{"id":470,"date":"2021-10-18T16:21:05","date_gmt":"2021-10-18T16:21:05","guid":{"rendered":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/?p=470"},"modified":"2021-10-18T16:21:05","modified_gmt":"2021-10-18T16:21:05","slug":"resena-troyano-de-alex-vella-gera","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/2021\/10\/18\/resena-troyano-de-alex-vella-gera\/","title":{"rendered":"Rese\u00f1a: Troyano de Alex Vella Gera"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center has-large-font-size\"><strong>Disecci\u00f3n del pecado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Por Sebasti\u00e1n Uribe<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>\u00bfA qu\u00e9 velocidad se erosiona un mundo? En <em>Troyano<\/em>, la novela de Alex Vella Gera (Malta, 1973), se esbozan respuestas a dicha interrogante producidas por el miedo a los cambios sociales y familiares, y los distintos efectos perniciosos. Entre estos, una inmediata sensaci\u00f3n de desilusi\u00f3n por no poder detenerlos hasta un estilo de vida conservador que el fanatismo clerical exacerba y sustenta en una de las armas m\u00e1s poderosas del hombre: la idea del pecado.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Troyano-final-687x1024.png\" alt=\"\" class=\"wp-image-471\" width=\"546\" height=\"813\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Troyano-final-687x1024.png 687w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Troyano-final-201x300.png 201w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Troyano-final-768x1145.png 768w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/Troyano-final.png 889w\" sizes=\"(max-width: 546px) 100vw, 546px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>A \u0120anni Muscat, el protagonista, &nbsp;la vejez lo halla en circunstancias relativamente estables: escribiendo quejas al diario local, una esposa y la seguridad de una fidelidad inamovible, el inter\u00e9s de universitarios por la \u00fanica novela que public\u00f3 hace d\u00e9cadas y un hijo que parece restablecido por las drogas. Sin embargo, el atropello de un gato y los sucesos extra\u00f1os que seguir\u00e1n a este hecho revivir\u00e1n una serie de emociones que parec\u00edan ya oxidadas. Esto, no solo desestabilizar\u00e1 su conciencia sino que permitir\u00e1 revelar circunstancias del pasado que permiten &nbsp;hurgar en la formaci\u00f3n de las culpas en el microcosmos de Muscat sin que alguna se explique.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cSus ideas eran anticuadas, ideas de alguien que no supo andar con los tiempos, de quien se oxid\u00f3, reaccionario, con un aire pat\u00e9tico, pasado de moda. Pero el hecho era que cu\u00e1nta m\u00e1s la gente lo ve\u00eda as\u00ed, o cuanto m\u00e1s imaginaba que lo ve\u00edan as\u00ed, m\u00e1s sent\u00eda que se fortalec\u00eda, como una voz en el desierto ante la aproximaci\u00f3n del d\u00eda postrero\u201d&nbsp; (p. 11).<\/p>\n\n\n\n<p>El c\u00f3mo se llega a una postura conservadora es un proceso que ha causado inter\u00e9s en los \u00faltimos tiempos debido a la creciente existencia de agrupaciones sociales con esta ideolog\u00eda. La mayor\u00eda surgen amparadas en circunstancias de precariedad socioecon\u00f3mica que generan en sus miembros adhesiones recalcitrantes. \u00bfQu\u00e9 le queda al hombre m\u00e1s que su fe y su patria?, parece preguntarse \u0120anni. \u00bfNo son acaso lugares seguros frente a los proyectos no concluidos, los anhelos no logrados, a la sensaci\u00f3n de incomprensi\u00f3n por parte del resto de la sociedad? Desde su visi\u00f3n, es mucho m\u00e1s digerible vivir anclado en un pasado idealizado que enfrentarse a la modernidad de los tiempos que corren y le son m\u00e1s inciertos.<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEstaba rodeado de esta infecci\u00f3n que contagiaba a todos. Una sociedad enferma. Una epidemia. Todos infectados. Se ol\u00eda en el aire, al salir, al encender la tele; ese olor a putrefacci\u00f3n espiritual, a fe mutilada\u201d (p. 13).<\/p>\n\n\n\n<p>Vella Gera funde esta frustraci\u00f3n en el miedo de Muscat por la revelaci\u00f3n de aquello que puede contradecir lo que pregona, la debilidad de su lugar en el ideario de quienes lo rodean y revivir esa sensaci\u00f3n de abandono, de desierto que tanto lo ha agobiado en el pasado:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201cEl miedo al futuro lo hab\u00eda llevado a cometer el pecado del hombre d\u00e9bil. Nada malo, al fin y al cabo el hombre no es m\u00e1s que un hombre, nada m\u00e1s\u201d (p. 177).<\/p>\n\n\n\n<p>Otro de los logros de la novela es el retrato de aquellos personajes que conocen o han conocido de cerca a Muscat y permiten ahondar en los temores de este mediante el contraste de personalidades, con di\u00e1logos que revelan un hast\u00edo por estas posturas conservadoras con una visi\u00f3n arcaica de la nacionalidad, como el siguiente:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c\u00bfY t\u00fa te crees que la pornograf\u00eda es el mayor problema que tenemos? El problema de la gente como t\u00fa es que se lo toman todo tan en serio y ven tanto peligro por doquier que acaban fij\u00e1ndose m\u00e1s en las cosas que en las personas que condenan. Y luego una amenaza de verdad ni la ven, como la contaminaci\u00f3n del medioambiente, la caza, el neoliberalismo desenfrenado\u2026\u201d (p. 94).<\/p>\n\n\n\n<p>Es en la frase anterior donde se encuentra una de las claves de la novela y la historia de Muscat: el fijarse en s\u00ed mismo. Es la gravedad del pecado percibido lo que acelera su frustraci\u00f3n, su inutilidad, su culpa. Es la sensaci\u00f3n de traicionarse a s\u00ed mismo y a sus creencias lo que determina las decisiones de los personajes en la novela. Esto se manifiesta, sobre todo, en la esposa del protagonista, quien es sometida a una vida condenada a la justificaci\u00f3n continua de purga y castigo, con concesiones inexplicables para quienes la rodean. Ellos, tambi\u00e9n hombres de letras, en apariencia son m\u00e1s sensibles a las emociones humanas, pero cargan tambi\u00e9n con los vicios m\u00e1s terrenales:<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c(\u2026) \u00bfpara qu\u00e9 sirve leer libros, quedarse tan tranquilo leyendo en la cama hasta que te lleve el sue\u00f1o, heredero del espejismo de que leer tenga alguna ventaja, cuando nunca en la vida has hecho algo realmente \u00fatil para la humanidad?\u201d (p. 28).<\/p>\n\n\n\n<p>\u201c(\u2026) la vida de un escritor es m\u00edsera. Escribes para sacar lo que llevas dentro pero, una vez terminado, descubres que sigues igual. Lo que llevas dentro sigue all\u00ed y la escritura no es sino un reflejo mediocre de todo esto\u201d (p. 52).<\/p>\n\n\n\n<p>Las mejores p\u00e1ginas se dan hacia la segunda mitad del libro, cuando los personajes, contrariados por las circunstancias y los refugios internos que han erigido para protegerse, vacilan entre seguir obcecados o revelar sus secretos. Ellos se tornan cada vez m\u00e1s claustrof\u00f3bicos en la sociedad insular de Malta, donde se desenvuelven. Sobre todo Muscat, que si bien resultar\u00eda insoportable en la vida real, no irrita al lector. Este, al verse inmerso en un mundo de agobio, siente compasi\u00f3n, por tramos, sobre todo cuando uno se topa con la sensaci\u00f3n de no estar libre de un juicio a s\u00ed mismo.<\/p>\n\n\n\n<div class=\"wp-block-image\"><figure class=\"aligncenter size-large is-resized\"><img loading=\"lazy\" src=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/alex-vella.-gera.jpeg\" alt=\"\" class=\"wp-image-472\" width=\"564\" height=\"303\" srcset=\"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/alex-vella.-gera.jpeg 980w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/alex-vella.-gera-300x162.jpeg 300w, https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-content\/uploads\/2021\/10\/alex-vella.-gera-768x414.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 564px) 100vw, 564px\" \/><\/figure><\/div>\n\n\n\n<p>\u201cGanni llevaba mucho tiempo luchando para sobrevivir, de ah\u00ed el fundamentalismo, de ah\u00ed su cabeza dura que juzgaba y condenaba a todos. Porque, a fin de cuentas, lo que Ganni ten\u00eda en la cabeza era la condena de s\u00ed mismo, el juicio de s\u00ed mismo, algo que no pudo revelar porque tuvo miedo, porque admitirlo lo habr\u00eda hecho pedazos tras todos estos a\u00f1os, sobre todo porque sab\u00eda que su mundo estaba construido en el barro y que todo se iba a derrumbar apenas admitiera que hab\u00eda vivido una mentira\u201d (p. 189).<\/p>\n\n\n\n<p><em>Troyano<\/em> es una novela donde la esperanza ha sido erosionada y solo queda el consuelo de restablecer los instantes previos a esa destrucci\u00f3n. De reanimar, como en la primera escena, los a\u00f1os de gloria y esplendor mediante el recuerdo y su barniz nost\u00e1lgico. Es el alivio del recuerdo, frente a un presente de desolaci\u00f3n, un pasado idealizado, un paliativo para sobrevivir al derrumbe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Alex Vella Gera<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong><em>Troyano<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-text-align-right\"><strong>Colmillo Blanco, 2021, 256 pp.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Disecci\u00f3n del pecado Por Sebasti\u00e1n Uribe \u00bfA qu\u00e9 velocidad se erosiona un mundo? En Troyano, la novela de Alex Vella Gera (Malta, 1973), se esbozan respuestas a dicha interrogante producidas por el miedo a los cambios sociales y familiares, y los distintos efectos perniciosos. Entre estos, una inmediata sensaci\u00f3n de desilusi\u00f3n por no poder detenerlos [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"open","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[194,1,9],"tags":[211,36,210],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/470"}],"collection":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=470"}],"version-history":[{"count":1,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/470\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":473,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/470\/revisions\/473"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=470"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=470"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/elhablador.com\/blog\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=470"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}