es una forma de relegarlas, de volverlas indescifrables, seres que se diluyen en la espera de una promesa originada sin prop\u00f3sito alguno. En todo caso, uno de los rasgos distintivos de estos relatos es la oscuridad donde proliferan las pasiones de los personajes, no una oscuridad material, verificable por medio de los sentidos, sino una oscuridad a la que nos vemos arrastrados por los constantes giros en el discurso, como si se pretendiera crear una mara\u00f1a donde el lector pueda verse absorbido por emociones que le son dif\u00edciles de comprender, pero sin embargo ocurren y dan paso al presentimiento, a la posterior interpretaci\u00f3n. Todo ello se ve favorecido por el lenguaje con el que la autora ha buscado darle forma a sus ficciones. No es precisamente po\u00e9tico, sino m\u00e1s bien h\u00edbrido: por momentos fluye, es introspectivo y va acumulando im\u00e1genes con una facultad bastante cercana al logro po\u00e9tico; en otros, el lenguaje se vuelve funcional, descriptivo, hace de la narraci\u00f3n un espacio para el evento, para su urgencia, incluso aparecen diseminadas algunas cuantas jergas. Es provechoso, tambi\u00e9n, el empleo de breves fragmentos para narrar, para darle empuje y velocidad a los hechos, algo que consigue relatos de poca extensi\u00f3n, ajustados a sus convicciones pero que nos dejan sin conocer el final de la madeja argumental, algo que ciertamente es un acierto y potencia el establecimiento de atm\u00f3sferas on\u00edricas. Sin embargo, los relatos que m\u00e1s han llamado mi atenci\u00f3n (enti\u00e9ndase, los que m\u00e1s me han gustado) prescinden, creo yo, de las caracter\u00edsticas del resto del conjunto, o por lo menos se quedan con unas cuantas y las extralimitan, produci\u00e9ndose un efecto favorable para el triunfo de la propuesta de la autora. Como esta rese\u00f1a no pretender ser formal ni mucho menos pormenorizada, voy a terminarla mencionando los tres relatos que considero por encima de los dem\u00e1s y har\u00e9 un breve comentario de ellos.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Fa\u0301bula-de-los-cuerpos-calientes.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-475\" width=\"408\" height=\"637\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Fa\u0301bula-de-los-cuerpos-calientes.jpeg 320w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Fa\u0301bula-de-los-cuerpos-calientes-192x300.jpeg 192w\" sizes=\"(max-width: 408px) 100vw, 408px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>\u201cEl ni\u00f1o sagrado de Puchi\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed el argumento se reduce a una b\u00fasqueda. El narrador va detr\u00e1s del objeto del deseo en un recorrido que nos resulta an\u00e1logo al de Akakiy Akakiyevich en \u201cEl capote\u201d de Gogol, es decir, algo que fue suyo en el pasado, pero en el presente se encuentra fuera de su alcance aunque exista la promesa de su recuperaci\u00f3n. En el caso de \u201cEl ni\u00f1o sagrado de Puchi\u201d, la b\u00fasqueda del objeto del deseo empieza en el espacio familiar, donde se supone deber\u00eda estar o donde podr\u00edan tener informaci\u00f3n de \u00e9l. En efecto, el narrador va a la casa en la que antes habitara aquel a quien busca, pero no encuentra a nadie, excepto a los padres de \u00e9l, quienes le informan que ya no se encuentra ah\u00ed sino en otro lugar, donde se celebrar\u00e1 una fiesta patronal y \u00e9l, precisamente, ser\u00e1 el mayordomo, es decir, quien la organice. En el tr\u00e1nsito entre estos dos espacios, la casa familiar y el lugar donde se celebra la fiesta, parece ocurrir una distorsi\u00f3n temporal, ya que el narrador, cuando da con \u00e9l, lo encuentra cambiado, distinto a como lo recordara, como si el tiempo hubiera avanzado de una manera precipitada (recu\u00e9rdese tambi\u00e9n la aparente celeridad con que pasa el tiempo para Odiseo dentro de la isla de Calipso -siete a\u00f1os, seg\u00fan Homero, aunque el n\u00famero es variable- en la <em>Odisea<\/em>, esa otra historia de b\u00fasqueda en la que el objeto del deseo es la patria), siguiendo patrones que escapan de lo real y lo emparentan con lo vivido durante un sue\u00f1o:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Nunca te vi con barba, ni con camisa, ni con pantal\u00f3n de vestir. \u00bfCu\u00e1ndo pas\u00f3? \u00bfCu\u00e1ndo sucedi\u00f3? \u00bfCu\u00e1ndo sucedi\u00f3 que empez\u00f3 a salirte barba y yo no me enter\u00e9 porque ya no estaba ah\u00ed, contigo? Est\u00e1s grande, podr\u00eda decir que hasta eres adulto. (pp. 59-60)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Corrobora este ambiente on\u00edrico el final del relato, en el cual el objeto del deseo es elevado en unas andas, \u00abalzadas por unos hombres voluntarios y fuertes\u00bb, quedando, en definitiva, fuera del alcance del narrador, en otra dimensi\u00f3n, donde, al parecer, se ha convertido \u00e9l mismo en una divinidad fuera del alcance de los mortales, algo que nos recuerda a esas pesadillas donde siempre estamos a un paso de aquello que buscamos con frenes\u00ed, pero nunca llegamos a alcanzar.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLeche asada\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>El narrador de este relato presencia dos eventos traum\u00e1ticos que lo llevan a reflexionar sobre el cuerpo y su caducidad. El primero es un accidente de tr\u00e1nsito cuyo resultado es la muerte de gran cantidad de personas; el segundo es la incineraci\u00f3n masiva de cuerpos en un lugar impreciso de la selva, cuerpos que han encontrado una muerte violenta. Ambos hechos tienen algo en com\u00fan: despiertan la sensibilidad del narrador por medio del sentido del olfato. A trav\u00e9s del olor de la carne quemada, el narrador puede reconocer el retorno a una materia primordial, generadora de vida y tambi\u00e9n remanente de lo f\u00edsico, su estado final, un s\u00edmbolo del ciclo cumplido:<\/p>\n\n\n\n<p><em>La muerte avanza despacio, con una combusti\u00f3n muy fina, como una reacci\u00f3n en cadena; quema cada rinc\u00f3n, y va soltando ese olor a despedida. \u00bfPor qu\u00e9? \u00bfPor qu\u00e9 leche asada? Creo que es por toda la leche que bebimos cuando \u00e9ramos beb\u00e9s. La muerte la rastrea, la encuentra, hasta en la \u00faltima c\u00e9lula de nuestro organismo, y la quema. (p. 75)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El relato cumple su cometido; sobrecoge sin llegar al patetismo, inquieta sin entorpecer\/falsear el hilo narrativo con la exposici\u00f3n de una violencia expl\u00edcita, sin funci\u00f3n alguna; por el contrario, las descripciones son logradas, dan pie al estado contemplativo del narrador, la justifican y a medida que se suceden nos hacen part\u00edcipes de las circunstancias moldeadoras de su car\u00e1cter, de sus reflexiones y de las conclusiones a las que llega gracias a la ayuda de sus sentidos:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Ayud\u00e9 a sacar muertos, vivos y tambi\u00e9n tibios. Estos tibios eran del peor tipo. Se aferraban a tu carne caliente con todas las u\u00f1as, temblando, agit\u00e1ndose. Sus ojos ya no te miraban, se velaban de una l\u00e1mina nebulosa, como si antepusieran sus propias im\u00e1genes y en ellas depositaran la esencia de lo que fueron. (p. 72)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>\u201cLa vieja y el pescador\u201d<\/p>\n\n\n\n<p>Este es mi favorito del conjunto, por mucho. Como en otros relatos de <em>F\u00e1bula de los cuerpos calientes<\/em>, el argumento es accesorio y el verdadero protagonista es el lenguaje, tan lleno de sugerencias y coloraturas. Para resumir, se trata de la conversaci\u00f3n entre dos personajes, una anciana y un jovencito, sentados en la orilla del mar. Entre los di\u00e1logos, a modo de islas, se nos presentan breves descripciones del entorno, del m\u00e1s m\u00ednimo movimiento que llegan a realizar los personajes, de los silencios que preceden a sus palabras:<\/p>\n\n\n\n<p><em>El tiempo era el vencedor en la playa, se deslizaba sutilmente a lo largo de todo el azul y el cobre, cada segundo era cada granito de arena y quedarse quieto daba lo mismo que moverse. Ambos lo sent\u00edan en sus pies calientes y descalzos. (p. 65)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Pero el punto fuerte son los di\u00e1logos. Me han recordado a ciertos pasajes de <em>Primeras historias<\/em> de Guimar\u00e3es, al desorden aparente con que se expresan los personajes de los cuentos de Lispector. Si bien construir un buen di\u00e1logo es tarea harto dif\u00edcil, la autora ha conseguido darle a cada uno de los dos personajes de este relato una voz particular, pero que conforme van interactuando parece confundirse, ir una tras de la otra, alter\u00e1ndola, descomponiendo la sintaxis y logrando que los significados se vuelvan misteriosos, que las palabras sean insinuaci\u00f3n, indicios de sensualidad trascendiendo lo corporal, lo temporal:<\/p>\n\n\n\n<p><em>-\u00bfEn qu\u00e9 \u00e9poca de tu vida te gustar\u00eda estar ahora?<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>-Aqu\u00ed, nom\u00e1s, de aqu\u00ed no me muevo, s\u00f3lo me despierto esperando estar aqu\u00ed. Ahora t\u00fa, tarde.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>-A m\u00ed tambi\u00e9n me gusta estar aqu\u00ed, no s\u00e9 si estar\u00e9 tarde o temprano, pero estoy. -Y otra vez la espont\u00e1nea risa.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><em>-Sonrisa, \u00bfves?, yo y sonrisa tuya. (p. 65)<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Ahora que leo la cita anterior me doy cuenta de que este es uno de esos textos que no toleran mutilaciones, sino deben leerse en su integridad a riesgo de verse disminuidos. Casi todo el sentido queda relegado al mostrar solo una parte del todo, y ello, al igual que en un buen poema (un haiku de Issa, una canci\u00f3n de Eguren, por ejemplo), tal vez defina, en ciertos casos, lo que es un buen relato.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong>Datos del libro:<\/strong><\/span><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Gimena Vartu<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong><em>F\u00e1bula de los cuerpos calientes<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Dendro, 2021<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el umbral del cuerpo Por C. Brice\u00f1o \u00c1ngeles Si bien es antigua la hermandad entre poes\u00eda y erotismo, a\u00fan m\u00e1s remota e \u00edntima debe ser la hermandad entre erotismo y violencia. 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